Hola! Qué tal?^^

Aquí vengo con otro capi! Ays… Cómo se nota que estoy de vacaciones, ¿verdad? XD Ojalá pudiera actualizar más seguido más a menudo… Pero me temo que no va a poder ser, porque en pocos días vuelvo a empezar las clases… Y me temo que no sé cuándo podré actualizar :(

Pero como siempre, actualizaré lo más pronto que pueda! Además, como al fic le queda poco para concluir (aunque no sabría decir todavía cuántos capis quedan), tampoco quiero tardar mucho con ello :P

Ahora, disfruten leyendo!^^

**..**

Capítulo XXXV: Baile

No podía evitar quedarme mirando, embelesada, la fachada de aquella mansión, la residencia Uchiha.

Parecía un palacete del siglo XIX, aquellos que salían en las novelas de época que tanto me gustaban. No podía creer que aún hubiera este tipo de edificios aquí, en medio de una ciudad tan grande como lo era Konoha, así como el hecho de estar rodeada de tanta vegetación. Lo que daría por tener unos jardines así de extensos y bonitos en mi propia casa.

-¿Qué te parece?

Desvié la mirada de la casa.

-Es enorme-fue lo primero que se me ocurrió decir.

Aquello hizo que Sai contuviera una pequeña risa.

-Pues espera a verla por dentro.

Le seguí al interior de la mansión, todavía maravillándome con los jardines.

Curiosamente, en vez de abrir él la puerta (¿no tenía llaves?), llamó al timbre y un hombre, que a juzgar por sus ropas no pude evitar pensar que era un mayordomo, nos abrió la puerta.

-Sasuke-sama-saludó con una reverencia.

-Gracias-se limitó a decir Sai.

Una vez dentro, volví a quedarme embelesada. Era tan amplio… Decenas de cuadros adornaban las paredes, que tenían varios colores dependiendo de la habitación en la que te encontrabas, comprobé poco después. Las lámparas que colgaban del techo, el mobiliario…

-Es todo tan bonito que no parece real-se me escapó en un murmullo.

Sai se encogió de hombros, pero sonrió.

-¿Ya has vuelto?-escuchamos entonces una voz, que provenía de lo alto de las escaleras que adornaban el centro del salón, con lustrosas barandillas, y que comunicaba con el piso superior.

-Sí, Itachi.-respondió mi amigo.

Me tensé, y me quedé mirando cómo aquel hombre bajaba, casi ceremoniosamente, las escaleras, hasta que llegó a nuestra altura.

-Dijiste que ibas a buscar a tu pareja… ¿Es ella?

-Así es.

Itachi Uchiha se me quedó mirando.

Mi memoria de hacía más de tres años reconocía a aquel hombre, si bien estaba más ajado por la edad y, seguramente, el estrés y la responsabilidad que conlleva ser la cabeza de la familia Uchiha, tras el fallecimiento de su padre, Fugaku. Si bien el cambio que, al menos físicamente, había experimentado durante estos años no era tan extraordinario como el de Sasuke, el mío, o cualquiera de los jóvenes del orfanato, sí que era notorio. A fin de cuentas, el tiempo siempre hace más mella en los más jóvenes.

-Tú…-sus ojos brillaron con reconocimiento-Te conozco…

-Eh…Sí-me sentí algo avergonzada de pronto-Soy Sakura Haruno, y…

No sabía cómo seguir. Quiero decir, la primera vez que le vi fue en el Orfanato Konoha, cuando vino a dar la noticia del fallecimiento de Fugaku Uchiha a Sasuke y Naruto. Después, le vi en el propio funeral, acompañando a mis dos amigos, por petición suya.

No habíamos intercambiado muchas palabras, y realmente no me había formado una opinión clara sobre él, únicamente con lo que veía y que Sasuke y Naruto me han contado.

-Sí… Estabas con…-miró de soslayo a Sai-Sasuke y Naruto, ¿no es así? Hace ya…tres largos años…

-Mm… Sí-asentí.

Entonces, para nuestra sorpresa, Itachi hizo una pequeña reverencia ante mí.

-Supongo que debo darte las gracias. Creo que, por aquel entonces, de no ser por ti, aquellos dos no habrían asistido al funeral.

