Capítulo 37
-Tendría que consultárselo…
Tras tomar una relajante ducha me visto y camino hacia el salón, pero unas voces que provienen de allí me detienen. Apoyandome junto a la puerta veo a Richard sentado en el sofá, junto a su amigo, Matt, el del club. Ambos parecen serios.
-¿Consultarselo? ¿Desde cuando le pides la opinión a una de tus sumisas?
-Sabes perfectamente que nunca intervengo en sesiones privadas cuando estoy en medio de algo con alguna mujer. Y con Kate menos.
-Vaya… entonces no me equivocaba, la poli te ha dado fuerte. Ya era hora de que olvidaras a Ky…
-No hables de ella –le interrumpe.
-Perdona; tío han pasado años, supéralo ya.
-Está superado, pero no necesito oír su nombre.
-Vale, como quieras. Ahora dime, ¿qué harás con Pam?
-La verdad es que me gustaría ayudarla, la pobre lo ha pasado fatal.
-Pero no quieres herir los sentimientos de la poli maciza.
-No hables así de ella.
-¡Oh, venga! Tú eres el que nada más conocerla nos dijo a Troy y a mí lo mucho que te gustaría follarte cada agujero de su cuerpo.
-Eso era antes.
-¿Ya no quieres tirártela? ¿Me das su teléfono?
-Créeme, antes follamos tú y yo.
-Argg… -Matt hace una mueca de asco, yo aguanto la risa, aunque no puedo evitar estar cabreada. ¿Quién es Pam? –Rick, no te pido que te folles a Pam, ni siquiera tienes que tocarla, sólo estar ahí.
-Deja que hable con Kate, te llamaré.
-Pregúntale ahora, lleva espiándonos desde hace un buen rato.
Vale, es el momento de salir de mi escondite. Sin la menor pizca de remordimiento me acerco a ellos. –No os espiaba, simplemente no quería interrumpir.
-Muy mal, nena, ¿no te han enseñado éste que está feo escuchar conversaciones privadas? –Matt tiene una sonrisa de oreja a oreja, parece encantado de verme. Quizás esté recordando lo bien que lo pasó en el club cuando me… Aparto esos pensamientos de mi cabeza, no pienso ponerme roja. Él se dirige hacia Rick –Yo que tú le daría unos azotes en el culo.
-¿Sabes que voy armada?
-Uhhh, que miedo. No, ahora en serio, supongo que te estarás preguntando quién es Pam.
-Más bien me estaba preguntando qué tienes tú que ver con ella –replico mirando a mi… ¿pareja?, ¿amo? Él me toma de la mano y tira de mí, sentándome sobre su regazo. Ni la ducha ni la crema han conseguido aliviarme y siseo por el escozor. No pienso volver a pedirle que me castigue, antes ahogo mis penas en tres botellas de vodka. Rick me da un beso en la mejilla, algo que sinceramente me desconcierta. Salvo la noche de sexo delante de su amigo nunca me había dedicado una muestra de afecto en público.
-Pam es una sumisa del club –me explica -. He… digamos "jugado" con ella varias veces, hace ya mucho tiempo de eso.
-Continúa –digo o más bien gruño.
-Ella se enamoró de otro amo que también frecuentaba el club y después de eso iniciaron una relación, pero Pam salió dañada. Él no era lo que parecía.
-¿Qué quieres decir?
-Ella confiaba ciegamente en él y parecían la pareja perfecta, pero las cosas cambiaron cuando lo echaron del trabajo. Una noche llegó borracho a la casa, la tomó del brazo, la encadenó y la golpeó con un látigo durante horas. No hizo caso a las súplicas, ni a su palabra de seguridad ni a nada. El cabrón estuvo a punto de matarla –añade Matt mientras Rick aprieta el puño con rabia.
-Hijo de puta –mascullo.
-De eso han pasado ya dos años y Pam asegura estar lista para dejar el pasado atrás –continúa hablando Matt -. Yo también "jugué" con ella antes de que se casara y ahora… hemos vuelto a intentarlo. Pero Pam todavía está traumatizada, cada vez que la ato o hago algo que pueda dejarla indefensa entra en pánico. Es una mujer increíble y muy valiente que desea superar sus miedos, pero no es fácil.
