Creo haber recibido algunos reviews de guests que me preguntaban si ya había terminado el fic, no, aún no termina, pero el final está cerca. Es una lástima que no pueda contestarles por no tener cuenta, otro guest me dejó su correo, pero los reviews y PM no dan permiso de poner links o correos electrónicos, así que no me apareció y no pude contestarle de igual manera. Usen mi cuenta de twitter para cualquier duda o aclaración, a veces ahí publico cuando estoy actualizando alguna historia. Saludos. Aidan.

Lamento que tengan que esperar tanto, sé que prometo actualizar pronto, pero a veces me es imposible. Gracias por seguir leyendo y por su paciencia.

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Prefiero no despertarla cuando la veo profundamente dormida; no hemos hecho nada anoche, llegamos tan agotadas de nuestro tour que en cuanto nos dimos un baño –por separado- y nuestras cabezas tocaron la almohada, caímos en un profundo sueño.

Respira tranquilamente, y aunque dijo que cada una podía ocupar un buen espacio en la cama debido al tamaño, ha amanecido más bien en mi mitad que en la suya. Sonrío, recordando mucho a Rachel. Observo la habitación, tomándome por fin el tiempo de apreciarla con detenimiento; por un momento deseo que sea aquella en la que dormimos Rach y yo cuando se presentó entonces, pero si mi mente no me falla, la nuestra estaba al final del pasillo en el ala este.

Me siento en el sillón que está a los pies de la cama, en la orilla izquierda, y me dedico a observar a Barbra ¿Por cuántas vidas nos hemos estado siguiendo? Reencontrándonos una y otra vez en situaciones extraordinarias –o muy comunes-.

¿Desde antes de que se contara el tiempo? En antiguas ciudades áridas y de grandes columnas, en campos verdes donde a lo lejos se divisa el castillo del rey, quizás en esa época donde las mascaradas eran comunes entre la alta sociedad y París se encontraba a punto de una batalla.

No sé, lo importante es que he sabido, gracias a mi viaje en el tiempo, que es ella quien me corresponde y yo a ella de igual forma; somos el conjunto perfecto.

Bostezo y estiro los brazos hacia el techo para que me descanse la espalda, ha sido una buena noche, pero hace falta esto para acabar de despertar; me levanto con sigilo y camino hacia mi celular para ver la hora, son las nueve de la mañana, afuera las nubes dejan pasar un sol amable que da paso a algunas sombras, espero que no sea calurosa y también espero que no llueva más tarde. Hoy no tengo ganas de que nos sorprenda el mal tiempo aunque ame la lluvia.

Abro las puertas del balcón y aspiro fuerte el aire, ese olor a campo siempre me ha brindado cierta satisfacción y sosiego, es como conectarme al mundo, a la tierra, a veces siento que tengo un poco de Wicca y quiero ser una sola con la madre naturaleza. Sin embargo desconozco muchas de las cuestiones y se queda en eso, en que quizás soy cinco por ciento 'bruja'.

Escucho que las sábanas se mueven y me asomo un poco para ver si ha despertado, la veo tallarse los ojos y dejar uno de sus brazos sobre su frente, dándose el permiso de despertar o seguir durmiendo por otro rato.

-¿Quinn?- Me llama, con esa maravillosa voz que tiene, que me pone el espíritu contento y me conecta a una realidad, esa donde estamos juntas. No del modo en el que quisiera, pero debo ser paciente, ya llegará el momento.
-Aquí- Entro a la habitación y camino hacia la cama sentándome en la orilla, con una pierna arriba del colchón y la otra debajo, medio cuerpo girado hacia ella.

Le sonrío y me sonríe de vuelta.

-Buenos días- Le digo. Quisiera quitarle el mechón que se le va a la cara, pero me abstengo de invadir su espacio tan pronto en el día.
-Hola- Se estira ahora ella, y hace un ruido, propio de quien disfruta hacerlo –Dormí riquísimo, creo que nunca había dormido tan bien en mi vida, sin ninguna preocupación, con cansancio, con ganas- Mi sonrisa se hace amplia y me dejo caer sobre mi estómago con los pies colgando fuera.

