La historia de Jill Sutcliff: Capitulo 37: La Sociedad de la Aurora
Esa noche tuve sueños extraños y horribles, siempre que tomaba alcohol muy pesado para mí, o antes de un trabajo muy importante sufría de insomnio o pesadillas. Para mi mala suerte, esta vez habían sido pesadillas incoherentes, guadañas, sangre, registros en todos lados, muertos que caminan por si solos. Había algo diferente a lo que habitualmente era mi trabajo. Llamaba a mi hermano en sueños, buscaba tenerlo cerca buscando refugio en el.
Mis sueños estaban fuera de control, eran terribles, quería que pararan ya. No pude resistir más tiempo, Desperté de sobresalto al ver una enorme guadaña compuesta por un esqueleto humano completo y una larga hoja afilada dirigirse hacia mí.
- ONIICHAN!- me levante gritando de un salto. Tenía la respiración agitada, estaba sudando y me dolía la cabeza. Estaba vestida solamente con mis pantalones cortos y la blusa ceñida. No tenía ni la menor idea de donde estaba mi camisa de vestir, solo recordaba haber dormido con ella... en la cama de Ronald.
Recordé todo de pronto, Sebastian estaba ebrio y lo había llevado al camarote, se había recostado en mi cama... y yo en la de Ronald. Pero en ese momento yo estaba en mi cama, no había rastro de Sebastian, y lo más probable es que se hubiera marchado un par de horas después de haberme quedado dormida.
-Tan siquiera hubieras cerrado la puerta por dentro- murmuro Ronald de repente, el cual estaba recargado en la puerta del dormitorio
- Que fue lo que paso?- le pregunte
- No lo sé... tú te quedaste con el demonio recuerdas?- me respondió con su sonrisa burlona- No me digas que el efecto del alcohol ya no te deja recordarlo?
- Recordar qué? Recuerdo lo que paso en el bar anoche... pero...
- Llegue antes de que saliera el sol... y el demonio salió de aquí, e iba acomodando sus ropas- agrego, parecía decirlo enserio, pero había un toque de burla en su manera de mirarme.
- Estas bromeando no es así?- le reclame
- No lo hago, te dije la verdad, llegue y el estaba saliendo de aquí acomodando sus ropas, cuando entre estabas debajo de tus sabanas en tu cama
- Anoche dormí en tu cama Ronald!
- Pues no lo creo así- se burlo tomando mi camisa de vestir y mi collar del suelo- Esto es tuyo no?- agrego extendiendo la mano para mostrármela
- Devuélveme eso! - le grite levantándome de inmediato
- Aléjate de mí- me dijo- Incluso tu cabello huele a Demonio, es molesto
Me quede de pie sin aproximarme a el, y lo mire con cierto aire de sorpresa, no esperaba que el me dijera eso, de verdad no recordaba absolutamente nada, me había dormido y punto. Me dormí y tuve pesadillas, eso era todo lo que había pasado, no había razones para que Ronald estuviera así... o si?
- Sempai vendrá esta noche lo recuerdas?... por lo menos quítate ese olor a demonio de encima- me dijo entregándome la camisa y el collar- Dormiré un rato, después de todo a ti te gusta estar por las mañanas con los de primera clase- agrego tirándose en su cama- No me despiertes hasta que anochezca
No dije nada, tome mis cosas y salí de ahí, me dirigí a darme un baño, si Ronald tenía o no razón referente a tener el aroma de Sebastian impregnado era lo de menos. El plazo se estaba cumpliendo, y esa misma noche se llevaría a cabo la recolección.
Me duche rápidamente, en momentos así envidiaba que los de primera clase tuvieran bañeras en su dormitorio privado. Después de salir de las duchas me dirigí a la cubierta para pensar un momento, tenía que encontrar un modo de infiltrarme a la sociedad de la aurora. Sabía que tenían una contraseña, pero no estaba segura si era la que sabía, y aunque lo fuera... prefería entrar a la fuerza.
Me quede en la popa del barco, recargada en la barandilla mirando hacia el horizonte, Miraba a las demás personas mi alrededor, varias parejas que habían viajado juntas, varias que se habían conocido ahí. "Oniichan" susurre esbozando una ligera sonrisa. Sentí opresión en mi pecho, si lo que Ronald quería era confundirme, lo logro.
Me recosté en un banquillo que ahí había, y me cubrí el rostro con mi mano, le di vueltas a mi mar de ideas, pero por más que lo intentaba, siempre regresaba al mismo punto, aquellas palabras de Ronald.
