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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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CÓMPLICES
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La luz del sol se asomó por la ventana apenas después de las siete de la mañana. Sasuke se levantó y corrió la cortina, volvió a la cama con los ojos pesados y se abrazó de la pequeña y desnuda cintura de Hinata, que se removió ante su contacto.
Ella gimió y se abrazó a su almohada al percibir el cuerpo de Sasuke pegándose al suyo. El moreno tuvo tiempo de deslizar el largo pelo de la Hyuuga y permitirse ver el blanco cuello, antes de apoyar su rostro sobre su almohada. Se pegó más a ella y su ya presente erección matutina le agradeció por eso. Cerró los ojos y apenas sonrió al frotarse suavemente contra un costado del cuerpo de la chica que seguía tendida boca abajo en la cama.
¿Qué iba a hacer con ella?
El sueño lo abandonó cuando, movido por la curiosidad propia de un niño, levantó la suave sábana que los cubría y observó el precioso trasero de Hinata ligeramente levantado. Ahí perdió toda inocencia su acción y su cuerpo reaccionó lleno de deseos impuros. Dejó escapar su aliento en forma de gruñido y mordió el hombro más cercano de Hinata. Un par de inmoralidades le vinieron a la mente, como posibilidades por hacerle. Se dio cuenta que por más deseos que tuviese de portarse como un alguien digno de ella, era un hombre después de todo, un bastardo que teniéndola desnuda iba a necesitar aprovecharla.
Se subió suavemente sobre ella y le besó la nuca. La escuchó gemir con placer, y la vio removerse sintiendo su cuerpo, pero no abrió los ojos.
Deseó hablarle y despertarla para hacer buen uso de su erección, pero la vio agotada. Recordó que hasta hace unas horas ella había estado bajo los influjos del alcohol y la compadeció. Se obligó a salir de la cama y alejarse de su cuerpo y la tentación que le provocaba, si no quería fracasar como la noche anterior y terminar envuelto entre sus piernas.
Revolviéndose el cabello, abandonó la habitación.
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Casi una hora y media después, con el sol más alto, Hinata despertó despacio. Gimió todavía con sueño y se abrazó a la almohada, sumergiendo su rostro en ésta. Sonrió con su rostro oculto.
De lo primero que fue consciente es que no estaba en su habitación. Estaba en la habitación de ese búngalo que Sasuke rentó para ambos. El lugar era bonito, sus paredes eran de madera clara, como los muebles presentes. La cama estaba siendo rodeada por un pabellón antimosquitos que pendía del techo, la ropa de cama era impecablemente blanca y suave. No notó la ausencia de televisor ni tampoco su maleta a orillas de uno de los sofás cercanos.
Hinata, aun sin atreverse a levantar su rostro, se mordió el labio despacio y suspiró, ladeando su cara. Era consciente de su cuerpo desnudo y dolorido. Tenía ese dolorcito en muslos e ingles, y ese vacío en su vientre que le dejó el cuerpo de Sasuke dentro del suyo. Se llevó una mano al vientre y sintió una pequeña molestia, ese dolor de útero también era normal luego de que ellos dos… Ella se ruborizó y llevó la mano de su vientre a sus labios. Su corazón le golpeó fuerte en el pecho.
«¿Hinata?»
«¿Mmm?»
Ese recuerdo vago la asaltó de pronto. Se llevó su mano derecha a la frente, donde recordaba que Sasuke la había besado despacio. Luego, sin dejar de sentir su corazón golpeando con fuerza, su mano se deslizó a su oreja izquierda. Creyó recordar la sensación de un tibio cosquilleo que le provocó un beso de Sasuke.
«Te amo, Hinata»
Y esa frase venida como de en sueños le detuvo la respiración. Escuchó su propio latir del corazón y se sentó con cuidado en la cama, teniendo la precaución de cubrir sus senos desnudos.
Eso… ¿había sido real? ¿Sasuke lo dijo?
