Disclamer: Los personajes de Frozen y Enredados pertenecen a Disney, qué queréis que os diga, ojalá fueran de mi propiedad pero bueno, me conformo.
Pobre Elsa, ella quería más que nadie ser madre :'(
Life's too short
Capítulo XXXVII
~Mamás~
Nos quedamos en la bañera, dejando que el agua arrugara nuestros dedos, consolándola por el dolor que debía sentir al no poder dar a luz. Le pedí perdón por creer que estaba siendo egoísta, me sentí muy mal por ella, tener un hijo era el deseo más grande que jamás podría tener, y no podía.
Sus padres y Rapunzel ya lo sabían, pero Elsa no quiso decirme nada por si de alguna forma me decepcionaba. A veces me cuesta entenderla.
La envolví en cariño y le prometí que el próximo día iríamos a ir al mejor médico del reino para confirmarlo, hacía años desde que le hicieron esa prueba y podrían haber estado equivocados. Aún había esperanza.
No me separé de ella ni un momento, ni siquiera cuando le hicieron las pruebas la mañana siguiente. Le pedí al cielo con todo mi corazón que le permitiera tener hijos, aunque posiblemente no iba a servir de nada.
— Hm… Con que síndrome del ovario poliquístico eh…
— S-sí, eso dijeron, algo de los folículos…
— Aha, no se desarrollan correctamente hasta que han crecido y son maduros, y por lo cual, no liberan los óvulos. Caracterizado por desequilibrios hormonales y patrones de ovulación anormales…— no entendía nada, pero no tenía muy buena pinta— Dígame, ¿sus períodos siguen siendo irregulares?
— Bueno, durante este último año se han normalizado un poco, antes eran más irregulares…
— Bien, eso es muy importante. ¿Ha practicado sexo últimamente?
— S-sí, varias veces a la semana… con… ella, desde hace un año más o menos.
— Interesante… La estimulación sexual es uno de los remedios más efectivo para estos casos.— me alegré haberle sido de ayuda tanto tiempo sin saberlo.
— Pero ¿podrá tener hijos o no?— pregunté desesperada.
— En bastas palabras, la falta de salud adormiló a los que se encargaban de liberar los óvulos, pero con su nuevo estilo de vida digamos que se han espabilado. Aún no parecen estar perfectos así que es difícil daros una respuesta clara, pero creo que tenéis cerca de un ochenta por ciento de probabilidades si seguís así.
— Entonces, ¡sí que puede tener hijos! ¿por qué no lo has dicho antes? Puedes tener bebés, Elsa.— se le hizo difícil contener las lágrimas.
— ¿E-en serio…?— nos abrazamos con la felicidad que esa sorpresa nos había regalado— Vamos a ser mamás.— tardó unos segundos en creérselo— Voy a quedarme embarazada.
— Quizás no debería entrometerme y por supuesto no tenéis que responder a ello si no queréis pero, ¿qué medio usaréis para empezar el proceso?
— ¿Cómo que qué medio? Tenemos un amigo que está dispuesto a ofrecerse para dejarla embarazada.
— ¿Habéis escuchado hablar de la inseminación artificial?
Nos habló de un método sencillo en el que no era necesario tener sexo con el hombre. Utilizando su esperma y un pequeño aparato, nosotras mismas podríamos dejarnos embarazas. Parecía tan simple que no sé cómo no se nos ocurrió. Nos aconsejó que lo hiciéramos en un momento de excitación en unos días específicos del período.
Al volver al castillo, la noticia creó campos de margaritas por todos los rincones y al fin, se puso la pulsera que le regalé, con una enorme sonrisa.
Quizás debimos esperar a volver a Arendelle para hacerlo, quizás no, pero de cualquier forma no nos pudimos esperar, las dos estábamos muy emocionadas por ello.
Thomas aprovechó nuestro barco de vuelta para quedarse unos meses en Arendelle, por motivos del reino dijo, pero sospechamos que quería vivir de cerca el nacimiento de su segundo nieto y se lo agradecimos.
Un mes después, nos confirmaron que Elsa se había quedado embarazada y lo celebramos por todo lo alto. Empezaron los nervios, nos envolvimos de libros sobre el embarazo y poco a poco su barriga creció. Vómitos, insomnio, cambios de humor, caprichos… esos meses se convirtieron en una locura de emoción, nerviosismo y preocupación, estábamos ansiosas para que llegara el día.
Si todo iba bien, nacería a finales de octubre, y su nombre, el cual tardamos varios días en decidir, sería Jack o Amalia.
