Hola a todxs, espero que estén muy bien, antes que nada, quiero comentarles, (más bien volver a repetirles) que este fic ya está escrito, me encantaría complacer todas sus sugerencias y hacer caso de sus consejos, pero queridxs amigxs, esto no es posible porque la historia ya está prácticamente terminada, y no sería lógico que la modificara justo a ahora a unos cuantos capítulos para acabarla.

Es cierto que es una historia trágica y lúgubre, pero tendrá un final feliz como ya prometí en otra página, solo ténganme un poquito de paciencia que ya van a empezar a cambiar las cosas.


Sailor mercuri o neptuno: tranquila que pronto se van a ir aclarando las cosas para Hermione, y no solo para ella. Muchas gracias por comentar.

Sweet 163: gracias por tu comentario, te comento que pronto habrá para ellos una especie de tregua.

Michelleenife: muchas gracias por comentar y por hacerme saber que te gusta el fic ;) espero que siga siendo así hasta el final.

TTaticarri: gracias por comentar amiga, y sí, jajajaja, es cierto que estoy siendo perversamente retorcida :p aunque pronto se irán resolviendo tanto la trama como algunos misterios, y en cuanto termine el fic me plantearé tu proposición.

eiri: muchas gracias por comentar y un millón de gracias más por tu sinceridad, de verdad que me ha encantado tu comentario y me alegra saber que no te desagrada el fic y que me vas a dar una oportunidad, jajajaj, espero que se te estén pasando las ganas de ahorcarme por todo lo que les estoy haciendo pasar a los personajes.

Bueno, con respecto a Ginny, ella tiene mucho orgullo pero…, se resiste a mandar al cuerno a Harry no solo porque lo ama, si no porque odiaría dejarle el camino libre a Hermione, no lo podría soportar, y de Hermione te diré, que no aceptó la propuesta de Draco de criar a James como si fuera suyo, por la simple y llana razón, de que el niño era de Harry, ella tenía la fuerte convicción de que no podía quitarle a Harry su derecho de ser padre y no podía alejar a su hijo de él, aparte de que todavía sigue resentida por todas las veces que la ha engañado con otras mujeres y por haber tenido una hija con Astoria.

En el fondo, y aunque suene raro ^.^ yo comprendo bastante bien a la mayoría de los personajes jejeje, todos tienen una razón para actuar como actúan. Saludos y nos vemos!


Capítulo 37: Hasta las ultimas consecuencias

Lucius sabía que Hermione tenía un libro revelador, fue el propio director de la universidad quien le comunicó con gran entusiasmo, que había sido una de las mejores alumnas del primer curso y que por ese motivo, le había obsequiado uno de los cuatro premios honoríficos del año.

Al principio no le prestó mucha importancia y lo olvidó, pero a medida que pasó el tiempo y los acontecimientos se fueron desencadenando, una idea empezó a rondarle la cabeza, Hermione era una chica muy inteligente, la mas inteligente que había conocido nunca, demasiado para sus intereses, y eso podría llegar a representarle un grave problema,

él estaba al tanto de que no había aceptado con normalidad la perdida de su hijo, el medimago le había comentado que había sufrido mucho más que en todos los caso similares que había atendido y que era muy probable, que estuviera por tener un shok postraumático,
si eso ocurría, y ella empezaba a atar cabos y a sacar sus propias conclusiones, sería realmente fácil que se enterara de la verdad, y eso era algo que no podía permitir bajo ningún concepto.

Era cuestión de tiempo que se valiera del libro para tener la certeza de lo que había pasado en realidad, y con esa respuesta correría al Wizengamot a acusarlo, de ahí a Azkaban había solo un paso.

Después del desayuno, esperó pacientemente en su despacho, a que Draco saliera del castillo para entrar furtivamente en su habitación,

no tardó mucho en revisarla de arriba a abajo, miró hasta en el último rincón del cuarto pero no halló lo que buscaba,

- ¿¡dónde demonios estará ese maldito libro!? - se preguntaba enfurecido, al cavo de una media hora, se le encendió una bombilla,

- ¡debajo de la cama!, me ha faltado mirar debajo de la cama... - sin embargo, para su decepción y enorme impaciencia, lo único que encontró allí, fue una vieja pluma de escribir muy gastada, y un esquema de un trabajo de alquimia en pergamino de ensayo.

Como se le hacía tarde para llegar a la oficina, decidió dejarlo para otro momento, así que se incorporó y fue a guardar los objetos en el baúl de clases de Hermione, donde pudiera encontrarlos, ya que le pertenecían a ella.

Su sorpresa fue inmensa cuando al abrir la pesada tapa de madera, dio por fin con lo que con tantas ansias había buscado.

Sin perder el tiempo, tomó las precauciones necesarias y puso un hechizo cerrojo en la puerta, luego sacó el grueso y valiosísimo libro revelador y lo examinó con gran curiosidad,

- quizá puedas resolverme algunas dudas antes de destruirte... - pronunció con arrogancia y una sonrisa sarcástica, mientras abría el libro por la mitad,

- a ver..., ¿cómo diantre funcionaba esta cosa? ah, si..., primero haré una pregunta rutinaria, emm..., ¿cuál es mi nombre? - al segundo apareció reflejada en una de las amarillentas páginas, la respuesta,

- tu nombre es Lucius Abraxas Malfoy - sonrió satisfecho dispuesto a seguir,

- ¿cuál es mi domicilio? - al segundo apareció su respuesta,

- resides en Malfoy Manor - aquello le estaba gustando, le hacía sentirse un poco extraño, pero pensó que podía preguntar cosas algo mas personales,

- ¿cuál es mi licor favorito? -

- tu licor favorito es el de lágrimas de magnolias negras -

- mi esposa Narcissa... ¿aún goza conmigo?, ¿todavía me ama como al principio? -

- tu esposa Narcissa nunca ha gozado contigo, su placer siempre ha sido forzado y proporcionado por los afrodisíacos, y su amor por ti siempre ha sido fingido, los únicos sentimientos que te ha profesado y te profesa, son el miedo y el respeto -

- ¡MENTIRA! - gritó colérico, arrancándole las hojas al libro, y estampándolo contra el suelo - ¡estúpido libro!, ¡no eres más que una burda réplica barata! - enseguida fue a servirse un trago para calmar sus nervios alterados y refrescarse un poco la garganta, y después de estar mas tranquilo, regresó y recogió el libro medio roto para hacerle la última pregunta, - ¿qué provocó que Hermione abortara? - pero la respuesta que leyó, lo dejó mas turbado de lo que esperaba,

- lo sabes muy bien... -

no se lo pensó más y arrojó el libro a la chimenea, deshaciéndose así de lo que pensaba que era una poderosa prueba en su contra, por mucho que Hermione tuviera la certeza de que él la había envenenado, no tendría forma de probarlo.