-Yo igual, creo que no desperté una sola vez y así como dormí, me quedé toda la noche- Dejo de verla y pongo la cabeza sobre el colchón, hago los brazos hacia arriba de la misma y cierro los ojos, contentándome con sentir su calor cerca de mi cuerpo y escuchando su respiración.

De pronto siento su mano, que con las yemas de sus dedos comienza a acariciar la mía; se me acelera el corazón al instante. No dice nada, solo sigue jugando con mis manos, entonces volteo a verla, levanto la barbilla y la veo directamente a los ojos. Ella deja pues su juego y se acomoda sobre mi almohada, abrazándola un poco.

-¿Qué pasa?- La siento nerviosa.
-Nada- Digo y sonríe.
-Haz orden en tus pensamientos y dime lo que estás pensando, porque ese 'nada' se traduce en 'mucho' cuando se dice de esa forma- Amo que sea tan perspicaz.
-Estaba pensando en… que me gustas mucho- Ok, no era precisamente eso, pero tampoco es una mentira.
-Es mutuo-.
-Me preguntaba si después de esto… cuando regreses a Londres podría… verte- Hay un brillo en sus ojos que me alegra, su rostro está inmutable, pero ese brillo me lo ha dicho todo.
-Me encantaría, Quinn-.

Es muy pronto para decirle que quiero que sea mi novia, pero sabe perfectamente bien que esas son mis intenciones.

-¿Alguna vez regresarás a Nueva York?-.
-En cuanto se acabe la beca, supongo-.
-Me gustaría mucho que regresaras, si no, entonces quizás yo me mude a Londres- Creo que he hablado de más, estoy hablando de algo serio, de un compromiso de estar con ella. Creo que he metido la pata.
-Quinn…- El tono de su voz es serio ahora, como que va a frenarme –No estoy lista para…-.
-No, claro… perdón…- Me he quedado sin saber qué más decir –Lo entiendo, es sólo que contigo me siento tan en paz, como nunca y, bueno, no sé, quizá podamos ser amigas que se visitan, no pido más por el momento- Qué tonta me siento.
-Eso me funciona… por el momento- Cuando dice esto último brinco de felicidad, no literalmente, pero mi yo interior brinca una y otra vez.

Siento ahora su mano en mi cabello cuando vuelvo a poner la cabeza como antes, hace silencio y yo cierro los ojos, sintiendo el momento, esto que está haciendo; yo no le acaricio el cabello a alguien a menos que sienta algo especial, pero, yo, ella quién sabe, la conozco, pero no la conozco en absoluto.

-Voy a darme un baño- Escucho que dice después de un rato, sin embargo no ha cesado de sus caricias en mi cuero cabelludo y me está aletargando de una forma impresionante -¿Me oíste?- Dice entre risas.
-Sí, pero es que eso se siente tan bien que siento que voy a quedarme dormida en cualquier instante-.
-Ven- Volteo a verla y se hace a su lado mientras se descubre y levanta la sábana. Voy hacia ella para quedar a su altura, mirada con mirada –No sé qué tienes, pero no me había sentido así en mucho tiempo, por no atreverme a decir que nunca; me interesas, pero Marley sigue afectándome de cierta manera, así que debo cerrar bien eso para intentar cualquier cosa con quien sea; yo pienso de ese modo, que todo debe sanar para que nuevas y mejores cosas vengan- Quiero decirle tanto, pero sólo asiento y me lamo los labios. Su respuesta es la que esperaba.

Entonces se acerca a mí y me besa, se aferra a mi rostro con su mano y el otro brazo lo pasa por debajo de la almohada, entre el espacio que hace mi cuello y se pega a mí. me está calentando el cuerpo y las ganas; amo sentirla tan cerca, sus manos en mi piel, sus labios carnosos. La amo a ella, todo lo que es.

Mete la mano bajo la playera de mi pijama y me acaricia la espalda, se me eriza la piel, no sólo de esa parte, sino toda. Las reacciones que tiene mi cuerpo estando cerca de ella son inagotables, no habrá un momento de nuestras vidas en las que no sienta que la adoro y que me encanta, incluso si llegase un momento en el que nos hartemos un poco de la otra, siempre regresaré a ella.

