Nota de autora: ¿Hola...? ¿Me recuerdan...? Yo siempre los recuerdo. He tenido motivos importantes de no actualizar este longfic por mucho tiempo, y los diría pero sonaría a una sarta de excusas y esta N/A se alargaría mucho.
Capítulo 37: No Sueñes con Ratones, Liebres o Sombreros II
Tenía que asumir esta como mi realidad. Una realidad rodeada de árboles multicolores, flores que danzan y cantan junto a canciones melifluas. Las hojas de los árboles rugían con suavidad a diferencia de cuando arribé a este descabellado País de las Maravillas junto a sus carismáticos y desconcertantes residentes. Había quedado en segundo plano el cómo fue que llegué a ese campo despejado en donde fui recibido por Iori, o mejor dicho, El Conejo Blanco, y sitio reinado por azúcar, flores y muchos colores. Seguía pensando que solo faltaban hadas madrinas, unicornios, y ninfas carismáticas que volaran presumiendo sus excéntricas personalidades. Volví a reparar en el detalle que nunca había leído los libros de Alicia, cuestionándome una vez más si todo lo que estaba sucediendo era a causa de la adaptación de Tim Burton, la película de Disney, o simplemente cómo mi subconsciente imaginaba el cuento. Ciertamente, ambas no iban a ser buenas referencias para este inusual predicamento. Si hubiera caído por el hueco de la madriguera habría tomado esas dos pociones pero, como no fue así, estoy completamente perdido si es que lo que se está desenvolviendo ahora mismo forma parte del canon de esta historia.
Nuevamente hago nota personal que debo de averiguar de todas formas qué me están dando en el hospital. La posibilidad del pastel de Jun, de hace un día que sabía agrio, que me haga hecho algo es factible. Pobre de su enamorado cuando consiga uno... si es que lo hace.
El hecho de estar siguiendo a dos personas que aparentaban ser mis amigos, o por lo menos mi subconsciente lograba hacer réplicas sacadas de tono y altamente perturbarte con toques sombríos por la experiencia vivida, era palpable. Un rincón de mi mente exclamaba que huyera, que regresara a ese campo y encontrara otra salida. Mis condenados pies seguían a las nítidas figuras que seguían descontrolando mis sentidos. Las orejas de la adolescente de cabello almendrado se movían de izquierda a derecha, muy inquieta. Su sombrero de gala negro con una cinta de seda de un amarillo transparente resaltaba en el verdor del infinito bosque en el que andábamos caminando. Sus tacones sacaban tierra del césped con cada paso que daba, sonriendo al notarlo. Algo me decía que necesitaba más té de no cumpleaños para regresar a un estado mental saludable. Su bufanda de un naranja que evocaba hojas marchitas de otoño resaltaba de su traje de gala, junto al conjunto de mini falda. Los bigotes de sus mejillas iban al son de sus orejas de liebre, sus manos cubiertas de guantes blancos formando notas musicales que desaparecían en la punta de sus dedos. Movía un bastón pretendiendo que era una varita de una orquesta. Su acompañante sonreía de esquina a esquina al momento de que su melodiosa voz escapaba de esos labios cereza que en el mundo real debe haber besado más de una vez.
Irónicamente, al son de su voz y notas musicales que flotaban como burbujas rosadas que iban hacia el infinito del cielo, la orquesta cantó y me recordó que esta es mi realidad ahora, y debo acoplarme a ella. Las personas deseamos tener todo lo que no podemos tener, lloramos y pataleamos. Pocas veces asumimos. Debo de asumir que en esta realidad que he decidido aceptar, es un mundo en el que Hikari es un lirón y que, cuando regrese, no será mi falso amor.
Todavía recuerdo los labios de Hikari sobre los míos.
La voz de a quién aquí denominan Hinanousagi, resonó como la historia de un sonido y una chica que danza como una bailarina en una caja musical.
—Vayan todos hacia donde apunté, no importa si al final se arrepienten. Por la música déjense llevar, cantar, bailar, mágico es ¡lo sé! —dio una pirueta, aludiendo a la muñequita—. Nuestras manos habremos de juntar, con un do-re-mi-fa-sol en cada página. Estas coloridas notas comienzan al camino guiar. Honesta seré, si no dejas a tu yo real salir quedará en la superficie. Pero ahora señalaré con magia esta vara hacia el cielo. ¡Ven conmigo!
Y eso mismo hizo, las nubes disipándose al son de su canción.
—Este evento sobrenatural al pueblo envolvió. Ecos hará; en el ocaso estará... causará al aburrimiento llorar. Como si tratase de ese falso amor llenar. Al final de esta fantástica velada, ¿lo lograste escuchar? La melodía que a las estrellas volará. Con un... ¡un, dos, tres! Fuerzas retomaré y no perderemos ante ese gris pasado. Con un ta-ta-ta las lágrimas de ayer en el suelo quedarán, ni un sonido emitirá.
Y su canción finalizó con una detenida brusca, como siempre dando en el clavo en el sentimiento de los demás.
Aquella ratoncita que ponía en dudas mi corazón se tambaleó en los cabellos de Takeru Takaishi, mejor conocido en este universo alterno como el Sombrerero. Se sacudió y aferró, dado a que su transporte de ojos azules frenó junto a su acompañante. Mi bata de hospital harapienta sufrió al rasgare con una rama y me percaté que mis pies eran irreconocibles, llenos de tierra y mugre hasta las uñas. Medité si esta tierra, en sí, también estaba viva como ellos en un sentido fantasioso. No quería tener montículos de tierra haciendo una concurrida fiesta del té en mi uña. Levantando el rostro, topé con esos bellos ojos que aparentaban ser rubíes en días de verano y canela en invierno. Extendí mi mano, ofreciéndole ser, ahora, su vehículo.
Tk se alejó, Hikari perdiendo el equilibrio.
¡Pero qué manera de molestar, este rubio!
Fūka, por el otro lado, seguía tarareando su canción como si no le molestase en lo absoluto lo sucedido. Más bien, me pareció que esbozó una sonrisa burlona.
—¡Estamos cerca! —canturreó con alegría, aplaudiendo—. ¡Estamos cerca, Sombrerero!
La cabecilla del grupo, quien andaba en su traje de gala llamativo incluyendo el emblema de la Esperanza, frenó en seco al escucharla. Una vez más, La pequeña ratoncita de cabello castaño se agarró con fuerza al gran sombrero de Tk al notar que el poco cabello que salía era un poco difícil. Definitivamente, pensé, su gusto extravagante en estos accesorios sobrepasaba los límites en este universo alterno, por más que ya en el mundo real fue excéntrico. Fūka retomó la compostura una vez que estuvo a su lado, retornando a la chica que apareció luego de tomar el famoso té de no cumpleaños. Hikari arregló su vestido rosa con listones de seda, junto al pendiente en forma de su emblema de la Luz. Me miró desde su sitio, esbozándome una sonrisa llena de blancura.
Me ruboricé.
—¡Hinanousagi tiene razón! —junto a un ademán de sorpresa, y brillantes ojos azules, Tk le da un ligero golpe a la palma de su mano.