….

En el momento en el que Draco supo que Hermione ya estaba consciente, corrió a verla,

entró en la habitación en la que terminaba de recuperarse y la vio sentada junto a la ventana mirando al cielo gris y lluvioso, toda la estancia estaba en penumbra por la escasa luz del débil sol de una mañana nublada de noviembre, hacía días que el fuego de la chimenea se había consumido, el ambiente se sentía gélido y terriblemente melancólico.

Draco se acercó a ella con el ceño fruncido - Hermione..., esto está helado, ¿porqué no has encendido la chimenea? - dio un par de sonoras palmadas y la chimenea se prendió vigorosamente, luego encendió varias lámparas de la habitación y volvió a acercarse a ella,
al hacerlo vio que encima de la mesita junto a la que estaba sentada, permanecía su desayuno frío e intacto, ella estaba descalza y llevaba sobre su fino camisón de dormir, una elegante bata a juego que no la abrigaba nada, Draco se fijó en sus manos temblorosas, tenía las uñas y los labios morados de frío, y la mirada triste y perdida - Hermione... - susurró suavemente llamándola, y acariciando con delicadeza su melena suelta, - Hermione... - volvió a llamarla agachándose a su lado, pero ella no le contestó.

Tocó con sumo cuidado la tersa piel de su mejilla, mas pálida de lo normal, y comprobó que su temperatura corporal era demasiado baja, entonces se incorporó con rapidez y cogió de su cama, el grueso edredón de plumas para envolverla con él, una vez hecho, la frotó largo rato con sus manos, de arriba abajo, para hacer que entrara en calor, cuando pensó que había sido suficiente, tocó la plateada campanilla, y varios minutos después apareció una de las doncellas,

- Berta, el desayuno de la señora se ha enfriado, llévatelo para calentarlo y lo traes otra vez, ¿de acuerdo? - la doncella sintió, pero se quedó parada un instante, observándolos,

- ¿ocurre algo? - preguntó Draco, con impaciencia,

- señor..., ¿puedo comentarle algo? -

- claro, habla -

- en..., privado - dijo un poco nerviosa, Draco se acercó a ella y le indicó con un gesto que salieran de la habitación,

- bien, ¿qué es lo que pasa? - le preguntó una vez que estuvieron fuera,

- señor..., la señora Hermione..., hace varios días que ha dejado de comer, siempre le traemos la bandeja con los alimentos y siempre la recogemos intacta, sé que no es asunto nuestro pero..., es que..., aún está delicada y..., si sigue sin alimentarse podría volver a enfermar, sabemos que no es de nuestra incumbencia y que no debemos meternos pero... -

- está bien Berta, no te preocupes, me alegra que me lo hallas comunicado y agradezco tu atención en el asunto, yo me ocuparé de que se alimente correctamente, tú harás lo siguiente, en vez de ese desayuno, tráeme una taza de té con leche bien caliente, endulzado con miel de moras, y una porción de bizcocho claro de vainilla, del mas suave ¿entendido? -

- si señor - contestó la doncella, entrando en la habitación a por la bandeja y yéndose en el acto,

Draco regresó junto a Hermione y se sentó a su lado, nunca la había visto así, tan decaída, tan ausente, como si su mente estuviera lejos, en alguna parte, aquello empezó a preocuparlo de verdad, ella siempre había sido una chica muy fuerte, y su valentía era digna de admiración, siempre había valorado mucho esas cualidades en ella,
pero ahora la observaba, y entendía que tenía ante él a una persona muy diferente a la cual no reconocía.

- me alegro mucho de verte..., me alegro de que ya estés mejor - ella ni siquiera lo miraba, seguía con su vista fija en el horizonte, en algún punto muerto de aquel cielo opacado, en el que por una razón que solo ella podía comprender, sus ojos vacíos de vida y sentimientos, seguían clavados.

Draco no perdió el ánimo e insistió en entablar una conversación con ella, él se contentaría con escuchar su dulce tono de voz, en una única respuesta, pero era inútil, ella seguía ausente, era como si no estuviese allí.

La doncella tocó la puerta y Draco le dio el permiso para que entrara, depositó la nueva bandeja en la mesita y se marchó.

Él cortó una rebanada de bizcocho y agarró la taza para pasársela a Hermione, pero estaba demasiado caliente y la tuvo que soltar, así que la envolvió con la servilleta de tela doblada en cuatro y la agarró otra vez,

- ten, bebe un poco - le dijo pasándosela con la intención de que la recibiera, pero ella seguía sin mirarlo sin decir una sola palabra y sin hacer el menor movimiento - Hermione..., coge la taza por favor, vamos..., tienes que tomar algo, lo necesitas, no puedes seguir así amor... –

Draco comenzaba a desesperarse al ver que ella no reaccionaba, su rostro apagado y demacrado, reflejaba todo ese dolor que llevaba dentro, y él, siendo testigo de su sufrimiento no compartido, sintió que la angustia y el desasosiego lo embargaba, creándole una insoportable sensación de impotencia y culpabilidad, por no haber estado mas tiempo con ella

- Hermione... - susurró Draco, agarrándole la mano reposada en su rodilla, se la llevó a sus labios cálidos para besar con ternura sus dedos todavía fríos, la cogió con ambas manos y la apretó contra su boca para disfrutar del suave contacto con su piel, y para aspirar el olor que desprendían.

Cogió otra vez la taza y la acercó él mismo a los labios de ella - bebe, preciosa, te gustará, te sentará bien, anda cariño..., al menos pruébalo -

no hubo manera, ella no reaccionaba, el suspiró con tristeza sin saber qué hacer, estaba bloqueado, no sabía que le pasaba, ni de qué manera podía ayudarla, no obstante se dio cuenta de que aunque físicamente ya estuviera prácticamente recuperada, su alma seguía herida.

Draco la contempló con los ojos empañados por las lágrimas, y apoyó su cabeza en las piernas de ella, abrazándola y dejando escapar un silencioso sollozo.

- te necesito amor mío..., te necesito... - en aquel instante, pudo escuchar su voz,

- mataste a mi bebé, jamás te lo perdonaré -

…..

La dicha de Astoria fue interrumpida por el asedio de la intranquilidad, su madre y su hermana le decían que no eran más que las típicas molestias y preocupaciones infundadas de las primerizas.

