37 Cátedra

Los días posteriores Kagome se avocó completamente a su tarea. Miroku, paciente y comprometido, la asistió en todo momento.

—Naturalmente todos tienen el poder de canalizar energía —había comenzado su guía—, está en nuestra naturaleza, como seres compuestos por esa energía, tomarla y utilizar nuestro cuerpo como vehículo.

Kagome prestaba cuidadosa atención.

—Usted, como sacerdotisa, tiene un poder superior. Puede canalizar muchísimas más energía y manifestarla en el mundo físico, es por eso que pude repelar otras energías, como la de algunos youkais.

—¿No todos?

—En el mundo de los demonios existe una suerte de jerarquía. Unos son más poderosos que otros, unos tienen la capacidad de neutralizar ciertos poderes, como los de una sacerdotisa. Su poder es antagónico al de cualquier youkai. Por eso la historia nos indica que su deber es purificar al mundo de dichas presencias.

—¿Ese es mi deber?

Miroku sonrió conciliador.

—Pero puede optar por no hacerlo —no supo por qué, pero el monje pensó automáticamente en Sesshomaru—. Lo importante aquí, y debido a nuestras circunstancias, es que pueda dominar su energía, su poder espiritual, el cual, debe saber, no se encuentra cómodo dentro suyo; su cuerpo, inexperto, no sabe qué hacer con él.

—No comprendo.

—Usted no lo percibe pero cualquier proceso reflexivo o estado de ánimo suyo se manifiesta a través de su energía. Es tanto el poder que posee que éste fácilmente se rebela contra su, llamémoslo, envase.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque, como monje, estoy entrenado para advertirlo. Además, soy un hombre muy perceptivo de mis alrededores.

—Entonces monjes y sacerdotisas pueden percibirlo.

Y youkais. Unos más que otros, como le dije anteriormente.

—¿Quién podría sentirlo más que otros?

—Sesshomaru —ladeó la cabeza, un poco divertido de incorporarlo a la conversación—. Él es el daiyoukai más poderoso de todos.

—¿De todos? —frunció ligeramente el ceño— No lo aparenta.

Miroku liberó una risa.

—Y es hábil. La imagen que usted ve de él no es la verdadera; sus características físicas, en apariencia humanas, son una forma visible para entender hasta qué punto tiene potestad sobre sí mismo. A tenido siglos para aprender a contener su energía youkai y hoy podría decirle que lo ha dominado por completo.

Kagome procesaba.

—¿Qué le parece si intentamos canalizar su energía? Verá que será muy fácil.

—De acuerdo.

—Entonces, cierre los ojos, concéntrese, ponga la mente en blanco: recuerde que esta no es una actividad del intelecto, es más de lo sensorial.

Transcurridos unos minutos, la atmósfera de la habitación se sintió ligera, dándole pie a Miroku para proseguir:

—Visualice su poder, éste debería manifestarse en algún color. Visualícelo ingresando a su cuerpo, lentamente, a través de sus pies y su cabeza. ¿Puede verlo?

Kagome asintió ligeramente.

—¿Qué siente?

—Calor.

Miroku sonrió satisfecho.

—Con el pasar del tiempo, ese calor mermará. Pensemos que el cuerpo es un vehículo físico y nuestra energía proviene de lo abstracto. El cuerpo, en una primera instancia, no sabrá cómo contener tanto poder y esa incapacidad puede manifestarse de muchas formas, el calor corporal es una de ellas.

Él sentía más frío que hacía unos instantes. Ella, más calor.

—¿Qué ve?

—Luz rosada.

—Esa es su energía espiritual.

—También…

Miroku la observó curioso.

—¿También, qué?

—Verde —su voz vacilaba—. Es como… electricidad.

—¿Es suya?

—No…

—Focalícese en la luz rosada y ralentice el flujo de energía, cuando se sienta lista, abra los ojos.

Él se puso de pie y abandonó la habitación.

La clase de ese día había culminado.