-¿Cómo está Toro de Hierro?- Preguntó ella mientras se acercaba a Varric, que recogía sus pertenencias del caballo.
-Pues como si una bruja de hielo le hubiera congelado los huevos.- Ella suspiró.- Ah no, que eso es justo lo que ha pasado. Y por muy poco me pasa a mi.- Ambos rieron.- Pero se pondrá bien, con unas cuantas vendas y sopa caliente.- Acababan de llegar. Y ya tenía que marcharse en breves. Tenía a lo sumo tres días. Miró a Varric y vio que estaba magullado, por todas partes.
- Escucha, necesito que te quedes esta semana aquí y que prepares las órdenes para descubrir más sobre las minas de Lirio.- Comenzó a andar en dirección a la sala del consejo
-¡Inquisidora!- Le recriminó Varric a su espalda- Estoy bien, a penas estoy magullado...- Ella se giró y le sonrió. A Varric no se le engañaba así de fácil.
-Necesito que cojas fuerzas.- Le sonrió más ampliamente.- Pronto nos iremos.- Hizo una pausa.- Además, lo mejor sería que estuvieses con tu amigo, mientras esté aquí.-Él asintió un poco culpable. Ella había perdido peso, estaba realmente cansada.
-Por lo menos podrías comer algo, y hacer que te curen esa herida, no tiene buena pinta.- Le señaló al hombro.
-¿Esto? Esto es un rasguño.- Dijo mientras se iba. Pero lo cierto es que se moría del dolor, claro que nada comparado con la brecha de su mano.
Entró en la sala antes que nadie y se sentó para descansar un momento. Se quedó dormida.
La despertó un portazo. Mientras ella se desperezaba, las tres partes del consejo rodearon la mesa, para discutir, sobre cosas que a ella , no le interesaban una mierda en ese momento, solo quería dormir. Pero aun así, la charla, continuó durante una hora larga.
-Y por último.- Refierió Lelliana. Josephinne se sorprendió, pues para ella los puntos a discutir, se habían terminado. Todos la prestaron mucha atención.- Tengo solicitudes de información sobre el linaje de alguien en cuestión- Miró a Cullen de arriba abajo, que se escandalizó en silencio- de unas cuantas, "partes" interesadas, en el Palacio de invierno.- Josephinne sonrió efusivamente.
-Que Andraste me preserve.- Exclamó Cullen, enfadado.- No dude en utilizar esas peticiones como leña.- Dijo rotundo, cruzándose de brazos. Lelliana sonrió de nuevo.
-¡Claro que no! Me enteraré, sobre quien son cada una de esas partes.- A trevelyan, que debido al sueño estaba como quien oye llover, empezó a no entender nada.- Quiero saber quién suspira, por nuestro comandante.- Añadió, mientras la miraba a ella. Era obvio que Lelliana sospechaba, que Cullen y ella no eran precisamente amigos, tampoco estaban preocupados en esconderse, al menos no demasiado.- Podemos usar esto en nuestra ventaja.- Lelliana, que uno de los dos saltase. Uno por celos, o el otro por incomprensión. A la maga, no le hizo ninguna gracia, que expusiera, simplemente el hecho, de usar a Cullen, como mercancía por los recursos de unas cuantas mujeres solteronas y desquiciadas. Y una mierda.
-¡No soy carne para tu cebo!.- Dijo ofuscado, enfadado. Mientras ordenaba sus papeles en un montón.
-¡Oh, cállate!- Dijo burlándose.- Solo dejaremos que miren.-Josephine profirió una carcajada, y Cullen salió dando un portazo de la sala. Trevelyan le conocía, Cullen odiaba los chismes y cotilleos, y seguramente no habría entendido que era una broma, pero él jamás se enfadaría de esa manera sólo por unas palabras, había algo más. Algo mucho peor.
