—¿Ca…sarme? Es decir…—tartamudeó—¿casarnos? ¿Has pensado en las consecuencias que eso acarrearía?

—¿Qué seremos eternamente felices rodeados de niños y perros? —Bromeó él.

—Yo no quiero un perro—replicó indignada sin pensar—Quiero un gato.

—Entonces lo estas considerando—observó él. Hermione se quedó impactada ante sus palabras ¿lo estaba? Era algo difícil de analizar. Pero observando sus propias acciones…

—Podría ser—masculló ella—pero eso no quiere decir que mi respuesta sea afirmativa.

—¿Qué difícil puede ser para ti aceptar? ¿A qué le temes? —Preguntó acercándose un poco más a ella—¿Qué es lo que esperas?

Estar completamente segura de que me quieres respondió su mente.

—Ven conmigo Malfoy—tomó la mano de él con delicadeza, entrelazó sus dedos con los de él y un cosquilleo la recorrió de pies a cabeza ¿Cómo podría vivir sin ese contacto? —Conversemos mejor en un lugar más privado…hay muchas personas observando—agregó en un susurro observando disimuladamente las puertas del comedor, donde varias personas fingían conversar con otras.

—¿Más privado? ¿Seguro que vamos a conversar? —Preguntó con picardía.

— ¡Pues claro que sí! —Exclamó ella mientras se alejaban— ¿Por qué clase de mujer me tomas?

—Por una muy apasionada.

—¿Cómo? —Preguntó sin poder creérselo.

—Solo bromeaba—sonrió encogiéndose de hombros. Rodeó los hombros de ella con un brazo, para acercarla y susurrarle al oído. —Aunque…no tanto.

—¿No has sido serio ni una vez en tu vida?

—He tenido mis momentos, si.

Recorrieron varios pasillos, hasta estar lo suficientemente alejados de la multitud del castillo. Un banco empedrado cubierto de unas cuantas hojas, los esperaba en una esquina. Draco se sentó primero, luego, cuando Hermione pensaba en sentarse a su lado tomó su mano y la sentó en su regazo.

—Ya tienes tu lugar privado, háblame—Malfoy se echó para atrás, apoyándose en el espaldar de la silla.

—Pues…—tragó en seco, ¿Cómo le diría a Malfoy sus inquietudes? —Yo…no sé si, sea una buena idea que nos casemos porque yo aún no…

—¿Tu aún no qué? —Preguntó con dulzura, aunque un brillo peligroso se posó en sus ojos.

Hermione suspiró enfadada consigo misma, porque su inseguridad podría llegar a arruinar lo que habían avanzado, le daba miedo confiar en que todo estaba bien y en que incluso nada malo pasaría. Las inseguridades suelen ser destructivas.

—Olvídalo…—meneó la cabeza disgustada. Se levantó de las piernas de Malfoy con un ágil movimiento—Solo…olvida lo que te he dicho.

—¿Lo olvido sin una respuesta? —Preguntó.

—Si, Malfoy.

—¿Sí? ¿Cómo puedo olvidarlo si no me diste una respuesta definitiva? Creo que me lo merezco, si quieres o no solo tendrías que…

—¡Malfoy, si! —Exclamó exasperada—Te respondí que si, acepto.

—¿Sí? —Preguntó como un idiota—¿aceptas casarte conmigo? —él que al principio parecía seguro, en ese momento era todo lo contrario, no sabía si ella estaba bromeando con él y si lo estaba haciendo, era un golpe duro para su orgullo.

—Pues, si, nos casaremos.

—¡Por Merlin! —Exclamó por lo bajo pasándose las manos por el cabello—Solo…solo tienes que decirme la fecha y todo estará listo para ese día, además también…

—Draco, cálmate—tomó sus manos y las sujeto entre las suyas—¡Por Dios! Estás temblando—sonrió.

—Una cosa es pedírtelo y otra muy diferente es que aceptes—fue su rápida respuesta.

—Pues siéntete orgulloso, porque seré dentro de poco la —comentó riendo. La alegría y entusiasmo comenzaban a embargarla.

—Suena bien—susurró Malfoy todavía temblando—Si, muy bien.

—Ahora, deja de temblar como una hoja y relájate, volveremos al comedor y terminaremos de comer ¿Te parece buena la idea?

—Quiero comer contigo—se oyó decir como una súplica, se golpeó mentalmente por ello. Lo que realmente quería decirle era si quería comer con él.

—Pues…claro, como quieras—respondió algo turbada y de repente sonrojada.