—¡Cómo olvidarlo si es su bosque! —prosiguió su enamorada de mentira.
Estoy sumamente confundido.
Y dentro de mi confusión, opté por volver a centrarme en mis alrededores. Nada había cambiado, el olor de los árboles seguía igual, junto con el aroma de té que Hikari emanaba por vivir dentro de una bellísima tetera. Casi tropiezo al mi bata seguir enredada con una rama, y al intentar zafarme, di con algo en particular.
—¿Albaricoque? —sosteniendo la fruta, contuve mis ganas de comerla. No estaba seguro si sería una buena idea por toda la locura que ronda en este País de las Maravillas—. Aunque se ve delicioso…
—Sí, después de todo es su bosque—dijo Fūka, la Liebre de Marzo, como respuesta.
—Ay, Daisukelicia barra Alicesuke, es cultura general—colocando un dedo en la sien, y sacudiendo el rostro, lucía meramente decepcionado de mi falta de un supuesto conocimiento básico de un lugar el cual desconozco y me baso en películas para niños y remakes para comprender—. ¿Por qué a mí?
—¡Te recuerdo que no soy de aquí, rubio! —exclamé, acercándome.
—Pobre Dailicia…—suspiró la chica de cabello almendra llena de tristeza.
¡Ni que tuviera amnesia!
—¡¿Por qué sientes lástima?! —incapaz de creer esta loca sincronización entre ambos, solté sin pensar lo siguiente mientras cruzaba mis brazos y alzaba la barbilla, resentido—. Esto me hace creer que realmente son el uno para el otro.
La escena que vino me destrozó el corazón. Las diminutas orejitas de Hikari bajaron a una posición sumisa, plenamente herida. Sus bigotes temblaron y su labio flaqueó. Tembló y tembló; infló e infló; levantó y levantó. El lenguaje verbal que cargamos como humanos expresa mucho más que gestos y simples palabras. Si viviéramos en un mundo sin amor, no presenciaríamos dichas acciones. Pero si en verdad viviéramos en un mundo sin amor, nada sería igual. Sería un mundo compuesto de espejos rotos. Y duele el saber que este mundo de amor llega hasta mi subconsciente, recalcando cuánto Hikari aprecia a Tk. Sus ojos vidriosos dieron conmigo, estableciendo una conexión.
Mírame… No, no me mires. Mi corazón llora con todos los recuerdos que traes a mí y las memorias que pisoteé en el mundo real pretendiendo haberlo olvidado todo, creyendo así hacerte feliz… por un destino que no nos permite estar juntos. ¿Habrá sido o no la mejor opción el hacerlo o no?
—Ambas opciones son correctas.
Me acaban de leer la mente.
Por más que intentase tener una entrada gloriosa, una nueva voz que resonó me hizo establecer un lazo con la realidad una vez más. La conocía muy bien, tanto así que me estremeció causando piel de gallina. Tk retrocedió y Fūka saltó. Hikari migró de la cabeza del rubio hacia mi bata, acomodándose en mi hombro. Su corazoncito de ratona palpitaba a mil por hora, sus mejillas enrojecidas. La silueta que agonizó para aterrizar con ambos pies en el césped para acabar florando sobre este, hizo una pequeña reverencia luego de arreglarse el cabello.
Tan amarillo, pero tan amarillo, que entrecerré mis ojos. Los de ella, marrones como una caoba, titilaban con tremenda curiosidad. Cada vez más y más curiosa. Una frase se abrió en mi mente, recordando el libro de Alicia: Curiouser and curiouser. Me sorprendí a mí mismo pensando en inglés, ya que en ese momento había olvidado que sabía dicho idioma, incluso que existía. Aquello la definía a la perfección. Una sonrisa que no se le borraba, junto a orejas felinas y cola conjunta; un traje de gala menos extravagante de muchos colores*. Una calcomanía que parecía adherida a su mejilla derecha en forma de pica de naipes le daba un toque especial.
—¡El gato de Cheshire! —Hikari se unió al asombro de la Libre de Marzo y el Sombrerero.
—¡¿Anzu?! —y fui yo quien soltó lo que se denominaría fuera de lugar.
—Ciertamente hay albaricoques, Daisukelicia barra Alicesuke. No es necesario ser tan obvio—resopló con algo de vergüenza ajena Tk
La chica misteriosa bostezó tras esfumarse su sonrisa. Luego de haber dicho que ambas de mis opciones son correctas, la curiosidad se iba haciendo más grande. No iba a dejar que se escapara desapareciendo como su contraparte lo hace en el libro de Lewis Carroll.
—Podrías decirnos, por favor, ¿qué camino debemos seguir para salir de aquí? —con suma educación, Fūka la liebre le preguntó.
—Eso depende en gran parte del sitio al que quieran llegar—dijo Anzu.
—No nos importa mucho el sitio…—habló Hikari, meditando.
Al parecer ninguno de nosotros sabe a dónde ir en busca de Iori… digo, el Conejo Blanco.
—Entonces tampoco importa mucho el camino que tomen—respondió la chica de pequeña estatura, torciendo su cuello en cuarenta y cinco grados.
—…siempre que lleguemos a alguna parte—añadió Tk como explicación.
—¡Oh, siempre llegarán a alguna parte—aseguró Anzu, aplaudiendo—, si caminan lo suficiente!
Esto no parece tener vuelta de hoja, es mi turno de preguntar.
—¿Qué clase de gente vive por aquí, Anzu… quiero decir Gato de Cheshire? —crucé mis brazos.
—En esta dirección—dijo ella, haciendo un gesto con su mano derecha—vive un Sombrerero—Tk parpadeó sin creer que de ese camino habíamos venido al tratarse de él—. Y en esta dirección—Anzu hizo un gesto con la otra mano—vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.
—Pero es que a mí no me gusta tratar con gente loca—protesté—. ¡Además ellos dos ya están aquí! —y los señalé.
—Al parecer el Gato de Cheshire anda desactualizada ya que ando viviendo con el Sombrerero y no en esa dirección—obviando mi comentario, Fūka ladea el rostro e infla sus mejillas.
—Oh, eso no lo puedes evitar—ignorándola, Anzu se me acerca—. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loca. Tú estás loco.
—¿Cómo sabes que yo estoy loco? —pregunté desafiante.
—Tienes que estarlo—afirmó—, o no habrías venido aquí.
Esto no demuestra nada.
—¿Y cómo sabes que tú estás loca? —inquirió Hikari, notando mi creciente incomodidad al estar en mi hombro.
—Para empezar—repuso Anzu—, los perros no están locos. ¿De acuerdo?
—Supongo que sí—concedió Hikari.
Oh por Dios, algo me dice que se están interpretando las páginas del libro de Alicia.
—Muy bien. Pues en tal caso—siguió su razonamiento la chica con características de felino—, ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contenta, y muevo la cola cuando estoy enfadada. Por lo tanto, estoy loca.
—¡Ya veo! —sorprendida, coloca un dedo en sus labios cereza—. ¿No quisieras un té de no cumpleaños? ¡Es la medicina perfecta para aliviar ese síntoma!
