KITSUNE NO KOKORO:
Takaita Hiwatari
Capítulo 35: "Todo ha terminado. De nada sirve llorar":
Los párpados se alzaron, revelando los iris azules. Naruto se encontró cómodamente recostado en la hierba, y lo primero que sus ojos vieron fue un hermoso cielo azul limpio de nubes. Una suave brisa cálida le mecía los cabellos. El aroma inconfundible a bosque llegó a su olfato, en especial el de diferentes flores. Mariposas de diversos colores volaban de flor en flor. El sol brillaba radiante, invitándole a permanecer allí tendido por tiempo indefinido. Inspiró hondo y sonrió, siendo embargado por una gran sensación de paz. Hace mucho desde la última vez que recordaba haberse sentido así.
Sin duda era un hermoso día de primavera.
¿Primavera? Pero si estaban en otoño.
Y entonces imágenes fugaces llegaron a su memoria. Los hermanos Takahashi, Sasuke, Sakura, Sai, el cielo lleno de nubes negras, la brisa fría, la sangre subiendo por su garganta hasta llegar a su boca, la sensación de que la vida se le iba sin poder remediarlo, la invasión a Konoha…
Lo recordó todo y tembló sin poder evitarlo.
Tomando impulso se sentó y miró a su alrededor, buscando a alguien conocido, pero no había nadie más allí. Las peludas orejas se agacharon en señal de tristeza. Le habían dejado solo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que ellos se fueron y le dejaron allí? Se obligó a pensar que aquello no le importaba, desde ahora debía acostumbrarse nuevamente a estar solo, como lo estuvo durante cien años. No sería difícil acostumbrarse.
Pero su corazón le traicionaba, ansioso por estar junto a Sasuke, o al menos verle desde lejos.
Sin duda era un gran tonto, aún después de todo lo ocurrido seguía estando completamente enamorado. Se sentía vacío y ansioso. Por otro lado estaba muy enojado consigo mismo por ser tan inocente y confiado con los humanos. Cerró los ojos con fuerza, deseando odiarlos a todos, en especial a Sasuke; pero de sólo imaginarse odiando a la persona que amaba la desesperación en su interior parecía crecer de forma arrolladora. ¡No podía odiar a Sasuke! Además, también se sentía terriblemente arrepentido por su forma de actuar después de saber toda la verdad. La ira le había cegado momentáneamente. ¡Había herido de muerte a Sasuke! Seguramente Sasuke, además de sentirse decepcionado por ser un arma inútil, ahora también le odiaba.
Agitando la cabeza, se dejó caer nuevamente recostado en la hierba, esta vez de lado. Con sólo pensar que Sasuke le odiaba ahora, un dolor insoportable se apoderaba de su corazón, dificultándole la respiración. Llevó una mano hacia el pecho, apretando la tela de la yukata con fuerza y aguantando las lágrimas que empezaban a formarse en sus ojos. Le dolía el corazón como si se lo hubiesen atravesado.
¡Un momento!
Rápidamente volvió a sentarse, observándose a sí mismo y descubriendo que no había rastro de la herida en el pecho y que la yukata estaba intacta y sin manchas de sangre. Y ahora que se fijaba más detalladamente, no conocía esa parte del bosque.
-¿Dónde estoy? –se preguntó casi en voz baja.
Se puso de pie y caminó unos pasos. La preocupación empezó a invadirle, realmente no tenía idea de dónde estaba. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Intentó percibir algún sonido o el aroma de algún humano, sin resultados. ¿Sería que Sasuke le había dejado allí para asegurarse de que no volvería a aparecer por Konoha? Lo más desconcertante era la herida en el pecho. Recordaba que Sakura-chan le dijo entre lágrimas que no podía curarle, pero al parecer después de todo sí pudo hacerlo. También le pareció raro que su yukata estuviera limpia e intacta.
Sin un rumbo fijo echó a correr, esquivando los árboles y arbustos, hasta llegar a un claro sin árboles. Allí se detuvo al ver dos siluetas sentadas en la hierba, dándole la espalda. Sonrió aliviado. ¡Podría preguntarles dónde estaba Konoha! Avanzó decidido hacia ellos, y cuanto más cerca estaba más conocidas se le hacían aquellas dos figuras. Una mujer y un hombre, ella con la cabeza cómodamente apoyada en uno de los hombros de él, y ambos eran kitsune, lo supo al ver las largas y esponjosas colas de ambos entrelazadas, recordándole a cuando los humanos se tomaban la mano de forma romántica. Sonrió con añoranza al rememorar que sus padres hacían eso. Y apenas lo pensó cuando se detuvo abruptamente. Aquella cabeza con larga cabellera pelirroja y esa otra cabeza de cabellos rubios… No podía ser.
Abrió la boca para decir algo, pero quedó mudo cuando en silencio ambos se pusieron de pie y giraron a verle.
No podía creer lo que veía. ¡Eran sus padres! ¿Pero cómo…?
Un estremecimiento de alegría le recorrió al escuchar la voz de Kushina.
-Naruto.
Instantáneamente el nombrado corrió y saltó a los brazos de su madre, abrazándola con tal fuerza que ambos casi caen en la hierba. Lloró de felicidad cuando ella le devolvió el abrazo y sintió una mano de su padre revolverle los cabellos con afecto.
-¡Mamá! ¡Papá!
¡Los había extrañado tanto…! No quería llorar, pero no podía parar de hacerlo.
-Has crecido –comentó Minato con nostalgia. –Me pregunto cuánto tiempo habrá pasado desde que nos marchamos.
El menor por fin rompió el abrazo, pasándose un brazo por los ojos para retirar las lágrimas. Quiso contestarle, pero un nudo en la garganta se lo impidió.
-Estamos tan contentos de verte… -dijo Kushina, aunque su sonrisa no expresaba su completa felicidad, pues el ver a su hijo allí con ellos sólo significaba una cosa. –Pero…
-Era demasiado pronto para ti –finalizó Minato la frase incompleta de su mujer.
Entonces Naruto alzó la mirada y observó a ambos. Por un momento se había dejado llevar por la felicidad, pero ahora recordaba que sus padres estaban muertos. Si él estaba allí con ellos, eso quería decir que…
-¿Estoy… muerto? –preguntó sin estar seguro de si quería saber la respuesta.
Al ver que las sonrisas radiantes de sus padres se tornaron en unas resignadas, supo que la respuesta era afirmativa. Se mordió el labio inferior con fuerza, angustiado al pensar que definitivamente nunca más podría volver a ver a Sasuke.