Narcissa, para calmar un poco su ánimo, la mimaba todo lo que podía, pero Pansy concordaba con ella, las dos se sentían observadas, les había pasado muy a menudo, sobre todo a Astoria cuando se quedaba a solas con su pequeña.

Aquella mañana, después de que todos hubieran bajado a la sala familiar para dejarla dormir un rato, se despertó sobresaltada y asustada al notar muy cerca de ella, una presencia extraña, justo cuando abrió los ojos le pareció alcanzar a ver una sombra en la pared, era una especie de figura gatubela con un largo y picudo sombrero de bruja sobre su cabeza, que dejaba sobresalir libremente sus orejas felinas.

Se había movido con sigilo hacia la cuna y Astoria, presa del pánico, se levantó de un brinco de la cama y se apresuró a coger a su niña, Pandora dormía profundamente, y eso pudo darle a su madre un poco de alivio, pero de repente una ráfaga de viento azotó las cortinas, desconcertándola, - ¿pero qué demonios...? - dijo yendo a cerrarla de inmediato, ella no recordaba que nadie la hubiera dejado abierta, ¿y porqué razón iba alguien a hacer eso, en la habitación en la que descansaba una recién nacida y una mujer que hacía muy poco, había dado a luz?, estaba segura de que a nadie se le habría ocurrido semejante idea.

Cuando iba a cerrar la ventana, se dio cuenta de que en la cornisa, se encontraba sentado y muy atento, un curioso gato negro

- ¡largo de aquí, bola de pelos! - le gritó, molesta, para que se marchara - ¡vamos, fuera de aquí! - le repitió, viendo que el gato no hacía ademán ni de moverse - ¡o te vas o te lanzo un zapato! -

en ese instante el gato se levantó para irse, dedicándole una furiosa mirada que denotaba autentica ofensa e indignación, pero Astoria, muy contrariada, prefirió no pararse a interpretar aquello, deseando que se tratara únicamente de una mera coincidencia.

Cuando dejó a la niña en la cuna, se quedó paralizada al ver que entre los pliegues de las mantillas, había una especie de muñeca muy pequeña, hecha de paja, una olorosa y rojiza calabaza del tamaño de una pelota de pin pon, y un cadenita de oro, de la que prendía una diminuta y labrada escoba, también de oro.

¿cómo era posible que aquellas cosas estuvieran allí?, ¿quién podría haberlas dejado?, ¿y en qué momento?, y sobre todo, ¿porqué?, ¿qué significado tenían?.

Una cosa era segura, no era una casualidad, alguien ajeno a la casa, había entrado en la habitación, y había estado temerosamente cerca de ella y de la niña. No permaneció mas tiempo allí sola, muy asustada, salió con Pandora en los brazos, en busca de su madre y de Narcissa.

Un gran revuelo se armó en todo el castillo, los sirvientes cuchicheaban entre ellos azorados, para todos los que entendían las costumbres antiguas, en especial las mujeres mayores, estaba más que claro, aquella era una muestra de regocijo y bienvenida, al nacimiento de una bruja muy especial, era posiblemente, la iniciación de una futura hechicera elegida para el dominio de las ciencias ocultas y las artes oscuras, o quizá la aceptación de una nueva sacerdotisa.

Narcissa y Agatha, no quisieron poner mas nerviosa a Astoria de lo que ya estaba, por lo que inventaron que una lechuza de unos amigos, había dejado esos objetos como regalo, aquella respuesta no la convenció del todo y siguió haciendo una pregunta tras otra hasta el fastidio, motivo por el que su madre tubo que suavizar sus temores, asegurándole que montarían guardia junto a ella, las veinticuatro horas del día, y prometiéndole que no la dejarían sola ni un segundo, así si volvía a ocurrir algo fuera de lo común, estaría bien protegida.

Todos estuvieron de acuerdo, y Lucius reforzó la seguridad del castillo, impidiendo el libre acceso por la red flu, y contratando vigías para el exterior de la mansión.

De todas formas, aunque Astoria supiera que ya nada podía pasarles, no recuperó la tranquilidad, su instinto de madre le decía, que alguien o algo andaba al acecho de su hija y que a la mínima oportunidad que tuviera, aprovecharía para raptarla.

….

El corazón de Draco dio un vuelco, al escuchar a Hermione culparlo de la muerte de su hijo, era cierto que él había preferido que el niño no naciera, y cuando se enteró de la noticia, enfureció hasta el punto de enloquecer y tratar de obligarla a que abortara, para él, ese niño iba a representar el mayor impedimento para que el amor entre ellos triunfara, pero de eso a ocasionar su muerte deliberadamente, había un gran trecho.

Draco no lo hubiera hecho nunca por mucho odio que le tuviera, no era más que un bebé que ni siquiera había terminado la segunda fase de su gestación, era únicamente una indefensa criatura que no había hecho daño alguno a nadie.

Draco podía ser muchas cosas, podía ser caprichoso, mimado, presumido, engreído, egocéntrico, clasista, machista, manipulador, y aún se le podrían achacar mil defectos más, pero no era un asesino, nunca en su vida había matado a nadie, y no porque no hubiera tenido la oportunidad, su tía Bellatrix se había encargado de formarlo adecuadamente cuando ingresó en las filas de Voldemort, había comenzado con cosas tan simples y nimias como poner una varita en su mano, y llevarle al frente un conejito, un sapo, o incluso una venenosa tarántula, pero Draco con la sola idea en su cabeza de tener que atormentar y arrebatarles la vida a aquellas desgraciadas victimas, se le revolvían las tripas irremediablemente, se pasaba las siguientes horas vomitando, y enfermaba del estómago incapacitándose así, para tan indigna labor.

No tardaron mucho en prescindir de él, Bellatrix colaboró con su hermana, inventándole al señor tenebroso, que su adorado sobrino era de constitución débil y enfermiza y que sufría habitualmente, trastornos disociativos de bipolaridad.

Sólo aquello lo salvó de las garras del señor oscuro, pero estaba claro que su permanencia como mortífago por mínima que fuera, había dejado una enorme huella, una mancha tan inmensa e imperdonable, que sólo podía quitarse de encima, aceptando someterse a las nuevas leyes de Alianza por la paz, con los muggles, nacidos de muggles y mestizos,

lo que él nunca pensó, es que en la travesía de aquella impresionante aventura se llegaría a enamorar tan fervientemente de la que había sido su mayor rival y enemiga, precisamente una hija de muggles.