-Si no te detienes- Digo entre besos –Te haré el amor- La forma como me besa en seguida me dice que ni ella quiere que eso pare, así que se nos olvida todo y lo hacemos por segunda vez en lo que llevamos de "conocernos".

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El desayuno lo tomamos en el comedor que tiene una mesa larga y varias mesitas para grupos pequeños de comensales, nosotras tomamos una mediana que es para seis personas, exacta para nosotras, dos sillas a los lados, dos a la cabecera. Yo tengo la costumbre de siempre procurar sentarme en alguna de las cabeceras; así me acostumbró el abuelo cuando era pequeña y lo visitábamos los Domingos para la comida en familia. Ese era mi lugar, él me lo reservaba, supongo que siempre fui su princesa.

-¿Sabías que en algunos países se cree que el que se sienta en la cabecera nunca se casa?- Se acerca y me habla quedo al oído.
-Verás que no es cierto- Le guiño el ojo y vuelvo mi mirada a mis amigas que están platicando de lo hecho el día de ayer. De ese modo quito formalidad a lo que he dicho; sí, tengo toda la intención de casarme con ella. Pero no se lo digan, no aún.

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Esto es muy parecido a enamorarse de un personaje de televisión o cine, es como tomarle el sabor a cada versión de Angelina Jolie, sólo se me ocurre explicarlo de este modo; procura imaginar a la actriz que más te gusta. Lara Croft, Agent Salt, Jane Smith, Lisa. Es la mera esencia de Angelina lo que hace que disfrutes cada papel, es la forma como habla, sus gestos… hay algo en cada papel que la hace diferente, y, sin embargo sabes que es la misma. Hay algo en ella que te hace reconocerla pese a que un momento sea Rubia, otro tenga el cabello negro o quizás castaño, rizado o lacio. Aunque en un papel sea la villana y en otro la heroína de la historia.

Creo que sólo así puedo hacer una analogía en esto que está pasando con Rachel-Barbra, físicamente son la misma, incluso los lunares cerca de su boca, pero hay ciertos detalles que la hacen diferente, aún tiene la costumbre de pasarse el cabello tras la oreja y lamerse los labios cuando está nerviosa, es zurda, cosa que no era Rachel ni la otra Barbra. No le gusta el huevo, en ninguna de sus presentaciones y no soporta la lactosa.

Me ha confesado que en las pequeñas presentaciones en teatro que ha tenido, ha necesitado previamente hacer respiraciones y calmarse porque a ratos le llega el pánico escénico; eso no le pasaba a Rachel, que siempre se sintió segura de casi todo, jamás la vi tener pánico escénico, sólo los nervios normales de alguien que está haciendo cosas nuevas, que tiene miedo al fracaso. Jamás hiperventiló y si entonces ya hubiera existido el yoga, no creo que hubiera necesitado de unos minutos de meditación para controlarse.

Queda intacto su entusiasmo por las cosas, y esa manía de robarme mi parte de almohada, de hacer como que las mías están más cómodas y mi parte de la cama le viene perfecta a su espalda. Le gusta tocarme, para cualquier cosa, jugar con mi nariz o mi mejilla, despeinarme, quitarme una pelusa de la camisa o picarme las costillas.

Hemos regresado a casa, bueno, a casa de Danielle. Me complace decirles que se ha hecho amiga casi en seguida de Susan y es como si nada hubiera cambiado, juegan y ríen, se sienten en la confianza propia de quien se conoce desde años; no sé si ya compartan secretos, pero reconozco la comodidad que tienen las dos cuando están en la compañía de la otra.

Santana lo ha notado también y sabe perfectamente bien que es porque, así como nosotras nos hemos reconocido como amantes, ellas se han reconocido como amigas inseparables y más temprano que tarde estarán intercambiándose números, correos y fotos. Probablemente visitándose en Londres.

