Capítulo 37: El plan de Malfoy (Editado)

El silencio caía como un pesado eco en la penumbra de la habitación únicamente iluminada por los mortecinos rayos de sol que se filtraban a través de las roídas cortinas color esmeralda. Había cuatro personas allí.

Tres sorprendidas, la otra aparentemente tranquila, expectante.

Hermione miró a sus boquiabiertos amigos y se dio cuenta de que ella estaba tan estupefacta como ellos. Notaba los dedos de Draco hundiéndose en la curva de su cintura, aumentando la presión, como si estuviera pidiéndole que no dijera nada. Confusa, giró el rostro y le miró por encima de su hombro. Él estaba serio y muy pálido, pero se le veía muy decidido, como si hubiera tomado una determinación final.

Y lo había hecho. Draco ya había oído hablar de la existencia de la Orden del Fénix y se había dado cuenta de que la Mansión Black era su guarida. En realidad lo había sabido desde que Kreacher se apareció dos años atrás en Malfoy Hall revelando con su presencia lo que no se atrevió a decir con palabras. Sabía que el Señor Oscuro había interrogado a Snape acerca de la ubicación de la casa escondida por el Fidelius y también sabía que él no había podido decir nada, porque al morir el guardián secreto, el único que podía revelar la ubicación de la casa era su heredero. Al principio se había sentido algo descolocado porque sabía que había sido Hermione la que le había llevado a Grimmauld Place, pero aunque todo era borroso para él, estaba seguro de que había sido Potter quien le había abierto la puerta, revelándole así la casa.

Una vez dentro había creído que la Orden del Fénix se había disuelto después de la muerte de Dumbledore porque las únicas personas que había visto en esa mansión era a los Weasleys limpiando, a Tonks en sus visitas esporádicas y a los tres amigos. Pero ahora, al acercarse a la habitación del cabeza rajada y el pobretón lo había escuchado.

"No es una broma, ¿verdad? ¿Y cuándo ibas a decírnoslo? Lo de ir a convocar a la Orden del Fénix era sólo una excusa para no tocar el tema, ¿verdad?"

Entonces, en los cinco segundos que le había llevado recorrer la distancia que le separaba de Hermione bajo el quicio de la puerta, lo había decidido. Hacía tiempo que navegaba entre dos tierras, mortífago desertor en casa de la resistencia contra el que se suponía su Señor. Su padre le había enseñado que lo mejor era mantenerse en el equilibrio entre dos bandos el tiempo que fuera posible antes de decantarse por el más fuerte. Él lo había hecho cuando el Señor Oscuro había caído, fingiendo haber sido víctima de Imperius, y lo había vuelto a hacer cuando Él había regresado.

Draco había intentado seguir sus pasos hasta que había llegado a un Callejón sin salida. Se había visto obligado a huir por su vida y llevaba demasiado tiempo limitándose a estar escondido. Gracias a eso su madre estaba ahora en San Mungo y él ya no tenía nada que perder.

Sólo le quedaba una persona y no hacía nada por protegerla quedándose encerrado en la Mansión Black. Estaba acojonado pero le había llegado la hora de decidir ahora que aún estaba a tiempo.

—Harry –dijo Ron rompiendo el espeso silencio —¿Sabes qué creo? Que seguimos en la torre y esto es un sueño. Una pesadilla, mejor dicho.

—¿Cuándo empezarás a afrontar tus problemas en lugar de dar siempre rodeos, Weasel? –—se burló Draco. Sabía que no era lo más prudente meterse con Weasley o Potter en ese momento, pero su instinto natural no podía resistirse al ver la cara de subnormal que se le había quedado al pelirrojo.

—¿Desde cuándo tú eres un experto en eso, Malfoy? –—replicó Harry antes de que Ron pudiera hacer algo más que ponerse colorado de furia.

—Eso estoy haciendo ahora. Quiero unirme a la Orden —repuso él con aparente serenidad. Hermione cambió el peso de pie abriendo y cerrando la boca sucesivamente, como si no estuviera segura de qué decir.

—¿Qué sabes tú de la orden, lechoso? —le gritó Ron, que se había incorporado violentamente de los almohadones —¿Qué le has contado? —añadió mirando a Hermione con acusación.

—Yo... —comenzó ella, pero Draco la interrumpió.

—Hermione no me ha dicho nada, acabo de oír a Potter vociferarlo desde el pasillo. En cuanto a lo que sé sobre la Orden es que os dedicáis a intentar derrocar al Lord Tenebroso —hizo una pausa, torció la boca como si mantuviera una profunda lucha interna y finalmente añadió de mala gana —y quiero ayudar.

—Si sigues llamándole Lord es que no has dejado de ser un mortífago —replicó Harry con acidez, sosteniéndole la mirada a través de sus gafas con escepticismo.

—Sí –—aseguró Ron asintiendo enérgicamente —Además, ¿por qué ibas a querer unirte a la Orden?

—No sé —masculló Draco aumentando la presión en torno a la cintura de Hermione de pura irritación —mi padre está en la cárcel, mi madre en San Mungo y a mí me buscan los mortífagos para matarme. Tal vez incluso el corcho de botella de whisky de fuego que tienes por cerebro alcance a comprender que tengo motivos suficientes.

