Capítulo 36: Te Cuido la Espalda, y Tu Cuidas la Mia.

No habían necesitado profecías para saber que iba a pasar a continuación.

Luego de la desaparición del dragón y la muerte del árbol de Thalia, ya los semidioses habían comenzado a prepararse para lo que se venía. La magia del árbol no había sido solo una precaución, era toda la defensa que tenían los semidioses dentro del valle. Era lo que les había permitido estar tranquilos en sus estadías.

Era un respiro de aire fresco luego de todos los riesgos que corrían en el mundo mortal.

Esa misma noche comenzaron los ataques.

Los primeros monstruos no habían sido más de 20, unos pocos curiosos que habían estado cerca de allí y habían sentido el fuerte y tentador aroma que emanaban tal grupo de semidioses. Nada más habían ido a curiosear, terminando todos convertidos en polvo dorado y devueltos al Tártaro.

Pero lo demás no fue tan sencillo.

Luego de ese pequeño grupo, el rumor se fue extendiendo cada vez más, atrayendo hordas de monstruos cada vez más grandes. Creaturas cada vez más peligrosas también. Trolls, drakenaes, arpías, empusas, incluso un Toro de Colquide. La estrategia que habían implementado en un inicio no estaba sirviendo, simplemente montar guardias y esperar a que los siguientes volvieran no iba a funcionar.

Se estableció un Consejo de Guerra.

-¿No deberíamos llamarnos "Consejo de Defensa"?- pregunto Piper, algo curiosa.

-Pues esto es básicamente una guerra contra los monstruos y una rebelión a los dioses- Leo medito, con algo de sarcasmo- y estamos llenos de hijos de dioses bélicos. Creo que "Consejo de Guerra" está bien empleado.

-El nombre da igual, Valdez- Annabeth lo miro con los ojos entrecerrados, no estaba de humor para bromas- no conformamos este Consejo para que tuviera un nombre cool o apropiado. Estamos en serios problemas.

Habían tomado la sala de reuniones de La Casa Grande. allí se encontraban todos los concejeros de todas las cabañas, los pretores, la lugarteniente de Artemisa y otros agregados como Piper, Leo, Grover, Rachel y Octavian. Mientras ellos discutían, sus hermanos estaban cuidando los alrededores del valle, atendiendo sus heridas o descansando.

-Tenemos que organizarnos mejor, o no resistiremos mucho tiempo más- les hablo la hija de Atenea, siendo quien presidiría la reunión- los ataques no tienen un tiempo constante, los monstruos aparecen en cualquier momento; solo montando guardias para poder descansar o recuperarnos terminaremos todos agotados.

-Y supongo que si has pedido esta reunión es porque ya has pensado en algo ¿cierto? - Clarisse apoyo los codos sobre la mesa de pin pon, su expresión era más severa de lo usual.

-Lo he estado pensando junto a mis hermanos- asintió Annabeth- creemos tener un plan, una manera de dividirnos los tiempos y las tareas, de manera que podamos ser más eficientes.

-Te escuchamos- Reyna hizo un ademan con la mano para que comenzara. Ella estaba igual de tensa que la hija de Ares.

Annabeth le fue hablando a los concejeros, indicándole las labores que habían determinado para cada cabaña según sus talentos y sus números.

El plan se dividía en varias partes:

Empezando con la defensiva, donde los hijos de Deméter, Dionisio y algunos de Hermes, entre ellos los Stoll, las creaturas del bosque y los hijos romanos de estos tres dioses, colocarían trampas por todos los alrededores del campamento, de una manera que no solo acabara con unos cuantos monstruos, sino que también pudieran alertar a los demás de la llegada de los invasores y los retuviera lo más posible.

La vigilancia se haría desde lugares altos, como los techos de algunas edificaciones o copas de árboles que no estuvieran muy cercanas al bosque, seria tarea de las Cazadoras y algunos hijos de Apolo; estos avisarían la presencia de cualquier amenaza y serian la primera parte de la ofensiva.

