Discúlpenme! La verdad como están cortos los capítulos casi siempre los empiezo a traducir uno o dos días antes y este ya casi lo tenía acabado cuando me hablaron para salir a cenar y pues la verdad… el hambre es canija y ya pronto va a ser mi examen A1 de francés y estoy teniendo una mini crisis nerviosa y luego esa misma semana son los bimestrales y aggh toda una (disculpen la expresión) mierda. El próximo capítulo estará sin falta el próximo miércoles ya verán! :D
A/N
Capítulo 37 – Plan en acción
La aldea de la nube era normalmente silenciosa, ya que era ordenado que nadie gritara, chillara o en general hiciera ruidos fuertes. Cualquiera que desobedeciera esa orden era puesto en prisión inmediatamente. De cualquier manera, había habido mucha platica sobre los tres nuevos prisioneros. Dos jóvenes, y según los rumores muy bellas, chicas y un civil muy gordo. Les fascinaba a los aldeanos que alguien pudiera simplemente entrar a la aldea y ser puesto en prisión con una sonrisa en el rostro todo el tiempo. Pero regresando al tema… la silenciosa aldea. De pronto el silencio fue roto por una enorme explosión, haciendo que todos gritaran de sorpresa. Había venido de la prisión.
Todos corrieron a la prisión sorprendidos y vieron humo y ruinas por todas partes. Una alto y gordo hombre estaba parado ahí, sonriendo. Había una mujer inconsciente en sus brazos y una chica con largo cabello azulado y ojos plateados sobre su hombro.
-Ahora, antes de que esos malvados dictadores lleguen,- el hombre les dijo a todos. –Quiero decirles que pronto serán libres de esta tiranía, ya que el Kazekage y muchos ninjas más vienen a ayudar.- sonrió, y se dio la vuelta, corriendo muy rápido para alguien de su tamaño.
-Shikamaru…- murmuró. –Apúrate…- se detuvo de golpe cuando cinco ninja saltaron frente a él, bloqueándole la salida.
-Oh diablos…- suspiró y acomodó a la mujer rubia sobre su codo. –Agárrate fuerte Hinata.- le advirtió a la chica de pelo azulado.
-AxA-
Gaara se arrodilló junto a un pequeño arrollo que corría por el desierto. Tomó un poco de agua y se la echó en la cara para mantenerse despierto. Era de noche y todos los demás estaban dormidos. El pelirrojo no se atrevía a dormirse, por su la señal de Chouji aparecía. Se quitó el cabello húmedo de los ojos y suspiró. La arena giró alrededor de él con gentileza, como tratando de confortarlo. La arena se detuvo y siseó una advertencia. Los ojos de Gaara se entrecerraron.
Movió su brazo a un lado de golpe y la arena voló detrás de él sin que él siquiera volteara. La oyó hacer contacto con algo y un jadeo de sorpresa. Frunció el ceño, cerrando los ojos. Se dio la vuelta para ver a quien había atrapado la arena y parpadeó sorprendido. Era Amagumo.
Con un leve movimiento de muñeca y la arena se retiró lentamente, deslizándose por sus brazos y piernas. Cruzó su rostro levemente pero él la empujó. –No te me aparezcas así.- le advirtió en voz baja.
-Lo s-siento…- murmuró Amagumo, sentándose temblorosamente. Se quitó lo que quedaba de la arena de Gaara y volteó a ver al pelirrojo con el ceño fruncido. –Yo… um…- alejó la mirada.
Gaara había regresado al agua y se echó agua en el rostro de nuevo. Suspiró y le lanzó una mirada a Amagumo. -¿Qué?- preguntó en una monótona voz.
Amagumo observó la dorada arena con fascinación, el ceño ligeramente fruncido. Sus ojos se movieron hacia Gaara cuando el Kazekage murmuró algo. -¿huh?-
-Dije,- el pelirrojo repitió, un poco de molestia en su grave voz. –la arena sólo ataca cuando se lo ordeno.-
-Oh… s-sí…- le lanzó una mirada. –Así que, te volviste Kazekage cuando tenías 15 ¿cierto? Tu madre y padre debieron de estar muy orgullosos.- sonrió dudoso.
