Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía y uno que otro personaje.


Capítulo Beteado por: Dess Cullen


Capítulo 32

Señor y Señora Cullen

Edward

—El lazo es importante, hijo.

Mamá me mira de una forma tan severa, que tengo que bajar los hombros en completa rendición. Sostiene la corbata de lazo con ambas manos, asegurándose de que el nudo esté bien hecho y que no haya ninguna imperfección. Con una sonrisa triunfal y muy maternal, me lo tiende con la mano derecha.

—Gracias, mamá.

Dejo la pequeña corbata en la camisa antes de darle una última mirada a mi atuendo y cerrar la cremallera del traje. Mamá se queda en la puerta apoyada de brazos, observando mi rostro como si no creyera que fuese yo. Esboza una sonrisa antes de descruzarse y rodearme por la cintura. Es mucho más baja que yo, por eso tiene que inclinar la cabeza hacia arriba para mirarme los ojos. Su sonrisa no se ha borrado.

—No puedo creer que mañana vayas a casarte.

Sonrío devuelta.

—Yo tampoco

Lo único que hemos hecho en las últimas tres semanas, es organizar y coordinar los preparativos para la boda. Han sido semanas agotadoras y eso que pareciera que no fuera tanto, pero cuando te pones en ello, no terminas nunca. No hemos estado solos en esto, por supuesto, hemos tenido ayuda por parte de ambas familias. Emmett y Jasper me ayudaron con el tema de la luna de miel. Bella se llevó una grata sorpresa cuando le enseñé los dos pasajes a Berlín. Tuvo que mirar tres veces los pasajes en sus manos para cerciorarse que no era una broma. Ya arreglamos todo asunto en el trabajo, consiguiendo vacaciones post-boda por 15 días sin contar los fines de semanas, así que nos vamos por tres semanas fuera del país.

—¿Elif se quedó con ella, cierto? No te lo pregunté cuando llegaste —Se separa de mí, apartando el pelo de su cara.

Cierro la puerta del armario.

—Sí —Camino de regreso a la cama— como mañana nos vamos a Berlín y no se van a ver… —Mamá sonríe— Ya sabes que últimamente no pueden vivir la una sin la otra.

Mamá se cruza de brazos.

—Me he dado cuenta —Ríe— Bueno, me alegra que estén pasando tiempo madre-hija antes de la boda. No te preocupes por ella, sabes que sé controlarla.

Hago una mueca.

—Por favor, trata de que no llegue tarde a casa después del colegio o los fines de semana y que no descuide los estudios en nuestra ausencia. Que te avise a donde va y con quién.

—Edward…—Murmura— Lo sé.

Suelto un suspiro.

—Está bien, tienes razón. Es que es la primera vez que estaré tan lejos de ella tanto tiempo y estoy un poco nervioso.

Se acerca unos pasos.

—No te preocupes por nada —Me señala con el dedo— Disfruta tu luna de miel. Aquí todo va a estar bajo control ¿o no confías en mí?

Sonrío nervioso.

—Sí, claro que sí.

Esa noche duermo poco. Doy vueltas sin parar en la cama, logrando que el edredón caiga al suelo. Me quedo viendo la luz que entra en las esquinas de la cortina, deseando que el día llegue pronto. Estoy demasiado ansioso. Mientras más pienso en la boda, más paranoico me pongo. Tal vez soy solo yo y Bella esté durmiendo plácidamente. Con eso de que últimamente dormir es su cosa favorita en el día. A cualquier hora que la veo se duerme en mi pecho. A veces pienso que tiene anemia y no quiere decírmelo. Yo tampoco le pregunto ¿Eso significa que soy desconsiderado? ¿Poco preocupado? Demonios, creo que sí. Debería insistir cuando está pensando algo mientras me mira y no lo dice. Eso me frustra un poco, pero luego la veo sonreír y se me olvida todo.

Cuando Bella me sonríe o se ríe, pierdo la cabeza. Es el sonido de su risa lo que me vuelve loco, es su sonrisa lo que me deja totalmente encandilado. Y sus ojos de un verde intenso, que siempre brillan. Es imposible que no me pierda en ellos.

Bueno ¿qué más se puede esperar? Estoy enamorado.

Con un suave suspiro, doy otra vuelta en la cama, cerrando los ojos e intentando dormir las siguientes cuatro horas.

No, no logré dormir ni un maldito segundo.

Lo peor fue que Jasper y Emmett irrumpieron en mi habitación a eso de las seis de la mañana para lanzarse encima y repetirme que hoy seré un hombre casado. Creo que sentí huesos rotos cuando el cuerpo de mi hermano cayó encima de mi brazo, sin embargo, al cabo de unos minutos logré estabilizarme y estaba como nuevo.

Me doy una ducha larga, afeitándome la barba y utilizando una generosa cantidad de champú para el pelo. Huelo a jabón cuando salgo del baño. Tarareo una canción para controlar mis nervios y así no termino estropeando mi traje. Me da un poco de pena sacarlo del armario. Se ve tan liso y perfectamente planchado. Mientras abotono mi camisa, mis ojos caen directamente a la caja en la mesita de noche. Lo tomo entre mis manos, abriendo la tapita y encontrándome con las alianzas de oro que Bella y yo compramos. Son perfectas. Mi nombre está grabado en el de Bella y en el de ella el mío.

Alguien toca a la puerta.

—Adelante —Alice lleva una bata blanca y hay una cantidad infinita de tubos en su pelo. Trato de que eso no me cause risa. Sobre todo porque no está sonriendo ni nada— ¿Qué te pasa?

Aclara su garganta.

—Alguien te busca afuera.

—¿Quién?

—Ve por ti mismo. —Me aseguro de que el lazo está bien en su lugar antes de seguir a Alice. Bajamos la escalera en silencio. En la puerta se detiene para mirarme— Te juro que yo no tuve nada que ver con esto.

Frunzo el ceño.

—¿Con qué?

