Capitulo #37: El Hermano Loco


-Le repito que no sé de que demonios esta hablando señor –dijo Bella entre dientes.

Él la miro furioso.

-No me hables así chiquilla estúpida. Eres igual de altanera que tu madre.

-¿Mi madre? ¿Usted conoció a mi madre? –Bella no pudo evitar preguntar.

Al escucharla, Vladimir decidió examinarla con mayor detenimiento descubriendo que, en efecto, la muchacha parecía no saber nada.

-El idiota de mi hermano nunca te dijo nada he.

-No sé quien es su hermano –contestó ella –señor ¿no será que se esta equivocando de familia?

El hombre rió y Bella pensó que el hombre parecía un desquiciado.

-Creo que tendré que ayudarte a asimilar las cosas. Yo nací en la ciudad de Waitakere, Auckland en Nueva Zelanda y mi nombre es Vladimir Vulturi…

..

..

..

..

..

..

Irina, no eres fea ni mucho menos que eso –explico Edward –por el contrario posees una belleza inigualable.

Irina se sonrojó.

-Pero es verdad cuando te digo que me he casado y tengo una hija.

-Vaya –Irina no salía de su asombro –es que, bueno… tu siempre fuiste muy reservado con tu vida privada, además nunca imagine que el motivo de tu ida del hospital era que te habías casado y menos tenido una hija. No eres del tipo de hombre que se casa.

Edward sonrió y se encogió en hombros.

-Entonces no me invitaste a tu boda –lo acusó dándole un ligero golpe en el hombro.

Él rió.

-No fue nada ostentoso, sólo fueron amigos cercanos a la familia.

Irina asintió y lo miro preocupada, examinándolo detenidamente notó las profundas ojeras que se le percibían al hombre, y no eran por largas noches apasionadas. Además de la falta de brillo en su mirar y el hecho de que las sonrisas dirigidas a ella no llegaban a sus ojos.

-Te casaste sólo por tu hija verdad –dedujo.

Él frunció el ceño extrañado.

-¿Quién te dijo eso?

Ella se encogió en hombros.

-Es que no pareces un hombre felizmente casado.

Edward bajo la mirada.

-No, no es eso. Amo a Bella más que a nada en la vida. Lo que sucede es que nuestra hija esta desaparecida.

Irina respiro con fuerza.

-Oh Edward ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

Él suspiró.

-No creo Irina, la policía y los investigadores a cargo han intentado de todo. Revisamos cada cabaña y casa en los bosques, sin resultado. La policía teme que se trate de traficantes de niños, por que nadie ha llamado para pedir rescate.

-Oh Edward –susurró ella con pena. –Escucha, yo tengo un amigo que es investigador…

Edward la interrumpió.

-El protector de Isabella tiene a los mejores buscando a nuestra hija y sigue sin haber noticias.

Irina suspiró.

-Tienes que ser fuerte Edward. Lo siento, no se me ocurre nada más que decirte.

Él le sonrío.

-No te preocupes.

Luego de un rato, Irina decidió irse ya que tenia que ir a tomar el siguiente turno en el hospital.

Edward había tenido varias razones por las que no se había enfrascado con ella en una relación y la más importante fue que su colega Laurent estaba interesado en la pediatra.

Aunque interesado no era una palabra adecuada para describir el asunto en realidad. Había algo mucho más profundo que eso.

Al salir del hospital fue directo a la mansión en donde esperaba –y rogaba fervorosamente fuera así –vería a su esposa.

Probablemente le había preparado su comida favorita. Claro, por eso salió antes de la oficina y se había puesto de acuerdo con su secretaria para que no le revelara su secreto. O quizás había preparado un delicioso pastel. Las posibilidades eran muchas.

Al llegar a casa y entrar a la cocina se encontró con la comida a medio hacer, había verduras picadas y agua hirviendo que estaba por consumirse por completo. Fue y apagó la estufa preguntándose de que se trataba todo aquel teatro, tenía un mal presentimiento, pero luego se le ocurrió que quizás todo era un teatro bien puesto para engañarle.

Salió de la cocina y fue a la cocina y al comedor donde no había nada ni nadie. No había vasos, platos ni cubiertos sobre la mesa y mucho menos un pastel de cumpleaños. La mesa estaba tal y como la había visto esa mañana al pasar a la cocina.

Fue a la sala y lo último con lo que esperaba encontrarse ¡era con eso!

Carlisle y Esme por su parte estaban en su paraíso personal.