Se mantuvo en alerta como si esa sensación de asombro-preocupación que le quedó, fuese algo que debiese esconder. Segundos después esto quedó en segundo término cuando a su memoria vinieron flashazos de su encuentro con Sasuke. Un rubor marcado bañó su rostro y sólo entonces buscó salir de la cama.
Evadió el pabellón y envuelta en la sábana se dirigió al cuarto de baño de esa habitación. Apenas al verse en el mediano espejo tras el lavabo, se descubrió una marca morada cercana a su clavícula.
—Santo cielo, Sasuke— murmuró tocándose. Tendría que ocultar eso por días.
Dejó escapar el aliento al tiempo que se giraba y buscaba toallas, necesitaba una ducha y también buscar una actitud con la cual enfrentar a Sasuke después de lo que habían hecho la noche pasada.
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Luego de varios minutos Hinata por fin salió de la habitación. Vistiendo un short beige y su blusa negra que colgaba discretamente de uno de sus hombros, llegó a la cocina, rascándose el cuello, al ver a Sasuke recargado en la barra que separaba ese lugar de la sala.
El pelinegro que bebía de una taza de café, volteó a verla de medio lado.
—Creí que dormirías todo el día.
—Si, bueno… creo que terminé muy cansada— dijo y se ruborizó. Desvió su vista para que él no la notara.
Sasuke achicó sus ojos, necesitaba ver qué reacción tendría ella luego de lo de la noche anterior.
El estómago de la Hyuuga rugió y ella volteó a verlo para disculparse por eso.
—Hay algo de huevo, pan tostado y jugo— informó él y la vio dirigirse al interior, luego de asentir y agradecer.
Sasuke le vio servirse y tomar un vaso de jugo, ella no decía ni hacía nada más que comer, estaba nerviosa o avergonzada.
—Y...— habló y ella respingó al asustarse — sobre anoche, ¿recuerdas algo?
Ella separó los labios y contuvo el aliento. Volteó a verlo y la seriedad en su rostro y en su voz la hicieron sentir más pena. Anoche se había comportado como nunca esperó.
—No— mintió y se giró para servirse un poco de comida.
—¿No?— presionó él y ella se quedó quieta.
—No— repitió y luego de tener en un plato una porción de omelette, una pieza de pan tostado, y un nuevo vaso de jugo, se acercó a la barra para comer ahí. Evitar darle la cara a Sasuke no ayudaría nada a su mentira, sabía.
Él la vio sentarse frente a la barra, cerca de él. Se giró a verla.
—¿Segura? — volvió a cuestionarle al apoyar sus manos sobre la barra. La vio fijamente.
Hinata le sostuvo la mirada y luego ésta resbaló por el pecho desnudo del joven. Buscó mantenerse tranquila, pero ver en el pecho de Sasuke también unas marcas de besos que ella debió dejarle, la hizo ruborizar.
Sólo pudo asentir, aferrándose a su mentira.
—No recuerdas… ¿nada? — la malicia en esa grave voz hizo que ella volviera a verlo a la cara. Sasuke ladeó su rostro y, por la ventana, Hinata vio que él observaba el pequeño balcón que tenía el búngalo con vista a la playa.
«Sasuke… tócame, aquí»
Ella recordó y enrojeció completa. Él volvió su vista a ella y sonrió de medio lado.
—¡Está bien! ¡Sí recuerdo! — ya no pudo más y alzó la voz al ponerse de pie, luego de haberse sentado en una silla alta. Suspiró desviando ligeramente la mirada — ¿Quieres sólo no intentar recordármelo? — suplicó con voz baja.
Él paseó su lengua en el filo de sus dientes al verla agitada y avergonzada. Sonrió.
—Estuviste increíble.
—Sasuke…
—¿Qué más recuerdas?
—Todo— fue sincera al volver a sentarse.
—¿Todo?
Hinata sólo asintió. Comenzó a comer sin muchas ganas, pues aunque tenía hambre, también tenía dolor de cabeza. Él la observaba, ¿debía decirle que anoche había terminado dentro, o lo dejaba pasar?