Me hace espacio para que pase y sigo frunciendo el ceño mientras salgo por la puerta. Creo haberme detenido abruptamente tan pronto veo la silueta de mi padre en la entrada de la casa. Luce desgarbado y su barba cubre prácticamente toda su barbilla hasta el comienzo de su nariz. Hay más canas de lo que recuerdo. No he visto a Carlisle desde hace demasiado tiempo y me parece que estoy frente a un desconocido.

—Hola, Edward —Saluda con voz cansada.

Me tomo un tiempo antes de responder, impresionado y un poco choqueado de verlo de nuevo.

—Hola

Le sigue un silencio terrible en el que ninguno toma la palabra. Aunque yo no sé qué decirle, tampoco sé a qué vino. Estoy empezando a desesperarme. Él lleva las manos a sus bolsillos haciendo un círculo invisible con la punta de su zapato, acercándose con duda.

—¿Cómo estás? —Suena nervioso. Jodidamente nervioso.

Trago con dificultad.

—Bien —Volvemos al silencio. Él me mira unos segundos para luego bajar la mirada al suelo. Encojo los labios— ¿Qué haces aquí?

Puedo haber sonado brusco, pero no me importa.

Toma una profunda inspiración.

—No vine a atormentarte ni arruinarte este día. Solo… sé que vas a casarte hoy —Parpadea rápidamente y veo más arrugas alrededor de sus ojos claros— Quería desearte buena suerte, con toda honestidad. Estoy muy feliz de que estés formando una familia.

Me quedo de pie sin saber muy bien cómo reaccionar a eso. Me doy cuenta ahora que cuando una persona pierde la confianza en otra, cualquier cosa que dice empiezas a dudar. Eso es justo lo que estoy sintiendo en este momento. Él lo dice con un tono de sinceridad, pero ha mentido tanto y ha causado tanto daño… que bien puede ser un experto fingiendo, así que no creo en su modestia.

Levanto el mentón, mis ojos entrecerrándose a causa del sol.

—Okay —Es lo único que sale de mi boca.

Vuelve a mirar sus pies. Tengo la sensación de que va a dar media vuelta e irse, pero se queda como un perrito al que han castigo por hacer alguna travesura. Él sabe muy bien lo que hizo y todo lo que perdió. Así como también sabe que no puede esperar nada de mí. A lo mejor es su intento de acercarse, un modo de disculparse. Él está muy equivocado si piensa de esa manera.

—¿Cómo está… Elif? —Me pregunta, cortándosele la voz al nombrarla. Eso es lo único que me hace trastabillar. La forma en que la nombra y su rostro se encoge con culpa. Sin embargo, no voy a dar mi brazo a torcer.

—Bien —Contesto sin ánimos de agregar nada más.

Asiente con la cabeza, soltando un suspiro.

—Tiene que estar convertida en toda una señorita —Él le sonríe a la nada— Hace mucho tiempo que no la veo.

Me muerdo el interior del labio, el sol comenzando a incomodarme. La campana me salva cuando Emmett sale por la puerta. Nos mira a ambos y sabe que tiene que interrumpir. Ellos empiezan a hablar y yo me excuso para entrar a casa sin despedirme. Suelto un desagradable suspiro, dándome cuenta que el dolor y la impotencia siguen allí, calando en lo más hondo. Ojalá algún día ese malestar que llevo se disipe, desaparezca. Ojalá pueda vivir algún día sin sentir tanto rencor.

Si es que eso es posible.

Bella

Mamá termina de amarrarme el pelo con un peine de zafiro. Perdí la cuenta de la cantidad de horquillas que han metido en mi cabello, eso sumado a que no me dejan moverme para no estropear el peinado. Estoy comenzando a desesperarme, más de lo que llevo desde que me levanté esta mañana. Y eso que olvidé mencionar que tengo a Nessie dándole los últimos retoques a mi maquillaje. El rubor está causando un poco de picor en mi nariz.

—Listo, Bella. ¡Estás perfecta! —Mamá sonríe de forma maternal, juntando sus manos delante de su cara— ¡No puedo creer que mi hija esté por casarse!

—Es la segunda vez que se casa, mamá —Interrumpe mi hermana, ganándose una mala mirada de ella— ¿Qué? Es la verdad.

—¿Podemos obviar ese desafortunado hecho en la vida de tu hermana, Nessie? Gracias.

Nany llega a la sala, mirándome igual que mamá.

—Oh, cariño. Eres la novia más hermosa que he visto.

Inhalo todo el aire que nos rodea, exhalando con un temblor en mi voz. Paso mis manos por entre la tela de mi vestido, tratando de calmarme. Rose fue mi apoyo en el tema del diseño. No quería algo demasiado despampanante pero tampoco algo sencillo. Ella me dio varias opciones, quedándome con lo que llevo puesto. Es un vestido blanco de una sola pieza, su tela es de gasa con un bonito cierre a corsé en la espalda. Lleva una flor en la correa del hombro así como una banda de raso en la cintura.

Nessie vuelve a invadirme el rostro con la brocha.

—Por cierto ¿dónde está Elif? Pensé que se había quedado contigo anoche. —Me dice, concentradísima en mi cara.

Cierro los ojos.

—Sí, lo hizo. Se ofreció a buscar el ramo a la florería. Por esa razón Rose se fue, así la alcanza allí y la trae conmigo —Insinúo una sonrisa— Tienes que verla, se ve hermosa.

Nessie se ríe.

—Es una Swan como nosotras también ¿no? Obviamente es hermosa.

Me río devuelta.

Cuando termina me tiende el espejo para ver el resultado final. Y… realmente me gusta. Me sorprendo un poco verme vestida de blanco. No puedo evitar una sonrisa, tampoco el escozor rápido en mis ojos, razón por la que Nessie aparta el espejo advirtiendo que no llore, porque así estropearía su trabajo. Vuelvo a sentarme en la silla controlando el impulso de largarme a llorar. Nunca he dominado las lágrimas de emoción. Aparecen sin que puedas hacer nada. Sin embargo, tampoco quiero casarme con el rímel corrido alrededor de mi cara. Mamá me tiende un pañuelo de papel, cosa que agradezco. Me sirve para limpiarme las esquinas de los ojos con cuidado.

La bocina del auto de Rose nos avisa que Elif ha llegado.