Con sus talentos con el arco y la flecha y las diferentes variedades que poseían los hijos del dios sol, serian la primera línea de ataque. Luego de ellos estaban la ofensiva indirecta, la segunda línea de ataque, los hijos de Hefesto tenían el permiso de sacar cualquiera de los juguetes que tuvieran en reserva, que pudieran servir para eliminar monstruos.

-¿Lo dices en serio?- Leo se sentó mas recto en su silla, mirando con ojos grandes hacia la rubia. Ella lo miro confundida- ¿de verdad puedo sacar mis juguetes a pasear?

-Si…

-Este es el día más hermoso de mi vida- sollozo dramáticamente, luego se corrigió al ver las miradas que le dirigían- bueno, sé que en general lo que está sucediendo es trágico y todo pero…no, no tengo excusa. Después entenderán, o quizás no.

Haciendo caso omiso al latino, Annabeth siguió con la explicación.

La oráculo y el augur tendrían que unir fuerza y colaborarse entre sí, aunque a Octavian no le había causado gracias y mucho menos a Will. Entre ambos estarían consultando frecuentemente, para saber cuándo vendría la siguiente horda de monstruos y de esa manera la última parte de la ofensiva, la tercera línea de ataque, estaría preparada para la batalla.

Esta tercera línea estará conformada por todos los demás semidioses, encabezados por los hijos de Ares/Marte y los hijos de Los Tres Grandes. Si las primeras líneas de ataque no podían con todos los monstruos, entonces entrarían ellos, atacando directamente a las creaturas que estaban amenazando su hogar, su campamento.

-Los chicos de Apolo que puedan usar mejor la sanación, se dividirán entre la enfermería, donde se atenderán a los heridos de mayor gravedad y el auditorio, que vamos a acondicionar para atender a los heridos leves- Will asintió ante las indicaciones- las divisiones de los integrantes de las cabañas o la legión lo dejare a sus respectivos encargados.

-¿Qué va a pasar con los novatos?- pregunto Luke, siendo uno de los que más tenia chicos nuevos.

-No podemos enviarlos al campo de batalla, obviamente. Tendremos algunos en la armería preparando los equipos y armas, y a los demás atendiendo a los heridos y ayudando en la cocina.

Terminaron de cuadrar algunos pocos detalles más, estando listo se dividieron para hablar con sus respectivos grupos. Tendrían largas batallas por delante.

Los novatos tuvieron algunas quejas debido a sus labores, sintiéndose un poco dejados de lado. Hasta que sus consejeros los hicieron entrar en razón, se encontraban en una guerra; tener las armas apropiadas y en óptimas condiciones, que los chicos estuvieran bien alimentados y los heridos bien atendidos podía hacer una gran diferencia.

Se dividieron los turnos, se conformaron los grupos y se acondicionaron los lugares. Estaban prácticamente listos para lo que se venía.

-Hermano ¿Y yo a que grupo me dirigiré? - pregunto Hope a Will, luego de que este repartiera las labores y no la mencionara.

El muchacho fruncio el ceño mirándola. No había sido accidental el no nombrarla, aun no sabía a donde mandarla. Su hermana era muy buena con el arco y la flecha, por eso su padre le había enviado ese arco y ese carcaj especial, pero no era tan buena en la sanación. Sin embargo, aunque esto estaba claro, él no quería mandarla a la vigilancia, donde el no pudiera ayudarla, ya que él se quedaría en la enfermería. Pensó en dejarla en el auditorio, donde estarían los heridos leves…

-Están listos, supongo- Zoe interrumpió la conversación- el primer turno de vigilancia será dirigido por mí.

Hope aun esperaba respuesta, sin sospechar las preocupaciones de su hermano por no poder protegerla. La Cazadora pareció adivinarlo.