Draco alzó la cabeza de los suaves muslos de Hermione, para poder encontrar su mirada turbia y lúgubre,

- yo no maté a tu hijo Hermione…, te lo juro…, lo siento mucho cariño…, no sabes cómo siento su pérdida -

- ¡mientes! - dijo ella, echándose hacia atrás para apartarse de él,

- no mi amor…, no miento - contestó él, suplicante,

- ¡tú querías que muriera! - respondió ella, con la voz envenenada y quebrada de dolor,

- ¡si, es cierto!, ¡al principio lo quise!, ¡no lo podía soportar!, ¡no podía soportar el hecho de que estuvieras embarazada de otro!, ¡era algo que me roía por dentro!, pero yo no lo maté…, el médico dijo que lo perdiste -

- ¡el medimago está aleccionado por ti y por tu padre!, ¡nunca me dirá la verdad!, ¡él sabe que no fue ningún accidente y lo está tapando!, ¡mataste a mi niño!, ¡a mi bebé! - gritó estallando en llanto,

- no…, mi vida…, yo no le hice daño - le respondió sin poder retener sus propias lágrimas - tienes que creerme, yo no podría hacerle daño jamás… -

- mientes… - repitió en un sollozo,

- no cariño…, no miento, es verdad que al principio me cegué y llegué a odiarlo, pero…, nuestra doctora me abrió los ojos, y me hizo ver lo equivocado que estaba, era tu pequeño.., y lo amabas…, y yo debía aprender a vivir con eso, que tú lo quisieras debía ser suficiente para mi, suficiente para aprender a quererlo tanto como tú…, tanto como si fuera mío… -

Hermione se tapaba la cara con las manos y lloraba desconsolada, su mente era un completo caos, no se hacía a la idea de que ya no estaba embarazada, se sentía vacía, sentía que le faltaba parte de su alma, le faltaba el aire, lo echaba de menos abrumadoramente, extrañaba sus movimientos, su presencia dentro de ella.

- Hermione, yo no hice nada…, por favor tienes que creerme…, me someteré al veritaserum si es necesario, haré lo que sea para que me creas, ¡lo que tú me pidas! -

- Sabes que el veritaserum está prohibido, ya no lo fabrican -

- Lo mandaré a hacer en el mercado negro, ¡iré a donde haga falta! -

- ¡lo único que quiero es alejarme de este maldito castillo, de tu maldita familia y de ti! -

- no me digas eso princesa…, no me partas el corazón - Hermione sonrió con amargura al escucharlo,

- Draco…, tú no tienes corazón -

- qué puedo hacer… - le dijo arrodillándose a sus pies - ¡por favor!, ¿Qué puedo hacer para que me creas?, Hermione, te doy mi palabra de honor, de que yo jamás atenté contra la vida de tu hijo -

- tu palabra… - repitió con asco - tu palabra dejó de valer en el mismo momento en el que me arrastraste hacia San Mungo, para que me deshiciera de él -

- ¡sí!, ¡eso fue un error!, ¡un terrible error, y lo siento muchísimo!, pero ya te dije que después de hablar con la doctora Alison, me convencí de que lo mejor para todos, era que lo aceptara y lo amara como mi hijo legítimo, ¡y si estoy mintiendo, que un mal rayo me parta! -

- eso no me va a devolver a mi hijo… - dijo ella, suspirando hondamente,

- Dioses del Olimpo…, qué puedo hacer… - pronunció Draco, destrozado, aquello le indicaba que cada vez se alejaba más de él, y que era muy probable, que nunca más recuperase su confianza y su amor,

- sólo hay una cosa que puedes hacer - dijo ella unos segundos después, rompiendo el silencio y captando su atención - quiero que me des el divorcio Draco, lo quiero ya - él se asombró de su respuesta y un escalofrío le recorrió la espina dorsal, al parecer ella estaba firmemente decidida a dejarlo, y eso lo aterraba,

- ¡no! - contestó horrorizado - escucha…, si tú piensas que no sufriste un aborto natural…, si piensas que no lo perdiste…, pues te creo, y entre los dos hallaremos la verdad -

- quiero el divorcio - reafirmó ella, tajante,

- ¡no! - insistió él - ¿¡pero qué te ha faltado conmigo!?, ¿¡qué es lo que no te he dado!?, ¡si me pides la luna te la bajaré!, ¡no puedes pedirme el divorcio!, además…, estamos obligados por ley, a seguir casados, medio año más -

- te equivocas - dijo ella, con suficiencia - son cinco meses, no seis, y tres meses antes se pueden iniciar los trámites, yo ya no aguanto más esta situación, pienso agilizar la separación, todo lo que me sea posible, la semana que viene pediré audiencia con el ministro, y le rogaré que me conceda la excepcionalidad -

- no te lo permitiré, sabes que me negaré a darte el divorcio, me da igual lo que me digan, ¡no pienso perderte!, ¡no te separarás de mí! -

- te obligarán, no puedes negarte, tarde o temprano lo harán efectivo, tanto si lo aceptas, como si no, lo único que lograrás, será retrasar el proceso y hacer que te pongan una multa por desobediencia, y obstaculización del desarrollo de la ley -

- ¿te lo tienes todo muy bien aprendido, no?, parece que estás muy bien enterada de todo…, ¡pues muy bien!, ¡yo también tengo muy buenos abogados para que me den los mejores consejos!, ¡de hecho tengo los mejores! - refunfuñó, yendo hacia la salida - ¿porqué no haces una cosa?, todo el mundo sabe que tienes una de esas reliquias Persas, ya sabes a qué me refiero..., el libro revelador, si es tan veraz como dicen…, si es cierto que nunca falla, ¿porqué no le preguntas que ocurrió en realidad con tu hijo?, seguro que así, te convences al fin de que yo no tuve nada que ver con su muerte, ¿y quién sabe?, ¡a lo mejor te llevas una sorpresa!, yo tampoco pienso seguir perdiendo el tiempo y regalándote ventajas, me voy ahora mismo al gabinete de mis abogados, no te lo voy a poner nada fácil, voy a luchar hasta el final por este matrimonio, lucharé hasta las últimas consecuencias, y si finalmente el destino decide separarnos…, no será porque yo me haya quedado con los brazos cruzados.

Draco salió muy alterado de la habitación, estaba muy preocupado, Hermione pensaba hacer correr los trámites del divorcio, ella era una chica muy conocida y valorada en el mundo mágico, y era lógico que el propio ministro la tuviera en gran estima por sus méritos en la gran batalla, por lo tanto, no sería extraño que se compadeciera de ella y le concediera su favor.

