Draco había pedido el alta en San Mungo, su magia no iba a volver a ser la que era de la noche de la mañana, por lo que al par de días de llegar, él y Harry estaban tomando un traslado hasta el norte del país.
Draco estaba impaciente pero Harry sentía como si su interior no solo hubiera sido absorbido por la magia de aquel viejo cepillo de pelo. Su hijo estaba esperando al otro lado, su hijo.
Todo había empezado por eso, pero ahora era real. Draco apretó su mano cuando se encontraban a las puertas de la clínica del pequeño pueblo donde estaban.
—¿Estás preparado?—le preguntó el rubio.
—¿Puedo decir que tengo más miedo que cuando maté a Voldemort?—dijo nervioso.
Draco sonrió, después de todo por lo que habían pasado allí estaban, juntos y vivos, con su hijo a solo unos metros.
Si alguien le hubiera dicho que eso podría haber pasado solo siete meses atrás, él no lo hubiera creído.
—Esperemos que no se convierta en un pequeño tirano—intentó bromear con Harry. Pero se veía completamente pálido.
Aquel chico valiente que lo había desafiado todo por estar con él, por cuidarlo y protegerlo como había prometido, sentía miedo de conocer a su propio hijo y aquello le pareció uno de los momentos más tiernos que había vivido con Harry.
—Me parece que va a ser un niño muy consentido—río Harry tratando de quitarse el nerviosismo de encima.
Entraron a la clínica y preguntaron por la supuesta madre del niño, Lea había estado desempeñando el papel durante esos días.
Cuando entraron por la puerta todo estaba muy tranquilo, una joven más o menos de su edad estaba sentada en una butaca al lado de un pequeño cajoncito transparente.
Cuando se giró a mirar a los recién llegados tuvo una enorme sonrisa para Draco, y otra unida a la curiosidad para Harry.
—Ella es Lea—les presentó Draco, la chica extendió su mano y Harry la apretó lleno de agradecimiento.
—Gracias por todo, siempre te estaré agradecido—dijo sincero Harry.
Pero sus ojos no dejaban de irse hacia aquella cajita, debía ser una incubadora mágica pero desde donde estaba no tenía una buena visión de su interior.
No se dio cuenta como se movía lentamente hasta que estuvo sobre ella.
Un bebé pequeñito rosado y cubierto de mantitas dormía tranquilamente.
¿Aquella criaturita era su hijo? Se inclinó sobre él, queriendo apreciar cada detalle.
La nariz pequeña y las manitas apretadas en puñitos, la cabecita estaba cubierta por un gorrino blanco. ¿Sería rubio o moreno? ¿Se parecía a él o a Draco? En ese momento como temiendo despertarlo con sus simples pensamientos giró la mirada para ver a Draco. Su rostro debía ser muy similar al suyo, rebosante de un amor tan diferente al que ellos se tenían.
Sentía la vista desenfocada y trató de limpiarse las gafas con la camisa, cuando se dio cuenta de que eran lágrimas lo que cubrían sus ojos.
Pocas veces había llorado de felicidad, de verdadera felicidad como lo estaba haciendo en esos momentos.
Un suave quejido llamó la atención de todos, Lynx había abierto los ojos, que en su rostro pequeño se veían enormes y hermosos. Unos preciosos ojos verdes que parpadeaban mientras se movía.
—¿Puedo?—preguntó no sabiendo bien a quién.
Con la ayuda de Draco, Harry cogió por primera vez a su hijo, impresionado de que algo tan pequeño pesara tanto entre sus brazos.
—Es perfecto—dijo Draco abrazando a Harry.
—Nuestro pequeño y perfecto Lynx—dijo Harry.
El pequeño volvió a quedarse dormido y ellos no se habían dado cuenta de que alguien más había entrado en la habitación, un joven medimago estaba al lado de Lea.
Cuando Harry le vio él se acercó.
—Un placer conocerte al fin, Harry—apretó su mano—. Soy Jeremy MacHall.
Draco le saludó mientras le preguntaba cómo había estado su magia y les contaba los avances de esos días con respecto a Lynx.
—Está sano, sigue necesitando magia pero cada vez es menor—les contó.—Teniéndote ahora aquí, Harry, todo será mucho más fácil para los dos—dijo mirando también a Draco.
Con su hijo en los brazos, y a Draco a su lado sentía que todo podía ser posible, no había nada en este mundo que no pudiera hacer a partir de ese momento, porque había encontrado su sitio. Y este no era un lugar sino unas personas.
