Epico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Ella suspiró contra el panel, apoyando su frente sobre el frío metal, viendo como su aliento empañaba la superficie. Había pasado una semana desde que había dejado volver a Vegeta al laboratorio y sólo había visto a Radditz intermitentemente. El Saiyajin más grande parecía sólo preocuparse por entrenar ahora, y cuando la veía sólo la miraba, sus ojos cálidos pero las líneas de su boca duras. Le parecía que estaba preparándose para el fin del mundo con la intensidad de su entrenamiento, ¿pero qué sabía ella? De todo lo que estaba segura era de que ella y Vegeta casi tenían la situación de la nave terminada. Ella podría haber comenzado la fabricación en serio hace un buen tiempo, pero por ahora sólo estaban en las etapas de prototipo mientras se aseguraban que sus piezas funcionaran antes de producirlas en masa. Estaba todo tan cerca de su final- los scouters ya estaban en línea y el montaje comenzaría a partir de esa misma semana. Vegeta conseguiría lo que quería y todos se irían... "Vamos a tomar un descanso," le dijo.
Él asomó su cabeza, parpadeando hacia ella. "¿Qué? Tomamos uno hace dos horas."
Ella suspiró otra vez. Era tan increíblemente frustrante. "¿Y qué? No tengo tu capacidad loca para estar sin dormir y estoy cansada de todo esto," ella contestó desafiante.
"No esperaría que fueras tan disciplinada como un Saiyajin," dijo con frialdad.
"Perdóname, por favor, Vegeta," imploró, poniéndose de pie y limpiando la grasa de su mono de trabajo.
Él le echó una dura mirada y se puso de pie después de un momento, acercándose a ella y poniéndose de pie frente a ella. "Te ves como un bárbaro, de pie allí con grasa por todas tus partes," le dijo, moviendo su brazo y limpiando algo de aceite de su mejilla.
Ella levantó su mano a su propia mejilla, sorprendida que él la hubiera tocado y lo miró con amplios ojos. Él notó su mirada y se sonrojó, su ceño fruncido incrementando mientras alejaba la vista. "Uh, ¿qué tal un bocadillo?" ofreció ella con torpeza. "Podría ir a buscar algo de chocolate."
"¿Chocolate?" Vegeta preguntó, levantando una ceja.
"Oh, ¿nunca has probado chocolate?" chilló ella, aplaudiendo sus manos juntas. "¡Entonces vamos!" gritó, tomando su mano.
Él se resistió por un momento. "Tan impaciente," murmuró para sí mismo, pero la dejó arrastrarlo por el pasillo sin embargo.
Se metió en la cocina y revolvió los cajones hasta que encontró lo que quería. "Mamá trajo este importado," explicó Bulma. "Es el mejor que puedes conseguir en todo el mundo."
"¿Y tú comes esto?" Vegeta preguntó dubitativo, mirando con recelo el chocolate.
"Claro que sí. Es muy bueno," respondió, sosteniendo un pedazo para que lo tomara, pero lo levantó en lugar de bajarlo a sus manos. Él se inclinó hacia adelante y lo tomó de sus dedos delicadamente con sus dientes, sus labios suaves y cálidos contra la piel de sus dedos. Antes de que lo supiera el chocolate se había ido de su agarre y estaba sosteniendo sus dedos vacíos frente a ella, sus mejillas teñidas de rosa. Él bufó y la sacudió fuera de sus pensamientos, pero en lugar de mirarlo a los ojos su mirada fue de inmediato a su esculpida boca, los labios suaves a pesar de sus duras y crueles líneas. "Uh, ¿te gustó?" preguntó ella, frotando sus dedos juntos.
"Está bien," admitió él, sus ojos moviéndose a sus esquinas izquierdas mientras contemplaba, su mandíbula trabajando.
"Si quieres más puedes agarrar," ofreció ella. Él gruñó pero no dijo nada. Ella tembló un poco, sorprendida por su propia hiel, mientras tomaba otra pieza entre sus dedos y la levantaba para que él la tomara. "Vamos," alentó con suavidad. Él fijó su ilegible mirada sobre ella y se inclinó hacia adelante, sus secos labios de nuevo apenas rozando su piel mientras sus afilados dientes blancos se cerraban alrededor del bocado y lo removían delicadamente de su agarre, sus ojos ardientes sin dejar los de ella. "Ahhh," dijo ella con voz débil. "Toma todo lo que quieras." Sus mejillas estaban ardiendo salvajemente ahora, la sangre golpeando en su rostro.