Mentí cuando dije que se veía hermosa, esa palabra es muy pequeña para ella.

Su vestido de encaje amarillo le llega casi a la rodilla. Es holgado y con cuello redondo sin mangas. Le adhirió una diadema de flores en el pelo de un tono amarillo vainilla y su pelo cae en ondas perfectas hasta sus hombros. Sus zapatos son bajos, no necesita verse más alta. Ella salió como Edward aunque por supuesto, sigue siendo mucho más baja que él.

Sonríe cuando me ve, agitando el ramo de peonias en el aire.

—Aquí está tu ramo. Ten cuidado con el listón que le pusieron, creo que está un poco suelto. —Recibo el ramo mientras su mirada se pasea en mí— Bella… te ves… preciosa.

—No más que tú —Le guiño un ojo. Sonríe y eso produce que inmediatamente recuerde lo que tengo pensado hacer. Remuevo mis dedos con inquietud, poniéndome de pie para caminar un poco. Elif pronto se ha ido a la cocina con mi madre, dándome tiempo de acercarme a Nessie sin problemas— ¿Puedes hacerme un favor? —Termina de guardar el maquillaje, mirándome— ¿Le dices a Elif que suba a mi antigua habitación? Solo… espera diez minutos y se lo dices.

Nessie frunce el ceño pero promete hacerlo.

Subo la escalera tomándome el vestido. Estoy haciendo tiempo con esos diez minutos para poder prepararme. El suelo cruje cuando entro rápidamente, pellizcándome la piel de las manos con nerviosismo. No quiero irme de luna de miel sin decírselo. No quiero esperar tres semanas más para que se entere. He estado aguantándome las ganas de contarles a todos sobre mi embarazo y ya no puedo más.

Estaría vomitando si no lo hubiese controlado ya.

Por suerte llevo algunos días sin vómitos. Durante estas últimas semanas, no hacía más que vomitar por las mañanas, tardes y noches. Eso sumado a los variados mareos y sueño excesivo. En varias oportunidades quise tirar el secreto por la borda y decírselo a Edward, pero me contuve. Me siento en el borde de la cama, mirando hacia un pequeño orificio en la pared de concreto, sucia y destartalada. Muerdo el interior de mi labio con desesperación.

Los diez minutos pasan sin que me dé cuenta y pronto escucho la puerta abrirse.

—¿Me estabas buscando?

Cierro los ojos, rascándome la frente y poniéndome de pie para mirarla.

—Sí, cierra la puerta, por favor.

Lo hace y me vuelvo a la ventana.

—¿En qué momento subiste? La abuela me estaba diciendo que quiere hablarnos abajo, pero luego Nessie me dice que estás acá y… ¿Estás bien?

Me doy la vuelta.

—Sí

Tengo comezón en la cabeza a causa de las horquillas y no puedo hacer nada contra eso. Ella empieza a mirar mi habitación –o ex habitación- como si no la conociera. Ni siquiera recuerdo si alguna vez entró aquí antes. Aprovecho para mirar otra vez hacia la ventana, tomando el valor y buscando las palabras adecuadas en mi mente mientras Elif sigue observando todo con peculiar interés. ¿Cómo puedo decírselo sin darle muchas vueltas? ¿Cómo puedo asegurarle que la voy a amar con todo mi corazón sin importar nada? ¿Qué no podría amarla menos? ¿Qué ella es lo más importante para mí?

Mis dedos tiemblan en mi brazo, sintiendo el aire apretarse en mi garganta.

—¿Mamá? —Un hormigueo da vueltas en mi estómago. Ha sido fácil acostumbrarme a que me llame de esa forma, escucharlo por ella misma es más emocionante de lo que llegué a pensar antes, pese a que no lo hace todo el tiempo. Es la costumbre de haberme llamado Bella desde que me conoció. Decido que es hora de enfrentarla, tomando aire suficiente y dándole la espalda a la ventana. La veo sostener algo entre sus manos. Sus ojos buscan los míos de inmediato— ¿Él… es tu papá?

Me acerco para mirar la fotografía. Efectivamente ese es Charlie. Su bigote poblado, sus líneas severas en la frente. Se me eriza la piel de solo verlo.

—Sí, lo era. —Se queda callada. Ojalá pudiese leer su mente para saber lo que piensa de él. Estoy segura que no es nada bueno a juzgar por la forma tan desinteresada en que está mirándolo— Ven, Elif. Necesito que hablemos.

Tomo su mano y ella deja caer la fotografía a la caja en el suelo. Alguien debió de haber traído el álbum familiar acá, porque no recuerdo haberlo hecho. Nos sentamos en un banco alrededor de la cama. Su mirada de confusión me hace ponerme más nerviosa. Cuando la miro, lo único que quiero es abrazarla.

—¿Qué pasa? —Pregunta preocupada.

—Tengo algo que contarte.

—¿Es algo bueno o malo?

Tomo sus manos entre las mías.

—Algo bueno —Respondo, llevando su mano a mis labios y dejando un beso en ella— Bien, mira. Pensé que sería más fácil decírtelo pero no lo es, y no porque sea malo, sino porque no sé cómo vas a reaccionar…

—¿Reaccionar?

—Es un tema un poco complejo… o más complejo de lo que las personas creen que es porque…

—¡Bella, me pones nerviosa!

Jadeo.

—Estoy embarazada —Hago contacto visual de inmediato con ella, queriendo desesperadamente adivinar su reacción. Elif parece una muñeca inmóvil, mirándome a los ojos con aspecto poco convencional. Arrugando el entrecejo, sacude la cabeza de lado a lado— vas… a tener un hermanito.

Se suelta de mi mano en un parpadeo. Eso provoca un vacío en mi interior del que hago hasta lo imposible para que no se note.

—¿Estás…? ¿Tú…? —Ladea la cabeza, aun la confusión palpada en su rostro— Embarazada.

Mi estómago se retuerce.

—Sí —Contesto con dificultad. Aparta la mirada de mí para mirar al suelo. Junta sus manos y se queda en silencio. Un maldito silencio— No te quedes callada, por favor.