-Oh, eh…-me pilló desprevenida-No fue nada…

Asintió levemente con la cabeza, y se dirigió a Sai.

-Sasuke, aún quedan algunos preparativos para ultimar para la fiesta de esta noche, así que estaré ocupado hasta entonces.

Se excusó, y se perdió en las inmediaciones de la mansión.

-Bueno…-Sai quiso obviar el hecho de que Itachi y yo ya nos conocíamos, si bien ya sabía que asistí a aquel funeral-Me alegra que no pusiera ningún tipo de pega.

-¿Por qué lo haría?

-Ya sabes que no me gustan realmente este tipo de eventos, ¿no?

-Sí, me lo contaste.

-Bien, no podía negarme a asistir, pero siempre me negaba a llevar pareja o acompañante, porque era algo que decidían para mí. No eran más que estrategias de negocios y cosas así. Es la primera vez que elijo a quien traigo, y me alegra que lo haya aceptado, aun si no le gustara.

Parecía una vida complicada, sin duda. Todo calculado al milímetro, como si ni siquiera pudieras elegir con quien pasar un rato agradable.

-Ven, sígueme-dijo, encaminándose a las escaleras por las que había descendido su hermanastro, y subimos los escalones-Aún queda una media hora para que empiecen a llegar los invitados. Habrá que prepararse.

Le seguí por una serie de pasillos, con varias puertas a cada lado, hasta que nos paramos frente a una. Por un breve instante, me vino a la cabeza que, quizá, alguna de esas puertas cerradas llevara a la que una vez fue la habitación de Sasuke, del verdadero Sasuke, y la de Naruto, que también vivió aquí varios años.

-Es una habitación de invitados-empezó a decir Sai, abriendo la puerta y dejándome paso para entrar.

Miré a mi alrededor.

-Pues para ser de invitados… Está francamente bien-era mucho más grande que mi cuarto, tanto el de mi casa, como la del orfanato, y eso que solía compartirla con Tenten.

-Sí, bueno… Aquí todo es innecesariamente grande-comentó, algo decaído.

-Es genial. En realidad-le dirigí una mirada-Te tengo un poco de envidia.

Esbozó una pequeña sonrisa, y negó con la cabeza.

-No lo hagas.

Se acercó a mí, cogió gentilmente mi mano y me condujo frente a la cama, donde varios vestidos de gala parecían hacer de sábanas, de tantos que había.

Me los quedé mirando, perpleja y maravillada. Es como si todo lo que albergaran aquellas paredes estuviera hecho para desprender lujo y belleza.

-¿Qué se supone que es esto?-murmuré.

-¿Mm?-se mostró confuso-Te dije que me ocuparía de tu vestido y…

-Sí, un vestido. ¿De dónde has sacado tantos?

Ahora se mostró avergonzado.

-Bueno, no entiendo mucho de estas cosas… Pero he traído todos los que pensé que te quedarían bien… Y varias tallas, por si alguno no te valía.

-Es…demasiado-me giré para mirarle-Excesivo. No tendrías que haberte molestado tanto por… bueno, por mí.

Esbozó otra sonrisa.

-Claro que sí. Pero, ¿es que acaso no te gusta?-pude ver la decepción en su rostro.

-¡No!-exclamé-¡Me encanta! De verdad, es solo… No estoy acostumbrada a estas cosas…

Su sonrisa se ensanchó.

-Bien, ahora, mandaré a que venga alguien a ayudarte con esto…

-¡No!-me apresuré a decir-Puedo ocuparme yo sola…-o eso creo. No puede ser tan difícil ponerse un vestido de este tipo, ¿no?

-Está bien-asintió-Te estaré esperando fuera.

Y antes de que pudiera decir nada más, abandonó la habitación, cerrando la puerta tras de sí, dejándome sola, con un montón de vestidos.

Volví a mirarlos. Supongo que así es como debía sentirse una princesa de cuento, ¿no?

"No es como si yo fuera algo parecido a una princesa…"

Inspiré hondo y me propuse a decidirme por uno de los vestidos.

Fruncí el ceño, mientras los cogía y los miraba, poniéndomelos frente a mí en un espejo, dando vueltas, preguntándome cual me gustaba menos, teniendo en cuenta que todos me parecían preciosos.

