Niñera

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Una de las cosas que más me gustaban de Hinata era lo infantil y obstinada que era en ocasiones, pero ahora no lo encontraba muy adorable.

-¿Por qué hoy no?- no importaba que contestara no lograba hacerle ver que esta noche no podía pagar mi parte de la apuesta.

Mi supuesta ayudante se paseaba con la silla del escritorio en el poco espacio vacío del departamento mientras yo buscaba las cajas que tenían mis cosas en el montón que había en la estancia.

-Porque Hiashi-san sabe que estas conmigo- el ruido de las ruedas de la silla comenzaba a irritarme.

-¿Y?- detuve su entretenimiento tomando la silla por el respaldo.

-No estas cumpliendo con tu parte de la apuesta preciosa- deje un beso fugaz en sus labios.

-Tú tampoco- Hinata río, me deje contagiar y sonreí de medio lado.

-Estas son las últimas tortolito- Kisame dejo tres cajas más en algún espacio vacío cerca de la entrada.

Hinata se cohibió en cuanto entro, se sentía incomoda con él pero ya se acostumbraría, por su lado Kisame no le daba más atención a Hinata de la necesaria, tal y como debía ser.

-Aún me falta encontrar un par de mis cosas, pero las tuyas están por allá.

-Bien- tomo algunas cajas y camino a su habitación.

Hinata se levantó de la silla y la jalo para dejarlo pasar, era una situación un tanto cómica.

-No muerde- Hinata lucia apenada -y si lo hiciera no saldría bien librado.

-Es intimidante- murmuro.

-Sólo es alto- dije restando le importancia -y algo burlón, esa es su forma de entretenerse.

Hinata se volvió mi sombra con Kisame dando vueltas en el departamento, le robaba besos de vez en cuando eso parecía relajarla un poco y me gustaba hacerlo. El ruido del taladro encendido hizo brincar asustada a Hinata, mi móvil vibro, una llamada entrante de mi padre, bese a Hinata en la mejilla, tome el móvil y salí al pasillo del edificio a contestar.

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La preocupación de mi padre por la cantidad de materias que cursaría el próximo semestre al fin se hizo notar, sabía bien que estaba ajustando mi agenda demasiado pero quería acabar la escuela al mismo tiempo de que Hinata entrara en la universidad. Sabía que se avecinaba mucho trabajo que acabaría con mi "tiempo libre" pero me las ingeniaría para poder tener algunas noches a Hinata conmigo. Entré de nuevo y algo llamo me atención.

-¿Kisame-san toca en una banda?- su voz sonaba normal ¿cuánto tiempo habían estado hablando?

"Escuchar conversaciones ajenas no estaba bien" pero era una conversación de Hinata y ella me pertenecía.

-Si tuviera amigos con talento artístico tal vez- hubo silencio -¿qué guitarra te gusta Hinata?

-La roja- sonreí de medio lado, me acerque al marco de la puerta y deje que Kisame intentara su "magia".

-"Que buenos ojos tienes cuando estas conmigo, que distante te haces y que ausenté cuando a la soledad te sacrifico, me esperas en tu amor hasta que arribo, tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío"1- Hinata se tapó la boca y río con discreción.

-¿Realmente eso le funciona a Kisame-san?

-Si fueras soltera funcionaria- Kisame me miro por un segundo.

-No lo creo- mi princesa apenas podía contener la risa.

-Entonces, cuéntame ¿cómo conquistaste al Uchiha?- mi sonrisa ladina desapareció ante esas palabras, se que sólo quería molestar pero aún así no me hacia gracia.

-Es un secreto- dijo Hinata.

-Chica lista- mi voz atrajo su atención, sus blancas mejillas se pintaron con rubor.

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-Me voy- dijo Kisame cuando pasó rápido por el pasillo y luego se escucho la puerta cerrarse.

Un rato después sentía que nunca terminaría de vaciar aquellas cajas de cartón, aunque tendría más trabajo de no ser por Hinata que ya estaba mucho más relajada.

-Listo- el closet estaba terminado.

-¿Qué hay de esos dos espacios?- había dejado un par de repisas vacías.

-Son tuyas.

-Traer mi ropa, ¿es enserio?

-Claro- la abrace por detrás -necesito inspiración para aquellas noches que no estés en mi cama- dije devorando su cuello.

-Te daré inspiración pervertido- eso sonaba maravilloso.

Hinata se giró, apegó su figura a mi cuerpo y me fue empujando hasta dejarme acostado en la cama, se quitó el pantalón; mientras se arrodillaba sobre la cama quedando encima de mi, jalaba el borde de sus pantis asía abajo, sus manos pasaron tocándome abajo de la playera, su tacto era firme y su mirada tenía esa chispa lujuriosa. Le pesque sus labios y adentre mi lengua en su boca, sus caderas bajaron a excitarme el miembro, mis manos bajaban y subían por sus muslos enterrando más mi agarre cada que el roes de nuestros sexos era incrementado por ella. Me libero la erección de la prisión de tela y me sujeto el pene con una mano insistente que me masturbaba.

-Ya estas inspirado- su voz suave llena de lascividad sólo me excito más.

-Déjame meterlo en tu rico anito amor.

-Mételo donde quieras pervertido, metérmelo duro- no había notado cuanto extrañaba escucharla así de encendida.

Le subí la blusa hasta quitarla de su cuerpo y lo mismo le paso a su sostén negro. Del bolsillo de mi pantalón saque el condón y me ayudo a ponérmelo. La gire, tenía su espalda en mi pecho, una de mis manos jaloneaba su pezón.

-Ah- si sus gemidos quería oírlos.

Metí algunos dedos en su boca y muy obediente los lamió, de los saque de la boca y empecé a prepararle su entrada de atrás.

-Ah- un dedo -AH- dos dedos -ITA- mi pene.

Sus rodillas estaban apoyadas en la cama, mi brazo derecho le rodeaba la cintura y mi mano izquierda jugueteaba con su bello botón, su cabeza se apoyaba de mi hombro la escuchaba gemir con ganas, pero la mejor visión eran sus bellos y grandes pechos rebotarle eso y sentir el pene apretado en ese lindo y apretado anito. Subí el ritmo y no tardamos en llegar al éxtasis junto.

Hinata era maravillosa, no sólo por dejarme tomarla tan seguido, aunque el sexo era parte importante de nosotros, si no de que lo intento, se acercó a Kisame y ahora podía estar en el departamento sin estar temerosa de él. Cubrí nuestros cuerpos con una sábana, había empezado a dormirse justo después de coger, no la culpaba también estaba cansado.

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1 Fragmento del poema "Me tienes en tus manos" de Jaime Sabines.