Capítulo especial: Las plumas pintadas de Pavlin


Era fin de semana, Viktor aprovechaba esos días para descansar y salir de la extenuante y agotadora rutina a la que lo tenía sometido Yakov, su entrenador. Sin siquiera desperezarse se levantó del sofá, en el que se había quedado leyendo hasta tarde la noche anterior, para dirigirse al baño, pasando a esquivar los objetos que su hermana Natalya dejó regados en su departamento debido a la visita semanal que esta realizaba para estar junto a él. Solía ser ordenado y ella solía ser todo lo contrario. Al menos en algo había fallado la genética.

Con los ojos cerrados, guiándose solamente por la memoria muscular de su cuerpo ya acostumbrado a ello, llegó al sitio para asearse y comenzar un nuevo día. Abrió la llave del agua y mojó su rostro para despertar de una buena vez. Luego, frotó la piel con una toalla mullida que estaba a su alcance y dirigió su vista al espejo para contemplar qué tan mal le había hecho el haberse dormido en el sofá. Fue en ese preciso momento en que sintió que el horror lo llenaba por completo.

¡¿QUÉ DIABLOS LE HABÍA PASADO?!

Y Pavlin despertó, con aquel ruido atronador dentro de la cabeza de Viktor. Se suponía que ese era su fin de semana de descanso, en el que no se haría cargo de las estupideces que realizaría su humano, sino que esa tarea iba dirigida hacia Volk, quien debía verificar y estar atento a cada movimiento o decisión que tomase el ruso y… no.

Eso tenía que ser una maldita broma.

Giró frenéticamente en el mismo lugar mientras observaba —con profundo horror— cómo sus preciosas e impecables plumas blancas estaban aplastadas, pegajosas, regadas por todo el suelo con la cantidad exacta para crear un almohadón mullido y, lo más importante de su revisión, ¡¿POR QUÉ ESTABAN DE DISTINTOS COLORES?!

ÉL ERA UN PAVO ALBINO, POR EL AMOR DE DIOS.

—Oye, Pavlin… —escuchó decir a su hermano el cual venía despertando (siendo que el muy estúpido debía de estar a cargo toda la noche). Sintió que lo miraba de arriba hacia abajo al estar ya más atento— … ¿por qué estás tan rojo, literalmente?

El ave solo quería irse de vacaciones por amor a sus plumas y su salud mental.

—Tú también lo estás —respondió de manera amargada, revisando cada una de sus plumas tintadas. No solo el carmesí estaba marcado sobre ellas, también había amarillo, morado, verde y azul. Pero ni siquiera el azul eléctrico característico de los de su especie, sino que este era un azul calipso, como las aguas del mar caribeño y otro medio verdoso, como de pantano mohoso.

Una mueca de asco cruzó por su rostro por aquel pensamiento nada grato.

Mientras tanto, Viktor gimió de frustración y desconsuelo, llevaba bastante tiempo cultivando el largo de su cabellera luego de que su madre falleciera, era su propia manera de brindarle tributo hacia la mujer que le dio la vida y lo impulsó a entrar al patinaje artístico. Y ahora estaba arruinado, se sentía como si un unicornio hubiese vomitado sobre él.

Inmediatamente se puso a buscar culpables, y solo una persona se le vino a la mente, aquella que en esos momentos habitaba en su hogar y que era la única que se atrevería a realizar esa atrocidad en su amado cabello.

—¡Natalya Alekseyevna Nikiforova! —Con pasos decididos se dirigió a su habitación, aquella de la que su vil hermana se había adueñado.

La vio dormir plácidamente, sin aparente consciencia de la atrocidad que había cometido, y eso solo hizo que frunciera los labios, más disgustado que antes. Miró hacia la mesa de noche y notó un vaso con agua. Esbozó una sonrisa macabra y no tuvo culpa alguna de empapar a la niña con el líquido; hasta una parte de él lo disfrutó.

La niña culpable de todas sus desgracias se enderezó boqueando desesperada por toda el agua que le había llegado a la cara. Miró en todas direcciones hasta que notó la figura imponente de su hermano mayor, quien la miraba desde arriba con cara de malas pulgas.