-Lleva los regalos de Apolo contigo- dijo la chica dirigiéndose a la rubia- está atenta y todo estará bien. Te quedaras conmigo, los demás elijan parejas y vámonos.

Hope dirigió una última mirada a su hermano, este asintió dando su visto bueno. Podía estar tranquilo si ella iba con Zoe ¿verdad? Era la lugarteniente de Artemisa después de todo, Hope estaría bien. Tampoco estaba al frente de la batalla, y tenía a sus demás hermanos para cuidarla.

Debía confiar, pero ¿a qué deidad le pediría en los momentos de tensión?

La mayoría de los legionarios formaban parte de la tercera línea de ataque. Más que valerse por los talentos heredados de sus padres, eran maestros en armas, por lo tanto, guerreros que estaban más cómodos en el campo de batalla.

-Te fuera gustado más estar con los hijos de Apolo y las Cazadoras ¿verdad? - Hazel miro a Frank y le sonrió- ya que eres tan bueno con el arco y las flechas…

-Estoy conforme donde me pusieron- le interrumpió el muchacho, mirándola directo a los ojos- de lo contrario, no podría protegerte. No podría ayudarte si me necesitaras.

Cualquier otra romana con un orgullo normal lo habría golpeado por pensar en ella como una damisela en peligro, y Hazel probablemente lo habría hecho con cualquier otro chico. Pero se trataba de Frank, quien no hacía más que pensar y preocuparse por ella, no porque no fuera fuerte y capaz, pero sus sentimientos hacia ella lo llevaban a pensar así.

Y el sentimiento era mutuo.

-Entonces procura no alejarte demasiado- la morena le dio un beso en la mejilla. Sentada muy cerca de él, apoyo la cabeza en su hombro, apreciando el momento de tranquilidad- saldremos de esta.

-Y comeremos malvaviscos mientras los griegos cantan otra de sus extrañas canciones- asintió Zhang, no permitiéndose ser negativo.

A la distancia, alguien los observaba. Michael admiraba la calma que tenían esos dos, a pesar de las luchas inminentes, trataban de estar tranquilos y disfrutar la compañía del otro. Los demás legionarios estaban arreglando sus armas, descansando o alimentándose; la idea de solo estar sentado y hablar como si no estuvieran en peligro de muerte era casi imposible para él.

-Da envidia ¿no crees? - a su lado llego Reyna, hablándole sin previo aviso.

El la miro en seguida, esperando que ella no notara su sorpresa. La chica le sonrió.

-No todos podemos tener la paz que te da sentirte querido y protegido, aun en los momentos de mayores dificultades. Aun cuando ambos están en la misma situación.

-Me alegra por ellos- comento el en voz baja, como hijo de Venus era un pensamiento sincero al ver los sentimientos que tenían Frank y Hazel el uno por el otro.

Ambos se callaron. Michael no entendía que podía querer Reyna al acercarse a el precisamente. Pensó en la mayoría de sus compañeros, aun dormidos trataban de estar cerca de sus camaradas y amigos de más confianza, buscando confort probablemente. Jason no se veía por ningún lugar, estando con Piper seguramente, los demás griegos estaban en sus cabañas, con sus hermanos.

Tal vez, Reyna solo quería compañía.

-Te toca la primera guardia- comento el, como si nada.

-En el lago- confirmo ella.

-Te cubriré la espalda.

-Cuento contigo.

Ahora él también se sentía más reconfortado.

Los campistas recibieron los primeros rayos del sol llenos de polvos dorados, raspones, moretones y mucho cansancio. La primera guardia organizada por el nuevo Concejo de Guerra había iniciado la noche anterior, y hacia menos de una hora habían entrado en acción. Durante toda la noche, nada ocurrió. La luna brillo pálida en el cielo lleno de estrellas, velando el sueño de los campistas. Incluso de los que estaban de guardia, quienes sucumbieron ante la calmada noche.

