LAS DOS CARAS DEL SER
LIBRO I: EL PRIMER GOLPE
CAPÍTULO 37: VALOR CONTRA DESESPERANZA
Fue cuestión de una fracción de segundo para que cientos de impactos a una velocidad igual a la luz derriben a varios de los soldados imperiales haciéndolos caer al suelo, matándolos allí mismo. Cuando otros más intentaron atacar directamente a los Santos de Atena y a Paul, eran las Sailors y los de Nerima quienes se lanzaban sobre ellos.
-¡Truco de las Castañas Calientes!-anunció Ranma, moviendo rápidamente sus puños sobre un cinco soldados imperiales que recibieron de lleno aquello.
-¡Rugido de León!-exclamó Ryoga, desatando en ese instante su ira en aquella descarga de energía y derribando con violencia a varios caronianos, mientras que de pronto Mouse, Cologne, Ukyo y Shampoo se lanzaban con fuerza contra los militares de negro, cargando una y otra vez sobre ellos.
En eso aparecieron tres enormes colosos de cincuenta metros y de color gris, exceptuando una espiral roja que era el símbolo del imperio de Caronia, la cual todos reconocieron. Eran los androides caronianos que empezaron a descargar sus rayos fotónicos sobre todo el grupo, cuando fueron protegidos muy a tiempo por el aura de Paul y la magia de Sakura.
-¡Escudo!-exclamó la Card Master, liberando el poder de su Card como una especie de burbujas de energía individuales.
-¡Crystal Bubble!-fueron las palabras del Guardián de Bronce a la vez que proyectaba su poder como una especie de enorme campo de fuerza alrededor de todos.
Luego de acabado el ataque de aquellos colosos metálicos, el hombre de ojos azul-grises levitó unos metros en el interior del lugar antes de hablar.
-¡¿Buscan matar a alguien?! ¡Empiecen conmigo, lacras!
-¡Terrestre hijo de perra! ¡Haremos que pagues por los camaradas que mataste!-anunció uno de los pilotos de los androides, descargando su artillería fotónica y lanzándose sobre el Guardián de Bronce que evadía con relativa facilidad sus ataques.
De pronto se escucharon unas explosiones internas en el androide que atacaba a Paul y el campo de fuerza que protegía al mismo se desvaneció. Para horror del piloto, los controles se movían por sí mismos y disparaba una y otra vez contra los otros androides, así como contra los dos escuadrones de Land Chasers y un grupo de tanques caronianos que se acercaban al lugar.
-¿Qué demonios te pasa, estúpido? ¿Por qué carajo nos atacas?-reclamaba uno de los pilotos afectados.
-Es lo que no entiendo… a menos… .-respondía el piloto, reparando con horror que Paul usaba su telequinesis para controlar el enorme androide y hacer que los motores del mismo se sobrecarguen y las turbinas aceleren a su máxima capacidad.-¡NNNOOOOOO!
Un segundo después, los tres androides quedaron hechos pedazos en una atronadora explosión que remeció todo el lugar. Pero aquél hecho estaba lejos de finalizar la lucha, ya que se escuchó el sonido de al menos doce Land Chasers yendo a toda velocidad y apuntando sus armas contra el Guardián, pero cuando iban a atacar notaron como una cadena surcaba los aires hacia ellos.
-¡Onda Relámpago!-anunció Shun, haciendo que su cadena vaya a gran velocidad y destroce las Land Chasers que se acercaban al lugar haciéndolas estallar en el aire y volverlas bolas de fuego y metal retorcido.
-¡Abran fuego!-anunció una voz que provenía de uno de los enormes tanques caronianos que seguían viniendo en dirección al heterodoxo grupo que llegó a la base caroniana.
Fue entonces que aquellos vehículos blindados empezaron a disparar contra la "pandilla" de Nerima y las Sailors que cayeron abatidos por el impacto de las explosiones, que mataban en el proceso a varios de los soldados imperiales que ya habían sido derrotados previamente. Y al mismo tiempo, varias Land Chasers disparaban ráfagas de láser desde sus cañones laterales y aquél gran cañón Gatling equipado al centro de aquellas motocicletas voladoras.
-¡Yo me ocupo de las Land Chasers!-exclamó el joven Tapia.
Esto, a la vez que elevaba enormemente su aura y sujetara uno de aquellos vehículos con piloto y todo para arrojarlo contra otra Land Chaser, haciendo que ambas se destruyan debido a aquella colisión. Luego de aquello, el Guardián disparaba una y otra vez esferas de aura buscando destruir por completo a los escuadrones imperiales que venían a gran velocidad.
-¡Sobre los tanques!-exclamó Shiryu.
Apenas escucharon ése grito, los Santos de Bronce corrieron a gran velocidad, escalando sobre los restos de los tres enormes androides caronianos. Ardiendo sus cosmoenergías, evitando los cañonazos de aquellos vehículos acorazados y desatando los terribles golpes que hacían retumbar la tierra y las feroces patadas que desgarraban los cielos.
La Cadena Nebular de Shun iba a altísima velocidad, atravesando los campos de fuerza que protegían a algunos de ésos tanques. Y a la vez, el Polvo de Diamante de Hyoga destrozaba la parte inferior de los mismos. Mientras que el Meteoro de Pegaso de Seiya y el Dragón Ascendente de Shiryu terminaban de destruir la totalidad de la estructura de dichos vehículos.