—¡Repite eso, rubiales cobardica! —gritó Ron levantándose rápidamente de la cama. Se detuvo con los pies sobre la alfombra y palideció de repente, como si se hubiera mareado. Hermione se liberó de la mano de Draco para correr hacia su amigo, pero al verlo, Ron la miró con tanto desprecio que a la chica le quedó claro que no quería su ayuda. Se detuvo a los pies de su cama, mirando el suelo, intentando contener la angustia que sentía en el su pecho mientras percibía los movimientos del pelirrojo sentándose de nuevo en la cama con debilidad.

Draco se quedó unos instantes indeciso, bajo el marco de la puerta, decidiendo si partirle la cara a la comadreja por haber mirado de ese modo a su lo-que-quiera-que-fuera o si acercarse a ella y hacer algo, lo que fuera, para que dejara de parecer tan inmensamente triste. Pero antes poder moverse, la voz de Potter le detuvo.

—Tal vez tengas motivos para querer que Voldemort caiga pero no entiendo por qué ahora quieres jugarte el cuello. La valentía nunca ha sido una de tus virtudes, Malfoy.

Draco entreabrió los labios posiblemente para insultar a Harry, pero al final se contentó con apretarlos con fuerza. No iba a explicarle que era un valiente de los que se enfrentaban sin ninguna esperanza contra Voldemort, sin más pretensión que la de morir poniéndoselo difícil, porque no lo era. No iba a contarle que en realidad se hubiera entregado al Señor Oscuro para que le matara de haber sabido lo que le sucedería a su madre al huir él, porque no estaba seguro de haberlo hecho si hubiera tenido la elección.

Él no era un valiente y nunca había pretendido serlo. Su padre le había enseñado que la valentía era para los ignorantes y la astucia para los fuertes. Su única valentía, si es que podía considerarse a eso como tal, estaba en no ser capaz de cumplir las órdenes de su Señor. Por dos veces le había desobedecido: no había sido él quien había matado a Dumbledore y Hermione Granger vivía –y era evidente que él no tenía intención de matarla—.

En esas dos ocasiones, cuando había comenzado a bajar la varita que apuntaba a Dumbledore en la torre de Astronomía, cuando había sido capaz de murmurar a los pies de su Señor que no podría matar a la sangre sucia Granger, lo había hecho sabiendo que estaba firmando con bastante probabilidad su sentencia de muerte. Tal vez, para los que sabían de eso, lo que había hecho implicaba algún tipo de valentía.

De cualquier modo, no le importaba. Sólo sabía que se había cansado de esperar, esperar órdenes, esperar novedades, esperar que otros acabaran con Él y le salvaran el culo, porque nunca había sacado nada bueno de eso: que el Señor Oscuro le torturara hasta casi matarle y que su madre fuera atormentada hasta llegar a la locura.

Y ahora quería vengarse, dejar de ser una marioneta en manos de otros, dejar de tener miedo. Hacer algo por una vez, verdaderamente algo, por proteger a su familia y a ella. A su todo.

—Tengo muchas otras virtudes —dijo al fin, metiéndose las manos en los bolsillos después de encogerse de hombros con elegancia.

—¿Tal vez la lealtad? —sugirió Ron con rabia –O quizás, Hermione pueda decírnoslas, ¿no? Ya que se ha dedicado a retozar contigo mientras Harry y yo nos jugábamos la vida fuera.

—Eso no ha sido así, Ron —dijo Hermione abriendo la boca al fin, aunque su voz sonó menos convencida de lo que hubiera deseado —y te recuerdo que fuisteis vosotros los que me prohibisteis acompañaros.

—¡Pero para protegerte! —gritó el pelirrojo —¡No para que te enredaras con él! ¡Nunca creí que harías algo así! ¡Por los pantalones de Merlín, mírale! ¡Es Draco Malfoy! ¡Un mortífago! ¡Él mismo que se ha pasado años llamándote sangre sucia y jodiéndonos a los tres!

—Él...

—¿Él qué? —terció Harry con un tono tan frío que para Hermione era casi peor que los gritos de Ron —¿Vas a decirnos que no le conocemos? ¿Qué en realidad es buena persona?

Harry se recordaba –cada vez que se topaba con Malfoy por la casa y se preguntaba a sí mismo por qué demonios lo estaba protegiendo –que él no había matado a Dumbledore, que nunca había querido hacerlo y que había empezado a bajar la varita para aceptar la protección del director antes de que Snape llegara y lo matara a sangre fría. Sabía que no era un asesino, pero tampoco era una buena persona. Tal vez podía aceptar tenerlo en su casa, darle la protección de su techo porque sabía que en el fondo no se merecía morir ni ir a Azkaban pero de ahí a quererlo para su mejor amiga, había un largo recorrido. Sobre todo porque no era capaz de concebir que él tuviera un interés bueno y sincero en ella.

—Puede que no lo sea —dijo Hermione con voz queda, pero sin vacilación —pero quiero estar con él.

Ron dejó escapar el aire entre dientes haciendo un sonido desagradable de pura mofa, pero no fue eso lo que más encendió a Draco. No. Fue el modo en que Hermione miraba al moreno como si le rogara que él, oh San Potter, le diera la absolución divina para poder estar con él. Porque, por supuesto, él no era lo suficientemente bueno para la angelical Hermione Granger, que en su inmensa bondad se había fijado en alguien inferior y ahora rogaba la redención para él. Redención que por cierto, él no quería. Por lo menos no en eso.

—¿Por qué tienes que decirlo con ese tono de mártir? —le espetó Draco —No tienes que pedirles permiso a estos dos memos para estar conmigo.

