Disclaimer: nada me pertenece, los personajes pertenecen a Marvel y la historia a EndlessStairway, esta es una traducción.
37. Cortejo
Tony regresó a dormir en su habitación. Esconderse en el laboratorio y dormir en el sofá no estaba haciendo más que darle dolor en el cuello. Extrañaba a Loki, pero a lo largo de su existencia también había extrañado a otras personas y había sobrevivido a su ausencia. Las personas se iban. Sus padres habían muerto, Obie le había traicionado, Pepper... bueno, eso era complicado, pero también se había ido. Dicen que si amas a alguien, debes dejarlo ir, pero Tony había estado dejando ir a quienes amaba toda su vida y todavía nadie había regresado. Había dejado ir a Loki, sabiendo en su corazón que sería un adiós. Nunca aprendió su lección. Si amas a alguien, aférrate a ella con todo lo que tienes, porque si lo dejas ir, se irá para siempre. Deberían poner eso en una maldita tarjeta de San Valentín.
En semejante estado de ánimo, evitó toda compañía. No se alegró cuando J.A.R.V.I.S. le dijo que tenía un invitado esperándolo en el penthouse mientras tomaba el ascensor tras un largo día en el laboratorio.
Las puertas se abrieron y Tony tropezó con sus propios pies cuando vio a Loki recostado elegantemente en su sofá blanco. Se veía bien. Se veía mejor que nunca. La libertad le sentaba bien. Su piel era suave y clara, ojos brillantes, cabello ondulado alrededor de su rostro. Vestía el albornoz de seda verde que él le había regalado. El verde esmeralda contrastaba perfectamente con sus ojos. Se veía tan increíble en él como Tony culpablemente lo había imaginado cuando se lo compró.
Loki no habló. Era el momento para que Tony desplegara todos sus encantos.
—Si estás desnudo bajo ese albornoz, voy a perder la jodida cordura. —Tranquilo, Tony. Tranquilo.
A modo de respuesta, Loki agitó el cuello del albornoz envuelto firmemente para revelar unos centímetros de su clavícula.
—Oh, Dios. Si estás aquí para matarme, haz eso otra vez y te juro que moriré de un paro cardiaco, aquí y ahora. Y ni siquiera me importaría.
—No estoy aquí para matarte, Anthony. —¡Oh, Dios, había extrañado aquella voz! Y Anthony... bueno, sus pantalones se estaban poniendo más apretados solo por escucharlo.
—Ahh bueno, me alegro por eso. Te extrañé. Aunque supongo que no usarías ese albornoz para venir aquí y vengarte. A menos que estés tratando de distraerme, que, por cierto, está funcionando completamente.
Loki frunció el ceño, mirando a Tony como si fuera alguna clase de idiota.
—No voy a... Anthony... primero que todo, no hiciste nada para ganarte mi venganza. En segundo lugar, me liberaste, cuando simplemente pudiste haberme... conservado. En tercer lugar... en tercer lugar, yo también te extrañé. Iba a dejar este reino y no regresar nunca más. Pero me vi atraído de nuevo hacia aquí. Así que. —Tomó aliento y pareció armarse de valor para lo que seguía—. He decidido permitirte que me cortejes. —Levantó la barbilla, se encontró con su mirada, pero Tony vio la vulnerabilidad en sus ojos.
Tony sonrió.
—¿Vas...? Uh... ¿Vas a dejarme cortejarte? Quiero decir... obviamente voy a cortejarte hasta que te hartes. Espero que te gusten los regalos, porque básicamente mi idea de cortejar a alguien es simplemente comprarle un montón de regalos.
Loki le devolvió la sonrisa:
—¿Cómo este? —preguntó, acariciando la pesada seda del albornoz con las yemas de sus dedos. Tony advirtió que llevaba puestas las pulseras de oro que le había dado. O mejor dicho, que J.A.R.V.I.S. le había dado. Aunque contaba como si hubiese sido él. Tony cerró la brecha entre él y el sofá donde Loki se recostaba, y se sentó en el borde del cojín junto a él.
—Sí, como ese. Cualquier cosa que quieras. De verdad. Cualquier cosa. —Miró al dios a los ojos y vio que le entendía.
Un ligero rubor se extendió por el rostro de Loki, aunque se veía serio.
—Anthony, he extrañado tu compañía. Pero ahora debo ser claro contigo. Ya no soy tu esclavo. Puede que esté dispuesto a complacerte en esos juegos, pero tú también me complacerás. Si me deseas de rodillas para ti otra vez, entonces no descuidarás mi placer.
Tony asintió.
—Está bien, no quiero parecer un disco rayado, pero en serio, ¿estás desnudo bajo ese albornoz? Estaría muy, muy feliz de mostrarte lo mucho que no voy a descuidar tu placer. No voy a descuidarte en lo absoluto. Me dedicaré a ello, incluso. —Se levantó del sofá y se arrodilló en el suelo frente a Loki, le tomó la mano y le dio un ligero beso en los nudillos—. Déjame hacerte una sugerencia. Una idea. Te quitas ese albornoz y me enseñas lo que hay debajo, y haré lo que quieras. Creo que es lo justo. No es que no me guste al revés, porque me gusta mucho, pero podemos cambiarlo un poco. Tú mandas. Es tu turno. Lo que quieras.
Loki agarró dos puñados de la camisa de Tony y lo puso al nivel de sus ojos.
—Lo que quiero —dijo, ojos oscuros—. Lo que quiero, Anthony, es que me lleves a tu cama y me folles. Quiero tus manos en mí, quiero tu polla dentro de mí, quiero que me hagas gritar.
Tony ya estaba asintiendo con entusiasmo antes de que Loki terminara de hablar. Se puso de pie, tomó a Loki de la mano, lo jaló hacia el dormitorio y ordenó a J.A.R.V.I.S. que cerrara el penthouse y cancelara todo su día de mañana.
El resto de la noche se tornó borrosa. Loki quitándose el albornoz para revelar que realmente estaba completamente desnudo. Las pulseras de oro en sus muñecas brillando en la tenue luz, contrastando con sus brillantes ojos. Loki tendido voluntariamente en la cama de Tony, ansioso, jadeando de placer mientras Tony se tomaba su tiempo con él, deslizando sus dedos dentro de la carne estrecha y caliente. Sus gemidos atrapados en la boca de Loki, la espalda del dios arqueada sobre la cama, tobillos enredados alrededor de la cintura de Tony. «Ah, ah, ah» mientras Tony se impulsaba en él, caderas levantadas para encontrarse con él. Y luego solo placer. Cuerpos juntos, brazos y piernas envueltas alrededor del otro, manos acercándolos, deliciosa fricción, calor, el grito progresivo de Loki mientras Tony situaba una de sus largas piernas sobre su hombro, doblándolo sobre la cama, encontrando ese lugar en su interior que finalmente, definitivamente, le hizo gritar su nombre.