Una hora antes del amanecer, Hope, quien había estado dormida sobre una rama a varios metros del suelo, despertó de golpe. Llamo a Zoe, le conto el sueño que acababa de tener. Se habían preparado pequeños braseros, en el caso de una batalla nocturna. Las chicas dispararon flechas encendidas a los braseros, que se encendieron inmediatamente; esto sirvió de alarma al resto de la guardia, quienes se pusieron alerta.

Fue un ataque por todos los flancos.

Del agua vinieron docenas de telekhines y demás monstruos marinos, del bosque llegaron trolls, hormigas gigantes, drakenaes, perros del infierno y algunos seres parecidos a reptiles; y por la colina aparecieron lestrigones, empusas, algunas arpías y un ciclope.

Thalia había tomado el lugar de su árbol caído, vio como las flechas caían sobre los braseros encendiéndolos. Pero no necesito de ese fuego para ver el enemigo que se acercaba. Pudo divisar al ciclope desde que apareció al final de la carretera con su gran tamaño y apetito; el ojo del monstruo se encontró con los ojos azul eléctrico de ella.

Este monstruo era de ella.

-Thalia- Luke le hablo, mirando lo mismo que ella, además del numeroso grupo de monstruos que venía hacia ellos.

-Creo que es tiempo de la revancha- murmuro la chica, absorta en sus pensamientos- ve a ayudar a los demás, yo…

-Ni lo sueñes- el rio sarcástico- no enfrentaras tu sola a ese ciclope ¿acaso quieres que te mate? Llamare a Percy…

-Percy está en la playa, con Annabeth, con ellos allá no tendrán ningún problema. Nico está en el bosque, y yo tengo que cuidar esta zona. Así lo decidimos.

-Pero tu hermano…

-Su turno vendrá después, presiento que va a necesitar toda su energía-Thalia se giró a la guardia a su cargo- ¡Estén listos para el ataque, no podremos detener esto solo con trampas y flechas! - miro de nuevo a Luke- pero si tanto insistes, puedo contar contigo ¿cierto?

El rubio arqueo una ceja.

-¿Es que pensaste que llamaría a Percy o Jason para dejarlos peleando a ustedes? Solo quería que alguno estuviera aquí para que cubriera nuestras espaldas. Nosotros dos contra ese monstruo no será nada sencillo.

-Pero eso solo lo hará más divertido.

Las cabañas habían sido descartadas como dormitorios, los semidioses que no estaban de guardia usaban las habitaciones de la Casa Grande o se acomodaban en las gradas del auditorio para descansar. En la Casa Grande se encontraba Jason, esperando a que su turno llegara.

La hiperactividad de semidiós y el sonido de la batalla que llegaba hasta allí lo tenían muy ansioso.

-Es increíble ver cómo, a pesar de las tensiones y la batalla que se lleva a cabo, aún hay personas que puedan dormir- Piper se le acerco, tendiéndole una taza de chocolate caliente. El sol estaba iluminando de a poco el valle, y las luchas que se realizaban en el- lástima que no podamos ser uno de ellos.

-¿Y Leo? ¿Has sabido algo de el?

-No desde que se marchó ayer con Calipso al Bunker 9- Piper comenzó a juguetear con las mangas de su suéter- ojala que hayan llegado bien.

-No creo que nadie se quiera meter con un chico que se prende en llamas de un momento a otro- Jason miro hacia el camino que llevaba a la colina, frunciendo el ceño- espero que Thalia esté bien.

-No han llegado heridos graves a la enfermería, así que las cosas aún no están tan mal- ella se acercó más y tomo su mano- los que tomaron el liderazgo del primer turno son los semidioses más capaces de este campamento. No te preocupes.

Jason la rodeo con brazo, acercándola más a él. Sentía mucha tensión, quería poder ir y hacer algo, pero si desobedecía las ordenes de Annabeth probablemente le cortarían la cabeza… o aun peor, lo dejarían completamente fuera de la batalla por no poder seguir órdenes. Se suponía que era pretor de una legión romana, pero todos habían caído bajo el mandato de una hija de Atenea.

