CAPÍTULO 36
Líneas en la vida
Hay líneas muy finas en la vida. Líneas que marcan tu futuro y te cambian de un momento a otro. Quinn y Rachel habían traspasado muchas de esas líneas llevándolas a algo mejor, a ser felices. De enemigas a compañeras en un grupo de coro de instituto, de compañeras a amigas, de amigas a auténticas desconocidas durante siete años para volver a ser amigas tras ese tiempo, terminando por enamorarse y juntando su vida con el matrimonio.
Todas esas líneas cruzadas eran buenas, avanzando y manteniéndolas unidas durante algo más de un año desde su boda. Muchas cosas habían cambiado desde entonces.
Santana siguió a Brittany hasta Los Angeles junto a la hija de ambas de apenas unos meses. La rubia había recibido una oferta de un prestigioso laboratorio en la ciudad tras dar a luz a la pequeña Maggie y tras considerar la propuesta, ambas pusieron rumbo a su nueva vida tras años en Nueva York.
Kurt y Blaine fueron incapaces de superar su última pelea, dando por finalizada su relación de años. Cada uno siguió por su lado, incapaces de mantener una amistad. No tan pronto por lo menos. Los dos necesitaban su tiempo de sanación.
Judy confirmó aquel noviazgo que las chicas intuían junto a un apuesto hombre que parecía darle todo lo que se había perdido durante años, felicidad y amor. Además, Frannie formaba parte activa de la vida de Quinn, confirmando así la reconstrucción de la familia Fabray.
Por otro lado estaban las chicas, Quinn y Rachel. Eran la pareja perfecta a ojos del mundo. Tenían fama, éxito y eran queridas en su profesión y encima el matrimonio parecía haberlas llevado a rozar el cielo de la felicidad. Era la suerte de conocer a alguien a fondo, de a pesar de pelear, tener la paciencia y la cordura para solucionarlo, de amarse sin límite, de esperarse la una a la otra en las ausencias por cuestiones de trabajo. Todo era ideal.
Ideal hasta hacía unos meses cuando las chicas pisaron una nueva línea de sus vidas, esta vez pisar esa línea solo sirvió para distanciarlas. Un tema tabú y delicado que había traído en la relación silencios interminables, discusiones estúpidas, una rubia cada vez más metida en su mundo y escasez de momentos de amor.
Rachel entraba por la puerta de su casa después de pasar parte de la tarde de compras. En silencio dejó las bolsas en el suelo y se deshacía de la chaqueta en la entrada mientras de reojo veía como Quinn la observaba mientras sentada en una mesa escribía algo en el ordenador.
La morena se acercó a ella, pero la rubia volvió a fijar la mirada en el ordenador, por lo que Rachel, resignada, tomó asiento en el sofá, dándole la espalda a Quinn. Durante unos minutos mantuvo aquel silencio incomodo que se había instalado en ellas, pero tras dar un suspiro, cerró los ojos y habló aun dándole la espalda.
-Me gustaría que habláramos, Quinn.
-Estoy ocupada ahora, no puedo. – dijo sintiéndose mal por aquella actitud que había tomado. Cerrando los ojos igual que Rachel, intentó no sonar tan cortante. – Después si quieres…
-Siempre dices eso, pero después no llega nunca… - dijo cansada. – No tenemos por qué hablar de tener un hijo, solo digo que hablemos de algo, de cualquier cosa.
-Se cómo terminará la cosa. – contestó la rubia de forma escueta.
-Pues yo no, Quinn y empiezo a estar harta de esta mierda. – dijo levantándose para mirarla, para enfrentarla. – Es imposible hablar contigo, es inútil… Te limitas a contestarme con monosílabos desde hace meses. Vamos a hablar claro de una vez, Quinn, no te escondas más.
-No me escondo, lo único que pienso es que está todo hablado.
-No, no hay nada hablado. Te propuse tener un hijo y te pusiste como las locas y cada vez que sale el tema te niegas en rotundo, eso es lo único hablado.
-Rachel, no quiero hijos, lo sabías, lo sabías desde antes de empezar esta relación, te lo advertí. – dijo mirándola seria.