-Entiendo –murmuro -. Lo que no entiendo cuál es tu papel en todo esto –añado mirando a Richard.
-Somos buenos amigos, le tengo mucho aprecio y ella confía en mí. Matt cree que ella se sentiría más segura si en vez de estar solos durante una sesión alguien estuviera presente, alguien en quien pueda confiar.
-Podríamos jugar en público, pero no es algo que a Pam le entusiasme y no quiero echar más leña al fuego –concluye Matt.
-Kate –Richard me mira a mí, centro mi atención en él -. No participaría, simplemente estaría presente.
-Si esto te deja más tranquila… –tantea Matt –Richard nunca jamás le ha preguntado a una sumisa si sus acciones le parecen bien. Lo tienes bien amaestrado, nena.
-Matt… –Siento como debajo de mí se tensa, el otro no parece preocupado.
-Quiero estar presente –anuncio después de unos minutos en silencio. Ambos me miran sorprendidos, Rick está boquiabierto y Matt de repente suelta una carcajada.
-Es una joya, lo digo en serio, si la dejas escapar me la pido.
-¿Quieres mirar durante la sesión? –Ambos ignoramos a su amigo, yo asiento.
-No pienso dejarte solo con este pervertido y otra mujer. Me da igual que no vayas a tocarla, voy contigo.
-Cariño… ¿te das cuenta de lo que eso supone?
-¿Verlo a él follar con una mujer? –Respondo como si ver a personas desconocidas teniendo relaciones sexuales fuera algo habitual en mi vida -. No puede ser peor que el vídeo de Troy y Celia.
-¡Le enseñaste ese vídeo! –Matt lo mira como si se hubiera vuelto loco -. ¡Pero en qué pensabas! ¡A una novata! ¿Estás loco?
-Ella sigue aquí, ¿no? Además es policía, tiene estómago.
-Tienes suerte de que no te haya denunciado por maltrato o algo así –comenta, no sin antes mirarme, de nuevo con un brillo en los ojos, travieso. –En cuanto a tu petición, nena, no depende sólo de tu amo, es mi sesión y yo decido.
Lo fulmino con la mirada antes de volver la vista hacia Richard. Él se encoge de hombros –Tiene razón.
-Genial –suelto un gruñido -. ¿Y qué tengo qué hacer?
-Prueba a pedirlo como lo haría una buena sumisa. Aunque una mamada tampoco estaría mal.
-¿Si le disparo testificas a mi favor? –pregunto mirando a mi hombre, que se ríe.
-Vamos, sabes que en el fondo te cae bien. Sé buena.
Tomo aire y lo suelto lentamente, luego me giro hacia Matt y abro la boca, pero él niega con la cabeza, divertido.
-Cuando una sumisa va a pedirme algo lo hace de rodillas –señala al suelo.
-¡Ni de coña!
-Entonces ya te mandaré un e-mail con los detalles de la sesión. Un placer, preciosa –dice levantándose y cogiendo su chaqueta.
-¡Espera!
Él se vuelve, su sonrisa de suficiencia provoca que se me disparen los instintos asesinos, pero gastar balas en él es una pérdida de dinero. Y luego tendría que hacer mucho papeleo. Richard espera en silencio, parece intrigado, seguramente se preguntará si estoy dispuesta a hacerlo. Esto forma parte del juego, Kate. A regañadientes y avergonzada me arrodillo, mirando al suelo, sin apartar la vista de sus caros zapatos. Me imagino a Isis meándole encima, lástima que los gatos sean tan limpios.
-Te escucho –se limita a decir.
-Me gustaría mucho asistir a la… sesión, por favor. –Silencio, miro un segundo hacia mi lado y Richard me anima a seguir, pero no tengo nada más que decir salvo… -Señor.
