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¡Hola! .o. / Hoy… ¡Hoy no hay discurso! DD:
xD
Suerte para todas y todos los que ―como yo― estáis en exámenes y para los que ya habéis terminado ¡Disfrutad por los que no! QwQ
Sin más los dejó con el cap, lo terminé antes de que acabase mayo… *se seca el sudor de la frente* D:
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
«Pensamiento»
Narración.
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Capítulo XXXVI
~Llegadas y Cuestiones~
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Terminó de acomodarse la camisa cuando ella entró.
―Supongo que ya estás listo… ―fue lo que dijo ella cuando él volteó a verla.
―Listo no sería la palabra que utilizaría ―sonrió desganado―, pero la respuesta sería ya casi… ―suspirando se dio media vuelta y se dirigió al cuadro de la galaxia de I Zwicky 18 sobre su escritorio, lo retiró y dejó ver la puerta de una caja de seguridad.
―Tener la caja fuerte detrás de un cuadro es muy cliché, ¿sabías?
―Lo sé ―el hombre de cabello azul rió―, pero dudo mucho que alguien pueda entrar a esta casa sin que la tía Layla u Obaba Sama se den cuenta.
La pelirroja rió ante tal certeza y se volteó mientras él introducía la contraseña.
―¿Por qué te volteas, Erza?
―No quiero que sospeches de mí si se pierde algo…
―Jamás dudaría de ti, ya es difícil que aceptes algo de mí que no sean postres ―rió―. Creo que podría darte mis tarjetas y contraseñas y al final solo ganaría un chequeo de balances gratuito.
―Confías mucho en mí ―dijo con un puchero― Igual me alegra no saber la contraseña, aunque si tuviera que adivinar diría que es Gran Chariot o Altair o alguna de tus constelaciones favoritas… Pero no ―rió divertida―, eso es demasiado obvio y ridículo… ¿Cierto?
―… ―la caja de seguridad se abrió.
―¿Jellal?
―… ―el hombre metió la mano en la caja fuerte.
―Oh no… ―la mujer aguantó una carcajada― ¿No me digas que adiviné la contraseña?
―Pues no te lo diré ―la miró sonrojado mientras abría una cajita y sacaba un anillo de elegante y masculina factura.
―No puedo creer que seas tan predecible… ―negó divertida al verlo avergonzado― ¿Es de tu padre? ―señaló el anillo y cambió el tema para alivianarle el bochorno.
―Sí ―sonrió―. Solo lo uso cuando tengo reuniones de las empresas o voy con… ellos ―bufó―. Les recuerda que al fin y al cabo yo soy el verdadero dueño de lo que ellos quieren.
―¿Puedo verlo? ―Jellal asintió, la pelirroja se acercó y puso la palma de él sobre la pequeña mano de ella―. Es muy bonito ―y lo era, el aro era grueso y dorado, y lo que parecía un zafiro era rectangular y alargado―, e imponente ―agregó luego de observar los detalles grabados.
―A mi padre le gustaban las cosas así ―comenzó a explicar―. La verdad puedo decir que le gustaba alardear. Mamá era diferente… era más ¿sencilla? ―negó con la cabeza―. No creo que esa sea la palabra, la verdad se parecía mucho a Tía Layla…
―Entonces definitivamente sencilla no es la palabra ―rió la pelirroja―, pero creo que entiendo lo que tratas de decir ―Jellal sonrió y aprovechó para entrelazar sus dedos con los de ella.
―De verdad no quisiera irme… ―se acercó y pegó su frente con la ojicafé.
―Lo sé…
―¿Pensaste lo que te dije anoche?
―Sí, y la respuesta es la misma. No dormiré en tu habitación, eso sería muy… extraño, si no estás tú ―se sonrojó ―, y no tiene gracia tampoco...
―A mí me gustaría que durmieses aquí, al menos eso me consolaría, sería como tenerte cerca-
―No digas tonterías. Dormiré con tu camisa y eso será suficiente…
Suspiró en derrota y la besó en la frente.
―Bien, supongo que eso es suficiente. No te sobre esfuerces cuando llegue la información de tu contacto misterioso.
―No lo haré.
―Tal vez deberías dejar el trabajo de maid para que no te sobrecargues…
―Eso tampoco lo haré ―infló las mejillas.
―Lo suponía… ―puso los ojos en blanco―. Lamento no poder ir a la boda de tus amigos.
―Lo sé… ―repitió la respuesta de él―. Ni yo podré ir, pero… ―sonrió―, al menos enviaremos el regalo.
―Sí… Erza… ―la miró dubitativo― a pesar de todo lo que hablamos anoche aún hay cosas que no te he contado ―la mujer asintió― No quería contártelas ahora que no puedo quedarme a… explicarlas.
―Está bien ―La pelirroja se alejó un poco y le acarició el tatuaje―, hablaremos cuando vuelvas ―ahora se daba cuenta que había memorizado el patrón y la textura del mismo de tantas veces que lo acariciaba, pero más importante aún, ahora se sentía mucho más cercana a Jellal que antes.
Más cercana ella y más cercano él.
En la tarde del día anterior luego de preparar las maletas junto con él, bajaron a tomar el té y luego cenaron todos juntos, el ambiente había estado nostálgico al principio, pero entre las bromas de doble sentido de Obaba Sama y Ultear y las bromas más directas de la señora Heartfilia sobre nueva familia por venir, el ambiente se había relajado lo suficiente para aligerar la pesadez, inclusive se abrió paso a temas de la infancia de los sobrinos queridos de Layla o de las rabietas adorables de la pequeña Lucy. Erza ni siquiera se dio cuenta cuando fue que empezó a relatar cosas de su infancia junto con Mira, y la mayoría se sorprendió cuando Jellal trajo a colación una memoria divertida en la mansión Fernandes mencionando que a veces extrañaba ese lugar que se había incendiado un par de meses después de la muerte de sus padres.