—No...Yo lo que quería en realidad decir…—sus palabras se toparon de frente con un barrera de pena lo siento, no quise parecer desesperado.

—Está bien, solo…regresemos, me muero de hambre.

—Un día de estos me mataras si no cumples con tus comidas.

Hermione rió adelantando el paso.

—¡Hablo en serio Hermione Granger! —Exclamó al verla más alejada de él.

De seguro lo mataría.

Había transcurrido un mes desde su llegada a Hogwartz en normal tranquilidad, Hermione, por su parte, había mejorado completamente gracias al tratamiento médico implantado por el Dtr. Jhonson y la enfermera de el colegio. La relación entre Hermione y Malfoy iba avanzando a medida que el tiempo pasaba, cada vez estaban mas unidos, más compenetrados y a pesar de las impresiones anteriores ya su relación no era de gran relevancia para muchos, pero todavía quedaban pequeñas sombras acechando en cada esquina del colegio, vigilando sus movimientos, midiéndolos e incluso envidiándolos en silencio, porque, si había algo de lo que Hermione y Draco presumían, era de su sostenible relación.

Hermione sintió sumamente apenada cuando, el nueve de febrero, frente a todo el comedor, Malfoy le entregó una rosa alegando que era por cumplir un mes de relación. Bajo la mirada atenta de varias personas, la tomó entre sus manos y acercó su nariz a ella, pero justo cuando se dignaba a olerla, la flor apartó los pétalos dejando al aire unos filosos dientes que iban directo a su nariz. En un rápido movimiento Malfoy tomó la flor entre sus manos y la lanzó al aire sin reparar en su trayecto, recibiendo miradas de disgustos por las personas que la esquivaron.

—Esa flor…creo que no era adecuada—se disculpó Malfoy asustado.

—Definitivamente—comentó ella de la misma manera.

Un grito a unos cuantos metros, les indicó que la flor ya había encontrado algo que morder. Las caras de ellos se contrajeron en un gesto de dolor cuando la flor, jaló con sus filosos dientes, un mechón de pelo del dorado cabello de Lisa Spinnet.

Lisa Spinnet era una estudiante de Revenclaw, atractiva, inteligente pero, para muchas personas, muy calculadora. Muchas chicas comentaban que podía ser fatal como enemiga y que en una ocasión, hacía un par de años, se había corrido el rumor de que ella se había atrevido a usar una pócima de amor, para atrapar a un chico que le gustaba y tenía novia. Para muchas chicas ella era una víbora, digna de ser una Slitheryn, lo cual causaba curiosidad en varias personas porque era una Revenclaw.

Hermione no pudo saber con exactitud si lo hacía para llamar la atención o si en verdad estaba sufriendo, pero Spinnet con su andar característico, comenzó a correr por toda la habitación agitando los brazos en un fallido intento de quitarse la "tierna" flor de la cabeza. De repente la flor en realidad le parecía tierna a Hermione, paseó la mirada por el salón, para descubrir luego, varias sonrisas en el rostro de muchas personas.

La venganza perfecta pensó en defensa a las chicas que Spinnet había hecho daño, ella se incluía entre ese grupo. En anteriores ocasiones, mucho antes de que ganara la guerra, había sido atacada, verbalmente, por ella.

Los profesores se habían levantado de sus asientos para auxiliar a la estudiante, que formaba un alboroto, en ese momento. Malfoy sin decir nada, se levantó de su asiento para acercarse a Spinnet con rapidez, muchos chicos intentaban ayudarla, pero Malfoy con un sencillo hechizo, hizo explotar la flor, transformándola en confeti que se esparció por todo el salón.

Su mente había actuado por instinto, era el primer hechizo que había aprendido a hacer en casa. Tenía once años y le acababan de entregar su varita cuando una alegre Pansy se lo había mostrado y enseñado. Desde ese día, al menos para estúpidas bromas de su segundo año, no lo había vuelto a hacer.

Spinnet sollozaba estática en el mismo sitio llena de confeti, su pelo que antes estaba liso, permanecía esponjado y sin brillo. Lisa se tapó la cara con sus dos manos mientras sollozaba más fuerte. En un vano intento por calmarla, Malfoy coloco la mano sobre su hombro dudoso, nunca había dado consuelo, era extraño, pero tendría que hacerlo, si él no quería ganarse otro castigo por lo de la flor.

