CAPÍTULO XXXVII
PACIENCIA DE VAMPIRO

Cuando corté el móvil, inmediatamente se contrajo mi estómago y sentí que un nudo se apoderaba de mi garganta ¡¡¡Qué iba a hacer!!! ¿cómo iba a detener una pelea inminente? ¡Oh por Dios! Tenía que hacer algo al respecto…, pero ¿cómo? ¡cómo! Cogí mi teléfono y apresuradamente marqué el número de Edward: tuut, tuut, tuut, y nada…Los nervios me estaban consumiendo viva y no me contestaba. Bajé a buscar un té caliente con harta azúcar que me ayudara a tranquilizarme…Subí nuevamente para intentar llamar a mi amado, pero cuando abrí la puerta ¡ya estaba ahí! Hermoso como siempre y con la prestancia de Adonis. Cuando me vio entrar me sonrió…Su reacción inmediata no la entendí, pero no quise indagar…me lancé a sus brazos y él me aferró con ímpetu hacia su cuerpo. Sentía su respiración agitada y me abrazaba con tanto fuerza como si quisiera que me introdujera en su piel de mármol. Caímos sobre mi cama y comenzó a besar mi cuello. Sus ojos dorados destellaban de pasión y sus exquisitos labios rojos como la sangre, estaban húmedos de tanto besarme ¡Oh! Cómo podía ser ese hombre maravilloso un monstruo como él mismo me lo había dicho ¡eso era imposible! ¡era la perfección encarnada! Nada en él era malo…¡Oh, cuánto lo amaba! Yo sólo me dejaba llevar por sus caricias y por todas las sensaciones fenomenales que sentía junto a él…

De un minuto a otro y de manera repentina – cuando ya empezaba a aflojar mi polera y él ya no tenía la suya puesta-, dificultosamente, pero con la fuerza de voluntad que lo caracterizaba, se separó de mí y me miró directo a los ojos.

- ¿Qué te pasó hoy mi amada Bella? – vi que me miraba con paciencia y muy atento a escuchar cada palabra que yo le pudiera decir.
- N…nada
- ¿Cómo qué nada? ¿Entonces por qué estabas tan triste?
- De verdad no importa Edward – sentí un par de lágrimas a punto de estallar.
- Imposible, de lo contrario, no tendrías esa bella carita con penita – acarició mi rostro con dulzura y luego besó mi frente.

Me aferré a él con fuerza y las lágrimas traicioneras cayeron sin que yo lo pudiera evitar.

- No era que tú lo averiguarías – le dije en medio de sollozos.
- M…mmm, leí la mente de Alice…, pero no había nada visible, así que supuse que tendría que ver con el lobo – su mandíbula se apretó.

¡Claro! ¿cómo podía olvidarlo? ¡Alice no puede ver a Jake! ¡qué alivio! Entonces Edward no sabía nada ¡¡¡Uf!!! Sonreí impulsivamente.

- ¿Qué pasó? – devolvió mi sonrisa con una maravillosa de él.
- Es que me alegro que no vieras lo que pasó –

No puso su mejor cara con mi respuesta…

- Bella, dime por favor…
- Está bien – asentí resignada.
- Soy todo oídos – me clavó la mirada, mientras me tomaba mis manos y me las acariciaba con su dedo pulgar.
- Bueno verás…vino Jake y tuvimos un altercado de palabras.
- ¿Todavía no se da por vencido el chucho? – sus labios se tensaron en una línea.
- Bueno…quería saber cómo estaba, por eso vino a verme.

Edward sonrió molesto y negó con la cabeza, dejando escapar un seguro.

- ¿Sigo? – le dije algo sarcástica por su reacción.
- Por supuesto, quiero saber cada detalle Bella.
- Bueno…descubrió lo que había pasado entre nosotros…
- ¿Qué cosa específicamente? – me miró medio incrédulo.
- Lo de anoche…
- ¿Y qué te dijo sobre eso? – me preguntó algo molesto.
- M…me dijo si acaso no podía haber esperado un poquito más…- le dije aún dolida.

Vi que su mandíbula estaba completamente tensada y que sus ojos de miel se habían solidificado, quitándole todo brillo de vida y felicidad.