Para él no había nada mejor en el mundo que tener a su esposa debajo de el y en su completa desnudez.

Aun recordaba aquel baile de mascaras en la preparatoria, él estaba en segundo grado, un año arriba de la muchacha que protagonizaba sus sueños y a la que deseaba presumir como su novia.

No le gustaba ninguna chica que no fuera ella.

Había escuchado a Rene decir que no pudo convencer a Esme de ninguna forma de venir al baile. Él estaba decepcionado, pero le había prometido a Mackenna que le ayudaría a darle celos a Charles.

Entonces en la puerta de la entrada al salón, Carlisle diviso a una joven; llevaba sus cabellos arreglados en un medio recogido, enfundada en un vestido rojo hermoso, largo hasta la rodilla y una mascara que tenia forma de el ala de una mariposa de un lado y seguía sencillamente del otro enmarcando sus ojos verdes. Seguía recordando a aquella joven con el mismo amor, una joven de la que se había enamorado perdidamente, pero amaba mucho más a la mujer que tenia ahora entre sus brazos.

La beso en el cuello y ella acaricio su espalda desnuda.

Sumergidos en su burbuja de amor, no se había dado cuenta de los pasos que provenían de la cocina hasta el comedor y que cada vez se acercaban más hasta llegar a:

-¿Mamá? ¿Papá?

Carlisle brinco del susto y giro en el sillón para caer de espalda al suelo, llevándose a Esme con el. Se fijo y notó a Edward ahí de pie y completamente estupefacto, con una mueca en el rostro colorado, de pura incomodidad.

-Edward, hijo… que… ¿Qué haces aquí? –preguntó un Carlisle muy nervioso.

-Pues he estado viviendo aquí las últimos dos meses y medio papá y salgo de trabajara las tres y media de la tarde, suelo llegar a casa a las cuatro.

Esme, escondiendo la cara enrojecida en el pecho de su esposo, no pudo evitar reír.

Menos mal que Carlisle había traído una manta con la que envolvió su cintura o de lo contrario ya había salido corriendo de ahí.

-Yo creo que lo mejor es que me vaya arriba –murmuró Edward buscando con la mirada por donde salir sin tener que atravesar la sala.

-Si creo que es lo mejor que puedes hacer ahora –concedió Carlisle, sintiendo como Esme asentía aun con el rostro escondido contra su pecho.

Edward resolvió que tendría que pasar por un lado para subir por las escaleras que había en la biblioteca y así lo hizo. Apenas su hijo se hubo ido Carlisle y Esme soltaron tremendas carcajadas que fue inevitable que llegara a oídos de Edward. Pero él lejos de estar molesto sonrió, por qué sabia el amor que sus padres se tenían. Deseaba tener el mismo amor para el y para Bella.

Fue a la habitación, esperando encontrar ahí a su esposa, pero ella no estaba. Fue al baño pero tampoco había nada que indicara que ella había estado ahí después de esa mañana.

Salió nuevamente de la habitación, esperando que sus padres ya se hubieran vestido para poder preguntar por Bella…

..

..

..

..

.

.

..

-Sabes algo es bastante difícil creerte que no sabes nada cuando tienes una relación con el idiota de mi hermano hace ya tanto años. ¿Qué son seis, siete quizás?

-No tengo por que mentirle –contestó Isabella.

-Dime ¿Qué tan grande es el pene de mi hermano?

Isabella parpadeo confundida.

-¿Qué le importa saber eso?

Vladimir se encogió en hombros, demostrando la inmadurez que, a pesar de su edad, aun reinaba en el.

¿Cómo es posible? –.

Se preguntaba Isabella.

-Quiero saber si por lo menos en eso he logrado ganarle –contestó el hombre.

-Pues es algo que yo tampoco sé.

-Oh vamos, ¿tan pequeño es que no quieres avergonzarlo? –se mofó.

-¿Y por qué demonios habría yo de saber eso? –preguntó Isabella ya con molestia.

-Niñita, podrás haberte casado pero es obvio que lo hiciste para tapar tus travesuras con Marcus. Incluso podría apostar que la tu hija también es hija de él.

-¡Eso no es verdad! –Le gritó ella –mi relación con Marcus es exclusivamente amistosa y laboral. Nunca hubo algo más allá de eso.

Vladimir sonrió.

-Por lo menos de tu parte.

-¿Qué dijo?