-Annabeth sabe lo que hace, confía en ella.

-¿Cómo sabias que…?

Piper rio suavemente y se encogió de hombros. Ambos observaron la manera en que el sol se iba alzando cada vez más en el cielo. El ruido de la batalla aún continuaba, pero pronto el reloj marcaría la hora acordada y podrían salir a la batalla. Jason miro a su acompañante, quien estaría de guardia junto a él.

Él tenía una meta, acabar con todos esos monstruos y evitar que dañaran a Piper y al resto de sus camaradas.

Will había estado despierto más o menos desde la hora de la segunda guardia. Todo gracias a un complot de sus hermanos, quienes metieron algún tipo de somnífero en su comida, la noche anterior. Sus hermanos en la enfermería lo miraban con cierta culpa, pero él no estaba enojado; sabía bien que, de ellos no haberlo hecho así, el no habría pegado el ojo en toda la noche.

Hope estaba en la copa de algún árbol defendiendo el campamento. Le dijeron que el ataque comenzó una hora antes del amanecer, cerca del final del turno de su hermana, que ella no había corrido verdadero peligro, pero aun así, su instinto protector de hermano mayor no lo fuera dejado en paz.

La segunda guardia había salido a relevar a los demás chicos, quienes ya estaban agotados y hambrientos. Otros tantos, heridos.

A la enfermería ya habían llegado seis campistas. Dos eran legionarios, una hija de Afrodita, una hija de Deméter, un hijo de Hermes y otro de Iris. Todos con heridas profundas y hemorragias; todo el equipo de sanadores estaba en acción. Nadie tenía permiso de entrar a la enfermería, salvo el par de muchachos que se encontraban fuera de la sala recibiendo a los heridos. Los demás campistas no necesitaban ver lo que sucedía allí.

El suelo lleno de sangre que goteaba desde las camillas; las gasas, estropajos, vendajes, todo lo que estaban usando para detener las pérdidas de sangre; el rostro lleno de dolor de los heridos y, sin embargo, los rostros estoicos de los sanadores que los atendían. Había mucha tensión en la sala, gemidos de dolor mezclados con canticos en griego antiguo. No era una situación indicada para alguien de nervios y estomago frágiles.

Will trataba de dar su mayor esfuerzo, pero concentrarse le era sumamente difícil. Le había pedido a sus hermanos que se reportaran con él en cuanto terminaran sus guardias, para que el supiera que estaban bien, y varios lo habían hecho, pero su hermana pequeña aún no había dado señales de vida. Ninguno de los chicos de la puerta había entrado a decirle si ella se encontraba bien o no. Y temía que no fuera así.

Bianca se encontraba entra los vigías en el límite del bosque y el lago, cubriéndole la espalda desde la distancia a Hazel y Nico. La chica, al igual que ella, estaba iniciando su turno; el de Nico ya había terminado, pero el muchacho no tuvo intención de retirarse al ver que sus hermanas entraban al campo de batalla. Podía ver a Frank Zhag, el hijo de Marte, cubrir la espalda de la morena mientras esta intentaba hacer entrar en razón a su hermano y hacer que se fuera a dormir un rato, porque lo necesitaba.

Nico solo les dirigió una sonrisa torcida e irónica, y las ignoro después de eso.

Pero no del todo, su espada de sombra siempre estaba en el lugar y momento preciso para cubrir cualquier punto ciego que Hazel o Frank pudieran tener. De Bianca no tenía que preocuparse, desde el punto en el que se encontraba estaba segura y lo veía todo.

Incluyendo a la rubia en buzo rosa que paso corriendo en dirección del lago.