—No sé qué decir —Me contesta. Deja sus manos descansando en su regazo, su mirada perdida lejos de la mía.— ¿Cuánto tienes?

—12 semanas —Comienza a exasperarme el aislamiento que de un segundo a otro estamos teniendo. Tomo su mano nuevamente, entrelazándola con la mía— Mírame —Tarda un poco en hacerlo, pero sus ojos han vuelto a los míos en un par de segundos— ¿Sabes que tu papá y yo te amamos por sobre todas las cosas, verdad?

—Lo sé

—Y sé que entiendes que las cosas van a cambiar ahora, pero no de la forma en que crees.

Se muerde el labio.

—¿Papá lo sabe? —Niego— ¿Se lo vas a decir hoy?

—Después de la boda —Contesto y vuelve a apartarse lo suficiente para que sienta otra vez ese vacío— No, no hagas eso.

—¿Qué cosa?

—No te alejes así de mí.

—No lo hago, mamá. —Suena sincera, cosa que me alivia tremendamente— Estoy un poco desconcertada. Bueno, un poco no, bastante diría —Suelta una risita nerviosa, volviéndose a mí— No me mires así, no estoy enojada contigo.

Me siento agobiada.

—Ven aquí —Envuelvo mis brazos alrededor suyo, cuidando de no estropear su peinado y buscando una manera de sentirla cerca, como si así fuera suficiente— Eres… muy importante para mí ¿sabes? —Formo una pequeña distancia, sosteniendo gran parte de su cara con mis manos— No olvides eso nunca.

Elif sonríe, pero no es una sonrisa que llegue a sus ojos.

—Tú también eres importante para mí.

Aun así mi pecho se acelera, porque cuando la miro -para mi terror- veo algo de tristeza.

Supongo que estará pensando todo lo que este bebé tendrá, que ella siempre ansió. Un papá y una mamá; incluso una hermana mayor. Pero una vez todos juntos, sus años de sufrimiento se verán compensados. Pasaré mi vida en ello.

.

Cuando bajamos, un poco más tranquilas, mi madre está de pie en la puerta. Nessie señala algo con el dedo, haciendo muecas con la boca que no entiendo. Me tomo el vestido con las manos para no caerme en el último escalón cuando noto la presencia de alguien que no reconozco. Lleva un traje oscuro y no necesito que me expliquen de quién se trata. Deduciendo por las mejillas sonrosadas de mamá, es algo bastante evidente. Nany luce circunspecta aclarándose la garganta. El hombre junto a mi madre toma la mano de mi abuela en un gesto amable.

—Usted tiene que ser G…

—Grace Higginbotham, un placer. ¿Con quién tengo el gusto?

Reprimo una sonrisa y Elif me codea. He olvidado que todavía no le comento nada. Mamá no ha dicho una sola palabra sobre lo que Nany nos comentó, solo mencionó una amistad con cierto amigo panadero.

—Un gusto señora Grace. Mi nombre es Eleazar Dwyer.

Él es alto y moreno. Aparenta ser mayor que mamá, pero no demasiado. Sus ojos son de un color ámbar y su voz es demasiado calmada. Mi madre se remueve en su lugar, mirando de mí a Nessie todo el tiempo. Es como si esperara que opináramos al respecto. No sé qué decir. Todavía ni siquiera hemos intercambiado alguna palabra.

—Ella es mi hija mayor, Bella —Le señala a Eleazar.

Él se vuelve a mí, mirándome de pies a cabeza.

—La hermosa novia. Un gusto, Bella —Alarga mi nombre en sus labios.

Mamá interrumpe para presentar a Elif y a Nessie. Ésta última tiene los ojos entrecerrados, contestando a su saludo con un seco hola. No estoy segura si eso significa que no le gustó o solo se está haciendo la difícil.

Después de una corta conversación en torno a Eleazar, en el que Nany chismorrea hasta su estado civil, llega la hora de irnos. Jake está esperándonos sentado al volante en un esmoquin perfectamente planchado. Logramos conseguir un auto para llevarme, pese a mi insistencia de tener la camioneta, pero en ella no alcanzábamos todos. Nos agrupamos como sea dentro, todas tratando de no estropearme el vestido. Nany se sienta al lado de Jacob para sostener su bastón y así no nos pincha en el ojo de camino.

Antes de partir, ella me pregunta:

—¿Lista para dejar de ser una Swan políticamente hablando?

Me falta el aire, la ansiedad acabando conmigo.

—Más que lista.

La entrada a la cabaña es realmente espectacular. No tengo otra palabra más adecuada que esa. Tal vez sí, tal vez fenomenal se le ajuste más. Esto es todo gracias a Alice, Rose y Nessie, a las cuales voy a hacer un altar tan pronto regrese de mi luna de miel. Hay un caminito lleno de tiernas azucenas sobre una alfombra blanca en el piso, del que no quiero ensuciar con mis tacones. Nos quedamos de pie esperando que Nessie vaya a avisar que hemos llegado. Sostengo con tanta fuerza el ramo que temo estropearlo todo y que las flores terminen cayendo alrededor del piso. Eso dura hasta que siento la mano de Elif en la mía, regalándome una sonrisa. Sus ojos tristes fueron sustituidos por unos llenos de ansiedad. Estoy casi segura que los míos se ven igual.

—¿Estás nerviosa?

Suelto un jadeo.

—Sí, me tiemblan las manos.

Presiona más la suya en la mía para que deje de hacerlo.

—Te quiero, Bella.

Suspiro.

—Y yo a ti, mi tesoro. —Deja un beso en mi mejilla antes de que Nessie regrese a toda prisa.

Es Jacob quien me ofrece su brazo. Su sonrisa me hace sentirme menos nerviosa y me entrelazo a él como si fuese un modo de protección. Los demás caminan delante de mí. No es una especie de altar como en la iglesia, pero me siento como tal. Reconozco a la mayoría de los que están de pie cerca de sus sillas. Por un lado la familia de Edward, que no hace más que agitar su mano para saludarme, veo a Tanya, Reese. Ángela y Eric. Al resto de mis compañeros de la emisora. Veo a Ethan y a Casey, a Hanna en medio de los dos. A mi familia acomodándose rápidamente. Y lo veo a él. De pie junto al juez.

