El Funeral de Max
Alec
Era ya algo tarde cuando Magnus conjuro la comida. Comieron en la cama y hubo algunos besos después de eso. En cierto punto, Alec se detuvo y le dijo a Magnus: "Debo ir a ver a mis padres, a Izzy y a Jace. No quiero, pero debo.
—Está bien, -le aseguró Magnus. —Yo debo irme también. Debo estar en Nueva York.
— ¿Te marchas? –Exclamó Alec.
—Lo siento, Alexander, pero tengo que ir. Ya retrase esto por mucho tiempo mucho más del que pensaba. Magnus levantó la mano para tocar la mejilla de Alec. Le prometí a Clary que despertaría a su madre y tengo que hacerlo antes de que el infierno reviente. Si entiendes eso, ¿verdad'
Alec asintió, pero se sentía triste. —Regresarás una vez que ella despierte, ¿cierto?
—Regresaré tan pronto como ella abra los ojos y la traeré conmigo. Entonces vendré a buscarte.
—Trato hecho. -dijo Alec. Se besaron una vez más antes de salir de la cama y prepararse para partir.
Camino de regreso a la extraña casa en donde su familia se estaba quedando, era de noche. Él quería regresar a Nueva York, en donde todo era familiar, en donde él era feliz y todos sus familiares estaban vivos. Pero sabía que eso estaba en el pasado. Perdido para siempre. En la casa encontró a sus padres sentados un lado del cuerpo de Max. Tal parecía que no se habían movido desde que se fue. Apenas sí lo notaron. Al acercarse, tocó el cabello de su hermano y entonces se inclinó y le beso en la frente. Estaba frío, Un escalofrío recorrió su cuerpo. Entonces se dirigió a sus padres.
—Deberían tratar de dormir un poco, -dijo.
Su madre le miró y sonrió, una sonrisa triste. —Está bien, Alec. No tienes que cuidar de nosotros.
—Si tengo. -contestó Alec. Son mis padres. Los amo y me preocupo por ustedes. Deberían ir arriba y tratar de dormir, ambos.
Caminó hacia ellos, y puso una mano en el hombro de su papá, le tomó un poco más de determinación, pero al final se levantaron y caminaron con él hacia las escaleras. Una vez arriba, Alec fue a la recámara qué le había sido designada y se recostó en la cama pensando en las historias que le había dicho a Magnus y acerca de todas esas otras historias de Max que no habían sido dichas. También acerca de todas las historias que se supone que pasarían pero que ya no lo haría.
El funeral de Max fue lo peor que Ale pudiera haber imaginado. Sólo estaban ellos 4 en la Necrópolis porque Isabel se había negado a acompañarlos. Maryse y Robert ni siquiera habían hecho el intento de convencerla. En la parte baja de la Necrópolis, estaba colocada una hoguera de leña. Los Cazadores de sombras queman a sus muertos y un Hermano Silencioso realiza la ceremonia. Unas cuantas palabras son dichas acerca del difunto. Maryse fue la primera en hablar. Mi hijo Maxwell, llegó como un regalo inesperado. Un chico curioso y maravillado del mundo, siempre queriendo saber más y estar en medio de todo. Así era mi pequeño niño. Su voz se quebró y empezó a sollozar. Robert colocó una mano alrededor de ella y Maryse se reclinó en él, llorando incontrolablemente. Jace y Alec se colocaron a su lado para consolarla. Cuando ésta se calmó, el Hermano Silencioso le pidió al papá de Alec que hablará, pero Robert sólo sacudió la cabeza. Entonces Alec fue el que se paró para decir unas palabras.
—Max, mi hermano menor. Donde quiera que estés, quiero que sepas que te amo y que nunca dejaré de amarte. Aunque ya no estés aquí conmigo para demostrártelo. Recuerdas aquella vez que te caíste y te raspaste la rodilla. Llegaste conmigo, te di un beso y te puse una curita. Me pedías que te marcará una runa de curación, aún sin entender todavía, que era demasiado pequeño para soportar la marcación de las runas. Yo te dije que debías ser valiente y soportar el dolor, porque eso es lo que los Lightwood hacen. Asentiste, me miraste muy seriamente y dijiste, seré valiente como lo eres tú, y lo fuiste. Esta es mi promesa. Hoy trataré de ser valiente y soportar el dolor vivir sin ti. Pero esto será una de las cosas más difíciles que alguna vez tenga que hacer en esta vida. Aun así, somos Lightwood. Tú y yo podemos hacerlo. Seremos valientes.