Fue ahí que el entendimiento pareció llegar al cerebro aletargado de Nikiforova, y al parecer también lo hacía la burla.

—Ah, parece que no te gustó.

Y ahí fue cuando Viktor Nikiforov explotó.

Con un movimiento brusco la sacó de la cama, percatándose en ese instante que la menor había realizado la misma fechoría en su propio cabello.

Esta, al sentir la mirada penetrante de su hermano, sonrió tímidamente y soltó una risa nerviosa, dejando en evidencia que él solo fue el conejillo de indias para su "experimento de moda".

—Te ves lindo, brat —le dijo con la expresión más angelical de su repertorio, expresión que él no se tragó siquiera un poco.

Viktor prefirió omitir el montón de regaños que quería decirle e intentó respirar profundo.

—Vístete, ahora mismo.

Mientras Natalya se cambiaba el pijama a una velocidad que ni ella misma creía poseer, él metió desesperado los objetos sobrantes en una mochila y la arrastró a su automóvil, con destino hacia la casa de su padre. En todo el viaje no emitió ninguna palabra, porque sabía que al momento de siquiera separar un poco los labios la situación empeoraría aún más.

Aleksey elevó una ceja cuando lo vio llegar a su residencia un sábado por la mañana, con los bolsos de su hermana a cuestas y una cara de completo fastidio que no solía ser común en él.

—¿Tan pronto se acabó tu amor fraternal?

Viktor rumió una respuesta por lo bajo mientras le entregaba sus cosas a la niña y le decía con la mirada que entrara a la casa.

Su padre observó en silencio la situación y prefirió no emitir juicio alguno. Aunque sí que no pudo evitar la extrañeza que le causaba aquel gorro que su hijo mayor llevaba.

Cuando se lo preguntó, el joven por toda respuesta solo miró un momento la cabellera platinada de su progenitor y luego se ajustó más el gorro si es que eso era posible, para volver raudo a su auto.

Aleksey no pudo evitar tocarse la parte posterior de su cabeza, extrañado. Puede que su actual relación con su primogénito no estuviera en los mejores términos, pero incluso él era capaz de notar que aquel era un comportamiento atípico. Sin embargo, cuando puso atención a los mechones multicolores que se notaban a pesar del gorro, todo comenzó a tomar lógica. Miró hacia arriba, en dirección hacia donde la autora del crimen debería estar feliz de la vida, y se encontró en un dilema: no sabía si castigarla o premiarla por su ingenio.

Viktor, al llegar a casa, tomó su teléfono y marcó el número de su primo Misha. No iba a decirle directamente que Natalya le arruinó el cabello, solo algo informal. Una junta de primos o la excusa de estar estresado por los estudios, y que por ello lo invitaba a su hogar para tomar una buena botella de vodka.

Mijail apareció a la media hora después, desconcertado por la temprana invitación y para espanto de Viktor, no lo hizo solo. Una joven de piel morena y ojos caramelo lo acompañaba.

Viktor soltó una maldición y Pavlin perdió tres plumas. Una cosa era contarle a su primo la desgracia que había acontecido, y una muy diferente era que esa mujer, que además era su novia, se enterara.

Giuliana pareció notar su cara de pavor, porque hizo una mueca ofendida y entró a la estancia sin ser invitada.

—¿Por qué la trajiste? —cuestionó Viktor entre dientes a su primo, intentando que la susodicha no lo escuchara.

Mijail tuvo el descaro de parecer extrañado.

—Pero si siempre estás lloriqueando con que no la ves lo suficiente… —le comentó el joven de cabellos rubios—. Pensé que estarías feliz con que estuviera acá.

—Sí, pero no ahora… —gruñó mientras se pasaba una mano por la cara y se acomodaba el gorro. Luego de la visita a casa de su padre, decidió que lo mejor era meter todo su cabello dentro del gorro, lo cual era un dolor en el trasero. No acostumbraba a utilizarlo y sentía la necesidad de rascarse cada cinco segundos.