Sólo de pensarlo, a Draco se le aceleraba el corazón, ¿ y si el ministro se encontraba encantado de ayudarla?, ¿y si revisaban su caso y decidían iniciar el divorcio express?, en esos casos no se tardaba casi nada, en cuestión de un mes ya estaba todo resuelto, bien atado, sellado y lacrado.

¿y si eso sucedía, qué pasaría entonces?, ¿perdería a Hermione para siempre?, seguramente se alejaría de él y ya no la volvería a ver jamás.

Cada vez que pensaba en ello, Draco sentía que una lanza atravesaba su corazón, no podía dejar que ocurriera, tenía que evitarlo a toda costa, y la manera más eficaz era hablando con sus abogados.

Cogió su escoba y voló a toda velocidad hasta las oficinas de asesoría jurídica, pertenecientes a su padre, donde lo hicieron pasar inmediatamente.

- Señor Malfoy, estamos a su entera disposición - le indicó uno de los cinco abogados, que se encontraban en su despacho, sentados frente a él - estamos encantados de poder servirle y de poder ayudarle a resolver cualquier duda o conflicto legal que tenga -

- Gracias - contestó él - he acudido a ustedes porque tengo un…, problema…, conyugal, bastante grave -

- No se preocupe, nosotros le ayudaremos, díganos de qué se trata, por favor, pónganos al tanto de la situación -

- Pues bien…, mi mujer quiere divorciarse de mí, y yo no quiero darle el divorcio, yo la amo…, y no quiero separarme de ella, nuestro matrimonio ha sido acordado por la Alianza de paz, y aun faltan cinco meses para que se cumpla el plazo obligatorio de convivencia, solo que ella me ha amenazado hoy, con que irá la semana que viene al ministerio, para pedir el permiso de anticipación de trámites, no sé que puedo hacer para impedirlo…, incluso he pensado en retenerla en nuestra casa -

- Eso no debería hacerlo bajo ningún concepto - comentó otro de los abogados, revisando un dossier de cláusulas matrimoniales, referentes a los enlaces de paz - podría ser considerado maltrato psicológico, y tanto ese tipo de maltratos como el físico, están prohibidos y duramente penados -

- Señor Malfoy, ha hecho usted muy bien en venir a pedirnos ayuda, confíe en nosotros, está usted en buenas manos - le comentó para darle un poco de tranquilidad - díganos, ¿han tenido hijos? -

- no, bueno…, ella…, acaba de tener un aborto -

- ¿ha interrumpido su mujer, el embarazo? -

- No, no, no…, - se apresuró a corregir - ha sido un aborto espontáneo, ella quería tenerlo -

- ¿está seguro de eso? - preguntó suspicaz, el tercer abogado

- Si.., completamente -

- señor Malfoy, ¿tiene usted alguna queja hacia su esposa? - Draco se quedó pensativo un momento, Hermione le había sido infiel, y esa era una dañina espina que tenía profundamente clavada, pero él también le había sido infiel a ella, y muchas mas veces, ella solamente lo había engañado una vez, podría sacarlo a la luz, pero a la larga, él podría salir perdiendo con los trapos sucios, no se perjudicaría a sí mismo con eso - no, en realidad no…, aunque…, me niega sistemáticamente mi derecho de cama -

- pues a eso si que no se puede negar, usted está en su pleno derecho como marido, de disfrutar de ese privilegio, cuando le plazca, hasta que estén oficialmente divorciados -

- ya, bueno…, yo nunca he podido obligarla -

- si ella llegara a denunciarlo por ello, los jueces no lo tendrían en cuenta, las leyes lo amparan, cuando se casó con usted, firmó en el contrato matrimonial, mantener sus necesidades sexuales satisfechas, no puede negarse a ello hasta que estén oficialmente divorciados - pero eso es algo que sólo usted debe decidir, cada hombre actúa en su intimidad con su esposa de la forma que cree correcta, y nosotros aconsejamos siempre, que sigan lo que les dicten sus principios -

- pues aparte de eso, no tengo nada malo que decir de ella -

- ¿desatiende el hogar? - preguntó otro de los abogados,

- no, tenemos servidumbre -

- ¿ha desaparecido alguna vez del hogar? -

- no…, siempre que ha dormido fuera, ha sido por la universidad, o lo hemos hecho juntos, les repito que en realidad no tengo ninguna queja de ella, lo que más me preocupa, es que se trata de una persona muy importante en nuestro mundo, creo que le sería relativamente fácil, que el propio ministro en persona, la ayudara a agilizar el proceso -

- ¿el apellido de soltera de su mujer, es Granger, no? -

- si - los abogados se miraron unos a otros y se quedaron un instante en silencio, mientras repasaban mentalmente cada punto, que podían tocar, por si hubiera algo se les hubiera pasado por alto,

- señor Malfoy…, en un caso normal…, y siendo totalmente sinceros con usted, le diría que no hay nada que hacer, tarde o temprano estaría obligado a darle la libertad a su esposa, en un matrimonio arreglado por la Alianza de paz…, tampoco hay mucha diferencia, pero hay algo de lo que nos podemos agarrar, aunque para eso, usted debe estar completamente seguro de ello, y dispuesto a asumir su responsabilidad hasta las últimas consecuencias -

- haré lo que sea necesario, cuenten con ello -respondió Draco, con firmeza,

- entonces le explicaré de qué se trata, cuando ella firmó estar de acuerdo con cada una de las cláusulas matrimoniales, puso en su manos gran parte del poder de decisión, con respecto a la planificación familiar, ¿me sigue? -

- creo.., que si… - respondió Draco, con ciertas dudas,

- me explicaré mejor, si usted ahora mismo decidiera tener un hijo, ella estaría obligada a dárselo, no importa que desee el divorcio o que lo haya pedido ya, ni si quiera influiría el hecho de que hubiera comenzado el proceso, durante todo el tiempo que esté casada con usted y hasta el último día, si usted decidiera dejarla embarazada, ella quedaría sujeta al cumplimiento de dicha cláusula, y si se negase o pusiese algún tipo de impedimento, como por ejemplo..., tomar pócimas anticonceptivas, estaría quebrantando la ley, como consecuencia acarreante si usted la denunciase, de que le conllevaría una pena mínima de prisión y una indemnización a pagarle, por daños y perjuicios - Draco casi se quedó boquiabierto,

