- Ted ya vale.- decía una veinteañera Victoire Weasley.- te he dicho que necesito tiempo...- subió las escaleras medio llorando, era navidad y estaba en casa de sus abuelos, se metió en la primera habitación que pudo y rompió a llorar.

- ¿Qué te pasa?- dijo una voz de una chica que estaba dentro de la habitación.

- Nada Rose, vuelve a lo tuyo.- dijo ella secándose las lágrimas.

- No Vic, ¿por qué llorabas?- la preguntó la pequeña.- Es por Ted, ¿no?

- Si.

-¿Lo habéis dejado?- preguntó Rose.

- Si, bueno... Nos hemos dado un tiempo... Ya son muchos años de relación, las cosas cambian, ¡pero yo le quiero!- lloraba.- No se que hacer…

- Esta bien Vic- le consoló la pequeña abrazándola.- Desahógate.

- ¿Y tu qué haces aquí sola?- dijo cuando se calmó.- Todos están jugando con la nieve abajo...

- Ya, pero yo necesitaba acabar esta carta...- dijo la castaña.

- ¿Para quién es?

- Para Malfoy...- se sonrojó sin saber por qué.

- ¿Para Scorpius?- preguntó Victoire recordando.- ¿No se supone que era un sucio rubio albino?

- ¡Y lo sigue siendo!- dijo ella.- pero ahora... Le aguanto.- y recordó como Scorpius le había salvado de las dos chicas Slytherin.- además somos compañeros de trabajo en estudios muggles, por eso le escribo, tenemos que hacer un trabajo sobre juegos muggles, él pretende hacerlo sobre fútbol.- Vic puso una cara muy rara.- ya le dije que no era muy original... ¡Yo tengo otra idea, esa sí que será original!