—Tú no lo entiendes, Draco —repuso Hermione mirándole con ansiedad. No podía pelear con todos, no podía perder a ninguno, pero todos esperaban algo distinto de ella y no podía complacerlos a los tres.

—¿Qué no entiendo? ¿Qué tienes que postrarte y pedir perdón a tus perfectos amiguitos por estar conmigo? Tú puedes hacer lo que quieras sin rendirles cuentas.

—Nosotros sólo nos preocupamos por ella porque somos sus amigos, Malfoy —intervino Ron que llevaba un rato estrangulando la manta en vista de que por su debilidad no podía estrangular a Malfoy personalmente —aunque como tú nunca has tenido amigos no espero que lo entiendas.

—Por supuesto, tú sólo sientes preocupación de amigo, ¿eh, Weasel? —comentó Draco con maldad —Es preocupación y no celos lo que has sentido cuando me has visto tocarla.

—Tú... no... sabes... nada —escupió Ron, espaciando las palabras para ponerse más y más rojo entre cada una de ellas.

—Si has sido tan gilipollas como para tenerla al lado todos estos años y dejarla escapar, no es mi problema, Weasel. Púdrete de celos pero no finjas que esto lo haces por ella.

Ron intentó volver a ponerse en pie para lanzarse sobre Draco y posiblemente intentar apalearlo, pero Harry fue más rápido y le sostuvo, tambaleantes ambos, mientras Hermione corría hacia Draco para impedir que se pusiera al alcance del pelirrojo como parecía que estaba intentando hacer.

Los cuatro se mantuvieron en silencio unos segundos en los que sólo se oía la respiración superficial y acelerada de Ron. Harry lo sujetaba con toda la fuerza que le quedaba, y al cabo de unos segundos, Ron dejó de hacer intentonas por liberarse, demasiado débil para hacer algo más que tratar de tomar aire. Hermione los miró, aferrada a los brazos de Draco, y se sintió completamente miserable.

Hiciera lo que hiciera, alguien iba a salir herido. Alguien además de ella.

Suspiró hondo, trató de reunir fuerzas y miró a Draco. Él la miró a ella, con el cuerpo tenso, los brazos rígidos bajo sus manos y una mueca de indiferencia. Esa mueca de no me importa nada que sus ojos grises se encargaban de desmentir, adquiriendo la tonalidad de una tormenta, ese brillo, próximo a descargar.

—Draco, por favor, déjanos solos.

Draco la miró fijamente unos segundos y Hermione sintió como los brazos de él se endurecían más y más bajo las yemas de sus dedos. Tragó saliva, pero le mantuvo la mirada.

—Pero... —comenzó él al cabo.

—Por favor —insistió ella arrugando las cejas en expresión suplicante.

Y Draco volvió a sentirlo, esa jodida sensación de vulnerabilidad total, de ser un pelele en sus manos que no era capaz de negarle nada. Asintió con brusquedad y se apartó de sus manos, furioso con ella pero sin poder desechar su súplica. Si quería que la dejara sola con esos mamomes, allá ella. Tarde o temprano volvería a él, posiblemente llorándole.

Lanzó una mirada cargada de odio a Harry y a Ron, una de reproche a Hermione y salió de la habitación, después de propinarle un puntapié a la puerta, andando, como Tonks había dicho una vez, como si quisiera apartar a gente inexistente con sus pronunciados movimientos de hombros.

Y aunque era lo que había querido, lo que sabía que sería mejor, Hermione sintió cuando Draco hubo salido que la habitación se volvía más fría, más hostil, más grande, y ella más sola, pequeña y cansada. Miró a sus amigos con tristeza y se sorprendió al ver la expresión de Harry mientras ayudaba a Ron a sentarse. Estaba mortalmente serio y parecía enfadado, pero no con ella exactamente. No la miraba con enojo, sino como si estuviera comprendiendo algo que no le gustaba.

—Hermione —dijo tras obligar a Ron a tumbarse para regresar después cansinamente hasta su cada y dejarse caer sobre el colchón con pesadez —¿Qué estás haciendo?

No había reproche en su voz, sino la intención de comprender algo que escapaba a su entendimiento pero a lo que comenzaba a resignarse.

—No lo sé, Harry —reconoció ella, tratando de contener las lagrimas. Esa inesperada brizna de comprensión, la conmovía más que todos los gritos lanzados —No sé a dónde nos llevará esto, pero voy con él.

—¡Pero cómo puedes estar con ese capullo! —gritó Ron, reincorporándose de los almohadones en los que Harry le había hecho reclinarse. Sintió un fuerte dolor en el cuello y las costillas, pero lo ignoró. Estaba demasiado furioso como para que le importara algo tan insignificante como las molestias de unas heridas. Furioso y destrozado. Se sentía traicionado pero sobre todo increíblemente estúpido no sólo porque Malfoy estuviera con Hermione, sino porque él le había dicho una dolorosa verdad —¿Qué crees que quiere de ti? ¡Usarte! ¡Quiere sacarte información sobre la Orden y sobre lo que estamos haciendo para ir a contárselo a quien-tú-ya-sabes! ¡Es un espía! —aseguró y después miró a Hermione de arriba abajo como si le hubiera decepcionado por caer en la trampa más antigua del mundo —Se lo ha montado bien y tu te has creído que siente algo por ti.