"Demasiada azúcar," gruñó él, separando su mirada y en cambio mirando al dulce. "A Zarbon probablemente le gustaría más."
"Es posible que Zarbon ya lo haya encontrado. No me sorprendería que él fuera la razón por la que mamá lo ordenó," Bulma respondió con una sonrisa.
"Es probable," dijo Vegeta, la voz baja y todavía jugando con los trozos de chocolate. "Aquí," ordenó, de repente arrebatando uno y levantándolo y ofreciéndoselo para que lo tomara. Ella lo miró, desconcertada, por una fracción de segundo, luego se inclinó hacia adelante y lo tomó de sus dedos con su boca, muy parecido a como él había hecho momentos antes. Sus carnosos labios estaban húmedos en los bordes y él se dejó llevar... divertido... a la boca de su estómago.
"Mmm," dijo ella, trabajando el chocolate alrededor de su boca. "Esto es lo mejor."
Vegeta se enrojeció y se alejó, flexionando involuntariamente los músculos en sus hombros. "Lo que sea," refunfuñó.
Bulma ladeó su cabeza y puso un dedo al lado de su nariz. "Sabes," dijo ella. "Te ves bien con esa camisa."
Vegeta bajó la vista hacia la ceñida camiseta de algodón negra que llevaba. "Uh..." murmuró en respuesta, sin realmente saber cómo tomar el cumplido. "¿No deberíamos volver al trabajo?"
El rostro de Bulma cayó. Él era un idiota, sólo tenía que seguir diciéndose eso. "Está bien, está bien. Sólo déjame tomar un poco de agua y podemos ir."
"Te esperaré en el laboratorio," dijo bruscamente y salió de la habitación.
"Eres la criatura más intolerable que he tenido el disgusto de conocer," gruñó, mostrándole los dientes.
"¡Bueno esto sería un infierno más fácil si supieras de qué estabas hablando!" gritó en respuesta, haciendo oscuros garabatos locamente a través del papel. Había sido de esa manera desde que habían terminado de desarmar la nave. Los prototipos de scouter habían ido bien hasta que ella le había mostrado uno a Vegeta. Él apenas lo había ajustado, presionado una vez, y quitado de su rostro, aplastándolo con una mano y desparramando los restos en el suelo antes de marcharse sin una sola palabra, dejándola de pie allí, desconcertada. Yamcha y Zarbon habían entrando en ese momento, Yamcha rápidamente poniendo un brazo consolador alrededor de ella mientras Zarbon se movía a través de los escombros.
"Es sólo un estúpido bastardo, Bulma," había dicho Yamcha. "No te estás haciendo ningún favor al subyugarte a él. Olvídalo y sal conmigo."
Ella lo empujó lejos airadamente entonces, porque no importaba lo bien que se había sentido estar de nuevo en sus brazos por sólo un momento recordó de inmediato cuánto odiaba ser protegida cuando él hablaba. "Realmente no es asunto tuyo, Yamcha," había soltado.
Él la tomó de nuevo suavemente, acercándola lentamente. "Está bien," le había murmurado a su cabello, y ella se sintió volviéndose más blanda y sin huesos en su cálido y fuerte abrazo.
"Lo sé," había susurrado en respuesta, sorprendida cuando Zarbon habló de repente.
"¿Por qué estaba enojado?" Zarbon preguntó.
"No lo sé," Bulma se quejó.
Zarbon frunció el ceño al polvo que estaba frotando de entre su pulgar e índice. "¿Puedo verlo? ¿Tienes otro prototipo de scouter disponible?"
Ella se soltó de Yamcha de mala gana y fue a buscar otro scouter. Momentos después, cuando había llegado, se lo entregó a Zarbon, que de inmediato lo ajustó a su cabeza. Miró fríamente a Yamcha y presionó el botón, escuchando con atención a los clics mientras los números aparecían a través del ocular. "Ahora lo entiendo," murmuró para sí mismo, apagando el dispositivo y quitándoselo de su cabeza.
"¿Qué? ¿Qué es?" Bulma había preguntado frenéticamente.