—Spinnet…—la llamó. Ella levantó su mirada azulada hacia él y para impresión de todos, mas para Hermione, se lanzó a sus brazos llorando, como si lo que le hubiera pasado fuera una experiencia cercana a la muerte.

—¡Gracias, gracias, gracias! —Repetía una y otra vez mientras lo abrazaba con más fuerza—Me has salvado la vida, no sabes cuánto te lo agradezco—Sabiendo que exageraba, Malfoy le dio unos torpes e incómodos golpes en la espalda como consuelo.

—Tranquila, no pasó nada, estás bien—dijo mirando hacia los lados del comedor, todo el mundo tenía su mirada posada en ellos. —Si me permites Spinnet, debo volver a mi…

—¡Oh! Malfoy gracias de nuevo…—dijo mirándolo anonadada—Si quieres puedes comer conmigo…

—Te lo agradezco, pero ya estaba comiendo con otra persona, si me disculpas…—inclinó su cabeza a modo de despedida antes de darse la vuelta, pero la voz de la directora Mcgonnagal lo detuvo.

—¡Señor Malfoy! —Malfoy se volteó hacia ella con fastidio, pero a último momento escondió su mueca—Si me puede explicar, por favor, que ha pasado se lo agradecería…

—Yo…

—Lo que pasó, directora, fue que…—intervino Spinnet, mirando a Malfoy con admiración—mi mamá me había enviado una flor traída de áfrica, a simple vista era muy hermosa, pero cuando un mechón de mi cabello tocó sus pétalos, estos se abrieron y tomaron mi cabello y…

—Srta. Spinnet, no hace falta que mienta…—la cara de Lisa enrojeció.

—No estoy mintiendo profesora, Malfoy hizo estallar la flor en puros confeti, ¡pude morir si no hubiera sido por él! —Otra mirada de admiración prosiguió a su comentario.

—¡No sea dramática, ! esa flor no la hubiera matado ni aunque hubiera querido. Los colmillos de esas flores luego de diez segundos se vuelven blandos y caen, así que ya puede dejar de mirar al Sr. Malfoy como si fuera un Dios.

—Pero él…—trató de justificar Spinnet—¡Él no hizo nada! —Exclamó con vehemencia.

—Spinnet de verdad no…—trató de intervenir Malfoy.

—No hables Malfoy, déjamelo a mí— susurró para que solo él, que se encontraba a su lado, la escuchara.

—¡Por Merlín!, ya no son unos niños Srta. Spinnet, ¿Quiere tomar toda la culpa?, hágalo, ya yo cumplí con mi deber de directora. —Los miró en silencio antes de —Deberían terminar de comer, ya casi es hora de clases. —Dió la espalda a los chicos para retirarse. —Estos chicos de ahora—la oyeron suspirar.

Algo inquietante que sucedió en ese instante, era como Lisa Spinnet miraba a Malfoy, un brillo extraño estaba posado en sus ojos, sus manos, juntas en ese momento, se mecían de atrás para adelante y sus pies, balanceaban su cuerpo de un lado a otro. La sonrisa que iluminaba su rostro resplandecía a quilómetros de distancia. Las personas que no la conocían, pensaban que estaba sumamente agradecida, las que sí, sabían que ella ya había encontrado a su próxima presa…una muy jugosa.

—Entonces…—comenzó a hablar ella tímida—¿Quieres terminar de desayunar conmigo? O si prefieres puedes…

—Te lo agradezco, pero terminaré de desayunar con Granger. —Rechazó la oferta con galantería—Espero que la flor no haya hecho estragos en tus cabellos—se disculpó con una disimulada mirada a su cabello, que en sí, estaba completamente enmarañado.

—¡Oh! No, no te preocupes—le restó importancia con un gesto de su mano—Con unos cuantos tarros de poción alisadora y restauradora, estará como nuevo en unos cuantos días —Sonrió mostrando sus perlados dientes. Malfoy no pasó de largo su comentario sobre la cantidad de pociones que debería echarse para que su cabellera volviera a la normalidad.

—Entonces ¿todo bien? —Ella asintió—nos vemos luego. —Siguió su camino rumbo a la mesa donde Hermione se encontraba con la mirada posada en su plato mientras comía. Algo extraño percibía por parte de ella.

Se sentó a su lado con la mirada todavía posada en Spinnet, que se sentaba con una radiante sonrisa para terminar de comer mientras murmuraba algo con sus amigas, apartó su mirada de ella para posarla en Hermione que comía pequeños pedazos, casi sin ganas.