-Será un placer que nos acompañes, Kate –responde y sorprendida alzo la mirada. Me mira, todo rastro de diversión ha desaparecido. Me tiende la mano y me ayuda a ponerme en pie. Dirige la mirada hacia su amigo y luego acerca su rostro al mío y me da un casto beso en los labios –Eres extraordinaria –susurra para que sólo yo pueda oírlo –Él empieza a salir de su pozo sin fondo, gracias. –Os veo mañana –se despide de Richard y se va, dejándome aturdida y con una sonrisa.
-o-
-Al final os haréis amigos.
Richard me tiende un cuchillo para que prepare una ensalada mientras él se ocupa de aromatizar el pescado. Me ha pedido o más bien me ha exigido quedarme a cenar y yo no he podido ni querido negarme. Me gusta estar aquí, es como si junto a él pudiera ser yo misma, sin preocupaciones ni normas. Sin él ahora estaría dándole vueltas al caso de mi madre, pero en vez de eso pienso en la noche que me espera mañana. Y no me siento culpable por ello.
-Es un payaso –comento –pero un payaso simpático.
-Él y Troy son mis mejores amigos –dice mientras mete el pescado en el horno -. Ya que tienes muy mala opinión sobre el segundo me gustaría que por lo menos te llevases bien con Matt.
-Mientras no me obligue a arrodillarme de nuevo creo que nos irá bien.
-Entonces voy preparando la orden de alejamiento –suspira, haciéndome reír. Al terminar de aliñar la ensañada dejo el aceite a un lado y lo rodeo con los brazos, dándole un beso. Él me deja llevar el control unos segundos antes de sujetarme con fuerza del pelo y profundizar, invadiendo mi boca con su lengua. Dios, como me gusta que me domine así. Y que fácil empieza a ser reconocerlo. -¿Cómo estás? –pregunta, sin soltarme. El momento feliz termina aquí.
-He soñado con ella –confieso –con mi madre. Venía a verme… me decía que lo dejara estar.
-¿Le harás caso?
-Yo no soy de las que dejan las cosas a medias –respondo, mirándolo a los ojos -. Pero… me sentía bien con esto que tú y yo tenemos, sea lo que sea… mi trabajo me encanta… había aprendido a olvidar el pasado.
-Y ahora aparece de golpe y te sobrepasa –termina él, mientras me acaricia la mejilla, comprensivo.
-No sé qué hacer.
-Empieza por no agobiarte –me aconseja -. Ahora que ya sabes la verdad puedes actuar como si fuera dinamita y dejar que te destruya o esperar al momento adecuado.
-¿Y cómo sabré cual es el momento actuar?
-Tu instinto te lo dirá –responde dándome un beso en la frente –Por algo eres la mejor policía de todo Nueva York. –Sonrío –Y si te falla siempre puedes pedirle consejo a un gran escritor, estará encantado de ayudarte.
-Idiota.
La cena transcurre en un agradable silencio roto por algunas preguntas de poca importancia. Después de recoger los platos él vuelve con un cuenco con fresas y otro con chocolate.
-Fresas –me relamo los labios y mi corazón comienza a latir con mayor velocidad al recordar la última vez que comimos fresas juntos.
-Sí y son todas para ti –dice.
-¿Tú no quieres? –lo miro, confusa. Él niega y saca algo del bolsillo de su pantalón. Un pañuelo.
-Prefiero darte de comer. –Se acerca y se coloca detrás de mí, yo intento frenarlo, pero él me dispara esa mirada tan suya. La mirada de amo. –Las manos a los lados, Katherine, no las vas a necesitar.
¿Me ha llamado Katherine? Y otra cosa, ¿desde cuándo me excita que me llamen así?
-No es el nombre lo que te gusta –responde y me doy cuenta de que me he hablado en voz alta -. Es el tono, te encanta que te dominen.
-No voy a negarlo –suspiro y él, satisfecho me coloca la tela sobre los ojos, cegándome.
-¿Te das cuenta de que aún no hemos hablado de lo que pasó en el club? –me sorprende.
-¿Qui… quieres hablar de eso? ¿Ahora?
-Sí, de hecho es lo que vamos a hacer.
