CAPÍTULO 35
Frustración. Total y absoluta frustración era lo que llevaba sintiendo Dianna dos noches, plantándose en la tercera totalmente desesperada. En un primer momento, no quiso creer a Lea, pero la morena no mentía. Se había mantenido firme en su decisión y cada vez que la rubia la había buscado con la intención de intimar, ella no estaba disponible.
Aquella no era la mejor situación para estar a pan y agua. Pasar el día pegada a Lea y gran parte del tiempo con un bikini que la volvía loca y unas temperaturas bastante altas en aquella isla, no era lo mejor para controlarse. En realidad no tenía por qué controlarse, en teoría, esas vacaciones supondrían una luna de miel donde recuperar el tiempo perdido durante todo ese año, pero Lea parecía que no lo veía de esa manera.
La primera noche, después de llegar de la playa, Lea había puesto como argumento estar demasiado cansada, a pesar de haber estado tirada en la playa todo el día, por lo que a Dianna le quedó claro que su novia no bromeaba con el tema de no dejarse tocar en lo que quedaba de vacaciones. Pero la rubia no se había rendido, así que una vez más, la noche siguiente, hizo su gran intento.
L: ¿Qué haces? – preguntó metida ya en la cama, sintiendo las manos de Dianna acariciar su abdomen y dar suaves besos en su cuello.
D: ¿Tu qué crees? – respondió con otra pregunta en su oído, en un susurro, aprovechando para morder suavemente el lóbulo de la morena, que no pudo evitar que se le erizara la piel.
L: Es que me duele la cabeza, cariño… Lo siento. – dijo con una fingida sonrisa inocente, apartando sus manos de su abdomen y mirándola como si no hubiera roto un plato en su vida.
D: ¿En serio esa es tu excusa? – preguntó sin saber si reírse o indignarse.
L: Parece que he tomado demasiado sol hoy… - dijo encogiéndose de hombros. – Otro día será… - dijo dándole un rápido beso en los labios para acostarse definitivamente, dándole la espalda para que la rubia no pudiera ver la sonrisa que se le escapaba. Dianna dejó escapar el aire por su boca con una sonrisa incrédula, teniéndose que levantar y salir a la terraza de aquel gran bungalow a tomar un poco de aire. Ya eran dos noches que se quedaba con las ganas y no sabía si aguantaría una tercera.
Y allí estaba ella, en esa tercera noche y en ese mismo bungalow. Habían pasado el día aprendiendo a bucear para poder ver la espectacular fauna marina del lugar, viendo cosas increíbles y disfrutando de aquellas nuevas actividades. En ese momento, Dianna estaba sentada en la cama. Se acababa de dar una ducha y se encontraba únicamente con el albornoz, esperando a que la morena acabara su baño y poder arreglarse para ir a cenar. En otra ocasión, hubieran compartido aquella ducha o el jacuzzi del que disponía la habitación, pero viendo como Lea no daba su brazo a torcer con el tema del sexo, prefirió ni siquiera intentarlo. No tenía ganas de cenar habiéndose quedado con otro tipo de apetito.
Así que optó por coger el portátil y buscar si había salido algún tipo de información sobre ellas mientras esperaba. Lo había hecho todos los días y ninguno encontró nada, agradeciendo su suerte y aumentando su confianza para mostrarse natural junto a Lea, para demostrarle su amor las veinticuatro horas del día, no solo encerradas entre cuatro paredes.
En vez de empezar a vestirse, se quedó entretenida con su blog, viendo las actualizaciones de sus compañeros, sin darse cuenta que el agua había dejado de caer, indicando que Lea había dado por finalizada su ducha. Unos minutos después, la morena salía del baño igual que ella, con el albornoz como única prenda y el pelo mojado y poniendo su pierna encima de la cama para echarse crema y así hidratar su piel.
Dianna no quería apartar su vista de la pantalla, sabía que si lo hacía su autocontrol se iría bien lejos. Pero era superior a sus fuerzas. El cuerpo de Lea la llamaba a gritos, así que no tardó ni dos minutos en fijar sus ojos en ella, tragando con dificultad al imaginarse lo que había debajo de aquel albornoz por lo que la morena con la pierna en alto dejaba intuir. Nada.
L: ¿Te has echado crema en la cara? – le preguntó, ya que ese día la rubia se había quemado un poco la cara, provocando una leve rojez en sus pómulos y nariz que a Lea se le hacía irresistible.
D: Si…
L: ¿Te duele? – le preguntó pasando su pulgar por la zona roja.
D: Solo si hago así. – dijo arrugando la nariz, provocando una suave risa en su novia por la cara que ponía.