Kushina, pensando que su hijo estaba asustado al encontrarse en ese nuevo lugar, se sentó en la hierba e invitó a Naruto a sentarse a su lado palmeando levemente el suelo junto a ella. En cuanto su pequeño estuvo a su lado, enlazó su cola con la de él, sacándole a Naruto un sonrojo que casi la hace reír. Minato se sentó al otro lado de Naruto, escuchando lo que su esposa decía.
-Nos hizo muy felices ver que habías entendido las palabras que te dijo tu padre.
Naruto se preguntó a qué palabras se refería su madre, pero enseguida lo recordó:
–Ahora lo entiendo, papá. Yo también prefiero mil veces tener una vida plena y feliz, aunque eso conlleve un castigo, antes que una larga vida que me haga infeliz. Yo también quiero… –sintiendo las mejillas calientes por un tenue rubor, pasó saliva antes de hablar. -decirle a Sasuke que le quiero y que lucharé por ser correspondido. Le diré mis sentimientos. Sólo me preocupa un poco que… -cerró los ojos antes de continuar. –a lo mejor os puede molestar que quiera estar junto a un Uchiha, siendo precisamente un Uchiha el que os asesinó –de forma totalmente inesperada y casi sacándole un respingo por la sorpresa, Naruto juraría haber sentido una mano revolviéndole los cabellos, tal y como solía hacer su padre. Con las peludas orejas y cola completamente erguidas, rápidamente abrió los ojos y estudió su alrededor, descubriéndose completamente solo. Miró los nombres tallados en el tronco y sonrió ampliamente, con ánimo. –Gracias.
-Ah… eso –musitó sin saber qué decir.
-La primera vez que fuiste a visitarnos con Sasuke-kun y lo presentaste como un Uchiha, no nos gustó –prosiguió ella. –Pero después nos dimos cuenta de que es un buen chico –le dio suaves golpecitos de codo a su hijo en el costado, esbozando una sonrisita pícara. –Es muy guapo, no me extraña que te enamoraras de él. Y deberías ver cómo te mirada, se nota que tú también le gustas.
Naruto reprimió un suspiro. ¿Cómo demonios podía decir su madre que él también le gustaba a Sasuke? Era algo ridículo. Serían las típicas fantasías de una madre que ansía ver a su hijo felizmente emparejado o algo de eso. Pero otra duda más importante le surgió.
-¿Habéis visto a Sasuke? ¿Pero cómo…?
Minato sonrió levemente, respondiendo sus dudas.
-Nosotros podíamos verte cada vez que ibas a visitarnos. Y el hecho de que le mostrases a Sasuke-kun ese lugar dice muchas cosas de ti.
-¿Muchas cosas? –reiteró curioso.
-Sí. Significa que por fin te has acercado a los humanos y te has relacionado con ellos, de otro modo no te habrías enamorado de uno y mucho menos le habrías mostrado el lugar donde nosotros reposamos.
-Seguro que los demás kitsune empezaron a verte como el líder del grupo, tal y como lo fue tu padre –sonrió Kushina orgullosa.
El menor bajó la mirada mientras negaba con la cabeza. Inspiró hondo, preparándose para contar lo suficiente como para poner a sus padres al tanto de lo que había ocurrido desde que se marcharon.
-Después de que vosotros… -dejó la frase incompleta, estando seguro de que se había entendido lo que quiso decir. –los demás kitsune se marcharon al norte. Nunca más volví a saber de ellos, y nunca más volví a ver a otro kitsune.
Minato y Kushina se mostraron preocupados al escuchar aquello.
-Pero si eso es cierto, eso significa que eras el único kitsune protegiendo Konoha –dijo Namikaze.
-Je… eso… no es así exactamente –con una risita desganada se pasó una mano por los cabellos. –Después de lo de Madara, odié tanto a Konoha y a los humanos que estuve los siguientes cien años únicamente centrado en entrenar para poder matar a Madara, no me importó si la aldea o algún humano necesitaba mi ayuda. Sólo que yo no sabía que los humanos vivían tan poco, y hace unos meses supe que él había muerto años atrás y que mi entrenamiento fue en vano. No pude vengaros, lo siento mucho.
Los adultos se sintieron sorprendidos y confundidos a partes iguales con aquellas palabras, notando que había algo que Naruto no les estaba contando, y eso era lo que ocurrió entre odiar a los humanos y enamorarse de uno. Algo tuvo que pasar entre esos dos puntos clave.
La mujer fue la primera en exteriorizar su duda.
-Pero si odiabas tanto a los humanos, ¿cómo terminaste enamorándote de uno?
Naruto guardó silencio un momento, no queriendo contarles la cruel verdad siendo que ni siquiera él mismo terminaba de asimilarla.
-Pues… un día Sasuke me salvó la vida en un incendio y desde entonces nos hicimos amigos –explicó con una alegre sonrisa forzada. –Después también conocí a los amigos de Sasuke y a su hermano mayor Itachi.
Minato y Kushina volvieron a mirarse a los ojos. Ambos habían notado la extraña sonrisa de su hijo que estaba lejos de ser una de total felicidad. Pensaron que tal vez era que Naruto se sentía triste porque extrañaba a sus amigos. Hasta que el hombre le palmeó ligeramente la espalda mientras le hablaba.
-¿Ves como no era malo acercarse a los humanos? Los kitsune y los humanos siempre hemos llevado una buena relación.
-Eso fue antes, papá –respondió Naruto con cierto desgano. –Después de lo de Madara, se extendió el falso rumor de que los kitsune habíamos enloquecido y que éramos peligrosos. Incluso se puso de moda la caza de kitsunes.
Kushina se llevó ambas manos al pecho, sorprendida y acongojada.
-¡Oh, Dios! ¿Entonces por eso estás aquí? –afirmó en una pregunta. -¿Te han cazado? ¡Mi pequeño!
-No, no ha sido eso. Los humanos hacen unas trampas bastante simples. Un hombre llamado Orochimaru invadió Konoha, y uno de sus hombres me apuñaló.
Minato suspiró con tristeza. Al parecer toda la familia había terminado teniendo el mismo final. Pero la muerte de Naruto la sentía demasiado prematura, además también su hijo apenas empezaba a conocer el amor. ¿Cuántos años decía Naruto que habían pasado? ¿Cien? ¡Eso había sido muy poco tiempo!
De todas formas, quería asegurarse.
-Naruto, ¿cuántos años tienes?
-Ciento dieciséis.
