Crepúsculo no me pertenece.
Capitulo 37 "¡Persíguelo!"
No le conté a nadie lo que había pasado, no me atreví, además pedirían detalles y no estaba de ánimo para eso. Me costó demasiado poder dormir y a la mañana siguiente a penas escuche el despertador.
No funcione muy bien en el día, Ángela estaba prácticamente cargándome para caminar. Por suerte no se entero de mi ausencia en la noche pues ella llego aún más tarde, pero estaba radiante (como siempre), no como yo. Bueno, es que lo mío no era solo por haber dormido poco…
No sabía qué hacer, no podía pensar nada coherente.
Estaba hecha un revoltijo: fantasías de niña, tragedias, hasta invente diálogos de la próxima vez, si es que lo volvía a ver. Cuando mi jornada termino solo quería dormir y no pensar en nada, aunque sabía que lo más seguro era que mis sueños fueran protagonizados por él.
—No sé, no sé, no sé.
— ¿Qué dijiste, Bella?
Diablos, había dicho eso en voz alta. Negué con la cabeza rápidamente y le sonreí a mi amiga. De pronto sentí la necesidad de contarle a Ángela lo que me pasaba, a veces era bueno tener el punto de vista de otra persona.
Íbamos saliendo para ir a casa, no había caminado mucho hoy, pero sentía los pies demasiado cansados, me quitaría las converse apenas llegara a casa.
Pero mis planes se vieron interrumpidos…
—Bella.
Mi cuerpo se paralizo al escuchar mi nombre siendo pronunciado por esa voz, mi boca se abrió formando una perfecta "O" y me giré lentamente. Ahí estaba él frente a mí, estupendo con una camisa azul marino y pantalones negros, ahora con la luz del día podía verlo mejor. No pude hablar, mi amiga lo hizo primero.
— ¿Edward? ¡Qué sorpresa!
Él se acercó a nosotras sonriendo.
—Si ¿Cómo has estado Ángela? ¿Sigues con Ben?
Mi amiga asintió algo cohibida, era como si tuviera frente a ella un fantasma y me miró a mí.
—Me preguntaba si podría hablar con Bella —Ángela siguió con los ojos fijos en mi, preocupada, asentí sonriendo para que se relajara no era como si él fuera a comerme—. Claro, si no te molesta —eso iba dirigido a mí.
Negué con la cabeza hacía Edward y traté de sonreír, pero no funciono. Pasaron unos segundos de silencio incomodo cuando Ángela habló:
—Está bien, me voy, un gusto verte de nuevo Edward. —no se molesto por ocultar su nerviosismo y luego de darme otra mirada nos dio la espalda y comenzó a caminar.
Al ver a mi amiga irse tuve el fugaz impulso de ir tras ella y decirle que se quedara conmigo.
— ¿Cómo estás? —preguntó él mientras comenzábamos a caminar lentamente.
Hice una ligera mueca sin mirarlo.
—No muy bien —fui sincera—, no dormí mucho.
—Ni yo —hizo una leve pausa, tomó aire como preparándose para algo—. Quería disculparme por mi comportamiento de anoche, no fue apropiado.
Fruncí el ceño y lo miré.
— ¿Te arrepientes?
Si, lo hacía. No quiso besarme, solo había sido un arrebato, no era como si siguiera sintiendo lo mismo por mi o algo por el estilo. Fue solo por el extraño hecho de encontrarnos luego de tanto tiempo. Simplemente eso.
Volví la vista al frente y me abrace como si tuviera frio, pero en realidad era porque tenía el presentimiento de que me rompería al oír sus palabras. Pero no dijo nada. Silencio.
No pude soportarlo más y antes de arrepentirme pregunté—: ¿Estas saliendo con alguien?
Edward ladeo la cabeza en mi dirección y movió las cejas de una forma extraña. No fue necesario que dijera que sí, yo ya lo sabía. Cerré los ojos por unos largos segundos.
— ¿Cómo se llama? —pregunté con un hilo de voz.
— ¡No estoy con nadie!—alego alzando la voz, algo que pocas veces pasaba—. Cuando me dejaste… quedé devastado.
Sí, claro, "devastado", pensé mientras sentía una ligera presión en mi pecho, como si lentamente lo estuvieran aplastando. ¿Entonces que fue ese hombre de piedra que tuve la tarde de nuestro rompimiento? Si tan devastado estaba ¿Por qué no me lo demostró?
—Lo siento —solo pude decir—, pero era necesario.
Al menos no tenía a nadie en su vida, lo que no me convertía en una rompe relaciones.
—No debiste decidir por mí. —habló entre dientes con la mirada fija en el suelo.
Entramos a una pequeña cafetería que conocía muy bien, a veces pasaba tarde enteras ahí, sola, leyendo. Nos sentamos en la mesa más alejada, era lo mejor, así nadie escucharía nuestra conversación. Él me ayudo con la silla y luego se sentó frente a mí, ese simple gesto me hizo sonreír, recordar todas las veces que Edward hizo eso, hasta en los momentos más informales cuando almorzábamos o cenábamos en casa.