—A eso yo le llamo ronronear, no gruñir—dijimos Tk y yo a la vez. A Ambos nos molestaba que cayera en la ingenuidad.
—Llámenlo como quieran—agitó la mano—. ¿Van a jugar hoy al croquet con la Reina?
¡Finalmente una forma de salir de aquí! Si mal no recuerdo, el Conejo Blanco estaba tarde para ir donde esa Reina… ¡podemos encontrar a Iori y resolver este problema!
—Nos gustaría mucho— replicó Fūka en nuestro lugar—, pero por ahora no nos han invitado.
¡No seas tonta!
—Allí nos volveremos a ver—aseguró Anzu de Cheshire, y se desvaneció.
Ciertamente, esto no me sorprendió demasiado, tan acostumbrado ya estoy a que sucedan cosas raras. Me quedé mirando el lugar en donde ella había estado, hasta que reapareció de golpe.
—A propósito, ¿por qué me buscaban? —preguntó—. Me olvidé de preguntarlo.
—No es así—allegó Hikari la ratoncita, moviendo sus bigotes—, no te estábamos buscando, creo. Deseamos encontrar al Conejo Blanco. Es él a quien buscamos.
—Además Hinanousagi te preguntó cuál es el camino correcto para salir de aquí, no si te buscaba—dijo Tk a la defensiva.
—Sí la buscaba, ¿quién dijo que no? La locura del Sombrerero es sinigual. Aunque no puedo decir mucho de mí al ser menos cuerda que su propia cuerdedad—inventando una nueva palabra que la RAE seguramente rechazará en la próxima edición, la chica liebre salta hacia Anzu—. La buscaba para que nos indique el camino a seguir.
—Ya sabía que acabaría así—concluyó Anzu, y desapareció de nuevo.
Por el amor de… ¡esto no está llevando a ninguna parte! Hemos vuelto al inicio y de seguro nos hubiera respondido lo mismo.
—¡Qué lista, Hinanousagi! —abrazándola por detrás, Takeru Takaishi conocido como el Sombrerero, apodo que le diré en el Mundo Real por su gusto hacia inusuales sombreros, la elogia—. Puedes estar loca pero eres lista.
Una vez más, ante tal gesto de amor que la Libre de Marzo pasó por alto, Hikari desvió sus ojos de la escena. Ver aquellas manos alrededor de la cintura de Fūka, junto al mentó del rubio que se posaba en la nuca de la muchacha de cabello almendrado, fue suficiente para dañarla. Deseaba hacer algo para solucionarlo pero mi mente estaba en blanco. Algo me decía que Tk lo hacía a propósito, la enemistad entre a Luz y la Esperanza manifestándose en esta loca alucinación provocada por Dios sabe qué. Extendiéndole mi dedo meñique, le destapé el rostro que ocultaba con sus diminutas manos. Sus ojos canela se perdían en mí y yo en los suyos. Tan bella; hermosa; perfecta. Decidí esperar un ratito, acariciándole el cabello, con la idea de que quizás Anzu aparecería una vez más, controlando mi impulso de separar a esa pareja que teníamos al frente. Tk seguía en la misma posición y Fūka hablaba sola, quizás perdiendo el efecto del té.
Pasados uno o dos minutos, le sugería a Hikari ponernos en marcha, dejando a los dos locos atrás. Quizá si íbamos a la izquierda encontraríamos una salida. La ratoncita me hizo acordar que era la dirección hacia donde solía vivir la Liebre de Marzo.
—Sombrereros ya he visto algunos—dije para mí—. Y no quisiera ver más.
—Espero que si hay otras Liebres, sean distintas y puedan ayudarnos—dijo Hikari con soslayo.
—Y además, como estamos en noviembre, quizás las de noviembre no estén locas—concluí, guiñándole un ojo. Ella me miró muy confundida—. O al menos quizás no esté tan loca como la de Marzo que tenemos aquí.
Mientras decía estas palabras, Hikari miró hacia arriba y pegó un grito. Seguí su instinto y acabé haciendo lo mismo. Ahí estaba Anzu una vez más, sentada en la rama de un árbol. Fūka y Tk retornaron a la normalidad; él tosiendo por la muestra de afecto inesperada y prolongada; ella solo quedándose en silencio por tanto charlar en soledad.
—¿Dijiste que me buscabas? —preguntó, lamiéndose la muñeca con un toque que clasifiqué seductor—. ¿O que querías saber el camino a seguir?
—Dije que te buscaba para saber el camino a seguir—clarificó con alegría.
—¡Y a ver si dejas de andar apareciendo o desapareciendo tan de golpe! ¡Me da mareo! —exploté sosteniéndome la cabeza—. A este punto necesitaré de ese té de no cumpleaños.
—¿Regreso por la tetera? —preguntó Hikari muy preocupada.
—¡N-N-No es necesario, linda! —llamándola como suelo hacerlo, ella se sonrojó al igual que yo.
La costumbre. Debo dejar esa manía cuando despierte…
—De acuerdo—plenamente resentida por mis palabras, e ignorando a la chica de cabello largo, desapareció despacito, con mucha suavidad, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que permaneció un rato allí, cuando el resto de su cuerpo gatuno ya había desaparecido—. Me pregunto si la oruga valiente que esta al suroeste de la izquierda a la derecha podrá comprender la cordura de Dailicia e indicarles el camino a seguir. Total, todos estamos locos aquí, siendo ellos los inestables.
—¡Quedó Dailicia! —complacida en un cien por ciento, Fūka se lanza hacia el cuello de Tk llena de emoción—. ¡Es Dailicia! ¡Dailicia! ¡Necesitamos celebrar, un té, un rico té! ¡Celebremos el no cumpleaños del nombre oficial de Dailicia!
Tk no lucía feliz con dicho gesto, achicando los ojos y clavándolos en Hikari. Ahora fue mi turno de ponerme a la defensiva, cubriéndola con mi mano izquierda. Quise cambiar el tema.
—¡Vaya! He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, siendo Gatomon un claro ejemplo, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida! —le comenté a Hikari, distrayéndola. Ella solo sonrió de regreso—. Umm…
—Yamane no Kari, creo que debemos ir primero por algo de té de no cumpleaños para Hinanousagi que ha perdido los efectos y retornado a su locura, ya que es evidente que este sujeto se llama Daisukelicia barra Alicesuke y no Dailicia.
—¡Que mi nombre es Daisuke! —recalqué—. ¡Empiezo a pensar que tal vez hubiera sido mejor quedarme en ese campo y no seguir a Iori!
Pero es momento de buscar a la oruga valiente. Algo me dice que nada bueno saldrá de esto.