Una familiar voz me saco de mi trance, me incorpore de inmediato en el banquillo, y trate de mirar entre la multitud, no estaba equivocada, era Lizzy, Lizzy acompañada de su criada personal, Paula me parecía que era su nombre. No me explicaba que hacia ahí, después de todo, la cubierta de la popa era la que estaba destinada a la segunda y tercera clase.
Me estaba buscando, cada fibra de mi ser me lo decía, así como me decía que corriera, si lograba encontrarme me llevaría con ella, con Ciel, con el demonio.
Salí de ahí como pude, escabulléndome entre la gente, pero no fue suficiente, escuche como Lizzy exclamaba al verme. Corrí, corrí lo más rápido que pude, pero termine acorralada en un pasillo atestado de gente.
- Jill!- me llamo dándome alcance- Porque corrías?- me pregunto
- Gommen Lizzy Ojousan- le dije- recordé que tenía algo que hacer
- Creí que me estabas evitando- me dijo con una dulce sonrisa en su rostro, trate de fingir tranquilidad ante ella- Jill, esta noche vendrás no es así?- me pregunto de pronto
- A donde?
- Esta noche hay una cena de gala y un baile en el salón de primera clase... verdad que vendrás con nosotros?.. Mi hermano me ha pedido que te invitara
-Edward!- exclame con sorpresa, estaba por negarme a su atenta invitación pero después lo considere un poco, asistir a esa fiesta me acercaría mas a la sociedad de la aurora. - Esta bien, estaré ahí al anochecer
- Whaaa! De verdad!
- Hai- respondí sonriéndole
- Ven con nosotros ahora!- me suplico
- De...demo- intente excusarme, pero que opciones tenia, volver al camarote o irme con ella- Esta bien- le respondí suspirando con resignación.
Cuando llegamos, madame Frances se quedo mirándome fijamente. Ya sabía lo que esa mirada significaba. Pero... esa noche necesitaría mi ropa para tener mayor agilidad... aunque, con el vestido, podría llevar la katana oculta sin que nadie supiera. Además de que el olor a demonio se ocultaría debajo del perfume que madame Frances me echaría encima.
- Parece que estas muy resignada el día de hoy?- me dijo cuando me estaba apretando el corsee
- Es solo que no puedo asistir a una fiesta en primera clase si no luzco decentemente- le respondí
- Parece que comienzas a entender- respondió con una sonrisa satisfecha dándole un fuerte tirón a los cordeles del corsee- Esto lo hago para resaltar mas tu delgada figura
- Me... voy a quedar...sin aire- le reclame entrecortadamente
- Tonterías, ya te acostumbraras; Entre mas especial sea la ocasión, más ajustado debe ir el corsee
- Pero... es lo mismo cada noche...Ouchh!.. Que puede tener de especial esta ocasión?
- Bueno, vamos a la mitad del viaje, además, no todas las noches es lo mismo
Seguía sin entender, para mí era siempre igual, una cena, los músicos tocan, la gente se reúne en el salón, bla bla bla, los hombres hablan de negocios mientras beben brandy en el salón de fumadores. Cada noche era así, no hacían nada mas, deberían de disfrutar el viaje, después de todo, jamás se completaría.
- Debería de hacer algo con ese collar que usas- me dijo la marquesa- tal vez tenga algo más apropiado aquí- agrego buscando un joyero en sus cajones
- Ni pensarlo- le dije volteando a verla, ella solo me miro fijamente- Esto... fue un regalo de mi hermano, no me gustaría dejarlo por ahí y perderlo. Onegaii- le suplique mirándola fijamente
- Tranquila, se qué hacer con él- me dijo quitándolo de mi cuello y atándomelo a la muñeca- Sera un lindo accesorio y nadie se percatara, para la elegancia no hay que tener sentimentalismos- agrego tomando una gargantilla de un color azul brillante- Esto combinara perfectamente con el vestido
- Esto?- pregunte al ver como se dirigía al armario- Esta habitación mide más que mi camarote, como pueden tener tantas secciones... y cubierta privada?- murmure
- Esto es lo que usaras esta noche- me dijo mostrándome un hermoso vestido azul, con detalles en beige, y listones, era un poco más llamativo de lo que normalmente me ponía, pero de verdad me agradaba ese vestido.
Madame Frances término de vestirme y arreglar mi cabello, al mirarme al espejo no podía creer que fuera yo, mi cabello estaba peinado con una media coleta alta, y los mechones de mi cabello que quedaron sueltos estaban rizados. El maquillaje era discreto y fresco, incluso me agradaba, cosa rara en mi. Y aquella gargantilla le daba un toque especial a todo.
