Capitulo 37
Tras descender del taxi en las afueras de Akron, Wilhemina consultó un enorme mapa para ubicar una carretera en específico, una vía muggle que fuera usada por "su" gente... la enorme ruta panamericana que cubre desde Alaska hasta Tierra de Fuego, el Autobús Mágico Panamericano pasaba por ahí.
Aparecerse fue sencillo, al menos hasta que se percató de que se encontraba parada en medio de la vía rápida, apenas tuvo tiempo para evitar el impacto de un enorme tráiler que avanzaba veloz hacia ella, el aterrado camionero sonaba insistentemente su bocina, Mina alcanzó a brincar la valla protectora, saltó ágilmente un carril y tras impulsarse sobre el toldo de un viejo Valiant 1976 negro rodo por la pedregosa zanja lateral.
Revisó que su anticuado collar disfrazado con una pañoleta a colores siguiera en su sitio, no podía viajar como la pelirroja ya que posiblemente estaría siendo buscada tanto en el mundo mágico como en el muggle, así que seguiría siendo la hermosa mulata de piel suave y oscura como el chocolate con leche; levantó la varita que tomó del cuarto de Dalia y de inmediato un enorme autobús plateado con azul frenó a su lado, el letrero "Argentina" la hizo sonreír y subió al abrirse las puertas.
El interior era distinto al viejo bus mágico de Londres, aquí los asientos convertibles a camas estaban atornillados al piso y unas redes de seguridad mantenían a los pasajeros en su sitio, donde podían dormir apaciblemente.
— ¿Su destino?— un atractivo moreno de casi dos metros de alto vestido de uniforme azul y plata le sonreía amable.
—voy a la...comuna de Tolhuin— Mina depositó suavemente un galeón en la mano del joven conductor.
— ¿Tierra de Fuego?— el muchacho se puso de pie para indicarle a la falsa morena su lugar — muy lejos para una chica que viaja sola y sin equipaje—
—Soy un alma viajera— contestó —me voy adaptando al momento y al lugar— sonrió —no suelo echar raíces, no me considero un árbol— recibió el boleto y las monedas restantes al pago.
—Son tres días de viaje, espero que no te sea aburrido—
—No lo creo— se estiró como gata en la cama, por fin un lugar mullido para dormir después de tres semanas en el vil suelo —por ahora quiero descan...— se interrumpió cuando una joven entró de golpe al autobús, el operador se interpuso entre la chica y el área de pasajeros.
—Es un autobús de servicio particular— dijo con voz firme a la niña que sollozaba, Mina se levantó curiosa y el muchacho la detuvo con un brazo —yo me encargo de los muggles—
—no...Permíteme... soy empática y esta niña es como nosotros... ¿que te pasa peque?—
La niña levanto el rostro, una bonita cara apiñonada se ocultaba tras la melena castaña, los ojos marrones brillaban a causa de las lagrimas y las mejillas ruborizadas por contener las emociones reflejaban las luces del autobús en los regueros marcados por el llanto.
—Yo...vuelvo a casa— susurro pagando al muchacho —voy a Trelew— el muchacho estuvo a punto de arrancar de nuevo el enorme transporte pero Mina posando su mano en el hombro le pidió un segundo, bajó con la chica y caminaron por la pedregosa lateral de la autopista.
— ¿Que te pasa?— buscaba mirarla fijamente, más la niña lo evitaba.
—Yo... papá me envió a tomar el diplomado que esta ofreciendo la uni de Ohio... sobre pociones que dicta un famoso profesor europeo—
—ha ya... pociones con el profesor Snape— contestó Mina sonriendo —y ¿que paso?—
—el... imbécil del decano... dijo que los exámenes de admisión habían terminado, que el costo era muy elevado... ¡mil pretextos! — El acento claramente sur americano de la niña y su confianza al explicarle su enojo ganó la simpatía de Mina —yo quería asistir pero el infeliz me...— se soltó a llorar.
— ¿Te rechazó el decano?— la niña asintió haciendo bufar de enojo a Wilhemina —ok... ¿cuando es el diplomado?—
—Comienza mañana...pero...— balbuceo la niña
— ¡Pero nada!— gruñó enojada — ¡accio lechuza!— grito a la oscuridad mientras entraba al bus de forma intempestiva —necesito un pedazo de pergamino, papel, lápiz, pluma... ¡anda!— urgió al conductor que la miró fastidiado entregándole medio pergamino y un lápiz.