※※※
Luego de haber conseguido con éxito el té de no cumpleaños, junto una tarta de fresa para aliviar mi hambre, proseguimos el camino que Anzu, el Gato de Cheshire, nos indicó seguir. Al suroeste de la izquierda a la derecha fue más difícil de encontrar, ya que dicha tarta fue partícipe debido a la ingeniosa idea de Tk de usar la masa como migas y así saber si fuimos por el camino correcto o no. No obstante, mi adorada Hikari sucumbió a la locura de este inquietante País de las Maravillas y se las comía cada vez que caían al césped. Ver su boca llena de migajas de tarta era tan precioso que se me era inevitable resondrarla por dicha acción. Por mi distracción, los dos locos de remate que nos guiaban andaban a paso apresurado, y guía a Hikari hacia mi cabeza. Sentí como se aferraba fuertemente a mis hebras, preparándose si es que empezaba a correr.
Aceleré mis pasos, procurando que la ratoncita no cayera. Una vez que salimos del laberintoso bosque, un psicodélico jardín me recibió. La comezón en la nariz que me provocaban las flores se incrementó. Las pintorescas voces de las flores en la fiesta del jardín continuó. Miré a todas partes, perdido. Me volví a sentir pequeño. Diminuto. Este mundo ya se estaba robando mi sanidad, especialmente al ver tanto hongo multicolor creyendo que definitivamente estaba drogado con una sustancia de alta calidad ya que incluso sentía olor a patchouli recordándome a hippies. Hikari y yo tosimos por la gran nube de humo que salía de una locación en particular. Las flores huyeron cuando caminamos hacia el sitio. He ahí que todo cobró sentido.
Tiene que ser una broma.
Una oruga azul, tremendamente robusta, andaba sentada en una flor que nos doblaba el tamaño. Inhalando y exhalando la sustancia que componía su nube, su nargile de vidrio se vaciaba de la sustancia desconocida. Con siete metros de diferencia, agregándole unos cinco más por el tamaño del hongo psicodélico en el que se encontraba, mi corazón se paralizó. He ahí, con un rostro altamente familiar, una cabellera que la reconocería a kilómetros de distancia, Taichi Yagami estaba en pleno éxtasis por lo que fumaba.
—Confirmado. Estoy drogado.
Hikari parpadeó con mi oración, todavía sin comprender de dónde provenía tanta cosa de mi boca.
—Ah… —con su voz pude confirmar mis sospechas: sí era Taichi Yagami.
La oruga y yo nos estuvimos mirando un rato en silencio. Sacándose la pipa de la boca, se dirigió hacia mí, ignorando la presencia de Tk y Hikari. Volteé el rostro, solo por si las dudas, para notar que Fūka ya no estaba con nosotros y se había quedado en la entrada del bosque, sacudiendo una mano y huyendo. Esta chica puede ser cruel si lo desea, sin o con locura. Retornando mi atención hacia Taichi la oruga azul, me habló en voz lánguida y adormilada.
—¿Quién eres tú?
No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación que deseaba evitar a toda costa, especialmente viendo el creciente recelo en la cara de Tk. Había una enemistad entre ambos, quién sabe por qué. Contesté un poco intimidado, temiendo que su actitud se vea alterada por lo que fumaba.
—Apenas sé, señor Oruga, lo que soy en este momento… sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces—alegué.
Porque desperté diciendo que no recordaba nada, siendo yo. Por ende, sé quién era pero ya no lo soy, y desde entonces he cambiado junto a este loco País de las Maravillas.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó arqueando una ceja con severidad—. ¡A ver si te aclaras contigo mismo!
¡Taichi, no quería hacerte enfadar!
—Temo que no puedo aclarar nada conmigo mismo, señor Oruga—dije—, porque no soy yo mismo, ya lo ve.
Hasta mi forma de hablar se ve alterada.
—No veo nada—protestó, manifestando un monóculo para descubrir si así observaba algo, siendo este "algo" una metáfora.
—Temo que no podré explicarlo con más claridad—insistí con voz amable—, porque para empezar ni siquiera lo entiendo yo mismo, y eso de ir de lugar a otro y conocer la locura en un solo día resulta bastante desconcertante.
—No resulta nada—replicó Taichi.
—Bueno, quizás usted no haya sentido hasta ahora nada parecido—me protegí de su molestia con palabras bonitas—, pero cuando se convierta en crisálida, cosa que ocurrirá cualquier día, y después en mariposa, me parece que todo le parecerá un poco raro, ¿no cree?
¡¿De dónde salen todas estas palabras?! ¡Es como si una autora estuviera copiando y pegando las palabras de Alicia en mi boca!
—Ni pizca—declaró Taichi.
—Bueno, quizás los sentimientos de usted sean distintos a los de él, porque le aseguro que a mí me parecería muy raro—se entrometió Hikari.
—¡A ti! —dijo con desprecio, para luego detenerse y quedarse congelado—. ¿Quién eres tú?
Con lo cual volvimos al principio de la conversación. No obstante, la mirada en los ojos canela de Taichi examinaban con cautela a Hikari. Luego, con prontitud, me la clavó a mí. La pipa cayó al suelo y se atoró con el humo que estaba en su garganta. Tosió y tosió, faltándole el aire. Levantó sus millares brazos de oruga mientras que la genuina preocupación de Hikari crecía como un sol naciente con su luz.
—Me parece que es usted el que debería decirme primero quién es—juntó ambas manos en su diminuta cintura, moviendo su cola de lirón.
—¿Pero qué demonios…?—dijo Taichi en un susurro, tomando noción de sus alrededores. Parpadeó más de una vez y se volvió a atorar al, aparentemente, reconocernos—. ¡Kari! ¡¿Qué haces tan pequeña?! ¡Pareces un ratón!
—¡¿Eh?! —con un gesto de sorpresa genuina hasta la vena, me abalancé sobre Taichi, sin saber cómo rayos logré subir el hongo a una velocidad sobrenatural—. ¡Taichi! ¡Al fin alguien cuerdo en esta pesadilla!
—¡¿Daisuke?! —al percatarse que lo abrazaba desesperado, se fijó en su apariencia—. ¡¿Pero qué rayos es este cuerpo?! ¡¿Una oruga?! —y miró que tenía un nargile casi vacío—. ¡¿Qué droga he estado consumiendo?!
—Taichi…—con lágrimas de emoción en mis ojos, me soné la nariz en uno de sus rollos de oruga.
—¡Qué asco, Daisuke! —requintó con enfado—. ¿Qué está sucediendo aquí?
—Espero que mi explicación tenga sentido…
Porque sabiendo lo loco que es este País de las Maravillas, mi explicación más lógica puede ser la más descabellada.
Susurré y susurré en la oreja de Taichi todo lo sucedido, o mejor dicho mi predicamento actual. Omití todo el trayecto, incluso a quienes conocí, simplemente comentando que de un minuto a otro me encontré aquí y probablemente se trate de un descabellado sueño. Siendo él el único cuerdo, sentía que podía confiar en él para encontrar la salida. Desafortunadamente, ni él lo sabía, creyendo que también se trataba de un sueño para él.
—¿Estaré en drogas? —volvió a preguntarse el hermano mayor de mi falso amor—. ¿Es esto volar? Pero que trip me he metido.
—Si tú estás en drogas imagínate yo—susurré como respuesta.