L: ¿Somos portada en alguna revista o nuestro secreto está a salvo? – le preguntó mientras seguía extendiendo la crema por su piel, viendo satisfecha lo que provocaba en Dianna.
D: No, estamos a salvo por ahora. – dijo sin apartar la vista de ella, hipnotizada por el movimiento de las manos de la morena.
L: Cariño, empieza a vestirte anda. Se nos va a hacer tarde. – dijo cambiando su pierna para empezar a hidratar la otra.
Dianna le hizo caso. Se levantó de la cama y dejó el portátil en una mesa de la habitación, pero sus intenciones no eran vestirse ni mucho menos. Se acercó a Lea por detrás, pegando su cuerpo al de ella y pasando sus manos por su cintura para rodearla.
D: Estás muy sexy así. – le susurró, dejando notar su voz un poco más ronca de lo normal, producto de la excitación que sentía únicamente por mirar a su novia. – Creo que no vamos a vestirnos… - dijo llevando una de sus manos al cordón atado que mantenía el albornoz de la morena cerrado.
L: Quietecita. – dijo sujetando su mano y dándose la vuelta para quedar cara a cara. – Cariño, no vamos a…
D: ¿Hoy que toca? – la cortó, sabiendo lo que venía. - ¿Estás muy cansada de no hacer nada o te duele algo? – preguntó haciendo un aspaviento con sus manos, totalmente impotente por la actitud de su novia. – El primer día tuvo gracia, pero al tercero te aseguro que deja de tenerla, Lea. ¿Qué, que excusa tienes? – dijo con las manos en las caderas.
L: Ninguna, que no me apetece. – dijo mientras hacía un esfuerzo por no reírse, viendo como su novia ya empezaba a no aguantar la situación. Dianna se quedó con la boca abierta por la contestación, pero a los pocos segundos reaccionó.
D: Y una mierda.
L: Esa boca… - le advirtió.
D: Tú tienes tantas ganas de que nos acostemos como yo. – dijo mientras la señalaba, ignorando el reproche de la morena. – Quiero que me eches un polvo ahora mismo. – dijo en un tono autoritario, haciendo que Lea la mirara divertida y levantando una ceja, ya que la rubia pocas veces hablaba de esa forma. - Me he pasado casi un año sin tocarte, sin poder acariciarte ni hacerte el amor y no pienso desaprovechar ni un momento para recuperar ese tiempo por tonterías. Fue una broma lo que te dije el otro día… Además, no me importaría que estuvieras desesperada, porque yo lo estoy. Estoy desesperada por poder hacer el amor contigo a cualquier hora y a cualquier minuto y aquí podemos hacerlo, pero en la intimidad, no en medio de una playa. Podría pasarme la vida haciéndote el amor y no me cansaría jamás. – dijo acercándose a Lea, que ya la miraba conmovida por sus palabras, convencida ya de dejar aquella tontería a un lado.
L: Estás un poco obsesionada con el sexo ¿no? – dijo totalmente entregada a ella.
D: Estoy obsesionada contigo… Te quiero y me encanta hacer el amor contigo… Eres adictiva… - dijo acariciando su mejilla y pegando sus cuerpos. - Así que ahora mismo, en este momento, aquí y ahora, te exijo que me hagas el amor.
No hizo falta más. Lea se tiró a por los labios de Dianna, comenzando un beso totalmente salvaje que las dejó sin respiración tan rápido como encendió sus cuerpos. La rubia no perdió ni un segundo en desabrochar el albornoz de Lea, mientras la morena hacía lo mismo con ella, dirigiéndose ya a la cama para caer en ella completamente desnudas. Consiguieron colocarse en ella entre besos y caricias, luchando por el control de la situación y saliendo vencedora Dianna, que se colocaba encima de su novia para empezar a repartir besos por todo su cuerpo, lamiendo todo lo que encontraba a su paso y haciendo las delicias de Lea, que lejos de quedarse quieta, volvía a dirigir los besos de Dianna a su boca, aprovechando el momento para poder acariciar cada porción de piel que existía en el cuerpo de la rubia.
Cuando Dianna llevó los besos al cuello de la morena, esta consiguió llevar su mano al centro de la rubia, empezando a acariciar superficialmente para sorpresa de su novia, que dejaba de besar su cuello para soltar un jadeo muy cerca del oído de la morena. Aquel jadeo, le hizo ponerse las pilas. Había conseguido excitarla más todavía y dado ganas de regalarle a Dianna un orgasmo cuanto antes. Quería escuchar como su novia llegaba a lo más alto después de habérselo pedido. Así que sin abandonar su mano de aquella zona, se incorporó para quedar sentada en la cama, haciendo que la rubia también quedara sentada frente a ella. Pasó sus piernas por encima de las de Dianna que ya las había abierto para darle total libertad a la morena y se acercó más a ella, sujetándola con la mano libre por la espalda para mantenerla cerca.