Y él le explicó un poco de eso a ella al irse a dormir.
La cena se había alargado hasta casi media noche por la plática y cuando por fin se acostaron a dormir, Jellal le habló de la mansión, el incendio y de cómo en esa época no le importó el asunto por su etapa de depresión, y aunque después le tomó más importancia a la pérdida, nunca quiso re construirla. De alguna manera se alegraba de lo sucedido con el lugar ya que de esa manera había evitado enfrentarse con muchos recuerdos y además, gracias a la indemnización del seguro había obtenido los recursos necesarios para no depender ni de los Heartfilia ―económicamente hablando― ni de los Orlando y su mesada, como solían llamarle ellos al monto de manutención mensual que debían depositar para Jellal.
Igual nunca lo necesito.
Pero al final el dinero ahorrado le sirvió para otras cosas.
Ninguno de los dos se dio cuenta de a qué hora se durmieron en los brazos del otro mientras se contaban cosas de sus vidas que hasta ahora no habían hablado, Erza inclusive habló de cuando conoció a Minerva y de la mayoría de las amenazas a las que se vio sometida desde que el padre de Minerva la había tomado contra ella, y para sorpresa de Jellal, la pelirroja mostró que no sentía odio hacia la Orlando, sino solo cierto desagrado, pero mayormente pena. Algo muy diferente a lo que sentía por el padre de la misma, a ese sí pudo decir claramente que lo odiaba.
Y finalmente después del desayuno en familia que sorprendió al azulado al ver como todos ―incluida Ultear― estaban en la mesa de la cocina cuando el entró con Erza, Jellal Fernandes estaba próximo a partir de ese lugar que era su hogar, y de despedirse de su familia y amigos y alejarse de esa terca mujer de cabello escarlata que en solo unos pocos meses se había convertido en su más cálido refugio.
Una mujer que amaba
Una mujer que lo amaba.
―¡Hey, Tórtolo! ―una voz femenina interrumpió los pensamientos del azulado― Será mejor irnos ya para no soportar la presa en las afueras de Oak que se formen las tardes…
―Ultear… ―el azulado se separó de su peli-escarlata de mala gana―. Ya dije que yo conduciría, no tienes que ir.
―Fueron ordenes de Layla, ya sabes que la respeto más que a mi madre ―sonrió maligna―, y ella dijo que yo te acompañara y trajera el auto de vuelta ¿te imaginas que lo manipulen para que tengas un accidente al volver? ―exclamó con falsa preocupación.
―¿Qué lo manipulen? ―la pelirroja les miró preocupada y Jellal negó.
―No le hagas caso, Erza ―le apretó la mano al sentirla nerviosa―. Si a mí me pasa algo mi fortuna y demás pasa a mi Tía quien tiene mi testamento donde estipulo que la mayoría se destinaran a becas de su fundación y otras caridades que ella apruebe alrededor del mundo. Si yo muero los Orlando se quedan sin nada ―Erza frunció el ceño ante esa sola posibilidad y Jellal se inclinó para besarle la frente al ver la genuina preocupación de ella por él.
―Pero podrían seguir utilizando a Wendy para que los Heartfilia les den lo que quieren…
―No, Erza ―habló la azabache―. El testamento de Jellal sería irrevocable, las acciones y sus propiedades se venderían, su dinero se donaría y sus empresas pasarían a manos de otros socios mayoritarios, nadie, ni siquiera Layla podría revocar ese testamento ―se puso una mano en la cadera de manera orgullosa―. Lo sé porque es una obra maestra que ayudé a crear junto con Layla y Loke ―sonrió sádica―. Claro que ese mujeriego solo estaba ayudando para que no fuésemos extremistas con algunas cláusulas.
Erza y Jellal se miraron un poco asustados.
―Los Orlando nada podrían hacer contra los Heartfilia mientras ven como su dinero se escabulle de sus manos, dudo mucho que Wendy les importe después de eso, y mucho menos gastar millones de jewels en caso de que Layla decide ser la vieja Layla sin piedad y decide llevar la custodia a juicio…
―¿Así que ellos saben de ese testamento? ―la pelirroja alzó una ceja.
―Se los mostré en una de mis visitas ―contestó el azulado―, no quisieron verme durante un buen tiempo después de eso.
―Tal vez deberías pedirles a ese trío sádico de las leyes que te hagan otro… ―bromeó la pelirroja y los otros dos rieron.
―Una orden de restricción es lo que hemos estado pensando ―agregó la azabache con una gran sonrisa peligrosa en sus labios carmín―. En fin, no quiero ser la perra de la situación ―se cruzó de brazos― aunque siendo sincera me gusta serlo de vez en cuando ―aceptó orgullosa―, pero es hora de irnos.
―Ultear tiene razón ―aceptó la pelirroja y miró con una sonrisa a medias al peliazul―. No sería bueno que llegases muy tarde.
―Sí ―soltó un suspiró y la miró a los ojos con añoranza adelantada―, tienen razón…
―Oh, vamos ―cortó las miradas melosas la azabache―. Entre más rápido te vayas más, rápido volverás ―se acercó a la pelirroja y le pasó el brazo por los hombros apartándola de él―. Y no te preocupes, Jellal, me quedaré unos días por aquí para arreglar unos asuntos con mi antigua maestra, seré un gran apoyo para Erza ―la sonrisa que le dio al azulado reflejó malicia pura y el hombre entrecerró los ojos― ¿Sabes Erza? ―la mencionada la miró curiosa mientras la pelinegra la dirigía hacia la puerta― Podríamos hacer una pijamada, ¿no crees?
―¿Pijamada? ―habló emocionada la pelirroja mientras Jellal sentía un tic nervioso en su ceja derecha.