Hermione apretó los labios y asintió, dándose por enterada. Por supuesto él era un espía, ¿qué iba a hacer sino con ella? No supo si reírse o llorar, y no intentó ninguna de las dos cosas porque no creía poder hacerlas por separado. Se limitó a quedarse en la entrada de la habitación, congelada.

—Por supuesto, Ronald —dijo entre dientes —es imposible que yo pueda gustarle a nadie. Siempre tiene que haber algo.

—Hermione —terció Harry con tono apaciguador —Ron no quería decir eso...

—¡Sí que quería decirlo! —aseguró Ron —¡Seguramente te ha estado sacando información mientras nosotros dos arriesgábamos la vida en Albania!

—Te aseguro que hablar de vuestra misión, la Orden del Fénix o algo por el estilo no está en la lista de cosas que hemos hecho, Ronald —comentó ella con sequedad, afanándose en ignorar el picor de las lagrimas en sus ojos —Nunca me ha preguntado nada al respecto y acabo de enterarme como vosotros de que sabía algo de la Orden y quería unirse. Si quieres creer que me utiliza porque es la única razón por la que podría estar conmigo, adelante, pero por favor, no me insultes hasta el punto de pensar que sería tan estúpida como para decirle algo sobre los horrocrux o cualquier cosa que pudiera poneros en peligro.

Ron se quedó callado unos instantes, buscando algo que decir, pero finalmente se decidió por mirar a Hermione en un silencio ofendido.

—Harry, me gustaría saber si tú también piensas que haría algo así —dijo ella con frialdad, ignorando por completo a Ron para mirar al moreno.

—Sé que no, pero estoy preocupado, Hermione. Todo esto ha pasado demasiado rápido —respondió el moreno con desazón —Cuando nos fuimos Malfoy y tú os odiabais y él deseaba que nos partiera un rayo, y ahora quiere entrar en la Orden, está contigo y... parece que le importas.

Y eso era todo lo que estaba dispuesto a decir por el momento. Puede que fuera un desastre en el terreno amoroso pero no era estúpido. Veía cómo la miraba Malfoy, sus actitudes posesivas al tocarla, el modo en que se había plegado a la petición de Hermione, la patada que le había propinado a la puerta para manifestar su enfado por dejarla sola con ellos. Había algo en Malfoy, algo que tal vez ya había visto antes pero en lo que no había reparado (o no había querido reparar). Algo en él cuando estaba cerca de su amiga. Algo incómodo pero real.

Algo que también había en ella. Miró a Ron, cruzado de brazos cabezonamente, con la mirada clavada en sus pies, y sintió pena por su amigo. Y cansancio, mucho cansancio.

Estaba harto de ser El Elegido, de tener el peso de esa misión, de ser quien debía acabar con Voldemort o morir en el intento. Estaba harto de no poder estar con la persona a la que quería por ello.

Así que en alguna parte de él, no podía menos que alegrarse –y envidiar sanamente –que alguien a quien apreciaba tuviera la oportunidad de tener lo que a él le estaba negado hasta que cumpliera su misión.

—No tienes por qué preocuparte en eso —murmuró Hermione con gratitud —sé lo que hago, sé que le importo. Ahora sólo preocúpate de descansar y yo hablaré con la Señora Weasley.

Harry asintió tras unos instantes de vacilación, mientras Ron bufaba desdeñosamente. Hermione decidió ignorarle y tras examinar la venda de la mano de Harry –que había vuelto a llenarse de sangre –y cambiarla por otra, dejó la habitación.

Partida en tres.


Ya sabía que él estaría en la biblioteca antes de comprobar que su habitación estaba vacía. Estar en su cuarto podría darle la impresión de que estaba esperándola, y él estaba demasiado enfadado con ella como para querer eso. Cuando abrió la puerta de la biblioteca y no lo vio sentado en un sillón, se dio cuenta de que estaba realmente enfadado. Siguió el haz de luz que caía sobre la alfombra procedente de uno de los pasillos de la biblioteca y lo encontró allí, de espaldas a ella, frente a la ventana, mirando el cielo donde el atardecer y el anochecer se fusionaban como si quisiera irse con ellos.

Hermione se acercó despacio, con calma y pasos comedidos, que ahogaban las alfombras polvorientas del suelo hasta detenerse a sus espaldas. Draco no se movió para mirarla.

Ella le puso una mano en la espalda, como si quisiera llamarle la atención sobre su presencia o tal vez obligarle a volverse, pero no lo hizo. Dejó la mano allí, sobre la tela de su camisa negra, para cerrar los dedos atrapando la prenda. Se aferró a y apoyó la frente en su espalda.

Draco la sintió temblar contra él mientras su enfado se convertía en volutas de humo y su miedo se disolvía. Se había ido de la habitación, temiendo que Potter y Weasley pudieran hacer que ella cambiara de opinión respecto a estar con él. Si ella no había estado totalmente convencida antes de su llegada, que esos dos se opusieran podría haber logrado que la perdiera. Pero no había sido así, lo sabía porque se había acercado y le había tocado. Lo sabía porque estaba llorando calladamente en su espalda, lo sabía porque había ido a él buscando consuelo, no para abandonarle. Simplemente lo sabía.

Despacio, se volvió hacia a Hermione y la rodeó con sus brazos. Ella hundió el rostro en su pecho y allí, abrazados ambos, entre los primeros rayos de luna y las últimas luces del sol, se dejó querer.


—Potter.

Harry se detuvo, en medio del pasillo, al escuchar la voz a sus espaldas llamándole.