—Si sigues comiendo así…no terminaras nunca—concluyó cuando ella alzó la mirada hacia él. Ella soltó el tenedor con cuidado, tomó la servilleta que estaba a su lado y se limpió las comisuras de sus labios, todo con extrema lentitud, casi como si evitara lanzarle un hechizo a Malfoy.

—Iré a la biblioteca, disculpen—fue su única respuesta antes de tomar sus cosas e irse con la cabeza bien erguida. Mafoy impresionado se quedó donde estaba sin mover un dedo ¿Qué había sido eso?, se preguntaba.

—Está enojada—le susurró Ginny a su lado.

—¿Por qué? —Preguntó sin poder creérselo—He tratado de hacer todo bien, para que ella se sienta cómoda, ¿es acaso, lo que tiene, un problema mensual de mujeres? —Indagó tratando de entender—Debe de serlo porque…

—¡Eres un imbécil Malfoy! —Exclamó Ginny repentinamente enojada—¡como todos ustedes! —Señaló a los demás hombres que se encontraban en la mesa—piensan que todo tiene que ver con problemas menstruales, pero ¡No! No todo es eso… ¡Deberían irse a la mierda! —Finalizó levantándose de su silla. Todos los presentes masculinos que se encontraban en esa mesa, miraron a Ginny ofendidos y en silencio, una voz a la lejanía rompió el silencio.

—Ella si tiene el problema mensual.

—¿Y tu como lo sabes? —Le preguntó Ron a Harry.

Todos guardaron silencio.

Trataba de leer el libro que estaba posado en su mesa, sus ojos pasaban por cada palabra pero su cerebro no captaba nada. Spinnet estaba presenta, la forma en cómo miró a Malfoy le ponía los nervios de punta, había escuchado en muchas ocasiones comentarios sobre su forma de engatusar a los hombres, pero eran comentarios, no podía comprobar que fueran verdad. Pero en su silencio admitió, que estaba asustada, asustada de que ella intentara conquistar a Malfoy, porque ¿Cómo podía ella, Hermione Granger, competir con la belleza rubia de Lisa Spinnet?

Ella es el tipo de Malfoy , pensó con desgana, inhalando con fuerza.

No sabía cuánto tiempo llevaba en la biblioteca, pero había faltado a su primera clase y ni cuenta se había dado. Pasando las hojas distraída, una sombra tapó su visión del libro que leía, fingió seguir leyendo mientras él esperaba impaciente a que ella levantara su cabeza del libro. Casi un minuto después de casi perder la paciencia, tomó con delicadeza el libro de sus manos y lo cerró. Lo rodó por la mesa hasta que él obtuvo su completa atención. Arrimó una silla y se sentó en ella, justo en frente de Hermione el cual lo miraba fingiendo desinterés con su barbilla apoyada en su puño cerrado.

—¿Estás bien? —Preguntó él empezando a hablar—Faltaste a la primera clase y eso, en ti, no es muy común —Hermione lo miró sin responder, simulando ser lo más aburrido del mundo.

—Nada en mi es común últimamente ¿Podemos hablar después?, en serio estoy muy ocupada—estiro el brazo para tomar el libro que él había cerrado y apartado de ella, pero la mano de él presionándolo a la mesa, le impidió arrastrarlo hacia ella. Trató de ocultar su fastidio tras eso, pero su cara la delató.

—Estás molesta—concluyó el obteniendo su mirada—Estás molesta conmigo por algo que no se. Si pudieras decírmelo quizás, podríamos acabar con esta estúpida situación. ¿No te parece?

—¿Por qué no vas y conversas con Spinnet?, prefiero no hablar y estudiar, gracias—fingió cortesía—si no te importa dejarme sola…—le hizo un ademán con la mano para que se fuera.

—Estás celosa de Spinnet—descubrió impresionado—¿Cómo puedes sentirte amenazada por ella?

—¡Malfoy! —Dijo en un fúrico susurró—No conoces a Spinnet, no sabes en absoluto como es ella, así que no trates de defenderla—agregó sabiendo que lo que decía no tenía sentido.

—¡No la estoy defendiendo, por Merlin! —Exclamó de la misma manera de ella—solo te pregunté porque no tiene explicación, es una buena persona, me salvó de un castigo seguro con Mcgonaggal. Deberías sentirte agradecida con ella por mí.

—¡Esto es todo lo que estoy dispuesta a escuchar! —Susurró recogiendo sus cosas—no permitiré que me eches en cara que debería estar agradecida de una mujer que, prácticamente, está loca por ti. ¿Sabes? En realidad me parece extraño que no hayas tenido algo con ella antes. —Recogió su bolso y se lo colocó al hombro, con el brazo derecho apretó lo libros con fuerza sobre su pecho—¿O sí?