Darse cuenta que deseaba embarazarla lo hizo sentir extraño, pero no mal; además, si lo hacía, se aseguraba de tenerla a su lado. Pero, ¿sería tan miserable con ella? Hinata era joven, estudiante, y eso sólo le traería problemas.
«Problemas de los que yo puedo encargarme» se añadió enseguida, mirándola comer.
Si embarazaba a Hinata tendrían que casarse, aunque se echasen encima a las dos familias. Un hijo de la primogénita Hyuuga no podía nacer fuera de matrimonio, debía tener una familia… aunque esa familia fuese una Uchiha. Él dejaría de alquilar su departamento y con lo que todavía tenía de la herencia de sus abuelos podría conseguir una casa, un hogar para darle. Trabajo tampoco le faltaría, estaba seguro. Él no tendría problema, pero ella…
Negó en silencio, no podía obligarla. Hinata debía decidir.
—Sasuke— ella habló, sonando por encima del murmullo del mar.
—¿Si?
Hinata jugó con el tenedor y el huevo restante en su plato.
—Anoche...— dijo y él frunció el ceño — anoche no fuimos precavidos— añadió y él asintió, serio.
—¿Quieres que te consiga esas píldoras? — soltó ronco. Hinata no planeaba un embarazo… ¿por qué iba a quererlo? Entenderlo le dejó un sabor amargo en la garganta, pero se recompuso de inmediato — Aquí cerca hay…
—Lo sé, la vi cuando estuvimos en el centro— interrumpió —. ¿Te molestaría si fuera sola?
—¿Por qué sola? — preguntó con desconfianza y con el ceño fruncido.
Ella se encogió de hombros, no quiso responder.
Sasuke tensó la mandíbula.
—Haz lo que quieras— soltó y, dejando su taza sobre la barra, se dirigió a la habitación.
Sasuke pudo sentir la mirada extrañada de Hinata sobre él mientras se iba. Cerró la puerta de la habitación y comenzó a desnudarse mientras se adentraba en el baño. No podía evitar sentirse molesto, pues a pesar de que ella tenía el derecho de decidir, sentía que estaba dejándolo fuera. Abrió la llave del agua y pronto el vapor emanó junto al líquido.
«Eres un patán» se recordó mientras entraba al chorro de agua.
Su piel se puso ligeramente roja por la temperatura elevada. Apoyó una de sus manos en mosaicos beiges y agachó su cabeza, dejando que el agua le golpease la nuca, y escurriese por su rostro.
Su lado sensato le dijo que no debía molestarse, Hinata ya lo quería en su vida y eso era mucho más de lo que merecía. Pero era consciente que para hacerla luchar a su lado para que la dejaran quedarse con él, no bastaba; para eso faltaba mucho tiempo y, sinceramente, no sabía si ella se atreviese a enfrentar a su familia, a Neji, para ser exactos. Dejó escapar el aliento todavía con los ojos cerrados… aunque el camino fácil acababa de cerrársele, eso no significaría que con la vida que llevaban, en algún descuido, esa oportunidad volviese a presentársele.
Dos golpes discretos sonaron en la puerta, pero con el golpeteo del agua contra el suelo, no los escuchó.
—¿Sasuke? — Hinata abrió la puerta. Entró al baño.
Él volteó de medio lado y dejó de verla mientras le mostraba las llaves del coche.
Hinata frunció el ceño. ¿Estaba molesto? ¿Por qué?
—Vuelvo enseguida— anunció.
Lo vio asentir y también cómo se llevaba agua al rostro. El cancel de cristal templado, sólo le permitía verlo de la cadera para arriba y, entre la opacidad del vapor, pudo verle la espalda ancha y fuerte. Se quedó viéndolo y vio cómo él se frotaba el jabón por su nuca, una línea de espuma resbaló por la espalda. Los ojos Hyuuga volvieron a ver esas cicatrices que él tenía en cada uno de sus omóplatos, y que en una ocasión ella le había hecho. En ese momento, fue consciente que recordar aquel momento tan duro que ambos compartieron, ya no dolía tanto… parecía distante. ¿A Sasuke le pasaría lo mismo?