Al final, me decidí por un vestido granate de tirantes (el otro azul marino que le hacía competencia no me terminó de convencer por ser palabra de honor).

Me deshice de mi ropa y me embutí en la prenda para comprobar, chascando la lengua, que no era capaz de cerrar por mí misma la cremallera de la espalda. Necesitaba ayuda, y yo había dicho que no.

Aquello solo era un vestido, pero sabía perfectamente que aquello se aplicaba también a mi día a día. Siempre quiero ayudar a los demás, pero muchas veces no quiero que ellos me ayuden a mí.

Mordiéndome el labio inferior me dirigí a la puerta, sujetándome el vestido, descalza y abrí la puerta para encontrarme con Sai, que me esperaba en el pasillo. No pensé que siguiera allí, y me sentí mal por hacerle esperar fuera de pie.

-¿Ya estás?-dijo, en cuanto se abrió la puerta, y su espalda abandonó la pared en la que estaba apoyada-Vaya, estás preciosa.

Me sonrojé y me miré los pies descalzos.

"-Gracias-dijo con modestia-Y tú estás guapísima.

Reí ante su comentario.

-Creo que eso deberías reservarlo para cuando lleve puesto un vestido elegante.

-Para entonces, te diré que estarás hermosa."

Desde luego es un chico de palabra.

-Creo que puedes ahorrártelo-le dije, avergonzada-Yo, eh… No soy capaz de…cerrar la cremallera. ¿Podrías ayudarme?

-Claro-dijo al instante, acercándose a mí.

Le di la espalda y me retiré el pelo hacia delante para que no le molestara.

Sentí sus manos, frías, contra mi piel desnuda. Poco después, el sonido de la cremallera al cerrarse, y con un suspiro de alivio comprobé que el vestido me valía.

Me di la vuelta y le sonreí.

-Gracias.

-Te queda genial.

-Ja, ja. No es para tanto. Pero es muy bonito, sin duda-cogí los altos del vestido y los moví en el aire-Tienes buen gusto, aunque sinceramente no quiero saber lo que te han costado todos esos vestidos-miré a la cama donde reposaban-Creo que me escandalizaría-reí.

Él también rió.

-Quizá. Por cierto, los zapatos están en ese armario-me lo señaló; al parecer acababa de reparar en mis pies descalzos.

-Oh, vale.

-Iré a por alguien para que te arregle el pelo y demás.

-Sai, no creo que…

Pero se marchó antes de que pudiera objetar nada. No sé si se había ido así, sin decir nada, por el hecho de volver a decirle que no, o porque se me había escapado su verdadero nombre después de haberme pedido que no lo hiciera.

Suspiré, apesadumbrada. Nunca doy una, ¿eh?

Fui a por los zapatos. Al abrir las puertas del armario, me quedé como embobada mirándolos. Debía parecer tonta, como con los vestidos, pero esto es diferente.

-¿Ya te has decidido por unos?

Me giré y vi que Sai había vuelto. Qué rápido.

-Ahora vienen-me dijo-¿Y bien?

-¿Tengo que ponerme uno de estos?

-Mm… Sí, ¿por qué?

-No creo que pueda andar con esto-cogí un par y me resultaba alarmante la altura de los tacones-Es que…nunca he usado unos y…

-Lo siento. Pero es lo que las mujeres suelen llevar.

-Ya, lo sé.-hice de tripas corazón y escogí unos y me senté en un hueco libre de vestidos en la cama (era lo bastante grande para ello) y me los puse. Por suerte, eran de mi talla.

Poco después, llegó una señora, que a juzgar por su apariencia, debía tener unos cuarenta años, y formaba parte del servicio de esta casa.

Sai se despidió de mí, diciéndome que tenía que preparar un par de cosas para la fiesta, como su hermano.

-¿Cómo lo quiere, señorita?-me preguntó tras sentarme frente a la cómoda con espejo. Mi largo pelo poco cuidado parecía una marea rosa incontrolable. Me dio apuro.

-C-como usted quiera.

Ella asintió y empezó a peinármelo.

Contuve alguna que otra mueca debido a los tirones de pelo mientras me lo alisaba y me ponía pinzas por aquí y por allí. Me dijo que me iba a hacer un recogido, pero me dejaría algunos mechones sueltos. Casi lloré de alivio cuando terminó.

