CAPÍTULO XXXVI
No bajó a desayunar y Molly, extrañada por su ausencia, no tardó en personarse en su habitación.
— ¡Santa Madre de Dios! — Le puso una mano en la frente—. ¿Qué te pasa, niña?
Hermione sabía que no tenía buen aspecto. Se le habían profundizado las ojeras y tenía los ojos hinchados.
—No es nada. He pasado mala noche.
—Es algo que se está repitiendo con frecuencia. Podías haberme avisado. No tienes fiebre, pero estás demacrada.
—Te digo que no es nada.
— ¿No estarás enferma?
—No, Molly. Es sólo cansancio.
—Te traeré algo de desayunar. Y una tisana.
—Sólo me apetece un café bien cargado.
—Una tisana — insistió la otra—. Y un par de panecillos.
Mione no la contradijo porque sabía que era inútil. Cuando regresó y dispuso todo sobre la mesita, se esforzó en comer un poco y se bebió la mitad del brebaje. Sin prestar atención a la cháchara animada de Molly, se entregó a sus hábiles manos, que recogieron su cabello en un rodete y la ayudaron a vestirse.
¿Quién la ponía sobre aviso? ¿O acaso trataban de volverla loca? ¿Era eso lo que había pasado con la anterior duquesa? ¿La asustó alguien hasta el punto de hacerle perder la razón? ¿Podía ser Harry un asesino? ¿Había tenido algo que ver con la muerte de Susan? ¿Había…?
—Buenos días, señoras.
Dio un respingo al oír su voz. Molly les dejó solos de inmediato. La sangre de Hermione emprendió una alocada carrera. Su esposo vestía únicamente unos pantalones negros, botas relucientes y una camisa blanca con el cuello abierto que dejaba al descubierto buena parte de su pecho moreno. Cautivada, recordó el sabor de su piel, su tacto. Se rehízo y le devolvió el saludo.
—Te estás volviendo holgazana — la regañó él de buen humor—. Te he estado esperando para desayunar. ¿Te encuentras bien?
Ella no acertó a contestar. Harry hurtó uno de los panecillos y le dio un mordisco.
—No he descansado.
— ¿Por culpa de la tormenta?
—Sí — mintió ella.
A Harry no le pasó por alto que ella parecía esquivar su mirada. La tomó del mentón obligándola a levantar la vista.
— ¿Qué es lo que pasa, Mione?
—Estoy cansada. Creo que volveré a acostarme.
Él supo que le mentía. Y que volvía a rechazarle. Pero lo aceptó porque comprendía que a ella pudiera sobrepasarle lo sucedido. Tenía que darle tiempo.
—Entonces te mostraré tu primera sorpresa más tarde.
Mione se había olvidado por completo de su comentario de la noche anterior. Hizo un esfuerzo por serenarse y esbozó un mohín zalamero.
—Preferiría que fuera ahora. ¿Qué es?
Él no quiso darle pistas, pero le dedicó un guiño, enlazó su talle y bajaron. Hermione enmascaró su nula predisposición y dejó que la guiara. Notaba flojedad en las piernas y tenía seca la garganta. Cada terminación nerviosa de su cuerpo saltaba cuando la rozaba. De buena gana se hubiera dado media vuelta y encerrado en su habitación.
Pero entonces se encontró con una cestilla en medio del hall, adornada con un enorme lazo verde.
Interrogó a Harry con los ojos y él asintió.
Intuyó lo que podía haber en el interior pero necesitaba verlo: era un cachorro blanco, el más bonito que hubiera visto nunca. Se agitaba y hacía unos ruiditos muy graciosos, entre gimientes y gorjeantes, con unos ojillos suplicantes que miraban a todas partes. Lo tomó en brazos y lo acurrucó contra su pecho, y el perrillo hizo como que ladraba y le lamió la mano.
Mione se volvió hacia su esposo. Harry sonreía tan satisfecho que hizo que ella se sintiera culpable. ¿Era ése el hombre del que dudaba? ¿A quién en Londres apodaban el Duque Diablo?
Potter tomó al animal que pareció protestar y casi desapareció entre sus grandes manos. Le hizo una carantoña, se lo devolvió, y el perrillo se acurrucó junto a ella metiendo el hocico en su regazo.
—¿Te gusta?
Mione se encontró perdida, porque en el semblante de su marido se reflejaba el sosiego que a ella le faltaba. No había sombras esquivas, sólo satisfacción enamorada.
—Es precioso. Gracias.
Llamó a Astoria y le entregó el animalito.
—Dale un poco de leche tibia, por favor.
—Sí, milady.
Una palma masculina se deslizó por su espalda. Su calor atravesó la tela del vestido y se expandió hasta su nuca. Cálido y tan próximo, le entregó sus labios y se apretó a él.
—Gracias — repitió.
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Hola su escritora perdida ha aparecido…
He estado un poco ocupada ya que comencé a trabajar…
Pregunta para los chilenos: ¿Qué tan buena es la compañía de claro?
Estaría feliz que me contestaran esa pregunta .
Ruithe 23/05/19