—Malfoy —dijo con voz neutra mientras se volvía hacia el rubio.

—Tenemos que hablar —anunció Draco avanzando hacia él.

Harry no tenía ganas de hablar con él. Se había pasado cerca de una hora escuchando a Ron despotricar sobre Malfoy y sobre la ingenuidad de Hermione, elaborando, una tras otra, descabelladas y extravagantes teorías en las que Malfoy siempre era un espía o un enviado del Señor Oscuro para acabar con ellos. Si le había dicho a su amigo que iba a darse un baño era precisamente para tener un poco de tranquilidad y poder pensar las cosas con frialdad y sin que ni Ron ni Hermione le influyeran. Y Malfoy seguía sin ser su persona favorita, así que lo último que le apetecía hacer en esos momentos era tener una conversación –que posiblemente derivaría en una pelea- con él.

—Ahora no —y sin esperar respuesta de Malfoy, Harry se volvió y siguió avanzando hacia el baño del final del pasillo.

—No es para convencerte de que soy el hombre ideal para Hermione, ni alguien muy valioso para la Orden del Fénix. Es algo importante.

Harry se detuvo y cerró los ojos unos instantes. De no haber notado ese tono de urgencia enterrado bajo capas de hostilidad, orgullo y superioridad en la voz de Malfoy, no se hubiera vuelto hacia él para escucharle a pesar de lo cansado que estaba.

—Habla —concedió.

—Hermione está en peligro —dijo Draco con voz ronca —y no me refiero al peligro que corre la población en tiempos de guerra, ni siquiera al peligro que corren los sangre sucia en estos momentos.

—¿De qué hablas? —preguntó Harry sintiéndose como si le hubiera arrojado un caldero de agua helada por encima.

—Bellatrix quiere matarla.


Hermione estaba en la cocina, preparando el desayuno para Harry y Ron cuando oyó los suaves y apurados golpes en la puerta de entrada. Intrigada, dejó las tostadas recién hechas sobre un plato y sacudiéndose las migas de los dedos, fue andando hasta el hall donde encontró a Harry en pijama y con aspecto enfermizo.

—¿Qué haces levantado? —le regañó acercándose para comprobar que las vendas de su mano estaban manchadas de sangre seca de nuevo —Iba a subiros el desayuno ahora.

Podía estar enfadada con Ron, pero ambos estaban todavía convalecientes y no pensaba dejar que hicieran esfuerzos.

—Estoy bien —dijo Harry con un tono demasiado jovial para sonar natural. Hermione le miró a los ojos de ese modo en que la Señora Weasley miraba a Ron cuando quería sacarle información, así que Harry se escabulló de ella y fue a abrir la puerta.

—Kingsley —murmuró haciéndose unos pasos atrás para dejarle entrar. El auror no iba solo, sino que le acompañaba una muchacha no mucho mayor que Hermione que llevaba un pequeño maletín de cuero en las manos con el símbolo de una varita y un hueso cruzados y un gorrito de lana que le cubría hasta las cejas.

—Hola, Granger. Potter en las manos les saludó la chica entrando con timidez en el hall detrás de Kingsley. Harry cerró la puerta tan sorprendido como Hermione y miró a su amiga con interrogación. Kingsley captó el desconcierto de los chicos y sonrió mostrando su blanca dentadura.

—Molly habló conmigo anoche. Me dijo que Hermione le había contado que tenías una herida bastante fea en las manos dijo el auror con su profunda voz.

—No es nada —dijo Harry algo incómodo, ocultando su mano vendada a la espalda.

—Creemos que San Mungo ya no es seguro, sospecho que hay varios cuidadores bajo imperius para acabar contigo o cualquiera de la Orden si aparecéis por el hospital. Por lo visto se enteraron de que Hermione estuvo allí.

—¿Cómo? —preguntó Hermione con nerviosismo.

—No lo sabemos —dijo Kingsley —Voldemort siempre se ha valido de muchos espías. El caso es que si no podemos ir a San Mungo, tendremos que traer San Mungo a nosotros. Y ahí es donde entra Devany Apeldty. Es una...

—Sanadora —completó Hermione recordando a la chica. Era la misma que la había atendido cuando había llevado a Madame Malkin a San Mungo, la misma que se encargaba de cuidar a Narcissa Malfoy.

—En prácticas —murmuró Devany con un hilo de voz, al tiempo que aferraba con fuerza el maletín que había estado apunto de escurrírsele de los dedos temblorosos por los nervios.

—Precisamente por eso es más seguro para todos –dijo Kingsley con amabilidad —Ella examinará tu mano, Harry. Me atendió cuando estuve en San Mungo y es de mi entera confianza —miró a Devany que parecía abrumada por sus palabras y le dio una palmada en la espalda para animarla —Conozco a su padre, un gran hombre. Ella cuidará de ti, Harry. Ahora debo irme, regresaré al mediodía con el resto de la Orden.

Y después de darle un apretón de manos a Harry y a Hermione, el auror desapareció por donde había venido.

Los tres jóvenes se miraron torpemente y ninguno parecía muy seguro de qué se suponía que debía hacer.

—Estoy encantada de conocerte, Potter —dijo Devany bajándose aún más el gorrito de lana sobre los ojos —aunque en realidad ya te conozco. Quiero decir, cuando acabé en Hogwarts tú aún estabas en cuarto. A Granger ya la conozco.

Harry asintió algo incómodo y Hermione le dirigió una sonrisa de solidaridad a la chica.