—Tengo un sabor asqueroso en mi boca…—dijo sacando la lengua—. Qué rayos habré estado fumando.
—Solo sé que nada sé—comenté.
—¿Solo están ustedes dos aquí? —y señaló a la pequeña Hikari en mi hombro, quien seguía sin comprender—. Ah, ¿soñar con Kari en forma de ratón…?
—Soy un lirón…—corrigió con educación.
—Bueno, somos nosotros dos y…—recordando la tercera presencia, reparé en la actitud del Sombrerero. Andaba de brazos cruzados, completamente irritado, levantando la suela de su zapato de arriba hacia abajo—, y Tk.
—¡¿Tk de Takeru Takaishi?! ¡¿Qué hace él en mi sueño?!
—¡No le grite al Sombrerero, señor Oruga! Él no tiene la culpa de nada…—furiosa, Hikari lo fulminó con la mirada.
—En este mundo Kari lo defiende… ¿en dónde estoy, Daisuke? —deprimido, me observa esperando una respuesta.
—En el País de las Maravillas—respondí, alzando mis hombros, con suma ironía.
El silencio era sepulcral, casi perfecto, hasta que Tk optó por hablar.
—No tuvo sentido venir hasta aquí, ¿realmente era este el camino a seguir? Solo hay una oruga gorda, fumona y malhumorada—finalizó arreglando un mechón rebelde de su flequillo.
Oh, no.
—Creo que es momento de sacar todo lo que me contuve cuando tuvimos nuestra charla en el hospital…—dijo Taichi—. ¡Después de todo si es un sueño debo de sacarle ventaja!
Pero antes de que algo sucediera entre estos dos, Hikari saltó de mi hombro, colocándose entre ellos.
—¡Señor oruga, tranquilícese por favor! —gritó—. ¡Y Sombrerero, sé más delicado con tus palabras! ¡Tenemos una misión y es encontrar al Conejo Blanco!
—Sí, señor oruga… tranquilícese—y con su tono burlón de Sombrerero, Tk le faltó el respeto a Taichi.
—¡Vigila este mal genio! —sentenció el castaño, señalando a Hikari.
—¿Eso es todo? —pregunto Hikari, tragándose la rabia lo mejor que pudo.
—No—confundido, Taichi no comprendía de donde salían esas palabras tan fuera de contexto.
Tampoco yo, siendo honesto. Creo que la historia de Alicia quiere fluir con normalidad con estos diálogos pero nuestras acciones van en contra… ¡tengo una idea!
Deseaba decirla pero, Hikari decidió que sería mejor esperar, dado a que andaba de brazos cruzados observando a ambos hombres anhelando que alguno de los dos dijera disculpas. No tenía otra cosa que hacer, y ver si Taichi decía por fin algo que mereciera la pena dadas las palabras de Anzu. Ella dijo que él tendría la respuesta pero hasta ahora ha dejado más preguntas en vez de resolverlas. Durante unos minutos, observé cómo Taichi retornó a su hongo y siguió fumando sin decir palabra. Al parecer, y mi sorpresa, se rindió. Aunque, después, abrió los brazos, volvió a sacarse la pipa de la boca, y habló.
—Así que por más que estemos dentro de un sueño, con mucha droga de por medio, nada ha cambiado.
—Me temo que sí, señor oruga. No comprendo a qué va con esto de sueño y drogas pero, nada ha cambiado. Puede ser que su aparición—y Hikari me señaló—, haya cambiado nuestro día a día de tomar té y que haya sido invitado para que salga del País de las Maravillas luego de que fuerzas superiores que leen todas sus acciones y las escriben lo trajeran a este lugar sin su consentimiento… pero por más que parezca que las cosas han cambiado, nada lo ha hecho.
—Kari, estoy muy confundido—admitió Taichi, vociferando por mí a la vez.
—No me acuerdo de cosas que antes sabía muy bien, como el hecho de vivir en mi tetera pero, cuando él apareció, no pasan diez minutos sin que cambie algo. Me hace sentir y pensar cosas distintas. A cuestionar si está bien los sentimientos que tengo hacia el Sombrerero. ¡Tenemos que encontrar el Conejo Blanco, señor Oruga! Es muy importante.
—Hikari…—su nombre escapó de mis labios, percatándome de ese detalle—. Incluso aquí, ella…
Sigue enamorada de Takeru Takaishi.
—Pues bien, haremos una cosa—respondió Taichi la oruga—. Cerraré mis ojos y a la cuenta de tres, ustedes se fueron, yo desperté y todo de esto fue una intoxicación de la comida de mi madre.
—No, me temo que no está del todo bien—reconoció ella con timidez—. Eso no tiene sentido alguno.
—Yamane no Kari, estás perdiendo el tiempo con este… con esta cosa—señaló Tk—. Está mal de cabo a rabo—agregó en tono implacable, y siguió un silencio de varios minutos.
Realmente no sabía qué hacer. Las palabras de Anzu nos habían llevado a un callejón sin salida, y andábamos presenciando la riña Takaishi-Yagami. Hikari lucía preocupada sin saber que actitud tomar, retornando a mi hombro muy decepcionada. Levanté la barbilla y le sonreí. No era momento de perder, irónicamente, la esperanza. Anzu puede ser muy silenciosa en el mundo real pero sus predicciones nunca fallan. Por algo nos trajo aquí y lo averiguaré.
—Taichi, ¿izquierda o derecha? —me aventuré en preguntar.
—¿Ah? —respondió con cansancio. Noté que sí cumpliría su palabra con irse a dormir—¿Por qué preguntas eso?
—Solo dime.
—Ninguno—y volvió a darme la espalda.
—¡Oye, así no estás colaborando! —comencé a golpearlo—. ¡Necesito saber!
—¡No soy un mapa, Daisuke! Toma tus propias decisiones y acciones. Sea el camino que tomes, acabará en el mismo destino. Solo hay un camino a seguir y es el que dicte tu corazón, ¿de acuerdo? —con una de sus patas de oruga, dio directo hacia mi pecho—. Y más te vale que la dirección que tomes no lastime a Kari.
—Taichi…
Si tan solo supiera que ya la lastimé… ¿decir que tengo amnesia fue el camino correcto? ¿Mi corazón tendrá la razón?
—Ahora si me disculpas, me retiro a dormir. Lo más agradable de este sueño fue ver a mi hermana sonriendo y el hecho de que en este descabellado mundo, la reconoces—contento, cierra sus ojos—. Espero que al despertar pueda ver a Mariya feliz.
Taichi… ¡¿por qué tiene que doler tanto?!
—¿Terminaron su conversación? —era obvio que Tk lucía enfadado cuando su extravagante existencia fue dejada de lado—. Tenemos que encontrar al Conejo Blanco para que todo regrese a la normalidad, ¡en marcha, Yamane no Kari y Daisukelicia barra Alicesuke! ¿Qué camino debemos seguir?
—Ninguno—dijo Kari—. El señor oruga recomendó que siguiéramos nuestro corazón con gran valor.
—¿Ninguno? —Tk se asustó mucho con este cambio tan repentino de planes—. ¿Cómo pretende que saquemos a Daisukelicia barra Alicesuke de aquí?