Bajó sus ojos sin querer seguir pensando en aquel suceso. Salió del baño volviendo a hacerse notar por el Uchiha que creía que había partido momentos antes.
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Minutos más tarde la amargura que todavía endurecía el rostro del pelinegro desapareció, cuando al volver a la sala, notó que Hinata se había tomado el tiempo de bajar del coche, antes de irse, la pequeña cajita de condones. El Uchiha la tomó en sus manos y sonrió antes de echarse sobre uno de los sofás.
Así que esa niña con cara de ángel estaba dispuesta de dejarlo tomar todavía más de ella.
Llevó uno de sus brazos tras su cabeza y con la mano del otro, mantuvo frente a su rostro la pequeña cajita… meses atrás, imaginar que Hinata sugiriera siquiera que le hiciera el amor, era un estúpido sueño. Volvió a sonreír, esta vez, con soberbia. Orgulloso.
No estaba tan jodido como creía.
Con mejor ánimo se levantó y, tomando su móvil, se dirigió a la playa.
Momentos después, cerca del mediodía, Hinata regresó y se encontró al pelinegro charlando por celular. Estacionó el auto y pasó directo hasta la playa, poco después de guardar sus compras dentro de su bolso.
Se detuvo a unos metros de llegar a él, al notarlo casi fastidiado. ¿Seguiría enojado?
Una sonrisa se plasmó en su rostro al escucharlo maldecir al amigo con el cual hablaba, Sasuke le ordenó cerrar la boca y hacer lo que le pedía: alimentar a su gato que quedó solo en el departamento.
Imaginó que ya no estaba molesto. Cuando quiso girarse para darle privacidad y deshacerse de su bolso, Sasuke terminó la llamada.
—¿Terminaste lo que ibas a hacer? — la voz seca del joven la detuvo antes de siquiera moverse. Enfrentar los ojos negros todavía la ponía nerviosa.
—Ah, sí… yo— balbuceó — ya compré todo lo que necesitaba— finalizó en voz baja.
Sasuke, vistiendo una bermuda beige y una camisa blanca y ajustada, avanzó a ella.
—Pasemos otra noche aquí— sugirió él al tomarla de la mano e inclinarse a besarle la mejilla, en dirección a su oreja.
—Pero hoy ya es lunes— dijo ella sin poder ocultar su sorpresa.
Sasuke enredó sus brazos en la delgada cintura femenina.
—Partamos de madrugada. Prometo que estarás para tu primera clase— su voz ronca sonó en el oído de Hinata y ella se estremeció, se mordió un labio al tiempo que cerraba sus ojos y pensaba que, tal vez no pasaría nada si perdía una o dos clases de la mañana —. ¿Qué dices?
—Bi-bien— aceptó dibujando media sonrisa en el varón —. Pero… pero debemos hablar— el tono serio que ella usó se contagió a él.
—Y lo haremos— aseguró —, pero antes, vayamos a comer algo decente y no la porquería que preparé— añadió y, volviéndola a tomar de la mano, se la llevó con él.
El día transcurrió fuera del pequeño búngalo que alquilaron, almorzaron y comieron en el centro. Hinata volvió a sentir esa agradable sensación de caminar por la calle tomada de la mano de ese moreno que tantas miradas atraía. Dejó el asunto de su conversación para después, pues una vez en Tokyo, y en la universidad, siendo más específicos, bajo ninguna circunstancia podrían actuar así. Por primera vez experimentó cierta desazón por volver a su día a día.
Cerca de las seis de la tarde y antes de entrar a una función de cine, Hinata vio a Sasuke apartarse y hablar con un joven; cuando volvió no tuvo ni tiempo de preguntarle quién era, pues Sasuke la llevó a comprar las entradas. Al final, el moreno había decidido elegir una película de suspenso, luego de rechazar ver la última película de Dragon Ball, que era la que mejor le parecía entre Terror en el mar y The Grudge… Hinata definitivamente no vería nada de terror y menos del mar estando en la playa.