En cuanto cogió la posición, no perdió más tiempo, volvió a mover su mano en la entrepierna de Dianna mientras lamía sus pechos, notando como la rubia pasaba sus labios por su clavícula, la cual mordió al sentir como Lea entraba en ella sin previo aviso. Movimientos certeros, decididos, acompasados con sus caderas que la hicieron explotar en cuestión de minutos, quedando con la cabeza apoyada en el hombro de Lea, intentando recuperar la calma con la ayuda de la morena, que poco a poco frenaba los movimientos y la abrazaba, pegándola totalmente a ella, reconfortándola, tranquilizándola al sentir los espasmos que se sucedían por el cuerpo de la rubia.
Quedaron así un par de minutos. En silencio. Sentadas y abrazadas. Con Lea acariciando su espalda de arriba abajo y Dianna dando suaves besos en su cuello. Pero en cuanto recuperó la compostura, aquellos besos dejaron de ser tan suaves para volverse provocadores.
D: Te quiero. – dijo con sus manos en su rostro, mirándola a los ojos, dejándole ver ese verde intenso después del amor. Y recibiendo una sonrisa como respuesta, besó sus labios.
Un beso lento mientras colocaba una de sus manos en la espalda de la morena y la volvía a tumbar en la cama, volviendo a quedar ella encima, con el control, con el derecho y la facilidad de poder tocar todo su cuerpo sin problema. Aprovechando la posición, acarició todo a su paso, pechos, cintura y piernas, sobretodo piernas, aquellas que la volvían loca en aquel cuerpo tan pequeño y todo esto sin deshacer el beso, sin dejar de jugar con sus lenguas.
Estaba acariciando su muslo por la parte interior, sintiendo como la respiración de Lea se volvía agitada solo de imaginarse lo que venía. En cuanto puso su mano en la entrepierna, Lea dejó escapar un gemido sobre la boca de Dianna, que no daba tregua a los besos, empezando a acariciar el clítoris de su novia, que arqueaba su espalda al sentirla. La rubia no frenó, intensificó las caricias en aquella zona, notando como a la morena le quedaba muy poco para llegar a lo más alto, así que cuando acabó con las caricias en el centro de Lea de forma brusca, llevando su mano a uno de sus pechos, Lea se quejó.
L: No… - suspiró, sintiendo como Dianna había retirado su mano cuando estaba tan cerca de lo que quería. – Di, no juegues… No puedes dejarme a medias… - dijo con la voz entrecortada, suplicante.
D: No voy a dejarte a medias. – dijo bajando sus besos por la mandíbula hasta el cuello, pasando su lengua, mordiendo. – Solo quiero disfrutar de ti… Tenemos todo el tiempo del mundo… - le susurró en el oído.
L: Quiero disfrutar ya. Estaba tan cerca… - se lamentó.
D: Shh… - la silenció con un beso. – No te desconcentres. – dijo para seguir su camino de besos.
Iba bajando poco a poco, sin prisa, saboreando aquel cuerpo que sacaba lo mejor de ella, entreteniéndose varios minutos en lamer su pecho mientras acariciaba el otro, notando en ellos la excitación que tenía su morena, que solo conseguía gemir con cada paseo de su lengua. Fue bajando por su abdomen, besando todas y cada una de las zonas que iba encontrando a su paso, quedándose un rato más en la zona marcada por un tatuaje que tenía en su pelvis, haciendo desesperar a la morena por la cercanía al lugar donde verdaderamente la quería. Y consiguió hacerla resoplar cuando se saltó su entrepierna para pasar a sus piernas, a sus muslos, sonriendo por la frustración de la morena.
No la hizo esperar más. Lentamente abrió más sus piernas, mirándola mientras se abría paso hasta ella, llevando su lengua a su centro y sus manos a sus caderas para mantenerlas quietas, escuchando palabras sin sentido mezcladas con jadeos por parte de la morena, que veía cada vez más cerca el orgasmo que tanto deseaba. Pero una vez más, la rubia la dejó con las ganas, separándose de ella, quedando de rodillas en la cama y mirándola, viendo el sufrimiento y el enfado que iba en aumento de su novia.
L: Otra vez no. ¡Acaba de una maldita vez, Di! – gritó desesperada, viendo la sonrisa burlona de la rubia.
D: Todavía no.
L: Pues termino yo. – dijo ya totalmente desatada.
