Thorin…Thorin…Thorin…

Lo necesitaba, quien quiera que fuese. Su nombre se repetía una y otra vez en su mente con breves visiones de su rostro y aquellos ojos azules que la miraban como si le verdaderamente importara. Su voz llamándola por su nombre sonaba seductora y tan familiar…

Thorin.

Quería ir a buscarlo.

Atrapada en esta oscuridad, sometida por los demonios que la mantenían encadenada a este irreconocible lugar, deseó escapar eh ir por aquel hombre desesperadamente. Pero parecía que las frías cadenas aumentaban alrededor de su cuerpo, que parecía que en cualquier momento le romperían los huesos. Y aunque eso no le importaba, sintió una enorme tristeza al no poder vislumbrar un mínimo de luz en este espantoso sitio. Lo único que podía oír era los gritos y susurros de aquellos seres que se aferraban a sus extremidades con filosas sus garras, imposibilitándola de moverse.

¿Sería esto el infierno?

Probablemente.

Ni siquiera en la muerte podía tener un mínimo de paz.

No había recuerdos preciosos que evocar y su mente era un revoltijo de confusión. Cada vez que cerraba los ojos veía fuego, sangre y muerte con una silueta oscura invitándola con sus perversos ojos como llama viva.

A pesar de todo lo que había causado, de todas las vidas que había quitado y del dolor que hubo causado, ese destino no era algo que quisiera obtener.

La mayoría del tiempo solo deseaba no estar rodeada de muerte y tener el mínimo de una vida normal. Caminar tranquilamente por la calle sin la preocupación de que otro mercenario venga a quitarle vida solo por un puñado de sucio dinero… De todos modos, eso jamás sucedería. Estaba obligada a llevar la vida que se le impuso a la fuerza y las bondades del mundo estaban lejos de tocarla.

¿Terminaría alguna vez esta tortura?


La mirada cálida del mago le hizo sentir como si estuviera junto a su padre. No había malicia alguna en él y la luz que desprendía era extrañamente confortante.

Por unos momentos pensó reclamarle por haber abandonado a Nymeria en aquel terrible mundo, pero él pareció adivinar sus pensamientos.

Levantando la mano para detenerlo, le observo con un gesto de pesar mostrando el claro dolor en sus brillantes ojos verdes tan similares a los de Nymeria.

-Comprendo tu sentir, pero era lo único que podía hacer para que Sauron no la encontrara. No imaginas el inmenso dolor que es dejar a tu bebe a merced de un mundo desconocido, sin poder brindarle la protección y el amor que necesita… Estaba muriendo, de un modo u otro no había forma de que de yo pudiera quedarme con ella. Gaste toda mi energía en llevarla aquel mundo…

-Eres un mago, puedes más que cualquier mortal…

-Le entregue a mi hija la mayoría de mis poderes cuando nació. La marca en su hombro es la prueba de ello, de no haberlo hecho en ese momento Sauron me habría consumido rápidamente. Con el mínimo de poderes fui prácticamente invisible para él. Guardé lo poco que me quedaba para el viaje, pero no hubo retorno para mí. Me desvanecí poco después de entregar a mi bebe a los humanos.

-¡Humanos que la lastimaron!-Gruñó a pesar del dolor en la voz del mago. Cada recuerdo de Nymeria de aquellos momentos quemaba dolorosamente en él.

Una lágrima rodó por la mejilla de Alatar con un profundo dolor en su expresión llena de culpa.

-Antes de dejarla jamás supe lo que le esperaría. Créeme, de haberlo sabido habría tomado otro camino. Pero fue una incuestionable decisión de los Valar y frente a ellos no tengo poder alguno. No espero que lo entiendas, sé que de algún modo me odias por lo que hice. Y lo comprendo, me sentí de la misma forma cada vez que vislumbre la vida de mi hija después de mi muerte. Oírla rogar a gritos por un poco de ayuda y no recibirla, es algo que jamás olvidare y mi pequeña Arianna tampoco, ella no deja llorarla…

-¿Arianna?-Thorin preguntó para cambiar el tema. No deseaba evocar una imagen de Nymeria en aquella situación, bastante tenía con sus dolorosas memorias.

-Mi esposa. Ella y yo estamos juntos en las estancias de Mandos. Arianna murió demasiado joven, estoy seguro de que sabes muy bien lo difícil que es para una enana dar a luz-En respuesta, Thorin solo pudo asentir recordando a su hermana en los terribles labores de parto, y a los que por poco no logra sobrevivir. Si concebir un niño era difícil, traerlo al mundo era aún mas-Arianna sabía las consecuencias, sin embargo, aceptó llevar a Nymeria en su vientre y traerla este mundo. Añora el día que pueda reunirse con ella…oh, no te preocupes-Agregó rápidamente Alatar al ver su preocupación y miedo-No es el tiempo para Nymeria aun. Ella ya ha sufrido demasiado como para quitarle su nueva vida junto a ti. Y sí, soy muy consciente de su relación…-Ante esas palabras, Thorin apretó los puños preparado para su desaprobación. Sin embargo, una repentina sonrisa se extendió en el rostro del mago-Sé de ti mucho antes de que nacieras, Thorin escudo de roble. En el primer momento en que sostuve a mi hija en mis brazos se me otorgó la visión de quien sería su compañero. Aulë fue sabio en su decisión y se lo agradezco eternamente.

Sorprendido por las palabras del mago, no pudo evitar sentir un gran alivio. Era más que claro que tenía su aprobación, aunque saber que le conocía mucho antes de siquiera existir, debía admitir que era un poco…desconcertante.

-¿Cómo es que has logrado estar aquí?-Preguntó aun con la asombro de estar frente al padre de Nymeria. El mago llevaba cientos de años fallecido y de la nada aparecía para salvarlo.

-Un permiso de los Valar, pero mi tiempo es limitado. Nymeria se hunde más en el olvido a cada momento y debes sacarla. Tu recuerdo es lo único que todavía la mantiene aquí. Eres más importante de lo crees… eres su vida misma. Sin no estas, ella es capaz de quitarse su propia vida. Espero que seas consiente de eso.