Una tenue sonrisa resignada apareció en los labios del hombre. Naruto era demasiado joven, era un niño. Kushina pareció sentirse igual, pero lo disimuló con un comentario halagador hacia su hijo.
-¡Ya eres casi todo un hombre!
El menor soltó una risita divertida, sabiendo que su madre exageraba, pero no dijo nada, así que ella aprovechó para continuar hablando.
-Hay algo que me gustaría saber. Es sobre Sasuke-kun.
A pesar de que en el fondo sentía deseos de decir que cambiaran de tema, Naruto se limitó a poner la mejor expresión despreocupada que pudo.
-¿Y qué es?
-La última vez que fuiste a visitarnos dijiste que querías decirle que le quieres. ¿Se lo dijiste? ¿Qué te contestó él? –sin darle tiempo a su hijo de siquiera abrir la boca, Kushina sonrió con emoción y prosiguió. –Te correspondió, ¿verdad?
-No.
-¿Eh? –repitió con la misma mirada sorprendida que mostraba Minato.
-Quiero decir que no le dije nada. N-no me dio tiempo –titubeó al final.
Claro que había tenido tiempo, pero después de haber conocido toda la verdad lo último que deseaba era darle a Sasuke otro motivo para que se burlara de él. Cuando sintió que estaba a punto de morir y quiso que lo último que sus ojos azules vieran fueran los negros de Sasuke, por un segundo dudó sobre confesarle todo, pero después supo que habría sido algo absurdo porque desde el principio él había sabido cuál sería la respuesta que habría recibido.
Un rotundo rechazo como siempre, sin duda.
-Oh, es una lástima –dijo su madre con tono desolado.
La expresión de Minato se volvió algo seria al recordar algo.
-Naruto, podremos continuar hablando después. Primero deberías ver a Inari Kami-sama.
Los pelos de las orejas y cola del menor se crisparon por completo del miedo, incluso inconscientemente se removió incomodo. Sus progenitores pudieron apreciar al instante que estaba asustado. Con la dicha por encontrar a sus padres se había olvidado completamente de Inari Kami-sama y su castigo asegurado. Con ansiedad ondeó la esponjosa cola, preguntándose qué castigo recibiría. ¿Le arrancaría la piel a tiras? ¿Le haría arder en el infierno? ¿Le torturaría eternamente?
-¿Te-tengo que ir? –tartamudeó, preso del miedo. Al ver las miradas de desconcierto que le dedicaron sus padres, se explicó. –Es que… he hecho cosas horribles.
Ella soltó una leve risita divertida antes de hablar.
-No te preocupes. Seguro que no ha sido para tanto, tú nunca harías cosas horribles, Naruto. Quisiste vengar nuestra muerte, pero no pudiste hacerlo, quizá Inari Kami-sama estará algo enfadado contigo por no haber querido proteger a los humanos durante un tiempo, pero no te hará nada malo.
-Mamá, papá, además de no querer proteger a los humanos, quise matar a Itachi, el hermano de Sasuke. Ataqué a muerte a dos ninjas infiltrados en Konoha, aunque por aquel entonces yo no sabía que ellos eran enemigos –tragó saliva con dificultad. –Y a Sasuke… casi lo mato. La irá me cegó, por suerte me detuve a tiempo y lo salvé dándole a beber un poco de mi sangre.
-¿¡Qué! –atinó a decir Kushina.
-¿Matar a Sasuke? ¿Por qué?
Ambos adultos estaban igual de sorprendidos y confundidos, sin poder imaginar porqué había querido matar a la persona que decía amar, pero por respuesta sólo vieron a su hijo desviar la mirada con total arrepentimiento y permanecer callado. Cada vez estaban más convencidos de que había algo que Naruto no les estaba contando.
Sin sentir deseos de que sus padres le preguntaran algo más referente a Sasuke o insistir en conocer porqué casi le mató, el menor se incorporó y caminó unos pasos inseguros, prefiriendo enfrentarse a Inari Kami-sama y su furia antes que contarles todo a Minato y Kushina.
-¿Dónde puedo encontrar a Inari Kami-sama? –preguntó con voz suave.
El otro rubio, sabiendo que no obtendría respuesta de su hijo, señaló una montaña a lo lejos repleta de árboles.
-Dirígete a esa montaña y sigue el sendero, te llevará hasta el templo de Inari Kami-sama.
Naruto asintió y avanzó dos pasos, pero entonces se detuvo y giró a verles.
-¿Podéis acompañarme? –cuestionó con una sonrisita nerviosa.
Como todos padres que no pueden negarles nada a sus hijos, ellos asintieron y caminaron juntos hacia el templo.
Al llegar a la cima Naruto se encontró con un templo que parecía ser bastante antiguo. Era exactamente igual al templo de Inari que había en el territorio de Konoha, con la excepción de que este no poseía los rojos portones (o torii), los cuales representaban la división entre el mundo real y el mundo divino. Quizá por estar ya en el cielo no había necesidad de esos portones. Pero las estatuas de kitsunes con cascabeles o pañuelos rojos atados al cuello, o con esferas en la boca que solían proteger estas puertas sí estaban.
Envió unas miradas llenas de inquietud a sus progenitores.
-¿Entramos?
Pero Minato negó suavemente con la cabeza.
-Sólo puedes entrar tú. Permanece tranquilo y todo irá bien.
-Adelante, Naruto –le animó su madre.
El menor ingresó algo inseguro, cerrando la puerta tras él. La estancia estaba en penumbra y completamente vacía, o eso le pareció a él.
-Uzumaki Naruto –se escuchó una voz varonil.
El nombrado se mostró alerta, alzando las peludas orejas para escuchar el más mínimo ruido. El sonido de unas suaves pisadas acercándose le hicieron entrecerrar los ojos para intentar ver mejor en la oscuridad. De pronto la estancia se llenó de luz gracias a unas velas que parecieron encenderse solas, revelando a unos pasos a un hombre alto, con el cabello exactamente igual al de Uchiha Madara sólo que de un llamativo color rojo; vestía un kimono masculino de color verde suave, un hakama(1) de color negro y calcetines blancos.
Los ojos azules temblaron debido a la sorpresa, y a continuación atinó a hacer una respetuosa reverencia bastante torpe.
-Inari Kami-sama, yo… -balbuceó.
-Te he estado observando todo este tiempo, y sólo puedo decir que has sido el sirviente más desobediente que he tenido hasta ahora –comentó sin rodeos y con total calma, pero aún así le provocó un escalofrío al rubio. –En algún punto de tu vida olvidaste tus obligaciones como mi sirviente. Sé que los kitsune son criaturas traviesas por naturaleza, pero nunca malvadas.