Necesitaba llegar ya y viendo que su novia no tenía intención de hacerlo o al menos no tan rápido como ella deseaba, acabó llevando su propia mano a su centro, tocándose ella misma bajo la atenta mirada de Dianna, a la cual se le iban a salir los ojos de las orbitas ante aquella imagen, notando como se le secaba la garganta por completo y saliendo del shock al escuchar otro gemido de la morena.
D: Un día de estos vas a matarme… - dijo con la voz totalmente ronca, frenando la mano de la morena. – No hagas eso. Soy yo la que te hace el amor… - dijo todavía con su mano aferrada a la suya, colocándose entre las piernas de Lea de forma estratégica para que sus centros totalmente húmedos, quedaran conectados. – Me has vuelto loca… - dijo con su cara pegada a la suya, para acto seguido besarla.
Un beso desenfrenado mientras empezaba un suave balanceo, creando fricción entre ellas y arrancando un gemido a ambas. Lea la sostenía por la espalda, acompañando el movimiento de la rubia mientras se sentían una misma persona en aquella posición. Pero otra vez, Dianna frenó sus movimientos instantes antes de que Lea consiguiera llegar, quitándole la idea de llegar juntas al orgasmo.
La morena estaba en el límite. Sentía todo su cuerpo en una tensión absoluta y necesitaba liberarlo. Aquel quiero y no puedo la mantenía en ese momento con las emociones a flor de piel, queriendo llorar por la frustración y sintiendo las caricias de Dianna más intensas que nunca mientras movía sus manos por su cuerpo.
La rubia ya no se frenó. Volvió a recorrer su cuerpo de arriba abajo, llegando hasta la intimidad de Lea, volviendo a empezar los movimientos con su lengua, con dedicación, esta vez acompañado por sus dedos, que por primera vez en la noche, llegaban a lo más profundo de la morena, haciéndola gritar, provocándole el orgasmo más intenso, placentero y profundo que había sentido en su vida, sintiéndose más viva que nunca, notando como todas y cada una de las articulaciones de su cuerpo se retorcían bajo Dianna, que segundos después, dejó un pequeño mordisco en su clítoris como colofón a aquello.
Lea no sabía por dónde venía, pero al sentir los dientes de la rubia ahí, hizo que encadenara un segundo orgasmo sin ni siquiera haberse acabado el primero. Aquello era demasiado. Jamás había experimentado aquel cúmulo de sensaciones tan extremas como en ese momento, sintiendo como podría tocar el mismísimo cielo si quisiera.
L: Dios… Eso ha sido… alucinante… - dijo en un susurro, exhausta y con el corazón latiéndole a mil por hora, siendo consciente de que la rubia se había tumbado a su lado y la miraba con una sonrisa mientras le retiraba algunos mechones de pelo de la cara. – Es el mejor orgasmo que he tenido en mi vida… - dijo casi sin voz, ensanchando la sonrisa de la rubia al escucharla.
D: Tus dos mejores orgasmos… - la corrigió. – No creas que no he notado el segundo. – dijo con una sonrisa soberbia, haciendo reír a Lea.
Durante unos segundos, se quedaron en silencio, mirándose la una a la otra con una sonrisa, dando tiempo a la morena a recuperar la respiración, lo que le estaba costando un poco más de la cuenta por aquella explosión de sensaciones.
L: Si llego a saber que dejándote a pan y agua dos días me ibas a hacer esto, lo hubiera hecho antes. – bromeó, haciendo que la rubia pusiera los ojos en blanco mientras negaba con la cabeza.
D: Ni se te ocurra volver a rechazarme más. Al menos en unas vacaciones donde te pases el día entero en bikini. – dijo provocando media sonrisa en Lea, que le acariciaba el cuello, llegando hasta su nuca y dejando caricias distraídas en esa zona. – Esto era algo que te debía… Te prometí que te recompensaría por haberte dejado a medias aquel día. Así que deuda saldada, has tenido un dos por uno en orgasmos. – dijo riéndose.
L: Ha sido la mejor recompensa que podrías haberme dado… - dijo dándole un suave beso.
D: Y eso que no has parado de quejarte…
L: ¡Porque no podía más! – se defendió. – Pero ahora que se cómo acaba la cosa, quiero uno de estos al menos una vez por semana. – dijo con una sonrisa divertida, haciendo que Dianna riera a carcajadas. – No te rías, hablo en serio.
D: Ya veremos, mi amor… Se puede negociar si eso va a servir para que no te olvides de lo buena que soy en la cama y no me castigues sin sexo. – dijo besando su cuello y provocando cosquillas en Lea, que feliz, reía entre los brazos de su novia.