Por Mahal que lo era. Nunca dejaba de sorprenderle la intensidad del amor que Nymeria le tenía y no podía imaginar todo lo que ella podía llegar a hacer solo por él. Pero lo podía entender. Porque él también sería capaz de cualquier cosa solo por ella. Lo que hay entre ellos está más allá de la simple decisión de Mahal y eso no lo podía deshacer nadie.

Ni siquiera Sauron.

-Solo la muerte podría separarme de ella-Contestó con orgullo y determinación recibiendo una sonrisa más amplia de parte del Maiar.

-Eso era todo lo que necesitaba oír-Dijo Alatar con simpatía colocando la mano sobre su hombro-Tienes mi bendición. Confío plenamente en le brindaras toda la felicidad que se merece.

-De eso no tengas duda. Aunque lo que yo pueda hacer es poco en comparación con lo que ella hace por mí. Ni lo que me quede de vida bastara para pagarle.

-No menosprecies lo que puedes hacer, porque para Nymeria cada acción tuya es muy importante. Te considera su igual y una fortaleza en la que se puede apoyar y confiar. Pero del mismo modo…también puedes dañarla.

-Eso es algo que jamás cometeré otra vez-Mencionó recordando los primeros meses con Nymeria. Siempre estaría arrepentido de todas sus malas palabras y acciones contra ella. Y aunque le había perdonado, no iba serle fácil olvidarlo.

-La fidelidad y el valor de los enanos es algo que nunca deja sorprenderme-Alatar comentó viendo la seguridad y la determinación del rey. Pero de igual manera estaba su terquedad, bien se sabía era que la creación de Aulë era una raza obstinada y orgullosa. Pero no podía decir que eso era un defecto. Sacando aquella arma del interior de la manga de su túnica, se la entregó a Thorin-Estoy muy seguro de que la vas a necesitar.

Recibiendo a Orcrist con bastante sorpresa, Thorin le agradeció con una inclinación de cabeza antes de colocar la banda de cuero que sostenía la vaina alrededor de su cuerpo para fijarla a su espalda. Sintiéndose con más confianza al tener su espada para defenderse, miró al mago esperando su decisión.

-¿Vas a llevarme a Nymeria?-En contestación solo hubo un ligero asentimiento antes de verse rodeado de absoluta oscuridad y frialdad, reconociendo inmediatamente los chillidos de aquellas desagradables criaturas.

A su lado, Alatar comenzó a brillar para dar visión a lo que tenían por delante, solo para encontrar a cientos de sombras reunidas alrededor de un montículo de estas, las cuales parecían luchar por aferrarse a algo.

Las gruesas cadenas que salían debajo de las criaturas subiendo hacia la nada, no les fue para nada alentador.

-Por los Valar… Espero que no sea tarde-Rogó Alatar empezando a correr a medida que aumentaba el brillo para alejar a las criaturas que comenzaban a rodearlos.

Thorin desenvainó a Orcrist sintiendo al collar calentarse alrededor de su cuello mientras blandía la espada contra las sombras. La hoja tenía un brillo distinto, ligeramente dorado y que para su alegría, las sombras verdaderamente despreciaron, pues estas retrocedían siseando como bestias salvajes.

Aun así, eso no le retuvo para despedazarlas en venganza.

No obstante, su corazón casi se detuvo al ver a Nymeria encadenada en el sitio que segundos atrás había sido un tumulto de sombras furiosas.

Rápidamente cortó las cadenas, mientras Alatar la sostenía arrancando el resto del metal de su cuerpo, liberándola completamente.

-¿Es ella en verdad? ¿No otro sueño?-No pudo evitar preguntar con temor, al tiempo que se arrodillaba junto a ella notando la palidez de su piel y sus ojos entreabiertos sin brillo alguno.

-Es su alma misma-Respondió Alatar tristemente con un par de lágrimas en su rostro sosteniéndola apretadamente contra su cuerpo-Oh, por los Valar… Mi pequeña, que te han hecho…-Escapándosele un sollozo, el mago lloró.

Eso hizo a Thorin temer lo peor, sintiendo como si algo se le clavara en el pecho profundamente mientras miraba el cuerpo inerte de Nymeria. Con un rugido de furia y dolor balanceó a Orcrist violentamente hacia las criaturas cercanas, desatando toda su desesperación.

-Thorin ¡Thorin! ¡Ella vive!-El anuncio de alatar fue inmenso alivio, pero eso no redujo su ira por el daño que le habían hecho a preciada reina. No iba a tener tranquilidad mientras estas criaturas existieran-¡Debes hacer algo! ¡Debes traerla de vuelta! ¡Ya no queda tiempo!

Envainando a Orcrist, se arrodilló a su lado para tomar a Nymeria entre sus brazos, preocupándole la frialdad de su cuerpo. Tocando su rostro pálido, miró sus oscurecidos ojos fijos en la nada. Obligándola a mirarlo depositó un beso en sus fríos labios.

-Mizimuh, estoy aquí-Le dijo suavemente juntando sus frentes, meciéndose ligeramente-Estoy aquí como te lo prometí. Te dije que lucharía junto a ti ¿Recuerdas? Que no permitiría que te convirtieras en lo que detestas… no voy a dejarte ir, Nymeria. No permitiré que me dejes… te amo demasiado. Y soy egoísta, porque solo quiero ser lo único tus preciosos ojos vean-Besando nuevamente sus labios, apoyó la mejilla contra la suya, incapaz de contener sus propias lágrimas. Que Mahal lo ayudara, porque no iba sobrevivir sin ella. No tendría la fuerza para enfrentar al mundo nuevamente solo-Ghivashel sé que estás ahí, sé que me escuchas… ¿No vas a luchar como me juraste? Dijiste que pelearías, qué harías todo para quedarte conmigo para siempre… ¿Dónde está mi salvaje Nymeria?-Notando su voz temblorosa, apretó los dientes aferrándose fuertemente a ella.

Un escalofrió le recorrió por la espalda cuando el suelo comenzó a temblar. Las criaturas chillaron intensamente a su alrededor mientras Alatar aumentaba el brillo que emanaba de su mano.

