El desconsuelo que ataca a Defteros no conoce fin.
El azote que ha escapado de su mano le duele mucho más que el escozor que pueda haber impreso en la mejilla de Kanon.
No ha sido fuerte, pero sí inesperado. Incluso para el mismo Defteros, que ahora mismo no consigue hallar razón que justifique su atrevimiento. Lo único de lo que se siente capaz es de seguir aferrado al cuerpo de Aspros, buscando quizás una pizca de comprensión...amarrándose a la urgencia de hallar algún indicio de perdón.
- ¿Crees...crees que Kanon me perdonará?
Defteros balbucea a trompicones contra el hombro de Aspros, que sigue abrazándole con firmeza, incapaz de dejarle marchar.
- Kanon se lo ha buscado, Def...y estoy seguro que es consciente de ello...
- Pero yo...yo nunca hubiera imaginado hacer algo así...
- Ya vale...lo hecho, hecho está...
Aspros susurra, y trata de hacerlo con la calma que no siente en su interior, pero no condena a Defteros. Simplemente no puede hacerlo, porqué si no hubiera sido la mano de su gemelo, lo más probable es que hubiera sido la suya propia la que hubiera acallado todas las sandeces que Kanon se ha empeñado en derrochar.
- ¿Qué pensarían mamá y papá de nosotros si nos vieran así? - pregunta Defteros, abandonando el cobijo del hombro de Aspros sólo lo justo y necesario para mirarle de frente - Estamos perdiendo a Kanon, y no somos capaces de encontrarlo...¿Qué harían ellos en nuestro lugar, Aspros?...¡¿Qué harían?!
Los labios de Defteros tiemblan, y ni la mordida de sus dientes puede disimular los nervios que recorren cada fibra de su alma. Su acuosa mirada titila, y sus irises no dejan de deslizarse por la tomada mirada que le devuelve Aspros, que no resiste la necesidad de alzar una mano y acariciar con expuesta devoción el rostro de su mitad.
- No lo sé, Def...no lo sé...
El dolor que está drenando la transparencia emocional de Defteros no tarda en contagiarse irremediablemente en Aspros, a quién ya no le importa que su hermano sea testigo directo de su más crudo dolor.
Ambos siguen observándose en silencio, preguntándose interrogantes sin respuesta sólo con la claridad de sus ojos. Defteros no se atreve a alejarse de la protección que también siempre busca en Aspros, y Aspros...él ahora solamente siente el impulso de dejar que su mano se deslice hacia la nuca de Defteros, tomándole con firmeza para besarle con infinita ternura en su húmeda mejilla y volver amarrarse a él.
- Cálmate...e intenta ir a dormir...- susurra de nuevo el mayor, acariciando los oídos de Defteros con esa voz...sí, esa voz que es la única voz que sigue personificando a quién seguramente sabría qué hacer - ...en pocas horas debes regresar al trabajo, y no lo puedes hacer así...
- No iré...llamaré y diré que no me siento bien...- afirma Defteros con una determinación que anula cualquier opción de réplica por parte de Aspros - No puedo dejarte solo con ellos...no después de todo lo que ha pasado...mi jefe lo entenderá...es un buen hombre...
Las palabras de Defteros se perciben ahogadas contra la urgente cercanía que el menor de los dos siente de Aspros, que inconscientemente le acaricia la espalda a modo de abrigo, ignorando realmente quién está protegiendo a quién.
- Como quieras...si no te ves capaz de ir, yo agradeceré que estés conmigo...
Ninguno de los dos es capaz de asimilar cuánto tiempo llevan abrazados en una íntima comunión que Saga y Kanon han olvidado en su lazo de hermanos. El silencio sólo es roto por los necesarios suspiros que ayudan a Defteros a recomponer parte de su interior, y es cuando se escuchan voces provenientes del piso superior que ambos recaen otra vez en su realidad.
La voz que les llega, distorsionada por la protección de los muros del baño, es la de Saga. Kanon también se escucha replicar e insultar, siendo aún esclavo de su odio, pero no está solo.
Saga está con él.
Pero para el protector Defteros no es suficiente. Su alma clama acudir a su lado, pedirle perdón, ayudarle...o por enésima vez, al menos intentarlo.
No sin cierta reticencia se aparta de Aspros con la intención de unirse a sus dos hermanos menores, pero Aspros le detiene.
- Déjales...
- Kanon está otra vez en el baño...y ésto ya no puede seguir así...
- Saga está con él...y quizás necesitan pasar este momento ellos dos juntos. Puede que así hallen algo de acercamiento.
- Pero_
- Dejémosles, Def...