Quiero largarme a llorar de emoción.

Y sin siquiera hacer ningún esfuerzo, mi vida pasa por mi cabeza en un par de segundos. Es como un golpe derecho al pasado, una ventana a los recuerdos vividos, tanto buenos como malos y cuando regreso, me encuentro de pie delante de toda esta gente que me regala una sonrisa. Estoy sintiendo el palpitar acelerado de mi corazón.

De pronto, ya no soy la Bella sola e independiente que se desvivía trabajando. El trabajo dejó de ser mi prioridad. Ahora soy mamá y dentro de poco esposa.

Y estaba completamente lista para no dejar de serlo nunca.

Edward esboza una sonrisa en su lugar, inclinando su cabeza hacia mí. Incluso en la distancia, puedo notar el color de sus ojos.

Agradezco tener a Jake como escudo, porque de seguro estaría tropezándome con los tacones. Estos son peep toe con una cinta en forma de moño en el centro. Me aferro a la tela del esmoquin, tratando de concentrarme en el camino ¿Hay una manera mejor de explicar lo nerviosa que me siento? No puedo controlar mis manos.

—Te ves preciosa —Murmura Edward a mi lado, tomando mi mano para acercarnos hasta el juez.

Nos tocó un día increíble. Eso nos permitió –o más bien, les permitió a las chicas- sacar las sillas y mesas afuera. Ellas no dejaron que ayudara, por más que insistí en vestirme acá tan pronto llegara, puesto que había una habitación con cuarto de baño.

La ceremonia comienza en un agradable silencio. Escucho el común discurso de "Estamos aquí reunidos para unir en matrimonio…" pierdo el hilo demasiado pronto. Se concede al momento de lectura de los invitados, sorprendiéndome un poco al ver a Alice. Ella dice unas cuantas palabras que emocionan a todos, recordando cuando nos conocimos y como sin querer, termine siendo parte de su familia. Que a pesar de la distancia que hubo, ella seguía queriéndome mucho. Creo que reprimí el sollozo varias veces con sus palabras. Ness y Nany también hablaron, incluida Tanya, que sacó varias risotadas.

El juez nos pregunta a cada uno si queremos contraer matrimonio por nuestra propia voluntad y ambos decimos que sí. Mi sonrisa se ensancha y Edward presiona mis nudillos con sus manos. El intercambio de anillos me produce más llantina que todo lo anterior, porque en cuanto veo a Elif con los anillos sobre un suave algodón, lo único que quiero es soltar el sollozo apretado en mi garganta. Ella nos sonríe a los dos, de pie cerca de nosotros.

Edward se dirige a mí tomando mi mano izquierda. El juez permite que recitemos los votos tradicionales, pese a que no es una ceremonia religiosa. Su mirada me contempla mientras mueve los labios en el micrófono. Escucho el suave "prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida" y estallo. No puedo controlar más las lágrimas. No lo veo como solo una firma que nos mantendrá unidos de por vida. A mi parecer es su forma de decirme "Sí, Bella. Te perdono. Te perdono por dejar que pasara tanto tiempo. Te perdono por darte por vencida tan pronto. Te perdono porque no hay modo de volver atrás y reparar los errores ni los daños". Y tal vez, era hora de que yo repitiera esas palabras a mí misma de una vez por todas.

Cuando me toca decir los votos, me trabo un poco por la emoción, pero salgo victoriosa de todo, arrugando la nariz a la sonrisa divertida de Edward por, probablemente, mi rostro manchado con el maquillaje.

Intercambiamos los anillos, viendo a Elif tan emocionada como nosotros.

Luego firmamos tanto Edward y yo, como Emmett y Nessie, los testigos. El juez toma entre sus manos los papeles, dirigiéndose a nosotros.

—Los declaro unidos en matrimonio.

Edward sostiene mi rostro, dejando un suave beso en mis labios. Escuchamos los aplausos a continuación, pero sinceramente, no tengo cabeza para prestarles atención. Muevo mi labio inferior junto al suyo, presionándome hacia él, mi pulgar sobre su mentón. Edward empieza a repartir besos rápidos, limpiando con cuidado las lágrimas de mi cara. Posterior a eso, nos volvemos a los invitados, que siguen eufóricos aplaudiendo. Pero Edward y yo solo tenemos a una persona en vista en este momento, así que la acercamos. Elif se pone en medio de los dos y la apretamos hasta que ella se echa a reír.

Los brazos de Nessie me rodean. Está igual de llorosa que yo, así que no me preocupo que fuera a regañarme. Luego mamá y Nany me invaden. Hay tantos brazos que recibo, que estoy un poco atontada al final.

.

—La ceremonia fue tan bonita ¡estoy tan emocionada todavía! —Esme aún tiene los ojos vidriosos.

Todos están de acuerdo con ella.

Sostenemos copas de champagne, alzándolas entre vítores hacia nosotros. Bebo un poco del líquido, dejando la copa llena en la bandeja. Edward me mantiene junto él, entrelazando nuestros dedos como si yo fuese a perderme. De todos modos, no me molesta para nada. Damos unas vueltas por el lugar, saludando a los de la emisora y a sus colegas del trabajo. El aire es tan agradable a esta hora de la tarde. La primavera comenzó y el clima cambió de inmediato.

—¿Me concede esta pieza, señora Cullen?

Al instante recuerdo la última vez que Edward repitió esas mismas palabras, en nuestra primera cita "¿Me concede esta pieza, señorita Swan?" la sonrisa que enmarco en mi rostro por llamarme con mi nuevo nombre, es inminente.

Presiona su mano en mi cintura. La mía descansa en su pecho mientras nos balanceamos en el apacible sonido del piano. Aspiro su loción varonil pegando mi frente en su hombro y Edward hace sonar un beso en el lóbulo de mi oreja, dejando un susurro.

—Te amo.

Eso me produce cosquillas y encojo el hombro con una sonrisa, encontrándome con su rostro tranquilo en la sombra.

—Te amo también.