Gaara lo observó un momento, una arruga profundizándose en su frente. Después de una pausa alejó la mirada. –No.-
Amagumo lo vio con confusión. –Pero ¿por qué? Cualquier padre estaría orgulloso si su hijo— -
-No estaban para hacer un comentario.-
El ninja de la nube pareció estudiar esas palabras brevemente y luego sacudió la cabeza. -¿Q-qué quieres decir con eso? Si estaban en una misión, entonces ellos— -
-Están muertos.-
Se congeló, observando al chico de 18 años con incredulidad. Según su conocimiento y experiencia, los huérfanos nunca lograban nada. Ellos vivían todas sus vidas sin padres o familia y usualmente crecían para tener un mal trabajo o morir. al menos, eso era lo que sus hermanos le habían dicho. El joven hombre frente a él era el Kazekage, el más grande ninja de la aldea de la arena. No podía ser un huérfano. No, no este chico. -¿No es en serio verdad?- preguntó una risa silenciosa detrás de su voz. –Digo… los huérfanos son…- buscó las palabras correctas. -¡Bueno en realidad nunca logran nada!-
Los fríos ojos de Gaara se movieron bruscamente hacia él y Amagumo se encogió al ver furia en las azuladas profundidades. Parecía que quería contener algo, detener algo de salir. La arena se movió a su alrededor, ansiosa. Después de que el pelirrojo lo fulminó con la mirada largamente, cerró los ojos.
Amagumo lo observó nerviosamente.
Gaara murmuró algo y se puso de pie. Caminó hacia donde estaban los otros durmiendo, para ver que Kankuro se había despertado con el ruido.
-¿Qué onda, hermano?- preguntó Kankuro, viendo mientras Gaara se sentaba en la arena junto a él. Gaara solo alejó la mirada, entrecerrando los ojos ligeramente.
-Tú toma la siguiente guardia.- dijo Gaara seriamente. –Necesito dormirán poco…- se recostó y no habló o volteó a ver a Kankuro otra vez.
Kankuro observó la nuca de su hermano, confundido y luego de regreso a Amagumo. Suspiró y se puso de pie, caminando hacia el hombre mayor. Se dejó caer junto a él y lo fulminó con la mirada con casi tanto instinto asesino como Gaara. -¿Qué hiciste?- preguntó con voz peligrosa.
-¡N-nada!- dijo Amagumo nerviosamente. –Yo… yo sólo… le pregunté si sus padres estaban orgullosos cuando se volvió Kazekage. Dijo que no porque estaban muertos pero yo no le creí porque bueno… los huérfanos no son nada.-
Kankuro lo tomó del cuello de la camisa y lo jaló para que estuvieran cara a cara. –Desgraciado.- sucurró para no despertar a los otros. -¡Nuestros padres ESTÁN muertos! ¡Nuestra mamá murió dando a luz a Gaara y nuestro padre fue asesinado por Orochimaru! Hablando sobre eso frente a Gaara… tch, ¡tienes suerte de no estar muerto ahora mismo amigo!-
Amagumo tragó saliva ruidosamente. –E-entonces ustedes en realidad— -
-Huérfanos, sí.- Kankuro lo soltó, con el ceño fruncido. –También lo es Naruto, el de allá. Su padre fue el cuarto Hokage, como nuestro padre fue el cuarto Kazekage.- hizo una mueca ante la palabra 'padre'.
-No todos los huérfanos terminan con una porquería de vida.- murmuró. –Todos terminamos bien. Bueno… no estoy tan seguro sobre Temari y Gaara fue medio asesino por un tiempo, pero ahora todos estamos cuerdos. Excepto por Temari… y tal vez Gaara…- frunció el ceño.
Amagumo volteó a ver a Gaara. El costado del pelirrojo se movía lentamente, diciéndole al ninja de la nube que se había dormido. Suspiró y volteó a ver a Kankuro que lo observaba fijamente.