— ¿Que haces?— la chiquilla la miro extrañada
—Lo que sea con tal de fastidiar al imbécil del decano— susurro mientras garrapateaba algo en el pergamino, una lechuza enorme apareció entre las sombras posándose tranquila a un lado de las chicas —toma— partió el medio pergamino a la mitad entregando una parte a la niña y escribiendo en la otra para que el animalito la llevara.
— ¿Y esto?— la niña la miró curiosa mientras la lechuza parda se movía nerviosa de un lado a otro esperando su mensaje.
—Mira... ¿como te llamas a todo esto?— Wilhemina la miró fijamente, buscando algún rastro de mentira en la respuesta; a fin de cuentas no puede confiar en nadie.
—Rocío— susurro tímida la niña
—ok Rocío... soy amiga de... una amiga de la entenada del profesor Snape, el me conoce y mi lechuza le va a llevar una nota hablándole de tí... llévale tu pedazo de pergamino, vas a tomar el diplomado gratis— la chiquilla abrió sus ojos castaños como platos, sorprendida por la actitud de la extraña bruja que la ayudaba y que en ese momento terminaba de escribir en el pergamino que entregó al ave que de inmediato levantó el vuelo.
—Pero ¿por que?— murmuro mirando el documento doblado.
—necesito contactos en Argentina... por tu acento creo que eres oriunda de ese país— contestó Mina sonriendo.
—Si... algo así— Tímida la brujita doblaba el pergamino mirando al piso.
—bien, creo estar por allá en unas semanas y necesito una amiga que conozca el lugar, ¿puedo contar contigo?— Rocío asintió emocionada —perfecto, ahora aparécete en Akron, en el hotel Radisson, busca al profesor Snape que está instalado en el hotel muggle... ¿entendido?—
—Eso creo— la dulce vocecita de la niña temblaba de emoción.
—Nos vemos entonces— Wilhemina beso la mejilla de la chiquilla y la despidió con la mano mientras subía al bus —gracias Rocío— en un parpadeo la pequeña había desaparecido.
— ¿Podemos irnos su majestad?— el joven conductor miraba molesto a Mina mientras ella subía al transporte.
— ¡Oh vamos!— replicó con una radiante sonrisa —solo demoramos un par de minutos— el chico gruño algo y ella se atrevió a darle una palmadita en la espalda —no te enojes, yo invito el desayuno ¿vale?— las llantas del autobús noctambulo panamericano chirriaron en la oscuridad de la noche, internándose hacia el sur del continente.
En Akron...
— ¿Profesor Snape ?— Michael golpeo tímidamente la puerta de la habitación, un "adelante" le animó a pasar llevando a Rocío de la mano.
— ¿Que quieres?— gruñó el pelinegro sin dejar de mirar por la ventana.
—esta niña...trae una nota para usted— la jovencita se adelanto temblando de emoción, un fuerte golpe en la ventana la hizo pegar un salto y un gritito, Snape la ignoró y abrió la ventana dejando entrar a una atarantada lechuza que no se recuperaba del choque con el vidrio.
— ¿Profesor?— tímidamente Michael intento llamar de nuevo su atención, un "shtt" lo hizo guardar silencio mientras Severus leía ávidamente la pequeña nota, la lechuza ya recuperada del golpe dio un par de saltitos mirándolo atenta.
— ¿Rocío?— la voz profunda del profesor de pociones sacó de sus pensamientos a la niña que volvió a dar un saltito.
— ¡Soy yo!— contestó como si se encontrara pasando lista en el colegio, Michael sonrió enternecido por los evidentes nervios de la niña — ¡perdón!— la gélida mirada de Snape la tenia hipnotizada.
—Me dicen que quisiste ingresar al diplomado más Wellers no te admitió— la chiquilla asintió — ¿sabes que exijo un nivel muy alto para mis estudiantes? — La niña respondió de nuevo con un movimiento afirmativo sacudiendo su cabello — la dama que te recomienda es... — carraspeó — ¿sabes a donde se dirigía?—
—A mi país profesor, a Argentina— contestó ahora si seria y atenta a cada una de las palabras de su interlocutor
— ¿te dijo a que iba?— ahora la niña negó, fue obvio que Snape se molestó por esa respuesta —está bien, Michael te aplicará un examen para que veamos que tanto puedes aprender conmigo— de nuevo el odioso y obsesionado profesor de pociones salía a flote —aunque el hecho de que al admitirte en mi clase le damos un revés a Wellers me provoca a no hacerte examen alguno—
—Quiero hacer el examen profesor— contestó ahora ya con mucha seguridad en su aniñada voz
—está bien...Rocío— respondió Snape mirándola fijamente —Michael, las instrucciones que me trajo la lechuza son el conseguirle una habitación a esta niña, así que resérvale una y llévala a cenar, los gastos corren también por cuenta de nuestro queridísimo Decano Wellers— murmuró y dio media vuelta de nuevo dirigiendo su mirada hacia el horizonte, perdiéndose en sus pensamientos.