-Que tú eres tan ingenua que lo crees así ¿Sabes que te pareces mucho a tu madre?

Isabella lo miro extrañada, pensando seriamente si no estaría sentada frente a un prófugo del manicomio.

-No tengo idea de lo que quiere decir.

El rió. Burlándose de ella.

-Si lo sabes, es sólo que finges demencia.

-Sus declaraciones no tienen congruencia alguna para mi –expuso Isabella.

-Parece que tu si sabes dividir tus intereses.

Ella sonrió.

-Creo que ya sé a que se refiere. Ahora lo entiendo. Usted insinúa lo que todo el mundo, que Marcus es algo más que un jefe o un amigo pero ya le he dicho que no es así. Entre Marcus y jamás ha habido algo intimo, él ha significado mucho en mi vida por que fue la única persona que me apoyo cuando más lo he necesitado…

La manera en que esa simple y tonta muchacha hablaba de su enemigo enfureció a Vladimir. Bella no sabia que entre más hablara de Marcus de aquella manera, expresando toda su admiración, peor le iría.

Y así fue. Bella le decía a ese hombre vengativo que Marcus era como su segundo padre y en ese instante Vladimir estampó su mano en la mejilla blanca de ella, tirándola al suelo.

Bella sintió el sabor de la sangre en su boca y se mareo. Pero, habiéndose roto las cuerdas que la mantenían atada a la silla con el impacto, como pudo se levantó; a pesar de sentirse desubicada.

-Hablas de él como si fuera lo mejor del mundo –gruñó Vladimir.

-Lo es –contestó Bella tontamente.

Esa muchacha no entendía que lo mejor en esos momentos era que se quedara callada.

-¿Ah si? ¿Entonces por que no esta aquí contigo he? –se burlo el anciano.

-Por qué no sabe que estoy aquí –contestó con obviedad –pero estoy completamente segura de que si lo hiciera…

Vladimir la interrumpió.

-¿Confías mucho en el he? Aun cuando te ha robado –dijo con saña.

-¿Qué? –Ese hombre confundía cada vez más a Isabella.

Vladimir sonrió satisfecho, ahora plantaría la semilla de la duda y envenenaría a aquella joven en contra de su hermano. Cuando lo lograra, la presumiría ante Marcus como el mejor de sus trofeos, poner en su contra a la joven a la que su hermano tanto adoraba. Y entonces al fin el podría ganar.

-¿No sabias Isabella que tu madre te dejó una gran fortuna?

Bella rió.

-Eso es una gran mentira. Mi madre ayudaba a mi papá con los gastos de la casa cuando él solamente era policía, ella trabajaba en el jardín de niños de Forks.

-Pero tu madre pudo vivir una vida de reina, sin embargo ella eligió luchar sola y mantenerse con sus propios medios. No quería nada que viniera del esposo de su madre. Se hizo un testamento y al morir mi padre, lo correspondiente pasó a manos de tu mamá pero ella nunca cobró esa herencia así que ese dinero fue destinado para su única hija. Marcus lo sabe… ¿nunca te lo dijo? –cizaño Vladimir.

Bella no entendía nada, por lo que un momento la imagen de su amigo permaneció intacta en su mente y en su corazón. Pero luego recordó a su abuela decir algo sobre su esposo fallecido. Algo sobre las hermosas joyas que alguna vez le regaló.

-Las joyas de la abuela se vendieron para pagar la operación de mi mamá –susurró.

-Oh si. Joyas muy finas que le regaló mi padre. Recuerdo una en especial, un brazalete de oro puro con diamantes incrustados –Bella lo miro horrorizada, dio un paso hacia atrás alejándose de él y Vladimir sonrió satisfecho –El mismo que tu madre uso el día de su boda ¿no es así Isabella?

-Alguna razón debe tener para no decirme nada –dijo Bella, no muy convencida.

-Claro –dijo él riendo y luego le dio otra bofetada tirándola de nuevo al suelo.

-¡No vuelva a ponerle la mano encima! –salió Jacob, presenciando la escena.

Había escuchado por lo menos la mitad de la conversación, lo suficiente para saber los millones que Isabella poseía. Si lograba convencerla, con todos sus millones se iban y mandaban lo demás al demonio.

Al entrar a la habitación tomo al hombre anciano de las solapas de su traje y le dio un puñetazo en la cara, luego fue donde Bella, quien casi no estaba consciente.

-Bella, Bella reacciona vamos linda tenemos que correr.