Aunque no sabía que ahora le tocaba el turno al maquillaje, aunque debía habérmelo esperado. Cerré los ojos y la dejé hacer, notando cómo manos, lápices y pinceles paseaban por mi cara.

-Ya está, señorita.

Abrí los ojos. Me quedé mirando mi rostro en el espejo.

Tuve una leve sensación de deja vu. De cuando desperté, hace ya más de tres años, en una camilla de hospital y me miré al espejo sin reconocerme. Porque ya no tenía el cuerpo de una niña de trece años. Sentí nostalgia y contuve las lágrimas. Seguramente se enfadaría conmigo si echaba a perder su trabajo.

-¿Le gusta?-preguntó entonces, inquieta.

Borré el dolor de mi rostro y la sonreí a través del espejo.

-Sí. Muchas gracias.

-Avisaré al señorito-hizo una reverencia y se fue.

Me incorporé, y a los dos pasos casi me caigo al suelo.

Fulminé con la mirada los tacones. Las princesas de cuentos de hada lo hacen parecer todo más fácil.

Mientras esperaba a Sai, practiqué a andar con ese tipo de calzado nuevo para mí por toda la habitación.

-Vaya, estás impresionante-me giré para mirarle; acababa de entrar por la puerta.

-Vaya, veo que no se te acaban los halagos-dije, entre risas, intentando imitarle.

Sonrió.

-Lo digo en serio.

-Yo también.

-La fiesta está a punto de empezar. ¿Vamos?-me ofreció un brazo, como todo un caballero haría.

Inspiré hondo.

-Espero que no sea tan malo como lo pintas-le hice ver, a lo que soltó una carcajada-Vamos-dije, aceptando su brazo, y acompañándolo escaleras abajo.

Cuando llegamos al salón principal, este ya está lleno de gente con ropas extravagantes, sonrisas forzadas, risas huecas y un asfixiante olor a colonia.

Según íbamos andando, parándonos a saludar, ya que era algo que, como anfitrión de la casa, Sai tenía que hacer, me di cuenta de que Sai tenía razón. Parecía que sus únicos temas de conversación eran sus pequeñas fiestas, sus propiedades, su familia, sus negocios. No me gustaba nada aquella gente, que lo único que hacía era hablar de sus logros, y luego de engrandecer a la familia Uchiha, únicamente porque la fiesta la habían organizado ellos.

Cuando Sai me presentaba como su acompañante, sonreía y devolvía el saludo, presentándome. Era agobiante la de preguntas que hacían, dejándome muchas veces incapaz de responder.

-¿A qué familia perteneces?

-Es la primera vez que asistes a este tipo de eventos, ¿verdad? No me suena haberte visto antes, cariño.

-¿Eres la prometida de Sasuke Uchiha?

Me permití respirar cuando por fin nos dejaron un momento, y nos acercamos a una de las mesas con comida.

-Dios mío, es peor de lo que me imaginaba-dije, intentando no pisarme la falda del vestido con los tacones estúpidamente altos.- ¿Siempre es así?

-Te sorprendería saber que siempre puede ser peor-contestó.

Eché una mirada a los comensales, que bebían, comían y hablaban como si no existiera problema alguno en el mundo. Bueno, quizá en su mundo fuera así, aunque no en el mío.

En mi casa siempre hubo problemas de dinero, lo cual se agravó por mi enfermedad, necesitando muchos medicamentos y pruebas médicas. Fue esa la razón por la que mis padres me dejaron en el Orfanato Konoha, para ahorrar el dinero para mi operación, sin tenerme como gasto. Fue lo más duro que hicieron, y yo en aquel momento ni siquiera sabía nada.

Sin duda, los mejores padres del mundo.

-¿Quieres comer algo?

Miré la mesa llena de bandejas con decenas de entrantes distintos.

-Si te digo la verdad… No sé qué son la mayoría de las cosas. Dudo que las haya probado alguna vez.-me sentí estúpida, por ser verdad y por haberlo dicho en voz alta.

-Si te soy sincero, yo tampoco-me confesó.