Uzumaki se forzó a permanecer tranquilo. Inari Kami-sama hablaba con tanta calma que le ponía doblemente nervioso, dándole la sensación de que en cualquier momento iba a recibir un terrible y doloroso castigo a manos de su Dios.
Y lo único que podría tranquilizarle en ese momento no eran sus padres, sino tener a Sasuke a su lado.
.:KITSUNE no KOKORO SasukexNaruto KITSUNE no KOKORO:.
El sol acababa de salir en Konoha, dando paso a un nuevo día.
La noche había sido realmente larga y la tormenta no ayudó en mucho, pero finalmente Konoha consiguió vencer; aunque los daños materiales fueron cuantiosos y las bajas inevitables. El poder militar de Konoha se había visto notablemente dañado. Pero ahora Orochimaru, Kabuto y todos sus esbirros no eran más que un mal recuerdo. Cuando Sasuke dejó a Naruto y a Sakura en la cueva y llegó a la aldea, descubrió a su hermano luchando contra Orochimaru. A pesar de que Itachi tenía ventaja en la batalla, se le unió, deseando ser él quien le diera el golpe final a esa serpiente rastrera. En la lucha con Orochimaru ganó un arma interesante, una espada que el sannin prácticamente había escupido, de nombre "Kusanagi". Siendo que el arma había pertenecido a Orochimaru, no le extrañaba que la espada tuviera ese nombre.(2)
En la colina repleta de árboles de cerezo, Sai, Sakura y Sasuke permanecían en silencio, observando uno de aquellos árboles como si fuese lo más importante del mundo. Y en realidad en ese momento lo era, ya que tenía tallado algo en el tronco:
Uzumaki Naruto
10-10-2010
Sakura vio que en el tronco del árbol de al lado había tallados dos nombres más, le sorprendió saber que había alguien más enterrado allí y también se preguntó quienes serían.
Sasuke pareció leer su mente porque justo en ese momento dijo lo que ella quería saber.
-Minato y Kushina son los padres de Naruto –habló con voz monótona y desganada. –Por eso dije que este es el mejor lugar para… enterrar a Naruto. Pero él no quería que nadie supiera de este lugar, por eso solamente vosotros dos habéis venido conmigo.
A pesar de que Haruno asintió en señal de que lo había comprendido, no pudo evitar exteriorizar otra duda más.
-Pero Tsunade-sama, Kakashi sensei, Iruka sensei, Ino, Shikamaru, Kiba, Lee… Todos querrán saber qué ha pasado con Naruto y dónde está su cuerpo. Tienen derecho a saberlo también, Sasuke-kun.
Uchiha permaneció en silencio, dándole a la chica la sensación de que lo estaba sopesando, aunque en realidad él tenía muy claro que nadie más sabría de aquel lugar. Bastante había hecho con romper la promesa que le hizo a Naruto y haberles mostrado ese lugar a Sakura y Sai.
-Todos merecen saber que Naruto ha muerto –concedió Sasuke con un molesto nudo en el estómago que empezaba a provocarle unas ligeras nauseas. –Pero nadie más sabrá de este lugar. Le prometí a Naruto que sería un secreto entre los dos, y ya lo he roto al traeros a vosotros.
La kunoichi no insistió más en el tema y decidió que sería mejor marcharse, tenían mucho trabajo por delante, la reconstrucción de la aldea y ella en especial la revisión de heridos junto a Tsunade-sama y el resto del equipo médico. Así que sin más, se marchó de allí junto a Sai, estando segura de que Sasuke querría estar un momento solo.
.:KITSUNE no KOKORO SasukexNaruto KITSUNE no KOKORO:.
La noticia sobre la muerte de Naruto fue un duro golpe para los conocidos de éste, aquellos quienes sí le apreciaban sinceramente. El resto de habitantes notaron la repentina falta del hiperactivo rubio, pero con el tiempo se formó el falso rumor de que Naruto se había marchado a otra aldea. Sasuke y los demás no quisieron desmentir aquello, sabiendo que más de uno se habría alegrado al saber que en realidad Uzumaki estaba muerto.
Seis largos meses habían pasado desde entonces. Y en ese transcurso fue apreciable de qué forma había afectado a Sasuke la muerte de Naruto. Itachi vio ese cambio como un mero espectador, sin poder hacer nada para detener la transformación que estaba sufriendo su hermano menor. Un par de veces intentó hablar sobre la muerte del kitsune con Sasuke, pero éste le dedicaba una mirada fulminante que dejaba claro que no quería hablar sobre eso y después desaparecía durante horas.
Itachi estaba preocupado, mucho. Recordaba que Sasuke lo pasó bastante mal con la muerte de sus padres, pero al ser apenas un niño de siete años por aquel entonces, en unos meses supo sobreponerse. Aunque nunca más volvió a ver al Sasuke parlanchín y sonriente que era antes de que la tragedia ocurriera, y en su lugar quedó el Sasuke tranquilo y callado.
Ahora la muerte de Naruto había sido otro duro golpe para ambos, y sabía que nuevamente era Sasuke quien peor lo estaba pasando. Pero su hermano hace mucho tiempo que dejó de ser un niño, y estaba seguro de que ahora no podría calmarle con un abrazo y por ende le llevaría mucho más tiempo sobreponerse a la pérdida.
Apenas un mes después de la muerte del kitsune, cuando la aldea estaba en sus últimos retoques de reconstrucción, Tsunade le mandó llamar. La mujer le habló, junto a Hatake Kakashi que también se encontraba en el despacho, sobre un repentino giro en el carácter de Sasuke y de su pobre eficacia en las misiones. Era como si la genialidad Uchiha se hubiese esfumado, y el adolescente parecía cabreado y resentido con el mundo, buscando la más mínima oportunidad para desquitarse con algo o alguien. Más de una misión había fracasado por su culpa, y alguna vez en la que habían necesitado mantener a algún prisionero con vida para someterlo a un interrogatorio en Konoha, Sasuke había terminado con su vida sin miramientos y sin temblarle el pulso utilizando a Kusanagi. También Kakashi le informó sobre el abuso que estaba empleando Sasuke de la técnica amaterasu, sabiendo ambos que de seguir con ese ritmo descontrolado terminaría ciego en poco tiempo. Lo desconcertante fue que a Sasuke no parecía importarle lo más mínimo si se quedaba ciego.