Al mismo tiempo, nuevas tropas caronianas aparecían cargando a toda velocidad sobre la "pandilla" de Nerima, los hechiceros de Tomoeda y las Inner Scouts precisamente en el momento que estaban poniéndose de pie con algún esfuerzo tras salir vivos de las explosiones fruto del bombardeo de los tanques caronianos. Llegaban allí, enfundados en sus trajes de negro y con la espiral descendente roja destacando, disparando sus rifles-láser y cuando estaban cerca de ellos, buscando golpearlos con ellos a punta de culatazos.
-¡Cuidado!-exclamó la joven Tsukino, interponiéndose en la trayectoria de uno de aquellas ráfagas de láser que hubiera atravesado la cabeza de Akane Tendo.
Sailor Moon había caído derribada al suelo con una herida en el hombro derecho y ahora estaba a merced de uno de los soldados caronianos, el cual con sólo apretar un simple botón hizo que de su rifle-láser salga una especie de bayoneta que parecía emitir una pequeña chispa eléctrica en la punta de la misma.
-Ahora te mueres, maldita perra.-dijo el imperial, pero de pronto recibió una estocada en el tórax que lo redujo rápidamente.
-¿Estás bien?-inquirió Shaoran, una vez que extrajo su arma de su enemigo.
-Si… gra… .-Serena iba a decir algo, pero en eso vio como más tropas imperiales se abalanzaban sobre ellos.
-¡Hojas de Roble de Júpiter!-anunció Lita.
Un instante después, aquél grupo de soldados había caído abatido por aquella serie de impactos de energía de color verde generados por la Sailor de atuendo verde que luego se lanzaba sobre ellos y alejaba el peligro de Serena y Shaoran. Pero de nueva cuenta venía el disparo de uno de los tanques sobre ambos, aunque notarían como aquél disparo se regresaría contra el mismo tanque.
-¡Reversión Maestra!-anunció Eriol, haciendo que el mismo disparo del tanque se regrese y haga pedazos al enorme blindado junto con toda la tripulación que estaba dentro, para luego ser secundado por Venus, Mercury y Mars.
-¡Cadena de Belleza y Amor de Venus!-habló Mina, al tiempo que cientos de centellas mágicas doradas la rodeaban y surcaban el aire como una especie de cadena hecha de luz.
-¡Fulgor Acuático de Mercurio!-exclamó Ami, a la vez que gran cantidad de gotas de agua se convertían en una poderosa columna compuesta por aquél líquido vital.
-¡Saeta Llameante de Marte!-dijo Rei, disparando una ráfaga de fuego como si fuera una flecha arrojada desde un arco.
El ataque combinado de las tres Sailors hizo estragos en treinta soldados que intentaban atacar a Eriol, mandándolos a volar varios metros hacia atrás. Tras lo cual, las tres junto con Lita, Serena y Shaoran formaron una especie de semicírculo que derribaba a los caronianos que intentaban acercarse.
Curiosamente el cuerpo de uno de aquellos caronianos impactó contra una consola electrónica de la cual se dispararon chorros de agua a inmensa presión que bañaron a la "pandilla" de Nerima, convirtiendo a Ranma en una chica, a Ryoga, Mouse y Shampoo en un cerdito, un pato y una gata, respectivamente.
-¡Ahora morirán, fenómenos!-exclamó un militar caroniano, cargando con la bayoneta con chispa eléctrica de su rifle-láser, buscando con aquél chorro de agua electrocutarlos a todos.
-¡Eso nunca!-una feroz patada de Akane hizo que aquello no sucediera, haciendo que el imperial retroceda.
Y antes que ése soldado pudiera reaccionar varias masas de okonomiyaki le cayeron encima al caroniano que luego explotaron y lo dejaron tirado en el suelo.
-¡Fuego!-anunció Sakura, haciendo que la Card dispare una gran llama que hizo calentar intensamente el agua a presión que estaba ahogando a Ryoga, Shampoo, Mouse y Ranma, volviéndolos a la normalidad. Luego de eso, un puñetazo de Akane destrozó aquella consola electrónica haciendo que el agua cese de salir.
Pero antes que todos ellos y las Sailors pudieran recuperar el aliento, vieron como aparecían otros tres androides imperiales. Disparando su artillería fotónica, de modo tal que aquello era casi infernal. Las explosiones hubieran hecho que las Sailors, los hechiceros de Tomoeda y la "pandilla" de Nerima fueran heridos de gravedad, de no ser porque la cadena de Andrómeda pudo sujetarlos, evitando que chocaran contra las paredes metálicas del lugar.
-Ahora es nuestro turno… ¡Meteoro de Pegaso!-anunció Seiya, descargando de lleno su ataque contra uno de los androides.
-¡Tiempo de que paguen, malditos! ¡Dragón Naciente!-secundó Shiryu.
-Por la salvación de éste mundo… ¡Ataque Relámpago de Aurora!-exclamó Hyoga.
Los ataques de los tres Santos de Bronce fueron directamente contra cada uno de los androides caronianos. Si bien por un momento los campos de energía parecían resistir los impactos lanzados por aquellos jovencitos, dichos escudos energéticos cedieron y pese al poderoso blindaje de esas enormes máquinas, acabaron siendo derribadas y en el interior de cada una de ellas había explosiones internas.
-Reciban esto… ¡Cadena Nebular!-dijo Shun, haciendo que sea su cadena la que acabe atravesando de lado a lado las extremidades de aquellos tres androides de batalla.
-¡Bólido Destructor!-exclamó Paul, antes de hacer un aura azulada lo rodee por completo y se lance contra aquellas gigantescas máquinas, terminando de destruirlas.