Zarbon le entregó el scouter solemnemente. "Esta cosa es prácticamente inútil para nosotros. Mientras que tú pareces hablar una forma de estándar ciertamente no escribes en él. Nuestra gente no será capaz de leer estas cosas."
Los hombros de Bulma cayeron mientras sentía la cálida presencia de Yamcha detrás de ella, sus secas manos de largos dedos alrededor de su cintura y apretando para tranquilizarla. "¿Entonces qué debo hacer?" preguntó con voz débil.
Zarbon la miró indiferente, su perfecto rostro sin mostrar simpatía. "Bueno, haz lo mejor para aprender a escribir en estándar intergaláctico," dijo tan suavemente como pudo.
Bulma había gruñido con fuerza por eso, inclinándose con fuerza contra Yamcha. "Oh, genial," soltó. "Eso acelerará las cosas. Supongo que tendré que programar las naves para mostrar el mismo maldito idioma."
"Probablemente," había dicho Zarbon, asintiendo. "Si deseas puedo ayudarte. Estoy acostumbrado a traducir."
Había sentido un escalofrío correr por su columna vertebral ante la idea de tener que pasar tiempo a solas con él. Era hermoso, pero demasiado hermoso. No le gustaba la forma que no hubieran fallas en su apariencia, y el frío brillo en sus ojos dorados la intimidaba. "Uh, bueno, está bien," dijo con incertidumbre.
Se habían encontrado al día siguiente, Zarbon acarreando las hojas de papel y sentándola en la mesa. "Está bien, vamos a empezar con los verbos," había dicho, y se pusieron a trabajar. Sin embargo no más de una hora después Vegeta estuvo allí, revolviendo en la nevera, y cuando escuchó lo que estaba ocurriendo había estado furioso. Se produjo un pequeño ruido, con Vegeta ganando derechos de dar clases a Bulma y dejar a Zarbon totalmente desconcertado. Para combatir su confusión Zarbon se fue rápidamente a la playa, dejándola a ella y a Vegeta a solas.
Lo que la trajo de nuevo al presente, sentada junto a la piscina y colgando sus piernas en el agua mientras Vegeta se sentaba acurrucado detrás de ella, sus bermudas de baño crujiendo mientras se movía con impaciencia. Ella apretó sus dientes y escribió más frenéticamente, tratando de hacer que las palabras alienígenas tuvieran un buen aspecto. "Cállate, estás haciendo demasiado ruido," soltó. "Esto no es fácil, sabes."
"Tal vez no para ti," gruñó él detrás de ella. "Para esos de nosotros con intelecto súper estándar no es un problema."
"¡Como si tuvieras otra cosa que inteligencia deficiente!" gritó ella, mirándolo sobre su hombro con el único propósito de fruncir el ceño. "¡Me gustaría verte traducir mi idioma al tuyo!"
Él se estiró y tomó el lápiz de su mano con furia. "Bien, sólo mira," gruñó, garabateando el papel. Su caligrafía no era tan mala como la de ella, sus letras altas, afiladas, y oscuras opuesto a su escritura más redondeada. En momentos él estaba frustrando pequeños ruidos de gruñidos y ella supo que él se había visto obligado a darse por vencido. "Esto es estúpido," gruñó finalmente, haciendo una bola al papel y arrojándolo a la piscina.
"Tú, estúpido..." soltó bruscamente. "¡Ahora el papel se va a estancar en la trampa!"
Él se encogió de hombros, mirándola desde abajo de sus espesas cejas. "Si eres tan genial ve a buscarlo," se quejó, todavía recostado de lado, su brazo levantado para apoyarlo.
"¡No es mi trabajo levantar tus cosas!" gritó ella, arrojando sus brazos al aire. "Oh dios mío, eres tan imposible."
Él frunció el ceño, sentándose erguido. "Sólo cállate y toma el maldito papel así no tengo que escuchar tus quejas, ¿sí?" dijo.
Ella se puso de pie por completo, inclinándose sobre él y sacudiendo su dedo como loca. "Escucha, ¡en tanto y en cuanto seas un invitado en mi casa será mejor que muestres el respeto apropiado!" gritó ella. "No voy a soportar tu mierda mucho más tiempo, amigo. ¡Tú y tu pequeño amigo azul pueden sólo ir empacando al espacio exterior sin su tecnología maldita!"