El combo que eligieron se acabó antes de la media hora de transmisión de la cinta, por lo que el moreno tuvo que salir por varias golosinas más. Era increíble lo que Hinata comía mientras veía películas.
Minutos después, la noche comenzaba a caer y ellos recién salían de la función.
—¿Pudiste entender la película? — preguntó Hinata mientras bajaban las escaleras.
Él suspiró —Me quedé dormido a la mitad.
—Mentiroso— alegó y él sonrió.
Hinata frunció los labios. Odiaba las películas que tenía que ver dos veces para terminar entendiéndolas, pues al parecer había dejado ir detalles que no notó y al final, no comprendió del todo.
Al salir de la plaza comercial, ambos tomaron caminos diferentes y sus manos sujetas, se tensaron.
—¿A dónde vas? El coche está por acá.
Él la haló despacio y la hizo seguirlo.
—Regresaremos caminando.
—¿Cómo?
—Alguien se encargará del auto. Estará listo para partir en unas horas— explicó, pues aprovechó para que revisaran su coche antes del viaje, y también para pasear por la playa. Hinata había visto realmente poco del mar en esos dos días.
—Sasuke… son varios kilómetros hasta…
—Anda, camina, seguro no los notarás— animó él y tomaron camino al malecón.
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O.O.O.O.O
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Los pasos seguros de Itachi llamaron la atención de varias de las personas presentes. Una joven castaña se acercó a su encuentro.
—Joven Itachi, su padre no está de muy buen humor y lo está esperando— la secretaria de Fugaku informó dejando ver cierto grado de estrés.
El joven pelinegro suspiró y se apretó el puente de la nariz.
—¿Alguna novedad fuera de eso?
La joven observó en la tableta en su mano y comenzó a ver sus notas.
—La junta programada para esta tarde fue reprogramada para mañana temprano, tenemos entrada de nuevos proyectos, pero…
—¿Reprogramada? — interrumpió.
La castaña asintió.
—¿Por mi padre?
—¿Por quién más podría haber sido? — soltó la chica con confianza.
Itachi maldijo y luego de pedirle que le enviase los detalles de los pendientes, se dirigió a la oficina de su padre. Entró sin tocar.
La mirada negra y gélida de Fugaku se fijó de inmediato en quien osó ingresar sin anunciarse.
—¿Resolviste lo que te ordené? — preguntó sin saludar, estando detrás del enorme escritorio de caoba.
El menor de los pelinegros siguió adentrándose hasta llegar al centro de la oficina. Su padre, con su sobriedad y rudeza encajaba bien en ese lugar que destilaba presión por sí solo.
—Creo que ese es el menor de los problemas.
—No para mí.
—Acabo de enterarme que pospusiste la junta de esta tarde.
—Eso… Sí, necesitamos el equipo completo.
Itachi frunció el ceño.
—No creo que necesite recordarte que recientemente tu constructora perdió un proyecto muy importante. No podemos seguir descuidando el trabajo que tenemos… de seguir así, dejarán de ser una empresa líder— le recordó, cansino.
—¿Dónde está Sasuke? — preguntó el patriarca, su voz helada y la poca atención que le prestó al mayor de sus hijos, le advirtió a Itachi que estaba molesto.
—Fuera de la ciudad.
Los puños y mandíbula del mayor se apretaron.
—Hablé con él, pero, me temo que ha rechazado tu oferta— agregó Itachi.
Fugaku entornó los ojos.
—Sasuke será quien maneje este lugar, para eso pago sus estudios— decretó —. Tráelo de donde sea que esté.
—No creo que…
—¡Es tiempo que deje de ser un maldito holgazán! — alzó la voz interrumpiendo a su hijo — Tu madre ya no está para solaparlo y es tiempo que comience a ser un hombre. Tráelo, o iré por él.
Itachi guardó sus dos manos en los bolsillos de su pantalón.
—¿De qué te servirá tenerlo aquí? Sasuke se reúsa a trabajar para ti y lo sabes.
