Bueno, más del fan fic. Espero que les guste. Saludos y besos.
M&S
Severus Snape, miraba a Hermione conforme ella reía. Mantenía sus manos junto a las suyas y suspiraba. Hermione deseaba que él, se despidiera de sus hijos. Le colocó sus manos, sobre su vientre y continuó riendo. Snape levantó la vista y la observó.
- Listo, era suficiente con eso- sonrió ella, al final.
- Te ha quedado muy gracioso.
Hermione se separó de él, no sin antes sonreírle un poco. Intentó levantarse, pero Snape no se lo permitió. La sostuvo por un costado en la cama y la dejó allí. Permaneció largo rato en silencio, con su cabeza sobre su hombro, con su cabello casi sobre su rostro.
- ¿Me permitirías levantarme Severus?
- Tal vez después Hermione- le contestó, con una sonrisa.
- Me tengo que ir, así tú lo dispusiste.
- No juegues con eso ahora- se quejó Snape, con un falso enojo. Hermione se volvió para darle un pequeño beso, antes de que Snape decidiera soltarle.
- Me alistaré.
Severus asintió, mientras ella se dirigía al baño. Se sentó en la cama y miró la marca tenebrosa en su brazo. No entendía, por qué el señor tenebroso se demoraba tanto en solicitar su presencia. ¿Acaso estaba fraguando algún plan en su contra? Sus visiones lo mantenían en tensión, cada día tenía sueños más y más extraños.
Hermione salió tiempo después, completamente arreglada. Se inclinó en la cama y le observó por un corto instante, antes de susurrarle unas palabras que él no entendió. Luego, salió de la habitación, dejándolo solo.
Para cuando Snape estuvo listo, Dumbledore les esperaba en el comedor. Hermione se había reunido con Rosse y estaban esperando por él para partir. Los profesores, se despedían de Hermione. Profesoras como Sprout, se despedían de los pequeños bebés.
- Estoy lista mi amor- le susurró Hermione al oído.
- ¿Eso que dijiste en el despacho?
- Te dije, "vamos mi amor"
No le contestó, no se le hacía fácil decirle adiós. Meditando los acontecimientos, temía que no fueran a buscarlo a él precísamente. Temía que fueran tras Hermione, temía que descubrieran que estaba viva. Incluso temía por Rosse, quien sólo era una muggle sin posibilidades de defenderse.
Hermione le observó y por alguna extraña razón, le dio la impresión de que ella deseaba llorar o algo por el estilo. Sonrió, observándola, convenciéndose de que era por ese motivo.
- Vas a llorar- le dijo, con una sonrisa.
- No ¿Por qué crees eso?
- Lo sé.
- Son sólo mis cambios de humor- resumió ella.
Snape no le contestó y comenzó a caminar hacia las puertas del colegio. Se giró, para indicarle a Hermione que estaba listo para partir. Dumbledore le daba unas pequeñas indicaciones antes de simplemente dejarla ir. Ella con un caminar apresurado, le alcanzó.
No se dijeron mucho, mientras caminaban. Rosse parecía ligeramente triste, de tener que verles separarse. Pero, así debían hacerse las cosas. Ambos debían estar separados, si eso generaba el bienestar de ella.
- ¿Vamos a volar en escoba?
- No debes aparecerte, considerando los sucesos acaecidos. El embarazo podría sufrir, consecuencias.
- Ya sé.
- ¿Sigues teniendo vértigo?- preguntó el hombre, mirándola con fijación- si quieres, yo podría.
- No- musitó ella, colocando un dedo sobre sus labios- eso ya se acabó Severus. Ya no tengo vértigo. Ya tú lo alejaste de mí.
No le contestó y colocó su escoba a una lado de ella. Hermione cerró los ojos y por un instante, eso alarmó a Snape.
- ¡No puedes volar con los ojos cerrados Hermione!
- No iba a hacerlo, sólo estaba buscando tus palabras. "Cierra los ojos, y mira todo lo que alcanzarás, visualiza"
No pudo evitar sonreír, luego de que Hermione estuviera preparada. No les tomó mucho tiempo, encontrarse en Italia nuevamente. Rosse dejó el equipaje a un lado, y comenzó a abrir las cortinas para airear la casa. Severus sólo se mantuvo en el salón, contemplando a Hermione quien no deseaba llorar. Pero sus intentos eran fallidos.