—¡Siguiendo nuestro corazón! —exclamé, alardeando.
—Vaya, pero que cursi.
Unas risillas resonaron en el bosque de Taichi, acelerando nuestros latidos. Tk permaneció inmutable, soltando carcajadas. Una cierta complicidad había entre él y la voz, tanta pero tanta, que Hikari no lucía comprender. Dando un respiro, nuestro mundo dando vueltas, se detuvieron y nuestro girar también. Taichi estaba dormido y pasó todo por desapercibido.
—¡Muy cursi, ehehe!
Fūka reapareció desde el cielo junto a notas musicales y una tetera en la mano derecha. Campanas resonaban como el ding dong de la canción sobre macarons que cantó en nuestro primer encuentro. Sus dedos durazno tocaban con deseo sus labios, derritiéndose como chocolate en su cuello. Abrió sus ojos, dos diamantes pardos resplandeciendo causando escalofríos en mí. Todavía marchando, me percaté que saltaba mientras lo hacía. Todavía vestida de gala, un terno rojo con negro. Lucía ser un conejo pero, aquellas orejas más largas que eran idénticas al color de su cabello me recordaron que era una liebre. Movió la tetera hacia la mano vacía y una taza se manifestó. La colocó en sus labios y la música se detuvo. Tk dejó de reír y se sirvió también una porción.
—La primera Alicia tenía un espíritu fuerte. Con una espada en mano, llegó al País de las Maravillas—dice con calma, recordándome a la Fūka Hinanawi que veía todos los días en la escuela. Luego, prosigue: —Destrozando a todas las personas frente a sí, consiguió dejar un camino carmesí—aplastando un tomate, que ni idea de dónde lo sacó, los restos cayeron al jardín, una sonrisa alegre e inocente dibujándose en su rostro.
Es la misma historia que me contó cuando la encontré en la fiesta del té.
—La segunda Alicia era de carácter noble. Llegó entonando una canción al País de las Maravillas llenándolo todo de sonidos y creó un mundo enfermizo—una mirada llena de fastidio recayó en Hikari, y moví mi hombro para protegerla—. Esta Alicia era una flor de rosa y ha muerto por el disparo de un hombre loco. Le floreció una rosa, rojo carmesí amada y apreciada por todos y esta flor solitaria se marchita a lo lejos.
Yo soy ese hombre loco… ¿o no? ¿Algo le ha pasado a Hikari luego de que huyó del hospital? ¿Se encontró con alguien? ¡Que deje de hablar con canciones de doble sentido!
—Y Hinanousagi a este paso volverá mi historia de Los Sacrificios Humanos de Alicia* en una canción en vez de un libro…—suspiró Tk luego de tomar té—. Por lo menos ya me encuentro mejor. Esté té es una bendición.
—Digo lo mismo—en un sorbo de té a otro, Fūka Hinanawi había retornado a la normalidad con una cálida sonrisa—. Deberíamos apresurarnos, que el partido ya va a iniciar.
—¿Partido? —pregunté.
—Sí, conseguí una invitación—por arte de magia, un sobre con pegatinas rosadas apareció entre sus dedos—. Tuve una corazonada que me guio a la invitación. ¡Es el camino a seguir, Dailicia!
—¿Cómo puedes estar tan segura…?—pero me interrumpió, su rostro estando a meros centímetros de mis labios.
—Porque hemos vivido los mismos momentos, compartido los mismos sueños y, mientras que mi deseo no se cumpla, tendré que regresar a la soledad al igual que tú. Por eso si queremos regresar a la Luz, tenemos que ir hacia ella. ¡Sigue tu corazón, Dailicia!
Recién noto que los dos somos iguales en muchos sentidos.
—¿A dónde iremos? —se entrometió Hikari, algo incómoda por nuestra cercanía.
—Sí, ¿a dónde? —ahora fue el turno de Tk.
—¡Al partido! —exclamó exasperada—. Ya tomaste también té, Sombrerero. Deberías estar lúcido…. ¡vamos a ir a jugar criquet con la reina! —señaló al cielo, y a su ritmo globos cayeron para que se adhieran a nosotros—¡Andando!
Y flotando y flotado entre las nubes, fuimos hacia un lugar que me traía un muy mal presentimiento.
※※※
—¡Córtenles la cabeza!
—¡No, yo dije primero que les corten la cabeza!
—¡No, yo fui primero!
—¡Que no!
—¡Que sí!
—¡QUE NO!
—¡QUÉ SÍ!
La ceja me temblaba mientras que observábamos la escena encerrados en una jaula hecha de naipes imposibles de deshacer. De todas las cosas inimaginables, esta resultó ser la más predecible de todas. Con una vara dorada que acababa en forma de rosa en la punta, Hibiki Inoue andaba dictando qué se debería hacer. Con su largo cabello ondulado color turquesa, jugaba con un mechón al discutir. Llevaba puesta en la cabeza un sombrero muy similar al de un bufón, salvo que solo tenía dos cuernos que acababan con colgantes de coronas. Dividido en blanco y azul marino junto a estrellas, achica sus ojos grises creando un bello contraste. Coloca la vara en sus labios, sin saber qué hacer. Respira profundamente, alzando su pecho de tamaño 90. Su vestido strapless me recordaba a una reina de naipes, al ser rojo pomposo con blanco, además de tener rombos en los bordes. Sus guantes negros jugaron con la vara, dudando si seguir o no.
—¡QUE NO! —le siguió la cuerda a la otra protagonista.
La más predecible, mucho más predecible que Hibiki Inoue, era Miyako Inoue en mi sueño. Hace mucho tiempo que no sé nada de ella, por más que sea la novia de Ken pero, he ella aquí en este loco sueño, siendo la Reina de Corazones. O quizás no. Al parecer ambas se disputen este puesto. Muy similar al conjunto de su prima, el de Miyako consistía en un vestido menos largo que hacía relucir sus piernas en una minifalda azul marino. Su torso tenía un corseé marrón oscuro junto a un top rojo escarlata, también strapless. No obstante, contaba con una capa pomposa que llegaba hasta el suelo y cubría sus hombros. Una pequeña corona azulada salía de su cabeza hacia el lado derecho, al igual que cartas. En la mejilla derecha tenía una calcomanía de un diminuto corazón, que hacía conjunto con su vara también de oro, salvo que la punta era en forma de corona, indicando realmente quién mandaba ahí. Su cabello lavanda estaba amarrado en una coleta corta y, sorprendentemente, llevaba flequillo. Se me hacía raro verla así, ya que nunca lo ha tenido y esto, definitivamente, es cortesía del País de las Maravillas.
—¡QUE SÍ! —finalizó con autoridad, agitando su bastón como orden de silencio, salvo que sus gafas se resbalaron un poco—. Fui yo quien dio la orden primero y así será.
—¡Soy la Presidenta de la corte, así que proclamo mi autoridad! —replicó como berrinche, ahora siendo las gafas de ella las que caían.