Hemos decidido que lo mejor era llegar todas al departamento, comer algo, descansar y después llevar a Barbra al hotel para que haga sus maletas, pase la noche ahí y por la mañana corra al aeropuerto que la llevará de vuelta a su vida y -lejos, aunque sólo en distancia- de mí. Estoy más que tentada a irme con ella, pero me ha pedido arreglar sus cosas y es lo más justo y sensato. No me causa malestar saber que quizás hable con Marley, estoy confiada en el cosmos y sé, que si tardó tres años en ponerla en mi camino, es porque es nuestro tiempo de estar juntas… por fin.

Desde antier no intimamos, estuvimos ocupadas conociendo la campiña, uniéndonos al grupo con el que emprendimos otro viaje cercano a un lago de agua azul que, aunque se veía invitador, era más bien de agua muy fría. Admiramos pues los árboles verdes y las montañas lejanas de puntas nevadas. Era un espectáculo inigualable; nos alejamos de la ciudad del amor para enamorarnos más en compañía de la naturaleza.

Sí, aquí hay otro dejá vú, que nos alejamos de casi todo en la casa de campo de Samuel para conocernos y caer en poco tiempo en los encantos de la otra. Y así mismo necesité de llevarme a Barbra a la orilla del mar para que me besara.

Y así pasó ahora, que, estando en una lancha las seis más un instructor, había en sus ojos algo que parecía más bien como un agujero negro y me atraía irremediablemente hacia su ser; sé bien que lo mismo pasaba con ella, a quien sorprendía mirándome siempre. A ratos me distraía con la majestuosidad del tronco de un árbol, preguntándome cuántos años tendría, o con los peces que pasaban cerca de nosotras. Luego, al levantar la mirada ahí estaba, observándome, así como la he observado yo siempre, como si no fuera real, como si necesitara de tocarla para cerciorarme de que no es un holograma.

Danielle no dejó que Barbra llegara directo a su hotel, le dijo que le prepararía algo casero 'La comida casera es deliciosa, espera a que veas cómo la preparan estas manos Francesas'.

Lo cierto es que Danielle disfruta cocinar, le encanta ver la cara de sus invitados a la hora de dar el primer bocado y, debo decir con bastante orgullo, que cocina más que rico. Si por el paladar nos enamoráramos, seguro que me casaba con ella.

Entonces pues, nos quedamos en la sala disfrutando de una copa de vino y con música de fondo. Clementine gusta del Rock Progresivo o Post Rock y ha puesto algo que no puedo pronunciar ni de chiste: the evpatoria report. Ok ok, sí puedo pronunciarlo, pero me trabo un poco.

No está mal, pero a ratos me suena demasiado melancólico, trayendo consigo, con cada nota, recuerdos non gratos de cuando era más joven. Cuestión que me causa conflicto. Creo que si Judy estuviera viva mi vida hubiera sido distinta, creo que no llevaría cargando este malestar que me provoca pensar en "mi familia". Dejando de lado a Benjamin, que es el único que me ha entendido desde que era una niña de cinco años… o al menos es entonces cuando tengo mi primer recuerdo de él.

Barbra me toma la mano y juega con ella, no es un gesto romántico, pero ya les dije que no se puede estar en paz; yo por supuesto que no me quejo y me dejo que me toque todo lo que quiera, en unas horas tendré que darle un hasta luego y eso no me hace demasiado feliz, así que necesito aprovechar todo lo que se pueda a esta mujer que tengo a mi lado y que me sonríe mientras juega conmigo y luego se vuelve para platicar con Clementiney Santana. Susan está ayudando en la cocina.

Conversamos por una hora más y entonces la comida queda lista; Danielle pone los platillos al centro y comienza a invadirnos el olor, veo uno curioso, con hortalizas varias y pregunto qué es, me causa gracia cuando me contesta que se llama Ratatouille.

Nos sentamos y nos sirve en unos tazones de porcelana o parecen de porcelana al menos, una crema de puerro con papa y cebolla. Se me hace agua la boca a penas me llega el olor y me impaciento, necesito que todas comiencen a comer para probarlo por fin.

Barbra suelta un sonido de contento y halaga las habilidades de cocina de Danielle, quien se irgue en su asiento y le da las gracias, orgullosa de sí misma y de lo que nos ha preparado. La miro a los ojos, ella me sonríe con sus dientes de roedor asomándose graciosamente.