-¿Qué?-
-Yo— -
Hubo una enorme explosión que resonó por todo el desierto. Los ninjas salieron de su sueño y se levantaron de golpe con los ojos muy abiertos.
-¡Qué diablos fue eso!- gritó Kiba.
-¡La señal de Chouji!- jadeó Naruto, señalando a una columna de humo en la distancia. Los volteó a ver sonriendo.
-Si esa era la señal, entonces vamos.- dijo Gaara rápidamente. Se acercó a Naruto, acomodándose las correas de la calabaza sobre sus hombros. El rubio y él intercambiaron una mirada y ambos asintieron.
-Gaara y yo vamos primero.- Naruto les dijo a los otros. –Para ver que tal está la situación. Nuestra señal será la arena de Gaara. ¡Síganos si la ven!- salió tras Gaara, ya que el pelirrojo ya estaba corriendo hacia la aldea.
-¿Apurado, Gaara?- lo molestó sonriendo.
-¿Tú que crees?-
-Estás apurado.-
-En serio.-
Naruto sonrió ligeramente. Esos pequeñas discusiones con el temperamental pelirrojo le recordaban de sus discusiones con Sasuke antes… oh bueno, no tenía tiempo de pensar en eso. Ahora, se tenía que concentrar en salvar a Hinata y Temari.
-¿Ey Gaara?-
Le lanzó una mirada.
Naruto le guiñó un ojo. -¡Asegúrate de cuidarme la espalda en esta pelea!-
Naruto sonrió débilmente. –Creo que será al revés.-
-¡EY! ¡Qué significa eso!-
Gaara sólo sonrió y siguió corriendo.
Naruto murmuró por lo bajo y lo siguió.
-AxA-
Tenten tenía ganas de matarse mientras escuchaba a Lee parlotear sobre la juventud y lo increíble que era Gai-sensei. Sai escuchaba sin interés, viendo a su alrededor con gesto ausente buscando algo que distrajera a Lee. Abrió los ojos cafés al escuchar un agudo chillido. Levantó la mirada para ver a un águila mensajera volando alrededor de ellos, un mensaje atado en su pierna.
-¡Un águila mensajera!- gritó Lee.
Tenten torció los ojos y estiró el brazo para que el águila aterrizara. El animal estiró su pata.
Ella abrió el pergamino y lo leyó rápidamente. Sus ojos se agrandaron. –Quédense aquí.- les dijo a Sai y Lee. -¡Necesito llevarle esto a Tsunade-sama!-
-Pero soy más rápid— -
-¡Regreso en un rato!- gritó Tenten, pasándolos rápidamente. Bajó las escaleras a medio correr. Cierto, Lee hubiera podido llevarle la carta a Tsunade-sama más rápido pero esta era una buena excusa para que Tenten se alejara de esos cabezas de chorlito por un rato. Con ese pensamiento en la cabeza, sonrió.
Corrió lo más rápido que pudo, chocando con Genma y Shizune en el camino. Les sonrió mientras se levantaba rápidamente y seguía su camino, ignorando sus quejas. Subió los escalones y finalmente llegó a la oficina de Tsunade. Tocó y entró para encontrar a Ino hablando con la Hokage.
-Oh lo siento, ¿estoy interrumpiendo?-
-No, no.- dijo Tsunade. –Ino y yo ya acabamos.-
Ino le sonrió a Tenten y salió de la oficina.
-¿Qué?- preguntó Tsunade, directamente.
La morena le dio el pergamino a la Hokage sin decir una palabra, un poco emocionada de saber que decía en el código secreto de la carta. Vio como Tsunade lo abría y leía rápidamente con sus ojos almendrados. Se agrandaron.
-¿Qué pasó?- preguntó Tenten emocionada.
Tsunade se levantó de golpe de su silla y se apresuró a la puerta. -¡Tenten, regresa a tu puesto!- ordenó.
-Pero— -
-¡Ahora!-
Tenten suspiró pero saltó por la ventana, corriendo de regreso a la torre muy a su pesar.
A/N
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