Pese a todo ello, los caronianos arremetían con más fuerza y llegaban en mayores cantidades. La lluvia de disparos láser y las granadas de uranio lanzadas por los soldados imperiales, y las ráfagas disparadas desde los tanques y las Land Chasers que seguían allí se incrementaba más y más. A duras penas podían evadir ése diluvio de haces láser y bombas las cuales eran evitadas o mandadas de vuelta contra aquél ejército. Lo peor fue cuando Lita pudo divisar a lo lejos como se acercaban más y más fuerzas imperiales.
-Deben apurarse… nosotros nos encargaremos de esto.-indicó Sailor Mars a los Santos de Atena y a Paul.
-Pero… .-decía Shun cuando Lita lo interrumpió.
-Dijeron que aunque sea uno de nosotros debía poder llegar adelante… ustedes tienen más posibilidad de hacer esto que todos nosotros… ¡Hojas de Roble de Júpiter!-anunció Lita, derribando a otros soldados caronianos que aparecían cerca de ella.
-¡Rápido! ¡Podremos con todos ellos! ¡No se preocupen!-secundó Mouse, mientras sacaba varias cadenas de sus ropas que derribaban a los imperiales.
-Si es así… entonces… ¡les haremos más fácil ésta carga! ¡Disminuiremos lo más posible sus números!-ordenó Paul, elevando nuevamente su aura.
-¡Avancemos lo más posible todos juntos!-indicó Seiya.
Al unísono, ambos bandos corrieron el uno contra el otro con enorme ímpetu.
-¡Sobre ellos… debemos impedir que sigan adelante!-dijo un capitán caroniano, antes de disparar varias ráfagas de láser desde su Land Chaser.
Mucho más lejos, Huranuk observaba como se desarrollaban aquellas acciones en diversas proyecciones tridimensionales en tiempo real que semejaban una especie de tablero de algún juego de mesa de estrategia. En dicho artilugio tecnológico, se marcaba las diez y cincuenta y cinco de la noche como hora exacta.
Estaba seguro de que la conquista de aquél mundo estaba al alcance de su mano, a pesar de lo que ése grupo de muchachitos apoyados por ése Guardián de Bronce pudieran hacer. Y que nada de lo que ninguna de las fuerzas armadas de los diversos países de ése mundo hicieran sería suficiente.
Eso no significaba que él no hiciera uso de los recursos que dispusiera en aquél momento para eliminar a todos ésos enemigos que aún intentaban resistirse a la voluntad caroniana. Con un leve movimiento de su mano derecha, apareció otra proyección más.
-Ikusant.-murmuró Huranuk.
-¿Qué es lo que sucede ahora, Huranuk? ¿No eres capaz de detener a ése grupo de niños?-repuso el gobernador de la colonia caroniana que imperaba sobre el Digimundo.-Recibo constantemente el flujo de información terrestre, y ahora mismo el Palacio Imperial está casi a un paso de ser ocupado.
-¿Te refieres a los mismos niños a los que fortaleciste al no ser capaz de hacer lo necesario con ésas bestias? No entiendo cómo recuperaron sus emblemas.
-Yo tampoco lo entiendo. Se hizo lo necesario al eliminar a ésas Bestias Sagradas, tal como el plan requería. Destruir a las Bestias Sagradas, arrasar con el escudo protector del Digimundo y eliminar la resistencia que quede. ¡Cumplí, Huranuk! ¡Tú no mataste a los digi-destinados!
-¡Fuiste tú quien no hizo lo necesario, Ikusant! ¡Tardaste en eliminar a Genai! ¡Él consiguió ésos emblemas y se los dio a los mocosos que están aquí! ¡Y si no quieres que Su Ilustrísima reciba un informe sobre tu incompetencia harás lo que diga!-amenazó el comandante caroniano.
Hubo unos segundos de silencio insoportables. Finalmente, Ikusant sonrió.
-En cuanto a los digi-destinados las cosas son claras. Mi error fue no eliminar a Genai rápidamente. El tuyo fue no eliminar a ésos niños. ¿Una mano lava la otra?
-Una mano lava la otra.-sentenció Huranuk, antes de hacer una secuencia mecánica con su mano derecha en su teclado holográfico.-Éstas son las coordenadas.
Era ya las once de la noche con quince minutos, y en la calle Uchibori-Dori, colindante con el Palacio Imperial, varios de los tanques apostados habían sido destruidos. Pese a la llegada de algunos helicópteros Bell AH-1 Cobra y cazas Mitsubishi F-2, eran los digimons los que llevaban la ventaja.
-General Suzuka… pese a los refuerzos que envió hacia nuestra posición no podemos hacer nada… aghhh.-en ese instante, el oficial que mantenía comunicación con el general salió disparado contra el suelo debido a la explosión de varios tanques que recibieron de lleno el Aliento de Lobo Metálico de MetalGarurumon y ahora estaban cubiertos por capas de escarcha.
Suzuka recibió la noticia con desagrado. Condenados niños estúpidos, ¿qué sentido tenía pelear de esa forma?, pensaba.
-¿Puede escucharme aún, capitán?-respondía el general japonés.
-Si… .-sin embargo, la voz del interlocutor de Suzuka se mostraba cansada.
-No puedo mandar más refuerzos por ahora… en este momento acaban de informarme que Hokkaido y las islas Okinawa están empezando a ser ocupadas por las fuerzas aliadas, y muy posiblemente sigan las otras ciudades en cuestión de tiempo.-declaró Suzuka.-Debe pelear hasta la muerte, capitán… sea como sea… pero debe hacerlo si es que tiene algo de honor.