- Sólo hazlo.
- ¿Hacer qué, Severus?
- Si quieres llorar, hazlo. Yo no voy a molestarme por eso.
- Dije que no te extrañaría.
- Me extrañarás, igual lo harás. Hazlo, si eso quieres.
Hermione sonrió, con lágrimas en los ojos mientras Snape la abrazaba. Cierto, que había mencionado que la visitaría para vacaciones, pero serían muchos meses. Meses donde ella llevaría a cabo un embarazo sin él, donde quizás tendría un parto sin él. Ella no sabía y él tampoco tenía idea de ello. Quizás, no se verían pronto. Quizás siquiera en esas vacaciones.
- ¿Me escribirás Severus?
- Todos los días.
- Entonces, yo te contaré sobre los pequeños. Todos los días.
- Eso me agradaría- le contestó él, depositando un beso sobre su frente- ¿Vas a estar bien Hermione?
- Rosse me cuidará, ella siempre lo ha hecho. Ella sabe como.
- No te metas en dificultades. Conociéndote, como conosco a Potter y a Weasley- dijo, mostrándole una carta.
- ¿Qué es esto?
- Sus pedidos desesperados, para que yo les indicara donde estarás residenciada. Creo que, no estarás tan sola como parece.
Ella sonrió, emocionada. Snape la observó por un corto instante, antes de decidirse a dejarla. Tenía que regresar a Hogwarts, tenía asuntos importantes que atender. Aunque, no quisiera dejarla allí. Tenía que hacerlo, como ya había constatado. Por su bien, tenía que dejarla.
- Sólo escríbeme una vez, no sé si alguien podría detectar las cartas. ¿Soportarás escribirme una sola vez al día?
- Haré el intento.
- Si, en un caso extremo me necesitas, escríbeme. Extremo, Hermione- dijo, con severidad.
- Lo sé, lo haré. Lo prometo.
- Nada de visitas sorpresivas.
- Severus, lo sé. Acá me quedo, esperándote.
- Está todo en orden- decía Rosse con una sonrisa.
- Es todo Hermione.
Y así se despedía, con un largo beso. Rosse había prometido que la cuidaría, así que esperaba él que estuviera en lo cierto. Mientras ella permanecía allí y descansaba, él tendría una importante tarea. Descubrir que planificaban sus "compañeros" adeptos. Si Hermione estaba muerta, ellos debían de creerlo. O tal vez, ellos no lo habían creído del todo y por eso existían los sueños.
Ese día, él no volvió a dormirse. No estaba Hermione, y esa costumbre la había adquirido cuando ella se dormía en su habitación. No tenía nada que buscar allí. A Hermione le sucedía lo mismo, pese a que su embarazo le suplicaba que durmiera.
Le escribió la primera carta, no pudo resistirse. No comentó nada interesante, no tenía nada que él no supiese. Estaría por entrar en su tercer mes de embarazo y muchas cosas comenzarían a cambiar. Pero en ese instante, sólo eran palabras de cariño sobre el papel.
En la noche, Snape tuvo sueños muy similares. Nuevamente quiso adentrarse en la habitación, pero el mismo hombre le cerraba la puerta. Sucedía todo el tiempo y quería ir más allá.
Hasta que sucedió. Severus había logrado caminar hacia adentro. Hermione estaba en la cama, dormida. Entendió que el bebé que el hombre tenía entre sus brazos, era el segundo hijo. La pequeña seguía descansando en la cuna. Al mirar a su alrededor, sólo había un halo de luz que se colaba gracias a las cortinas blancas que Rosse hubiera corrido, horas atrás. Quiso despertarla, pero no podía tocarla. Tampoco podía tocar a la bebé que estaba en la cuna.
La puerta se abría nuevamente, así que él preparó su varita. Con un movimiento lento, aquel hombre entró en la habitación. Sostenía al otro bebé. Hermione comenzó a abrir los ojos con una sonrisa, y aquel hombre depositaba un beso en los labios de su esposa. Luego de eso, él despertó. Desesperado, apenas respirando.
Hermione también, por que su sueño había sido casi el mismo. Sólo que en el sueño que ella había vislumbrado, Snape estaba muerto. Luego de que ese hombre, entrara a verla.
Espero les gustara, saludos y besos.
M&S