Vegeta se perdió de la primer parte que ella estaba diciendo, distraído inexplicablemente por su traje de baño. Era una bikini naranja y amarilla con rayas y aunque también estaba usando pantalones cortos de jean eran tan pequeños que no hacían una diferencia. Además, los dos botones de arriba de su cintura estaban sueltos, así que podía ver la parte de abajo de su bikini. Alzó la vista cuando se dio cuenta que ella todavía le estaba gritando sólo para encontrarse con sus senos colgando como suaves frutos frente a su rostro mientras se inclinaba. Obligándose a concentrarse en sus brillantes ojos azules estiró sus musculosos brazos en el aire y los cerró detrás de su cabeza antes de inclinarse en el azulejo junto a la piscina para poderla ver completa de una vez.
"Buen movimiento, Vegeta," escuchó a Zarbon decir suavemente desde una silla cercana, bajando sus anteojos de sol y mirando a Bulma de arriba a abajo. Le dio a Vegeta una mirada de complicidad y levantó sus anteojos de sol, arrojó su cabello suelto sobre su hombro, y siguió leyendo una revista.
"¿Qué pasa con Radditz?" Vegeta soltó desde su posición de descanso. "¿Vas a quedártelo como mascota?"
Bulma se enrojeció, poniéndose de pie y poniendo sus manos en sus caderas. "Déjalo fuera de esto," dijo con rabia. "Él es una persona decente."
"Pero es tan fácil de manipular, ¿no, mujer?" Vegeta dijo socarronamente. "Parece de tu tipo."
"Ahora Vegeta," Zarbon dijo desde su reposera. "No te pelees con tu kanojo."
Bulma miró mientras Vegeta se ponía rojo como remolacha y se ponía de pie, caminando hacia Zarbon y gritándole rápidamente en un lenguaje gutural que ella no entendía. Zarbon se quitó sus anteojos y cruzó sus brazos, sosteniéndolos flojos mientras relajaba sus manos en su regazo, una mirada de calma condescendencia en su rostro mientras Vegeta ardía en furia. Vegeta despotricó hasta que casi quedó azul, luego se quedó allí de pie, su pecho jadeante y sus ojos hirviendo mientras miraba a Zarbon. "¿Terminaste?" Zarbon preguntó cortésmente.
Ella pudo escuchar los dientes de Vegeta moliéndose desde donde estaba. "¡Eres imposible!" le gritó a Zarbon antes de despegar hacia el cielo.
Bulma miró al sonriente rostro de Zarbon, mirándolo con calma poniendo sus modernos anteojos de sol de nuevo. Curiosa, caminó hacia él y nerviosamente alejó su mirada de su ondeado pecho desnudo. Habían demasiados hombres hermosos en su casa, decidió en silencio antes de abrir su boca. "¿Cómo me llamaste?" preguntó humildemente.
La perfecta boca de Zarbon se curvó en una malévola sonrisa. "Te llamé su novia," dijo con una racha de humor.
Bulma se puso completamente roja en su rostro. "¡Cómo te atreves!" jadeó sin aliento. "¿Cómo te atreves a asociarme con ese animal?"
Zarbon volvió a mirar a su revista y rió entre dientes. "Eso es justo lo que él dijo," él contestó con sequedad.
Bulma hizo un ruido de furiosa frustración y plantó sus manos en sus caderas de nuevo, sus nudillos blancos. Girando sobre sus talones caminó hacia una tumbona vacía y se sentó, estirándose desafiante para atrapar los rayos del sol. Disfrutaría a pesar de lo que Zarbon había dicho, pensó para sí misma, y cerró sus ojos.
Debió haberse quedado dormida, porque lo siguiente que supo fue que Vegeta estaba de vuelta gritando a Zarbon de nuevo. Parpadeando, se sentó y frotó sus ojos, notando que el sol no estaba lejos de esconderse. ¡Debió haberse quedado dormida por un buen tiempo! El ruido de la lucha atrajo su atención de nuevo y miró hacia la casa donde estaban de pie.
Ambos estaban gritando esta vez, los puños de Zarbon apretados con rabia a su costado mientras Vegeta giraba su cabeza de un lado a otro, sus musculosos brazos cruzados sobre su pecho. "¿No te das cuenta lo que estás haciendo?" gritó Zarbon, la actitud de su cuerpo tenso y furioso.