Hacia el octavo mes, creí que me volvería loca. Quería que naciera ya, Elsa parecía haberse convertido en un súper bollo, podíamos sentir nuestro pastelito pateando en su enorme barriga. Entonces vino el resto de la familia para vernos, Elisabeth incluida, y nuestra casa se convirtió en un ir y venir de gente. Fue genial tenerlos a todos cerca, nos daban la tranquilidad que tanto necesitábamos.
A falta de tres semanas para cumplir los nueve meses, nos quedamos en el castillo. Elsa podría romper aguas en cualquier momento y no me despegué de ella ni un momento, casi ni podía dormir de los nervios.
Llegó el día tan esperado mientras estábamos comiendo y por poco me da algo. No supe como se lo hacían todos para mantener la calma, yo estaba que me subía por las paredes.
Lo prepararon todo para el parto y me pidieron que me tranquilizara, como si fuera tan fácil. Conforme las contracciones aumentaban de intervalos e intensidad, me inquietaba más y más, quería que todo saliera perfecto y no podía estar quieta. Casi parecía que fuera a parir yo en vez de ella.
Aún así, conseguí darle apoyo para calmarse, al menos al principio, cuando pasaron los minutos y seguíamos en las mismas me empezó a hervir la sangre. Verla sufrir y hacer tanto esfuerzo sin resultado me ardía en llamas, quería que saliera cuanto antes y ya llevábamos más de una hora.
Después de incontables 'empuja', un calor insoportable y mucho sudor, Elsa dilató lo suficiente como para que saliera el bebé. Una lástima que mis propias lágrimas no me dejaran ver bien, me puse muy feliz al escuchar que todo había salido bien.
— Es niño.— también me alegré de escuchar eso— ¿Quieren cortar el cordón umbilical?— como pasado un segundo nadie se ofreció, me animé.
— ¡Yo quiero!— me temblaban y sudaban las manos, pero aún así lo hice bien. Se llevaron al niño para lavarlo un poco y volví con Elsa para estar con ella. Estaba destrozada, llorando a mares intentando decir algo.
— ¿P-por qué se lo llevan…?— debía de estar deseando tenerlo en brazos. Fui hacia ellos para echarles la bronca.
— ¡Traed a Jack maldita sea! ¿Por qué tardáis tanto?— al decirlo ya estaban volviendo. Se lo dejaron en el pecho de Elsa y morí de amor al ver su mirada.
— Hola… pequeñín…— el niño aún lloraba, tenía que hacerlo, pero en ese par de corazones que latieron juntos durante meses podía ver dos gigantes sonrisas que iluminaron la habitación.
Dos horas y media que me pareció una eternidad. Un pequeñín que nació cinco días antes de lo previsto, que heredó el brillo azulado de los ojos de Elsa, el rubio dorado de su pelo, y unos suaves mofletes que queríamos comernos a besos.
La nueva mamá cayó dormida una hora después, agotada por el mayor esfuerzo de su vida. Entendí por qué se preocupaba por mí cuando le planté tener yo el bebé, el parto parecía la cosa más dura y dolorosa que había en el mundo y no sé podría aguantarlo.
Me recomendaron que descansara yo también, pero me negué, tampoco es que fuera a poder. En aquella cuna había nuestro pequeño pedacito de cielo, nuestro tesoro, nuestro deseo hecho realidad. No podía apartar la vista de él.
Cuando Jack despertó y se puso a llorar, tratamos de darle un biberón para no molestar a Elsa, pero de todas formas despertó y como no parecía calmarse se lo entregamos. Le enseñaron a darle el pecho y me quedé atrapada sin poder apartar la vista de ellos. Era una imagen encantadora.
Elsa no quiso que ninguna niñera se ocupara de él mientras nosotras pudiéramos hacerlo, era nuestro hijo y además Kristoff también nos ayudaba.
Los primeros caóticos días se hicieron más amenos con la ayuda de todos, y en una semana volvimos a nuestra querida casa en carro. Decidimos que lo mejor era que el padre viviera también con nosotras, así que Kristoff se nos mudó a la habitación de invitados.
A partir de entonces dormir se convirtió en un lujo, no pasaban más de tres horas sin que Jack se pusiera a llorar por hambre. Nos hubiera ayudado mucho que yo pudiera darle el pecho también.
No fue fácil, pero el amor de nuestro pequeño principito anestesiaba cualquier mal, daríamos todas nuestras vidas por él, era un sentimiento indescriptible que sólo se entiende cuando ocurre.
Cuando quise darme cuenta, nuestro Jack cumplió un mes, un mes… Aún lo estaba asimilando y ya había pasado un mes, era una locura.