-Pensé que cambiarías de opinión… Te encantan los niños, te mueres por tus sobrinos y los niños de Santana y Tina.
-Sabía que terminaría pasando esto… - dijo negando con la cabeza.
-Quinn, estamos preparadas, es el momento justo… Tenemos treinta y un años, llevamos juntas unos años y nos ha ido bien. No quiero tener solo un hijo y si no empezamos ya, se nos va el tiempo.
-Basta, Rachel. – dijo frunciendo el ceño. – No vamos a tener hijos.
-¿Por qué eres tan cerrada? Te limitas a decir que no y no me escuchas. ¿Qué pasa con lo que yo quiero?
-Pídeme lo que quieras y te lo daré.
-Quiero un hijo. – dijo seria.
-Todo menos eso. – al escucharla, Rachel rio entre dientes. Unos segundos más tarde se acercó un poco más a ella.
-¿Sabes, Quinn? Te entiendo… - dijo posando su mano en la mejilla, tratando de hablarle con dulzura. – Sé que Beth está en ti, que es difícil, te entiendo. – trataba de comprenderla, pero la reacción de la rubia la sorprendió, llevando la discusión a una pelea.
-¡No lo haces! – dijo levantándose de la silla. – ¡No puedes hacerlo porque no eres madre!
-¡Porque no me dejas serlo! – le respondió de igual forma. – Te he ofrecido mil veces el ponerme en contacto con Shelby y no quieres, avanza de una maldita vez, Quinn, pasa página ya o búscala, pero así no puedes seguir. Y yo tampoco.
-¿Qué te crees que no lo he hecho, que no la he buscado? En cuanto tuve un poco de dinero con las películas puse a mi abogado y un detective a buscar a Shelby. La encontraron y mi abogado me dijo que me quedase quieta, que estaba atada de pies y manos. Shelby supo que la buscaba y mandó a su abogado para hablar con el mio, advirtiéndome que si perseguía algún acercamiento o cualquier cosa relacionada con Beth llegaría a los tribunales para detenerme. Ni siquiera me dijeron en qué estado vivían, si estaban cerca o lejos. Lo volví a intentar cuando volvimos a encontrarnos tú y yo con el mismo resultado. Shelby no me deja, no quiere que me acerque a Beth y yo no puedo hacer nada. – dijo llena de dolor.
-¿Por qué no me habías dicho nada de esto?
-¿Para qué? ¿Para sentirme peor?
-Para hablarlo, para consolarte, para buscar alguna solución… pero es que contigo parece imposible. - dijo llevándose una mano a la cabeza. – Te quiero con locura, pero estoy llegando a mi límite…
-¿Y eso que quiere decir?
-Que he pedido cita con un médico especializado para informarme y hacerme pruebas, que voy a tener un hijo.
-¿Esto será una broma no? – preguntó incrédula.
-No es ninguna broma.
-¿Y dónde quedo yo en todo esto? ¿Vas a dejarme?
-Quiero un hijo contigo, Quinn, creo que podríamos hacerlo bien, que estamos preparadas, que es el momento, pero si mañana no estás en esa consulta a mi lado, con todo el dolor de mi corazón, tendré a ese niño sola y esto se acaba. Espero que pienses bien lo que vas a hacer.
Dejando a la rubia con la cara desencajada, una Rachel con lágrimas en los ojos abandonó el salón, dirigiéndose escaleras arriba, encerrándose en alguna habitación tras un portazo que congeló el corazón de Quinn.
La rubia se pasó las manos por la cara nerviosa, dando vueltas por toda la sala para terminar por sentarse, intentando calmarse y poner sus pensamientos en orden.