"No necesito que me digas qué hacer," respondió Vegeta. "¡Freezer me dio órdenes toda mi vida y no voy a soportar esto!"
"¡Pero piensa en lo que estás haciendo!" gritó Zarbon. "¡No hay excusa para esta clase de pereza!"
"Yo esclavicé esas malditas máquinas, Zarbon," soltó Vegeta. "No tienes ni un cuarto para llamar a eso pereza. Después de todo, ¡qué has hecho sino juguetear con los nativos y encontrar maneras de hacerte ver bonito!"
"¡Eso es todo lo que puedo hacer contigo jadeando alrededor de esa terrícola!" chilló Zarbon. "Actúa como un maldito gobernante por una vez, Vegeta. ¡Tienes un deber que hacer y tenemos que volver a Arlia!"
"¡No te atrevas a hablarme de deberes!" Vegeta gritó, levantando un puño.
"Wow, muchachos, ¿qué sucede?" Yamcha preguntó con inquietud, saliendo del edificio con una bandeja de bebidas y justo en el medio de la discusión.
"Yamcha, será mejor que entres," advirtió Zarbon, pero ya era demasiado tarde.
Vegeta se volteó hacia el terrícola con toda su fuerza. "¿Quién demonios piensas que eres, débil, interfiriendo con asuntos imperiales?" siseó Vegeta.
Yamcha frunció el ceño y Bulma sintió su estómago hundirse. Eligió el peor momento posible para meterse. "Hey, ¿a quién estás llamando débil, enano?" Yamcha dijo con un gruñido.
Zarbon de inmediato se puso entre los dos, tomando el golpe que, si hubiera golpeado a Yamcha, muy probablemente hubiera pulverizado su rostro. "¿Ahora por qué me pegas?" gritó Zarbon, sus dorados ojos brillando.
"¡Porque te pusiste en el camino, estúpido!" Vegeta rugió.
"¡Nada de esto hubiera ocurrido si no te hubieras metido tanto en tu maldita tecnología!" aulló Zarbon. "Has estado descuidando tu entrenamiento. Por qué, ¡no estaría sorprendido si Yamcha pudiera darte una paliza ya mismo!"
"Retracta eso," Vegeta gruñó, apretando sus puños.
Bulma corrió a intervenir. "Ahora, no crees que estás siendo un poco precipitado," dijo con nerviosismo.
"Bulma, no te pongas en peligro," Yamcha advirtió desde el otro lado de la erizada pareja.
"Cállate, tú. No soy tu maldita hija," ella replicó.
Zarbon se volvió hacia ella. "Tú cállate. Esto no es tu asunto."
"No le digas que se calle," Yamcha y Vegeta dijeron al mismo tiempo, la cola de Vegeta desenvolviéndose de su cintura y azotando de un lado a otro. Luego los dos hombres se miraron uno a otro en sorpresa, los ojos de Yamcha yendo hacia la cola, luego mirando a Bulma con shock.
"¡Cállate!" Zarbon gritó, comenzando a incrementar su poder. "¡Estoy harto de que eludas tu deber!"
"¡No seas tan duro con él!" Bulma protestó, frunciendo el ceño. "Ha estado trabajando duro y no le estás dando crédito."
"Dije silencio," siseó Zarbon. "Es todo culpa tuya de tu maldita compañía de todos modos. ¡El Emperador del Nuevo Imperio Saiyajin debería estar haciendo más con su tiempo que jugar con un montón de máquinas inútiles!"
"¡No son inútiles!" Bulma gritó, finalmente enfurecida.
"¡Si realmente las necesitásemos entonces Vegeta sólo debería volverse lo fuerte suficiente para derrotar a Freezer y TOMARLAS!" Zarbon gritó en respuesta. "Pero desafortunadamente Freezer todavía va a golpearlo hasta la muerte- estamos de vuelta en el punto de partida. ¿Cuán estúpido tienes que ser?" gritó, señalando a Vegeta.
Vegeta hizo un sonido de rabia y comenzó a correr, sus pasos alejándolo del grupo. "Ahora lo hiciste," Bulma gruñó con amargura y corrió tras Vegeta. Estaba justo empezando a elevarse y ella saltó sobre él frenéticamente, tomándolo por los hombros.
Él la miró en sorpresa. "¿Qué estás haciendo?" preguntó.