Hope no estaba lo suficientemente cansada todavía, aún tenía mucho para ayudar a sus compañeros. Por lo tanto, se dirigió al lago, el lugar con menos sanadores, para tratar de ayudar. Su buzo rosa estaba arremangado hasta los codos, el cabello largo en una coleta alta para que no le estorbara, y un botiquín en la espalda. Había visto a un par de muchachos llevar a un herido al auditorio, mientras ellos no estaban alguien tenía que estar allí para que la vida de ningún herido corriera más peligro por no tener atención médica. En la Colina Mestiza tenían al menos a tres pares de chicos que iban y venían con los heridos, en el bosque tenían al menos a cinco pares y en la playa tenían a tres. Quizás el lago no estuviera tan asediado, pero mejor prevenir que remediar.

Con el botiquín en la espalda, había acomodado el carcaj al costado y con el arco en la mano le fue disparando a todo enemigo con el que se topaba en el camino. Hasta que encontró uno de sus objetivos.

Michael, el hijo de Venus, estaba tendido en la arena con el brazo herido y sangrando. Reyna estaba de pie, evitando que los monstruos se le acercaran. La rubia corrió hacia ellos, se arrodillo inmediatamente junto a el mientras se descolgaba el botiquín. Tenía que detener la hemorragia mientras venían los dos chicos que lo llevarían al auditorio, donde le darían una mejor atención a la herida. Reyna pudo concentrase mejor al verla allí, Michael también pareció relajarse un poco.

-¿Quién te hizo la herida?

-No estoy seguro, creo que fueron unas garras, pero no puedo asegurarte de quien o de que eran- respondió el chico con los dientes apretados con fuerza.

Hope hizo una desinfección por encima y se dispuso a vendar la herida. Si sus cálculos no estaban mal, el par de muchachos debían estar en camino…

Bianca estaba a punto de abandonar su posición de vigía, desde allí podía ver claramente a la imprudente novia de su hermano tratar de ayudar a uno de los romanos mientras los monstruos los rodean y solo estaba la pretora para defenderlos. Quería ir hacia allá, pero no podía abandonar su puesto. Llamo a Nico.

-¿Que que?- el pelinegro apretó más fuerte el mango de la espada, mientras esperaba la confirmación de lo que había oído.

-Hope está en el lago, ve a ayudarla ¡rápido!

Vio cómo su hermano corrió hacia donde le indicaba. Mientras tanto, ella los observo desde las alturas. Su hermano iba muy lento; el monstruo que había visto atacar a Michael había vuelto a terminar el trabajo, Reyna estaba ocupada con un grupo de telekhines y no veía lo que sucedía a su espalda. La rubia intento derribar al monstruo con sus flechas, pero no estaba funcionando. Nico al fin la diviso, justo cuando el monstruo intentaba atacar a Michael de nuevo con sus garras y Hope se interponía.

La tierra tembló, Bianca tuvo que sostenerse del árbol para no caer. El frente del buzo rosa de Hope se estaba tiñendo rápidamente mientras Nico se acercaba a ella, esqueletos no-muertos brotaban de la tierra ante la furia del hijo de Hades, atacando a cada monstruo a su paso. La muchacha se apresuró a bajar, precipitándose al lago.

No había más reunión extraoficial en el Olimpo. Cada dios se encontraba en su respectivo lugar de trabajo, y desde allí observaban la barbarie que se llevaba a cabo en Long Island. Tanta cantidad de monstruos yendo al encuentro de sus hijos, los semidioses defendiéndose con uñas, dientes y una ferocidad que no esperaban de ellos; algunos habían sido heridos de gravedad, los sanadores esforzándose al máximo por impedir que murieran, mientras las familias de esos muchachos estaban en sus casas, en sus trabajos, cumpliendo sus rutinas diarias, sin sospechar que al final del verano era posible que sus chicos no volvieran a casa.