Vuelvo a preguntarme si Emma aparecerá.

El segundo platillo que nos sirve, y que por igual me hace salivar, es Coq au vin. Nos explica que es pollo bañado en salsa de vino, condimentado con ajo y cebolla. Volvemos a quedarnos mudas con el sabor y mordemos cada pedazo de pollo con gusto y hablamos poco mientras comemos. Hacía hambre, y esta comida está como para servirse dos platos de cada cosa.

Susan nos observa a Barbra y a mí, entonces dejo los cubiertos sobre la mesa y me limpio los labios con una servilleta.

-¿Qué pasa?- Le pregunto cuando su mirada sigue sobre nosotras y comienza a sonreír.
-Me gustan juntas- Yo trago saliva y me sonrojo en seguida.
-Susan, no las hostigues, acaban de conocerse- Advierte Santana que ha notado mi color y la rigidez en el cuerpo de Barbra.
-Sólo digo que me gusta cómo se ven juntas, no que se casen y que tengan muchos hijos- Danielle y Clementine se echan a reír. Susan, como Britt, es inocente a ratos y dice las cosas sin pensar, a veces lo que dice no hace sentido, pero la amo como es y por tener aún, ese corazón tan noble y grande.
-Sí, creo que opino lo mismo- Agrega Clementine para fastidiarnos. Y entonces al juego se les une Danielle.

Volteo a ver a Santana, esperando que diga algo, pero sólo se encoje de hombros y sonríe. Luego me giro a ver a Barbra, que tiene el rostro tan rojo como yo, se ríe y está incómoda, quizás avergonzada.

-Basta; mejor hablemos de cuando Santana era prostituta en el Nueva York-.

Ella se echa a reír, una carcajada limpia y divertida. Las demás la miran sorprendidas y con los ojos como platos.

-Santana nunca fue prostituta en ningún lado…- Entonces Susan duda de sus palabras y la ve –Que yo sepa-.
-Probablemente en su vida pasada- Me río, distrayéndolas de la situación Barbra-Quinn.
-Es probable- Apoya mi compañera.

Seguimos con las conversaciones sin sentido, riendo de esto y aquello. Aunque estamos cansadas, estamos pasando un momento magnífico y no quiero que se acabe.

Siento la cabeza de Rachel/Barbra en mi hombro, que ríe y ríe hasta que se pone roja y luego se cubre la boca con la servilleta.

-Me duelen las mejillas, ni puedo más- Escucho que les dice y entonces tiene una segunda oleada de risa.

No puedo estar más agradecida por esto, por tenerla a mi lado, por el hecho de que mis amigas la quieren conmigo, y porque ella ha hecho clic con ellas. No pido más, en este momento no me cabe la felicidad en el cuerpo, podría regalarle un poco de ella a cualquiera, a mí me sobra, tenga, es gratis.

Me ofrezco a limpiar los platos pero Danielle no me deja, ha dicho que somos las invitadas y las invitadas jamás mueven un dedo.

-Me quedaré dos meses contigo como invitada para no hacer absolutamente nada- Le digo en broma.
-Tampoco quieras abusar, Quinn. A partir del mes se cobra renta- Me río y meneo la cabeza, luego suspiro en modo satisfecho y en seguida bostezo.

Comí tanto que sólo es cuestión de unos minutos para que me dé un sueño de los mil demonios. Se llama 'marea alcalina' por si no lo sabían.

Descansamos un poco, Clementine nos sirve en unas copas algo que su amigo italiano le ha preparado, un licor que se toma después de comer, nos ha dado a escoger entre sabor canela, menta, hierbabuena y mango. No estoy segura de cuál elegir, así que me decido por el de canela y Barbra pide de mango.

-¿Quieres probar?-. La escucho decirme; está sentada a mi izquierda y me recargo en el respaldo del sillón para tomar su copita y darle un sorbo pequeño.

Me es agradable, pero demasiado dulce para mi gusto. Me limpio lo restante del labio con la punta de mi lengua y la veo cómo observa mi movimiento y entonces traga saliva, me sonrío.