Reímos juntos. Quizá un poco demasiado alto, porque las personas más cercanas a nosotros se nos quedaron mirando con una interrogante, luego casi con desprecio, como si solo fuéramos un par de niños haciendo algo que no deberían.

Comimos varios, y brindamos con un par de copas de zumo (no nos dejaban beber alcohol al ser menores).

-Sin duda alguna, esto es mucho más soportable contigo a mi lado-comentó, mientras se llevaba un canapé a la boca.

-Lo que no sé es cómo aguantas esto varias veces-dije, comiendo yo otro.

-Ah…-suspira-No tengo otra opción. Así que lo único que puedo hacer es afrontarlo con la cabeza alta.

Le miré. Sin duda es un chico fuerte, no en el sentido físico, sino en algo más. Lo que hace, a pesar de los golpes que le ha dado la vida, el abandono de sus padres por dinero (en cierto sentido me recuerda a mi caso, pero por supuesto no tiene comparación), vivir una mentira.

-Anímate. Hoy tienes una compinche con quien poner a caldo al resto de los comensales-dije como broma, intentando sacarle una sonrisa.

Soltó una carcajada, por lo que me di por satisfecha.

Tuve un pequeño sobresalto cuando escuché música.

Miré a mi alrededor y di con una pequeña banda, en una de las esquinas del salón.

-Oh, parece que ya han llegado. Al parecer había algo de atasco y les ha hecho llegar tarde-miré a Sai. Sonreía-Hora de bailar.

Casi se me cae la copa de la mano, al ver la mano que él me ofrecía para bailar.

Comprobé cómo la gente se apartaba del centro de la sala, para dar lugar a una improvisada pista de baile, donde las primeras parejas empezaban a bailar el vals que entonaban los instrumentos de viento y cuerda de la banda de música.

-Debes estar bromeando-le miraba con espanto-No sé bailar-dije, categórica-Y eso no entraba dentro del plan.

-¿Plan?-sonrió-Me temo que el baile viene implícito en la palabra fiesta.

Hice un mohín, mientras me cruzaba de brazos, aún con la copa en una de las manos.

-Vamos, Sakura-me miró, casi suplicante.

Desvié la mirada.

-En realidad, a mí tampoco me gusta bailar-dijo.

-Pero sabes.

-Sí, pero sé. Me obligaron a tomar clases de pequeño-dijo, con el ceño ligeramente fruncido. Se veía a la legua que realmente le desagradaba.

-Si no te gusta, entonces no lo hagas. Y así evitas que haga el ridículo.-sonrío, pensando que me he librado.

-Sakura, soy uno de los anfitriones de la fiesta-declaró, angustiado-Tengo que bailar. Estoy obligado desde que traje pareja. A decir verdad-añadió-Aun sin haber traído pareja, habría tenido que bailar con alguien.

Me puso ojitos, y yo era demasiado débil para esas cosas, por lo que terminé aceptando.

-Está bien…-a fin de cuentas, se la debía, por estar siempre apoyándome, por eso también había aceptado su invitación a esta fiesta, para empezar-Pero no sé bailar-repito.

-Tú solo sígueme y al final te acostumbrarás al ritmo de la canción.

Suspiré.

-Lo haces parecer fácil-dije, dejando la copa casi vacía en la mesa y aceptando su mano, mientras me arrastraba al centro de la sala, donde ya había un buen número de parejas moviéndose al son de la música.

Pude distinguir a Itachi, que bailaba con una chica muy guapa. Sai me susurró al oído que era una posible candidata a prometida, siendo de una importante familia. Supongo que los dos hombres de la casa Uchiha lo tienen difícil, si ni siquiera pueden escoger pareja de baile. Aunque no es el caso de Sai hoy. Me alegra haberle ayudaba a sobrellevar esto, aunque sea solo por un día.

Esperamos a que empezara un nuevo vals antes de entrar en el círculo de personas. Puse una mano en su hombro y la otra se entrelazó con la de Sai.

-Sigue mis movimientos. Esta pieza es fácil, es todo el rato lo mismo. En cuanto lo cojas, no te será difícil-me susurró.

No despegué los ojos de sus pies durante un buen rato. Al final, creo que le cogí el tranquillo, aunque no del todo, y andar con aquellos endiablados tacones que, a pesar de darme la sensación de ser más alta (lo cual me gustaba), me resultaba muy incómodos por no estar acostumbrada a ellos.