-Creía que ibas a darme de comer fresas –protesto volviendo a levantar las manos.
-Si intentas quitarte la venda te ataré las manos a la espalda –me advierte-. Te encantaría, pero podría ser un poquito incómodo. Y sí, una cosa no quita a la otra.
-No voy a hablar de eso estando así. Me siento en desventaja.
-Bienvenida al maravilloso mundo de la sumisión y la dominación. Y ahora abre la boca.
-Esto es lo menos erótico que he hecho en mi vida –mascullo, frustrada y para herirle y lo consigo, porque el chocolate que sentía sobre mis labios se aleja.
-Vamos a probar de otra manera –dice, con paciencia -. Yo te haré unas preguntas, si eres sincera, te habrás acabado el cuenco en menos que canta un gallo y podremos subir arriba a jugar.
-¿Y si no?
-Me comeré las fresas mientras tú me la chupas y después te daré unos azotes por mentirosa.
Me avergüenza decir que se me están empapando las bragas. De repente lo siento arrodillarse junto a mí y con cierta brusquedad me desabrocha los pantalones y me los quita. Antes de que pueda hablar o protestar introduce un dedo en la tela y acaricia entre mis pliegues. No puedo verlo, pero puedo oír como retira la mano y saborea mi excitación.
-El postre siempre ha sido mi parte favorita de la cena –susurra. Yo me muevo, incómoda, el dolor por la necesidad unido a los pequeños destellos provocados por el cinturón horas antes es terriblemente erótico y eso sólo hace que me ponga más húmeda. –Bien, empecemos de nuevo. ¿Qué sentiste cuando Matt te tocó en el club?
Se hace el silencio. Ahora que estamos tan excitados me pregunta por su amigo. Quiero matarlo. Lenta y dolorosamente. Sí, lo mataré y después subiré a por un vibrador para relajarme.
-Kate… -Richard introduce de nuevo los dedos dentro de mis bragas y me acaricia, apenas leves toques alrededor del clítoris. Jadeo -. Estoy esperando.
-Mm…
-Si esto te gusta piensa que cómo sería con un vibrador… estando atada y completamente abierta…
¡Así no me puedo concentrar! Él no puede verlo pero cierro los ojos de golpe cuando me introduce un dedo en la vagina. Lo saca despacio y lo deja justo en la entrada, sin moverlo.
-¡Me extrañó! –grité. Por favor, deja de torturarme y fóllame.
-¿Y qué más? -¿Por qué su voz parece tan tranquilo? ¿Es qué es inmune o qué? Su dedo hace estragos en mi cuerpo, se curva en mi interior, se retira, entra de golpe…
-¡Me gustó, ¿vale?, me excitó!
-Muy bien –me felicita y entonces se aparta, dejándome vacía.
-Hijo de put… -Aprovecha mis insultos para meterme una fresa empapada en chocolate en la boca. Muerdo, es el mejor chocolate que he probado en mi vida. Tras saborearla, lamo el dulce que hay en la comisura de mis labios, pero él me frena penetrándome de golpe con otro dedo. Y luego nada, se queda quieto.
-Nada de limpiar lo que haya en tus labios –me regaña -. Ese chocolate es para mí, no seas golosa.
-Por Dios, no puedes dejarme así –me quejo. Mueve el dedo, maldita sea.
-Todavía quedan muchas fresas, cariño. Y algunas preguntas. Por ejemplo, ¿estarías dispuesta a hacerlo de nuevo?
¿Jugar otra vez con Matt? No lo entiendo, ¿por qué quiere hacer eso? Todavía no entiendo porque lo permitió la primera vez. En el contrato de neandertal decía que no ofrecía las sumisas a otros amos.
-¿Por qué? –pregunto mientras me levanto unos centímetros del asiento, arqueándome hacia su mano. Voy a cortarle los dedos, uno tras otro, con alicates. Y luego me haré un collar.
-Le dejé tocarte porque quería ver hasta dónde estabas dispuesta a llegar, si te hubieras negado firmemente simplemente lo hubiera echado, pero no fue el caso…
-No me diste mucha opción –protesto. Sí, ahí, justo ahí, vuelve a hacer eso. Y para. El hijo de puta para de nuevo.