Ella lo miró, sus azules ojos destellando con ira y sin ninguna oposición. "Sólo vete," ordenó, y él despegó en un cegador destello de luz azul.
Los hombros de Zarbon se desplomaron. "Oh genial," murmuró, presionando sus dedos contra su frente.
Yamcha alzó la vista al cielo en la dirección que se habían ido, todavía balanceando la bandeja de bebidas en sus manos. "Sí, realmente lo hiciste," respondió.
Zarbon lo miró con furia. "Cállate. Tú tampoco estuviste tan ardiente," gruñó.
"Tú sólo cuestionaste su autoridad, Zarbon," dijo Yamcha, sacudiendo su cabeza. "Deberías saber mejor que nadie lo mal que se lo toma."
"Bueno TÚ casi te haces golpear hasta quedar hecho polvo," Zarbon replicó.
Yamcha se echó a reír nerviosamente. "Oh, sí. Gracias por tomar el golpe. "¿Estás bien?"
Zarbon se tocó su pómulo con cautela. "Supongo. Tanque mañana a la mañana en lugar de la playa," dijo con un suspiro. "Eso va a dejar una marca."
Yamcha rió de verdad y señaló hacia las sillas en la piscina. "Aw, vamos, saquémonos un peso de encima."
Zarbon asintió y siguió a Yamcha a las sillas aturdido, levantando sus pies y apoyándose fuertemente en el respaldo de su asiento. "Es sólo tan malditamente difícil," murmuró. "Vegeta es joven y no sabe lo que quiere."
El rostro de Yamcha se endureció. "¿Ah, sí?" respondió ausente, sentándose y poniendo uno de los tés helados cerca de Zarbon, apretando un pequeño limón y cargándolo con azúcar.
"Gracias," Zarbon murmuró, tomando la bebida. "Sólo está perdiendo todo este tiempo. No sabemos qué tan pronto atacará Freezer, y confía en mí, Freezer atacará."
"Mmm," Yamcha dijo, inclinándose en su silla y mirando al cielo.
"Quiero decir, ¿qué si es demasiado tarde? ¿Qué si Freezer está en camino en este momento? Si Vegeta no puede derrotarlo..." Zarbon dijo deteniéndose, sus ojos de repente ampliándose. "Oh dios mío," susurró.
Yamcha frunció el ceño y se volvió hacia él. "¿Qué?"
"Eso es lo que está mal con él," Zarbon dijo son aliento. "Él cree que va a morir luchando contra Freezer. Creo que está planeando morir cuando luche contra Freezer. De hecho, creo que está planeando convocar todo su poder y hacer volar a los dos," dijo en voz baja. "Y no sería la primera vez que intenta hacer algo como eso. Me hace preguntarme si todas esas llamadas cercanas a Arlia podrían no haber sido práctica. ¿Pero por qué querría morir?"
"No lo sé," Yamcha dijo, frunciendo el ceño en su bebida.
"¿No tiene una razón para vivir? ¿No es la vida misma una razón suficiente?" Zarbon se preguntó en voz alta, tomando su revelación.
"Si no tienes a nadie, no," Yamcha dijo solemnemente. "Pero puede que no tengas que preocuparte de ello."
Zarbon lo miró con curiosidad, alzando una ceja. "¿Eh? ¿Por qué es eso?"
Yamcha aclaró su garganta, sus rasgos duros. "¿Recuerdas antes, cuando estábamos hablando sobre la cola de Radditz y cómo la mueve cuando está cerca de Bulma?" preguntó en voz baja.
Zarbon se inclinó hacia adelante en su silla, plantando sus pies con sandalias en el suelo a cada lado. "Sí, ¿y qué?" respondió.
"¿Recuerdas lo que dije que significaba?"
"Sí," Zarbon dijo otra vez.
Yamcha respiró hondo. "Bueno, entonces sosténte," dijo con gravedad.
"¿Qué, qué pasa?" Zarbon instó.
Yamcha lo miró desde debajo de su oscuro flequillo, sus facciones marcadas con dolor. "La cola de Vegeta hace exactamente lo mismo."
"Más cerca," la voz siseó desde la ranura en la puerta.
Dodoria miró de arriba a abajo al pasillo, sospechoso de que lo hubieran seguido. "¿Qué pasa, Señor?" susurró, parpadeando mientras el sudor se vertía de su arrugada ceja a sus ojos.