-Ya sabe que estamos aquí… tienes que regresar-Habló Alatar con urgencia obligándolo a levantarse con Nymeria en sus brazos.

-¡No voy a dejarla!-Rugió en respuesta apretando el cuerpo de Nymeria contra él. Sin ninguna disposición a apartarse de ella por más peligro que hubiera.

-Si Sauron te atrapa no saldrás de aquí jamás. Cuando Nymeria despierte y te encuentre, solo serás un cuerpo vacío. ¡Estarás muerto!

Alatar vio la interna lucha desesperada en el rostro del rey enano, pero no había otra alternativa. Si Sauron ataba a Thorin en su oscuridad se perdería para siempre. Nada ni nadie iba poder salvarlo.

-Pero no puedo dejarla…-Murmuró tembloroso presionando la mejilla en la helada frente de Nymeria-¿Cómo estaré seguro de que al volver, será ella otra vez?

-No lo sé-Contestó el mago con sinceridad-Pero debemos confiar-Agregó mirando a Nymeria.

El lugar comenzó a nuevamente estremecerse con el eco creciente de un monstruoso rugido. Captando en ese mismo momento que las criaturas estaban arrastrándose hacia ellos a pesar de la resplandeciente luz.

-Tho…rin…

El suave susurro aceleró inmediatamente el corazón del rey enano. Rápidamente observó su rostro, notando sus ojos aun sin brillo fijos en él.

Sonriendo de alivio y emoción la beso profundamente apretándola más contra su cuerpo, percibiendo la tibieza de su piel.

Con un carraspeo, Alatar le interrumpió-Intentare mantenernos un poco más de tempo-Usando lo que le quedaba de poder colocó una barrera alrededor de los tres manteniendo a la sombras a distancia. Pero consiente de su limitado tiempo, oró a los Valar que le permitieran quedarse un poco más.

-Mizimuh, regresa a mí-Pidió Thorin colocando un beso en su frente, sintiendo un movimiento que se dirigió a su cara, donde ella colocó suavemente su mano.

-Thorin…-Habló con más firmeza parpadeando repetidamente para enfocar la vista él.

-Sí, si mizimuh, soy yo. Eh venido por ti…-Tambaleándose ante el brusco movimiento del suelo, la sostuvo con más fuerza entre sus brazos. Sin embargo, ella se agitó de manera brusca arqueándose con un fuerte grito de dolor. Con la ayuda de Alatar logró colocarla en el piso afirmándola mientras se agitaba-Por Mahal ¡¿Qué le está pasando?!

-Está regresando…


Las voces sonaban tan cálidas, amables y familiares que a través del frio de su cuerpo enviaron un calor hacia su corazón. Pero una en particular le hizo ver la luz. Resplandeciente y confortante. Aquel rostro que había vislumbrado en su mente estaba presente nuevamente, pero esta vez era absolutamente real. Como su tacto.

¿Realmente era este paraíso tan real?

Si era real o no, no se detuvo a pensarlo. Solo quería más y más de él.

Envuelta en la calidez de su cuerpo, fue perdiendo la rigidez del suyo mientras miraba a sus ojos inmensamente azules, llenos de sentimientos que le entregaron breves visiones de lo que parecían ser recuerdos. Cada uno con sentimientos que la golpearon intensamente, aceptándolos como propios a medida que empezaba a reconocerlos.

-Tho…rin…

Thorin. Thorin escudo de roble. Su único.

Cada palabra desesperada, contenía el amor que necesitaba. Cada beso y toque que le brindó solo le dieron más retazos de recuerdos tan preciosos y llenos de vida que hicieron a su interior vibrar de emoción. Sentirlo, le hizo consiente de que verdaderamente no estaba donde había creído.

Sin embargo, aquella felicidad fue prontamente destruida al sentir un ardiente dolor atravesarla.

Algo intentaba tirarla fuera de aquí, como si quisiera desprender de ella alguna parte de su alma.

Pero no estaba dispuesta a alejarse de Thorin otra vez.

Haciendo caso omiso de los furiosos eh insistentes susurros en su cabeza, luchó por resistir esa voz oscura que cada vez se volvía más fuerte y retumbante.

-Vuelve a mí, mizimuh. No dejes que nos separe…

Atraída por aquella tranquilizadora voz, intentó deshacerse de las ardientes garras de la oscuridad, que con su poder perverso trataba de hundirla nuevamente en la negrura. Mas su decisión a no ser consumida por todo lo que había estado evitando, peleó desesperadamente a través del dolor para volver en sí misma.

Consiguiendo la nítida visión de Thorin y su alrededor.

Aun con un leve tirón, supo que el mal no se rendiría. No obstante, rápidamente lo olvido al ver la sonrisa de Thorin con sus mejillas húmedas por sus lágrimas. Preocupada, abrió la boca para decir algo pero atraída a sus brazos en un abrazo aplastante, perdió lo que iba a hablarle.

-Gracias a Mahal…has vuelto-Él se separó bruscamente solo para tomarla del rostro y besarla profundamente atrayéndola nuevamente a su cuerpo. Sumida en el inmediato placer de su beso, lo rodeó con fuerza correspondiéndole con una gran necesidad, inhalando su aroma y tomando su sabor, sintiéndose como si hubiesen sido años de separación. Moviendo las manos por su cuerpo, anhelo enormemente fundirse con él para sentirlo por completo.

-Esto no es algo que a un padre le guste ver…

Paralizándose, tembló al oír aquella vos detrás. Con una sonrisa, Thorin se separó lo suficiente y mirándola, le acarició la mejilla con simpatía en su mirada.

-Estoy muy seguro de que esto es más importante ahora, mizimuh-Debido a su rigidez, él la giro hacia la alta figura en vestiduras azules.

La mirada cariñosa y paternal que Alatar le dedicó, fue como una punzada en su corazón. Con un nudo en la garganta, lo miró aturdida, demasiado sorprendida para creerlo real.

-Soy por ahora muy real, mi pequeña…

Cuando extendió los brazos hacia ella, lo que quedaba de aquel muro que mantenía sobre las emociones del pasado, se desmoronó completamente.