La levantó como pudo y salieron de allí. Mientras pasaban por los pasillos Bella vio varios hombres nockeados y ensangrentados.

-Los mataste –dijo en un susurro.

-De lo contrario seria muy difícil entrar y salir por ti –contestó Jacob sin remordimiento.

Siguieron por los pasillos hasta llegar a un lugar que Bella reconoció y apenas pudo corrió en dirección a ella y la abrió. Ahí estaba un hombre que, al ver a la mujer, iba a sacar el arma escondida en la correa de su pantalón, pero un brazo pasó encima del hombro de Bella empuñando un arma calibre 45 y disparó directo al corazón del hombre.

Bella vio la escena horrorizada, pero su horror fue sustituido por preocupación al escuchar a la niña en la cuna comenzar a llorar. El disparo había asustado a Renessme.

Entró, tomó a la niña y salió de la habitación. Jacob la tomó del brazo dirigiéndola a otra salida, ya que si salían por la misma todos sabrían por donde comenzar a seguirlos.

-¿A dónde vamos? –preguntó Bella.

-Hay otra salida –explicó.

-¡Espera! –Exclamó Bella parándose en seco.

Jacob la miró extrañado.

-¿Qué pasa?

-¡Leah!

-Bella, no hay tiempo –contesto él, disimulando su disgusto.

Pero a ella no le paso por desapercibida su mueca.

-Es mi hermana Jacob –dijo casi suplicando.

Él no quería ir por Leah, si de el dependiera la podían matar. Ella había arruinado su vida, no iba a salvarla ahora cuando paso tanto tiempo destruyéndolo. Entonces decidió que usaría una táctica cruel para obligar a Bella a avanzar.

-Tu hermana o tu hija.

Ella lo miro aterrada apretando contra su pecho al bebé hipante. Jacob vio la respuesta en sus ojos y sin decir nada avanzaron a la salida.

Perdóname Leah… –.

.

.

.

.

.

.

Edward estaba desesperado. Ya había anochecido y no se sabía absolutamente nada de Bella. Había llamado innumerables veces a casa de Charlie, en donde se encontraba Marcus hospedado con su sequito de guaruras cuidando la casa y Bella no se encontraba ahí. Ahora los Swan, los Cullen, Jasper y Marcus estaban en la mansión esperando noticias.

-¡Ya no puedo más! –exclamó Edward.

-¿Qué pasa hijo? –preguntó Esme.

-Que no puedo más mamá, no me puedo quedar aquí esperando a que los investigadores me digan que hacer o que no hacer. Voy a buscar a mi mujer –expresó completamente determinado.

Todos lo miraron con renovado respeto, y Carlisle con orgullo. Ese era el Edward que él había conocido, el Edward que había criado.

Emmet y Jasper lo apoyaron y lo primero que se les ocurrió fue rastrear el mercedes, pero mientras Edward buscaba los documentos del automóvil se dio cuenta que Bella traía consigo su celular, el cual tenía GPS.

Con los datos del auto, el celular, una computadora y la operadora de la compañía de teléfonos comenzarían la búsqueda.

Alice estaba al teléfono rastreando el GPS con ayuda de los actualizados materiales computacionales de la policía y la compañía de celular, mientras Emmet y Jasper pasaban las capas de seguridad de las páginas del FBI para rastrear él mercedes.

Esme lo único que sabia que podía hacer era dar apoyo, traer cafés y estar lista para ayudar en lo que se solicitara. Carlisle estaba también al teléfono, pero el hablaba con los investigadores a cargo mientras Rose –por idea de Emmet –se encargaba de revisar que los autos estaban en buen estado y tenían buena gasolina en caso de una salida rápida…

..

..

.

.

..

Leah escuchó el disparo y sonó justo en la habitación de al lado en la que se encontraba la hija de su hermana. Corrió e intento abrir la puerta, sin éxito.

Su desesperación aumentó al escuchar el llanto de la niña.

-¿Qué le hicieron? ¡Malditos! –gritó enojada.

Pero las paredes de contención hicieron imposible que su voz fuese escuchada. Ahora, su desesperación se transformo en miedo, Bella había estado en aquel terrible lugar ¿Y si había cometido alguna imprudencia? ¿Y si había hecho enojar a alguno de los matones que rondaban allá afuera? Con seguridad le darían en donde mas le dolía y eso seria en su hija.