Tres meses más tarde Severus y Sirius llegaron a aquel pueblo, Sirius estaba mucho mejor de sus lesiones. Siempre y cuando no tuviera que batirse en un duelo su magia estaría equilibrada, y dudaba que aquello tuviera que pasar. Severus se había convertido en el mejor enfermero, cuidador, y gallina madre que alguien pudiera tener.
Quizás a veces fuera algo opresivo tenerlo siempre pendiente de él como si fuera un lisiado, pero no iba a quejarse, por nada iba a volver a quejarse de que el Severus se desviviera por él.
Pero también sabía que cuando Harry y Draco se marcharon de San Mungo a Severus le costó mucho no acompañarles, los chicos le habían asegurado que no era necesario.
Pero entendía que soltar ese lazo, el único que había sentido real durante toda su vida, le había costado mucho a su pareja.
Por eso le había sugerido que les hiciera una pequeña visita unas semanas atrás. El correo vía lechuza con los chicos era constante, pero él mismo estaba deseando conocer al pequeño Lynx Potter-Malfoy y ver a Harry.
Así que el viaje en traslador aunque fuera el más rápido tuvieron que descartarlo a favor de un tradicional viaje en coche muggle.
Severus no había transigido en subirse a la moto de Sirius, y habían pasado un par de días conociendo la zona.
Los chicos habían rentado una pequeña casa en las afueras del pueblo, después de perderse un par de veces hasta dieron con ella.
Era encantadora, y la estampa de los jóvenes padres cargando a un bebé a Sirius, que en el fondo era un sentimental, le arrancó un par de lágrimas.
Sirius abrazó a su ahijado, solo habían pasado unos meses pero Harry había dejado de ser aquel niño que había empezado aquel curso en Hogwarts, para mostrar al hombre en el que iba a convertirse. A su lado, Draco fuera de todas aquellas tramas, no dejaba de ser su sobrino y la paternidad parecía favorecerle muchísimo.
La sonrisa no abandonaba sus labios, y los ojos de Harry no se despegaban de él.
Sirius miró a Severus cargando al pequeño Lynx mientras ellos tomaban una taza de té.
—¿Cómo ha ido todo?—preguntó Harry sacándole de unas fantasías por las que el profesor de pociones le pelaría las pelotas.
—Pues Severus y yo hemos estado bastante desconectados mientras me trataban en San Mungo. Pero el Ministerio ha empezado a realizar juicios, imagino que os convocará dentro de poco.
—Ojalá nunca tuviéramos que irnos de aquí.—Harry miraba con verdadero cariño lo que en esos pocos meses se había convertido en su hogar.
—Te entiendo—le dijo palmeándole el hombro.
—Nunca jamás he sentido la felicidad y la preocupación que en estos meses he sentido—dijo con una pequeña sonrisa su ahijado—. Ser padre es increíble.
Sirius asintió, él nunca lo había podido experimentar, Harry era lo más parecido a un hijo que él tenía. Y sabía el amor que le tenía, pero no podía saber a lo que se refería.
—¿Sabes algo de Remus?—le volvió a sacar de aquellos locos pensamientos en los que Severus cargaba al hijo de ambos.
—Es complicado.—Realmente no encontraba palabras para lo que vivía su amigo.—Lucius Malfoy fue arrestado, y Remus montó un escándalo tan grande que acabaron ambos arrestados.
Los ojos de Harry se abrieron asustados.
—No te preocupes, ya están libres, más o menos—continuó Sirius—. No hay cargos contra Malfoy más allá de estar registrado como Criatura mágica, siento que eso es una especie de justicia divina.
Harry miró a Draco, nunca hablaban de su padre, era un tema que en aquellos meses no habían podido hablar. Dudaba que el acercamiento fuera pronto o si alguna vez podría darse.
Harry sabía que por culpa de Lucius Draco había sufrido, no era quien para hablar de perdón. Así que no iba a meterse en aquel jardín hasta que no quedara más remedio.
Era realmente incómodo que el padre de Draco y Remus estuvieran de algún modo unidos, y notaba que era incómodo para todos.
El timbre de la casa sonó y Draco fue a abrir, como todas las tardes Narcisa iba a verles.
Su suegra se había trasladado al pueblo en cuanto tuvo oportunidad, se había negado a seguir recibiendo tratamiento en Londres y era Jeremy quien la trataba allí.
Aún no estaba completamente bien, pero los dos chicos que aparecieron detrás de ella se encargaban de que no le faltara ningún tipo de cuidado.