Sabía que llevaba meses comportándose como una estúpida con Rachel, queriendo evitar el tema de los hijos, lo que provocaba que siempre estuviera en silencio para protegerse, mostrándose fría y distante con su mujer. Pero no había visto venir aquello. La morena, su morena, estaba dispuesta a dejarla para tener un hijo. ¿Qué iba a hacer ella sin Rachel? No sabía vivir sin ella a su lado, ya no, pero un hijo, otro, era demasiado para su conciencia. Por supuesto que se moría por ser madre junto a Rachel, le encantaban los niños y sabía que junto a ella podrían crear una familia, una feliz. Pero estaba Beth, su hija, la hija de Shelby. ¿Por qué a ella no y a otros si? No sabía si sería capaz de manejar la presencia constante en su mente de alguien inexistente en sus vidas.
Agobiada y más perdida que nunca pensó en llamar a Brody para hablar con él, pero el chico más de una vez le había regañado por el mismo tema, por no permitir darle a Rachel la familia que quería y en ese momento no necesitaba una nueva bronca, necesitaba alguien que le hablara con la verdad, sin pensar en beneficiar a nadie. Santana era la persona indicada.
-Quinn, ¿Qué haces aquí? – preguntó la latina al abrir la puerta de su casa con su hija en brazos y encontrar a su amiga. - ¿Estas bien? – preguntó al verle la cara.
-Sí, no es nada… - dijo con un hilo de voz, mostrando una leve sonrisa al ver como Maggie se alegraba de verla, tendiéndole sus bracitos a los que Quinn respondió con un beso en su cabeza. - ¿Está Britt?
-No, está en el laboratorio, pasa. – dijo abriéndole paso a su casa, dirigiéndose ambas al sofá. - ¿Qué ocurre?
-Creo que Rachel me va a dejar. – dijo mirándola seria, haciendo que su amiga se sorprendiera.
-¿Cómo te va a dejar?
-De hecho, estoy segura de que lo va a hacer.
-¿Por qué?
-El tema de los niños… - dijo centrando su vista en la pequeña Maggie, que en brazos de su madre se entretenía en mover de arriba abajo un sonajero mientras emitía algunos ruidos. Santana al verla, sentó a la niña en una manta a sus pies. – Mañana va a un médico para empezar ya el proceso y me ha dado una especie de ultimátum, si no voy, tendrá al niño sola. – dijo suspirando.
-No pensaba que estuviera en ese punto.
-¿Te ha comentado algo? – dijo desesperada.
-No sabía nada de esto, últimamente la enana no quería hablar del tema, cada vez que le preguntaba me cortaba. Pensé que se le había pasado lo de querer tener un hijo.
-Pues ya ves que no y las cosas no han estado del todo bien estos meses. – dijo cabizbaja.
-Eso solo es culpa tuya. Rachel ha sufrido mucho con tu actitud, sé que lo sigue haciendo, no hace falta que me diga nada, la conozco.
-Lo sé, y me siento como una autentica mierda por hacer sufrir a la persona que más quiero, pero yo no sé si puedo ser madre, Santana. – le explicó casi con lágrimas en los ojos, como pocas veces la había visto la latina. - ¿Tu qué harías? ¿Tengo que ir mañana a esa consulta?
-Yo no puedo decirte que hacer, eso tienes que decidirlo tú.
-Santana, por favor, estoy desesperada. – le suplicó.
-Solo puedo decirte que yo tampoco quería hijos y Brittany estaba decidida a tenerlos. Accedí a regañadientes y ahora creo que ser madre es lo mejor que he hecho en mi vida. – dijo mirando a su hija con media sonrisa al ver como intentaba gatear. – Incluso estoy pensando en tener yo misma el próximo en algún tiempo no muy lejano. – dijo volviendo su mirada a una triste rubia. – Pero tu caso y el mio no son el mismo, Quinn. El único consejo que puedo darte es que hagas lo que hagas pienses en ti, con tu corazón, será lo mejor para las dos. Si mañana te presentas en esa consulta y vas a acceder a tener un hijo con Rachel para no perderla, las cosas estarán bien un tiempo, pero todo lo que llevas dentro terminará saliendo y acabarás perdiéndola igualmente, pero esta vez habrá un niño de por medio. Si de verdad no te crees capaz de tener un hijo, tienes que dejar ir a Rachel.