- De... de verdad soy yo? - le pregunte
- Me siento tan orgullosa y satisfecha de lo que he hecho contigo hoy... que incluso podría llamarte hija.
No pude evitar mirarla con sorpresa, esperaba cualquier cosa, pero no que me dijera eso, después de todo, madame Frances tenía un lado amable.
- Así es, te llamaría hija- me dijo suspirando- Se que Edward tiene un interés especial en ti- Agrego sonriéndome- Pero no permitiré que alguien me lo arrebate tan fácilmente.
- Después de todo, madame es una madre muy protectora- le dije sonriendo- Gracias- agregue abrazándola y saliendo
- Espera- agrego sacando un par de guantes largos de color beige con listones azules de una caja- Usa esto
- Bien- dije a punto de cruzar a puerta- Madame!- exclame de pronto... no sabía si continuar... si lo hacía quebrantaría una regla muy importante del mundo shinigami, y me podía llegar a costar mi expulsión permanente - Madame... esta noche...
- Ocurre algo?
- Esta noche... por favor tenga su espada con usted todo el tiempo- le dije- Usted y los demás miembros de su familia- sabia que ella, Edward y el marqués no tendrían problemas, mi preocupación era Lizzy.
- Pero... por...
- Es... solo un presentimiento... bajare a mi habitación por mi katana también- agregue saliendo rápidamente
Baje a la cubierta de segunda clase, había avanzado rápidamente por los pasillos evitando toparme con Ciel y Sebastian. Cuando entre al camarote Ronald estaba literalmente desperdigado en su cama, incluso se había dormido sin camisa. "jamás pensé que fuera tan desordenado para dormir" pensé tomando mi katana.
- Oee... Ronald!- lo llame tirándolo de la cama
- Naniii?- exclamo aun somnoliento- Woah!, despierto y lo primero que veo es una linda chica de primera clase frente a mi- agrego levantándose- Y dime linda- me dijo sentándose en su cama- Como te llamas?
- Soy yo pedazo de idiota!- le reclame dándole un golpe en la cabeza con la katana
- Ouchh!- se quejo, después me miro con un solo ojo- De verdad eres tú?- me pregunto- Y yo que creí que una linda chica me había venido a ver
- No tienes tanta suerte- le dije
- Quien te hizo eso?- me pregunto, al parecer estaba sorprendido- Quien haya sido debe de ser dios...- agrego mirándome de arriba a abajo
- Deja de mirarme así... me siento incomoda- le reclame
- Te aseguro que si fuera el demonio no te molestaría- me insinuó
- Déjate de tonterías- le dije intentando no sonrojarme- Espero que no te vuelvas a dormir- le dije saliendo de ahí para regresar a primera clase.
Estaba anocheciendo, llevaba conmigo tanto mi libreta como mi katana, perfectamente ocultos bajo el vestido. Me dirigí camino al comedor. Solo esperaba no tener dificultades para encontrar la mesa donde estuvieran, aunque si lo pensaba un poco, siempre se sentaban donde mismo, y cerca de las ventanas del salón comedor, aunque... algo alejados de la puerta principal. "Solo espero no tropezar mientras camino", pensé aproximándome a la puerta.
Apenas me iba aproximando y un encargado me abrió la puerta antes de que la tocara. Me hizo una señal de bienvenida con la cabeza. Le respondí de igual manera. Y recorrí todo el salón con la mirada. Afortunadamente los encontré rápido, estaban en la misma mesa gracias al cielo, charlaban entre ellos, Lizzy se veía alegre de poder estar al lado de Ciel, y Edward, se mostraba celoso como siempre. Después mire que Sebastian y Snake estaba también ahí, supuse que no dejarían a Ciel el día de la reunión de la Sociedad de la Aurora.
Sentí un hueco en el estomago, estaba demasiado nerviosa, justamente en este momento me resonaron las palabras que Ronald me había hecho esa mañana. Pero no me podía quedar ahí, y no podía huir, mi única opción era avanzar hacia esa mesa.
Sebastian fue el primero que se percato que me aproximaba, de inmediato se lo dio a conocer a todos los presentes en esa mesa. Los cuales me miraron con sorpresa, Lizzy se veía emocionada, Ciel se había quedado sin palabras, y Edward no podía esconder la impresión que se había llevado y tenía marcada en el rostro. Igualmente, conforme avanzaba varias miradas se posaron en mí, murmuraban entre sí, hubo quienes decían que no podían creer que yo fuera pasajera de segunda clase.