—Hablando de cosas raras—dijo Sirius a su lado.
Harry rió, sí, realmente no habían tenido una conversación, Draco solo había rodado los ojos cuando Fred le había robado un beso delante de él cuando Narcisa estaba cargando a Lynx.
—El amor es extraño, por eso solo quiero que Remus esté bien, aunque sea con Lucius Malfoy.
—¿Sabéis algo de Jamie?—le preguntó Sirius, él apenas conocía al joven lobo.
En cuanto pudo se fue con su manada de San Mungo, pero el ánimo de su amigo era pésimo una vez se fue.
—Están en el bosque, pero a veces viene a ver al niño.—Jamie era una buena persona, les había ayudado muchísimo, y sentía que el dolor que cargaba era realmente injusto.
—Si algo tiene de bueno todo lo que ha ocurrido entre ellos, es que están poniendo patas arriba el Ministerio, el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas está gestionando a duras penas toda la presión que Malfoy está ejerciendo a favor de los de su nueva condición.
—Ojalá les ayude.—Harry miró a Draco que le estaba observando—Mejor dejemos el tema y hablemos de otras cosas.
Sirius le siguió la mirada y asintió.
—¿Cuándo os vais a casar?—La pregunta casi le hace escupir el té a Sirius.
—Bueno… no es algo que necesitemos arreglar con prisas…
—Acabo de cumplir 17 años, tengo un hijo y sé como miras a Snape…—Harry sonreía maliciosamente.
—Quizás sea un poco prematuro, ¿no crees?—Sirius parecía un poco agobiado—¿Tú crees que él quiere que se lo pida?
Harry rió, le gustaba que de todo lo que tuvieran que hablar fuera de cuando iban a formalizar su relación, no había más señores oscuros, ni amenazas de muerte sobre sus cabezas.
Todos los que estaban en aquel pequeño salón era parte de la familia que se había construido. Una familia peculiar, pero que ya no cambiaría por nada del mundo.
Una idea que llevaba semanas rondándole volvió a aparecer, desde que supo de la muerte por unos minutos de Draco, de la desconexión de sus magias, la idea venía una y otra vez.
El matrimonio mágico iba más allá de un simple contrato, era la unión de la magia, por ello nunca podría llevarse a cabo entre un mago y un muggle.
El contrato que estaba almacenado en el Ministerio les reconocía como matrimonio, pero la casi desaparición de la magia de Draco no le había dejado ahondar más en ello.
Esta, poco a poco, estaba regresando, y Harry cada día lo tenía más claro.
Quizás aquel fuera el mejor momento, cuando casi todos sus seres queridos estaban allí.
Harry se levantó guiñándole un ojo a Sirius, se dirigió hasta Narcisa y Severus que hacían carantoñas a un risueño Lynx. Ese niño iba a ser un auténtico malcriado, pero no tenía corazón para reprenderlos. Él mismo era incapaz de no derretirse con él. Draco los miraba vigilando en todo momento a su bebé, si en algún momento el rubio tuvo dudas de que sería un buen padre, Harry había corroborado que no podría haber padre más entregado que Draco.
—Quería hacerte una petición, algo que hace mucho me hubiera gustado hacer—dijo Harry, todos les miraban pues parecía algo más solemne, Harry tomó la mano de Draco—. Sé que estamos casados, pero cuando moriste nuestras magias dejaron de estar unidas.
Draco le miraba sorprendido, su magia estaba volviendo, poco a poco, pero estaba volviendo. Y creía entender lo que Harry le estaba diciendo, su corazón latía a mil por hora.
—La necesidad y la desesperación hicieron que nos casáramos, y no me arrepiento—continuó Harry—. Pero hoy sé que te amo y que eres la única persona con la que quiero pasar el resto de mi vida, ¿querrías volver a unirte mágicamente conmigo?
Draco no tenía palabras, había sentido que aquella conexión se había ido, y como Harry había dicho su matrimonio era legítimo. Pero aquello era diferente, aquello era por elección, y Harry le había elegido.
—Sí, te elegiría a ti una y mil veces—contestó Draco.
El momento era mucho más que mágico, y solo el reclamo de Lynx con una divertida risa de bebé los trajo a todos de vuelta.
o0o0o0o0o
Un reencuentro y una petición.
Creo que el próximo puede ser el último capítulo, pero como todo en esta historia parece tener su propia vida.
Si puede ser acabaremos con esta historia esta semana.
Shimi.