Defteros pierde de nuevo su mirada entre las sombras que difuminan la atmósfera del piso superior, y dejándose guiar por la mano de Aspros que tira de él le acompaña hasta el sofá, dónde los dos se sientan en silencio y cómplice proximidad.
No hablan...únicamente reflexionan, cada cuál a su manera. Y Defteros desiste de seguir luchando contra sí mismo.
Sin articular palabra se acerca aún más a Aspros y busca que su cabeza se apoye sobre el regazo del mayor. Sus pies se alzan y las piernas se encogen sobre el sofá. Una de sus manos acaricia inconsciente el muslo de Aspros que yace bajo su húmeda mejilla...y Defteros vuelve a suspirar cuando siente la cálida caricia de Aspros sobre su hombro, al tiempo que otros devotos dedos le despejan la frente de azules y enmarañadas hebras de cabello salvaje.
En la dimensión paralela que ha nacido en el piso superior Saga se ha dispuesto a no flojear frente a la insana furia que ha conquistado a Kanon. El menor le insulta y trata de apartarle de su lado con todas las armas verbales y físicas que tiene a su disposición, pero las fuerzas se han ido, y la voluntad de Saga se ha erigido como acompañante de su dolor.
Kanon está exhausto. El cuerpo entero le duele, el estómago ya no encuentra qué echar, y las lágrimas retenidas le presionan la mirada.
- ¡Vete Saga! ¡Déjame!
Kanon exclama sin fuerzas mientras se sienta entre el wc y la bañera, avergonzado al saber que por enésima vez en su vida, ya no puede regresar el tiempo atrás.
- Voy a curarte la herida del labio.
- ¡Que te vayas a la mierda, Saga!
Saga no le escucha. Durante tiempo ha observado cómo Defteros ha conseguido quedarse al lado de Kanon cuando éste clama atención y se maldice por ansiarla en secreto. Y ahora ha llegado el momento de ponerlo en práctica él mismo. Por mucho que los dedos le tiemblen al abrir el pequeño armanio apostado colindante al espejo y tomen agua oxigenada y gasas para estrenarse como enfermero.
Kanon trata de patearle, pero las fuerzas simplemente han desaparecido, y en lo único que se transforma su rechazo es en un simple empujón de su pie contra la pierna de Saga, insuficiente para apartarle de él.
Saga tampoco se atreve a posar su mirada dentro de los desesperados ojos de su gemelo. Solamente se centra en empapar bien la gasa, controlar como puede su propio temblor y tomar el rostro de Kanon con determinación. El menor se resiste, intenta apartarse, pero la mano izquierda de Saga le pinza las mejillas y consigue inmovilizarlo ayudándose de la inquebrantable firmeza de la pared que no quiere engullirse a Kanon.
La gasa desinfectante cae sobre su labio inferior y ambas manos de Kanon se aferran a las muñecas de Saga al tiempo que sus dientes se cierran y un gemido de dolor escapa ansioso por la nariz del menor.
Saga sigue sin mirarle directamente a los ojos. El mayor sigue con su intención de curarle la herida abierta...pese a la menguante fuerza que va abandonando a Kanon. Pese a la mirada de odio que él sí que aún puede ofrecerle. La primera limpieza es llevada a cabo con más o menos éxito, y Saga le suelta de su amarre para empapar otra gasa y proceder a la segunda ronda de curas. La posición que ostenta el mayor, de pie entre las piernas de Kanon, abalanzado sobre él, no es muy propicia a favorecer una huída del menor, que cuando ve la segunda gasa acercarse a su labio ya no intenta escapar. Únicamente ladea un poco el rostro, sólo con la estúpida intención de seguir haciendo honor a la rebeldía que le posee, y sella sus ojos a la espera del segundo latigazo de escozor.
El silencio también ha decidido acudir a su amparo. El agotaminto que sufre Kanon le ha dejado sentado en el suelo, y cuando Saga da por concluída su sesión de enfermería se sienta sobre el bidé.
- Te has pasado, Kanon...
- Defteros me ha pegado.
Los enrojecidos ojos de Kanon quieren matar con su fulgor la cercanía que le está ofreciendo Saga, pero extrañamente éste no resulta efectivo.
- Te lo has buscado, y lo sabes...- Saga ignora de dónde narices le está surgiendo tanta determinación, que consigue por sí sola mantener a raya los nervios que siguen estremeciéndole por dentro - ...Aspros no se merece que le trates así...
- Aspros es un jodido mentiroso que juega a ser papá.
- ¡Aspros es lo más parecido a un padre que nos queda, Kanon! ¡Acéptalo de una vez! ¡Papá y mamá ya no volverán!