Me toma de la mano dando vueltas en sincronía. Inclino un poco la cabeza hacia atrás para confirmar que no estamos solo nosotros bailando. Alice y Jasper también están en la pista, así como Rose junto a Emmett, Nessie y Jacob. Hasta veo como Eleazar sostiene la mano de mi madre para sacarla a bailar.

—¿Sabes que podríamos hacer?

Me acurruco más cerca de su cuerpo.

—¿Hm?

Sus labios rozan mi oreja.

—Cancelar todo e irnos ahora mismo a Berlín.

Suelto una risita.

—¿Estás loco?

—¿Tú no quieres?

Arrugo el entrecejo, pinchando su brazo.

—Sí, demonios.

Ahora es su turno de reír.

—Pues, siempre es buen momento para fingir dolor de estómago.

Ruedo los ojos. Somos interrumpidos por unas frías manos que se posan en las nuestras. Levantamos nuestros rostros, encontrándonos con la sonrisa de Emmett.

—No es que yo sea inoportuno, eh. Pero deberías cederme a tu querida esposa para un baile —Luego señala a Rose a su lado— Rosie quiere darte algunos tips de cómo tratar a tu mujer sin morir en el intento. —Edward suelta una carcajada, mirándome y preguntándome con los ojos. Paso de estar en los brazos de Edward a estar en los de Emmett. ¿Quién lo diría? A diferencia de su hermano, las manos de Emmett son corpulentas. Sus ojos son claros y pequeños. Desde que lo conozco, él siempre ha tenido una mirada traviesa, la misma que veo ahora en sus hijos.— Tienes que saber que cualquier idiotez que Edward haga, puedo patear su culo sin problemas.

Esbozo una sonrisa.

—Lo tendré en cuenta. —Contesto. Agito la cabeza con una sonrisa, causando que Emmett frunza el ceño— Lo siento, es que es extraño que estemos bailando. Ya sabes.

—Sí, ya sé —Damos un giro, mareándome— Creo que nunca te lo he dicho antes, Bella, pero lo lamento.

Asiento con la cabeza, un poco nerviosa.

—Lo lamento también… por todo.

Mueve la cabeza de la misma forma que yo.

—Bueno, bueno, no estamos aquí para estar tristes ¿verdad? Mucho menos la novia.

Bailamos un poco más hasta que nuevamente regreso a los brazos de Edward, sintiéndome flácida y cómoda al tener sus manos nuevamente en las mías, su aliento sobre mi piel.

—¿Todo bien? —Me pregunta.

Me pongo de puntillas y lo beso.

—Todo bien.

.

Nos sentamos en una mesa de dos y podemos ver desde aquí a los demás. Las mesas redondas llevan un delicado mantel en tono crema, al igual que las servilletas. Uno de los meseros dispone dos platos con machas a la parmesana delante de nosotros y otros platos con comida variada.

Hago una mueca a las machas, apartándolas de mi plato, sacando puré de patata con ciboulette y esquivando el pollo.

—¿Por qué ya no estás comiendo carne?

Dejo la cuchara de la ensalada en la fuente, haciendo caso omiso a su mirada inquisitiva.

Aún le tengo cierto asco a las carnes.

—No me apetece —Contesto— No soy buena para la carne de todos modos.

Hace una mueca.

—Mmm —Murmura masticando un trozo de pollo, cerrando los ojos— No sabes de lo que te pierdes. —Elif se nos une, buscando una silla y sentándose junto a nosotros. — ¡Ey, desaparecida! ¿Dónde estabas? No te vimos en el baile.

Sus mejillas se ruborizan.

—Fui al tocador. ¿Me perdí de mucho?

Edward mastica con exageración la comida, abriendo sus ojos hacia ella.

—Mucho. Tu madre y yo bailamos break dance. —Elevo mi ceja hacia él, que encoje los hombros.— No es cierto, pero hubiese sido tremendo ¿no les parece?

Ella se queda un poco más con nosotros, comiéndose las machas que aparté del plato y haciéndonos prometer traerle regalos de Berlín.

La música después de la comida es más animada. Desconozco totalmente quienes cantan la canción, pero al parecer todos la conocen. Edward tira a Elif hacia él, alzándola al aire mientras da una vuelta y ella termina soltando un gritito, luego ella me abraza y nos balanceamos con la música. Nessie y Jacob acaparan la atención de algunos, imitando de forma absurda un robot.

Tanya danza con una cerveza en la mano.

—¡Bella! —Gritonea por encima de la música— ¡Esto es tan genial! ¡Deberías casarte otra vez!

Me río de ella, que levanta los brazos y mueve las caderas sin parar.

—¡Creo que deberías ser tú la próxima!

Abre mucho los ojos, bebiendo otro sorbo de cerveza.

—¡Nooo! —Paul rodea a Tanya por la cintura, apretándola hacia él con brusquedad. Ella parece feliz por eso— Hola, bombón.

Se besan delante de mí y tengo que apartarme un poco. Luego Paul se disculpa conmigo antes de llevársela.

Al cabo de unas horas, me siento agotada y muy hinchada. Mi vestido me aprieta demasiado el vientre y estoy comenzando a impacientarme. Me incomoda el hecho de que no puedo sentarme para descansar. Edward y yo partimos el pastel cuando ya ha anochecido y la música sigue en su ritmo habitual, solo que los demás están demasiado cansados para seguir bailando.

A las diez entro a la cabaña para cambiarme el vestido. Nuestro vuelo no parte hasta dentro de una hora y media, así que tenemos tiempo. Me doy una rápida ducha en el baño de la habitación. Creo haber suspirado cuando logré quitarme el vestido. Elijo un conjunto negro en ropa interior y hago malabares para abrocharme el vestido por detrás. Sin embargo, no logro hacerlo completamente. Elif toca la puerta antes de entrar y ella me ayuda a cerrar la cremallera. Mi vestido azul es de un modelo simple con cuello redondo. Peino mi cabello y doy algunos toques de maquillaje a mi rostro.

Elif me mira desde su lugar, apoyando la espalda en la puerta. Le sonrío rápidamente y ella lo hace en respuesta.

—¿Te puedo decir algo? —Pregunta.

Guardo los cosméticos en el bolso de viaje.