Saber todo aquello le sorprendió, en especial enterarse de que su hermano pequeño poseía el mangekyou sharingan. Sasuke no le había dicho nada al respecto.
Al llegar a casa intentó hablar sobre el tema, pero fue completamente ignorado y su tonto hermano menor desapareció de casa durante horas.
Sasuke y él se habían distanciado bastante, o mejor dicho, Sasuke se estaba distanciando del resto. Actualmente no tenía idea de si su hermano ya sufría los efectos del mangekyou sharingan después de haber estado usándolo sin descanso durante seis meses. Incluso en ese momento que ambos estaban en casa, tenía la sensación de estar completamente solo, no se escuchaba ni un miserable ruido y siendo que se había acostumbrado al tornado Uzumaki ese silencio se le hacía algo pesado.
Caminó a la cocina, procurando no hacer ruido. Allí vio a Sasuke sentado en el suelo frente la pequeña mesa y dándole a él la espalda, por lo que no podía ver qué estaba haciendo. Con pasos silenciosos se acercó, descubriendo que su hermano leía un libro. Sintiendo curiosidad leyó unos renglones:
"Su larga y poblada cola, que suele llevar en posición horizontal, forma parte de su imagen icónica. Mide aproximadamente una tercera parte de su longitud total. La usa para multitud de tareas: como almohada cuando duerme, para protegerse de la radiación solar, para comunicarse o espantar insectos. Además le sirve para mantener el equilibrio cuando corre o salta. Su distintiva punta blanca nos sirve para identificarlo rápidamente y distinguirlo de otros cánidos.
Durante el otoño y el invierno los zorros se cubren con una capa de pelo más larga y espesa. Esta capa de invierno está destinada a…"
Abandonó la lectura, sabiendo que ese libro se trataba de aquel que Sasuke llevó meses atrás a casa y hablaba sobre los zorros.
Se percató de que Sasuke alzaba una mano y reseguía con un dedo el nombre tallado en la mesa a la derecha del libro, "Uzumaki Naruto", escrito con una caligrafía pésima y temblorosa. Cuando llegaba a la "o", volvía a empezar desde la "u", una y otra vez con movimientos mecánicos.
Finalmente se decidió a sacarle de lo que probablemente era una burbuja de recuerdos.
-Sasuke.
A pesar de haberle llamado en un tono suave, el nombrado dio un leve respingo y al instante se puso erguido mientras cerraba el libro e Itachi caminaba para sentarse frente a él.
-Creí que habías devuelto ese libro –comentó en un intento de iniciar una conversación.
El silencio reinó durante largos segundos, tantos que el mayor pensó que no recibiría respuesta.
-Ya lo devolveré –casi musitó con desgano.
Itachi reparó mejor en el rostro de su hermano. Desde la pelea con Orochimaru se había dejado el flequillo hacia delante, por lo que ahora mismo no podía verle muy bien los ojos, pero juraría que lucía ligeramente unas pequeñas ojeras. Sus sospechas de que su hermano pequeño no descansaba bien durante las noches tomaron más fuerza.
Sintiendo punzadas de dolor en las sienes, Sasuke resopló por la nariz, y buscando comodidad apoyó un codo en la mesa y recargó la mejilla en la mano. Observó a su derecha, y abrió los ojos en señal de sorpresa al descubrir ahí a Naruto, vistiendo su yukata naranja, sentado a su lado y dedicándole una gran sonrisa, con las peludas orejas alzadas y agitando la esponjosa cola en señal de alegría.
-Tú también has notado como ha mejorado mi letra, ¿verdad? –señaló lo tallado en la mesa. –Cuando escribí esto, mi pulso temblaba mucho. Pero ahora no –finalizó con su permanente sonrisa.
Nada más escuchar su voz infantil, en un segundo Sasuke se irguió sintiendo unas inmensas ganas de tocarle, pero cuando parpadeó la imagen de Naruto había desaparecido y supo que había sido obra exclusiva de su imaginación… otra vez.
No era la primera vez que algo así le ocurría.
Fuera a donde fuera tenía presente el recuerdo de Naruto: en casa, en las calles de Konoha, en el bosque… ¡No podía ir a ningún sitio sin creer ver al rubio! Y las noches eran un tormento. A cada momento despertaba, ansiando que todo hubiese sido un mal sueño y al abrir los ojos viera al kitsune durmiendo en su futón. Pero eso nunca ocurría. Le crispaba los nervios el tenso silencio nocturno que normalmente era interrumpido por los constantes ronroneos y ruiditos que hacía Naruto al dormir.
Desde hacía varios días un intenso dolor de cabeza le tenía de un especial mal humor. Se sentía doblemente vacío y ansioso, y no tenía la menor idea de cómo llenar ese vacío y eliminar la ansiedad. Todos los días que no estaba fuera de Konoha por una misión, iba a visitar a Naruto. Ahora comprendía perfectamente la necesidad del rubio por ver a sus padres todos los días. Él se sentía igual.
-¿Sasuke?
-...sé que extrañas a tus padres, pero no puedes vivir eternamente en el pasado.
-¿Eh...? -fue lo único que atinó a decir ante aquellas palabras.
-No estoy diciendo que te olvides de ellos, pero es hora de que mires al frente, Naruto. Tus padres no volverán por muy triste que te pongas. No puedes estar deprimido para siempre.
El rubio bajó la mirada, esquivando la de Sasuke.
-...ya sé que no volverán. Pero me gusta recordarles, me hace sentir menos solo.
-Te hace sentir triste -corrigió. -Y no estás solo, idiota.
-¡Ya lo sé! -exclamó frunciendo el ceño. -Pero aún así... a veces... -balbuceó. -No tengo familia, ni hay nadie de mi especie aquí. ¡Estoy solo entre humanos!
-Naruto...
Ahora él estaba haciendo exactamente lo mismo que le regañó a Naruto. Estaba viviendo en el pasado. Pero ese día se sentía especialmente mal porque estaban en la última semana de abril, y había recordado que fue por esa fecha que Naruto apareció en sus vidas.
Si Naruto hubiera seguido vivo, ahora haría un año desde que se conocieron.
-Siendo sincero, pienso que Naruto-kun no sobreviviría si participase en la pelea que se avecina.
Recordar las palabras de Itachi aumentó su malestar. No, no quería pensar, ni recordar nada más. Se sentía agotado. Con frustración apoyó los codos en la mesa y hundió los dedos entre sus cabellos, agarrando algunos mechones con saña.