Edward se puso de pie cuando estuve cerca, y me tendió su mano ofreciéndome una silla.
- La esperábamos Lady Sutcliff- me dijo Sebastian recorriendo la silla hacia atrás
- Gracias- dije ofreciéndole mi mano a Edward
- Estamos honrados de que pueda acompañarnos esta noche- me dijo besando mi mano
Tome asiento en la silla que me ofrecían, mientras Sebastian la recorría nuevamente dejándome a una módica distancia de la mesa.
Fue una cena tranquila, Lizzy exclamaba acerca de cómo me veía, y de lo impresionad que estaba, Ciel aun no asimilaba la sorpresa, mientras que el marqués y la marquesa charlaban también conmigo, Edward no evitaba balbucear y tartamudear cuando me dirigía la palabra.
- Ciel, me acompañaras a la reunión después de la cena verdad?- le pregunto Lizzy
- Reunión?!- exclamo Ciel
- Así es... esta noche harán una reunión en el salón principal- respondió emocionada
Ciel no respondió nada, solo me miro fijamente, y después miro de reojo a Sebastian. El cual solo asintió levemente con la cabeza.
- Este bien- le respondió- Iré contigo
- Whaaa! Que emoción, qué emoción!- Exclamo abrazándolo del brazo
Edward miro a Ciel con celos mientras se marchaba con Lizzy, seguido de Sebastian y Snake.
- Deberíamos de ir también- me dijo Edward desviando la mirada mientras me tendía su mano
- Eres un hermano bastante celoso y protector- le dije sonriendo mientras tomaba su mano
Ambos nos dirigimos al salón. Me sentía nerviosa, todas las miradas de los ahí presentes estaban sobre mí. Inconscientemente me apegue mas al brazo de Edward buscando algo de refugio.
- Luces asustada- me dijo tartamudeando un poco
- Cualquiera se asustaría con la mirada de toda la gente sobre ti
- Cuando una dama de primera clase se te queda viendo es solo por dos cosas, Te admira o te envidia... En cambio si es un caballero es porque le causaste admiración... o tiene un interés especial en ti.
- Interés especial?.. Deja de bromear- le dije sonrojándome un poco y desviando la mirada
- No bromeo- me dijo sonriéndome- Te has visto en un espejo?.. Cualquier caballero que te vea esta noche se enamoraría de ti.
Lo mire sorprendida, el por su parte se sonrojo completamente cuando lo mire. Estaba a gusto con él, pero, esas palabras habían desatado nuevamente la tormenta de sentimientos encontrados y confusiones que me estaba matando.
- Etto- murmure nerviosa- Lizzy me dijo que iba a América por vacaciones no es así?- le pregunte
- Así es, creo que no sé cuáles son tus razones todavía?, Si es que me las puedes confiar
- Oye- le reclame- Acaso insinúas algo?
- Claro que no- me respondió nervioso
- Estoy aquí por razones de trabajo, suelo viajar mucho, he conocido muchos sitios
- Trabajo?... Cuál es tu trabajo?... Mi madre me dijo que esta noche trajera conmigo mi sable... ya que tú se lo habías advertido; acaso pasa algo malo?
- Es solo un mal presentimiento- me excuse- a veces es mejor escuchar a los presentimientos no lo crees?- dije mirando Un elegante reloj que estaba en las escaleras, Eran exactamente las 11:15 de la noche. Muy pronto comenzaría la reunión de la sociedad de la Aurora. ME sentí culpable de no poder darle explicaciones a Edward, pero tarde o temprano tendría que salir huyendo como si de cenicienta se tratase.- Deberíamos de buscar a Ciel y a Lizzy no crees? - le dije avanzando unos pasos.
- Donde demonios se habrán metido!- Exclamo con celos buscando con la mirada por los alrededores- Arrggg! Maldito mocoso!
- Tal vez si nos separamos lo encontremos mas rápido, es un barco, no pudieron ir muy lejos.
- Iré a buscarlos en la cubierta- me dijo subiendo las escaleras
Eso fue sencillo, al menos el nerviosismo que Edward intentaba ocultar, lo disimulaba con los celos que sentía hacia Ciel. Y lo había usado de pretexto para poder salir a despejarse la cabeza un rato. Por mi parte me quede en el salón, aun sentía levemente la presencia del demonio en ese lugar.
Sentí una gran presión en el pecho, nuevamente comencé a sentirme terriblemente confundida. No sabía si de verdad me quería acercar al demonio. Después de todo, sabía que esa noche un camarero se pasearía por la sala ofreciendo copas vacías, y esa sería la señal de que la reunión estaba por comenzar, no necesitaba de Sebastian ni de Ciel para marcharme de ahí. Di varios pasos hacia atrás. Pero me detuve al chocar con alguien.