- ¿y en qué afectaría eso al divorcio? -

- las leyes indican que cuando hay menores de por medio, aunque todavía no hayan nacido, se debe velar por sus intereses, por encima del de sus propios padres, lo que significa en nuestro caso, si ella quedara embarazada, que se paralizaría el divorcio o cualquier trámite en proceso hasta que el meno hubiera nacido, y hubiese cumplido su primer trimestre de vida, esto nos daría un año de plazo, en el cual usted, debería ser capaz de reconquistarla, doce mese es una buena temporada para intentarlo al menos... -

- ¿y si no lo consiguiera? - el quinto abogado se quitó las gafas analizadoramente, y le respondió,

- entonces..., en ese caso..., se tendría que recurrir al mal llamado..., chantaje emocional, todos los hombres conocemos la debilidad femenina frente a su prole, si después de todo ella insistiera en tramitar la separación, usted tendría la posibilidad de pedir la guarda y custodia completa de su hijo, estamos más que seguros de que la conseguiría, y en esa circunstancia, podría llegar a un acuerdo con ella, eso sí, todo bien firmado y sellado, en un asunto como este, los acuerdos verbales no tienen validez -

- ¿un acuerdo?, ¿pero qué acuerdo? - preguntó Draco, enormemente confundido,

- usted podría permitirle ejercer y asumir con total libertad, su maternidad, siempre y cuando siga casada con usted, y en el momento en el que decidiera volver a separarse, perdería en el acto todo derecho a seguir en contacto con su hijo - Draco estuvo asimilando durante varios minutos, toda la información que acababan de darle, sintiéndose demasiado contrariado,

- me parece horrible - dijo echándose hacia atrás en el respaldo de su asiento - todo esto me parece realmente espantoso, quitarle un hijo a su madre es..., no sé..., no tengo palabras - en ese momento recordó la primera vez que Lucius lo apartó de Narcissa, él solo contaba con tres años, y había decidido que ya era un hombrecito, y que era contraproducente que siguiera pegado de las faldas de su madre, había considerado que no era lo mas adecuado para él, que siguiera recibiendo los constantes mimos de su madre, haciendo así, que lo viera lo justo y necesario "según sus criterios" - no se si seré capaz de hacer algo semejante... - comentó pensativo, más para sí mismo, que para los abogados - ¿qué otra opción tengo? -

- ninguna más - Draco se frotó las sienes, un poco cansado y frustrado, pidió hacer un descanso de cinco minutos, en los que se tomó un café y sopesó todas sus posibilidades. Transcurrido ese tiempo, entró de nuevo en el despacho, con las ideas más claras - sé que seguramente me esté equivocando y que nunca me sentiré orgulloso de esto, pero mi miedo a perderla es inmenso, y por lo que ya sabemos, tampoco puedo hacer mucho más..., así que..., seguiré adelante con el plan, hasta las ultimas consecuencias..., - terminó de decir, con preocupación y nada convencido.

….

Hermione estaba terminando de calzarse los zapatos, cuando escuchó que llamaban a la puerta, dio el permiso para que entraran y se sorprendió de ver a Narcissa y a Lucius,

- ¿cómo te encuentras? - preguntó Narcissa interesándose por su salud,

- ¿ha ocurrido algo? - preguntó Hermione a su vez, con desconfianza y la defensiva,

- el medimago nos ha comunicado que ya estas bien y que ya puedes hacer vida normal - contestó Lucius - venimos a decirte que ya puedes regresar a tu cuarto junto a Draco, y también a informarte de que la semana que viene, te incorporas nuevamente a la universidad, para comenzar tu segundo año de formación, irás con un par de meses de retraso..., pero eso para ti no será ningún inconveniente, todos sabemos que eres una estudiante excepcional, no te costará nada, alcanzar a tus compañero y superarlos -

- no voy a regresar a la universidad - contestó Hermione, tajante y decidida, con los brazos cruzados,

- ¿cómo? - preguntó Narcissa, perpleja,

- he dicho que no voy a volver a la universidad - repitió más claramente, Lucius y su esposa se miraron sin entender nada,

- ¿y serías tan amable de explicarnos, porqué motivo? - preguntó Lucius, con un deje de sarcasmo,

- no quiero que me paguéis los estudios - contestó muy seria - no quiero que me paguéis nada, no quiero nada que venga de vosotros - terminó de decir con repugnancia y rabia,

- ¡tenemos un trato Hermione! - saltó Narcissa, extrañada por el nuevo cambio de actitud - solo tendrás que seguir casada con mi hijo cinco meses más, y serás completamente libre para hacer de tu vida lo que te plazca, podrás marcharte a donde te venga en gana llevándote contigo, una generosa suma de dinero con el que te recompensaremos,

por estos tres años de sacrificio personal, a cambio mi marido y yo, te seguiremos pagando los estudios hasta que los termines, y cubriremos todos los gastos de tu manutención, hasta que encuentres tu primer empleo, ese es nuestro trato Hermione, lo hemos dejado todo muy claro desde el principio -

- me coaccionasteis, y tuve que ceder porque no me quedaba mas remedio, y porque tenía dieciséis años, era muy joven..., y estaba asustada -Narcissa no se lo podía creer, se preguntaba qué era lo que la había hecho cambiar tan radicalmente - ahora he crecido, y ya no os tengo miedo -

- ¡no puedes romper el trato! - respondió Lucius, intentando no perder los estribos,

- no lo haré - dijo ella, con toda la tranquilidad y el autocontrol del mundo - seguiré casada con Draco hasta que un juez de familia, haga oficial nuestro divorcio, no haré nada que pueda ocasionar que nos investiguen, y seguiré con esta farsa, el tiempo impuesto por la ley, pero ya soy mayor de edad, y tengo todo el derecho del mundo a manejar mi propia vida y mi futuro, a mi antojo, no quiero deberos ninguna clase de favor, ni tampoco quiero tener que agradeceros mi carrera profesional, o mis posibles empleos, no quiero que me sigáis manteniendo - soltó con desprecio - no quiero nada de vosotros, lo único que quiero es poder perderos de vista -

- ¡no sabes lo que estás diciendo!, ¡no eres más que una mocosa insensata! - espetó Lucius,

- ¡me habéis destrozado la vida!, ¡y lo sabéis! -

- ¿pero de qué estás hablando? - preguntó Narcissa, tratando de dominar la situación,

- sé perfectamente que lo que me pasó, no fue nada casual -

- te refieres al aborto que tuviste... - comentó Narcissa, empezando a entenderla - escucha Hermione, no eres la primera mujer que pierde un bebé, ni serás la ultima, te aseguro que sé lo doloroso que puede llegar a ser..., pero también es cierto que el tiempo se encarga de cerrar todas las heridas, incluso las mas profundas -