-Señor… necesitamos ayuda… estos condenados monstruos son más fuertes de lo que creíamos.
A lo lejos se escuchaban las voces de dos de aquellos monstruos digitales.
-¡Puerta del Destino!-anunciaba MagnaAngemon.
-¡Flecha Celestial!-secundaba Angewomon.
Confirmando lo que el capitán decía, ambos ataques le daban de lleno a un grupo de comandos japoneses que intentaron desplazarse con sumo cuidado para matar a los digi-destinados. Pese a que respondieron descargando ráfagas de metralla sobre ambos digimons, el caso fue que varios de ellos fueron mandados a una especie de extraño portal con runas y los que no murieron recibiendo la flecha de Angewomon.
-Sigan atacando… debemos ganar.-animaba Kari.
Pero para desgracia de los digi-destinados, aparecían ante ellos tres torbellinos de color púrpura. Uno en la estación de bus Miyakezaka, otro desde la calle Aoyama-dori, y el tercero desde las profundidades de la fosa Sakurada (1). Aunque no lo sabían, era la primera vez que los digi-destinados y sus digimons tenían frente a ellos los portales de ondas zer, que permiten el viaje interdimensional. Y entenderían el peligro cuando distinguieron a las figuras que aparecían de ellos.
De la estación de bus, salían cientos de soldados imperiales y decenas de Land Chasers junto con criaturas similares a tiranosaurios rex de color negro con brazos bastante grandes así como seres parecidos a un triceratops con un único cuerno similar al de un rinoceronte.
-DarkTyrannomon y Monochromon.-musitó para sí misma Sora.
En la calle Aoyama-dori emergían diversos tanques y androides de batalla caronianos. Y junto con ellos llegaban volando criaturas similares a escarabajos gigantescos de color rojo y bestias con alas raídas, cuerpos negros y que tenían cuatro ojos carmesí y grandes garras rojas en lugar de dedos en sus manos.
-Devidramon y Kuwagamon.-repuso Izzy.
Y desde la fosa Sakurada, como si fueran bestias salidas de las profundidades del mar emergían seres similares a serpientes marinas de color aguamarina. Algunas de ellas tenían una especie de coraza amarilla en sus cabezas, mientras que otras emprendían el vuelo con enormes alas rojas que estaban raídas, con plumas rojas y amarillas en la punta de sus colas, emitiendo horribles alaridos desde sus cabezas cubiertas con una coraza blanca y plumas que le daban un aspecto más similar al de un dragón.
-Seadramon y Airdramon.-repuso Joe, mirando en dirección hacia la fosa.
El mayor de todos los digi-destinados entonces observó cómo se acercaban en una feroz estampida cuatro Monochromon buscando aplastar todo a su paso con el poder de sus cuernos. Miró por un instante a su compañero digimon, directo a los ojos de su compañero digimon cuya figura rememoraba la de una especie de morsa con un cuerno con la forma de un arpón y un caparazón que cubría su espalda. La bestia entendió lo que Joe quiso decirle con aquella mirada y sujetó con fuerza aquél enorme martillo que tenía.
-¿Listo, Zudomon?-inquirió el digi-destinado de la sinceridad, antes de acomodar sus lentes.
-Listo.-anunció el digimon de nivel perfeccionado.
Antes que cualquiera de los demás digi-destinados pudiera reaccionar, Zudomon corrió a gran velocidad hacia ellos, y adelantándose al Ataque de Cuerno de los cuatro digimons, golpeó a tres de ellos con aquél terrible martillo hecho de Chrome Digizoid (2), sujetando al cuarto del cuerno para emplearlo como escudo contra los zarpazos de dos Devidramon. Cuando ellos iban a ejecutar nuevamente sus Garras Carmesí, una poderosa ráfaga de electricidad los quemó por todas partes antes de desintegrarlos.
-¡Sigue así, MegaKabuterimon!-animó Izzy.
-¡Nosotros cuatro los cubriremos!-exclamó el enorme escarabajo de color rojo.-¡Vayan a ayudar a las Outer Scouts y a los Santos de Bronce!
-Pero… .-decía Davis.
-Si llegaron refuerzos tan pronto aquí entonces no sabemos qué clase de riesgos puede haber más adelante. ¡Los necesitarán a ustedes allá más que aquí! ¡Rápido!-exclamó Joe.
Fue entonces que corrieron tanto digimons como digi-destinados fueron hacia la puerta Sakurada (3), la más directa hacia el Palacio Imperial. Les fue inevitable derramar lágrimas, mientras escuchaban aquella cacofonía compuesta por los ataques de diversos digimons y de las fuerzas caronianas que estaban allí.
Entonces tres chorros de fuego fueron disparados a quemarropa contra ambos digimons por parte de un grupo de DarkTyranomon luego de que a la vez gritaran: ¡Explosión de Fuego! Pese a ello, Zudomon y MegaKabuterimon avanzaron resistiendo aquellas llamaradas y derribando a ésos digimons.
-¡Martillo de Thor!-exclamó Zudomon, haciendo que con un golpe de su martillo se levante el asfalto y el concreto de la calle Uchibori-dori, y haciendo que grandes rocas golpeen hasta rematar a ésos tres DarkTyranomon.
-¡Tornado de Dios!-anunciaron seis Airdramon, antes de arrojar tornados de fuego desde su boca, buscando matar a Izzy y Joe.
-¡Electro Shocker!-respondió MegaKabuterimon, formando una enorme descarga eléctrica desde su cuerno, para luego proyectarla hacia aquellos digimons, eliminándolos en el proceso.