-Mírame-me decía Sai cuando volvía a bajar la vista-Se supone que tienes que mirarme.

-Lo sé-le susurro, intentando seguir el ritmo; apenas disfrutaba porque me estaba resultando un esfuerzo, por no hablar del hecho que, de vez en cuando (sin querer, claro), pisaba a mi pareja. Otro punto en contra de los tacones aquella noche.

Sonreí como una tonta cuando por fin pude bailar más o menos bien. Pero más sonreí cuando la pieza acabó.

Sai hizo una reverencia frente a mí y me besó el dorso de la mano, haciendo que me ruborizara.

-No ha estado tan mal, ¿eh?-me dijo Sai, conteniendo la risa, mientras nos alejábamos del centro de la sala, donde las otras parejas y alguna nueva se preparaba para la tercera pieza de aquella noche.

-Desastroso-sonreí-Creí que ambos nos íbamos a quedar sin pies.

Algunos nos miraban, y compartían un par de palabras amables sobre el baile, aunque tanto Sai como yo sabíamos que, en el fondo, se estaban riendo o asqueando de lo mal que lo habíamos hecho, al menos al principio. Me dio pena por Sai, porque él sí sabía bailar, pero por mi culpa no se había lucido.

Dejé de sentir pena en cuanto aquellas personas se alejaron y Sai tuvo que ponerse las manos en la boca para no romper a reír.

-Malditos hipócritas-decía entre risas.

Me le quedé mirando, mientras hacía esfuerzos por recobrar la compostura.

Siempre era mejor reírse ante este tipo de cosas, antes que lamentarse y ponerse a llorar.

Las personas que había allí reunidas aquella noche eran personalidades importantes, pero no conocía a nadie, por supuesto.

Pero parecía un mundo aparte, mientras Sai y yo comíamos y bebíamos, un poco apartados de todos, hablando de cualquier cosas, sintiéndonos más cómodos nosotros dos solos que con toda aquella gente.

Entonces, vislumbré un par de personas que no pude evitar pensar que se me hacían familiares.

"Esos ojos…"

Di un pequeño codazo a Sai en el costado.

-¿Quiénes son?-le pregunté, señalando discretamente al par de hombres. Uno parecía tener la edad de mi padre; el otro, en cambio, la de mi abuelo.

-Oh, son Hideki e Hiashi Hyuga-noto la mirada de Sai sobre mí, pero yo soy incapaz de apartar la mirada de aquellos dos hombres-¿Conoces a la familia Hyuga? Junto con la Uchiha, es una de las más ricas y famosas de Konoha.

Siento que me falta el aire, y siento una ola de desprecio tan profunda por aquellos dos hombres que me sorprendo a mí misma.

El abuelo y el padre de Hinata, así como el abuelo y el tío de Neji.

Ellos fueron los causantes de la muerte de la madre de Hinata y el padre de Neji, aunque hicieron parecer que fue un accidente. Cuando Hinata y Neji lo descubrieron, intentaron matarlos, pero consiguieron escapar. Poco después, encontraron refugio en el Orfanato Konoha.

-¿Sakura?

Seguía mirándoles, cómo sonreían y hablaban con el resto de los comensales, como si nunca…

-Ellos no…-empecé a decir-¿No perdieron a varios miembros de la familia…?-me aventuré.

-Así que has oído hablar de ello-Sai se mostró triste-Sin duda fue una tragedia. Fallecieron Hizashi y la esposa de su hermano gemelo, Hiashi, en un accidente de tráfico-quise bufar o reír ante la palabra "accidente"-Y pocos meses después… Desaparecen la heredera del clan Hyuga, así como un miembro joven de la rama secundaria.

Me mordí la lengua.

-¿Qué les pasó?

-No lo sé-negó con la cabeza-En realidad, creo que nadie lo sabe. Lo único que salió en las noticias fue que desaparecieron. Se especuló sobre un secuestro, o eso decía su familia, pero nunca se pidió un rescate…

Cerré los puños con fuerza.

"Así que esa es la mentira que han urdido esos dos malditos…", sentí rabia, pura y genuina.