—¿Cómo está la Señora Black? ¿Hay alguna novedad? —preguntó.

—No gran cosa —respondió la sanadora con aire triste —No reacciona ante nada, ni siquiera cuando va a visitarla el señor Marcus Black —se sumió en un silencio pensativo y luego añadió—–aunque cuando lo hace esa señora mayor parece alterarse un poco.

—¿Qué señora?

—No recuerdo su nombre, dice que es una vieja amiga de la familia pero nunca viene cuando el señor Black está allí.

Hermione supo en el acto que esa mujer era Bellatrix y sintió un profundo horror ante la crueldad de esa mujer. Estaba segura de que se pasaba a ver a Narcissa para asegurarse de que Draco no regresaba y de paso regodearse en su obra. Decidió que sería más prudente que Draco desconociera esa información y a ver la mirada de Harry fija en ella, trató de cambiar de tema.

—¿Por qué no examinas a Harry? He intentado curarle la herida con poción desinfectante, díctamo y ditanny pero no he logrado nada.

—Veré que puedo hacer —dijo Devany y parecía más segura de sí misma cuando aferró el maletín con ambas manos —¿Dónde puedo examinarte?

—En el primer piso hay muchas habitaciones —sugirió Hermione empujando suavemente a Harry para que guiara a la sanadora. Una vez se quedó sola, agradeció interiormente que la Señora Weasley hubiera hablado con Kingsley. La noche anterior, después de la discusión con Harry y Ron y de un rato en la biblioteca con Draco, Hermione había bajado a la cocina para comunicarse con ella por la red Flu. Le había contado que su hijo y Harry habían regresado y que estaban bien, pero que el segundo tenía una herida que no era capaz de curar. Molly se había preocupado tanto o más que ella y le había dicho que pensaría en algo.

Y ahora Kingsley les había conseguido a una sanadora de San Mungo.

Mientras volvía a la cocina sonriendo, Hermione se alegró al pensar que la Orden del Fénix aún vivía.


Hacia las dos del mediodía el grueso de los miembros de la Orden del Fénix que aún vivían se apiñaban en el hall de los Black, hablando por encima de los estridentes gritos de la Señora Black que los insultaba con renovadas energías después del período de tranquilidad que había supuesto que la casa estuviera casi vacía.

Allí estaban Tonks y Ojoloco –que no dejaba de vigilar la casa con su ojo mágico—, Bill y Fleur, los Señores Weasley, los Gemelos, Mundungus –a una distancia prudencial de Harry—, Hestia Jones hablando con Lupin, Kingsley Shackelbolt y finalmente Harry, Ron y Hermione. Devany estaba encogida en un rincón, aferrando su maletín nerviosamente como si se sintiera fuera de lugar; Draco, en lo alto de las escaleras, observaba el concurrido hall con una mezcla entre recelo y curiosidad.

Potter y él no habían hablado de su petición de entrar a la Orden ni de lo que se suponía que debía hacer cuando éstos llegaran, así que se limitaba a vigilar y esperar, teniendo en cuenta que había visto el ojo mágico de Moody fijo en él durante unos largos segundos ya que, evidentemente, dada su alertapermanente no se fiaba de él.

Después de que todos saludaran a Harry, le dieran palmaditas en la espalda y le preguntaran unas tres docenas de veces si se encontraba bien, Molly sugirió que bajaran a la cocina. Harry y Hermione se quedaron en el hall unos momentos cuando todos entraron, excepto Devany que permaneció incómoda en un rincón, y Draco que continuaba en las escaleras.

—Potter, quiero unirme a la Orden —dijo Devany con timidez, pero parecía decidida.

—Es muy peligroso —respondió Harry, algo abrumado. No le gustaba que todo el mundo recurriera a él para entrar en la orden —Te agradezco mucho que me hayas curado la mano, pero creo que ya te has arriesgado lo suficiente viniendo aquí. Cuando menos sepas será mejor.

—Potter —Devany alargó una mano para sujetarle por el hombro con desesperación —–quiero ayudar. Mi madre es muggle y mi padre es un squib.

—Apeldty...

—Por favor —murmuró la chica aferrándose con fuerza a él —Hazlo por Cedric. Él era... mi mejor amigo. Vol...Volde... Voldemort —se estremeció al decir el nombre —lo mató. Quiero hacer algo. Lo necesito —añadió mirando con súplica a Harry.

Harry la contempló unos segundos, indeciso y abrumado por la situación. Después miró a Malfoy, en lo alto de las escaleras, que parecía esperar el momento adecuado para abordarle y tomó una resolución.

—Esperad aquí, los dos. Ya os haré llamar —dijo y después se dirigió a las cocinas, seguido de Hermione que después de lanzar una mirada apenada a Devany y a Draco, cerró la puerta.


—Ya hemos esperado demasiado —aseveró Moody golpeando el suelo con su pata de madera.

—No hemos estado cruzados de brazos, Alastor —aseguró Hestia con tacto —en el ministerio...

—El ministerio sólo se ocupa de intentar tapar lo que está ocurriendo —dijo Fred con desdén —Están sobornando a los comerciantes del Callejón que no pensaban reabrir sus tiendas para que lo hagan y mantengan la boca cerrada.

—Quieren que todo el mundo piense que todo está bien allí —añadió George —como si no hubiéramos visto a gente morir en nuestras narices.