Quería… no, necesitaba ver a Naruto. Anhelaba con desesperación tocarle, escucharle, olerle… ¡tenerle cerca! Nunca había extrañado a alguien de esa forma tan insoportablemente dolorosa, ni siquiera a sus padres.
Se preguntó sinceramente si alguna vez sería capaz de recordar a Naruto sin sentirse muerto en vida, si podría dejar su recuerdo en el pasado y avanzar hacia delante.
Quería dejar de extrañarle y necesitarle, porque sabía que nunca podría tenerle.
-Sasuke…
Salió abruptamente de sus pensamientos, y al alzar la mirada descubrió a su hermano ofreciéndole un vaso de té. Itachi lo había preparado y él ni se había dado cuenta. Agradeciendo con un sutil asentimiento de cabeza, tomó el vaso y dio un trago.
-Sasuke, tenemos que hablar –continuó, volviendo a tomar asiento donde antes estaba.
Sin pretenderlo, el nombrado apretó con demasiada fuerza el vaso, sabiendo de lo que Itachi quería hablar.
-Después –sentenció como única respuesta, pero esta vez el mayor no cedió.
-No puedes huir de esta conversación para siempre, Sasuke.
-No estoy huyendo de nada –levantó la voz más de lo que le habría gustado, y al dejar el vaso sobre la mesa, éste emitió un sonido sordo que casi hace añicos el cristal.
Itachi no se inmutó ante el arranque de furia que veía formándose en su hermano. Estaba seguro de que hablando sobre lo que le tenía en ese estado tan deprimente, Sasuke se acabaría sintiendo mejor.
-Estás huyendo –sentenció. –No hemos hablado de ello desde que ocurrió.
-¡Porque no hay nada que hablar! –replicó alzando el tono de voz, perdiendo completamente su típico porte tranquilo.
-¿Dónde está su cuerpo? Ni siquiera sé dónde está enterrado –insistió. –Nadie parece saberlo, ni siquiera Tsunade-sama.
-Está donde seguramente le habría gustado estar –masculló arrugando el entrecejo.
El mayor guardó unos segundos de silencio antes de volver a tomar la palabra, arriesgándose a desatar la furia contenida de Sasuke.
-Yo también me siento mal por la muerte de Naruto-kun, hermano –confesó con calma, intentando transmitírsela a Sasuke. –Es extraño no ver la casa desordenada por su culpa, no escuchar su voz y sus risas alegres. Él siempre te miraba y sonreía, se notaba que eras especial para él, que sentía algo más por ti…
Gracias a sus extraordinarios reflejos, Itachi ladeó un poco la cabeza para esquivar el vaso de té que tenía como objetivo estrellarse en su cara para que dejara de hablar. El cristal se hizo añicos en la pared a su espalda y el líquido escurrió hasta hacer un pequeño charco en el suelo.
Aparentemente sin haberse inmutado mucho tras ser atacado, levantó la vista, viéndose reflejado en el sharingan de su hermano menor que le fulminaba con la mirada mientras respiraba con calma forzada.
-Cállate –ordenó en un siseo con los dientes apretados.
-Sólo quiero ayudarte, Sasuke –explicó tranquilamente, como si el ataque anterior nunca hubiese ocurrido.
El menor tensó la mandíbula y apretó los dientes tan fuerte que casi chirrían. Se contuvo las ganas de lanzarle ahora el libro, procurando no fallar nuevamente. ¿Ayudarle? Él sólo quería, ansiaba y necesitaba tener a Naruto a su lado; sonriendo, gritando y molestando como siempre, ¡y nadie podía ayudarle en eso! ¡Absolutamente nadie!
Y eso le hacía enfurecer todavía más.
Tarde descubrió que Orochimaru era un experto en técnicas prohibidas de resurrección. Habría sido capaz hasta de venderle su cuerpo, su alma, o ambas cosas con tal de que reviviera a Naruto.
Pero ese tipo ya estaba muerto.
Desactivó el sharingan y salió de allí cerrando la puerta con una violencia innecesaria. Caminaba rápido y cabizbajo, empujando con los hombros a quienes no se apartaban de su camino al cruzarse con él.
-¡Sasuke-kun!
Al alzar la mirada vio a Sai y a Sakura, quien le había llamado, caminando hacia él. Ella borró su sonrisa al ver los negros ojos entrecerrados y mostrando una mirada heladora. Reaccionando segundos después, volvió a hablar.
-Tsunade-sama quiere vernos en su despacho para…
Pero dejó de hablar al ser interrumpida con una voz fría que expresaba una calma muy forzada.
-Ahora no, Sakura.
Y sólo pudo observar resignada como el chico que amaba se perdía caminando entre la gente. Sasuke-kun había cambiado tanto… Últimamente apenas podía reconocer al muchacho que la enamoró con su carácter tranquilo, orgulloso y de sonrisas jocosas en este Sasuke malhumorado y gruñón. El pelinegro a veces la asustaba. En las misiones mostraba una agresividad innecesaria, había asesinado a sangre fría a prisioneros que les podrían dar información valiosa, y se había distanciado del resto. La Hokage estaba muy enojada, incluso había estado barajando la posibilidad de retirar a Sasuke de su cargo hasta que prometiera volver a ser el excelente ninja que había sido hasta ahora, pero ella intervino secretamente a favor de Sasuke, alegando que Uchiha lo que menos necesitaba ahora era quedarse en casa sin hacer nada, sino salir y dejar la mente en blanco.
Tsunade decidió darle a Sasuke la oportunidad de cambiar por sí mismo, sin emplear un castigo. Pero el pelinegro parecía no tener intención de volver a ser quien era.
Sakura se sentía frustrada. No sabía qué hacer para ayudar a la persona que amaba. Ya había perdido a Naruto y no pudo hacer nada para evitarlo; no quería perder también a Sasuke-kun.
-Sai, dile a Tsunade-sama que iré en cuanto pueda.
Ante el asentimiento del ANBU, ella se marchó en la dirección donde vio desaparecer a Uchiha para seguirle.
.:KITSUNE no KOKORO SasukexNaruto KITSUNE no KOKORO:.
Un involuntario suspiro quejumbroso brotó de los labios de Sasuke en cuanto se halló entre los árboles de cerezo y sus ojos enfocaron el nombre "Uzumaki Naruto" a unos pasos de él. Cortó la distancia y se agachó junto al tronco, posando la palma de la mano sobre el nombre tallado. Sólo entonces su enojo pareció querer apaciguarse.