-¿Quieres probar éste?- Asiente y lo toma.
-¿De qué es?- Pregunta antes de darle el sorbo.
-Canela- Hace una mueca, a sabiendas de que la canela es fuerte de por sí.

Dejamos atrás The evpatoria report y Danielle nos pone una lista de reproducción que, según, usa cuando se pone a leer. Es música en francés, toda, y nos dice que la ha nombrado sous une pluie. Que en nuestro idioma significa: bajo la lluvia.

La escucho y no me remite a un día lluvioso, pero no la cuestiono en absoluto, porque de todas formas la música me entretiene mucho. Reconozco una canción La Petite Mort de Coeur de Pirate.

-Tengo antojo de una muerte pequeña- Dice Clementine con la mirada perdida. Le sonrío y Danielle ríe.
-Con lo que llevas, quién no tendría antojo de una-.
-¿Qué es una muerte pequeña?- Pregunta Susan.
-Un orgasmo- Le contesto –Cuando tienes un orgasmo tu corazón se detiene por unos segundos, por eso le llaman 'la petite mort'-.
-Ojalá pronto me muriera por unos segundos- Dice Clementine, otra vez. Así que me atrevo a preguntarle:
-¿Cuánto llevas sin… tú sabes?-.
-¿Coger?- Me río.
-Sí, coger-.
-Si te digo no te burlas de mí-.
-Quizás pueda sentir lástima, pero ¿reírme? No-.
-Es mejor que te burles… llevo un año-. Me quedo con los ojos abiertos.
-Pero eres hermosa, cómo es posible que alguien como tú esté a punto de ser virgen de nuevo-.
-Soy demisexual-.

Todas nos quedamos en blanco, ninguna atina a lo que demisexual significa.

-Es decir que la señorita…- Comienza a decir Danielle –No tiene sexo con alguien o no siente atracción sexual, a menos que conozca a la persona y haya construido un lazo sentimental con ella o él, o lo que sea-.
-Entonces no coges-. Le digo.
-Pues… no, no realmente, debe de haber algo muy especial con alguien para que pueda sentir que me quiero acostar con esa persona y hace un año que no siento eso con nadie, así que…-.
-No te preocupes- Comienza a decir Santana –Si Quinn no se ha portado mal en esta última semana, ten por seguro que… lleva casi dos años-.

Danielle y yo nos volteamos a ver, acordándonos de que hace aproximadamente dos años, nos acostamos, y agachamos la mirada, sonrojándonos en seguido y yo esperando que Santana se calle. Le echo una mirada molesta, pero ella sólo ríe.

-Era demasiado bello para ser verdad, Santana defendiéndome en la mesa. Era cuestión del momento correcto para que fueras tú quien me hiciera el bullying-.
-Nuestra relación está basada en eso, y con cada broma y sarcasmo, la amistad que tenemos se hace más y más fuerte-.
-Ajá, lo que digas-.

Volteo a ver a Barbra que me sonríe y me soba la espalda.

-Bien, digan cuánto llevan sin sexo- Lo hace para exponer a las demás y apoyarme.

Danielle hace cuentas con los dedos de la mano.

-Cinco semanas- Clementine voltea a verla.
-¿Con ella? ¡Ew Danielle!-.
-Tenía lindos labios-.
-No diré más, ew-. Se ríe y niega con la cabeza, intentando quitarse esa imagen de la cabeza.
-¿En serio nos van a preguntar a nosotras?- Dice San. Sí, es absurdo preguntarle a ella –Un día-.
-Medio día- Corrige Susan. Estamos divertidas, y sería más divertido si hubiera más gente y hubiera más alcohol de por medio.

Entonces voltean a ver a Barbra y por ende a mí.

-Dos días- Todas hacen fiesta y Santana me avienta un cojín en la cara.
-Picaronas-.

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Subimos hasta su habitación, pasa la tarjeta y la luz se queda en rojo. Lo hace de nuevo y la puerta no cede.

En el trayecto de casa de Danielle al hotel ha estado callada, como metida en su cabeza y varias veces le dije algo que no escuchó o me contestó con un 'sí' o un 'está bien' cuando la cuestión en sí, no ameritaba esa respuesta.