—También hace algo más que eso —dijo Kingsley con desagrado —El Decreto contra los Hombres Lobos es un hecho. Mañana presentarán el primer borrador.

Hermione vio como Tonks enlazaba su mano con la de Lupin, que a pesar de tener aspecto enfermizo, parecía sereno.

—Eso es lo único que saben hacer —refunfuñó la Señora Weasley —depurar responsabilidades mientras la gente se muere y los mortífagos siguen creciendo en número.

—Ya sabemos que están en San Mungo y puede que incluso en Hogwarts —comentó Bill —¿Qué sabemos del nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras? Lo puso allí el Ministerio pero eso no significa que sea de fiar.

—Minerva dice que es un buen chico —aseguró Arthur —las cosas en Hogwarts están tranquilas, aunque en la casa de Slytherin, hay muchos alumnos de séptimo curso que faltan a menudo —y ante la mirada interrogativa de los tres chicos, Arthur continuó –Crabbe, Goyle, Zabinni y Nott, entre otros.

—¿Creéis que son ... —comenzó Hermione.

—¿Mortífagos? —le atajó Lupin —sin duda. Posiblemente Voldemort les tenga allí para vigilar el colegio e intentar reclutar a más gente.

—Bueno, si es por eso, no tenemos mucho que temer. Crabbe y Goyle nunca han sido muy elocuentes ... —comentó Ron, burlón.

—No lo necesitan, chico —aseguró el exauror bruscamente —pueden emplear otros medios.

Después de las palabras de Moody, toda la congregación se sumió en un silencio meditabundo y preocupado, hasta que la Señora Weasley lo rompió.

—Bueno, creo que es hora de que nos contéis que habéis estado haciendo y por qué estáis tan magullados —dijo mirando a su hijo y a Harry con preocupación. De repente, todos los recién llegados volvieron su atención hacia Harry y en menor medida hacia Ron y Hermione, sentados a cada lado del moreno. Los tres intercambiaron una mirada –hasta que Ron recordó que estaba enfadado con Hermione y le giró el rostro –y después Harry se puso en pie.

—Antes de morir, Dumbledore me encargó una misión importante en la que Ron y Hermione me han ayudado. Me pidió que no sé lo contara a nadie más y creo que es mejor no hacerlo.

—Entonces, ¿paga qué nos hag gueunido? —preguntó Fleur exasperada.

—Porque tengo una misión para vosotros. Creo que no todos sabéis quien es Nagini —dijo Harry y hubo asentimientos y negaciones entre los distintos miembros de la Orden —Es una enorme serpiente que Voldemort lleva a todas partes. No puedo explicaros por qué pero es muy importante para él. Y es clave para nosotros acabar con ella.

—Pero si va a todas partes con quien vosotros ya sabéis, ¿cómo podremos acceder a ella? —preguntó Mundungus, claramente asustado por las palabras de Harry —¿Qué pretendes que hagamos? ¿Buscar su morada y atacarle allí?

—Eso no estaría mal —dijo George meramente para molestar a Mungundus por estar acojonado como él y Fred dirían —De hecho podríamos llevarle flores.

—O bombones —propuso Fred.

—No bromeéis con eso —les censuró su madre con el ceño fruncido.

—No descartéis la idea —dijo Kingsley pensativo —Si no nos queda otra alternativa podríamos tener que recurrir a eso.

—Pero no sabemos dónde se oculta Voldemort —comentó Tonks.

—Bueno, si mal no recuerdo, tenemos un mortífago viviendo en esta casa —dijo Fred enlazando las manos en la nuca.

—No sabe nada —dijo Ron con una risilla desdeñosa —Era el último mono entre los mortífagos.

—Ya le interrogamos —intervino Hermione ignorando el comentario del pelirrojo —y no sabe dónde puede esconderse Voldemort.

—Tal vez no usasteis las técnicas adecuadas —murmuró Ojoloco acariciando su varita con el ojo mágico fijo en la puerta de la cocina y el otro entrecerrado, como si saboreara un recuerdo agradable.

—Hermione no nos permitiría ser más disuasorios —apostilló Ron con rencor. Hermione le hubiera intentado dar una patada por debajo de la mesa si no hubiera estado Harry de por medio, al ver las miradas de todos fijas en ella.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Tonks mirando a Hermione de un modo, entre divertido y picaron que le hacía sospechar que ya sabía perfectamente a lo que Ron se refería.

—Lo que el bocazas de Ron quiere decir no es algo a debatir en una reunión de la Orden —respondió Hermione con dignidad. Estaba realmente enfadada con Ron por haberla puesto en ese apuro, el muy capullo. No le bastaba con considerarla lo suficiente estúpida para dejarse sacar información por Malfoy y lo suficiente horrible para que no pudiera concebir que él estuviera verdaderamente interesado en ella, sino que además le retiraba la palabra y pretendía poner su relación en tela de juicio ante toda la Orden.

—Veamos qué tiene que decir él —dijo Alastor —porque está escuchando detrás de la puerta.

Y con un movimiento de varita, la pesada puerta de madera de la cocina se abrió con estrépito y Draco se tambaleó un poco antes de equilibrarse, evidenciando que había estado del otro lado, con la oreja pegada a la madera. Se irguió con elegancia, adoptó su pose más altiva y descendió los escalones como si la Orden del Fénix fueran sólo unos invitados más de las famosas fiestas en Malfoy Hall. Hermione reconoció, con la boca seca, que podía tener mucho aplomo cuando quería.