Se sentó en la cama y hundió sus manos en su pelo, completamente desesperada. Quería ayudar, quería salvar a su sobrina, quería ser libre. Y como si hubiera leído sus pensamientos, Stefan abrió la puerta de la habitación en la que Leah se encontraba poniéndose el pasamontañas.

-¡Sal de aquí! –ordenó con fuerza.

Él la miro desesperado, a sabiendas de que quedaba muy poco tiempo. Los había visto salir, y no hizo nada por que sabia que era lo correcto.

-¡Te dije que salgas!

Ella estaba extrañada. Primero por la orden y segundo por el tono de su voz –Stefan nunca le había hablado así. –Aun aturdida por la orden dada se levanto de la cama y se dirigió hacia la puerta, al pasar a su lado lo miro a los ojos, sabiendo que lo que hacia, lo hacia de corazón.

Stefan quería que corriera, pero ya. El tiempo se acababa y no quería que la volvieran a retener como prisionera, pero Leah no avanzaba, se quedo ahí a su lado mirándolo a los ojos y aunque le gustaba que fuera así, no había tiempo cada segundo era indispensable.

Se acercó a él y levantó el pasamontañas, sólo para liberar sus labios. Y lo beso.

Era algo que había imaginado hacer desde su encuentro la noche en el jardín de su casa, aquella en la que había sido tomada prisionera por aquel hombre que tanto le atraía.

Stefan gimió, deleitándose con el momento, sintiendo como su cuerpo reaccionaba con el toque de aquella mujer y sabiendo que nunca, a pesar de sus muchas conquistas, había sentido algo mínimamente parecido a aquel suave, dulce y fervoroso toque.

Era de su conocimiento que cuando su padre reaccionara iría a buscar a sus rehenes y si no los encontraba iría en busca de alguien en quien desquitar su enojo. Si la encontraba a ella seria capaz de matarla a golpes como lo hizo con su madre.

Pero no pudo contenerse, simplemente la deseaba demasiado. Tomando a Leah por la cintura la metió de nuevo a la habitación sin dejar de besarla. Ella se tensó y temió no haber aprovechado la oportunidad de escapar.

Stefan, percibió su estado y dejando de besarla susurró contra sus labios:

-No permitiré que nada te pase. Lo juro.

Leah jamás se había sentido tan segura en los brazos de ningún hombre. Y esta no era una situación precisamente relajada para sentirse segura, sin embargo, lo hacia; sentía que en ese momento estaba en el lugar mas seguro del mundo.

Stefan cerró la puerta poniendo el cerrojo y volvió a besarla con pasión y locura, guiándola hacia la cama…

.

.

..

..

..

..

.

.

Bella y Jacob corrían por el bosque ennegrecido por la noche en un intento de huida, disponían de poco tiempo ya que Vladimir iba en pos de ellos. Pero Bella no quería tropezar, al menos no con su beba en brazos, eso la hacia mas lenta de lo normal.

Jacob había intentado ya mas de una vez que se la cediera a el, pero Bella se negaba rotundamente a dejar ir a su hija. Nadie se la arrebataría de nuevo…

.

.

..

..

.

.

Marcus estaba desesperado, andando de un lado a otro en el porsche amarillo de Alice Cullen.

Él se había encontrado donde los investigadores, acompañándolos en los diminutos pasos que daban, cuando Carlisle le había llamado para comunicarle –mas orgulloso que nunca –que su hijo Edward había decidido comenzar una búsqueda por su cuenta, diciéndole las maneras que a ellos se les había ocurrido de rastrear el paradero de Isabella.

Marcus decidió apoyarlos y con el numero de teléfono de su protegida, cobro algunos favores y ahora la rastreaban; mas tarde recibió un mensaje de texto con las coordenadas…

.

.

..

..

.

.

Bella corría lo más rápido que podía. Dispararon y Jacob cayó a su lado.

-¡Jake! –gritó asustada.

Per él se retorcía de dolor, sosteniéndose el muslo. Los arbustos se movieron, revelando entre ellos a un furiosos Vladimir. Bella vio sus ojos, oscuros de odio y deseo de venganza y temió. Se preparó para echar a correr, quitándose los zapatos y salió en una carrera rápida hacia su seguridad por el camino que Jacob había estado siguiendo. Escuchó dos disparos a sus pies como si fuera la señal para que ella corriera.

Y lo hizo, corrió con todas sus fuerzas, como si vida dependiera de ello. Quizás su vida no o tal vez si, no importaba, la única vida que importaba era la de su Renessme.