De pronto desde la fosa Sakurada, cinco Seadramon iban a arrojar cientos de fragmentos de hielo de su boca cuando el digimon de Joe notó aquello.
-¡Martillo Boomerang!-reaccionó Zudomon, arrojando contra ellos aquella enorme arma que liquidó la vida de aquellas criaturas, desintegrándolas.
Tras aquello, cuatro Kuwagamon caían en picada desde los cielos, buscando cortar en mil pedazos a aquellos dos digimons con sus tenazas. Sin embargo, otra vez la reacción de Zudomon se hizo notar.
-¡Martillo Vulcán!
Fue cosa de un segundo luego de que el martillo de Zudomon golpeara el suelo para que generara un impacto cuya forma era similar a la de una flecha de luz que pulverizó a dichas bestias. Sin embargo, un grupo de soldados caronianos que activaban las turbinas de sus botas y empezaron a disparar ráfagas de láser que hirieron a ambos digimons que respondieron a aquellos ataques con fiereza.
En eso, una granada de uranio fue arrojada. Todo para Izzy a partir de allí transcurrió como si fuera en cámara lenta. Antes que él pudiera reaccionar, Joe lo empujaba tirándolo al suelo, y recibiendo en el proceso el impacto de una esquirla justo a la altura del muslo derecho.
-¡JOE!-gritó un horrorizado Izzy.
-Nosotros los cubriremos…¡retrocedan!-exclamó el muchacho de cabello azulado.
-Es muy pelig… .-Izzy trató de persuadir a Joe y su digimon.
-Izzy… no nos engañemos… fue en la femoral (4).
El jovencito pelirrojo asintió, sabiendo lo que significaba aquello.
-¿Recuerdas el campamento en que yo debía cuidarlos? Al final fue Tai quien tuvo que asumir ésa responsabilidad… .
-Si… si lo recuerdo.-musitó Izzy con debilidad.
-Pues es lo justo que ahora haga esto como mínimo. Debes vivir, Izzy… vivir para ayudar a llegar a nuestro Digimundo. Tú lo has estudiado mejor que nadie y podrás ayudar con eso mejor que yo.
-¡No digas ésas cosas!-gritó un Izzy lloroso.
-Además, algo como esto podía suceder ahora… todos nosotros conocíamos los riesgos… ayuda a salvar nuestro mundo y el Digimundo. ¡Adelante, Zudomon!
Zudomon y MegaKabuterimon se miraron el uno al otro, diciéndose adiós entre murmullos y llantos. Fue entonces que el digimon con forma de insecto sujetó a Izzy y salió volando de allí. Luego de ello, Zudomon vio como se acercaban las fuerzas caronianas de los tres portales de ondas zer, convergiendo en un mismo punto.
El digimon corrió en una carga desesperada golpeando con su martillo todo enemigo que estuviera al frente, ignorando el dolor que le producían aquél diluvio de haces láser de sus enemigos.
-¡Martillo Vulcán!-anunció el digimon, matando a varios soldados imperiales.
Pero finalmente aquél fuego nutrido hizo su trabajo sobre el digimon y sobre el jovencito de lentes. Lo único de aquél muchacho que se salvó de milagro, fue su celular, que marcaba las once de la noche con veinticuatro minutos en el instante en que Izzy Izumi, con el rostro lloroso, emitía un grito desgarrador.
-¡Zudomon… Joe… NOOOOOOO!
Desde el momento en que las Outer Scouts, las bestias guardianas de Sakura y Eriol, y aquellos Santos de Bronce cruzaron la Puerta Sakurada, sabían que no había marcha atrás. Lejos quedaban los cadáveres de algunos soldados japoneses tendidos en el piso que intentaron detenerlos.
Les era horrible el mancharse las manos así, sabiendo que aquellos hombres no entendían la gravedad de haber obedecido las órdenes de Takera. Pero sabían que era fundamental detener a aquél tirano, y que cuando ésos militares cumplieron lo que ordenó ese hombre no habría marcha atrás. Ellos dispararon buscando matarlos, y respondieron.
Sabían bien que en una guerra siempre habría muertes. Fue cuando de pronto, el Santo de Lobo lo notó mientras iban a cruzar la estructura de piedra del puente Nijubashi (5).
-No… no puede ser… .-Nachi en ese momento pude percibir aquello.
-¿Qué es lo que ocurre?-preguntó Saturn rogando porque no pasara lo peor.
-Uno de los digi-destinados… y un digimon… sentí que la energía de ambos se desvanecía… .-Ban bajó la mirada temiéndose lo peor.
-Así es… uno de ellos ha muerto, y pronto ustedes seguirán.
Debido al apagón, los postes de electricidad decorados de aquél puente estaban a oscuras y la figura que pronunció aquella amenaza era difícil de reconocer. Se hizo necesario un poco de esfuerzo para reconocer a aquél hombre de estatura bajita y complexión atlética, que tenía cabello corto de tono verde y tez clara.
Fue apenas tras unos segundos que Jabu reconoció aquella armadura que vestía ése jovencito, donde primaba el color amarillo y se destacaban un par de orejas similares a las de un zorro. También lo supo por la voz del sujeto que dijo aquellas palabras, totalmente carente de emoción alguna al igual que sus ojos verdosos.
-Da… Daichi.-habló el Santo de Unicornio apenas vio al Santo de Acero del Escudo Terrestre, investido en su armadura.
De un repentino salto aparecían a ambos costados del primero, dos personas más. Ambos eran de tez bronceada, estatura mediana y complexión atlética. Pero el que estaba a la izquierda tenía una armadura roja con motivos que recordaban a un ave y su cabello era azulado, y el de la derecha tenía una armadura azul y además que su cabello tenía tonalidades rojizas, su rostro tenía una cicatriz en la mejilla derecha.