Golpeada por el dolor, la furia y el anhelo, se levantó con un grito mientras la visión se le volvía borrosa por las lágrimas. Y sin pensarlo, se lanzó a él para empujarlo con toda la fuerza de sus sentimientos producto de los recuerdos de su cruel pasado, donde desesperadamente lo necesitó.

-¡Cómo pudiste!-Gritó enfurecida-¡¿Cómo pudiste abandonarme?!-Dándole otro empujón no contuvo sus sollozos. Había esperado demasiado tiempo para encararlo, para recibir toda la verdad tras sus actos.

Alatar envió una mirada de advertencia a Thorin al ver su intención de ir hacia Nymeria, obligándolo a detenerse. Comprendía su preocupación pero no quería que interfiriera. Había sabido desde un principio que esto sucedería y no quería ninguna barrera con su hija. Había mucho guardado dentro de sí misma y eso estaba claramente explotando ahora.

Esa visión quebrada de ella, fue doloroso de ver.

La felicidad era lo único que quería para ella y aunque le guardara odio y rencor iba a hacer todo lo necesario para lograrlo.

-No hay nada más doloroso para mí que ese momento, mi pequeña-Contestó con suavidad intentando controlar su temblorosa voz-Mi deseo de tenerte estaba más allá de mi misión impuesta por los Valar. Pero tenía protegerte, y esa fue la única opción que tuve. Lo que sucedió después estaba lejos de lo que esperaba para ti…

-¡Excusas!-Gritó ella entre lágrimas abalanzándose para golpearlo repetidamente en el pecho-¡Eres un Maiar, maldita sea!

-Moría. La oscuridad de Sauron estaba en mí. No me quedaba tiempo, aunque hubiese sido distinta mi decisión, jamás habría podido estar ahí para ti. Mi destino estaba sellado…

Agarrándose a su túnica temblorosa, Nymeria lloró maldiciendo a Sauron por todas las desgracias que les había causado. El bastardo le había quitado a sus padres, su infancia, su vida y ahora quería arrebatarle a Thorin y sus esperanzas. Parecía que esto nunca terminaría. Estaba cansada de luchar por sobrevivir, cansada del dolor…

Cansada de perder todo lo que verdaderamente era importante.

Como la familia y el amor.

Todo lo que una vez le fue arrebatado.

¿Por qué era tan difícil tener solo un poco de felicidad?

Envuelta en los brazos de Alatar, él la sostuvo cuando se dejó caer al suelo frio ya sin fuerzas para mantenerse de pie. Solo pudo aferrarse a él, dejando ir en sus lágrimas aquel dolor guardado desde su niñez… No podía evitarlo, no cuando el fuerte abrazo tranquilizador y consolador de su padre estaba para apoyarla y no juzgarla. Aquel abrazo que un millón de veces deseó y necesitó con tanta desesperación en la dolorosa soledad que alguna vez pensó eterna.

-Déjalo ir, mi pequeña. El pasado se ha ido, duele, pero se ha ido…-Deslizando los dedos por su cabello, Alatar lloró en silencio invadido mayoritariamente por la felicidad. Habían sido siglos de espera para ver y sostener a su hija nuevamente en sus brazos, sintiéndola a pesar de todo como una pequeña niña otra vez-Has encontrado una vida nueva y eso es todo lo que importa. Por tu presente y futuro es por lo que debes luchar, lo que debes proteger. Como el amor en tu corazón. Este siempre te llevara por el mejor camino-Sonriendo cuando débilmente asintió, agradeció sus desgarradores sollozos hayan terminado. Lo menos que quería era verla sufrir, y con este limitado tiempo quería tener un alegre momento con Nymeria-Te amo, mi pequeña. Jamás lo olvides. Tu madre y yo estamos orgullosos de ti. De lo que te has convertido…

-Nada bueno en verdad…

-Eso no es así. Eres una guerrera y has soportado más de lo que cualquiera podría. Siempre te levantaste cada vez estuviste en el suelo y enfrentaste todo con mucho valor.

-Siempre odie lo que era, en lo que me había convertido… que llegué a un punto en que ya no podía sentir absolutamente nada-Fueron demasiados años en ese estado, insensible a todo, que la llevo a cometer tantos actos brutales en nombre de los mercenarios. Había sido para ellos como una marioneta que podían controlar a su antojo. Hasta que tocó fondo y verdaderamente reaccionó, manteniéndola furiosa y enloquecida de venganza por un tiempo-No quiero eso otra vez.

-No habrá otra vez, mi pequeña. Tú ya no perteneces a ese sitio. Es en este mundo donde hay personas que te aprecian y te esperan. Ellos confían en ti ¿No iras a fallarles, verdad?

-Claro que no.

-Exactamente por eso debes aceptarte cómo eres. Quienes te rodean ya lo han hecho. Y te puedo asegurar que mucho de ti ya no es como antes. Has cambiado bastante desde que llegaste a este mundo y así debe continuar. Porque así es como veo a la Nymeria llena de vida…-Separándose lo suficiente para la mirarla, apartó suavemente las lágrimas acumuladas en sus ojos, notando el coloreo en sus mejillas con algo de incomodidad en su mirada. Aquello le hizo sonreír, consciente de que ella no estaba acostumbrada a este tipo de situación-Espero que algún día llegues a perdonarme… sé que mi arrepentimiento no es suficiente disculpa, ni tampoco reparara nada de lo ocurrido en todos estos años. Pero verdaderamente deseo que puedas verme alguna vez solamente como tu padre…

-Eres mi padre. Mi único padre…-Ante sus palabras sinceras, emocionado la atrajo a sus brazos nuevamente, inmensamente feliz de que ella le reconociera-Y todavía estoy enojada contigo, pero no puedo ni podría odiarte nunca-Juntando sus frentes ambos sonrieron con los ojos humedecidos.

-No imaginas lo feliz que me haces, mi pequeña… y no quisiera dejarte tan pronto, pero es tiempo de que me vaya. Tu lucha aun aguarda…-Recordó con tristeza, separándose de ella y apartándole el cabello de su rostro-Sauron está intentando alcanzarnos.