Bajó la vista hacia su hermano y entonces sus padres se pararon del lado opuesto a la mesa de mármol. Lentas lágrimas descendían por sus mejillas. Giró para ver a Jace, que se encontraba parado a un lado de él.
Jace tosió fuertemente y comenzó a hablar. Para Max, el mundo era una ostra. Estaba lleno de entusiasmo y tomaba cada día como si fuese una oportunidad para aprender algo nuevo. Amaba jugar con él. Alec y yo le enseñamos a montar en bicicleta y a patinar. Siempre quería aprender y conocer. Era un pequeño escolar. Jace levantó su cabeza y observó a Alec, después a sus padres. Nunca tuve una familia hasta que ustedes me adoptaron. Estoy totalmente agradecido por todo lo que me han dado. Papás, un hermano, un parabatai; una hermana. La voz de Jace tembló y volteó a ver a Max. Él era mi hermano menor tanto como lo era para ustedes. He perdido a uno de los míos y es algo a lo que nunca me acostumbraré jamás. No olvidaré lo maravilloso que era. Esto duele como si estuvieras en el infierno. Alec jamás había escuchado hablar a Jace sobre sus sentimientos tan abiertamente, estaba seguro.
Volteó a verlo, mientras el hermano Silencioso citaba el Callutus en latín. Cuando él terminó, ellos repitieron unas últimas palabras.
Ave Atque Vale, Maxwell Lightwood
Alec observó a su padre encender la fogata con el corazón destrozado. Se acumuló una gran cantidad de humo que se esparcía muy lentamente en el aire. Jace estaba temblando. Alec se acercó a él y le tomó la mano con fuerza brindándole el apoyo que necesitaba. Jace apretó la de Alec en respuesta y ambos se quedaron mirando al cielo, viendo el humo alejarse.
Cuando todo terminó, sus padres hablaron con ellos, querían quedarse solos un rato más. Alec y Jace regresaron a la casa para tratar de convencer a Isabel de que bajara ya comer algo. Ella se negó. Finalmente se dieron por vencidos y se retiraron a la sala. Fue entonces cuando el timbre de la puerta sonó y Clary y Simon aparecieron. Era muy difícil guardar el luto, pensó Alec, cuando están sucediendo tantas cosas en el mundo. Clary les contó que Valentine había dado un ultimátum. Qué habría una pelea una muy grande mañana a la medianoche. Los papás de Álex estaban ya en el salón de los acuerdos discutiendo sobre los procedimientos. Había una oportunidad de que los subterráneos vinieran a ayudar en la pelea, pero como siempre los Cazadores de Sombras tenían sus sospechas. Alec trataba de imaginar lo que pasaba en el salón. Probablemente le estaban dando vueltas y vueltas al asunto. Preguntándose si se podía confiar en los subterráneos, o si era mejor rendirse ante Valentine. Esperaba que no estuviesen considerando esta última opción.
Se hallaba recostado en su cama dando vueltas y vueltas. Hasta que se hartó. Se levantó, se cambió de ropa y salió a la calle a Angel's Lane. Magnus no estaría ahí, pero por lo menos sus cosas sí. Prefería estar ahí, que en una casa extraña. Simon estaba en el cuarto de Izzi con ella. Haciendo quién sabe qué, pero él no estaba interesado en averiguarlo. Jace se había marchado diciendo que saldría a caminar un rato. No había nada que detuviera a Alec ahí.
Cuando llegó a la puerta de la casa temporal de Magnus, se dio cuenta que no tenía una llave. Se aventuró y colocó su mano en la manija, rogando para que esta no estuviese cerrada. La puerta se abrió automáticamente como si supiera que él debía estar ahí dentro. Se fue directo a la recámara. Ahí se desvistió y se metió bajo el cobertor amarillo. Este aun guardaba el olor de Magnus. Aspiro el aroma para llenarse de este y cerró los ojos. Voy a ser valiente, se dijo a sí mismo una y otra vez, hasta que se quedó dormido