-Sho… Ushio.-murmuró Ichi de Hidra, reconociendo a aquellas personas que asumían una postura agresiva hacia ellos.
Era ya las once y veintiocho de la noche, en la base caroniana la situación se había tornado crítica para las tropas imperiales. Aquél intento de contraataque que tuvieron había sido superado por todos los atacantes a la base. Ése intento desesperado que tuvieron aquellos militares había sido totalmente infructuoso.
Buena parte de los soldados caronianos yacían muertos en el piso junto con formas irreconocibles de metal derretido por las llamas de lo que alguna vez fueron tanques y Land Chasers. Lo último que pudieron distinguir fueron algo parecido a haces de luz que destrozaban armaduras y ropas protectoras, que convertían en añicos los blindajes de sus vehículos, que rompían en mil pedazos sus armas, sus huesos, sus músculos y sus órganos internos.
Los militares que quedaban peleaban duramente con los de Nerima, las Inner Scouts, Sakura, Shaoran y Eriol. Eran apenas dos docenas de soldados, que aún estando malheridos intentaban oponer alguna resistencia a aquél heterodoxo grupo de héroes.
-¿Crees que lo logren?-preguntó Sakura a Shaoran quien derribaba a dos soldados imperiales a base de golpes precisos y fuertes gracias a Pelea y Poder.
-Ojalá… .-respondió el niño chino, intentando borrar de su mente el dolor al que fueron sometidos sus seres queridos en Hong Kong, antes de que ésa ciudad acabara reducida a un páramo sin vida por el bombardeo caroniano.
-Mayor razón para llegar con ellos.-dijo Ukyo, quien derribaba a tres soldados caronianos con la espátula gigante que blandía, mientras que un Rugido de León generado por Ryoga Hibiki mandaba a volar a cuatro de sus enemigos.
-¡Saeta Llameante de Marte!-anunció Rei, haciendo que seis imperiales recibieran ese impacto de lleno, sintiendo horrendas quemaduras y cayendo al piso.
Los Santos de Bronce y el Guardián habían logrado pasar las líneas de aquellas fuerzas imperiales, estando mucho más adelante del resto del grupo con el que llegaron. Paso a paso, buscaban desesperadamente acabar con aquella locura mientras se encontraban corriendo a lo largo de un pasillo. Sin embargo, en un momento llegaron al final de aquél corredor y encontraron cinco salidas. ¿A dónde?, fue la pregunta mental que compartieron ellos.
-¿Qué camino deberemos tomar?-murmuró Shun.
-Podríamos llegar a caminos sin salida. Quizá habrá trampas esperando.-comentó Hyoga congelando velozmente a un pelotón de soldados imperiales y haciendo que estallen en mil pedazos.
-Entrar aquí es asumir trampas para empezar. Propongo que cada uno de nosotros tome una vía distinta, así al menos uno de nosotros logrará hacerlo.-sugirió Shiryu.
-Entonces vamos, todos nos reuniremos al final de esto.-dijo Seiya, observando atentamente a todos sus acompañantes.
Shun, Shiryu y Hyoga asintieron sin dudar un solo segundo. Paul observó extrañado en ese momento un inmenso espíritu de camaradería entre aquellos jovencitos. Varios pensamientos inundaron su mente en ese momento, expresados en una pregunta.
-¿Es posible confiar tanto en alguien?-preguntó Paul.
-Por supuesto… por más adversidades que tengamos, nos tenemos a nosotros mismos y a los seres que apreciamos… ¿qué dices, Paul?-inquirió Seiya.
-Si… nos reuniremos al final de todo esto, lo prometo.-contestó Paul, admirando las palabras del Santo de Pegaso.
-Andando.-finalizó Shiryu.
Cada uno tomó un sendero distinto del que tomaba el otro, y así se separaron. Carlos observó todo en la proyección tridimensional proyectada en su Armor Capsule, la cual tenía la opción Comunicación y estaba conectada en ese momento a la red de vigilancia interna de la base imperial.
-Amistad… ese es el concepto más falso del mundo. Lo sabes bien Paul, y ahora te probaré que esa idea solo es la mentira más asquerosa que existe, traidor.-se dijo a sí mismo, antes de ir a un rumbo distinto a esperar a alguno de aquellos defensores de ese mundo para matarlo de una vez.
Al mismo tiempo que aquellos jóvenes se separaban, el reloj marcaba las cinco de la mañana con veintinueve minutos a bordo del submarino USS Alabama (6) en las cercanías de la base naval de Adak (7), en las Islas Aleutianas. En el corazón de los integrantes de aquella tripulación reinaba el silencio absoluto.
Nadie quería acatar ésa orden horrible que recibieron hace poco. Lanzar esos misiles Trident II D5 (8) era sentenciar a muerte a millones de japoneses. Al menos los operadores de otros misiles nucleares podrían estar tranquilos ya que sus armas estarían dirigidas contra la flota caroniana ubicada en el espacio. Pero ellos debido a la ubicación que tenían estaban obligados a emplearlas contra Japón, y a erradicar millones de vidas inocentes y vaporizar todo el archipiélago japonés con tal de detener a los caronianos.
-Que Dios nos perdone.-dijo el capitán de dicho submarino clase Ohio.
