Capitulo 35:
Riza despertó poco después de medianoche y encontró a Roy vistiéndose junto al fuego.
-¿A dónde vas?
El levanto la mirada y sonrió al verla despierta.
-Hoy tengo el turno de medianoche. Volveré al amanecer.
- No quiero que te vayas- la cama se había quedado fría sin el.
-Volveré antes de que te despiertes- aseguro, acercándose a ella para abrazarla-. Después tendremos todo el día para nosotros.
La idea la hizo sentir mejor.
- Ojala pudiéramos quedarnos en esta habitación todo el tiempo. Todo lo que hay afuera es demasiado complicado.
Le tomo el rostro entre las manos.
-A veces el mundo se interpone en nuestro camino, pero lo que hay entre nosotros es puro y sencillo.
-Puro y sencillo- repitió con una sonrisa.
-Tengo algo para ti- le dijo Roy antes de abrir el cajón de la mesilla de noche y sacar una bolsita de terciopelo negro. Tiro del cordón y saco un delicado anillo de oro labrado.
Riza se puso muy recta.
Roy le agarro la mano izquierda y le dio el anillo.
- Era de mi madre. Era su anillo de bodas.
Algo se estremeció dentro de ella.
-Roy.
-Riza Hawkeye, ¿quieres casarte conmigo?
Ella acepto el anillo. Nunca se había sentido tan feliz. Ni tan triste.
Se hizo el silencio.
-Es muy sencillo- le dijo el.
-Es precioso- por un momento, imagino el anillo en su dedo y una boda sencilla en la iglesia del pueblo, y niños… Y una larga vida juntos.
-No puedo aceptarlo- dijo, devolviéndole la sortija.
-¿Por qué no?
A Riza los ojos se le llenaron de lagrimas.
-¿Es por el pueblo? ¿Por la vida en este lugar? ¿Por mi?
-No es nada de eso- tenia un nudo en la garganta-. Hay algo que no te he dicho.
- Sobre el- adivino con ira.
- Si.
Roy se arrodillo frente a ella y la puso las manso en las rodillas.
-Riza, lo que te hizo ese hombre ha quedado atrás. Ya no puede hacernos daño.
La ternura de sus palabras la destrozaba.
- Si, si que puede. Yo… yo me escape.
-Lo se- dijo, secándole una lagrima.
- De mi marido.
Roy la miro como si no la hubiera oído bien.
-¿Tu marido?
- Sigo casada.
La ternura desapareció de sus ojos.
A Riza le dolía tanto haberle arrebatado la felicidad que había sentido hacia solo unos minutos.
-Frank y yo nos comprometimos hace mas de un año- se seco otra lagrima-. Mi padre lo dispuso así y a su muerto no tuve mas opción. Yo me resigne y trate de hacer las cosas bien pero… Al principio los abusos fueron sutiles, pero todo empeoró muy deprisa. El día de nuestra matrimonio el se enfado conmigo, me pegi tan fuerte que perdí el conocimiento. A la mañana siguiente el se fue en viaje de negocios y no me llevo. Yo decido escaparme.
-Por eso estabas en el buque y por eso eras virgen.
-Si- admitió Riza con dignidad a pesar de que sentía las mejillas ardiendo.
Roy se puso de pie. Tenía los hombros en tensión.
- Deberías habérmelo contado.
-Al principio tuve miedo. Después empecé a enamorarme de ti y sabía que si te lo decía, me verías de otro modo. No quería perder la unión que había entre nosotros.
Roy se metió el anillo en el bolsillo, como si no pudiera ni verlo.
- Maldita sea, Riza. Deberías habérmelo contado.
- Quería hacerlo, pero tenia mucho miedo. Frank tiene dinero. Pagaría una fortuna por recuperarme.
Roy seguía apretando los dientes.
- Deberías haber confiado en mi.
-Lo se.
Comenzó a nadar hacia la puerta.
-¿A donde vas?- le pregunto Riza.
- Al faro.
-¿Volverás?
- Al amanecer- abrió la puerta pero se detuvo antes de salir-. Lo mejor será que hagas las maletas y te vayas al pueblo. Pinako te conseguirá un lugar donde dormir.
Y sin decir mas, cerro la puerta tras de si.
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Frank llego al pequeño pueblo costero poco después de la medianoche. El viaje había sido una pesadilla, pero no iba a detenerse ahora. Estaba demasiado cerca.
El lugar encajaba con la descripción de Bradley.