―Sí, ya sabes, noche de chicas… ―escuchaba a la azabache mientras se alejaba con su pelirroja―, buscamos más chicas, pijamas, helado, pastel… lo básico ya sabes… unos cuantos strippers, lencería… ―fue lo último que escuchó Jellal porque ya habían salido de su habitación hacia ―probablemente― la entrada de la mansión.
―¿En qué diablos está pensando esa loca ahora? ―se cuestionó el azulado volteándose con rapidez para cerrar la caja fuerte y detener las ideas de Ultear, sin embargo, antes de cerrar observó algo en su caja fuerte, algo de brillos dorados y un hermoso detalle brillante en azul.
Algo que perteneció alguna vez a su madre.
Y con una sonrisa lo tomó de la caja fuerte porque sabía quién era la indicada para custodiar tal objeto.
Y quería que ella lo custodiara a partir de ese momento.
Cuando salió a la entrada se topó de nuevo con todos los integrantes de la casa esperándolo, la gata Charle incluida, y por primera vez se despidió de ellos antes de marchar y no en el silencio y secretismo usual.
Esta vez hubo palabras amables y de apoyo seguidas por un abrazo sincero lleno de cariño.
―No dudes en llamarme si estás en problemas, Sobrino.
―Cuídese, mi señorito. Una llamada y estaré allí botando la puerta.
―Sobrino, no actúes precipitadamente.
―No seas idiota y mándalos a la mi… ―se detuvo para buscar aprobación en el uso de la palabra y sonrió cuando las mujeres le asintieron― mierda tan rápido como puedas .
―Y come bien, Jellal. Te extrañaremos.
―Jellal Nii, cuídate mucho…
―Jellal…
―Ten… ―interrumpió a la pelirroja que era la última en despedirse―. Cuídalo por mí… ―le colocó el dorado objeto en la mano y le divirtió la cara de sorpresa de la mujer― Es un poco viejo, me lo dio mi madre hace mucho tiempo y…
―Jellal yo no… ―el hombre le colocó un dedo en los labios mientras cinco celulares grababan todo.
―No tengo mucho tiempo ―quitó el dedo de los labios de la mujer, pasó su mano debajo de la cascada escarlata de su cabello y con gentileza presionó su delicado cuello para acercarla a él y besarla con suavidad―. Nos seas terca esta vez y acéptalo… ―ella lo miró aún con dudas y él la volvió a besar para luego separarse, acariciarle la mejilla con el pulgar y clavar sus ojos llenos de súplica en ella―, hazlo por mí y por mi mamá, por favor…
Y Erza no pudo negarse.
―L-lo… cuidaré mucho… ―aseguró con los ojos llenos de determinación y las mejillas llenas de carmín.
―Lo sé… ―se inclinó y la besó otra vez―. No podría estar en mejores manos. Cuando vuelva te diré porque quiero que lo tengas. Lo prometo.
Y con un abrazo más se susurraron su amor de nuevo mientras los videos de ese día se guardaban en memorias telefónicas y posteriormente en lap tops.
―Pronto estaré de vuelta… ―se despidió el azulado y se subió al auto con Ultear como copilota.
Y mientras el auto salía de la mansión Heartfilia, un sentimiento se clavaba más profundo en el corazón de Erza Scarlet.
El día brillaba.
…Brillaba el sol y el regalo de él en su mano…
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Echado en el sofá pensaba en muchas cosas.
Había recibido una llamada de un par de antiguos patrocinadores interesados en él de nuevo luego de que confirmaron que sus lesiones estaban prácticamente curadas y entusiasmados con él debido a sus ―populares― fotos en la edición de verano de la revista de Lucy. No esperaba que esas fotos que se suponía le ayudarían solo con el dinero de su nuevo entrenamiento al final le abrirían de nuevo las puertas del patrocinio y con eso; muy probablemente, las de una nueva competencia internacional y por fin conquistar esa montaña helada que lo había derrotado y enviado herido a la recuperación y al miedo de no poder volver a competir.
―Deliora… ―susurró el nombre de la peligrosa cima nevada que era el sueño de todo competidor en nieve novato y el demonio de todo competidor profesional que había caído bajo su poder destructor en forma de sinuosos caminos, barrancos escondidos y tramposas e inesperadas avalanchas nevadas que le habían costado cara factura a más de un atleta profesional.
Inclusive a su maestra Ur Milkovich.
Su maestra antes que todo y tía después de eso.
Una leyenda de los deportes de invierno que había ganado más medallas de las que él pudiese soñar y además había bajado la montaña Deliora en un descenso de técnica exquisita que aún deleitaba a todo entendido del tema y aunque al final casi había ocurrido una tragedia, no podía negar la maestría y la capacidad tan superior a la de él que en esa época poseía Ur Milkovich.
Pero vencer a la demoniaca montaña le había costado caro.
Casi final del descenso perfecto una avalancha de nieve se había desatado y su maestra había optado por un salto inclinado desde un barranco para cambiar a la dirección contraria de la nieve que bajaba como una ola de espuma tras ella, sin embargo; al caer, las rocas desiguales ocultas en la blanca nieve habían provocada en su caída un tormento de dolor en su rodilla derecha y su tobillo izquierdo, Ur había tenido el temple suficiente para proseguir a pesar del dolor pero aunque se libró del sepulcro blanco y la declararon la conquistadora de la montaña, las lesiones que sufrió fueron lo suficientemente graves para alejarla de su carrera profesional.
Aunque nunca la escuchó quejarse por ello.