—Claro que sí.

Muerde el interior de su labio, nerviosa.

—A mí nunca me gustaron las novias que papá tuvo… —Dice directamente— Las rechazada a todas, sobre todo a Irina. Bueno, ya sabes por qué. Pero a lo que voy, es que me pone muy contenta que seas justamente tú la que se haya casado con él—Sus mejillas se encienden.

Me quedo de pie estudiándola. Corto nuestra distancia para darle un abrazo, sujetándola por la cintura y viéndola a los ojos.

—¿Te puedo decir ahora yo una cosa? —Asiente con la cabeza— Me pone muy contenta que seas mi hija —Contesto— ¿Te he dicho que eres muy tierna y que te amo mucho?

—Lo sé

—Te voy a extrañar, bebé.

Me abraza de vuelta.

—Y yo a ti, y a papá.

Nos separamos y me ayuda a guardar todo lo demás en mi bolso. Mientras me arreglo los pendientes en mis orejas, vemos cuando Alice ingresa a la habitación a toda prisa. Sus mejillas están sonrosadas y parece demasiado alegre mientras cierra la puerta.

—Edward está esperándote, querida, y el taxi acaba de llegar. —Tengo mariposas en el estómago, igual que una colegiala. Es como si fuera camino a mi primera vez. Aunque, esa palabra no está destinada en mí a estas alturas de mi vida, no con una hija de 16 y otro en camino. Elif se ofrece a llevar mi equipaje al taxi, dejándonos a solas— Espero que disfruten mucho el viaje, Bells.

—Gracias, Alice.

Me rodea en un abrazo, apretándome los hombros con suavidad. Ella huele a flores y a lavanda.

—Lo que dije en la boda es cierto, Bella… te quiero.

Entrelazo mis brazos alrededor de su espalda.

—Yo también te quiero. Lo he hecho siempre.

Al cabo de unos segundos, nos separamos.

—De acuerdo, señora Cullen. Su esposo está esperándola para su luna de miel.

Me pongo un chal alrededor de los hombros para el frío. Empiezo a estrechar manos y recibir abrazos rápidamente. Nessie casi me asfixia con su abrazo y mi madre no deja de llorar. Creo que Nany es la única tranquila de las tres, recordándome cuanto me quiere. Edward alcanza mi mano antes de que vuelvan a zarandearme. Me sonríe con su mano presa en la mía. Luego me suelta solo para despedirse de Elif. Ella lo abraza por la cintura y él reparte besos por todo su rostro.

—Escúchame bien —Le dice, sosteniendo su rostro— Te vas a portar bien. Quiero que obedezcas a tu abuela en todo y no quiero que salgas hasta tarde. Tampoco vayas a faltar a la escuela. Voy a estar llamándote constantemente y también a casa para ver cómo estás. No creas que te la vas a llevar fácil.

Entrecierra los ojos hacia él.

—¿De verdad crees que voy a descontrolarme tan pronto tú y mamá tomen ese vuelo?

Edward se lo piensa.

—Sí —Bromea.

Se vuelven a abrazar, ahora con más intimidad. Él le dice unas cuantas cosas al oído y luego le da un beso en la mejilla.

—Bueno, déjame despedirme también —Tironeo de Edward hasta que me deja el camino libre. Elif y yo nos abrazamos otra vez, al igual que en el cuarto. A pesar de que ya nos habíamos casi como despedido, no es suficiente— Cuídate mucho, pequeña. Y llámanos cualquier cosa. ¿De acuerdo?

—De acuerdo. Voy a estar bien, no se preocupen.

Asiento, me inclino hacia adelante y dejo un beso en su frente.

Esme rodea a Elif por la cintura mientras nosotros nos subimos al taxi. Tanya agita los brazos entre saltitos con una serpentina de colores en la cabeza. Finalmente, cuando ya hemos subido, el chófer toca la bocina y el auto comienza a alejarse del lugar. Lo último que veo es a mi hija junto a Esme y a Nessie, despidiéndonos con la mano.

—Se fue —Susurro a Edward.

—¿Quién?

—Elif

Él sonríe, rodeándome y escondo mi cabeza en su hombro.

—Técnicamente, somos nosotros quienes se fueron.

Golpeo sin fuerza su pecho, sonriendo también.

—Oh, no lo arruines.

.

Llevamos más de 10 horas volando y debo decir que estoy… agotadísima. Mis pies se hincharon desde que me abroché el cinturón en el aeropuerto de Seattle. Creo que amo más a Edward ahora porque me ha soportado todas estas horas con mis quejas sobre el aire acondicionado y el dolor de espalda insoportable. Eso sin contar los diversos paseos de mi asiento al baño y viceversa para cambiarme el vestido por algo más cómodo. Según mi celular son las 9:30 am pero como la diferencia horaria con Berlín son de nueve horas, aquí son las 6:30 pm. Y yo estoy muriéndome por desayunar cuando aquí ya deben de haber completado las tres comidas del día.

El sol está comenzando a esconderse cuando cogimos un taxi. Ni Edward ni yo sabemos nada en alemán, pero de alguna forma logramos que el chófer nos lleve al hotel, solo porque lo tenemos anotado en una hoja. Pego mi cabeza en el respaldo, mirando por la ventanilla a Berlín en todo su esplendor. Creo haberme quedado dormida la mitad del viaje hasta el hotel, porque cuando pestañeo, Edward me tiene la mano sostenida, sonriendo y susurrando que es hora de bajar.

—¿Cómo es que entiendes todo ese rollo del dinero acá?

Él encoje los hombros.

—Practiqué bastante.

Mis ojos se cierran con cansancio cuando subimos por el elevador. Aun siento mis pies hinchados y tengo un terrible dolor de cuello. Quiero encontrar una almohada cómoda tan pronto ingresemos a la habitación. Sin embargo, me sorprende que esta no sea una habitación ¿cómo decirlo? Es un apartamento. Tiene una mini cocina americana, una mini salita de estar. La habitación contigua es lo más amplio, con una cama matrimonial lo suficientemente espaciosa, un baño con jacuzzi, un balcón pequeño… no sigo hurgando más, dejándome caer en el suave colchón de la cama. Edward deja nuestro equipaje en el suelo antes de sentarse junto a mí, su mano sobre mi pelo.