Seis meses habían pasado, y para él era como si apenas hubiesen trascurrido unos largos y torturadores días.
Se sentía perdido. Antes de conocer a Naruto, él tenía la meta de convertirse en ANBU, superar a Itachi y que todos reconocieran que podía ser mejor ninja que su hermano; pero ya no encontraba la motivación para esforzarse por ello. Su mente estaba llena de pensamientos negativos, hundiéndose en la oscuridad sin querer evitarlo.
Recordó que hace un tiempo comenzó a odiar el hecho de tener una vida tan corta, siendo un suspiro comparada con la vida milenaria de Naruto. Pero ahora aquel inconveniente se había convertido en todo lo contrario. La vida de un humano no es muy larga, y si además es un shinobi que constantemente arriesga la vida, es probable que encuentre la muerte antes de lo esperado. Aquello sonaba bien. Sólo tenía que encontrar el rival indicado, porque no, no pensaba dejarse matar.
Pero le inquietaba un poco recordar que bebió sangre de Naruto. Las leyendas decían que quien bebiera sangre de kitsune se volvería alguien realmente fuerte; y era cierto que su resistencia y capacidad para sanar se habían visto mejoradas y no había perdido visión a pesar del abuso del mangekyou sharingan. Se preguntaba también si su vida se había alargado. Recordaba que el propio Naruto le dijo que no sabía si eso podría suceder porque nunca había visto a un kitsune dándole de beber su sangre a un humano.
-No sé si serviría de algo, pero a lo mejor... ¡si bebes mucha, mucha cantidad de mi sangre, quizá tu vida se alargue un poco! -exclamó de forma atropellada.
-¿...qué? -atinó a decir, arqueando las cejas totalmente sorprendido con lo escuchado.
-Nunca he visto a un kitsune dándole su sangre a un humano, pero podríamos intentarlo. ¡A lo mejor funciona! -finalizó bastante ansioso.
De verdad deseaba que su vida no se hubiese alargado ni siquiera un segundo, no ahora que Naruto ya no estaba.
El ruido de unos arbustos agitándose a su derecha llamó su atención. Sin mucho interés miró en esa dirección, y cuál fue su sorpresa al ver a un pequeño ratón salir corriendo de allí siendo seguido de un zorro de tamaño mediano que intentaba cazarlo dando graciosos saltos. Con rapidez se puso de pie, sintiendo su corazón latir con viveza como hace seis meses no lo sentía, sólo por el simple hecho de ver aquel animal.
-Naruto…
El zorro se detuvo y miró a Sasuke, olvidándose de su pequeña presa que continuó huyendo despavorida hasta ocultarse en algún agujero en el suelo.
-Naruto –repitió, avanzando un paso hacia él.
La emoción desapareció tan pronto como había llegado al darse cuenta de que ese era el amigo de Naruto que también se llamaba así, por eso había respondido al llamado. Lo supo porque su pelaje no era anaranjado, sino de un marrón claro. El animal había crecido rápido, viéndose ahora incluso algo más grande de lo que se veía el rubio cuando adoptaba su apariencia animal. Pequeñas diferencias que seguramente cualquier otro no habría notado, pero para él eran muy obvias a pesar de no haberle visto desde la marcha del rubio.
De pronto el animal movió las orejas al escuchar algo que todavía era imperceptible para Sasuke y se marchó corriendo. Unos minutos más tarde, escuchó unas pisadas acercándose por detrás.
-Sasuke-kun…
El mencionado no giró a verla, centrando nuevamente su atención en el nombre tallado en el tronco.
-¿Qué haces aquí, Sakura? –sin estar interesado en escuchar la respuesta, volvió a hablar. –Vete –ordenó.
Haruno se llevó las manos al pecho, inquieta y algo deprimida. No sabía si acercarse más o permanecer a esa prudente distancia. Odiaba ver a Sasuke así de ausente, frío y antisocial. ¡Ese no era el chico del que se enamoró!
-Sasuke-kun, no puedes seguir así. Te haces daño a ti mismo, y también a quienes te queremos. ¡Por favor, vuelve a ser el de antes! –rogó casi en un grito. –No nos gusta verte así, y… a él tampoco le habría gustado.
El pelinegro alzó ligeramente la cabeza, pero no giró todavía. Sabía perfectamente que con ese "él" se había referido a Naruto. Entrecerró los ojos en señal de enojo.
-No hables como si supieras…
-¡Lo digo porque lo sé! –interrumpió, avanzando un paso al sentirse algo desesperada por hacerse escuchar. –Seguramente no lo habías notado nunca, pero Naruto te quería de la misma forma que te quiero yo, Sasuke-kun. Por eso sé que no le habría gustado verte así, porque a mí tampoco me gusta.
Esas palabras tocaron algo en el interior de Sasuke que le provocó una furia inmediata. ¿Que no lo había notado nunca? ¿¡Cómo no iba a hacerlo! En cada gesto, mirada y sonrisa de ese revoltoso kitsune podía ver que no era un simple amigo para él. Siempre sospechó que le gustaba a Naruto, pero no quiso indagar en eso por miedo y prefirió actuar como un idiota insensible, rechazando a Naruto una y otra vez.
Tan preocupado estaba por sí mismo de no salir herido por un amor claramente imposible, que nunca meditó el daño que le hacía a Naruto con cada rechazo.
¡Sólo había sido un cobarde! ¡Un estúpido cobarde!
Sakura atinó a abrazarse a sí misma llena de miedo al ver a Sasuke girar y dedicarle una mirada de total odio. Casi pudo jurar que de un momento a otro activaría el sharingan y le atacaría con las llamas negras para provocarle una muerte lenta y dolorosa. Las lágrimas se agolparon en sus ojos y descendieron sin control por sus mejillas, y ni siquiera eso hizo cambiar un ápice la mirada que estaba recibiendo.
Con la respiración agitada por el llanto, habló.
-Me odias, ¿cierto? –sollozó. –Porque no pude curar a Naruto y salvarle. Yo… ¡de verdad hice todo lo que pude! ¡Yo quería salvarle! ¡Naruto era mi amigo! –como si se hubiese quedado repentinamente sin fuerzas, terminó en un susurro lastimero. –Por favor, Sasuke-kun, no me odies.
La expresión del pelinegro se relajó, mostrándose después ligeramente sorprendido al recordarse a sí mismo con las palabras de Sakura:
-Dilo -musitó Uchiha con voz ronca. El silencio fue su única respuesta, y eso le exasperó un poco. -Me odias, ¿cierto? ¡Entonces dímelo!
