37. goodbye halcyon days
Nevaba. Estaba rodeada de nieve del más puro color blanco. Los copos caían suavemente y se derretían cuando se posaban en su nariz, roja por el frío. El vaho que expulsaba por la boca era tan denso que parecía humo. No solía nevar en el barrio casi nunca, ya que vivían cerca del mar y el clima no era demasiado frío en invierno, pero ese año había caído una buena nevada. Parecía que nada podía perturbar esa paz…
¡PLAF!
Una bola de nieve se estrelló contra un lado de su cabeza. Kaede sacudió la cabeza y miró a la persona que le había lanzado la bola de nieve.
-¡Me anoto cinco puntos por un blanco en la cabeza!- chilló Vanessa entre carcajadas.
Tenía nueve años y Kaede diez. Ambas estaban envueltas en abrigos, bufandas, gorros de punto y guantes de brillantes colores. Estaban de vacaciones de invierno.
-¡No estaba jugando, eso no vale!- protestó la pequeña Kaede.
La otra niña no paraba de reírse, cosa que puso furiosa a Kaede. Cogió un gran montón de nieve e hizo una bola más grande que la que le habían tirado. Vanessa no se había dado cuenta ya que aún se reía de su puntería, y miró a Kaede justo para ver cómo una gran bola de nieve volaba hacia su cara.
Pronto se cansaron de la batalla de bolas de nieve.
-¿Cómo te llamas?- preguntó Vanessa.
-Esther, ¿y tú?
-Yo soy Vanessa, pero puedes llamarme Vane.
Decidieron hacer un muñeco de nieve. Les quedó algo deforme, pero era muy grande.
-Me lo he pasado muy bien jugando contigo, Vane.
-Yo también, Esther. ¿Quieres ser mi amiga?
-¡Sí! Seamos amigas, también cuando nos hagamos mayores.
-¡Amigas para siempre!
-¡Hecho!
Estuvieron jugando con la nieve hasta la puesta de sol, cuando las madres pasaron por el parque para recoger a sus hijas.
-Tu turno, Kaede.
La cetra reflexionó mirando el tablero de ajedrez. Tras un minuto, decidió mover su torre para amenazar un caballo de su oponente, quien también reflexionó y terminó haciendo lo que Kaede esperaba. La joven sonrió y movió su reina.
-Jaque mate.
-¡Vaya!- exclamó Halibel- Me has derrotado en menos de diez minutos, sí que eres buena jugando a esto.
-Sí, se me da mejor que los combates reales- rió Kaede.
-¿Te apetece un poco de sake?
-Sí, por favor.
La rubia llamó a un sirviente y le ordenó que trajera una botella de sake y dos vasos. Se levantaron de la mesa donde habían estado jugando y se sentaron en unos mullidos cojines en un soleado y amplio balcón.
-¿Qué tal con Grimmjow?
-Bueno, hace una semana que Aizen me asignó a su fracción, pero no me ha dirigido la palabra en todo este tiempo.
-Mejor.
El sirviente llegó con la bebida y los vasos. Hizo una reverencia, se retiró y Halibel sirvió el licor. Kaede tomó su vaso y le dio un sorbo pequeño.
-¿Tan peligroso es que hay que evitarlo a toda costa?
Halibel se bebió el contenido de su vaso de un trago, lo dejó encima de la mesa y miró el falso cielo del domo.
-Sí, Kaede. Puede llegar a hacerte daño de verdad.
En los ojos de la Espada había una chispa de tristeza, pero Kaede no supo a qué atribuirla.
Gruñó aún dormida al notar frío. Abrió los ojos y vio que estaba sola en la cama y la manta estaba en el suelo.
-Ese idiota… no sabe levantarse sin tirar algo al suelo.
Se incorporó y se estiró. Notó una pequeña molestia en el pecho. Se miró y encontró una pequeña herida… que resultó ser un corte en forma del número 6.
-¡GRIMMJOW!- vociferó Kaede furiosa.
Se vistió y bajó las escaleras de su torre. Encontró al Sexto sentado en una ventana, apoyando la espalda en el marco, fumando.
-Buenos días, ce…
Dejó la frase a medio hacer al recibir un puñetazo en un lado de la cara. Kaede se dio la vuelta, sujetándose el puño, que le dolía horrores.
-Maldito muro de ladrillos…
Grimmjow estaba confuso y algo enfadado, pero no parecía que el golpe lo hubiese afectado.
-¿A qué diablos ha venido eso?
-¡¿Cómo cojones se te ocurre cortarme mientras duermo?
El hombre sonrió y soltó una carcajada. Acto seguido usó sonido y la acorraló contra la pared, sujetándole las muñecas.
-Eso es simplemente para que no olvides a quién perteneces, cetra.
-Que te den por…
Grimmjow la calló con un beso que la dejó sin respiración.
Dolía demasiado. Todo era tan confuso… Se ahogaba, se mareaba… La sangre salía de su boca sin cesar…
Vio que Aizen sonreía mientras ella moría. Grimmjow habló, sin dejar de mirar a Kaede a los ojos. Esas palabras sí las entendió.
-¿Por qué, Aizen?
-Si te refieres a por qué te escogí a ti… Simplemente porque eres el más fácil de manipular.
El resto resultó incomprensible para ella. Grimmjow tenía el rostro contraído. No lo quería ver así… no deseaba que él sufriera por ella, por su culpa…
Aguanta, resiste, no mueras, no me dejes, Kaede. Eran todas las palabras que creía entender.
"Yo también te amo, Grimmjow", fue su último pensamiento.