Con un asentimiento, Nymeria se secó los ojos con la manga de su ropa. Poniéndose de pie, recibió un último abrazo de su padre, entristeciéndose por el corto tiempo que pudieron compartir. Aun había mucho que decirse, mucho por conocer.

-¿Es un para siempre?-Preguntó con la voz ligeramente temblorosa. En respuesta él negó con la cabeza.

-Solo un hasta luego-Dijo colocando la mano sobre su cabeza-Algún día nos reuniremos, mi pequeña. Tu madre está ansiosa por verte.

-Dile que también yo-Alatar sonrió extensamente.

-Se lo diré-Inclinándose, depositó un beso en su frente, para después dirigirse hacia Thorin, quien los esperaba con la emoción clara en su rostro-Es hora de que nos vayamos.

Ante esas palabras, Nymeria inmediatamente se lanzó a Thorin apretándolo entre sus brazos.

-te amo, mizimuh-Le dijo devolviéndose firmemente el abrazo.

-Te amo, vida mía-Besándolo profundamente, le entregó todo su amor en aquel beso, esperando trasmitírselo en su desesperada acción.

-Nos vemos afuera-Con un último beso, Thorin se acercó a Alatar quien puso la mano sobre su hombro-Acaba con ese hijo de puta.

Ante esa orden, ella solo se echó a reír.

En un parpadeo, desaparecieron junto con la resplandeciente luz que su padre había mantenido, rodeándose nuevamente de absoluta oscuridad.

Sin embargo, su corazón era distinto ahora, ligero, lleno de amor y alegría, más aun así, vengativo. Eh iba a desplegar sobre el bastardo de Sauron toda su furia.

Sintiendo el poder fluir a través de su ser sin ningún tipo de restricción, sonrió emocionada.

La verdadera batalla iba a comenzar.

Con un jadeo, Thorin abrió los ojos encontrándose con las caras preocupadas de su padre y Gandalf. Ellos comenzaron rápidamente a hacerle preguntas pero solo se limitó a responder con un simple "Todo está bien" consiguiendo solo más preguntas.

Levantándose, sintió el peso de Orcrist en la espalda, agradeciendo a Alatar tal gesto importante. Pues iba a disfrutar cortar y destrozar orcos.

-¿A dónde vas ahora?-Deteniéndose por el agarre de su padre, lo miró con decisión.

-A luchar. Mi esposa me espera-Gandalf sonrió ante sus palabras y alcanzando a Thrain lo hizo soltar el brazo de su hijo.

-Va a estar bien. Esta es su lucha ahora. Para nosotros es mejor esperar aquí.

-Confía en mí, padre. Te prometo que regresare y juntos regresaremos a nuestro hogar-Atrayéndolo a sus brazos, lo sostuvo brevemente-Te amo-Y con esas últimas palabras, los dejo. Echándose a correr hacia las primeras escaleras que encontró, con Orcrist en mano se sintió preparado para lo que viniera.

Nymeria le esperaba eh iba a luchar junto a ella hasta el final.

Alcanzado la cima de la fortaleza sin ningún enfrentamiento, avanzó por los derruidos pasillos en busca de Nymeria y el enemigo.

¿Se habría separado ya?

Al parecer no, porque todavía no habían indicios de su aparición.

Moviéndose silenciosamente, logró distinguir el brillo rojizo del cabello de Nymeria. Acercándose, la escucho ladrar órdenes a los orcos en aquella lengua despreciable que los distinguía. Notando la corona y armadura sobre su cuerpo, no pudo negar que se veía muy atractiva con el metal moldeando sus curvas, dándole la apariencia de toda una reina guerrera. Pero le parecería perfecta si solo estuviese verdaderamente Nymeria aquí con su descarada sonrisa.

-Ya no hay nada para ti aquí, Escudo de Roble…

Girándose rápidamente, detuvo con su espada la gran arma de Azog que iba dirigida directamente a su cabeza. Empujándolo con todas sus fuerzas, logró hacerlo retroceder para librarse. Alejándose unos cuantos pasos, observó alerta a todos lados consiente del calor emitido por el collar, brindándole total protección.

-Esto se acaba aquí-Gruñó, sin dejarse provocar por la burlesca risa del bastardo.

-Voy a disfrutar arrancándote la cabeza, tal como lo hice con tu abuelo.

Moviéndose a un lado rápidamente, esquivó el ataque realizando un giro sobre sí mismo para enviar a Orcrist contra la parte superior de Azog, consiguiendo un corte a la altura de sus costillas. Más eso no detuvo al profanador para continuar con sus ataques, cerniéndose sobre el enano con toda su fuerza enviando su arma con violencia y furia a medida que pasaban los segundos y no conseguía siquiera tocarlo.

-Solo eres un reptil maldito-Dijo Thorin tomando su turno para burlarse ahora. Consiguiendo un rugido furioso del orco, arremetiendo nuevamente contra él-Deberé de dejarte otro recuerdo mío. Me pregunto cómo te las arreglarías sin tu brazo restante…-Agachándose para evitar su arma, blandió la espada hacia su brazo consiguiendo un ligero corte que hizo a Azog retroceder con el ceño profundamente fruncido echándole una mirada a la sangre oscura cayendo desde la herida.

-Voy a tener más que tu cabeza por esto…

Apegándose al muro, Thorin no pudo evitar tambalearse por la fuerza del temblor que remeció toda la estructura de la fortaleza. Apoyándose en la pared avanzó para ir con Nymeria, alcanzándola a ver con las manos en la cabeza antes de que Azog le cortara el paso.

Furioso, contraatacó con una estocada y aunque el orco pudo desviarlo, consiguió distraerlo lo suficiente para tirar de una cadena y hacer que una de las jaulas colgantes le cayera encima, tomando la oportunidad para devolverle el ataque en su aturdimiento, clavando a Orcrist profundamente en su estómago empujándolo con todo su peso hacia la orilla derruida eh inestable para enviarlo directamente a las profundidades del lugar resonando aquel rugido animal proveniente de Azog mientras caía, perdiéndose en la oscuridad.