Su maestra solía decirles que lastimarse y alejarse de la vida competitiva la había acercado a lo que nunca pensó que querría hacer pero ahora se deba cuenta que estaba destinada a ello y eso era: la enseñanza. Ur era feliz con su pequeña academia de deportes invernales, y más aún con sus estudiantes, que como Gray y Lyon, tenían el sueño de ser grandes deportistas, y Ur ahora era parte de ese montón de micro sueños en su escuela. Su tía nunca lo dijo, pero Gray sabía que cuidar a esos niños era una manera de aplacar la culpa que sentía de haber pasado más tiempo compitiendo que cuidando a su propia hija; que, aunque había tenido todo lo necesario y estudiado en las mejores escuelas privadas y extranjeras gracias al dinero que ganaba por los primeros lugares y patrocinios, nunca pudo obtener la verdadera atención de su madre. Una madre que la amaba, sí, pero nunca se lo demostró como tal vez Ultear hubiese querido.
Y cuando intentó ser esa madre, Ultear ya no quería ser esa hija ansiosa por atención.
―Las mujeres en mi vida son muy complicadas… ―el chico bufó y se pasó el brazo sobre los ojos cerrados. Había recibido un mensaje de Ur preguntándole si sabía dónde estaba su hija y él no tenía la más mínima idea porque su prima hacía y deshacía a su conveniencia ya que tenía la edad y los medios más que suficientes para ir de un lugar a otro sin dar explicaciones a nadie, sin embargo no podía evitar sentirse responsable por darle una respuesta a su tía porque; ella, su tía, había sido su máximo apoyo con su sueño, especialmente cuando su sobreprotectora madre ―y hermana mayor de Ur― intentó con toda su autoridad evitar que Gray siguiera el camino de su lesionada hermana. Y aunque ambos le habían asegurado que no sería así, al final él había cometido el error de enfrentar a Deliora para probarles a sus padres, a su rival, pero principalmente a su maestra que él estaba más que listo para salir de sus alas de protección, pero al final todo había resultado mal. Si no hubiese sido porque Ur a pesar de sus lesiones había ido en su búsqueda, él hubiese muerto debajo de un manto helado en una zona recóndita que solo una experta como Ur pudo encontrar y que al final le significó sus lesiones actuales y el que su tía tuviese que someterse a una cirugía de rodilla al intensificarse su vieja lesión.
Gruñó con desesperación.
―Soy un idiota… ―aceptó para sí mismo y se quitó el brazo de la cara para observar el reloj, eran las siete de la noche y Juvia aún no había llegado, según le había dicho hoy tendría una sesión fotográfica de una línea nueva de zapatos, pero ya era tarde y aparte tenía hambre, y aunque él sabía cocinar bastante bien admitía que Juvia cocinaba mejor o tal vez… «Porque es ella quien cocina y por eso me sabe mejor»
Sonrió ante tal pensamiento.
Si lo pensaba bien no todas las mujeres en su vida eran complicadas. Juvia Loxar ciertamente no lo era, podría ser que a veces fuese un poco extraña pero con ella las intenciones siempre estaban claras, si quería llorar, lloraba, si quería reír lo hacía, si quería fantasear… sin duda fantaseaba y tal vez ―se admitió a sí mismo― por ese frescor que le brindaba a su vida era que Juvia se había convertido rápidamente en alguien importante para él.
Y no quería que todo se complicase con ella, nunca…
Por eso en la mañana se debatió contra sus ganas de besarla al recordar el beso que se dieron el día anterior en el improvisado picnic, ciertamente no quería empezar algo con ella ya que sentía que todo terminaría mal, ella tenía su extraña familia, sus sueños de ser bióloga marina y él pronto empezaría de nuevo su carrera profesional, viajaría de lado a lado y no habría campo para nada más entre ellos, así que:
«¿Por qué arruinar una buena amistad?»
«¿Por qué hacerlo?»
«¿Por qué?»
Sus pensamientos se vieron interrumpidos repentinamente cuando la puerta se abrió luego del sonido de unas llaves, Gray Fullbuster se sentó en el sofá y su ceño fruncido cambió a una sonrisa sin que él se diese cuenta cuando una mujer de hermoso cabello celeste entró, pero luego su ceño se frunció de nuevo.
―¿Kana? ―dijo el chico al ver a la acompañante que venía con la fantasiosa chica rusa.
―Sabía que el chico Frozen eras tú, Gray… ―rió la mujer castaña que una vez se había topado con la Loxar en un vuelo―. Las cartas nunca me engañan…
―¿Gray Sama conoce a Kana San? ―la ojiazul miró de uno a otro emocionada.
―Claro que la conozco… ―balbuceó el hombre, no podía creer que otra mujer complicada se reuniera con él― ¿De dónde la conoces tú?
―Juvia la conoció en un avión, Kana San fue muy amable con Juvia y le ofreció su amistad. Juvia se sorprendió mucho cuando se la encontró hoy en la revista.
―¿En la revista? ―alzó una ceja.
―Quieren un artículo de licores, necesitaban a una experta ―le restó importancia con la mano y se sentó junto al azabache―, pero las cartas destinaron que nos volveríamos a encontrar Juvia ―señaló al lado de su asiento y la peliceleste se sentó, lo que aprovechó la castaña para abrazarlos a ambos en un apretado ―muy apretado― abrazo―. Vivir con ustedes estas dos semanas será genial ―la malicia rezumaba en su tono― muy genial…
―¿¡Vi-vir con nosotros!? ―chilló sin creérselo el azabache.
―Mi amiga Juvi me ha invitado ―los apretó más― Pero no te preocupes, Gray. No necesitas cederme tu cuarto ―soltó al Fullbuster que cayó al suelo y abrazó más a la peliceleste, la acción hizo que la cara de Juvia se apretara contra sus prominentes senos apenas cubiertos― Yo y Juvi dormiremos bien juntitas en una misma cama…
―¿¡Q-qué!? Juvia tu no…
―Juvia está de acuerdo, es algo normal entre amigas… ―habló inocente y emocionada mientras intentaba tomar aire ante el apretujado abrazo.