La noto diferente, no sabría decir bien qué es lo que está, pero algo le pasa. En un santiamén su humor pasó de contento a sombrío.

Pasa la tarjeta por tercera vez y vuelve a fallar, dejo su maleta sobre la alfombra del pasillo y le quito el plástico suavemente, ella no se atreve a mirarme a la cara y yo no puedo quitarle los ojos de encima.

-Permíteme- Le digo, se hace a un lado y meto con tranquilidad la tarjeta que en seguida me da luz verde para abrir la puerta.

Cuando entro el olor me trae recuerdos de la noche que pasé aquí, besándola, acariciándola, que nos quitamos la ropa mojada y pasamos la noche juntas.

Acerco su maleta a la cama y me quedo parada mientras ella deja otras cosas sobre la misma y se abre el pequeño refrigerador para sacar una botella de agua.

-¿Barbra, qué pasa?-.

Se acerca a mí y me abraza.

-Gracias- Me dice, paso mis brazos por su cintura y la abrazo fuerte.

-¿De nada?- Estoy confundida, gracias de qué.
-Este viaje comenzó como una terapia y terminó maravilloso gracias a ti, tuve tiempo de deshacerme de las cosas que arrastraba y de divertirme contigo y tus amigas. Creí que lo pasaría sola y me topé con una mujer increíble- Me quedo sin palabras.
-Creo que todo se acomodó para que nos encontráramos; yo no puedo estar más contenta de haberte conocido-.
-Suena a despedida- Le sonrío cuando escucho la tristeza en su voz.
-Pero no lo es- Se separa de mí y me mira -¿Por eso estás tan rara?- Asiente, agachando la mirada –¿Piensas que esto se va a quedar en una aventura de viaje y ya? ¿Incluso si ya tienes mi celular y mi dirección en Manhattan?- Vuelve a asentir.
-Todo puede pasar y… quizás no volvamos a vernos- La abrazo de nuevo y ella se deja.
-Creo que no he sido lo suficientemente clara-.
-¿En qué?- Siento su aliento cálido sobre mi clavícula.
-En que para mí esto no es una aventura de viaje- No sé si lo imagino pero creo que se relaja entre mis brazos y se pega más a mí.

Hay silencio, y no sé qué más agregar, quiero decir mucho, muchísimo y comprarme un boleto a Londres para viajar con ella, yo tampoco quiero separarme. Dejarla y esperar a que podamos vernos de nuevo, ya he esperado demasiado, pero son las circunstancias que nos tocan y tengo que acostumbrarme, hacerme a la idea de pasar otra temporada lejos de ella.

Estoy tranquila porque la he encontrado y sé lo que pasará, pero también me ensombrece el hecho de no poder regresar a casa con ella, llevarla conmigo o irme con ella, cualquiera de las dos cosas.

Sé que ella tiene cosas por arreglar, por cerrar definitivamente. Agradezco tantísimo que Marley le hubiera sido infiel.

Sé que el corazón de Barbra está sanando, lo sé por la forma como se aferra a mí, la forma como ha buscado mi contacto en estos días, lo sé por la forma como me mira.

-Quisiera poder ir contigo- Lo susurro.
-Pero aún te quedan días aquí y hay tanto por ver; ve al Theatre du Vieux- Colombier; vas a amarlo y hay una fotografía de esa mujer que tanto te gusta, Rachel- Esto es tan irreal, tan mágico, tan abrumador. Que en ese mismo instante me dan ganas de nuevo de contárselo todo.

De que ésa mujer es ella, de que está siguiendo los mismos pasos de entonces, que se está reconociendo como artista y que el talento le viene desde entonces.

Trago saliva para no llorar, aunque no sé bien por qué habría de llorar. Ah sí, repito, estoy abrumada.

-Iré, iré y te contaré lo que me ha parecido el teatro- Lo recuerdo como estaba entonces, mas ignoro si lo han remodelado. Quién sabe si se vea igual.
-De verdad que no quiero que te vayas- La siento abrazarme aún más fuerte.
-Me puedo quedar si quieres-.