Escuchó el ruido del mar, estaba cerca, muy cerca. Más disparos pasaron a su lado, provenientes del hombre enloquecido que iba detrás de ella, gritaba aterrada aferrando a Renessme contra si.

Al fin llegó a la playa, la luz de la luna resplandeciendo por entre las nubes grises cargadas de agua que pronto liberaría sobre la arena blanca y el mar ennegrecido. Por un momento respiro de alivio, dando gracias a Dios por que faltaba poco para llegar a su auto, pero a pesar de seguir corriendo, la arena dificultaba su paso, la volvía mas lenta de lo que ya era.

Vladimir creyó que ya la había perdido al llegar a la playa, estaba enfurecido y completamente seguro de que cuando la alcanzara le daría un buen plomazo en la cabeza.

No, primero a la niña, si primero a la mocosa y cuando termine de deleitarme con la imagen de la querida protegida de Marcus, llorando desconsolada sobre el cadáver de su hija, le tiraría uno a ella –.

Si, para él sería como muchas veces deseo hacer con René y Mary. René tenía que pagar por haberlo rechazado, por haber preferido a Marcus por encima de él. La muy zorra tenia que pagar y la puta de su madre también. Estaba seguro de que ella se revolcaba con su padre antes de que su madre muriera.

Entonces la vio, vio a Isabella corriendo por la playa y fue hacia ella.

Disparó, esperando tirarle y matarla de una buena vez, pero la pierna herida no le permitía una buena coordinación; lo único que provoco en Isabella fue asustarla al saber al maniático tan cerca de ella y de su bebé, pero el susto la hizo trastabillar y caer. La lluvia comenzó a descender. Renessme lloraba desconsolada, poniendo cada vez más nerviosa a Isabella.

Sintió que le tocaban el hombro, empujándola a caer de espaldas sobre la arena, con la densa lluvia cayendo sobre su rostro asustado. Apenas divisó a Vladimir, quien se inclinó y comenzó a arrebatarle a su hija de los brazos.

-¡No! ¡No por favor! ¡No se la lleve! ¡Le daré lo que quiera! ¡NO! ¡Démela por favor! –gritaba desesperada.

Vladimir se burló apuntándola con la pistola, mientras intentaba acomodar a la niña inquieta en su brazo.

-¡Claro que lo harás!... te informo desde ahora que, a menos de que el miserable de Marcus me de lo que me pertenece por derecho, tu hija no volverá a casa. O lo hará, pero en pedazos –se carcajeó.

-¡NO!

-¡Vladimir, suelta a Renessme! –gritó Marcus.

Acababa de encontrar el auto de Isabella y el disparo le había avisado el lugar exacto en que su niña se encontraba.

El hermano menor levantó la mirada y miró, a aquel que compartía su sangre, con odio.

-Y llegó el caballero a rescatar a la damisela en peligro, al fin vienes por tu hija Marcus –se mofó.

-Suéltala Vladimir por el amor de Dios –rogó Marcus.

-¡Ella no es René! –le gritó el otro.

-Claro que no lo es, no necesito que me lo digas. A pesar de ser madre e hija, aun a pesar del asombroso parecido son dos personas completamente diferentes.

-Me darás todo lo que me robaste –condicionó.

-Te daré todo lo que quieras –calmó Marcus.

-Y todo lo que ella nos robó –continuó Vladimir, señalando a Isabella (quien veía todo completamente aterrada) con el cañón de la pistola.

-Eso le pertenece a ella por derecho, nuestro padre se lo heredó a René.

-¡Yo no quiero nada! –Aseguró Isabella con desespero –sólo regrésame a mi bebé por favor.

Renessme, seguía en brazos de Vladimir y lloraba, la lluvia hostigaba, cayendo sin dar tregua y la luna aun proporcionaba la iluminación, negándose a perderse del espectáculo.

-Te daré lo que quieras –prometió Marcus –pero primero devuélvele su hija a Isabella.

Vladimir se carcajeo incrédulo.

-Tu primero, hermano –escupió –No voy a caer en tus mentiras.

Entonces se escucho un grito que no provenía de ninguno de los tres adultos y menos de Renessme, quien continuaba llorando, pues el grito era demasiado grave y ronco… de la nada, apareció Jacob y empujó a Vladimir haciéndolo perder el equilibrio y caer sobre la arena, forcejeaban mientras la bebé rodaba hacia el mar embravecido.