Y Gray no supo cómo explicarle que Kana podía ser más peligrosa que un grupo de hombres tomados en un bar de mala muerte en un barrio marginado en la zona más problemática de la ciudad, porque la emoción infantil en los ojos de Juvia era simplemente muy adorable como para romperla.
Pero Gray tenía algo muy claro.
…Esas semanas iban a ser un desafío más grande que aquella dichosa montaña…
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Cuando llegó al lugar sonrió.
La enana le había dado una llave de su apartamento para que él llegase a ver a Phanterlilly cuando quisiese hacerlo, y por eso en ese momento estaba sonriendo con los colmillos expuestos. Había decidido que esa noche iba a dejar las cosas muy claras con la mini McGarden.
Sí. Esa noche iban a dejar las cosas más que claras.
―Y tú te vas a ir a dormir a la sala ―señaló al gato negro que asintió en respuestas― ¡Gee hee! Sabía que eras digno del gran Gajeel ―le puso un platón lleno de kiwis en lata que había comprado en el supermercado. Aún no se creía que un gato prefiriese esa fruta al atún o a la comida propia de su especie― Yo y tu mamá estaremos algo ocupados, así que no nos interrumpas ¿Entendido? ―el gato asintió con seriedad y luego entusiasmado comenzó a comerse sus kiwis mientras el chico de piercings sacaba la comida que había comprado en el restaurante que quedaba a un par de cuadras de ese apartamento.
No sabía cocinar muy bien. pero su gusto por la comida era bueno.
En el picnic del día anterior las cosas le había quedado bien claro ―más que claro―, la enana le gustaba mucho, la quería junto a él y ella sentía lo mismo pero por alguna razón se negaba a aceptarlo o más bien temía aceptarlo y ―luego de investigaciones en Cosmotail y en un blog de psicología femenina―, sabía que ella se restringía por una cuestión de su auto estima. Una cosa que le parecía ridícula en ese momento, pero que al entrar al chat de cierta página bajo el alias de "Belleza_De_Acero" ―no que mintiese realmente― constató las múltiples quejas que tenían de sí mismas las mujeres alrededor del mundo que participaban en ese chat, y entendió que las mujeres eran más acomplejados de lo que él creía.
Demasiado, según él.
―Soy muy alta, muy baja, muy gorda, muy delgada… ―murmuró con un intento de agudo―, mis tetas son gigantes, las mías son muy pequeñas ―negó con la cabeza y miró al gato que se relamía el jugo de la fruta―. ¡Y si no es el tamaño se quejan de la forma! Muy separadas, muy altas, muy redondeas, muy puntiagudas, muy caídas… ¡Bah! Para los hombres tetas son tetas ¿Cierto, Phanter? ―el gato lo ignoró― ¡Tsk! Luego dicen que son los hombres las que las vuelven inseguras ―negó con la cabeza―. Entre ellas es que se viven lapidando… ¿Quién las entiende? Si ven a una mujer con celulitis en una revista se burlan y la critican y si arreglan la foto con edición se quejan… como si los hombres nos fijásemos en eso realmente ¿sabes la diferencia entre celulitis, estrías y varices? ―el gato negó― Yo tampoco la sabía, de hecho aún ni entiendo bien y no me importa… ―se agachó junto al gato y le puso más kiwis de la lata que había abierto― Incluso empecé a cuestionarme si yo no tenía los muslos muy gordos… ―le confesó al minino que pareció alzar la esquina de la boca en una mueca burlona―. Oe, es serio… cuando pensé en revisarlos en el espejo me di cuenta que era hora de retirarme del lugar… Para siempre ―el gato asintió y continuó comiendo, Gajeel le acarició la cabeza y se levantó para sacar lo demás de su cena estilo hindú justo cuando la editora hizo su llegada a las casi nueve de la noche.
―¿Gajeel? ―preguntó asustada al escuchar ruidos en la cocina.
―Aquí, enana ―respondió el hombre― ¿Mucho trabajo? ―le preguntó al salir a la sala donde ella dejaba su bolso en el sofá atiborrado con libros.
―Sí, estábamos revisando los artículos de las siguientes entregas y planeando los del próximo mes ―explicó con una sonrisa cuando él le dio un vaso con te frio― ¿Fuiste de compras? Estoy segura de que no tenía te frío en mi refrigeradora.
―¡Ja! Claro que fui, me acabo de dar cuenta de por qué estás tan enana, no había casi nada en ese refrigerador, ¿acaso te alimentas de libros, McGusananito de biblioteca? ―cuestionó burlón.
―¡Claro que no! ―infló las mejillas ante el nuevo apodo― Tengo lo suficiente para desayunar todos los días, casi siempre almuerzo y ceno en el trabajo junto con Lu Chan ―la menuda mujer dejó la sala y se dirigió a la cocina donde se sorprendió al ver la comida que le tenía Gajeel, pero disimuló agachándose para acariciar al gatito― ¿Cómo estás Lilly?
―¡Phanterlilly! ―exclamó el hombre― Y definitivamente tú y esa rubia no comen lo mismo… ―observó como ella se removió incomoda y se maldijo porque sabía que había tocado un tema sensible― Es d-decir…
―No tienes que retractarte, es algo evidente ―susurró la peliceleste mientras tomaba al gato en brazos―, gracias por traer la cena…
―Yo… ―se mesó el pelo nervioso―, bueno, por lo que acabas de decir creo que fue innecesario ―ella le miró sin comprender― ¿Ya comiste, no? ―Levy se sonrojó y asintió― Supongo que debí preguntarte.
―Pero… ―la chica sonrió al verlo atribulado―, creo que aún tengo hambre…
―¿En serio? ―sorprendido levantó una ceja pero luego sonrió confiado―. Lo sabía, el gran Gajeel nunca falla ―Levy rió pero puso los ojos en blanco― ¿Me dijiste que te gustaba el pollo tandoori, cierto? ―sacó un envase de cartón y lo puso frente a ella― ¿Y samosa? ―sacó una cajita.