Saga no reprime sus pensamientos, y ya le da igual que sus ojos decidan volver a llorar...y que Kanon lo vea.
- ¡¿Cómo quieres que me olvide de ellos?! ¡¿Así como lo haces tú?! ¡¿Morreándote con todo tío que te encuentras?!
- ¡No quiero que te olvides de ellos! ¡Sólo que pienses que también eran sus padres, no sólo los nuestros! - se rebela Saga, que no puede comprender la laguna de empatía que sufre su gemelo - ¡¿Y a ti qué más te da lo que yo haga?!
- ¡Afrodita también es un tío! ¡Como Shaka!
- ¡¿Y qué?! Me...me gustan los chicos...¡¿vale?!...Y yo...yo no hago mal a nadie...
Saga no comprende los continuos ataques que le brinda Kanon. No comprende el arrebato que le ha llevado a cebarse con Pandora...Saga no comprende absolutamente nada de lo que sucede en la mente de su gemelo. Y lo que aún menos comprende, es que Kanon haya decidido alejarse de él desde hace demasiado tiempo.
Pero Saga no es el único ahogado en un enfurismado mar de incomprensión. Kanon tampoco se entiende a sí mismo, y sólo sabe que Saga se equivoca en su última afirmación. Sí que hace daño a alguien...lo hace, y no logra dilucidar por qué. O simplemente teme hacerlo.
Ambos callan, se miran intensamente durante unos largos instantes en los cuáles Kanon acepta rendirse, y desviar su aguada mirada.
- Kanon...no hago mal a nadie...- repite Saga, rebajando la modulación de su voz, que ya se percibe a punto de ser quebrada.
- Sí que lo haces...- Kanon murmura sin fuerzas, y sin valor. Únicamente su corazón parece seguir con el coraje de aportarle vitalidad a un alma exhausta de tanto empache emocional, dejando a Saga mudo y perplejo ante las tímidas palabras que surgen a través de los heridos labios del menor.
- No...no lo hago...
- ¡Que sí, joder! ¡Me haces daño a mí!
La mirada de Kanon se clava en Saga y sus labios escupen una verdad que acaba de desvelarse ante su corazón con la misma impertinencia que petrifica a Saga, el cuál sólo puede percibir un intenso egoísmo carente de justificación.
- ¿Por qué...por qué piensas así? Yo no quiero hacerte daño...
Kanon chasquea la lengua con profundo hastío hacia su vulnerable debilidad, y acto seguido consigue deshacerse del lazo que le ofrece la mirada de Saga, que sin ánimos de seguir batallando se deja sentar en el suelo frente a él.
- ¿Por qué no me lo habías dicho? - pregunta Kanon, alzando la vista otra vez...avergonzado y abatido.
- ¿El qué?
- Que te gustan los chicos...
- ¡¿Y por qué hacerlo?! ¡¿Para que te rieras de mí?! - Kanon se encoge ante el despliegue de una verdad que sabe que él solo ha fundado, y que ya no sabe cómo escapar del espiral de resentimiento que ha crecido a su alrededor - ¡No se te puede decir nada, Kanon! - exclama Saga, dispuesto a soltar todo lo que piensa, y demostrar cuánto le llega a doler el alejamiento que Kanon ha interpuesto entre los dos - ¡No dejas que nadie se te acerque! ¡Y no hablas! ¡¿Cómo quieres que te cuente nada si tú eres el primero en no hacerlo?!
Saga también siente cómo está perdiendo el control que había decidido establecer en su tono de voz. El reflejo de Defteros ahora queda lejos, y Saga no puede frenar su auténtico yo. Kanon se encoge de rodillas y muy a su pesar reconoce que si no abre su interior, el dolor que siente ahogándole el pecho acabará por destruir no sólo a él, sino todo lo que orbita a su alrededor.
- Saga...no es que no quiera hablarte...pero...pero...
- ¡¿Pero qué, Kanon?! ¡Habla de una jodida vez! - insiste Saga, que agarra a Kanon de ambos hombros y le obliga a mirarle a través de las lágrimas que asaltan los verdes ojos de los dos.
- ¡No quiero quedarme solo! - confiesa repentinamente Kanon, zafándose del agarre de Saga con malos gestos, pero sin intentar escapar de su urgente proximidad.
Saga calla, e inconscientemente se aparta unos centímetros de Kanon, que le observa con la mirada rendida, completamente inundada y la respiración notoriamente agitada.