Con movimientos mecánicos se dirigió hacia ella, deteniéndose apenas a dos pasos de distancia. Al estar tan cerca, Haruno se cubrió el rostro para intentar detener el llanto, pero no surtió mucho efecto.
-No te odio.
Aquello fue todo lo que pudo pronunciar, aunque le habría gustado decirle algo más para calmarla, pero un nudo en la garganta se lo impidió. Realmente no odiaba a Sakura, sabía que había intentado salvar a Naruto. Ella no tuvo la culpa de la muerte de Naruto, ni siquiera los hermanos Takahashi. Toda la culpa fue suya, desde el principio lo supo, y eso le estaba matando. En medio del dolor incluso llegó a desear no haber conocido nunca a Naruto, así éste siempre habría seguido odiando a los humanos y no se habría acercado a Konoha a pesar de ser atacada mil veces. Habría seguido vivo.
-Sasuke-kun… lo siento –murmuró con voz entrecortada, rompiendo la distancia entre ellos y enterrando el rostro en el cuello de él mientras se aferraba por el pecho a la negra camiseta del uniforme chuunin. En lugar de contener el llanto, dejó salir libremente las lágrimas.
-No es tu culpa –casi susurró.
Levantó la cabeza, clavando una mirada vacía en el azul del cielo. Todo se volvió borroso, y entendió que sin aviso las lágrimas se habían acumulado también en sus ojos. Los cerró con fuerza, obligándose a no dejar escapar ninguna, porque de nada servía llorar.
CONTINUARÁ…
(1) Hakama: El Hakama es un pantalón holgado que a veces se usa en artes marciales y posee hasta siete pliegues, cada uno representa las virtudes del guerrero tradicional, (tradicionalmente hasta las rodillas) que se coloca encima del kimono. Usado por hombres y mujeres.
(2) Kusanagi significa "Cortadora de hierba" o "Espada de la serpiente", aunque el nombre más acertado es éste último según los investigadores, ya que en japonés antiguo kusa significa espada, y nagi significa serpiente. La leyenda de Kusanagi es muy interesante. Fijo que Masashi tomó algo de ahí para crear el manga. Aparecen Susanoo, Yamata no Orochi, Kushinada, Amaterasu…
Recordad que Orochimaru mata a Sandaime Hokage de Konoha (Aldea de la Hoja) con Kusanagi, lo que concuerda con la teoría de "Cortadora de hierba" y "Espada de la serpiente"
¿Alguien ha visto a un zorro cazando? Me resultan graciosos cuando empiezan a dar saltitos XDD
Muchas gracias a todos los que se tomaron la molestia de dejarme un review, favorito, o alerta ^^
Con tantas amenazas de muerte pululando sobre mi persona después de la actualización anterior, dudaba en aparecerme por aquí. Pero me gusta el riesgo.
Describí a Inari Kami-sama de esa forma porque vi una pintura de él vagando por internet, y parecía el gemelo de Madara en versión pelirrojo. Sorprendente.
¡Aah! ¡Estoy muy contenta! Midorikawa-eMe111 se ha ofrecido a hacer dibujos de Kitsune no kokoro. Y yo simplemente, ¡amo su forma de dibujar! Dibujará las escenas que más le han gustado. En mi perfil están los links. ¡Y dejadle comentarios, no me seáis perezosos! .ó
Mi última actualización del año 2011. Haciendo recuento, he publicado 18 capítulos este año. No está mal, ¿no? Ya me gustaría a mí ver quien más hace eso. Con tantos compromisos navideños y el trabajo, es probable que la siguiente actualización tarde. Intentaré que no sea así y que esté lista antes del día 15 de enero. Pero no puedo prometer nada.
Y para terminar la extensa nota de autora, deseo que estéis pasando unas felices fiestas, y sobretodo espero que tengáis un próspero año 2012 ^^ (¡Ya falta poco, estamos a día 30!) Y… ¡arriba el SasukexNarutoxSasuke!
Hablando del 2012… hace poco publiqué otro fic SasukexNaruto con ese titulo. Os invito a leerlo, jeje…
Adelanto del capítulo 36:
"Y ese simple recuerdo pareció evaporar la tensión y enojo en el adolescente, dejándole agotado mentalmente. Se pasó una mano por el rostro, queriendo despejar la mente de cualquier memoria.
-¿Por qué me dices esto ahora, Kakashi? –casi susurró sin apartarse la mano de la cara, cansado. En el fondo sabía que el adulto no era un ser retorcido, por eso no pudo evitar preguntar el porqué.
El ojo visible del jounnin adoptó un aire de preocupación al ver la pose abatida de su antiguo alumno.
-Porque no quiero que vuelvas a cometer el mismo error, Sasuke. Si vuelves a encontrar a alguien con quien ser feliz, acepta a esa persona. No sirve de nada negar tus sentimientos, al final sólo te haces más daño –explicó. –Deberías intentarlo de nuevo, cualquiera estaría encantado de tenerte como pareja. Y ya sabes lo que Sakura siente por ti, aunque después de lo de Naruto me temo que las mujeres no te interesan mucho.
Sasuke escuchó todo atento y en silencio. ¿Intentarlo de nuevo? ¡No iba a intentar nada! Desde el momento en que Naruto cerró los ojos, cerró su corazón herméticamente y lo protegió con una impenetrable defensa, jurándose no volver a enamorarse.
No pensaba volver a ver cómo alguien importante para él moría frente a sus ojos sin poder hacer nada.
Alguna vez escuchó que estar enamorado saca lo mejor de las personas, pero en su caso no fue así. ¿Sería que no había nada bueno en él? Continuó siendo egoísta, mentiroso y cruel con Naruto a pesar de los sentimientos que éste despertó en él.
No, definitivamente no iba a volver a enamorarse nunca más. Ese sentimiento no estaba hecho para él."
¿Sabías qué…?
Las descripciones de los kitsune o de sus víctimas poseídas pueden hacer aparecer esferas blancas redondas o de forma similar a la cebolla, llamadas hoshi no tama (esferas de estrella). Las leyendas describen que resplandecen con los kitsune-bi o zorros de fuego. Algunas historias las identifican como joyas o perlas mágicas. Cuando no están en su forma humana o en una posesión con un humano, un kitsune mantiene el hoshi no tama en su boca o lo lleva en su cola. Las joyas son un símbolo que identifica al Dios Inari, y las representaciones de los zorros sagrados de Inari sin su hoshi no tama son raros.
¡Se agradecerán reviews! ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