Para su desgracia, su primo notó aquella acción e hizo la pregunta que, para su mala suerte, llamó la atención de Giuliana.

En menos de cinco segundos la mujer había quitado su gorro y dejado al descubierto sus cabellos multicolores.

A Pavlin casi le dio un infarto cuando ello ocurrió.

—Emm, Vitenka, caro… —musitó ella con su marcado acento italiano mientras que Viktor buscaba desesperado ocultar sus cabellos nuevamente—, ¿quieres decirme algo?

—¿Qué? —cuestionó él, sorprendido por la pregunta.

—¿Esta es tu forma de decirme que quieres hablar?

Misha soltó la carcajada y Viktor los miró sin saber qué demonios sucedía. Fue su primo quien se apiadó de él.

—El arcoíris, Viktor. Te está preguntando si esta es la forma que tienes de decir que saliste del clóset.

Giuliana soltó una carcajada, Pavlin perdió tres plumas y Viktor se puso rojo hasta las orejas.

—Fuera de mi casa —gruñó con seriedad. Puede que la mayoría de las veces se hubiese reído con ellos de la broma, pero ahora no tenía la capacidad de encontrar nada gracioso.

Los otros dos jóvenes se quejaron.

—Pero, amore, no nos puedes echar —logró decir Giuliana entre carcajadas—. ¡Trajimos felicidad!

En efecto, la felicidad eran unas botellas de vodka.

Los ojos de Viktor se fueron automáticamente hacia las botellas y los dejó quedarse a regañadientes.

Media hora después su novia y Mijail seguían con la vista fija en su cabello, se miraban luego entre ellos y hacían el esfuerzo por no seguir riéndose.

—Igual no te ves tan mal… —empezó Giuliana de manera conciliadora, con la intención de que dejara de sentirse como animal de zoológico—. Te queda bien, aunque a ti te queda bien todo.

—Aunque se vea bien… tenemos un examen formal el lunes en la mañana. Si se muestra con el cabello así lo van a reprobar.

—¡Oye, intento animarlo! —gruñó la italiana con fastidio.

Viktor resopló, bebiendo de un trago el shot de vodka que anteriormente había abierto para pasar el rato. O más bien fue Misha quien le sirvió con la excusa de "no puedes contar una buena historia sin un poco de alcohol". Sentía las mejillas sonrojadas, pero ya no sabía si era por su poca resistencia al brebaje o por la vergüenza de andar mostrando el cabello multicolor que lamentablemente poseía.

Estuvieron gran parte de la tarde conversando, y entre trago y trago, la sola botella de vodka pasó a ser parte de un cúmulo de latas y otras botellas acumuladas en un rincón de la cocina del patinador.

Y Viktor ya ni se acordaba del porqué había invitado a su primo. Ni tampoco la rabia que tuvo al ver a Giuliana en la puerta de su casa. Risas estridentes llenaban la habitación, junto con una descoordinada conversación entre los tres.

—A Yakov se le caerá el pelo cuando me vea —murmuró arrastrando la voz.

—Podrías cortarlo… —ofreció Giuliana mientras se servía más del trago.

Viktor la miró como si hubiera dicho la peor de las blasfemias.

—¡ABSOLUTAMENTE NO!

Y Pavlin, que ya estaba algo aletargado por el alcohol estuvo de acuerdo con ello.

—Te vendría bien un cambio de look —continuó ella con una risita borracha—. Si te lo cortas incluso andaríamos a juego —comentó mientras se tocaba sus propios cabellos cortos.

Viktor hizo una mueca y quizás fuera por la gran cantidad del alcohol que había ingerido, que no halló problema en dar la razón de su aversión al corte de pelo.

—Siento que perderé mi fuerza si me cortan el pelo —admitió casi llorando—. Aparte que mi mamá…

Y los llenó un silencio casi ceremonial, mientras Viktor pensaba en lo que significaba su pelo largo. Recordaba sus huidas a casa de su primo cada vez que sus nanas querían cortarle el cabello luego de la muerte de su madre. Eleni Nikiforova había sido la encargada de los cortes de su hijo luego de una accidentada ida al peluquero, así que el Viktor de siete años, que había sido en ese entonces, se negaba a que cualquier otra persona se acercara a su cabello, y gruñía y huía cada vez que alguien lo sugería. Hasta que había sido su propio padre el que había ordenado que nadie más lo molestara respecto a su pelo.