—¡Y yo soy la Reina de Corazones, mi querida! —agitando su cetro, el jardín en el que nos encontrábamos se llenó de rosas—Dime, ¿de qué color son?
—Ro… ¡Blancas, son blancas! —antes de caer en la trampa, se corrigió—¡Son Blancas! —con su vara, aparecieron juegos de cartas que pintaron las Rosas Rojas en Rosas Blancas.
—¡Son rojas porque yo soy la Reina! —Miyako miró a Iori, el Conejo Blanco que causó nuestro predicamento actual debido a su búsqueda—Dime, ¿quién es la reina?
—Ninguna porque no portan corona—especificó.
—¡Te cortaría la cabeza si no te conociera de años! —balbuceó Miyako "Reina Loca" Inoue.
Me dejé vender en el suelo hecho de cartas, junto a los demás. O mejor dicho, solo con Tk y Hikari. Fūka había escapado ilesa del asunto luego de dejarnos en la entrada del lujoso castillo siendo una imitación muy costosa de Versalles. Escapó con sus globos hasta el cielo, tan solo diciendo: «Aquí los dejo, debo irme». «¿Por qué?». «Bueno, sería extraño que la auténtica Reina de Corazones y la Carta General me vieran. Crearía una alteración en esta historia».
¡Claro, ahora que lo pienso tiene sentido!
—¡Tuvo que irse porque Miyako no la conoce en el Mundo Real! Igual fue con Taichi… ¡generaría una contradicción cuando esta historia retorne a su punto original al esto ser un simple filler! —exclamé luego de la asombrosa realización.
—Estás raro, Daisukelicia barra Alicesuke—dijo Tk, su ojo temblando ligeramente—. Hablando solo.
—¿No quieres té de no cumpleaños? —me ofreció la ratoncita que hacer brillar mi mundo—. Hinanousagui nos dejó la tetera.
—No merece tu amabilidad, Yamane no Kari. Fue gracias a este sujeto con ropas harapientas que terminamos así. Tenías que estar vestido de gala.
—¡Yo qué iba a saber, perdón por estar internado en el hospital! —estallé.
—¡Silencio, prisioneros! —gritó Hibiki—. Estamos en una discusión muy importante.
—¡Tú tienes a el Conejo Blanco de tu lado! —protestó Miyako—¡Pensé que nuestra amistad significaba algo!
¿Iori del lado de Hibiki? ¿Pero qué…? ¿Se conocen o algo? ¿No generaría esto complicaciones? ¿Será que quien escribe esta historia está confundiendo al lector, dando indicios de algo o simplemente siendo una troll? ¡Pero qué cosas ando pensando, Hikari tiene razón! Necesito ese té, estoy enloqueciendo pensando en esas cosas y rompiendo una inexistente cuarta pared!
—Eso significa que yo soy la Reina de Corazones, ¡todas las rosas ahora son Blancas! —señaló con su vara los arbustos robustos—. ¡Sigamos con la partida de criquet!
—¡No, todavía falta una! ¡Carta General! —dando un grito que hizo que los tres nos tapáramos los oídos, Hikari me jaló la bata del hospital para mostrarme la nueva persona que había acudido al llamado de la auténtica Reina—. ¡Aquí estás, amor mío!
Ken Ichijouji lucía cansado, probablemente de todo esto. No pude evitar contener mi asombro de ver a mi mejor amigo en este lugar, en especial luego de tantos problemas que hemos tenido. Deseaba decirle algo, pedirle ayuda, lo que fuese, ya que me estaban volviendo loco las dos Inoues, y no quería que perder la cabeza fuera la solución para despertar.
Aunque ya la perdí cuando este sueño inició.
—Reina Miyako, opino que primero debería escuchar a los prisioneros—recomendó—, ya que usted es una buena Reina.
—¡Bingo! ¡Por eso que no quería cortarles la cabeza! —se afinó la garganta, mirando de perfil a Hibiki.
—¡Pero fuiste tú quién…!—reclamó la más pequeña.
—¡Non, non! —agitó el dedo—Carta General… o mejor dicho, Ken-kun. ¿Podrías liberarlos?
—Lo que usted ordene—replicó, obedeciendo sus palabras.
En cuestiones de segundos los tres estuvimos en un círculo, entre ambas Inoues quienes seguían debatiendo qué hacer con nosotros.
—¡Contaban con una invitación para la partida de criquet! —dijo Hibiki con euforia.
—¡Pero no contaban con la vestimenta apropiada! —agregó Miyako.
—Esto es tu culpa—comentó Tk.
—¡Silencio, rubio! —susurré.
—¡Esto es injusto! —sin dar más, Hikari bajó de mi hombro, ensuciando su vestido rosa—. ¡No es justo que nos corten la cabeza sin una explicación coherente!
Estamos en el País de las Maravillas, aquí la coherencia no existe.
—¡Es coherente porque lo ordena la Reina! —protesta Miyako sacudiendo su cetro—. Aunque tú me agradas. Serás mi mejor amiga y no te cortaré la cabeza.
—Por más que opine lo mismo, en otras circunstancias creo que nos llevaríamos muy bien pero ahora mismo no pienso dejarlos a ellos dos—Hikari sostuvo nuestras prendas respectivas con ambas de sus manitas—. ¡Los dos son importantes para mí y no los pienso abandonar!
—¡Tiempo, se acaba el tiempo! —la repentina exclamación de Iori nos distrajo.
—¡Tiempo, tiempo! —siguió Hibiki—. ¡No hay tiempo que perder, Conejo Blanco! ¡La solución hay que hallar!
—Pero la única solución es cortarles la cabeza…—Miyako hizo un puchero al mirarme, lo cual me dio a entender que solo me la quería cortar a mí.
—¡Te estás contradiciendo! —usando su dedo índice, su primera la señala—. ¡Hace un momento dijiste que tú…!
—Eso fue antes. Estamos en ahora, ¿verdad Conejo Blanco? —guiñó un ojo para dar a entender su punto.
Iori sacó un gran reloj de bolsillo, dejándome asombrado en cómo cabía en un bolsillo tan pequeño. Moviendo sus orejas, enseña las agujas. Estas marcaban ahora, no antes, durante, ni después. ¡Pero qué conveniente!
—¿Lo ves? —dijo con superioridad, cosa que Hibiki no contestó al saber muy bien cuándo callar y cuándo hablar.
—Reina, insisto que debería escucharlos—a mis ojos, realmente Ken es el más cuerdo que he encontrado en este sueño—. Si me permite opinar, creo que es momento de que el reloj del Conejo Blanco idique el ahora.
E Iori sacó su reloj de nuevo.
—Según el ahora, todos se está saliendo de control por la historia no seguir su patrón—afinó su garganta—. La Luz tiene que iluminar el camino.
—¡Kari, Kari es la solución! —grité sin pensar.
Cómo no pensarlo antes… «Porque hemos vivido los mismos momentos, compartido los mismos sueños y, mientras que mi deseo no se cumpla, tendré que regresar a la soledad al igual que tú. Por eso si queremos regresar a la Luz, tenemos que ir hacia ella. ¡Sigue tu corazón, Dailicia!»… esas fueron las palabras de Fūka. Incluso en sueños ajenos, parece saberlo todo. Eso me hace dudar si realmente está loca aquí y no pretendiendo, al ser esa su especialidad.