Me da un pico en los labios.

-Mañana me recogen a las siete de la mañana y estoy cansada, pero ¿Podrías quedarte un par de horas?- Asiento. Supongo que dos horas nos harán bien para no quedarnos con la sensación de vacío cuando cruce la puerta de su habitación o del hotel y me marche.

Me lleva con ella a la cama y se acuesta sobre mi pecho. Pasamos por lo menos cinco minutos en silencio.

-Conocí a Marley cuando me mudé a Londres, nos gustamos en seguida – No sé por qué me cuenta esto, pero la dejo y la escucho atenta –Fue conmigo como nunca nadie había sido, desde el principio; se me acercó y se presentó, me dijo que estaría conmigo en una clase, aunque es mayor que yo por un año. Me ofreció enseñarme el campus y luego me invitó un café, conversamos por horas, me gustaba mucho escucharla porque cuando habla sus mejillas se ven bonitas. Tiene el cabello castaño y los labios carnosos- Se me acelera el corazón, no sé por qué me la describe así, lo nota y levanta la cabeza para besarme el mentón, tierna y tranquilamente, vuelve su cabeza a mi pecho –Salimos por un par de meses y luego me pidió que fuera su novia, no lo dudé un segundo porque nos llevábamos bien y hablábamos de las mismas cosas, estábamos en el mismo canal. Cuando cumplimos dos años me pidió que me casara con ella y, aunque no estaba tan segura, le dije que sí. Para entonces ya teníamos discusiones más seguido y cada vez más absurdas, y sus ausencias eran más largas-.

Hace una pausa y traga saliva.

-Entonces me di cuenta que cuando decía que pasaba tiempo en su departamento, no lo pasaba sola, lo pasaba con Becca, su maestra de ballet, es… es hermosa, ya ni siquiera recuerdo bien los detalles, no recuerdo todo lo que pasó el día en el que me enteré, pero recuerdo que me dolió como nada me había dolido en la vida; llamé a Owen y le conté todo entre sollozos; por supuesto que no podía correr a verlo porque él estaba lejos, está-.

Se acurruca conmigo y levanta su mano para acariciarme la mejilla, el mentón y el cuello.

-Pasó una semana para que me buscara, pidiéndome disculpas de mil formas, un día llegaba con flores, otro con chocolates, otra vez una compañera me invitó a cenar y cuando llegué era Marley quien estaba en el restaurante; no podía perdonarla, así que rompí el compromiso y vine a este viaje; te dije que quería estar sola y autocompadecerme, también vine a meditar si merecía una segunda oportunidad, quizás el tiempo acá y la distracción me daría la respuesta. Cuando llegué me dolía todavía, y la extrañaba mucho, así que sentí que había posibilidades de perdonarla y de regresar con ella-.

Mi seguridad flaquea, siento que probablemente me diga que va a perdonarla, o que le dé tiempo o… bueno, hay variedad de posibilidades. No sé cuál será la que me dirá.

-Pero entonces sucedió, que me encontré con alguien en un teatro, en uno de los días donde me sentía más que miserable, y no sé qué me pasó que incluso, cuando digo que Marley me gustó en seguida…- Vuelve a levantar la mirada –No se compara a lo que sentí cuando te vi; no puedo explicarlo, no sé si a todos les pasa, pero tú eres diferente y, aunque llevo sólo unos días de conocerte, siento que te conozco de toda la vida…-.

Va a decir algo más, pero la callo con un beso. Nos besamos por esas dos horas que acordamos, me quedaría.

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Cuando estamos en la acera, se cuelga de mi cuello y me abraza fuerte.

-En seis meses regreso a Nueva York-.
-Te veré antes, seguro- Le digo con una sonrisa.

Me besa en los labios y luego de abrazarnos de nuevo me deja subirme al taxi cuyo conductor se impacienta cada vez más.

-Hasta pronto Rachel- Le digo sin querer y desde la ventanilla.
-Hasta pronto Quinn-.

El auto avanza y ella se queda mirándome hasta que damos vuelta a la derecha y desaparecemos de la vista de la otra.

Hasta pronto.