- ¿Qué se ha imaginado…? Esta no se lo voy a dejar pasar tan fácilmente – su voz era decidida.
- ¡No Edward por favor!, te lo suplico, no quiero más problemas…

Sentí que la angustia se apoderaba de mí y lo tomé fuerte por los brazos, aunque era casi absurdo, porque yo jamás lo detendría, no por la fuerza al menos.

- Bella no voy a permitir que te falte el respeto.
- Edward no lo hizo, además le pegué con todas mis fuerzas una gran cachetada.

Vi que cuando le conté lo último, sonrió.

- ¿Le pegaste al chucho? – esbozaba una sonrisa malévola

Asentí y rompió a reír a todo pulmón.

- ¿Qué te causa tanta gracia Edward?
- Bueno…que le pegaras, por ejemplo - y seguía riendo.
- A mí no me causa risa – le dije triste.
- Bella…, esta vez accederé a tu petición y no iré con el lobo, sólo porque tú ya le diste una buena cachetada…, pero conste que es la última mi Bella, no quiero que nadie te haga sufrir.

La puerta de entrada se escuchó y oí a mi padre que me llamaba.

- Bella, Bella ¿estás ahí?
- Sí papá – contesté.

Cuando me di media vuelta, Edward ya no estaba. Oí los pasos de Charlie.

- Hola Bella…me pareció que estabas hablando con alguien.
- E…eee, no papá…estaba media dormida.
- ¿Aún no te repones del baile de anoche parece? – sonrió todavía incrédulo.
- Así parece…, por eso me voy a acostar temprano ¿te molesta?
- No Bella anda, yo también vengo muy cansado y quiero acostarme luego…

Mi padre salió y yo cerré la puerta. Escuché que fue al baño, se duchó y se fue a acostar. En menos de diez minutos roncaba como un oso. Yo me quedé sobre la cama y llamé a Edward.

- ¿Dónde estás? – le pregunté ansiosa.
- Más cerca de lo que crees mi Bella.

Me di ahora media vuelta y estaba ahí ¡¿cómo lo hacía?!

- Bella quiero que veamos lo de nuestro matrimonio…quiero que estemos juntos los antes posible.
Cuando procesé sus palabras, mi corazón comenzó a latir, y tragué saliva para volver a la realidad.

- ¿Matrimonio? – no supe que más decir.
- M…mmm, señorita ¿ya no recuerda que hoy se comprometió conmigo? – el brillo resplandecía en sus ojos tostados.
- ¿Cuándo te gustaría que fuera? – le dije algo nerviosa.
- Bueno, por mí, hoy mismo – sonrió y torció sus bellos labios de miel - ¿cuándo querrías tú?
- No sé aún…tengo que hablar con mi padre… y no será fácil.
- ¿Un mes?
- ¡Uy! ¿tan luego? – no quería herirlo con mis palabras.
- ¿No quieres estar conmigo mi Bella? – puso cara de tristeza.
- ¡Nooo es eso! Por favor no me mal entiendas…, pero tengo que hablar con mis padres y bueno…suspender la universidad.
- ¡Ahh! Pero eso mi Bella no tiene por qué ser así…si quieres nos mudamos y vamos los dos a la universidad…no es necesario que renuncies a todo para estar conmigo…yo tampoco quiero eso ¡quiero que seas feliz! No coartarte la vida.
- Pero Edward en algún momento tendré que ser como tú…y al principio no es tan fácil.
- No es necesario que sea ahora, ya. Podemos esperar…
- No quiero ser una vieja a tu lado… tiene que ser luego – insistí.
- Bella, veámoslo después de casarnos ¿te parece?
- Está bien, aunque es un tema pendiente…
- Y volviendo a lo de tus padres ¿cuándo le contarás sobre todo a Charlie?
- Mañana – respondí instintivamente, odiaba la incertidumbre.
- ¿Mañana? Me parece perfecto…
- Tengo miedo de que no acepte mi decisión.
- Bella, Charlie es un hombre noble y sobre todas las cosas querrá que seas feliz, te lo aseguro.
- Eso espero … - dije de de veras.

De tanta ansiedad, mordí tanto mi labio inferior, que lo llegué a romper y sentí como un líquido leve escurrió por los pliegues de mis labios. Cuando Edward sintió la sangre, intentó dejar de respirar, entonces fui irresponsable nuevamente, después de todo la última vez no me fue nada de mal, y lo besé…dejando que mi labios rotos rozaran los suyos…Bebió mi sangre y un torbellino de pasión invadió cada partícula de la habitación…