—¡Un beso de verdadero amor! —hasta que Miyako "Reina Loca" Inoue, habló—si buscan una solución a esto, esa es siempre la respuesta… aunque quiero cortarle la cabeza a ese tal Dailicia.
—¡¿Qué?! —sumamente desconcertado, tanto así que la tetera se rompió y su sombrero se cayó, Tk protestó tomando a Hikari en sus brazos—. ¡Protesto!
—¿Por? ¿Acaso no tienes ya a la Liebre de Marzo? —dije—. No puedes ser tan egoísta.
—¡Yamane no Kari no besará a nadie! —siguió—.¡Eso yo no…! ¡Yo no…!
Ver el rostro de Hikari partirse en pedazos por tanta discusión fue suficiente para saber, finalmente, a qué se refería que siguiera mi corazón para encontrar el camino a seguir.
—¡Basta! —con su manitos temblando, la Luz de la discordia baja de Tk y regresa entre los dos—. ¡Sombrerero no puedes controlar toda acción mía! Acaso no estás en algo… ¿no hay algo entre la Liebre de Marzo y tú? ¿No es por eso que vive con nosotros y no en su bosque? Además, si puedo ayudarlo, ¡lo voy a ayudar!
—¡Son dos cosas distintas! —argumentó en su defensa—, tengo mis motivos.
¡Dios, hasta en mis sueños me persiguen sus dramas!
Seguí flotando en ilusiones hasta el ligero beso en la mejilla que Hikari me dio. Tan suave, fino, hermoso y perfecto como ella. Me sonrió desde mi hombro, yo sin cuestionarme lo rápido que llegó hasta ahí. Saltó con agilidad hacia al de Tk, entregándole otro con mucho amor. Me costaba entender sus acciones dentro del sueño. Pero comprendí que Hikari nos aprecia a ambos. Tanto así que le cuesta mucho brillar al estar dividida.
—Bueno, como nada sucedió, ¿puedo cortarle la cabeza a ese niñato? —y al ver el cetro de Miyako transformarse en un hacha yendo hacia mi cuello, junto a un Ken que suspiraba y no se lo impidió, me esfumé por completo del País de las Maravillas envuelto en una suave luz, la muchacha de cabello lavanda cayendo panza abajo en el césped—¡Me las va a pagar, ya verá!
※※※
Beep. Beep. Beep.
Escuchaba.
Beep. Beep. Beep.
Vi un techo blanco.
Beep. Beep. Beep.
Vi ojos índigos sobre mi rostro.
Beep. Beep. Beep.
Me senté de golpe en la camilla, ignorando el suero en mi mano y los dolores por haber estado dormido por tanto tiempo. Me toqué todo el cuerpo y respiré muy agitado. Aguanté un grito y suspiré. Sonreí para luego quedarme desconcertado. Giré el rostro y los ojos índigos que me miraron eran los de Ken, quien andaba recto en su silla y completamente desfasado por mis acciones. Me lancé encima suyo, tomándolo de los hombros con mucha seriedad. Ahí se desconcertó por mi cercanía.
—No regreses con ella. Te lo suplico.
Él solo parpadeó, sin comprender.
—Rodaran cabezas…—susurré.
—Aunque lo quiera… yo…—comprendiéndome, antes de que se sumiera en la melancolía de haber terminado con la Reina Loca, lo interrumpí.
—NO. LO. HAGAS—recalqué.
Pero un fuerte sonido rompió nuestra complicidad. Taichi acababa de abrir la puerta de mi habitación, sudoroso y agitado. Se secó la frente con un paño de tela y me miraba, también, confundido.
—¿Taichi…?—ahora fue mi turno de parpadear más de tres veces—. ¿Qué estás haciendo aquí…?
¿Seguiré soñando en que regresé y debo de buscar un espejo para retornar al País de las Maravillas y que Miyako me corte la cabeza?
—Estaba visitando a mi enamorad… a mi ex-enamora... a Mariya... —balbuceando, se dio un golpe en la frente—¡Ese detalle es lo de menos!
¿Quién demonios es Mariya?
—¡¿Lo soñaste?! —gritó, ignorando las reglas del hospital.
—¡Entonces! ¡Entonces tú! —me sentía como una colegiada emocionada.
¡No estoy loco!
Al ver que éramos una pareja de chiflados, Ken se levanta del asiento y se retira, probablemente preguntándose cómo así la conversación se transformaba en una historia sobre un País de las Maravillas, Liebres, Lirones, Sombrereros, Reinas locas, Orugas, Conejos Blancos y flores parlantes. Cerró la puerta por detrás.
Fui incapaz de escuchar lo que dijo al salir, pero a futuro, lo sabría al él contármelo mucho después, cuando esta historia entre Takeru, Hikari y yo llegase a su final.
—Le diría que Hikari vino de visita pero, le daría pena saber que no ingresó y se quedó fuera, mirándolo dormir desde la puerta.
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¡Lamento si hay errores de redacción! Prometo corregirlos.
¡Terminé! ¡Terminé tu pedido Ciel! Un pedido que jamás me daba la inspiración necesaria para plasmarlo en Word y solo tenerlo en notas de mi cuaderno. ¡Lamento TANTO la demora! No actualizo desde Agosto, me pego un tiro. Este pedido fue muy divertido de escribir, además de romper constantemente la cuarta pared.
¡Ahora, aclaraciones!
1) La canción que canta Fūka se llama "Dance Orchestra (踊れオーケストラ)". Su compositor es YASUHIRO y la VOCALOID usada es IA. Fue una adaptación rápida al español y me siento orgullosa de ese Fandub exprés que metí ahí.
2) Anzu en japonés significa albaricoque/damasco en español. Por eso Takeru dice que obvio que hayan albaricoques, al Daisuke decir Anzu al tener la fruta en su mano.
2) La ropa que usa Anzu está basada en el traje que Rin Hoshizora (Love Live!) utiliza en la canción Korekara no Someday.
3) Cuando Daisuke alude a que se están usando los diálogos del libro de Alicia, efectivamente se usan y el crédito va a Lewis Carroll y la traducción que encontré en Internet (tengo el libro en inglés, so…).
4) Los Sacrificios Humanos de Alicia es otra canción VOCALOID que me pareció adecuada a la situación. Véanlo como un homenaje a las primeras composiciones de esta rama musical.
5) La ropa de Hibiki está basada en la Carta #632 de Nozomi Toujou (SR Idolized) de Love Live! School Idol Festival.
6) La ropa de Miyako está basada en la Carta #605 de Eli ayase (SR Idolized) de Love Live! School Idol Festival.
7) Nota personal: sí, usé una combinación NozoEli pero no shippeo el NozoEli. Amo el NozoNico a morir y me gusta el EliUmi. Así que no lo hice como homenaje.
¡Gracias por leer y lamento muchísimo la espera!