―Tienes buena memoria, Gajeel Kun… ―aceptó la editora.
―Solo para lo que o quien me importa… ―le confirmó con una sonrisa torcida que puso nerviosa a la azulada y como si esa fuera una señal, el gato negro saltó de los brazos de la peliceleste y se fue de la cocina dejándolos solos― Enana… ―empezó el hombre luego de dejar los contenedores junto a la mesa de la cocina.
―Ga-gajeel… ―tartamudeó al ver como él se acercaba.
Como si fuese un depredador y ella la presa.
―Mira enana ―la hizo retroceder hasta quedar contra el desayunador―, creo que es hora de aclarar las cosas ―colocó sus brazos a cada lado del cuerpo de ella apoyando las palmas en el granito del mueble de cocina.
―¿Ac-aclarar…?
―Sí ―extendió lentamente su sonrisa― Soy malo con las delicadezas, soy un tipo duro después de todo y no me va eso de andar con sutilezas, así que seré claro; sé que te gusto y que tú me gustas ¿Por qué huyes, Levy? ―Ella abrió los ojos a más no poder.
Como si fuese un cervatillo encandilado.
Eran muchas cosas pasando por su cerebro en ese momento.
Sus palabras, el tono de voz, su mirada, el que pronunciara su nombre en lugar de alguno de sus múltiples apodos, todo eso la hizo tragar duro ya que no cabía duda de que no era una broma y lo que en ese momento, Gajeel Redfox, ese hombre moreno de más de metro ochenta y ojos color rubí que esperaba su respuesta, le decía, era verdad.
Él gustaba de ella.
―Ga-jeel ―su tartamudeó y tono de voz relataba su incredulidad.
―Entonces, Levy McGarden ¿de qué temes? ¿Me temes a mí o te temes a ti misma?
―¿A-a mí misma?
―Sí, a ti misma y a lo que eres capaz de lograr en un hombre?
―¿Y-yo?
―Al principio pensé que te hacías la inocente, pero luego me di cuenta que no te dabas cuenta realmente ¿no ves lo enamorados que están los tipos esos de tu equipo de edición y producción?
―¿J-Jet y Droy? ―le miró como si dijese la cosa más absurda.
―Sí, esos… Alargado y Ancho… ¡Bah! Como los quieras llamar… ―se aceró más a ella― ¿Y lo que hiciste conmigo?
―¿Gajeel estás tomado?
―¡Gee hee! No, no lo estoy y tú tampoco, así que no podrás jugarme la carta de la ebriedad. ¿Sabes que pude terminar rápido mis composiciones mientras pensaba en ti…? ―la cara se le puso tan roja que Gajeel pensó que Levy se desmayaría así que se alejó un poco de ella.
―¿Ppor-por qué me dices estas c-cosas!?
―Porque ya me cansé de ser un cazador pasivo. Así como cuando compongo no me detengo hasta terminar toda la pieza, quiero dejar esto claro… ―la miró serio de nuevo― ¿Te gusto sí o no?
―Pero es que y-yo… tú…
―Tú me gustas, ya te lo dije, y no me interesa si piensas que no deberías gustarme por no ser como las mujeres que TÚ piensas que merecen la atención, enana, ahora responde…
―Yo… ―la mujer respiró profundo antes de contestar. No podía creer que de verdad algo así le estuviese sucediendo a ella, pero viendo esos ojos rojizos llenos de sinceridad frente a ella no podía negarse tal cosa.
Y debía corresponder a la sinceridad de ese hombre con la suya propia.
Era hora de dejar de ser solo inteligente y ser sabia.
Era hora de actuar según lo que sentía.
―M-me gustas ―admitió finalmente, con las mejillas rojas y los ojos llorosos― me gustas mucho…
Gajeel sonrió de oreja a oreja.
―¡Gee hee! Eso es lo quería oír… ―y ya con menos delicadeza la tomó de la cintura y la besó casi con fiereza, más emocionado y feliz de lo que podía demostrar.
Ya habría tiempo para la comida hindú.
…Era momento de cosas un poco más picantes que los condimentos exóticos…
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Cuando llegó había anochecido.
Al final Ultear lo había utilizado como chofer para dejar diferentes papeles que ella y su tía habían preparado para quien sabe que nueva idea que tenían en conjunto. Debió de sospechar tal cosa pero el alejarse de su hogar lo tenía más disperso de lo que pensó, al menos había aprovechado para comprar un móvil nuevo ya que el otro aún estaba en su tratamiento de arroz bajo la supervisión de Erza que había quedado a cargo de su móvil, Charle y las llamadas a la pequeña Wendy, Jellal sonrió al salir del auto a causa de la seriedad con la que ella había aceptado tales encargos.
―Piensas en ella ¿no? ―preguntó la azabache que salió del auto, Jellal no le respondió pero para ella quedaba más claro de esa manera― Me alegro por ti… ―sincera expresó y se llevó una mirada de sorpresa contenida por parte de él― Nunca te había visto tan feliz, Jellal. Siempre te lo dije, nos llevamos bien, tu, Meredy, y yo, porque los tres siempre parecíamos cargar más de lo que debíamos, pero ahora parece que tú no tienes mucho peso que cargar.
Jellal asintió.
―Creo que entendí que no debía cargar todo solo, Meredy también parece menos sobre cargada ¿Cuándo te lo permitirás tú, Ul? ―ella hizo una mueca ante ese apodo, aunque solo a Meredy y a Jellal les permitía llamarla de esa manera.
―No sé… A veces solo quisiera que el tiempo pase rápido y ser pronto una vieja senil que no guarda ni rencores ni sueños ―la mueca era burlona pero Jellal sabía que hablaba en serio.