Isabella se levantó y saltando a los contendientes llegó con su hija al momento de que una ola estaba por caer sobre ella. La madre tomó al bebé en brazos y la abrazó con fuerza mientras las pesadas aguas caían sobre ella. Marcus miró la escena con horror y corrió hacia ellas cuando notó que el mar intentaba llevárselas.

Mientras Marcus jalaba a las damas hacia un lugar seguro, Jacob y Vladimir seguían en su pelea, hasta que el anciano tomo su arma de la arena y le disparó a Jacob, dejándolo inconsciente.

-¡Jacob! –gritó Isabella…

.

.

..

..

.

.

Leah estaba en el que se había vuelto su paraíso personal. Stefan seguía besándola con pasión descontrolada, recorriendo su cuerpo con sus manos, las que se habían vuelto ambiciosas, cada vez querían más y mas del cuerpo de aquella mujer. Su miembro seguía en su feminidad y mientras más la tocaba mas erecto se ponía.

Leah lo sentía y restregó sus caderas para animarlo a moverse. No quería que eso acabara, a pesar de que ya la había tomado una vez, deseaba volver a sentirse como sólo Stefan había logrado hacerla sentir, tan segura y protegida, tan deseada; no como un objeto como Jacob la hacia sentir, deseaba anhelaba sentirse toda una mujer. Y Stefan no se le negó, comenzó a moverse y escuchar la respuesta gimiente de Leah lo excitaba de sobre manera. Ella se aferraba a él, acariciándolo e incitándolo a seguir, para ella era como su primera vez, por que era la primera vez que se sentía realmente una mujer durante el sexo.

Stefan no era tierno en absoluto, por el contrario era exigente, dominante, enérgico, posesivo… pero el ser todo eso no significaba el que no la respetara como mujer. La tomaba por el cuello, sin lastimarla, sólo por el hecho de dominarla y la miraba a los ojos cargados de deseo y posesión; era eso lo que más la excitaba, sentir que le pertenecía a alguien. Sus orgasmos fueron deliciosos, los disfruto con ganas y no se reprimió al gritar el nombre de él. La presión de las paredes calientes de Leah sobre su miembro hacia casi imposible no correrse, ella era tan apasionada, tan entregada. No pudo evitar venirse en sus entrañas cuando la escucho llamándolo entre su orgasmo, gruñó, completamente complacido y sintiendo la satisfacción de haber tomado a aquella mujer.

Así como también sintió la debilidad luego del orgasmo, apenas alcanzo a salir de ella y girarse para evitar caer sobre su cuerpo.

Ella no sabia que hacer ¿Qué era lo que seguía? No tenia ni la menor idea; cuando lo hacia con el idiota de su casi exesposo él sólo se levantaba de la cama, se vestía y se iba de la casa para regresar de madrugada completamente borracho.

Temía que Stefan hiciera lo mismo, pero para él había llegado el momento de amarla. Su madre le había enseñado que las mujeres no eran objetos, que sentían y que debían ser tratadas con la delicadeza de una flor. Él nunca había logrado hacer eso durante el sexo, simplemente por que la pasión le ganaba, pero nada le impedía hacerlo después… a menos de que fuera un rapidín con alguna prostituta.

Pero ella no era una prostituta, no para él. Para él Leah era una mujer en toda la extensión de la palabra. Se levantó sobre sus codos y se puso encima de ella, cubriéndola con su cuerpo. Se dispuso a besarle el cuello.

Leah cerró los ojos, maravillada con el acto de aquel hombre y lo que dijo, le dejo estupefacta:

-Eres maravillosa –susurró.

-¿En serio? –preguntó extrañada.

Stefan rió.

-Si ¿lo dudas?

-No sé. Nunca había tenido una experiencia así –admitió.

-Pues lo hiciste muy bien –susurró sensualmente a su oído.

Las cosquillas que le provocaron el aliento de Stefan contra su piel la hicieron reír.

-Que bonita risa –alagó él.

Ella sonrió.

-Y tu sonrisa es aun mejor.

-Ya déjalo adulador.

-Es la verdad –contestó acercándose a ella para besarla, a lo que ella no se negó. El beso dulce y tierno la tenia completamente enervada.

-¿Qué vamos a hacer? –preguntó Leah cuando él dejo sus labios para besarle el cuello.

Stefan suspiro a sabiendas de su realidad y de lo que –inevitablemente –sentía por esa mujer. Irguió la cabeza y la miró.

