Infiltrada
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Disclaimer: Naruto no me pertenecer.
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Epilogo.
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Cuando TenTen había invitado a algunos de sus amigos a verla el día de su graduación muchos de ellos decidieron que sería muy fácil ubicarla entre la muchedumbre. Una larga fila, tres en realidad, de estudiantes recientemente graduados se alineaban uno al lado del otro. La pista para encontrarla fue obvia, era la única mujer. La única estudiante de menos de un metro setenta y cinco de altura. La única persona que no presumía una musculatura extremadamente llamativa hasta el punto de parecer forzada. Además, su sonrisa era la más amplia.
TenTen, vestida sin grandes apuros, con un vestido sencillo azúl y el pelo recogido, parecía brillar. No solo por la gran diferencia entre el general de los alumnos, sino porque su felicidad absoluta era la más notoria. Después de todo, se había pasado su adolescencia soñando con ese momento, con el titulo que sostenía entre sus pequeñas manos de soldado y un futuro casi tangible frente a sus ojos castaños.
Su madre, su padrastro y su hermanastro estaban sentados en una de las primeras filas, su padrastro orgulloso, a pesar de no ser su progenitor, su madre con una sonrisa ancha y feliz, su hermanastro con una sonrisa socarrona y el pelo revuelto. Por un instante, se olvido de todo lo que le costo llegar a esa fila.
Entrenamiento duro, agotamiento, correr hasta que las rodillas se vencían. Pies hinchados, músculos desgarrados, un par de huesos rotos, clases extensas, combates frenéticos. Tiempo invertido, horas consumidas. Por otro lado, estaba su fugaz época de escuela fingiendo ser un chico. Sonrió, más ampliamente, cuando rememoró con un sabor dulce los recuerdos.
Abrió los ojos luego de mantenerlos cerrados unos instantes. Más atrás estaban sus amigos, sonrientes y orgullosos. Discreto, pero no por eso menos importante, Neji ocupaba una silla al lado del pasillo. Todo era casi perfecto.
Casi, claro, porque no podía tentar tanto a la suerte. Su madre aún seguía ligeramente enfadada con ella por su decisión de mudarse con Neji. Giró los ojos, con el esfuerzo que había puesto en que su novio aceptara. No es que ella odiara su casa, o que estuviese desesperada por tener más tiempo con su pareja. Para tiempos anteriores, había sido lo más practico. De todas formas, básicamente vivía sola.
Kiba se había ido mudando de un equipo a otro a lo largo de los años. Subiendo y subiendo en la calidad del equipo y su importancia, y alejándose más y más. Hasta que, cuando Ino tomó la decisión de mudarse a Tokio a estudiar medicina, su hermanastro firmo un contrato y se fueron juntos. Inoichi no había estado feliz. Su madre seguía viajando, inquieta, incapaz de establecerse mucho tiempo por su carácter. Su padrastro solo aterrizaba del todo cuando su esposa lo hacía con él. Ella, madura y básicamente una adulta, había quedado sola en una casa enorme que debía no solo limpiar, sino cuidarla, mantenerla habitable. Era demasiado para una persona ocupada como ella, que apenas tenía tiempo para si misma por sus exigentes estudios, mas que nada, por su preparación física.
Y eso de convencer a su novio, recto en la moral y las normas, fue un poco más difícil. A sabiendas que él iba a negarse si lo sugería, utilizo por primera vez la llave de su departamento que él mismo le había otorgado. Hizo un par de valijas, llamo un taxi y se instalo sin decir nada. Para cuando él llego ella ya tenía las valijas vacías y Neji se vio incapaz de echarla.
Un par de días luego su madre se entero y básicamente armo una tercera guerra mundial sobre la decencia. Neji, incomodo, busco ayuda en su pareja. "Tengo veintiún años, soy mayor de edad, no puedes prohibirme que me mude." Su madre no le hablo por una semana y el último día antes de subirse a un avión aceptó la mudanza con una simple y llana advertencia "Usen protección" Una madre envidiable, bromeó consigo misma, la que dios le había dado.
