— ¿Cómo sigues, mamá?
— He tenido peores, no te preocupes tanto por mí.
La sonrisa amable de Kuchel Ackerman no desapareció de su rostro a pesar del evidente cansancio y dolor que debía sentir en esos momentos. La mayor parecía un fantasma, su blanquecina piel apenas recuperaba el color que perdió y sus ojos difícilmente mostraban el brillo en ellos.
Levi sintió un escalofrío con tan sólo pensar que su madre estaba desapareciendo poco a poco, y se sentía culpable por no haber cuidado de ella como debió hacerlo años atrás. Se sintió culpable por haberla abandonado desde que entró a la preparatoria, y se preguntó si realmente valió la pena haber salido del país para estudiar la universidad en vez de haber pasado ese tiempo con su progenitora.
La débil y pálida mano de Kuchel apretó suavemente la de su hijo, causándole una punzada de dolor en el corazón. Levi correspondió aquel agarre y miró a su madre con la preocupación reflejada en sus ojos, provocando que Kuchel soltara una risa amarga.
— Levi, tarde o temprano ésto iba a pasar, no te presiones tanto, hijo.
— Pero, mamá...
— Mejor cuéntame, ¿cómo va todo con la preparatoria y Mikasa?
Y como si la mujer la hubiera invocado con aquellas palabras, por la puerta apareció una tímida y preocupada Mikasa, asomándose con precaución en espera de ser invitada a pasar. Levi dirigió la mirada hacia la mocosa azabache un tanto sorprendido pero permitió a Mikasa entrar y sentarse a su lado, en un extremo de la cama. La sonrisa de Kuchel se hizo aún más extensa cuando la menor hizo acto de presencia en el lugar y extendió sus temblorosos brazos hacia la chica con la intención de abrazarla.
— ¡Mikasa! Qué alegría verte.
Después del torpe y cálido abrazo que se dieron, Mikasa intentó con todo de ella ocultar la evidente preocupación de su rostro, así como Kuchel intentó hacer lo mismo con su dolor. Levi se mantuvo en silencio y cabizbajo mientras las dos mujeres charlaban animadamente y se ponían al día con sus vidas.
— ¿Pasó algo entre ustedes dos? Los noto algo... extraños.
Mikasa bajó la mirada hacia sus manos y contuvo las ganas de llorar que aparecieron al escuchar las palabras de Kuchel, pero para su fortuna fue Levi quien resolvió la duda de la mujer.
— Mikasa y yo no somos nada, mamá. Nos descubrieron en un salón de clases y...
Calló de pronto al darse cuenta de lo que estaba por contarle a su madre; él y Mikasa recostados en el escritorio, dándose caricias y besos en partes del cuerpo que sólo entre ellos habían sido visibles alguna vez... Mala idea. Se sonrojó de inmediato y desvió la mirada nuevamente hacia el piso, ganándose la mirada curiosa de Mikasa, quien al caer en cuenta de todo aquello también se sonrojó inevitablemente y dirigió la vista al piso.
Por fortuna, Kuchel comprendió todo sin ninguna explicación, por lo que le ahorró la vergüenza a su hijo y su 'ex nuera' y continuó hablando sin esperar a que él prosiguiera con su relato.
— Lamento mucho que les haya pasado lo que era obvio que pasaría, en el fondo tenía la esperanza de que no fueran descubiertos al menos hasta después de tu graduación, Mikasa.
— Pero no tiene porqué lamentarse, todo tiene una razón de ser y tal vez ... Levi y yo no debemos estar juntos aún.
Dicho ésto la menor dirigió la vista hacia su amado, quien evitaba a toda costa cruzar sus ojos con los de ella. Kuchel pudo sentir cómo una energía se formaba entre ellos, y cómo esa misma energía rogaba por juntarlos, porque era destino que ellos dos estuvieran juntos, pasara lo que pasara. La mujer asintió comprendiendo la situación, y acercó su mano a la nuca de su hijo para acariciarlo y causarle un nuevo escalofrío por lo heladas que estaban sus manos. El mayor se giró para mirar nuevamente a su madre y sus ojos se cristalizaron al notar cómo con cada segundo se palidecía más.
— Mamá...
— Levi, ¿me permitirías unos minutos a solas con Mikasa? Tengo que decirle algo muy importante.