La respiración del otro lado de la puerta era irregular. "No puedo creer que me hiciera esto. No puedo creer que me encerrara en mi habitación. Me está encarcelando, Dodoria, ¡me está encarcelando!"
Dodoria estudió el pasillo de nuevo, nervioso. "Sí, Señor Freezer," murmuró.
Una risa sonó a través de la ranura. "Tiene otra cosa en mente. Me vengaré de él, pero tomará tiempo. ¿Estás conmigo?"
"¿Qué tipo de venganza?" Dodoria preguntó. Le gustaba la oscuridad del pasillo casi tan poco como le gustaba romper las órdenes del Rey de no acercarse Freezer. Sin embargo ese día había recibido un mensaje anónimo en sus habitaciones, solicitando su presencia en donde su señor estaba encarcelado. Si el Rey averiguaba eso era hombre muerto, pero supuso que si no iba una vez que Freezer saliera no sólo estaba muerto sino que prometía una lenta, tortuosa, tardía muerte. Cuando se enfrentaba con rápido versus lento, Dodoria encontró que estaba a favor de lo rápido, y tenía que morir en lo absoluto. Con suerte su líder era lo astuto suficiente para evitar que ambos fueran asesinados. Por enésima vez deseó que Zarbon estuviera allí; aunque realmente nunca le había gustado el remilgado hombre azul que Zarbon siempre había sabido exactamente qué hacer y cómo mantener a salvo sus pellejos.
"La mejor clase," Freezer rió desde detrás de la puerta.
"¿Y de qué tipo es eso, señor?" Dodoria preguntó, comenzando a sentirse enfermo.
"Tengo un plan. Vamos a conquistar el universo," Freezer respondió.
"Señor, ya tienes la mitad del universo," Dodoria le recordó.
Hubo un chasquido y la puerta entre ellos se estremeció con fuerza, una pequeña protuberancia en el metal apareció. Dodoria de repente estuvo muy contento de la presencia de la puerta. "Vamos a tomarlo todo, de mi padre," Freezer respondió.
"¿Cómo? Estamos en el corazón del imperio de tu padre," jadeó Dodoria, sudando incluso más que la humedad estaba vertiéndose entre sus pliegues rosas. Se movió nerviosamente en su armadura, flexionando su mano de dos dedos con garras negras y rascándola contra el antebrazo puntiagudo opuesto.
"Todavía hay gente aquí que prefiere verme a mí en poder que a Cold," siseó Freezer. "Voy a formar una rebelión y al segundo que me deje salir de aquí se terminó para él."
"Pero, señor, todavía estás programado aquí por otros varios meses," Dodoria le recordó suavemente.
"No importa. Más tiempo para que planee," Freezer respondió. "Uno pensaría que el viejo tonto aprendió de la muerte de Cooler para no meterse en mi camino, ¿no?"
"Absolutamente," concordó Dodoria, sus nervios tintineando mientras miraba de arriba a abajo al pasillo de nuevo. El riesgo de ser atrapado estaba comenzando a volverlo loco.
"En cualquier caso, comienza a juntar a los hombres. Necesitaré su ayuda para el impulso inicial, pero después de eso necesitarás estar listo para despegar inmediatamente."
"Por supuesto, señor, ¿pero puedo preguntar por qué?"
Casi pudo escuchar a Freezer sonreír a través de la puerta. "¿Creíste que me había olvidado de Vegeta?" rió entre dientes.
Dodoria palideció. Había esperado que todo el desagradable tema hubiera desaparecido. "Por supuesto que no, señor," dijo con nerviosismo.
"Bien," Freezer ronroneó. "Porque tan pronto como recibas la señal quiero que te dirijas a Rihon 8 con la mitad de nuestras tropas. Una vez que llegues allí derrotarás a los nativos y traerás a Vegeta de nuevo a mí, si está vivo."
"¿Y a Zarbon? ¿Qué pasa si Zarbon está vivo?" Dodoria espetó.
"Mátalo," Freezer dijo desagradablemente. "Mi idea no ha cambiado."
Dodoria suspiró, mirando de un lado a otro al pasillo de nuevo. "Sí, señor. Esperaré tus órdenes."
Freeza rió entre dientes. "Excelente, señor Dodoria. No falta mucho tiempo," dijo diabólicamente. "Oh, no, no mucho tiempo."