No estaba seguro si eso lo mató o no y aunque sospechaba que no, por ahora no le dio más importancia. Tenía que llegar a Nymeria y salir junto a ella, Gandalf y su padre de este lugar lo más pronto posible antes de que los ejércitos que había divisado de orcos y huargos los alcanzaran.

Estaban metidos de lleno en la boca del lobo y no podía decir con seguridad cuanto tiempo tenían hasta que vinieran por ellos.

-¡Deja decirme que hacer!-Ante el grito furioso de Nymeria, rápidamente corrió para alcanzarla-¡No vengas!-Le dijo agarrándose la cabeza con un gesto de dolor. Pero pesar de su orden se acercó para sostenerla, consiguiendo que solo se apartara de él con un grito de dolor, el cual resonó nuevamente como una voz doble. En ese momento se percató de que él mismo estaba cubierto de aquel brillo protector. El bastardo todavía seguía en ella-Hazlo otra vez-Ante su demanda se negó rotundamente-Le duele más al maldito que a mí, tócame ahora-Insistió mientras retrocedía, notando como sus ojos cambiaban de rojo a verde intermitentemente-¡Hazlo, maldita sea!

Con un gruñido la alcanzó y agarrándola del brazo con fuerza, la sostuvo mientras luchaba para liberarse gritando con aquella voz doble. Con esfuerzo soporto verla en el dolor, repitiéndose una variedad de veces que no era ella.

-No crean…que me vencerán tan fácil-Aquella voz oscura y maligna salió de ella, mirándolo directamente con sus ojos de fuego antes de empujarlo con una fuerza invisible, golpeándose violentamente contra un muro-maldito…

Furiosa, Nymeria se tambaleó hacia Orcrist con la quemazón de Sauron intentando nuevamente tirar de ella a la oscuridad de su interior. El bastardo estaba cabreado al no conseguirlo y enviaba oleadas de dolor por todo su cuerpo. Recogiendo la espada de Thorin del suelo notó aquel tenue brillo dorado en la hoja. ¿Obra de su padre? Probablemente. Alatar estaba dejándole herramientas para ir en contra de Sauron y lo agradecía enormemente. De modo que ahora y primero que nada, tenía que expulsar Sauron de su cuerpo y por cómo estaban las cosas iba a tener que hacerlo por las malas.

Sosteniendo con fuerza la empuñadura de Orcrist dirigió la punta de la hoja hacia su propio abdomen. Sintiendo el rechazo de Sauron ante esa acción envió más dolor a través de ella, más aun así no desistió eh ignorando el grito de Thorin deslizó la espada en su cuerpo, atravesando el duro metal de la armadura fácilmente consiguiendo que aquel poder escondido en Orcrist se deslizara a su interior como una cálida oleada.

El efecto fue inmediato.

Sauron no pudo resistir la pureza de aquella energía que se cernió sobre él peligrosamente para devorarlo con esa repugnante luz proveniente de los mismos Valar y la esencia de esta mujer. Escapar fue su única alternativa si no quería ser consumido por completo. De otro modo no podría completar su venganza.

Como una onda expansiva, Sauron dejo el cuerpo de Nymeria como humo oscuro y sin forma flotando en el aire.

Pero Nymeria no lo dejo huir. Quitándose la espada del cuerpo con un ligero tambaleó, dejó fluir libremente aquel poder guardado por casi dos mil años en su interior, canalizándolos a través del resplandeciente anillo para retener a Sauron. Aunque el bastardo le había arrebatado bastante energía, lucho por mantenerse en pie utilizando por primera vez parte de verdadero su poder, el cual se le estaba haciendo un poco difícil en este estado, pues jamás había tenido un entrenamiento que la preparara para el manejo de la magia. Y en eso culpaba a Gandalf.

Como un remolino Sauron comenzó a reunirse rápidamente hasta estallar en su forma de ojo, tomando forma corpórea en el interior aumentando considerablemente de tamaño, extendiendo toda esencia maligna para atraer a los seres a su servicio.

-No seré vencido… obtendré mi venganza del cualquier modo…

Maldiciéndolo, Nymeria vio a los espectros Nazgul aparecer uno por uno a su alrededor armados para luchar.

-No permitiré que interfieras. Si no puedo poseer tu poder, me quedare con tu cuerpo y lo usaré como un medio para persistir en este mundo…

Dejándolo parlotear, cerró los ojos para usar su poder en invocar una de sus espadas, recordando lo escrito en el libro que su padre le dejó, tomó concentración en imaginar el arma a detalle deseándolo tener en la mano.

Cuando la familiar sensación y peso de dicha arma se hizo presente, sonrió verdaderamente contenta. Con firmeza sostuvo su katana y lanzando Orcrist a Thorin cuando llego a su lado, desenvaino rápidamente su propia espada, admirando el brillo de la hoja perfectamente afilada.

-¿Estás listo, vida mía?

-Nací listo.

Sonriendo ante su confiada respuesta, dio el primer movimiento lanzándose directamente a uno de los espectros que tenía enfrente. Incomoda por la armadura, se desprendió de esta con sus poderes obteniendo la completa movilidad a la que estaba acostumbrada, consiguiendo esquivar con facilidad la negra espada del Nazgul para así poder atravesarlo con su katana, enviando parte de su poder a través del metal y destruir al primer contacto al sirviente de Sauron que convulsionando cayó al suelo desvaneciéndose como humo negro en el viento.

Yendo por los siguientes, observó a Thorin pelear con esa fiera expresión en su rostro. Había una determinación en él que como veces anteriores la encantó totalmente, aumentando la emoción de la lucha. Su maravilloso enano no estaba teniendo problemas para deshacerse de los espectros, lo que le dio absoluta tranquilidad para encargarse libremente de los que venían por ella.

Sin embargo, ambos fueron sorprendidos cuando un grupo numeroso de orcos y huargos se hizo presente para unirse a la pelea, entre ellos Bolg. Que con una sonrisa diabólica, se abalanzó inmediatamente hacia ella blandiendo su tosca arma, obligándola a retroceder de un salto cuando aterrizó segundos después en el sitio donde había estado, dejando una hendidura en el suelo debido al impacto.