El azabache la miró con recelo, no pudiendo creer lo que escuchaba. ¿Por qué querría hablar con Mikasa a solas? ¿Qué debía decirle que él no tuviera porqué saberlo? Era una extraña petición, pero para evitar una discusión con su madre en ese estado optó por obedecerla y salir de la habitación, no sin antes haberle echado una última mirada llena de confusión a Mikasa. Una vez que el azabache se marchó, Kuchel Ackerman se enderezó lo más que pudo -siendo auxiliada por Mikasa- y sonrió lo más convincente que pudo.
— Ahora que por fin estamos a solas, ¿vas a decirme lo que el tarado de mi hijo te hizo?
— ... ¿Qué?
La sorpresa inundó a Mikasa en cuanto se pronunciaron esas palabras, ¿Kuchel llamando 'tarado' a su querido hijo? ¿Y cómo es que ella sabía que Levi había hecho algo?
A veces, el sexto sentido de una madre puede llegar a causar un temor inexplicable.
— Sé que aún debes amar a Levi como para querer ocultar lo que pasó, pero conozco bien a mi hijo y sé que algo más pasó después, y quiero escucharlo de tus labios, porque sé que él es algo ... 'torpe', cuando se trata de la persona que ama.
Bueno, Mikasa no podía negar que Levi en efecto sí era bastante torpe para expresarse, pero no le gustaba la idea de acusarlo con su madre, porque, ¿qué clase de niña inmadura sería? La relación que ambos tenían y cómo se arreglaban entre ellos, con todo respeto para Kuchel, era sólo asunto de ellos.
— Kuchel, sólo pasó lo que tenía que pasar... Tarde o temprano nos íbamos a separar ya sea por la escuela o porque Levi es el enano más idiota del mund-
— ¿Ves? No pueden engañarme, Mikasa.
¡Maldita sea! O Kuchel era muy persuasiva, o Mikasa debía tener más cuidado a la hora de hablar. Sea como sea, ahora la ojigris debía dar una explicación, que terminó siendo un monólogo extenso y con detalles sobre lo que había sucedido. Kuchel sólo la observaba tranquila y comprensiva, cosa que volvió mucho más fácil la situación.
Por otro lado, Levi caminaba de un lado a otro del pasillo, mirando de vez en cuando sobre el cristal de la habitación donde se encontraban Mikasa y su madre. Miles de pensamientos rondaban su mente en esos momentos, siendo el centro de todos 'Mikasa'. Después de todo lo pasado, la mocosa al enterarse de la situación de su madre fue a visitarlos, aún después de él no merecer su apoyo. Y luego estaba ese momento de debilidad que tuvo unos minutos antes, donde estuvo a punto de besarla, ¿no se suponía que se juró a sí mismo actuar racionalmente por el bien de ella?
No, no podía hacerlo. Él la necesitaba tanto como ella a él.
Sólo pudo encontrar una solución cuando atravesaron todo aquello, pero ahora que su mente estaba mucho más clara y su corazón se lo pedía a gritos, Levi encontró por fin la respuesta que tanto necesitaba. Decidido, se marchó del hospital con la cara en alto y encendió su auto para dirigirse a su destino, y a la última oportunidad que tenía de arreglar las cosas. Poco le importó que su madre y Mikasa terminaran de hablar antes de lo esperado; definitivamente debió haber hecho ésto mucho antes y ahora ya no había vuelta atrás. Atravesó calles vacías, por suerte, y rápidamente llegó a un vecindario conocido. Aparcó frente a esa conocida casa, verificando que efectivamente había un auto estacionado en su debido lugar. Respiró profundamente antes de salir del auto y, con firmeza, se acercó a la puerta para tocarla un par de veces. Esperó y esperó, hasta que finalmente la puerta se abrió y apareció detrás de ella un alto y delgado hombre con cara de pocos amigos.
— Vaya, vaya. Creo que ese comercial de veneno para ratas me estaba haciendo una advertencia sobre cierta rata enana.
— Kenny, vengo a hacer un trato contigo.
El viejo hombre arqueó una ceja y se hizo a un lado para dejarlo pasar, acto que realizó debido a que Mikasa no se encontraba en el lugar en ese momento. Se cruzó de brazos y se recargó sobre la pared, posición que curiosamente Levi adquiría en ocasiones.
— Habla rápido, enano.
Levi, nada intimidado por la posición que había adquirido Kenny frente a él, se acercó con paso seguro al hombre y habló con voz clara y elevada.
— Mikasa se queda conmigo.