- Que no sea quien creo...- murmure
- Que no debe ser my Lady- me dijo Sebastian mis espaldas
- Nadie- dije sin voltearlo a ver
- Parece que me está evitando- me dijo al oído
- Mide tu distancia- le reclame- estas demasiado cerca para ser un mayordomo, recuerda que estoy como invitada en este lugar.
- Anoche no parecía molestarle tanto- susurro
- No recuerdo nada de lo que paso anoche- le mentí
- My lady si está preocupada por lo que paso en su habitación...
- Cállate!- le reclame sonrojándome- No... No quiero saber nada de eso entendiste- agregue marchándome de ahí a la segunda planta del salón para salir de ahí. Necesitaba aire fresco, no me importaba el frio que estuviera haciendo afuera. Sebastian me dio alcance una vez que estuve afuera, donde nadie nos molestaría.
- Acaso está molesta por lo sucedido anoche?- me pregunto
- No recuerdo nada!- le reclame- solo que te quedaste recostado, y que me dormí en cama de Ronald. Y las malditas pesadillas.. Es todo
- My lady, fue usted la que vino buscando refugio en mi a causa de sus malos sueños.
- Nani?!- exclame sorprendida
- Anoche llamaba incesantemente a su hermano, tenía la camisa empapada de sudor, por eso de la quite después de vendar mis ojos, ya que podría hacerle daño. En cuanto a su collar, también lo quite para permitir que pudiera respirar mejor. Ambas cosas estaban en el rincón de la cama de su compañero.- dijo tranquilamente- Después me aproxime a usted para ver como estaba, y se aferro a mi cuello creyendo que era su hermano, por eso es que la lleve mejor a su cama, supuse que a su compañero le molestaría tener mi esencia en su cama.
Lo miré seriamente, por lo menos estaba más tranquila después de su explicación, ya que jamás me había mentido. Pero no me quitaba totalmente la presión que sentía en mi pecho. Sebastian saco su reloj de su bolsillo y lo miro atentamente.
- Parece que ya casi es la hora my lady- me dijo seriamente- Iré por Bocchan
- Buscare una entrada- agregue entrando al salón
- Lady...- me llamo Sebastian pero no me detuve
Avance por la planta alta , siguiendo con la mirada a un camarero con copas vacías. Esperando a que alguien la tomara. Por fin, un hombre viejo vestido elegantemente tomo una. Lo seguí a lo largo de todo el pasillo de la segunda planta, hasta la sala de fumadores de primera clase.
Tenían demasiadas medidas de seguridad, lo primero era que en la entrada estaba un camarero ofreciéndote agua por 30 libras, cosa que era exagerado para simple agua, si alguien no lo podía pagar no era digno de estar ahí. Además estaba la contraseña.
- Tiene que haber otro modo de entrar a ese lugar- me queje para mí misma escondiéndome detrás de una columna- Vamos Jill piensa
- Ahhh! Pero que es esta hermosa visión que me he encontrado?- gimió alguien a mi espalda, sabia a quien pertenecía esa voz, sentí escalofríos en toda la columna mientras volvía la mirada, ahí estaba el, de pie tan elegantemente vestido, el vizconde Druitt- Ahh pequeño colibrí!, el destino ha querido unirnos en este viaje- volvió a gemir tomando mis manos y llevándose una a la frente para mover su cabello de forma vanidosa
- Etto...- balbucee nerviosa
- Oh por favor mi pequeño colibrí... acompáñame esta noche- me dijo sujetándome por la cintura con una mano y mi rostro con la otra.
- A...acompañarlo?- le pregunte nerviosa
El no respondió, solamente se aproximo a la sala de fumadores, y le dio 100 libras al camarero, argumentando que yo era su invitada, y que no era necesario hacer ninguna prueba de lealtad conmigo. " Al menos el vizconde ecchi me sirvió de lago esta vez" pensé al atravesar las puertas. Una vez dentro, Druitt trono los dedos, y un hombre de edad madura se aproximo. Druitt le dijo lago al oído, el hombre le entrego un broche de oro.
- Esto dulce colibrí mío, es la insignia del fénix- me dijo colocándomela en el pecho, tuve que ser muy paciente para no matarlo por tratar de sobrepasarse. Al menos uno de mis problemas había quedado atrás, ahora estaba dentro de la sociedad de la Aurora.