Extendiendo la mano hacia el orco intento hacerlo desaparecer, pero el anillo no brillo. Opto por convertirlo en alguna cosa pero tampoco hubo reacción. Soltando una maldición por sus estúpidos poderes inestables, vio al orco burlarse de ella mientras se acercaba. Pero, no dispuesta a darle terreno se lanzó al bastardo, esquivando a último momento su movimiento para atravesarlo por el costado. Mas una sombra la distrajo por su derecha, alcanzando a agacharse lo suficientemente rápido para evitar la espada dirigida a su cuello. Obteniendo debido a ello un fuerte golpe de parte de Bolg que la hizo volar un par de metros antes de chocar duramente contra un muro de piedra.

El dolor del golpe se transformó inmediatamente en furia y levantándose rápidamente arremetió nuevamente contra el orco consiguiendo hacerle un profundo corte en el abdomen en un intento por atravesarlo. Pero como anteriormente sucedió, uno de los Nazgul interfirió para protegerlo lo que la obligo hacerse cargo del espectro.

Consiguiendo que el resto de ellos se dirigieran solo a ella.

Los malditos la rodearon para atacarla en conjunto, lo que la forzó a saltar en la última instancia para salir de su visión. Sin embargo, esta vez fueron más rápidos y desapareciendo en tan solo un parpadeo, se trasladaron a su posición atacándola directamente. Tomándole algo de esfuerzo el esquivar y devolver rápidamente cada ataque debido a que Sauron estaba robándole nuevamente su energía para debilitarla.

Furiosa, clavó con un grito su katana profundamente en uno de los malditos Nazgul haciéndolo desaparecer con un destello y decidida a ir inmediatamente por el próximo, tuvo dificultades que le impidieron avanzar. Uno de los espectros surgiendo del piso sostuvo firmemente sus piernas mientras los tres Nazgul restantes se abalanzaron sobre ella con aquella velocidad casi invisible que la hizo reaccionar tarde, obteniendo tres espadas profundamente clavadas en su cuerpo.

Con el grito de Thorin resonando en aquel lugar, alcanzó a oír una risa malévola que hizo hervir totalmente su furia, sintiendo de nuevo aquel flujo de poder recorrerla haciendo estallar una resplandeciente onda de poder que convirtió a cenizas todo aquello que alcanzó.

Los Nazgul habían desaparecido, mientras orcos y huargos solo eran polvo en el suelo arrastrado por la brisa.

Temblorosa y débil, cayó al suelo incapaz de retener el contenido de su estómago, doblándose con una arcada vomito un charco de sangre.

-Mahal, Nymeria…-Thorin, cubierto del brillo de protección se arrodillo a su lado recogiéndole rápidamente el cabello mientras la rodeaba con un brazo para sostenerla, teniendo cuidado de ejercer presión debido a sus graves heridas-Es suficiente. Vámonos de aquí-Urgió con desesperación.

-Todavía no acabo con el bastardo-Gruñó ella respuesta limpiándose los labios con la manga de su abrigo-Al oír la lengua negra, alzo la vista hacia Bolg acompañado de más orcos y huargos. El cabrón cobarde se había ocultado tras uno de los muros a último momento para protegerse-Esto todavía no termina…

-¡No voy a perderte-Bramó Thorin-¡No lo permitiré! ¡No dejare que pierdas tu vida por un mundo que no lo merece!

-No lo hago por él mundo. Lo hago por nosotros. Por nuestro futuro. Con estos bastardos vivos jamás tendremos paz… no puedo perder esta oportunidad-Hurgando en uno de los bolsillos ocultos en una de sus botas, sacó una jeringa con un líquido verdoso. Quitándole rápidamente la tapa, se clavó la aguja en el lado interno de uno de sus muslos, inyectándose la dosis completa.

-¿Qué has hecho?-Ante la preocupación y el miedo en su voz le sonrió.

-Más tarde te lo explicare a detalle. Por ahora te diré que voy a ser una especie de monstruo enloquecido, deseoso de sangre-Lo que era decir poco con esa dosis de adrenalina en su sistema. Y esta era una de las pocas veces que la había utilizado. Solo los mercenarios de alto rango podían obtener este tipo de sustancia y solo era usada en casos de extrema emergencia debido a los efectos. Elevaba el considerablemente el flujo de sangre y el ritmo cardiaco, entregándote una sensación de energía falsa. Te dejaba eufórico y en un estado de alerta por horas, inhibiendo parte del sistema nervioso central, suprimiendo toda sensación.

Sin embargo, el verdadero peligro estaba en los efectos secundarios. Con la sensaciones desvanecidas era imposible ser consiente del grado de daño que el cuerpo podía tener, lo que fácilmente podía llevarte a la muerte al no atenderte a tiempo. Además de que pasado el efecto, caías totalmente noqueado producto del agotamiento, variando de horas a días, haciéndote una presa fácil para el enemigo si no conseguías un lugar seguro para descansar.

Y podía asegurar que iba a estar completamente K.O después de esto.

Poniéndose de pie, sintió rápidamente la sustancia actuar en su cuerpo. Su sangre comenzó a correr rápidamente por la aceleración de sus palpitaciones, notando la fuerza aumentar y su poder fluir con potencia a través de su ser.

Riendo, se apartó de Thorin para recoger su katana del suelo eh incapaz de contener los violentos impulsos a causa del estimulante, se lanzó rápidamente a uno de los orco cortándolo en dos de un solo tajo. Aquello solo consiguió aumentar el placer de tal acción, saltando al orco siguiente para clavar la espada en su cabeza y apartar el cadáver de una patada.

Con el correr de los segundos fue perdiendo la noción del tiempo, guiada totalmente por el instinto que no pudo ser capaz de sentir la sangre salpicándole y empapando sus manos al desgarrar y arrancar violentamente tanto piel como trozos de carne de los repugnantes orcos, que comenzaron a temerle al ver a sus compañeros caer a pedazos.

Tomando Bolg la oportunidad para interferir al notar como disminuía en demasía todo el grupo a su servicio, no fue capaz de contraatacar. La mujer se movía demasiado rápido. Iba y venía a una gran velocidad, deslizando silenciosamente su espada con una sonrisa maliciosa y llena de diversión. La pequeña perra de algún modo había conseguido hacerse más fuerte y tenía toda la intención de exterminarlos.