En una perfecta sincronía con todas las grandes potencias del mundo, todas aquellas armas salieron a distintas direcciones desde cada uno de sus silos. Algunas iban contra Japón, mientras que otras iban a algún punto en la órbita terrestre que estaba ubicado sobre una zona remota entre India y China. Era ya las once y treinta de la noche en Tokio, y la primera fase de los misiles disparados se separaba y caía a tierra.
Todos los delegados de la ONU estaban en ese instante observando el lanzamiento de aquellas armas nucleares, reunidos en Nueva York. El mundo entero estaba expectante de lo que iba a pasar. Era el último recurso de la raza humana contra los invasores extraterrestres que tanto caos habían causado. Y justo en ese momento Huranuk apareció en una pantalla de televisión.
-Finalmente mostraron sus verdaderos colores.-dijo el caroniano, revisando que era exactamente las once de la noche con treinta y un minutos.
-Bastardo asqueroso… por su culpa el pueblo japonés morirá… ¡asesino!-gritó Delcassé.
Huranuk guardó silencio. Aquél delegado francés estaba marcado para él y lo miró un segundo antes de hablar, mientras calculaba que ya la segunda fase de aquellas armas se separaba y dichos misiles llegaban hasta el espacio exterior.
-Pueblo de la Tierra… han visto bien como sus delegados se decidieron a la guerra contra nosotros lanzando sus armas hacia el espacio exterior sin importarles el sacrificio de millones de japoneses. Se han decidido a una guerra que nunca podrán ganar, a ellos deben culpar de esta desolación. Cuando hagamos efectivo nuestro dominio acabarán las guerras… contemplen ahora que todo intento de defensa que tengan será en vano.
Luego de pronunciado aquél discurso, era las once de la noche con treinta y dos minutos cuando la tercera fase de todos aquellos misiles se apaga y se separa, quedando éstas armas en un ángulo de veintisiete grados a ciento setenta kilómetros de altura. Tras aquello, Zertok comprendió perfectamente la señal desde el puente de mando del acorazado "Yusud".
-Imbéciles.-murmuró Zertok, antes de servirse una copa de vino y tomar un par de tragos antes de contemplar a la Tierra sin sentir preocupación aparente.-Oficiales… activen contramedidas en las naves de nuestra flota.
Aquella orden fue suficiente para que cada uno de los oficiales que estaban con él graduara a través de tableros holográficos la potencia del pulso energético que envolvería a la flota imperial y a Japón.
-Este mundo ya nos pertenece.-sentenció el comandante del acorazado "Yusud".
Unos pocos segundos después, el horror se apoderó de la humanidad mientras Huranuk se dirigía a los delegados del mundo.
-Jajajajajajaja… lo ven… no pueden ganar, ustedes prefirieron hacer esto por la mala y es así como lo tendrán.
El terror se apoderó de la humanidad en el momento preciso en que el reloj marcaba las veintiún horas con treinta y tres minutos en Tokio. En todas las pantallas de televisión, computadora y teléfonos de todo el mundo se veía el momento en que todos los misiles habían sido detenidos en seco. Atrapados en una extraña especie de burbujas energéticas surgidas de un inmenso campo de fuerza surgido de aquellas astronaves.
Como una especie de halo luminoso que crecía rodeando las naves y se expandía en diversas direcciones que aparecieron luego de que las ojivas nucleares junto a sus señuelos se separaran y estaban superando los ochocientos kilómetros de altitud.
No importaba si esas armas iban dirigidas a las naves imperiales o a Japón. Cuando alcanzaron cierta altitud ésas ojivas estaban inmóviles. No llegaban a sus objetivos. No explotaban. No pasaba absolutamente nada. Simplemente estaban paralizadas aquellas ojivas y atrapadas en ésas extrañas burbujas. En ese momento, los Santos de Bronce, las Sailor Scouts, la "pandilla" de Nerima, Sakura, Shaoran, Eriol y Paul contemplaban azorados desde distintas pantallas ubicadas en cada sector de la base lo que sucedía.
-Campos energéticos de fuerza. Tienen muchas aplicaciones… permiten viajar con más facilidad por el espacio, superar barreras interdimensionales, preservar una atmósfera dentro de un espacio… y obviamente detener ataques energéticos o de proyectiles físicos.
Todos los que escuchaban esa explicación maldijeron mentalmente a Huranuk.
-Esta tecnología fue desarrollada hace mucho en Caronia hasta el grado de expandir los campos energéticos y manipularlos de la mejor forma posible. En éste caso piensen en burbujas que rodean sus ojivas. Lamentablemente ustedes no llegaron a ese nivel evolutivo, contemplen ahora lo que viene… sepan que su lucha es en vano.
De repente, la mayoría de ésos proyectiles eran hechos pedazos y su energía era redirigida hacia los motores de la flota imperial. Excepto uno.
-Señor Delcassé… merece ser castigado por ofender a un oficial caroniano.
-No… usted no… .-Delcassé no pudo decir una palabra más.
A una velocidad superior de lo que cualquier sistema antimisiles de la Tierra pudiera procesar, una de aquellas burbujas de energía dirigió una ojiva nuclear, desapareciendo a milésimas de segundo de que tocara el suelo del centro de París. La Ciudad Luz ardía en medio de una aterradora explosión nuclear que segaba las vidas de casi diez millones de parisinos.
-Asesinos… hijos de puta… ¡acabaré con ustedes por esto que han hecho!-Paul apretó su puño derecho antes de seguir corriendo y bajando escaleras.
Serena y los demás defensores de aquél mundo que quedaron detrás habían acabado con los imperiales que quedaron rezagados y corrían desesperadamente a donde estaban los Santos y el Guardián.