Ya empezado el invierno y con uno de los días más fríos, cuando lo teníamos rodeado por nosotras en nuestra cama, jugando con sus deditos, acariciando sus piececitos mientras le hacíamos sonreír, muriéndonos de felicidad pensando que todo iría bien… apareció en la habitación una mariposa de un brillante azul celeste increíble, parecía estar hecha de cristal.
— Mira Elsa, ¿alguna vez habías vist-— no sé cómo no me di cuenta antes de que esa era la mariposa.
— ¡No!— cuando la vio revoloteando, cogió a Jack y se lo llevó al piso de abajo rápidamente. Cerré la puerta para que no pudiera salir de ahí, pero pensándolo bien, no podía haber entrado desde fuera si estaba todo cerrado.
— Mierda, creo que atraviesa paredes…— justo cuando lo dije pasó por detrás de mi oreja, directa hacia nuestro hijo. Quise apartarla, matarla o lo que fuera, pero no se detuvo ante nada.
— No… no, no no no…— a medio camino entre yo y Elsa, desapareció de repente. Pensamos que se habría ido, pero entonces su pelo se volvió blanco como la nieve y se rió— ¡No!— cayó arrodillada al suelo.
Se echó a llorar y la hice sentar en el sofá para que se tranquilizara. Quise hacerle creer que podríamos con todo, que le enseñaríamos a usar sus poderes y se convertiría en un chico excepcional, pero ella no tenía muchas esperanzas en ello.
Claro que iba a ser muy difícil, nos traería de cabeza y sería muy duro, pero para bien o para mal, algo hizo que nuestro hijo se hiciera con esos poderes y teníamos que aceptarlo sí o sí.
Cuando se lo dijimos a la familia, todos se apagaron como si fuera una catástrofe. Tuve que salir yo en defensa de sus poderes para declarar que íbamos a educarle para que pudiera controlarlos, que habíamos aprendido de los errores del pasado y que Jack se convertiría en alguien muy especial al que todos amarían. De alguna forma sabía que podríamos conseguirlo.
Tardamos unos meses en ver los primeros indicios de sus poderes, el agua de la bañera se volvía muy fría cuando se enfadaba, en sus manos veíamos escarcha de vez en cuando y cuando lloraba veíamos algunos copos de nieve sobre él.
Pasado un año y ya correteando por casa, empezó a ser más consciente de su magia, usándola para su conveniencia, haciéndonos la puñeta.
Cuando cumplió cuatro y tras muchos días de debate, llegamos a la conclusión de que debíamos tener otro hijo para que aprendiera a proteger a un ser querido más pequeño que él. Sus poderes crecían cada día y tenía que empezar a controlarlos, y eso sólo podía hacerlo él por cuenta propia, era inútil tratar de inculcárselo. Si conseguíamos que fuera un hermano mayor responsable empezaría a usar sus poderes con cordura y dejaría de lanzar rayos helados por toda la casa.
Quizás sería peor el remedio que la enfermedad, pero todos coincidíamos en que era una buena idea.
Entonces y aún a riesgo de complicar más las cosas, le dije a Elsa que quería quedarme embarazada de forma natural. No lo entendió al principio, no esperaba que lo hiciera, pero tras decirle y repetirle que quería tener sexo con un hombre al menos una vez en mi vida, empezó a entrar en razón. Por supuesto me gustaba Kristoff y quién sabe, quizás habría salido con él en otra vida, pero estaba loca por Elsa, jamás dejaría de amarla y ella lo sabía.
Después de unos días de incomodidad, quedé embarazada. No diré nada sobre cómo estuvo ni cuanto duró, prometimos no hablar del tema con nadie y no soy de las que rompe promesas.
Tratamos de que Jack fuera consciente de lo que iba a pasar, pero no pareció entenderlo hasta que pudo sentir a su hermano dentro de mi barriga. Lo malo era que toda la atención se centraba en mí y eso a él no le gustaba demasiado.
Un día a los siete meses de embarazo, me hizo daño sin querer con sus poderes y Elsa se encargó de echarle una bronca que me dolió hasta a mí. No fue para tanto, pero después de ese incidente, dejó de usar sus poderes por miedo. Entonces me di cuenta de que lo estábamos enfocando mal, hablé con él para decirle que no tuviera miedo de usarlos, que era normal que de vez en cuando pasaran accidentes, pero que no se preocupara, que tuviera más cuidado la próxima vez. Con apenas cinco años, me sorprendió que fuera capaz de comprenderlo.