Se acercó a la mesa –siempre a una distancia prudencial de Ojoloco Moody— y les miró a todos con suficiencia.

—Tenéis razón en algo. No sé dónde se esconde el Señor Oscuro. Pero sí sé como podemos averiguarlo o al menos saber qué trama.

—¿Ah, sí? —preguntó George burlonamente.

—Sí —dijo Draco, más pálido de lo normal ahora pero decidido —tengo un plan. Pero antes quiero entrar a formar parte de la Orden.

No estaba dispuesto a ser una marioneta del bando de los "buenos", iba a ayudar, iba a jugarse el culo, pero no iba a permitir que volvieran a utilizarle.

—¿Y eso por qué? —preguntó Bill con desconfianza.

—Él me torturó hasta casi matarme, mi padre está en la cárcel por cumplir sus órdenes, mi madre en San Mungo enloquecida a base de Cruciatus por no revelar donde me escondo y mi tía Bellatrix se pasea por ahí, deseando matarme. Tengo bastantes motivos —dijo y sólo Hermione se dio cuenta de la fuerza con la que se aferraba a los bordes de la mesa, revelando su angustia y su miedo.

Todos se quedaron en silencio, con los fijos en él, analizándole, estudiándole, decidiendo hasta qué punto podían fiarse de él. Draco sabía que nadie allí, a excepción de Hermione y puede que tal vez Tonks y la Señora Weasley confiaban en él, y que otros cuantos como los chicos Weasley le odiaban a muerte, pero también estaba convencido de que la palabra definitiva, la llave para entrar en la orden la tenía Potter. El jodido San Potter.

Por eso ignoró a los demás y fijó sus ojos en él, sosteniendo su mirada verde esmeralda en un callado reto. No supo si pasaron sólo unos segundos o unos varios minutos mirándose a los ojos, pero cuando al fin Potter pestañeó, Draco se sintió realmente cansado. Y acojonado.

—Si quieres entrar en la Orden, tendrás que demostrar que podemos confiar en ti —dijo Harry al cabo y se oyeron varios murmullos de desaprobación de cabezas pelirrojas, Hermione tan sólo permanecía en silencio, pálida y expectante —Dices que sabes cómo averiguar dónde se esconde o qué trama. Demuéstralo.

Ron hizo intento de objetar algo, pero su madre le lanzó una mirada de advertencia a él y a sus hermanos y los tres Weasley cerraron la boca a regañadientes. El resto del grupo permanecía a la espera, aunque por las expresiones de sus rostros se podía deducir su opinión al respecto. Sobraba decir que la única que parecía abiertamente contenta era Tonks.

—Bien, Potter —dijo Draco, relajándose de forma casi imperceptible —Este es el plan.


Hola! He vuelto!

Sí! Por fin he podido escribir! No sabéis como lo había echado de menos -y a vosotros/as-. Iré por partes :)

Lo primero es el capítulo. Estoy un poco oxidada después de tanto tiempo sin escribir y esta temporada tan larga alejada de todo pero en general estoy conforme con el resultado. Es un capítulo complicado y clave en los acontencimientos futuros, así que me he tomado mi tiempo para escribirlo -son casi las 3 de la madrugada...- Espero que os haya gustado y que no os haya parecido un tostón increíble. La historia a partir de ahora será más oscura porque vamos a tener más mortífagos, peleas y todo eso definitivamente. De hecho en el próximo capítulo me aventuraré con mi primera escena de lucha, a ver que sale. De momento tenemos la reacción de Harry y Ron ante la relación de Draco y Hermione. Ron se ha enfadado como era de esperar pero Harry se ha portado dentro de lo posible, aunque aún está un poco aturdido el pobre para decidir que piensa al respecto y tiene tanta información repentina que se colapsa. Como véis, Devany ha vuelto a aparecer y tendrá su pequeño papel en la historia. Ya he descubierto algo de su pasado y es que era amiga de Cedric, una de las razones por las que quiere unirse. Después he vuelto a reunir a la Orden y me ha gustado mucho escribir sobre ellos, ahora saldrán más :) Por último, Draco ha puesto las cartas -aunque aún no todas -sobre la mesa y Harry le ha dado una oportunidad. Veamos cual es el plan de Draco :) -en el próximo capítulo-.

Ahora deciros que os he extrañado y agradeceros por todos los reviews y pms enviados, los he leído todos pero no he tenido tiempo de contestarlos. Si alguien me preguntaba o pedía algo importante, por favor que vuelva a hacerlo, porque con tanto viaje y cosas lo he olvidado.

Después quiero haceros una recomendación de un fic que leí hoy y que es maravilloso. Es de Earwen Neruda y narra un día normal de los Merodeadores. Os gusten o no, os gustará el fic. Es simplemente soberbio, atrapante, divertido y fiel a los personajes. Y no, Ear no me ha pagado para que diga esto, aunque es tan buena escribiendo y tan buena persona que ya me paga asi :) Este es el link: s /3743313/ 1/ Lojurosolemnemente (sin espacios)

Pondría agradecimientos pero estoy muy cansada, mala y me duele el cuello así que me voy a la cama que hacía un mes casi que no trasnochaba tanto, pero quería actualizar que ya me he tardado bastante T.T. Espero que estéis todos/as bien :) y que no os hayais olvidado de la pesada de Dry.

MUCHAS GRACIAS POR TODO!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a Go para que Draco (o X) te abrace en un rincón de la biblioteca.