-Nunca… nunca los perdonaré por este crimen.-sentenció Ranma.
En otra dimensión, una flota de la Liga Planetaria orbitaba cerca del cinturón de asteroides en el sistema solar. Dentro del acorazado espacial "Octenius", Kayani tuvo un mal presentimiento.
-¿Qué es lo que ocurre, Kayani?-preguntó Rajik.
-Es cierto… usualmente no pones esa cara… ¿ocurre algo o estás tomándonos el pelo de nuevo, niña?-inquirió Yasar.
-¡Yo no podría burlarme en un momento como éste!-exclamó la joven Guardián de Bronce cuando Zafet intervino.
-Relájate… en unos minutos la flota estará totalmente lista y si los caronianos hicieron de las suyas, nos haremos cargo.
-Espero que no hayan hecho eso y que podamos llegar a tiempo.-contestó Kayani, mientras que se acomodaba el cabello.
Fue en eso que recibieron un mensaje y salieron velozmente de esa sala de reuniones antes de seguir hablando.
Una flota de la Liga Planetaria estaba lista y empezaba a activarse el portal.
Notas del Autor:
Y es de ésta forma cada vez más intensa que se recuerda bien la segunda batalla de Tokio, sobre todo para aquellos que lo leyeron alguna vez en su versión original y ahora lo leen nuevamente. Poco a poco llegamos a ése clímax inevitable que ha sido, es y siempre será el Libro I de Las Dos Caras del Ser. Los héroes de nuestra historia pelean bien, pero parece que nada de eso es suficiente para lo que se vendrá.
Y si creen que Joe Kido, Zudomon, así como los diez millones de parisinos y todos aquellos soldados que han muerto hasta ahora serán las únicas bajas pues… realmente no tienen ni idea de lo que se les viene encima. Dudas, comentarios, sugerencias, sobornos y demás a falcon_blueaura o a falconblueaura
Nos reencontramos en el capítulo 38.
Lista de términos:
(1) Uno en la estación de bus Miyakezaka, otro desde la calle Aoyama-dori, y el tercero desde las profundidades de la fosa Sakurada: Son locaciones reales cerca de la calle Uchibori-dori (con mayor precisión, cerca a la Suprema Corte de Japón) que es donde los digi-destinados peleaban hasta que debieron replegarse. Para ubicarse mejor a dar clic acá: . /english/l2/l3/vcms_images/Vcms3_00000107/vc8_h4-t ext-img-text/20121212114307/s_0_vc8_h4-text-img-te xt_vc8_h4-text-img-text-03_0_vc8_
(2) Chrome Digizoid: O Cromo Digizoide, según la traducción al español. Es básicamente un metal proveniente del Digimundo que es bastante raro, y se considera al mismo como el metal más fuerte que existe en el Digimundo, vulnerable sólo a ataques más poderosos de otros objetos hechos con ése metal. El martillo que usaba Zudomon estaba hecho de ése metal. Para más datos a irse acá: . /wiki/Cromo_Digizoide
(3) Puerta Sakurada: Que es, creo yo, una forma más precisa de referirse a la entrada más directa a los aposentos del emperador de Japón. En cualquier caso, confieso que el término Puerta Sakuradamon fue encontrado en una page en inglés. Nada más esa aclaración. Si, sólo eso... sin links... circula lector, hay más cosas que encontrar líneas abajo.
(4) femoral: Puesto rápido, hablo de la arteria femoral. Joe recibió un ataque que le cortó aquella arteria, de modo que Izzy y él sabían claramente lo que iba a pasar. Más información de eso acá: wiki/Arteria_femoral
(5) puente Nijubashi: Un puente que por lo general es inaccesible a los turistas, salvo en Año Nuevo y el cumpleaños del emperador. Es un puente de piedra que da el acceso más directo a los aposentos del emperador de Japón. A verlo mejor acá... se ve un buen lugar para una batalla épica. /2012/02/29/el-puente-nijubashi-en-el-palacio-impe rial/
(6) submarino USS Alabama: Es un submarino nuclear clase Ohio (también conocidos como submarinos Trident) que empezó a servir a la armada gringa a partir de 1985, catalogado como un submarino estratégico. Todavía sigue en servicio activo, y para efectos de éste fic ha sido destinado a las Islas Aleutianas. Puede llegar hasta 25 nudos y su armamento son torpedos MK-48 y los misiles balísticos que menciono en el siguiente párrafo. Para conocer más de ésta nave wiki/USS_Alabama_(SSBN-731)
(7) Adak: La isla que está más hacia el oeste de las islas Aleutianas, dentro de la jurisdicción que le corresponde a los Estados Unidos. Para ponérselos claro, está relativamente cerca de Japón, por lo que desde allí sería factible lanzar contra ésta nación un ataque nuclear... el cual falló por las razones expuestas en el fic. Todas las ojivas fueron atrapadas en burbujas de energía emitidas desde las naves caronianas en el momento que éstas iban a alcanzar su máxima altitud. Tendrán que saber inglés para entender esto: wiki/Adak_Island
(8) misiles Trident II D5: Parte del armamento de los submarinos Trident que son parte del armamento nuclear de disuasión gringo y británico. Cada uno de éstos cuesta casi 31 millones de dólares, pesan 58 toneladas y media y pueden tener un alcance efectivo de hasta doce mil kilómetros. Están armados con ojivas termonucleares MIRV de 3.8 MT. Conozcan más de estos monstruos que son parte de las armas que podrían exterminar varias veces a toda la humanidad sin demasiados problemas acá mismo: wiki/Trident_II_D5