-Qué fácil es decirlo…
-Lo sé, si es tu decisión, va a ser lo más difícil que hagas en tu vida después de lo de Beth… - dijo poniendo su mano en su hombro, recibiendo en su pecho las lágrimas de su amiga, que por primera vez en su vida lloraba de verdad y con sentimiento ante ella.
Por la noche, Rachel en la casa de ambas recibió la llamada de su amiga, avisándole de que Quinn se quedaría allí esa noche. No pidió explicaciones, por mucho que Santana le dijera que su mujer necesitaba pensar un poco, tan solo colgó desilusionada, quedándose dormida llorando y con la seguridad de que Quinn no aparecería al día siguiente y por lo tanto tendría que afrontar sola el ser madre y superar el amor que sentía por la rubia, esa que nunca le había fallado hasta ese momento.
En el fondo comprendía a Quinn, su miedo a volver a ser madre, pero ella no veía factible pasar por la vida sin ser madre, sin algo que debía ser lo más maravilloso del mundo, por eso la libraría de pasar aquel trago. Quinn no tenía por qué cumplir todos sus deseos, al fin y al cabo, eran suyos y de nadie más. De todas formas, que difícil iba a ser. ¿Cómo iba a dejar a Quinn? No sabía si llegado el momento sería capaz de seguir adelante en su plan de ser madre apartando a la rubia de su camino.
Con todo ese lío en su cabeza, Rachel se encontraba ya en la consulta del doctor, escuchando desde hacía unos minutos como sería el proceso y las pruebas a las que tendría que someterse. Unos golpes en la puerta los distrajo, dejando paso a una enfermera que venía acompañada por alguien.
-Está aquí su esposa, señora Berry. – dijo dejando pasar antes de volver a irse a una tímida Quinn, que miraba a su mujer con media sonrisa.
-Quinn, has…has venido. – dijo emocionada, incrédula.
-¿Cómo no iba a venir? – preguntó cogiendo la cara de la morena en sus manos, mirándola a los ojos.
-Las dejaré a solas unos minutos. – dijo el doctor, intuyendo que allí se hablaba de algo que necesitaba privacidad.
-Cariño, Quinn, pensaba que no ibas a venir…
-Lo sé. – dijo acariciando con sus pulgares las mejillas de Rachel.
-Yo…siento lo que te dije ayer, siento que te haya presionado, no sé si iba en serio, no sé si sería capaz de dejarte para ser madre… - le confesó. – No…no te sientas forzada a estar aquí. – dijo culpable.
-No me siento forzada a estar aquí. Escúchame, la única que tiene que pedir perdón soy yo por cómo me he comportado estos meses, por ser una estúpida muerta de miedo, pero me muero por ser madre de nuevo. Tienes razón, debo descansar con el tema de Beth, han pasado muchos años y debo seguir mi vida igual que ella estará haciendo la suya. No será sencillo, pero estoy dispuesta a intentarlo por primera vez desde que se la entregué a Shelby. – dijo con una halo de tristeza que borró con una sonrisa al mirar a su mujer a los ojos cristalinos. - Me conoces, cariño, mejor que nadie, sabes que me encantan los niños y no sé si te lo voy a poner fácil con mis paranoias, pero sé que la única que puede ayudarme con esto eres tú, que la única que puede hacerme dar el paso de crear una familia eres tú, siempre contigo, a tu lado, de la mano. Si estoy aquí es por ti, pero también por mí, por las dos.
-Cómo te quiero, Quinn, jamás podrás hacerte una idea de cuánto. Te adoro, lo eres todo para mí. – dijo dejando escapar unas lágrimas para luego besarla con todo el amor del mundo, abrazándola, sintiéndose reconfortada y recompensada por esos meses atrás.
-Te amo. – dijo volviendo a besarla. – Ahora vamos a avisar al doctor, tenemos que elegir un padre guapo para empezar a aumentar la familia Berry Fabray.
Volvían a cruzar una fina línea en sus vidas, una de gran importancia, la que había marcado la diferencia entre terminar con todo o ir a por todo. Volvían a hacerlo juntas y volvían a salir unidas y rebosantes de felicidad.