— ¿Por qué sonríes? —preguntó mirándome con curiosidad.
Negué con la cabeza y mordí mi labio inferior. Se nos acercó la mesera, que conocía muy bien, me saludo con una sonrisa, nos pregunto qué íbamos a ordenar; no me complique mucho, pedí lo de siempre: un café muy cargado (cuando estás en la universidad el café se hace tu mejor aliado). La chica se fue.
—Nada —negué con la cabeza mirando las servilletas sobre la mesa, sin duda algo muy interesante.
—Has cambiado —dijo él luego de unos segundos de silencio, podía sentir su intensa mirada verde esmeralda sobre mí—, estas fría, cortante… al menos conmigo.
—Detente —lo corté. No podía estar diciéndome eso, con todas mis fuerzas levante la vista para que nuestros ojos se encontraran— ¿Cómo quieres que este contigo? Eres mi ex, llevo años sin saber de ti —mentira.
Al decir lo último se me paso la mano, saqué toda mi rabia y frustración, el hombre que amaba estaba a menos de un metro de mí, pero ya no lo podía tener y lo peor: que todo pasaba por mi culpa.
Debí que haber aprovechado los momentos que tuve con otros hombres para rehacer mi vida. Recién en ese instante en que Edward apareció, paso por mi mente el hecho de que debía rehacer mi vida con otra persona a mi lado, pero enserio, porque me sentía perdedora encontrándome de nuevo con él y no tener a nadie, seguir sola; tal vez era mi orgullo femenino el que deseaba estar con otro tan repentinamente.
—Lo siento, Bella. —fue todo lo que salió de su perfecta boca.
—No, discúlpame tú a mí. —apreté mi frente con cansancio mientras apoyaba el codo sobre la mesa olvidado todo protocolo.
Más silencio. Era como comenzar todo de nuevo, en mi mente se formo la imagen del Edward que conocí a los dieciocho en el aeropuerto. Éramos jóvenes y jodimos todo, esa era mi conclusión.
—Debiste haber consultado conmigo eso de mi carrera —dijo luego de un rato, ya nos habían traído el café y yo revolvía el mío haciendo un pequeño sonido de la cuchara al chocar con la taza—, antes de terminar conmigo, antes de tomar esa decisión tan abrupta.
Mantuve, con mucho esfuerzo, una expresión calmada, casi vacía, no quería que Edward me viera frágil.
— ¿Y qué habría pasado si yo hubiera hecho las cosas de forma distinta?
Edward apretó los labios.
—Seguiríamos juntos.
Mi corazón acelero su palpitar y mi respiración, comencé a aspirar el aire por la boca, pero no de forma exagerada.
—No digas eso. —le pedí con un involuntario tono suplicante.
— ¿Por qué?
Rodé los ojos, era obvio.
—Ya paso, ya termine contigo, no estamos juntos, cada uno con su vida… —mi voz se fue apagando poco a poco, era totalmente distinto decir aquello en voz alta a escucharlo en mi cabeza. Sacudí la cabeza—. No hay nada que hacer.
Segundos después, de la nada, Edward se puso de pie y se fue. De ser un dibujo animado estoy segura que le habría salido humo de sus orejas y nariz. No fue hasta que escuche el sonido del adorno colgante de la puerta al cerrarse cuando caí en la cuenta que de verdad se había ido.
¿Qué mierda estaba haciendo? ¿Alejándolo de nuevo? ¿Pasar la vida amargada sin el hombre que amaba, ese era mi plan de vida?
— ¡Espera! —grité poniéndome de pie, como si pudiera escucharme, pero solo conseguí la atención de la gente del local.
Salí veloz como nunca para alcanzarlo.
Regalo navideño, pero no sé cuando vuelva a actualizar. ¡Salgo de vacaciones el 13 de Enero! Y estoy llena de pruebas todavía.
Y ahora mi momento cursi:
Les quiero desear una feliz Navidad a todas las que se dan el tiempo de leer esta historia, esas chicas que me dejan reviews animándome o amenazándome para que actualice y a los que no dejan review. Como sea, gracias por la paciencia, son LAS MEJORES, por las que han estado desde el principio (cuando escribía horrible, si, peor que ahora) y las que se han unido en el camino. Nunca pensé que algo escrito por mi le gustara tanto a la gente, okey, sé que no es nada del otro mundo tener esta cantidad de comentarios y que allá afuera hay chicas con miles en solo diez capítulos (Quizás menos, quien sabe), pero a mí me importa lo MIO y estoy demasiado feliz con esto. No quiero hacer esta cosa muy larga, al menos no aquí. Así que me voy, ¡FELIZ NAVIDAD!
Pd: se acerca el final de este fic y me cambie el nombre por que mi hermano menor me llama así (no con la doble "a" y "t" pero en ff ya estaba tomado de otra forma más simple).