—Edward, esto es maravilloso —Balbuceo, girándome y parpadeando para no quedarme dormida.

—Sí, lo es.

No sé si él agrega algo más, no estoy consciente de ello. Caigo dormida profundamente encima de la cama. Me despierto con la habitación a oscuras y con una frazada alrededor de mi cuerpo. Doy un brinco al desconocer la habitación, pero solo dura unos segundos. Enciendo la lamparilla de luz, buscando cepillo dental y pasta en mi equipaje. Hago arcadas con el cepillo y me apresuro a terminar. Sigo teniéndole asco y he deseado que se detenga, porque no pienso comprarme una pastal dental de niños. Esa sí que es asquerosa. Me cambio la ropa del avión a una camiseta holgada y unos pantalones de chándal. Un atuendo para nada atractivo considerando que estamos en nuestra luna de miel.

Edward está en la cocina a espaldas de mí. Lo escucho cortar contra un tablero y estoy de puntillas rodeándolo por la espalda. Él suelta una risita, apartando el cuchillo y acariciando mis dedos.

—¿Qué estás preparando?

—Oh, no lo sé realmente —Se rasca la nuca— ¿Dormiste bien?

Él da una vuelta, tomando mi cadera para presionarme más cerca.

—Muy bien, lo necesitaba —Respondo, olfateando la cocina— ¿Puede ser que estés preparando pasta?

Encoje los hombros.

—Es la única cosa que sé. No quise ir por comida y dejarte sola.

—Oh, eso es muy dulce de su parte, señor Cullen.

Sacude su nariz con la mía.

—Usted es más dulce, señora Cullen.

Qué bien se escucha eso.

Paso un dedo por su brazo, subiendo a su manzana de adán y contemplando sus ojos en los míos. Se remueve a una velocidad demasiado rápida para girarme y quedar presionada contra el mueble de cocina. Aparto el tablero con Dios sabe qué cosas y me alza del suelo, sentándome y mis piernas rodeando su cadera. Empiezo a repartir pequeños besos en su cuello, subiendo a su barbilla y mordisqueando su labio. Edward aprieta mi brazo con su mano a la vez que suelta un suspiro tembloroso. Cubre su boca en la mía con desesperación. Su aliento caliente produce que mi piel se paralice y lo necesito con urgencia.

Me baja de la encimera para caminar entre besos y toqueteos hasta la habitación. Cuando su mano pasa por debajo de mi blusa, súbitamente recuerdo lo que tenía que decirle. Me pasó igual que con Elif esta tarde. Es como si de pronto apareciera de golpe nuestro bebé a mi cabeza y no hay modo de apartarlo más. Es el momento menos apropiado para decírselo pero no puedo aguantar más. Además, tenemos todavía tres semanas más para que haga lo que quiera conmigo.

Edward muerde mi labio, tirando mi camiseta por encima de mi cabeza.

—Edward —Murmuro en sus labios. Él respira aire caliente, él exhala aire caliente. Él malditamente está caliente— Necesitamos… hablar.

—Sí, sí, háblame todo lo que quieras.

Reparte besos por mi mandíbula.

—Edward, de verdad que… tenemos… que hablar —Digo entrecortadamente, cerrando los ojos ante sus caricias.

Me mira con intención.

—¿Estás jodiendo, verdad? —Sacudo la cabeza. Nuestros pechos suben de forma irregular. Comienzo a ponerme nuevamente nerviosa. Es más ansiedad que nervios. Muerdo mi lengua cuando Edward se separa, su labio brillando y necesito malditamente morderlo— Okay, señora inoportuna, te escucho. ¿Qué pasa?

No me salen las palabras.

Jugueteo con la tira de mi sujetador, buscando mi voz.

—Edward, nosotros… bueno… ni siquiera sé porque me cuesta tanto decirlo. No es como si fuese una mala noticia, porque demonios, no es una mala noticia y sin embargo parezco una tonta adolescente que no sabe cómo decirle a su…

Cariño —Mueve mis hombros sin esfuerzo—Tranquila. Respira y cuéntame con calma.

Tomo una inspiración.

—Edward —Llamo nuevamente y él asiente para saber que está atento. Tomo mi dedo entre mi otra mano, estirándolo y haciendo sonar a propósito el huesito— vamos a tener un bebé.

Él sigue sosteniendo mis hombros y su pecho ha dejado de subir con agitación. Sus ojos están activos, mirándome como un niño inquieto.

—¿Quieres tener otro bebé conmigo? ¿Es eso, Bella? ¡Dios! ¿Estás hablando en serio? ¿Lo vamos a intentar? —Está sonriendo, probablemente a punto de estrecharme entre sus brazos— Bella, por favor, dime que quieres otro bebé con…

—¡No! —Grito y de inmediato me doy cuenta de lo que he dicho. Ha sido sin querer, pero no supe como callarlo. Su rostro cambia rápidamente, borrándose su sonrisa y mis manos viajan a su rostro, acunándolo— No es que quiera que lo intentemos, es que no hace falta.

Frunce el ceño.

—¿Qué…?

Mi voz suena temblorosa.

—Edward, estoy embarazada. —Confieso y él se queda totalmente entumecido— Este es mi regalo de bodas para ti, mi amor.


Holaaa ¿Qué tal están?

Algunas ya se habrán dado cuenta que me atrasé un poco en las actualizaciones y el domingo subí tan rápido el capítulo que no lo expliqué. No alcancé la semana pasada a terminar el capítulo y por eso lo subí el domingo, así también subo hoy y no el martes recién pasado. He tenido muy poco tiempo estas últimas semanas, así que no se extrañen si no publico los días que hago normalmente, pero estén seguras que lo haré de igual forma cualquier otro día. Todo depende de mi tiempo pero no significa que no quiera actualizar.

Bueno y para no alargar mucho, gracias por leer, seguir, dar fav a la historia y cuéntenme que les pareció este, ya saben que estamos en la recta final ;)

Un beso y hasta la próxima.