- no quiero nada de vuestra familia, sé que no me queda mas remedio que seguir con esta estúpida pantomima, unos meses mas, pero os advierto que pienso ceñirme, sólo a lo que dicta el contrato matrimonial, no quiero seguir dependiendo de vosotros, así que me buscaré un empleo y yo misma me costearé mis estudios, no quiero tener que necesitaros ni a vosotros ni a vuestro oro, para nada -

- pues te informo de que no pienso darte permiso para que trabajes - dijo Lucius,

- tengo derecho a decidir qué hago con mi vida - contraatacó Hermione, para su disgusto - nadie me puede negar trabajar, o el entrar y salir de la mansión a mi libre albedrío -

- en eso te equivocas, no puedes hacer nada que provoque que nos investiguen, el tema de la universidad lo podemos discutir, pero no trabajarás, se supone que no lo necesitas, tenemos oro de sobra, y Draco ya está trabajando, ¿en qué momento os veríais?, lo podrían tomar como que estás huyendo de su presencia, este no es momento de ponerte con tonterías, niña, solo faltan cinco mese para que todo acabe, ¡no lo arruines todo ahora! -

- no pienso seguir asistiendo a la universidad pagada por vosotros, Narcissa -

- pues me parece absurdo que rechaces una oportunidad como esta, solo porque nos odies, es una auténtica estupidez impropia de ti, es verdad que no te podemos obligar a ir, porque ya eres mayor de edad, y tú decides..., pero no podemos aceptar que trabajes Hermione, nadie lo entendería, y daría pie a demasiados rumores -

- ¿entonces qué?, ¿tengo que quedarme aquí sin hacer nada? -

- lo que hagas con tu tiempo libre es asunto tuyo, pero ya sabes lo que se te exige, un comportamiento intachable frente a los extraños, y absoluta discreción, para cuando pasen estos cinco meses... -

- entonces por fin podré largarme de esta casa y os sacaré de mi vida para siempre - Hermione dio por concluida la conversación y salió de la habitación, sin dejar que terminaran de hablar,

- ¿¡y todo esto es por el aborto que ha tenido? - preguntó Narcissa,

- supongo.., - respondió su marido, restándole importancia,

- Lucius, Hermione sospecha que ha sido provocado, ¿acaso fuiste tú?, ¿tuviste tú, algo que ver? - Lucius la observó largo rato, pensativo, dudaba si era buena idea contarle a su esposa la verdad,

- ¿acaso tiene eso alguna importancia?, ¿cambiaría en algo las cosas? -

- ¿¡lo hiciste tú, sí o no!? - Lucius se encogió de hombros,

- ¡eso no te correspondía a ti!, ¿¡como pudiste!?, ¡no tenías derecho! -

- ¿entonces a quien correspondía?, ¿¡al pelele que tienes por hijo!?, ¿¡sabes qué pretendía hacer!?, ¡pensaba aceptarlo y hacerse cargo de él, como si fuese suyo! -

- ¡no es excusa, Lucius!, ¡no tienes ni idea del peso que tiene ese acto!, ¡no sabes el daño que has causado!, ¡nunca vas a cambiar...! -

- ¿qué quieres decir? - preguntó, sorprendido y molesto,

- lo sabes muy bien... –

aquellas palabras le sentaron como una patada en el estómago, esas misma palabras que había leído en el libro revelador, tan señaladoras, tan acusatorias, y entonces se acordó de lo que le libro le había dicho de su mujer, un brillo maligno cruzó su mirada, y clavó sus ojos duros como puñales, en los de Narcissa, sin que ella se lo esperase, la agarró fuertemente del brazo, y la sacó del cuarto

- ¿¡pero qué demonios te pasa!?, ¿¡se puede saber qué narices haces!? -

- ¡tú y yo tenemos una conversación pendiente!, ¡así que camina!, vamos a nuestra habitación - cuando llegaron, la empujó dentro y la enfrentó -

- ¿qué ocurre? - preguntó ella, asombrada por la rudeza de la actitud de su marido,

- ¿no me amas verdad?, en realidad nunca me has querido - dijo sin rodeos,

- ¿pero qué estás diciendo?, ¿a qué viene esto ahora? -

- mientes de maravilla, en otras circunstancias, habrías sido una actriz estupenda -

- no entiendo nada, ¿porqué no dejas de decir sandeces? -

- ¡ESTO NO ES NINGUNA SANDEZ!, ¡SE TRATA DE NUESTRA INTIMIDAD! - Narcissa desvió la mirada, consciente de a donde les llevaba todo aquello - ¡VAMOS!, ¡DI LA VERDAD DE UNA MALDITA VEZ!, ¡CONFIESA QUE NO ME AMAS! - ella no fue capaz de contestarle, y se mantuvo en silencio - tampoco has disfrutado ninguna de las veces que hemos hecho el amor, ¡has fingido cada orgasmo! -

- ¿¡pero cómo te atreves!?, ¿¡cómo puedes tener la desvergüenza de hablarme así!?, ¡soy tu esposa!, ¡no merezco este trato!, ¡todo lo que dices es incierto!, ¡a pesar de todo lo que eres, nunca me he apartado de ti!, ¡siempre he estado a tu lado!, ¡he sido la esposa que esperabas que fuera!, ¡te he complacido en todo lo que has querido!, te he dado un hijo!, ¡te he dado toda mi vida! -

- toda una vida de mentiras, Narcissa -

- Lucius..., cuando nos casamos, ¡éramos un par de críos!, yo ni si quiera sabía qué era el amor, pero mi deber era amarte y respetarte y eso hice -

- no dudo de que me respetaras pero…, nada más, te las has estado apañando todos estos años, con esas malditas pócimas que tomas siempre, ¡no hiciste el menor esfuerzo por adaptarte a mí! -

- ¡mentira!, ¡te he obedecido siempre!, ¡te he obedecido siempre incluso por encima de mi voluntad!, ¡tuve que tragarme mi dolor y mi amargura cuando te convertiste en un monstruo, y me negaste el derecho de tener a mis hijas!, ¡y te odié!, ¡te odie por ello y te odiaré siempre! - ¡ZAS! -

Lucius levantó su pesada mano y la descargó con violencia y con toda su fuerza, contra la mejilla de su esposa por tercera vez en su vida,

ella cayó sentada en la cama en el acto, Narcissa lo miraba atónita y enmudecida, no podía creerse que lo hubiera vuelto a hacer,
no después de que él le jurase la ultima vez, que nunca más en la vida se volvería a atrever.