Los últimos días lo pasé bastante mal, más por el ansia de tener a mi hijo en brazos que por el malestar, la incomodidad y las eternas noches sin poder dormir.
Seguimos el mismo proceso que con Elsa pero esa vez sólo vinieron Thomas y Primrose, los reyes de Corona estaban ocupados con mantener a los dos reinos.
El día del parto duró más de veinticuatro horas. Yo queriendo terminar cuanto antes y mi cuerpo sin estar por la labor, pasaron unas horas antes de que las horribles contracciones empezaran a ser más frecuentes y se hizo de noche hasta que terminé con ese infierno. Diez horas y media dijeron, pero para mí fueron dos semanas de dolor, gritos y sufrimientos. Me pregunté mil veces qué hice para merecerme un parto tan largo.
Minutos después de dar a luz, me desmayé por agotamiento y por un momento creí que no volvería a despertar.
Cuando conseguí abrir los ojos el día siguiente, me sentía muy débil, me dolía todo y tenía un hambre terrible. Quise olvidar tanto ese parto que ni siquiera recordaba si al final era niño o niña.
Elsa dormía apoyando la cabeza en la camilla, cogiéndome de la mano. Vi a Primrose cerca de la cuna y cuando traté de levantarme me vio.
— Anna… — hice un enorme esfuerzo por incorporarme, pero no pude— Eh, eh, espera…— me sentí tan inútil que me puse a llorar.
— No puedo ver a mi propio hijo…
— Vale, no te muevas…— cogió con mucho cuidado el pequeñín que dormía en la cuna y me lo presentó— Mandy, te presento a Anna, tú mamá.— era niña. Me la dio en bazos y morí de felicidad, era preciosa, y no porque era mi hija, era preciosa de verdad. Llevaba tantos meses esperando ese momento que mis lágrimas tomaron pleno control al sentir por fin a mi pequeña.
Quise que no se despertara, pero se empezó a mover y cuando abrió un poco los ojos, se tumbó hacia mí para ponerse cómoda en mis pechos.
— Hola Mandy… ¿estás cómoda aquí? Dios mío esto es… increíble.
Me centré tanto en mi amorcito que no me di cuenta que Elsa se había despertado.
— ¡Anna…!
— Sh… no grites…
— ¿Cómo te encuentras?
— Ahora mismo estoy flotando en una nube de algodón…
— Menos mal… Ha sido un parto durísimo, ¿seguro que estás bien?
— Ha valido la pena.
— Sé cómo te sientes… es espectacular…
— Voy a buscar a los demás.— Primrose nos dejó solas con nuestro segundo hijo, con nuestro segundo amor.
[Hans]
— Adelante… pasa. Llevaba tiempo esperándote.
— ¿Así es como saludas a un viejo amigo?
— No te pago para que me vengas con gilipolleces, ¿qué tal ha ido? Cuéntame.
— La cosa está más interesante de lo que pensaba. Estábamos equivocados, los difuntos reyes de Arendelle sí que tuvieron una hija, la cual, agárrate fuerte, tiene un hijo con su prima.
— ¿Con su prima? Estarás de coña.
— Lo cierto es que no, decidió no reinar para vivir con ella, escuché que tenían una pastelería. Y no te lo pierdas, su prima es la hija del antiguo rey Thomas, hermana de la mismísima reina Rapunzel de Corona.
— ¿Me estás tomando el pelo?
— No… sé que cuesta de creer pero…
— ¿Y ella también rechazó el trono?
— Exacto, en resumen, dos princesas de reinos diferentes que decidieron no reinar para enrollarse, increíble ¿verdad?
— Si lo que me estás diciendo es cierto, que espero que lo sea, significa que lo tenemos ¡muy fácil! Arendelle no tiene heredero y tenemos a dos… ¿cómo llamarlas? ¿locas? que nos podrían dar el poder con un chasquido de dedo. Y encima les haremos un favor. Haz las maletas porque nos vamos de viaje.
— Pero si acabo de llegar, y aún tengo mucho que contarte.
— Me las cuentas de camino. Rey Hans, de Arendelle. Suena bien ¿verdad?
Mandy: Duda resuelta. Por cierto, Mandy será la hermana del nuevo protagonista :D
Adsafsad, siempre quise escribir un parto y me ha gustado más de lo que esperaba *-*
Lo siento chicos, al final el imbécil de Hans ha tenido que aparecer en la historia T.T En fin, espero que os esté gustando la forma que está teniendo esta segunda temporada, se avecina tormenta en Arendelle...
Mañana más, espero.