Decidido a no dejarse vencer, balanceó su arma contra ella con todas sus fuerzas.

Nymeria, se agacho rápidamente para evitar el impacto y con un rápido movimiento de su espada corto su arma en dos dejándola completamente inservible. Dando un giro, saltó hacia la parte superior de Bolg y deslizando la espada por su garganta arrancó con sus manos la cabeza del bastardo, lanzándola lejos cuando el cuerpo aterrizó el suelo con un golpe seco.

Una parte menos del maldito de Azog en este mundo.

Ahora solo faltaba ese maldito y el hijo de puta de su amo al cual tenía enfrente.

-¡Esto es lo que pasa cuando me encabronan!-Gritó a Sauron apuntándolo con su espada.

-No me detendrás…nadie puede…soy invencible…

-¡Eso lo veremos, bastardo de mierda!-Le gritó extendiendo la mano en su dirección para invocar la luz divina de los Valar. Fluyendo por el anillo, aumentó considerablemente su magnitud para rodearlo y aprisionarlo. Pero Sauron no estaba dispuesto a ser derrotado tan fácil, dándole una ardua lucha al expandir su oscuridad, remeciendo la fortaleza con su energía maligna.

El esfuerzo por retenerlo con aquella luz estaba drenando rápidamente su fuerza. Sin embargo, unos fuertes brazos a su alrededor sosteniéndola con firmeza, le entregaron mayor confianza y resistencia.

-Sé que puedes, Nymeria-Le dijo Thorin con firmeza-Líbranos de este bastardo de una vez por todas. Toma la venganza que nos corresponde…

Con un grito de guerra, tomó sus palabras en obediencia sacando de si todas sus emociones en aquel estallido de poder, envolviendo a Sauron en una explosión de luz cegadora estremeciendo los cimientos de la fortificación con aquel ensordecedor rugido espectral, provocando que la construcción comenzara a desmoronarse.

Con un último impulso de poder, aquella potente luz estalló poderosamente.

Como consecuencia, la onda expansiva los empujó violentamente mientras la parte superior de la fortaleza se deshacía a pedazos, haciéndolos caer entre los escombros hacia los pisos inferiores. Aterrizando duramente bajo las piedras.

En la repentina calma solo pudieron escuchar el ruido de sus respiraciones. Thorin la había cubierto con su cuerpo durante el descenso recibiendo todos los golpes en la caída, resultando ileso debido a la protección mágica impuesta por el collar, lo que verdaderamente la tranquilizo. Después de que lograran salir de entre los escombros, pudo ver maravillada el cielo azul. Hermosamente despejado y con el resplandor cálido del sol.

La neblina y el frio habían desaparecido, pero sobretodo, había desaparecido la esencia oscura de Sauron que había mantenido arraigada durante tanto tiempo en estos territorios, consumiendo la vida a su alrededor.

¿De verdad estaba acabado? ¿Así de fácil?

Por unos momentos así lo creyó.

No obstante, todavía quedaba el anillo de poder. Aquel objeto maldito contenía una parte de Sauron y mientras no fuera destruido, todavía existían las posibilidades de que regresara.

Pero eso era asunto para otro momento, entretanto Bilbo tuviera el anillo y no cayera en las manos equivocadas.

Lo que le daba motivos para no cantar victoria tan pronto.

Todavía tenían una montaña que recuperar y lo más importante, un dragón y ejércitos de orcos que exterminar.

Mareada, su visión comenzó repentinamente a distorsionarse y aunque intento mantenerse en pie, sus débiles esfuerzos se esfumaron sumiéndola en completa la oscuridad.

-¡Nymeria!-Asustado, Thorin sostuvo a su mujer inconsciente entre sus brazos, pálida y cubierta de sangre-Nymeria…-Comprobando su pulso, notó su lento ritmo cardiaco, lo que le tranquilizó bastante. De momento.

Todo lo recientemente ocurrido lo tenía todavía un poco alterado y la terrible visión de Nymeria siendo atravesada por esos espectros se repetía en su mente una y otra vez.

Recogiendo la katana de las piedras, consiguió engancharla a la correa de la vaina de Orcrist antes de buscar un camino que le permitiera llegar hasta su padre y Gandalf. Tomando prisa al ser consciente de que aun habían cientos de orco debajo de esta fortaleza, que en cualquier momento podían presentarse.

Corriendo por un tramo de escaleras eh infinitos pasadizos, consiguió llegar con su padre y el mago. El alivio en sus caras fue evidente, sobretodo la alegría de Gandalf.

-¡Lo han logrado! No imaginas lo importante que es para este mundo…-Dijo Gandalf con los ojos humedecidos.

-Eso debes decírselo a ella-Interrumpió Thorin rápidamente.

-Has sido parte de esto. Sin ti, Nymeria no habría tenido motivos para luchar en contra de Sauron y salvar este mundo que todavía le es desconocido-Acercándose, colocó la mano sobre la cabeza de Nymeria con una sonrisa paternal.

-¿Va a estar bien?

-¿Estas dudando de ella? es una chica fuerte-Declaró el mago con una ceja arqueada, mirando al rey enano exhalar con alivio.

-Debemos irnos-Gandalf asintió en acuerdo y acercándose a Thrain lo tomó del brazo para guiarlo hacia la salida.

A la que juntos prácticamente corrieron para alejarse del peligro que aún quedaba en los restos de la fortaleza. Dejando atrás todo temor y preocupación una vez que consiguieron adentrarse en la profundidad del bosque negro.


HOLIIII :)

SALUDITOS Y AGRADECIMIENTOS A TODAS LAS PRECIOSAS PERSONAS QUE LEEN ESTA HISTORIA, EN ESPECIAL A STELLA DRAGNEEL, D. SHADYDOWNS POR SUS MARAVILLOSOS COMENTARIOS. SOY MUY FELIZ POR EL HERMOSO APOYO QUE ME DAN A CADA CAPITULO. DE VERDAD LO APRECIO ;)

LAS QUIERO MUCHO

QUE DIOS LAS BENDIGA :D

BYE :)