- No estás solo, Kanon...Ni tú ni yo...les tenemos a ellos...ya te lo dije una vez...- trata de explicarse Saga, confuso ante la percepción que Kanon tiene de su familia - Y también me tienes a mí...¡pero no quieres tenerme! ¡éste es tu problema! Yo...a mí...A mí solamente me gustaría que me hablases de lo que te pasa...
- Ya sabes lo que me pasa...- se justifica Kanon, completamente atrapado en unas redes de comprensión que anhela y rehuye a partes iguales.
- Lo puedo intuir...que les extrañas...que les echas en falta...¡Cómo yo! ¡Y como Aspros y Def! ¡¿Qué te crees?! ¡¿Que ellos no sufren?!..Ésto es lo que creo...pero no lo sé, porqué tú no me lo dices...
El derrumbe de Kanon se augura inminente. Su mirada esquiva y los sollozos que trata de tragarse son la prueba inequívoca que algo en su interior definitivamente se está rompiendo.
Saga hace tiempo que ya está roto. Tanto tiempo como el mismo que hace que intenta recomponerse lentamente. Y si Kanon no se fractura por completo no podrá reconstruirse sanamente...así que no le queda otra opción que acabar de presionar todos los botones que activen definitivamente el derrumbe final.
- No estás solo, Kanon...pero si sigues así lo estarás. No paras de dañar a Aspros...dices que él juega a ser papá...y tú...tú juegas a destruir al único padre que a partir de ahora podemos tener.
- Joder, Saga...tampoco es así...
- Sí que lo es. Pero si es lo que quieres, allá tú...yo no voy a ser cómplice de ésto...¿Y te crees acaso que Defteros te lo perdonará siempre todo? Hoy te acaba de demostrar que te has pasado...pero tú nada, sigue a lo tuyo. Y recuerda que si estás solo es porqué lo buscas...
- Ahora te estás pasando tú, Saga...- se queja Kanon, que regresa a los harapos de odio que aún quedan dentro de él para defenderse de la descarnada realidad que le está plantando Saga frente a sus narices.
- ¡Yo quiero ayudarte, Kanon! ¡¿Pero desde cuándo no dejas que nadie te abrace?! ¡No es una vergüenza, que lo sepas!
Abrazarse a alguien...Demasiado tiempo hace que Kanon no se acerca a Aspros. La última vez fue cuando el mayor montaba su cama el día que regresaron a casa, y porqué él lo exigió. Con Defteros fue el día de su nefasto cumpleaños, y porqué Defteros casi le obligó...y con Saga...el día que la maldita camisa blanca de Aspros se cruzó en su camino de irresponsabilidad...y también porqué fue Saga el que le ofreció protección.
Sí...hace demasiado tiempo que Kanon no se abraza a nadie...
Quizás hacerlo le curaría...quizás sólo le calmaría un poco el alma...
El dolor en su pecho quema. Arde demasiado...y las palabras de Saga son más crudas que la sangre que esta noche ha catado.
Pero su cercanía no es fría, y Saga aún no se va enfadado del baño. Sigue allí, mirándole con dolor...observándole con compasión...
Esperando su jodida y tardía reacción.
Saga está allí...¿pero hasta cuándo lo hará?
Kanon se siente paralizado. La mirada no osa enfrentar la de Saga, que suspira rendición, alzándose lentamente para desaparecer de un campo de batalla dónde no quiere haber vencedor.
La soledad amenaza de nuevo, y Kanon sella los ojos con fuerza a la vez que traga orgullo y libera mudas súplicas de perdón.
Su mano se cierra entorno a la muñeca de Saga, que se detiene y se voltea de nuevo hacia él. Las miradas se encuentran y Kanon ya no reprime los sollozos que logran subir por su garganta.
La mano de Saga también se aferra a la muñeca que le tiende Kanon, y tira de ella para alzarle y tenerle de pie frente a él.
Saga ya ha agotado todos sus movimientos. Ahora le toca a Kanon avanzar en su propia sanación.
Un abrazo no cuesta nada...y Saga lo espera.
Sólo un eslabón más...engullir el orgullo y reconocer su mayor vulnerabilidad.
Saga no rechaza el acercamiento...es más...lo acepta y lo reconforta estrechándolo todo lo que puede. Sentir a Kanon junto a él resulta extraño, pero al mismo tiempo sumamente reparador.
- No me dejes solo, Saga...no lo hagas, por favor...
Kanon se ha roto. Definitivamente su odio parece transformarse en ruinas. Unas ruinas que sólo a partir de ahora van a conocer reconstrucción.
- Nunca, Kanon...nunca lo haré...
Las palabras de Saga, ahogadas contra el convulso hombro de su mitad, se erigen como la primera piedra de la urgente recomposición.