La mano de su primo se cruzó en su campo de visión; unas tijeras le fueron ofrecidas.

—Anda, campeón, debes dejarla ir —murmuró con toda la seriedad que su borracho cerebro le permitía.

Viktor miró la tijera y luego miró a sus dos acompañantes.

—Está bien.

Misha asintió, mientras que Viktor le pedía a Giuliana su liga de pelo para poder amarrárselo.

Dentro de la cabeza del patinador, Volk ya estaba desparramado en el suelo, muerto para el mundo debido a la cantidad insana de alcohol en el sistema de su dueño, mientras Pavlin, quien siempre se mantenía firme para evitar que Viktor hiciera alguna estupidez en su estado de ebriedad, miraba todo con una calma impresionante. Puede que fuera al desánimo que sentía luego del desastre que eran sus plumas, o quizás porque los niveles de alcohol habían bloqueado su capacidad de entendimiento, pero no estaba dispuesto a poner demasiadas trabas a lo que su humano pretendía hacer.

Giuliana fue la encargada de hacerle una coleta alta, de esas que Viktor acostumbraba a llevar durante sus presentaciones. Luego, el patinador tomó las tijeras y cortó por sobre la liga. Miró la gran cantidad de pelo que quedó en sus manos y con los ojos llenos de lágrimas se lo pasó a su novia.

Le pasaron un espejo de mano a Viktor para que admirara su nuevo corte y, sin saber si era por la ceguera causada por haber estado consumiendo alcohol, o si tuvo un breve momento de lucidez, que miró con mayor horror el estado en el que había quedado su cabello.

Su nuevo corte le recordaba a aquel que su mamá le obligaba a llevar cuando era pequeño, aunque este estaba un poco más disparejo de lo que había sido cuando era un niño.

―Te ves lindo ―escuchó decir a Giuliana detrás de él, un poco más ronca de lo normal debido a la ebriedad.

Hizo una mueca.

―Hay que emparejarlo ―musitó. Y puede que fuera por la nostalgia de la que había sido presa, pero consideró buena idea el volver a su corte de la infancia. Quizás lo multicolor le daba un mejor toque―. Lo arreglaré ahora ―musitó mientras buscaba a tientas las tijeras.

―Oh, ¡déjame hacerlo! Sabes que soy buena cortando el pelo ―sonrió la italiana ya con las tijeras en mano, mientras hacía un gesto hacia sus propios cabellos cortos.

―Estás ebria.

―¡No estoy tan ebria! Mira, si quieres puede ponerme en cuatro.

―Se dice "hacer el cuatro" ―rectificó Misha.

―Pues no me molestaría si se pone en cuatro ―murmuró Viktor con una sonrisa ebria.

Giuliana suspiró.

―Mejor cállate y deja que te corte el pelo.

―¡Esperen, traeré el tazón! ―Misha parecía entusiasmado en igual medida.

Y Pavlin no fue capaz de ver el riesgo en aquello, así que Viktor permitió que le pusieran el tazón en su cabeza y que su novia le arreglara el lío con su cabello. Con el paso de los minutos cerró los ojos y se relajó con el sonido que provenía del metal al cortar cada mechón, uno por uno. El sueño y el cansancio se apoderaron de su cuerpo luego de haber pasado por tanto estrés ese día, y poco a poco perdió la noción de estar en la habitación del living.

A la mañana siguiente, Viktor despertó con un terrible dolor de cabeza y unas ganas de vomitar hasta su alma. Sabiendo que no manejaba tan bien el alcohol como el estereotipo lo decía, reconoció que beber dos botellas de vodka puro y seis latas de cerveza no se encontraba dentro del top cinco de sus ideas más brillantes.