—No fue algo serio, como ninguna de las otras chicas que tuve antes que tú—explicó con calma. Hermione sintió un frío bajar por su estómago. No esperaba esa respuesta por parte de él. Pestañó varias veces descolocada, inhalando con fuerza.

—Bueno…—fue lo que pudo articular tras la impresión—no esperaba esa respuesta en realidad. Debí imaginármelo, tú estuviste con casi todas las chicas en este colegio.

—Granger, no exageres. Solo… olvidemos lo que pasó hoy—se levantó de la silla y con delicadeza deslizó la tira de su bolso del hombro—¿Qué te parece si bajamos a la cocina y pedimos un helado? —Preguntó colocando el bolso de ella sobre su hombro. La tomó de la cintura y la condujo a la salida, sin embargo, Hermione todavía estaba dudosa, no muy convencida de olvidarlo. —Vamos, solo un helado, para que te quite un poco la amargura que traes—bromeó. Sin embargo recibió el seño fruncido de ella—Solo bromeaba. —Se disculpó.

Fuera de la biblioteca tomaron el atajo que los llevaría hacia el piso donde quedaba el cuadro de "Las frutas alegres" como solía llamarlas ella en silencio. Malfoy no soltó en ningún momento su cintura, incluso muchas veces Hermione posó la cabeza en su hombro cediendo ante él. Al llegar al cuadro, Malfoy la apartó un poco de él para que, con la mano que sostenía su cintura, pudiera hacerle cosquillas a la pera, esta se rió y con un gracioso adelante ingresaron a la bulliciosa cocina.

Miles de elfo trabajaban sin cesar de un lado a otro, al verlos pasar, todos detuvieron sus acciones y los miraron.

—Bienvenidos, , —los saludó uno de los elfos— ¡Que sorpresa tenerlos por acá!. ¿Desean algo los señores?

Malfoy miró a Hermione a los ojos.

—Deseamos el helado más grande que tengan—respondió él mirando al elfo. A pesar de todo, Malfoy seguía teniendo ese tono autoritario que tanto caracterizaba a los de su familia. —Por favor—agregó al darse cuenta de su tono, estaba cambiando, se esforzaba por ello cada día, solo para que Hermione se sintiera orgullosa y cómoda con él.

—¿De qué sabor lo quieren los señores?

—Menta. —respondió Hermione.

—Mantecado—respondió Malfoy al mismo tiempo que ella.

—Mantecado—dijo Hermione de repente.

—Menta—Agregó Malfoy, de nuevo al mismo tiempo que ella.

Se miraron apenados y luego tras una pausa respondieron:

—Menta y mantecado.

—Menta y mantecado, será. —El elfo tronó los dedos y un pote de gran tamaño, levitó hacia ellos junto con dos cucharas de plata. Ellos se sentaron en dos taburetes que estaban frente a un mesón y conteniendo una sonrisa comenzaron a comer.

—Entonces…te gusta el helado de menta. —Comentó Malfoy luego de tragar.

—Es mi sabor preferido—respondió encogiéndose de hombros, saboreando su cuchara.

—Ya lo noto—dijo notado como comía con gusto el helado. —Acércate—susurró el llamando su atención, ella lo miró extrañada mientras se acercaba—ven un poco más. No te morderé, tranquila—sonrió tras el bufido de ella. Hermione se acercó mas a él hasta que sus narices casi se rozaron—¿sabes qué día es hoy cierto?

—Sí, nueve de enero.

—Hace un mes que nuestra relación se definió.

—Lo sé—replicó ella sin todavía entender su punto.

—Independientemente de que yo haya sido el único que lo haya anotado, de lo que pasó con la flor y el cabello de Spinnet y de que hayas estado completamente celosa—recalcó sonriendo—me siento el hombre más feliz y completo del mundo, no me hace falta más nada. ¿Puedes meter eso en tu cerebrito? —Preguntó— Nada, absolutamente nada. Tú eres todo lo que no he tenido. ¿Cómo me fijaría en otra persona teniéndote a ti a mi lado? —Hermione lo miraba sin hablar—¿Has escuchado mis palabras? —Hermione asintió y el prosiguió hablando en susurros como lo llevaba haciendo desde que empezó—Te amo—pronunció tan claro como el agua y el corazón de Hermione se desbordó.