La habitación quedó en un silencio sepulcral, incómodo y vergonzoso, Lucius fue hasta la mesita de las bebidas, y se sirvió un Wisky de fuego doble con hielo, se lo tomó de un par de tragos y se preparó otro más, respiró profundamente intentando ordenar sus ideas, y se fijó en una especie de caja redonda, de madera de sándalo, en las que estaban todas las pociones que Narcissa tomaba habitualmente, ella decía que eran formulas de belleza para cuidar el cutis y el cabello, y otras para mantenerse delgada, pero enseguida entendió al verlas de nuevo, que se trataban en realidad, de los afrodisíacos de los que hablaba el libro revelador, eran los elixires que necesitaba para poder disfrutar de cada encuentro con él, sin ellos, durante todos esos años, su vida sexual habría sido deprimente y nada satisfactoria, sin ellos, era incapaz de sentir nada por su marido, que no fuera odio, rechazo y repugnancia.

Lucius cogió la caja entera, y uno a uno fue echando los frasquitos en la chimenea, bajo la atenta mirada estática y horrorizada de su mujer, uno a uno se deshizo de ellos y quemó la caja también, luego revisó todas sus pertenencias y encontró ocho cajas más, pero decidió hacer otra cosa, las apiló todas unas junto a otras y les lanzó un reductus, para dejar que se consumieran en el fuego, hasta las mas mínimas partículas, después volvió junto a ella que seguía asustada, se aflojó el nudo de la corbata, se la quitó, y empezó a desabrocharse despacio, todos los botones de su camisa.

- desnúdate - le ordenó a su mujer, con su voz severa y su mirada gélida,

- ¿qué…? - preguntó ella, temerosa e incrédula, ante lo que la esperaba,

- ya me has oído - respondió, malhumorado y soberbio, quitándose la camisa y desabrochándose el pantalón,

- Lucius… - pronunció ella, tragando en seco, con un hilo de voz - no por favor…, te lo suplico -

- que te desnudes Narcissa - masculló irritado, con parte del cinturón enrollado en una mano - no te lo volveré a repetir - y Narcissa, incapaz de reprimir la cascada de lágrimas que le sobrevino, comenzó a desvestirse temblorosa de la cabeza a los pies, hasta quedar completamente desnuda frente a él - túmbate en la cama - le ordenó quitándose los calzoncillos - vas a aprender a respetarme de verdad, y vas a aprender a gozar conmigo como mandan los Dioses, sin ninguna de esas mierdas que has estado tomando, de por medio –

….

Draco regresó al castillo y se cruzó con Astoria por las escaleras, llevaba a la niña en los brazos, y al verlo, le dijo que tenía que hablar con él con urgencia de un motivo de suma importancia, quería decirle que estaba segura de que alguien estaba intentando secuestrar a Pandora.

Draco pasó por su lado sin mirarlas, y no se detuvo, no quería tener que escucharla, ni tampoco quería tener que estar ni un minuto cerca de su hija, no lo soportaba, sabía que la niña no tenía la culpa, pero no podía evitar sentir que la detestaba, a ella y a su madre.

Astoria, literalmente lo persiguió todo el camino hasta la habitación, refunfuñando y quejándose de que no se preocupaba en absoluto por Pandora, él la ignoró olímpicamente, y le dio con la puerta en las narices, pero cuando se giró resoplando dispuesto a hablar con Hermione, se quedó alucinado y boquiabierto.

Todo el cuarto estaba patas arriba, era un autentico desorden, y ella estaba de espaldas a él, medio histérica, revolviendo frenéticamente sus baúles de clase.

- ¿Hermione…? - la llamó interrumpiéndola, y haciendo que se volviera a verlo - ¿Qué…, qué…, qué haces…? - ella se le acercó con un cabreo descomunal,

- ¡eres un miserable! - le increpó,

- ¿qué? - preguntó mas sorprendido que molesto,

- ¡el libro!, ¡el libro revelador!, ¡te has deshecho de él para que yo no lo pueda encontrar! -

- ¿qué?, ¡noooo!, no Hermione..., pero si fui yo mismo quien te animó a consultarlo -

- ¡forma parte de tu treta!, ¡eres un cerdo asqueroso!, ¡hiciste que perdiera a mi niño!, ¡y como sabías que yo podría averiguar que habías sido tú, corriste a desaparecerlo!, ¡te odio!, ¡te odioooo! -

- Hermione, por favor cálmate!, ¡yo no hice nada de eso!, ¡nena..., yo jamás te haría daño!, por favor créeme..., vamos mi vida..., eres lo más importante que tengo, ¿cómo podría yo, plantearme si quiera, hacerte algo así...? - le contestó intentando reducirla para poder abrazarla, pero ella forcejeó hasta soltarse, cayendo al suelo accidentalmente,

- Era lo único que me quedaba... - dijo ella rompiendo a llorar con gran pesar - era lo único que tenía para poder saber la verdad... -

Draco comprobó que Hermione no estaba bien, su deber era cuidarla y protegerla de todo mal y peligro, y le había fallado, le dolía en el alma verla así, las cosas no podían seguir de aquella manera, ella cada vez estaba peor, y Draco tenía miedo de que terminara desquiciándose, tenía que hacer algo rápidamente.

Pasó por alto todos sus golpes y sus insultos, cuando se sentó en el suelo para abrazarla y consolarla, fue capaz de mantenerla pegada a su pecho, a pesar de que se revolvía como una fiera, y al final, ella, vencida por el cansancio y el llanto, dejó de luchar, y se dejó mecer suavemente por él, mientras le susurraba en su oído, tranquilizadoras palabras.

- se acabó, ¡ya estoy cansado de tantas complicaciones y de no poder vivir en paz contigo!, se acabó el seguir aguantando que te maltraten y que nos hagan la vida imposible, ¡ya me harte de toda esta mierda! - le decía sin dejar de abrazarla y de besar su cabeza - nos vamos de aquí, mañana a primera hora nos marchamos de la mansión, ¡y te juro!, escúchame bien, te juro que no voy a descansar hasta encontrar a la basura humana que te ha hecho esto, ¡no parare hasta que caiga en mis manos!, y entonces..., cuando eso ocurra..., ¡no me temblará la mano para hacer que le recaiga todo el peso de la ley, ¡juro por los Dioses que se arrepentirá!, ¡lo juro!, ¡ lo juro por mi sangre! -