Pavlin y Volk también despertaron por la presión ejercida dentro de la mente del patinador, reconociéndolo de acciones pasadas en algunas fiestas a las que a veces asistía su dueño y se perdía en las bebidas.

Al aclarar un poco la visión, Viktor vio que estaba tumbado en la alfombra de su casa con Giuliana aún dormitando a su lado y su primo babeando los cojines de su sillón. Al recordar lo que habían hecho la noche anterior, se levantó con cuidado, evitando despertar a sus amigos y se dirigió al baño para contemplar su nuevo look.

Y por segunda vez en ese fin de semana, un grito atronador retumbó por toda la casa. Pronto se escucharon pasos apresurados hasta donde él estaba y tuvo a su primo y a su querida novia aguantando las carcajadas.

El pavo real de Viktor sintió que perdía más de la mitad de sus plumas.

El sonido de la puerta siendo golpeada de forma persistente fue lo que hizo que Viktor detuviera sus deseos de blasfemar y que en cambio se apresurara a averiguar quién lo molestaba tan temprano un domingo por la mañana.

Al abrir la puerta se encontró de lleno con los rostros sorprendidos de su padre y de su hermana, que no despegaban la vista de su nuevo corte de pelo.

―¡¿Qué fue lo que hiciste?! ―le gritó Natalya con pánico en la voz―. ¡Era lavable!

―¿Qué? ―cuestionó con el cerebro aún un poco aletargado por haber despertado hace poco tiempo. No necesitó respuesta cuando fijó su mirada en la cabellera platinada de la muchacha, sin el tinte multicolor del día anterior.

Fue ahí que el color abandonó su cara, y Pavlin se desmayó de la impresión.

Y efectivamente la tintura era lavable.

Viktor se sintió el ser humano más tonto del planeta cuando luego de una breve ducha, todo el color había abandonado su pelo, dejando el platinado característico.

―Te estuvo llamando ayer para decírtelo, pero no atendías el teléfono ―le dijo su padre mientras Viktor estaba casi en estado catatónico sentado en un sillón del living.

Ni Giuliana ni Mijail decían palabra alguna; solo se mantenían en silencio, lo más apartados posible de Viktor y de sus posibles represalias. Porque puede que no se notara, pero Viktor estaba dividido entre arrancarles la cabeza y pedirles que le ayudaran a pegar los mechones que estaban en la mesa de centro de vuelta a su cabeza.

Aleksey tomó el montón de cabello y los miró por un momento, para luego lanzar un silbido de admiración por el largo de la dichosa coleta. Al ver aquel montón de pelo, Viktor volvió a gemir en miseria al tiempo que se tocaba su corta melena.

―Esto me trae recuerdos ―comentó entonces su padre―. Es la misma cara que ponías cada vez que Eleni te cortaba el pelo.

Viktor no dijo nada y solo gruñó, para luego arrebatarle su cabello.

―¿Cuánto cobrarán por hacerme extensiones? ―Y aquella era una pregunta seria.

Su padre solo bufó y blanqueó los ojos, y esta vez Pavlin pudo decir que quiso hacer lo mismo.

―No seas ridículo.

Viktor se envaró.

―¡No entiendes! Era importante...

―Mejor dónalo ―le cortó él―. Si tan importante era para ti ese es el mejor fin que les puedes dar.

Y puede que su padre, pese a que Viktor no solía tomar en cuenta nada de lo que decía, tuviese razón.

El resto de la tarde transcurrió con Viktor pasando por todas las fases de duelo, hasta llegar a una aparente aceptación. No le quedaba de otra, cuando el desastre en su cabeza era algo real y la idea de donar su cabello parecía ser la única alternativa.

Aleksey hace horas ya se había marchado, cuando los quejidos de su hijo habían colmado su paciencia, y una disputa entre ambos parecía bastante posible.

―"Por ahorrarme el peluquero, ahora debo usar sombrero".

Pero lamentablemente había dejado a Natalya ahí, quien desde hacía horas no había dejado de tararear una canción en español. Y aquello era algo que a Viktor lo irritaba.