— ¿Profesor Snape?— minutos más tarde Michael volvió solo, Severus no había cambiado su posición frente a la enorme ventana — ¿se encuentra bien?— silencio absoluto — ¿profesor?—
—Exponer nuestros sentimientos nos hacen débiles Michael— susurró Snape sin girarse — tu afán por servirme, por servir al Señor Tenebroso puede ser tu perdición— continuo hablando, el muchacho en ese momento no entendió a que se refería.
—Solo quiero evitar cometer un error— contestó cerrando la puerta tras él.
—Ese es tu principal error niño— contesto el profesor mirándolo por el reflejo en la ventana —aunque recientemente he cometido también muchos errores...imperdonables—
— ¿se refiere a que la Srita. Wilhemina y usted...?— demasiado tarde... la fría mirada de Severus estaba fija en él, la punta de la varita del mortífago sobre su garganta, clavada sin herir pero causando dolor.
—Te dije que de eso ni una palabra... estoy tentado a borrarte la memoria— gruño el pelinegro sin alejarse ni dejar de apuntarle — podría arrancarte la lengua, más el Lord es experto en legeremancia... ni borrando tu memoria estaríamos a salvo de alguna indiscreción tuya— siseaba cada palabra —dame un solo motivo por el cual no deba matarte— los negros ojos lo miraban fijamente, como fríos puñales le traspasaban; Michael respiró profundamente, pidiendo a los dioses dar la respuesta acertada.
—Porque en cierta forma...señor... usted y yo somos iguales, tenemos las mismas metas— Severus lo soltó de un empellón derribándolo y sin dejar de apuntarle — usted... y la Srita Riddle... Malli y yo...— gimió temblando, Snape torció los labios de lado sin moverse un milímetro.
—¿te atreves a comparar tu infantil sentimiento físico hacia la niña Lestrange... te atreves a compararla con ella, con la hija del señor tenebroso?— Michael tragó saliva
—no señor...— susurro — se que a mi el Señor Lestrange no va a matarme como lo haría el Señor Tenebroso con usted en caso de enterarse...— el pobre muchacho ya no sabía ni que decir, conocía los arranques de furia del profesor pero era la primera vez que era victima y testigo de un arranque de esos — si va a borrarme la memoria hágalo, si va a matarme hágalo... pero entonces se volverá a quedar solo en esto... solos usted y la Señorita Riddle... no soy malo en occlumancia y puedo perfeccionarme, y si lo desea hago un juramento inquebrantable para morir antes de solo pensar en descubrirlo ante el Lord antes de ayudarles — temblaba de pies a cabeza, no podía controlarse y sin embargo su mente luchaba por dar un buen argumento para salvar su vida — nos necesitamos profesor... —de nuevo trago saliva y respiro profundamente — usted me necesita allá fuera, entre los muggles para conseguir información de ella, y yo lo necesito para llegar a mi meta— suspiro y apretó los ojos esperando la ultima luz que vería, la brillante luz verde de un avada kedabra.
—Lárgate— la voz de Severus se escuchaba un poco alejada, de nuevo en la ventana mirando hacia la oscura noche, olvidándose del por que entró a la habitación Michael salió corriendo.
La suave luz que se filtraba por la ventana apenas le iluminaba, los negros ojos fijos más allá del horizonte, donde el sol se había ocultado ya horas atrás; sobre una cajonera el espejo y a un lado de la misma la mochila de campismo con todos sus implementos; por lo que pudo revisar, ella viajaba solo con lo puesto, su varita y el collar de ojo de dragón.
El que la niña le llevara una nota de Mina no le tranquilizó en lo absoluto, posiblemente el enviarla era para entretenerlo, para confirmar que cumpliría los dos meses acordados con Wellers, que tendría el tiempo suficiente para ejecutar a sus víctimas y hacer lo que ella llamaba "purificarse", era lo que menos entendía y lo que menos le importaba, más para ella era lo primordial.
Una corriente de aire helado se coló por un resquicio de la ventana provocándole escalofríos más no movió ni un musculo, respiró profundo y con ambas manos cerro la cortina con un violento movimiento.
Comentarios
Rocio nació en otra mente perversa y fue invitada a participar en esta historia... Rochii es dueña de este pequeño personaje, de la que no se nada más que el nombre, le di una personalidad ajena a la original más su mundo es lo más similar posible a lo que su creadora me describió...