―Ul, solo habla con tu madre ¿sí? ―el azulado se acercó y le puso una mano en el hombro― Ahora que tienes la posibilidad de hacerlo, no dejes que el tiempo se te siga escurriendo de las dedos…
―Layla me dijo lo mismo ―suspiró―, como sea, escuché de Erza que mi primo querido está en Magnolia, tal vez hable con él y luego ―levantó una ceja―, luego veré que decido…
―Al menos lo pensarás, eso es un avance ―sonrió divertido.
―Mírate, ahora hasta bromeas con cosas serias ―se cruzó de brazos―. Me da miedo tu avance.
―Creo que no tanto como a mí ―admitió―, Ul si algo me pasa…
―No seas trágico, Jellal ―le regañó―. Créeme, toda la cuota de tragedia de tu vida ya la has pagado ―se dio media vuelta al ver que la puerta de la casa principal de la mansión Orlando se abría― Claro, aun te faltan unas cuotas fastidiosas.
―Sí, eso me queda claro… ―con un movimiento fluido abrió la puerta trasera del auto, sacó sus tres maletas ―dos más de las usuales porque cierta peli-escarlata le había insistido en llevar más― y las puso en el suelo―. Será mejor que termine de pagarlas.
―Liquídalas por completo. Ven, te ayudaré un poco ―sin que Jellal lo esperará la azabache lo abrazó― Si te preguntan por esto evade el tema ―le dijo en un susurró pero no soltó el abrazo.
―Ya veo ―el azulado la abrazó a su a vez al entender porque lo hacía―, por esto es que tía Layla te pidió venir conmigo…
―Es una buena estrategia, le llamo "comprarte tiempo" o más bien "regalarte tiempo".
―Bueno, hazme el favor de darte un tiempo para hablar con tu mamá.
―Estás peor que Meredy, ¿sabes? ―negó maliciosa y lo soltó― Tal vez si paso un buenrato con Erza Scarlet se me pase un poco de esa alegría…
―Ultear… ―habló serio el hombre.
―Esto es genial, fastidiarte nunca había sido tan fácil ―extendió la mano y el azulado le dio las llaves con el ceño fruncido―. No te preocupes, no lo dañaré.
―Conduces como loca y el auto no es lo que me preocupa.
―Prometo no pasarme de cien ―Jellal le observó con reprobación de un fastidioso hermano sobreprotector―, está bien, no pasaré de 70…
―Ten cuidado en la interestatal…
―Claro, papá… ―puso los ojos en blanco―, ahora ve…
―La emoción es incontenible ―respondió irónico y tomó las maletas― Nos vemos, Ul.
―Nos vemos, Jellal.
Y mientras el azulado se dirigía a la entrada la morena se alejaba de la mansión Orlando satisfecha de poder ayudar a alguien que consideraba su familia, algo que siempre sentía que le había faltado en su vida.
Cuando Jellal entró a la mansión fue recibido por una tímida empleada que se ofreció a llevar sus maletas pero él se negó a tal acción con amabilidad, la mujer sorprendida lo guió en silencio hasta lo que sería su habitación.
―El señor Orlando ha dicho que usted no quería comer y que debía llevarlo de inmediato a su habitación ―comenzó la mujer―, pero si usted lo desea puedo pedir en la cocina algo para usted.
―No, gracias. No será necesario, dime ¿eres nueva aquí?
―Sí, señor. Es mi segundo día.
―Ya veo. Déjame darte un consejo ―la empleada le miró curiosa―, cuando te den una orden solo has lo que ellos te pidan, ofrecerme comida cuando ellos dijeron que no iba a comer podría costarte el trabajo
―Pero usted es un invitado, yo solo…
―Tus jefes son especiales, agradezco tu amabilidad pero no quiero que termines involucrada en el fuego cruzado
―¿Fuego cruzado?
―Cosas de esta familia ―finiquitó la cuestión con una sonrisa y la mujer se atribuló tanto ante la imagen que no pudo replicar más― Gracias por guiarme.
―Por supuesto, señor ―la mujer le extendió la llave y se retiró en silencio― Descanse, señor.
―Igualmente ―sin perder más tiempo entró en la habitación, no quería ser cortante con la empleada pero sabía que los Orlando no solo se limitarían a despedir a alguien que pensaran que podía cambiarse al lado de los enemigos, y un simple gesto amable de un empleado para con él era condena para ellos, ya le había pasado a un par de empleados en una que otra de sus visitas. Dejó las maletas sin desempacar a la par de la cama y sacó de una de ellas un aparato que le dio Obaba Sama en el desayuno― Es un poco exagerada pero con esta familia es mejor exagerar… ―lo encendió y sondeó toda la habitación, al final el resultado le sorprendió un poco, ni una sola cámara o micrófono secreto, sin embargo decidió seguir usándolo todos los días, ya una vez habían puesto micrófonos en una de las lámparas de noche.
Siempre se sentía vigilado en esa casa.
Por eso debía ponerse su máscara cínica de una vez, porque sabía que esa petición repentina de ir allí no traería nada bueno. Con un suspiró abrió otra maleta y sacó una barra de semillas mixtas y un yogurt, si no comía Erza se enojaría con él y además le había hecho la promesa de alimentarse bien, sonreía imaginando lo mal que la iban a pasar los Orlando al verlo comer de tan buena gana en lugar de rechazar la comida.
Comió todo y se dirigió al amplió baño con el aparato de Obaba Sama y de nuevo ningún rastro de dispositivos, cerró la puerta, se lavó los dientes y se dispuso a ponerse su pijama.
Una pijama algo costosa por cierto.