Sabido era que a ambos les habían enseñado idiomas cuando pequeños, y mientras Viktor se había inclinado por el inglés y el francés, su hermana mayor había encontrado en el español la fuente de su fascinación. ¿Lo malo? La adolescente no dudaba en aprovechar la ignorancia de su hermano y solía salir con frases en español que solo ella entendía y que no lo dejaban bien parado.

―¿De qué trata esa canción?

Natalya solo sonrió y siguió cantando.

―"Mis amigos me van a molestar… A la escuela ya no puedo ni entrar…"

―¡Natalya!

Las carcajadas tanto de su novia como de su primo amenizaron en algo el ambiente.

―Ya, tranquilo. Mejor deja que te arregle el desastre de tu cabeza ―murmuró su novia provocando que Viktor la mirara como si se hubiese vuelto loca―. O bien te puedes quedar con el peinado de pelela, por mí está bien.

Viktor gruñó.

―Tú ocasionaste este desastre en primer lugar, princesa de Genovia ―murmuró utilizando el mote que le solía poner por culpa de su apellido.

Giuliana miró al techo, como si buscara paciencia, sin hacer caso de aquella ofensa.

―Estaba ebria, genio. Sabes que mis habilidades mejoran mucho cuando estoy buena y sana.

Y Viktor no tuvo manera de rebatirle.

El resto del día pasó entre el corte de pelo que le hizo su novia ―quien no lo volvió a arruinar, gracias al cielo―, la dichosa canción que su hermana no dejaba de cantar y los planes para el difunto cabello de Viktor. Fue Giuliana quien se ofreció a lavar el cabello y llevarlo en condiciones al día siguiente para que lo fueran a donar.

Y ya cuando la hora de dormir estaba cerca, fue que Viktor recordó el examen que tenía al día siguiente y lo poco que había estudiado.

Para Pavlin, aquel quedaría como uno de los peores fines de semana en la historia de su complicada vida.

Pese a ello, las consecuencias no fueron tan terribles como el patinador había creído en un principio.

Su nueva apariencia había sido bien recibida por los fans, lo cual hizo que Viktor poco a poco encontrara cierta gracia en tener el cabello corto y en aquel flequillo que le había dejado Giuliana y que tan ridículo le había parecido en un inicio. Obviamente, el hecho de que terminara donando su cabello a una fundación de niños con cáncer fue un plus a la vista de los fans, quienes no dejaron de comentar sobre su alma caritativa.

Nadie nunca sabría la razón tras aquel cambio de look y eso hizo que las plumas de Pavlin volvieran a crecer vigorosas.

Hubo algo, sin embargo, que atentó contra su tranquilidad una última vez.

Un disco le fue regalado ese año para su cumpleaños, y a Pavlin casi se le cayeron las plumas nuevamente cuando una compilación de fotos de él, ebrio y un peinado que lastimaba las retinas, iban acompañadas de esa canción que su hermana varias veces cantó durante aquel día infernal.

Esta vez sí que pudo entenderla gracias a los subtítulos que fueron puestos en el video, y aquello solo hizo que algunas plumas de Pavlin pasaran a mejor vida.


Notas de autora:

¡Les apuesto que no se esperaban un capítulo tan largo en este fic! Pues bueno, son 3800 palabras, así que fácilmente vale por seis capítulos aproximadamente, o quizás más.

Les cuento que este capítulo fue escrito en conjunto con Zumaldo, mi compañera en el concurso "Escritores sobre hielo" (en wattpad) y nos reímos harto mientras planeábamos todo.

Por un asunto de tiempo hay algunas escenas que quedaron fuera, así que quizás el capítulo sea editado en algún momento futuro para agregar estas partes.

Misha es el primo de Viktor y ha sido mencionado en algunas oportunidades por aquí. Giuliana es un personaje que creé hace tiempo, aunque esta es la primera oportunidad que tengo para mostrarla. Se llama Giuliana Rinaldi, así que Viktor la suele molestar con que es la princesa perdida de Genovia xD

A Natalya ya la conocen y a Aleksey igual.

Espero que les haya gustado. ¡Besitos!