-Tu seguro iras a casa con tu hija Claire.

-¿Cómo sabes que tengo una hija y que se llama Claire?

Stefan le sonrió, enarcando las cejas para resaltar lo obvio y continuó.

-Y yo iré a la policía. Seguro estaré unos cuantos años encerrado picando piedras –bromeó.

-¡No! –Gritó Leah –le pediré a Bella que no levante cargos en tu contra, le diré que tú siempre cuidaste de mí y de Renessme. Después de todo no estaría mintiendo.

-Leah –habló en tono tranquilizador y el corazón de ella se aceleró al escuchar a aquella voz que tanto la enloquecía pronunciando su nombre. –Invadí propiedad privada, secuestré, maté y robé. No hay muchos caminos.

-Pero, si hiciste todo lo que hiciste fue por que te obligaron, tu padre te obligo.

-¿Y tu como sabes eso? –preguntó entrecerrando los ojos.

-Me lo dijo uno de los matones que pusiste afuera de mi puerta.

Stefan entrecerró los ojos.

-¿Por qué te diría eso?

-Por qué el también estaba en contra de todo esto y… –Leah se mordió el labio, provocando la desconcentración de Stefan, pero el no la besaría hasta saber el por qué de su nerviosismo –por qué le coquetee, pero sólo un poco.

Stefan rio y la beso.

-Huye –propuso ella de repente y él la miro como si estuviera loca –huye, desaparécete por un tiempo mientras todo se resuelve. Seguro Bella logró huir.

-Leah es una locura.

-Por favor Stefan. No soportaría que te alejaran de mí, que te encerraran.

Para Stefan, eso fue más que suficiente.

-Será mejor que nos demos prisa.

Se levantaron y comenzaron a vestirse mientras Stefan llamaba por su celular y hablaba cosas ininteligibles. Decía números, nombres.

Leah, ya vestida, lo miraba ir de un lado a otro y hablando en diferentes idiomas, rogando a Dios que todo saliera bien. Cuando él termino, ella lo miró nerviosa, a lo que él le respondió con una sonrisa y dirigiéndose a tomar su rostro entre sus manos para besarla con toda la dulzura que tenia dentro de si. Como tomando su ultimo recuerdo.

-Llévame contigo –susurró Leah.

-No puedo, aunque es lo que más deseo ahora –contestó. –Eso daría motivos a que me busquen. Debo desaparecer por completo Leah…

.

.

..

..

.

.

Bella se levantó y corrió a donde estaba el cuerpo inerte de Jacob. No se movía y sus ojos estaban cerrados.

-¡No!

Vladimir se reía a carcajadas nerviosas. Bella lo miro con odio.

-¡Asesino! –Le gritó – ¡Maldito asesino!

-¡Tonta! –Le contestó el hombre – ¿Quién crees que me entregó a tu hija? Él estúpida.

Vladimir se rio sin pena ni dolor, recordando el día de la boda de la muchacha. Como escondido entre los invitados había presenciado el espectáculo que había dado el muchacho y como la joven novia lo había humillado ante todo el mundo.

El muchacho iba caminando cabizbajo por la calle cuando se estaciono junto a el. Lo había engañado un poco diciéndole que Marcus era parte de la mafia y necesitaban que pagara lo debido. Le había asegurado que la niña sólo seria un medio y que no la dañarían.

-¡Asesino! –volvió a gritar Isabella.

Entonces escucho a Jacob quejarse y ella se giro a mirarlo. Renessme hipaba y estaba segura de que su bebé sufría por el frio.

-Bella –susurró él.

-Jake, tranquilo. Vas a estar bien. Te lo prometo.

-Perdóname Bella –dijo y ella vio sus dientes ennegrecidos.

-Tranquilo Jake –susurró asustada.

Marcus fue a donde ellos e intento detener la hemorragia en el estomago del joven con su bufanda.

Jake levantó su mano y acaricio la mejilla de Bella.

-Te amo –susurró casi sin aire.

Deslizo su otra mano lentamente a su pantalón y saco una pistola, puso la mano que tenia en la mejilla de Bella en su nuca y la jalo hacia si, besándola mientras el arma era disparada, alcanzando su objetivo…

Marcus apenas podía creerlo.


Atiburrada de Tarea pero pues ahi está para que no se aburran... verdad Zeelmii...

Zeelmii Cullen Black Withlock: Haber si te llena este capitulo ^_^ y que te deje igual que el otro. Jajaja