-Tenías tu palabra de seguridad y yo la hubiera respetado. Ahora di, ¿quiere hacerlo de nuevo?
-¿Quieres tú? –Mis piernas están libres y no me ha dicho nada de que no pueda moverla, así que las junto, intentando que la fricción me ayude a alcanzar el clímax, pero el amo no es estúpido.
-No sólo se trata de lo que yo quiera, sino de lo que tú necesitas. Yo prefiero jugar a solas, pero debo tener en cuenta tus necesidades.
¡Entonces déjame correrme, imbécil! –No… -jadeo –quiero… -me muerdo el labio, ahora me penetra con dos dedos mientras que con el pulgar frota el clítoris –jugar con él… –termino, esperando desesperadamente mi recompensa. Esa que no llega.
-Bien –lo imagino sonreír y acerca otra fruta a mi boca. La muerdo, ansiosa, el chocolate gotea y cae sobre mi pierna -. Vaya… tendré que limpiar eso…
Al instante noto su cálida lengua sobre mi muslo, lamiendo con perezosas pasadas. Oh sí…, acércate más.
-¿Quieres más fresas? –susurra sobre mi pierna.
-No… -gimo.
-¿quieres que te de placer?
-Sí, sí, por favor.
-Muy bien… -Me acaricia de nuevo, estoy tan excitada que el más mínimo toque me hace jadear. Y lo noto, su lengua, justo sobre el clítoris, una vez, y otra, acariciando, pasando, en círculos o en largas pasadas. No puedo ver nada y eso aumenta por mil las sensaciones, el sonido de succión, la humedad entre mis piernas, sus manos separando con firmeza mis piernas, esa lengua que lo llena todo de calor, un calor líquido que se concentra en mi clítoris y…
-¡RICK! –Pero él no para, no me da tregua y continúa, su lengua experta sigue lamiendo sobre mis hinchados pliegues, empiezo a marearme, aún siento los rastros del primer orgasmo, los espasmos que me hacen arquearme se mezclan con las sensaciones que me obliga a procesar. Otra vez… el calor, la humedad, voy a correrme otra vez…
-Dame otro –me dice y entonces atrapa mi clítoris entre sus dientes y suavemente tira de él. Y de nuevo me dejo ir, gritando. Debe haberme oído todo el edificio. Y me da igual.
Cuando creo que me he recuperado él se aparta y me acaricia las piernas. Por tercera vez trato de quitarme la venda y por tercera vez lo oigo chasquear.
-Aún no hemos terminado.
Atenta a su próximo paso y debilitada por los dos orgasmos escucho como se baja la cremallera del pantalón y se sitúa entre mis piernas, de pie. Coloca sus manos a ambos lados de mi cabeza y me roza los labios con los pulgares. –Es mi turno, cariño.
Sé lo que quiere y estoy deseando hacerlo. Rick me ayuda y coloca mi rostro justo delante de su erección. –Voy a marcar el ritmo –me dice -. No finjas que no te gusta o que te parece denigrante, no pienses, no es el momento. Sólo hazlo.
-Sí, señor –Y lo llevo a mi boca. Es muy grande y el no poder llevar el ritmo lo hace más difícil. Empuja hacia dentro y se queda unos segundos, apartándose justo cuando siento que me voy a ahogar y repite sus embestidas una y otra vez, sujetando mi cabeza, con firmeza, pero sin apretar. Recorro su miembro con mi lengua, centrándome en el glande, lo oigo gemir, toma de mí lo que quiere para su placer y eso me vuelve loca. Y justo en ese momento, cuando me la mete hasta la garganta y se corre con un bramido siento como mis piernas me tiemblan y mi clítoris vuelve a palpitar. Justo en ese momento disfruto como una sumisa. Sin culpas. Sólo placer.
En el próximo capítulo Kate y Castle asistirán a la sesión de Matt y Pam. Y será muy pronto. Gracias por leer :)