Nada sobre órdenes, sugerencias, anécdotas. No, ella solo le había prohibido traer niños al mundo antes de tiempo. Primero necesitaba un titulo y un empleo, agregó la mujer, molesta.
TenTen no se sorprendió cuando vio a Kankuro y Larissa llegar tarde, era parte de ellos. Larissa rara vez llegaba a tiempo a ningún sitio últimamente. Contuvo una sonrisa cuando los vio buscar un par de sillas, de perfil. Larissa ya tenía la típica apariencia de una mujer embarazada; una barriga redondeada y abultada, los pechos algo más grandes y el moviendo adoptado al caminar. En poco menos de un mes daría a luz, según tenían previsto. La muchacha aún recordaba su propia sorpresa cuando oyó las noticias de primera mano. Pensó que estaban bromeando, la idea de Kankuro como padre y Larissa como madre parecía equivocada en su mente. Muy, muy, muy equivocada. Simplemente, no sé los imaginaba. Pero entonces, al verlos con las manos entrelazadas y cómplices, supuso que podrían arreglárselas.
Ino estaba al lado de Larissa, Sakura entre la rubia y su -no-obligado-a-asistir novio. Temari del lado de Kankuro y Shikamaru junto a su pareja. Karin no había podido ir, estaba por algún sitio en México haciendo dios sabrá que cosa, pero le había deseado cosas buenas a su modo "No lo arruines, marimacho".
Lee había sido, curiosamente, el primero de todos en contraer nupcias. La chica, de aspecto común pero una voz espectacular, era medio año mayor que él y estaban sentados detrás de Shikamaru y Temari. Naruto, como le era costumbre, al lado de Hinata y esta procuraba controlar a Hanabi. La chica no le dirigía la palabra a Larissa, sin importar cuanto intentaran negociar.
Habían pasado tres años y poco más, pero Hanabi y Larissa simplemente no congeniaban. Hinata, resignada, solo podía procurar calmar los ánimos. Y con calmar se refería a subirlos, porque Hanabi era hermética e inmutable.
Desde su lugar en la fila, el lugar que había imaginado por años, vio como las cosas habían evolucionado. Como habían cambiado, encontrado a alguien, experimentado, soñado y madurado. Y se dio cuenta, en un parpadeo, que habían envejecido. Cada día más, creciendo y viviendo. Y eso era vivir; crecer, envejecer y madurar. Y se dio cuenta de eso allí mismo, con una sonrisa en la cara.
Observo a sus padres, sus amigos y su pareja. Sonrío, mirando el titulo en sus manos.
Vivir, si, eso había estado haciendo todo el tiempo, y nunca se había dado cuenta. Sonrío con más esmero y levanto la vista al cielo ¿Tan vieja era que se estaba poniendo melancólica? Se rió de si misma y escucho la música sonar.
Quizá necesitara nuevas metas, nuevos propósitos, una lista de cosas por hacer. Había ido a la escuela, tenía amigos, una pareja y un titulo. Anoto mentalmente conseguir un trabajo.
Desde su lugar en la silla, Neji le enseño una pequeña y casi invisible sonrisa.
Y quien sabe, quizás más tarde un anillo.
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Fin, fin, fin, fin, final.
Este es definitivamente mi historia más larga. La comencé en mayo del año pasado, seis días antes de mi cumpleaños. Me da no-sé-que-cosa terminarlo. En especial porque me gustaba mucho escribirlo. Pero todo tiene un final, que se le hará. Espero, desde lo más hondo de mi corazón, que les haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Sé que tiene sus errores, como todas las historias, pero le tengo un especial cariño de todas formas.
Les agradezco por haberme acompañado a lo largo del fic, por sus comentarios que me animaban a seguir y porque me da gusto recibir comentarios como "te falto esto" o "quizá debiste agregar algo más de lo otro" porque me ayudan a mejorar.
¡Gracias y hasta pronto!
-Pronto subiré un dibujo final, por si les interesa estará en mi perfil.