Al menos la camisa, ya que los pantalones eran los propios para dormir, pero la parte superior era una cara camisa Armani negra que una vez cierta peli-escarlata había usado para limpiar el café del piso y se había ofrecido a lavarla a mano y justo cuando hacían las maletas recordó que la tenía en su cuarto y emocionada la trajo para él.
Sonrió y la puso en su nariz antes de colocársela.
Salió de la habitación y se tiró en la cama, no creía poder dormir nada pero debía intentarlo, toda la situación lo tenía fastidiado, no quería estar ahí pero debía de estarlo, pensó en tomar pastillas para dormir pero se negó a hacerlo, había prometido no usarlas a menos de que fuese necesario ya que tenía que mantenerse alerta.
La luz de la luna entraba por la ventana semi abierta y la luz de la reina de la noche dio en su pecho donde su ojo acostumbrado gratamente a ese hermoso color captó un brillo que le sacó una sonrisa verdadera.
Una hebra de cabello escarlata.
Jellal la tomó con delicadeza en sus dedos, y suspiró. Ella estaba con él aunque no la viese, al igual que su familia y amigos habían estado siempre con él.
Siempre.
Se quitó su anillo y enrolló la larga hebra en su dedo y luego volvió a colocar el aro dorado con el topacio de hermoso color azul, cubriendo a la perfección el escarlata.
―Esto me será de ayuda… ―sonrió de nuevo pero decidió revisar bien todas sus cosas en la mañana para evitar sorpresas como esa. Se acomodó de medio lado, como solía hacerlo cuando dormía con ella y la imaginó junto a él― ¿Qué estarás haciendo, Scarlet? ―susurró y acarició el lado vació de la cama― Espero que al menos duermas con el regalo que te dejé… ―e imaginarla se convirtió en su manera de evocar el sueño, porque al menos así podría estar junto a ella.
Junto a Erza Scarlet.
Junto a la mujer de cabello escarlata que dormía con una de sus camisas y con el regalo dorado y azul que él le había dado.
Abrazada a él.
Su regalo.
…Un hermoso osito de peluche con pelaje dorado y sedoso lazo azul…
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¿Review?
:D Sus reviews son gratis. Animan a continuar y no abandonar D:
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Campo Publicitario Pagado (?):
Estos días he subido un par de One Shots por si queréis y me hacéis el honor de leerlos:
Vacivus: Supernatural | Misterio (Jerza)
Stalker Chain: Humor | Romance (Jerza /Gruvia / Zervis)
Like A Lemon Pie: Familia | Romance (Jerza / Gale)
Y también un short fic sobre diferentes maneras de proponer matrimonio, serán siete caps y por el momento van tres:
Marry Me: Humor | Romance (Laxjane / Cobina / Gruvia / Más por venir)
Gracias por leer. QwQ/
Rincón De La Escritora En Proceso (?):
Estaré en exámenes de la U hasta el jueves y en prácticas de un seminario hasta el otro lunes, así que ya van viendo porque no he actualizado cuando acostumbro a hacerlo. No es fácil amoldar todo esto con el trabajo, las tutorías, los estudios y las distracciones que hacen que no deje tirado todo por eso agradezco su paciencia y los ánimos que me dejan, además de saber que la historia les gusta y vale la pena seguir esforzándose. :D De hecho esto lo he escrito a horas de la madrugada. xD En este momento parezco mapache. DD:
¡Jojo!¿Pero qué pasa en este mundo? Un cap un poco serio… DDD: Pero es que era necesario… DDD: Ya tendremos tiempo para la diversión luego, es hora de ponernos serios. U-U
Naa, ni tanto… xD
¿El lemon de una pareja está a dos cap? ¿Cuál será? :x
Agradecimientos:
Vosotras/os con cuenta os agradezco por públicamente y les respondo por PM:
Lady Werempire
XoneechanX
MinSul6011
Mariamiau
Keila Scarlet
Giuly DG
JBadilloDavila
Alicia Melo Angel29
DanaLovesOhana
Yuki The Infernal Dragon
Sonye San
Cistxc
AmeliaCipri
IBLWE
Vosotras sin cuenta significáis mucho también:
MASTER VIVI: xD Me alegra saberlo, no lo del paro DD: Sino que pude engañar a la mayoría con lo Ultear/Minerva. xDD Gracias por los saludos de cumpleaños. *w* Son un amor. Gracias por leer. O3O ¡Beshos!
Akanora: No te preocupes por lo atrasado, los buenos deseos siempre son bien recibidos. QwQ
OMG! El cap te ha salvado otra vez. xD Me alegra saber que te he engañado con lo de Ultear/Minerva 7u7 No me alegro del paro pero si del engaño. xDD ¡Pobre vino! QwQ Él era un buen vino que murió sin honra por el bien del ship. U,U Espero te guste la actu y gracias inmensas por contarme estas cosas, me alegran mucho. xD ¡Gracias y beshos! O3O
PD: Es que Jellal es muy sexy 7u7)r
Carmen: ¡Felicidades por tu trabajo! No te preocupes que las historias siempre estaran acá para cuando tengas tiempo. *w* Sí, mi intención era crear confusión con Ultear/Minerva. xDD Me alegra que resultara. xD OMG! Que horas para estar leyendo. D: Espero te guste el cap. *w* Gracias enormes por seguir la historia. TTuTT ¡Beshos! O3O
PD: Gracias por el saludo de cumpleaños. O3O
NanaMit: ¡Síii! El engaño Ultear/Minerva funcionó *w* xDD Yo amo a Ultear, es fiera e independiente. La adoro. xD Ya era hora de que se dijeran la verdad. D: Pero ¿todo seguirá igual después del mes? :x Creo que si soy malvada… Casi, casi el finde… xD Pero bueno, acá está por fin el cap… *w* ¡Gracias mil por leer! ¡Beshos! O3O
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Gracias mil por leer y comentar.
¡Nos leermos!
¡Adieu!
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