Apolo y Artemisa se encontraban en su isla, observando el reflejo de un pequeño estanque donde se reflejaban los sucesos del Campamento Mestizo. Artemisa tenía el corazón en la mano, llena de arrepentimiento por permitir que sus doncellas se metieran en semejante juego absurdo y ahora sus vidas corrieran peligro innecesariamente; Apolo sufría por sus hijos, los sanadores, aunque la mayoría eran muy talentosos como el mismo, se estaban agotando. Además, podía ver sus rostros contrariados por las emociones, (tristes, furiosos, desesperados, agotados, esperando a que todo terminara pronto), terminar de quebrarse al ver entrar a una de sus hermanas más queridas entrar a la enfermería con una herida amplia y profunda en el pecho y estómago. Vio como Will casi se desmayaba al verla, afectado además por el cansancio.

Y lo peor es que ellos no sabían que esa herida era más grave de lo que parecía.

Apolo también sabía que no era el único padre sentado al borde del asiento. Hades se paseaba de un lado para el otro en la sala del trono de su castillo. Perséfone lo miraba con preocupación al verlo tan agobiado; el Rey del Inframundo sabía bien del sufrimiento de sus hijos. El sufrimiento de Nico por la hija de Apolo, la contrariedad del corazón de Bianca, entre estar con su hermano o quedarse en su puesto de vigía, el peligro que corría Hazel en la batalla. Y un asunto más, que era la razón de que se estuviera paseando como león enjaulado mientras pensaba.

-Señor- era la voz que Hades no quería escuchar.

Parado ante él se encontraba Tanatos, El Cegador de Almas, y Hades estaba muy seguro de que era lo que traía al dios a su morada. Lo miro, sus ojos negros profundos como abismos observando a los dorados brillantes de Tanatos.

-Habla.

-La lista de almas por recoger- podía ver la tristeza en los ojos del moreno- ha cambiado, señor.

Y podía imaginar los nombres de las personas en ella, sus rostros, y el dolor que dejaría sus muertes. Esto no podía ser así, no era el destino el que cambio esa lista, fue el estúpido orgullo de su caprichoso hermanito y la cobardía de todos ellos por no defender a sus mocosos.

-Tanatos, vendrás conmigo, tenemos a unas señoras que visitar- dijo el mayor de los Tres Grandes.

-Se refiere a…

-¿Las Moiras?- Perséfone chillo, con algo de pánico- ¿para qué querrías hablar con…?

-Sera mejor que no te metas en esto, Perséfone- le interrumpió su esposo en un susurro- mejor ve con tu madre, y si pregunta por mí, dile que estoy ocupado tratando de hacer algo por esos chicos- esta vez se dirigió a Tanatos- congela la lista donde está, no vayas a buscar esas almas hasta que te dé la orden ¿de acuerdo?

-Como ustedes diga, señor.

Hades esperaba que su hermano Poseidón se pusiera en acción.

Y en realidad, ya el Rey de los Océanos se encontraba en ello. No había parado de escuchar las suplicas de Sally, tal vez ella tenía un mal presentimiento sobre lo que estaba ocurriendo… o las condiciones climáticas de la tierra le habían dado una pista. Los dioses estaban muy tensos y esos los mortales lo estaban viendo como unos extraños fenómenos climáticos: las playas no eran seguras por el alto oleaje, se oían los truenos y no había ni una nube en el cielo mientras el sol parecía calentar más de lo normal en un día de verano en Nueva York, mientras la luna los observaba en el horizonte aun a medio día, llovía de repente o incluso había nevado en algunos lugares.

No podía ignorar las suplicas insistentes y preocupadas de Sally, aunque Anfitrite se enojara con él, por lo tanto, decidió mover su ficha.

-Tyson, Percy te necesita. Ve con el pronto.

Me dijeron que el capi quedo muy dramático y aja ¿Qué les pareció a ustedes? También lo hice un poquito más largo, aunque no se note… tratare de no demorar mucho el siguiente cap ya que nos acercamos al final… sino tratare de subir dos el próximo mes!

Nos leemos luego!