Luz naranja, un zumbido, unos pinchazos en la garganta, en la base de la espalda y en los pulmones. Seguía doliendo, pero era un dolor distinto… era soportable. Excepto en el corazón. Aún no bombeaba. Sintió como si la golpearan en el pecho con un mazo de hierro y su corazón volvió a latir.
Kaede llenó rápidamente de aire sus pulmones. Fue una sensación maravillosa el poder respirar… era como volver a nacer. Siguió respirando hasta controlar el ritmo. Oía a su alrededor algunos murmullos. Abrió los ojos y se vio rodeada de una cúpula de luz naranja. Eso le sonaba de algo…
"El Soten Kisshun", recordó.
En los reportes 'Bleach' Orihime Inoue tenía esos poderes. Intentó ver a través del escudo; todavía le costaba enfocar la vista. Vio varios rostros conocidos: Kurosaki, Inoue, Ulquiorra… y Grimmjow.
El escudo desapareció. Ya estaba curada. Se incorporó.
-Gainsborough-san, ¿Te encuentras bien?- preguntó Inoue con timidez.
-Sí… Muchísimas gracias, Inoue. Yo… verás…- Kaede quería disculparse. Antes había intentado asesinar a la humana y ahora le había salvado la vida.
-No te disculpes, Gainsborough-san, comprendo lo de antes.
-Aún así… Perdóname, Inoue.
La de ojos grises sonrió.
-Te perdono.
Kaede buscó a Grimmjow con la mirada. Se levantó y se acercó a él. El Espada estaba paralizado, como si hubiera visto un fantasma. La joven se preocupó.
-¿Grimmjow…?- lo llamó.
Éste no reaccionaba. De pronto, bajó la mirada para encontrarse con esos ojos verdes y sepultó a la Séptima en un abrazo.
Ulquiorra abrió una garganta y se apartó.
-Vamos, pasad.
Todos los shinigami que habían ido a Hueco Mundo se pusieron en fila y pasaron por el portal uno a uno. Kaede pasó cuando le llegó el turno. Al otro lado del túnel había un sótano inmenso, con un cielo en el techo y el suelo de roca, lleno de piedras gigantes. Era el sótano del almacén de Urahara. Aunque lo había visto en los reportes, no dejaba de impresionarse por lo grande que era.
-¡Hola a todos!- saludó el ex capitán de la duodécima división. Se acercó al grupo- Gainsborough-san, soy Kisuke Urahara, encantado de conocerte.
-El gusto es mío- Kaede estrechó la mano del rubio.
Subieron a tomar un té mientras discutían sobre lo ocurrido en Hueco Mundo. Explicaron por qué había cinco Arrancar sentados a la mesa (Grimmjow, Ulquiorra, Nelliel, Pessche y Dondochakka) y que estaban de su parte.
Al anochecer los shinigami tenían que regresar a la Sociedad de Almas.
-Hay que comenzar el entrenamiento para la batalla de este invierno- dijo Rukia.
-Sí, Kaede- gorjeó una entusiasmada Matsumoto- ¿Te vendrás con nosotros a la Sociedad de Almas, verdad?
-Eh… bueno, yo…- miró a Grimmjow.
-Ve con ellos, cetra- dijo éste- , pero yo no iré.
-Pero…
-Maldita sea, cetra, soy un hollow, mi sitio no está ahí.
-Ahora eres nuestro aliado, Grimmjow- le recordó Ichigo.
-Lo sé, Kurosaki, pero me quedaré aquí hasta que venzamos a Aizen. Después volveré a Hueco Mundo.
-Entonces me quedaré contigo- decidió Kaede.
-No.
La cetra parpadeó.
-¿Qué?
-Irás a la Sociedad de Almas y te quedarás ahí hasta que acabe la batalla de este invierno.
-Ni hablar, yo también quiero luchar.
-¿Con un feto a cuestas?
No creía lo que oía.
Los demás la miraron.
-¿Estás embarazada?- preguntó Hitsugaya.
Kaede bajó la mirada.
-De unos dos meses.
-Entonces no lucharás- dijo Urahara-. A no ser que te dé igual la vida de ese bebé.
-Vete a la Sociedad de Almas, cetra… y quédate ahí.
La joven suspiró, resignada.
-Está bien… pero después de la batalla…
-Volveré a Hueco Mundo. Sin ti.
Kaede abrió los ojos, horrorizada. El corazón le latía con rapidez y el estómago se le encogió.
-¿Por qué?
-No iré a la Sociedad de Almas ni me quedaré en el mundo real. Y no pretenderás traer al bebé a Hueco Mundo, ¿verdad?
-Yo…
-Y además… yo no puedo ser padre. No estoy hecho para eso.
A la pelinegra se le llenaron los ojos de lágrimas. Se levantó y salió al jardín. Grimmjow la siguió.
-Cetra… no es que no me importes, pero…
-Lo sé- dijo ella, conteniendo un sollozo.
-Mira… quizá, dentro de un tiempo, puede que te vaya a visitar.
-Está bien.
La abrazó por detrás y la besó suavemente en los labios.
-Te quiero, Kaede- susurró el Arrancar antes de usar sonido y desaparecer.
Ella cayó de rodillas, intentando contener los sollozos. "No voy a llorar. No voy a llorar. Tengo que ser fuerte… por los dos", pensó mientras colocaba una mano sobre su vientre.
Se secó las lágrimas, se despidió de los humanos y de Urahara y compañía y siguió a los shinigami a través del portal en forma de puertas japonesas de papel y madera hacia la Sociedad de Almas.
Su nuevo hogar.