Estaba muy cerca de Elizabeth. Muy cerca.
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Riza estaba aturdida.
No recordaba haberse vestido o haber recogido sus cosas. Con un farol en el mano, salio al sendero que conducía al pueblo. Roy le había dicho que se marchara por la mañana, pero le resultaba imposible seguir en la casa un minuto mas. Todo le recordaba a el… la camisa que había dejado sobre la silla, el olor de las sabanas…
Llego al pueblo y recorrió la calle principal hasta la tienda de Pinako. Tropezó con una rama y a punto estuvo de caerse. Y de pronto, el llanto que llevaba contendido mas de una hora estallo de lleno. Se sentó en un cajón que había en la calle y sollozo con la mirada perdida en las estrellas.
Había vivido años y años sin amor. Años de soledad y vació que había soportado por que no sabia lo que era el amor. Pero ahora que había conocido la verdadera felicidad, no podría continuar sin ella… la soledad se extendía frente a ella como un océano interminable.
Se encendió la luz de la tienda y oyó unos pasos. Estaba tan cansada que nada le preocupaba. Ni siquiera se seco las lágrimas. Se abrió la puerta principal.
Pinako estaba en camisón, aunque se había echado un chal sobre los hombros.
Riza respiro hondo, pero no hablo por miedo a derrumbarse de nuevo.
Pinako cruzo la calle y fue a sentarse a su lado.
-Tenia que suceder tarde o temprano- le dijo la mujer.
- Es todo culpa mía- dijo Riza con la voz entrecortada.
-¿Qué ha pasado?
-Roy me ha pedido que me case con el.
-¿Y le has dicho que no?- Riza asintió-. Pero lo quieres.
-Con todo mi corazón.
-Pero…
-Estoy casada.
Pinako resoplo.
-Lo sabía.
-¿Como?
-Porque cuando te miraba era como verme a mi misma.
-No comprendo.
- Mi primer marido no era bueno. Bebía mucho y cuando se emborrachaba me golpeaba.
-¡Y que hiciste?
-Por un tiempo lo aguante, pero llego un momento en el que ya no soportaba mas y lo abandone. Había llegado a un punto en el que no me importaba el escándalo y me habría divorciado de el si hubiera tenido el dinero necesario. Conseguí un empleo en esta misma tienda y vivimos separado durante seis años antes de que el muriera. Durante esos años conocí al que seria mi segundo marido. Era el dueño de la tienda. Pasamos veinte años de felicidad hasta que lo perdí.
-Frank jamás me dejaría vivir sin el.
Le contó como había sido su noviazgo. Pinako la escucho y la comprendió sin esfuerzo alguno.
- Si intento divorciarme de el, me encontrará y, si me encuentra, me matara.
-Por aquí las normas sociales tienden a borrarse. Si un hombre y una mujer se aman… bueno, nadie les hará demasiadas preguntas si deciden formar un hogar.
- Roy quiere casarse conmigo.
-Por que te ama.
-Pero esta muy enfadado.
- Dale tiempo. La mayoría de los hombres necesitan tiempo hasta que desaparece el enfado; después suelen ver las cosas de otra manera.
- Nunca olvidare la expresión de sus ojos.
- No dejes que ese sea tu ultimo recuerdo de el. Vuelve al faro y arregla las cosas.
-¿De verdad crees que podremos arreglarlo?
-No lo se, pero creo que merece la pena intentarlo. ¿No te perece? Si dejas pasar esta oportunidad, lo lamentaras el resto de tu vida.
- Tienes razón.
-Vamos adentro y durmamos un poco. Puedes volver a casa a primera hora de la mañana.
- No, tengo que hacerlo ahora.
- Es casi la una de la mañana.
Riza levanto la mirada hacia la luz del faro, que brillaba con fuerza. Roy estaba lli solo. Y dolido.
- Prefiero ir ahora.
- De acuerdo- asintió Pinako con respeto-. Ponte en marcha entonces.
- Gracias- dijo, dándole un abrazo.
Y salio prácticamente corriendo calle abajo. Iba tan apresurada que ni siquiera se fijo en la sombra que había al otro lado de la calle. Ni es que la estaba siguiendo.
Había llegado al borde del camino cuando oyó el crujir de una ramita a su espalda.
Una extraña sensación la dejo inmóvil. Era como si el mal la rodeara. Se dio media vuelta.
Frank se encontraba en mitad del camino.
-Hola, Elizabeth. ¿Me has echado de menos?