Tuve un pequeño estallido que me hizo querer ir frente a esos dos hombres, pedirles explicaciones, gritarles, y pegarles.

Pero no podía hacer eso. En realidad, ¿en que podía ayudar eso?

Dejé caer las manos, sintiéndome derrotada. Hinata y Neji estaban bien. Habían rehecho su vida, y aunque hubieran tenido que dejar atrás su familia, encontraron otra en el resto de chicos del orfanato.

-La verdad es que fue un escándalo, después de lo del accidente, y más teniendo en cuenta que uno de los desaparecidos era la heredera-continuó Sai-Ahora la heredera del clan Hyuga en Hanabi, hermana pequeña de Hinata. No creo que haya venido, ya que la edad mínima para asistir a este tipo de eventos son los quince… Y tengo entendido que tiene… Eh… Unos once o doce años.

"La misma edad que tenía Hinata cuando la conocí…"

Aparté la mirada, cabizbaja.

-Sakura, ¿te encuentras bien?-me preguntó entonces Sai, preocupado.

-Oh, sí. Estoy… Estoy bien-sacudí la cabeza-Quizá solo un poco mareada. No estoy acostumbrada a este tipo de ambientes.-la verdad es que me dolía la cabeza desde el baile, pero debía admitir que ver a aquellos dos hombres me había trastornado.

-Entiendo.

-Creo que iré a tomar un poco el aire.

-Está bien-no puso ninguna pega-Lo único…-se mordió el labio inferior y miró al otro lado de la sala-Tengo que ir a saludar a un par de comensales que acaban de llegar. No puedo acompañarte. ¿No te importa?

-No, claro.-sonreí-Haz lo que tengas que hacer.

-Bien-asintió.-Puedes salir por ahí a uno de los balcones-me señaló un par de ventanas, tan altas como una puerta.-Nos vemos en un rato-se despidió, dándome un beso en la mejilla.

Abrí una de las puertas de cristal y salí a un amplio balcón, tal y como Sai me había indicado. Tenía una balaustrada intrincada y bonita. Me acerqué a ella y me apoyé en la barandilla, viendo cómo el cielo languidecía según la tarde caía.

Había una vista impresionante de los jardines desde allí, y que no había podido vislumbrar desde la parte frontal de la mansión cuando bajé del coche.

La brisa casi nocturna era sumamente bienvenida para mí, despejándome la cabeza.

Contemplé, a lo lejos, en una esquina, un alto árbol, del que colgaba un columpio. Tuve otro ramalazo de tristeza, recordando la primera vez que vi a Sasuke. Sentado sin columpiarse, con el rostro serio, en el patio del orfanato.

¿Cuántas veces se había sentado en aquel columpio, pensando en su madre…?

Fue mientras contemplaba embelesada los jardines, que vislumbré una figura abajo, en esos mismos jardines.

Agudicé la vista, pero había muy poca luz. La mayor fuente de luz era la del interior de la casa, pero solo iluminaba bien los parterres más cercanos a ella.

Intrigada, me dispuse a bajar las escaleras que conectaban el balcón con los jardines (algo muy práctico, he de decir).

Paseé por los jardines, tranquilamente, aunque de vez en cuando echaba vistazos hacia el balcón, por si Sai iba a buscarme allí. No quería preocuparle.

Entonces di con la persona. Era más pequeña de lo que me había parecido en primera instancia, a lo lejos.

Era una niña, y estaba sentada frente a las amapolas.

-¿Hola?

La vi dar un pequeño salto. No pretendía asustarla.

Todavía sentada, alzó la cabeza para mirarme. Unos preciosos ojos perla, que brillaban al contraluz del interior de la casa.

Conocía aquellos ojos.

Tragué saliva.

-¿Hanabi? ¿Hanabi Hyuga?

**..**

Espero que les haya gustado! Dejen sus reviews para que sepa su opinión!

Me encanta Sai. Es un completo caballero, y se hace querer :) Desde luego, sabe cómo agasajar a una chica XD

Y… La familia Hyuga entra en escena! Uyuyuyyy… A ver qué pasa!

Si quieren saber esto y más, ya saben, háganme feliz a mí y a mi historia con sus lindos reviews :P

Como siempre, muchas gracias por leer y comentar!

Bye~!^^