— Me importa un carajo lo que tu hermano quiera. Esta empresa ha sido y será el legado de la familia. Tú te has largado ya, Sasuke está obligado a hacerla crecer— aclaró —… sobre todo ahora que Hiashi y Neji Hyuuga nos tienen casi en jaque.
—Sobre eso— respondió Itachi —, creo que les ayudado al descuidar así tu trabajo.
—Pero eso se acabó— decretó —. Cada pieza volverá a su lugar— añadió viendo a su hijo a los ojos —, Sasuke estará donde corresponde, o yo mismo me encargaré de hacerlo fracasar.
Esa amenaza no le gustó al menor de los dos. Fugaku volvió su atención al computador, ignorando ya a Itachi.
—Mamá estaría decepcionada de ti— soltó antes de girarse para partir.
—Era ella la que creía en tu hermano. Él deberá demostrar que no se equivocaba— respondió sin siquiera alzar su vista, en tono impersonal.
—Él te rechazará.
—Por su bien, más le vale que no.
Itachi salió con su mandíbula apretada y dando un portazo. Tuvo que tomarse unos segundos para calmarse antes de volver la atención a la joven secretaria que le informaba que todo lo que le pidió ya estaba en su correo.
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O.O.O.O.O
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Con las luces del exterior apagadas, sólo los iluminaban las llamaradas de una fogata que Sasuke había hecho momentos atrás, la luna que comenzaba a menguar y las siempre presentes estrellas en esa noche despejada.
Sasuke suspiró al ver a Hinata nadar cerca de la orilla. Se puso de pie luego de haber estado sentado a un costado de la fogata.
—Vamos, sal ya— habló entrando unos pasos al agua.
—No todavía— pidió ella.
—Hinata, o sales o voy por ti— amenazó el joven que comenzaba a aburrirse de esperarla.
Ella se detuvo y se puso de pie. El agua le llegaba a la mitad de sus senos y su piel brillaba por la humedad. Jugó con sus dedos bajo el agua.
—¿Quieres acercarme mi pareo? — pidió casi en voz baja.
Sasuke resopló, pero regresó los pasos que lo separaban de la prenda que ella misma había dejado caer en la arena, cuando ingresó a nadar.
Él estiró su mano ofreciéndole la delicada tela y ella tuvo que avanzar hasta alcanzarla. El agua había estado fría y, finalmente, ese traje de baño que se vio obligada a ponerse mantenía su piel casi expuesta; aun así, volver a estar a la vista de Sasuke, volvió a subirle la temperatura, pero de pena.
—Deja de verme o volveré al agua— soltó sin soportar la mirada negra sobre ella, en especial, en sus senos que, por el agua fría, estaban mostrando reacción.
—Mph— Sasuke sonrió de medio lado al verla pasar el pareo por su espalda, rodear sus senos y finalmente atar dos de los extremos bajo su cabello mojado.
—No es gracioso, hace frío— se quejó ella que, dándose vuelta, caminó hacia la fogata, siendo seguida por él.
—No debiste permanecer tanto en el agua— sermoneó. Luego de hacerla colocarse el traje de baño, y que tardara media eternidad en ponérselo, cabía decir, ambos habían nadado un poco, pues era lo justo; pero Hinata se había negado a salir, aun cuando la noche había caído ya por completo — ¿Tanto te incomoda que te vea? — preguntó seriamente haciéndola voltear a verlo.
—No es eso… bueno, algo así— confesó y prosiguió—: E-es la primera vez que lo uso— dijo y señaló su traje de baño oculto bajo el pareo.
—¿Y? — él alzó una ceja sin comprender el problema, Hinata era deliciosa en traje de baño. No sabía si la prefería desnuda o así, lista para que la desnudase.
Ella se dejó caer derrotada y apenada a la arena, sintiendo el calor de la fogata reconfortarla.
—Que el único traje de baño con el que me siento… me-medianamente a gusto es… el de deportes.
Sasuke frunció el ceño. ¿Por qué no le extrañaba?
Hinata se puso seria y él se acercó a sentarse cerca de ella, sin verla, apoyándose en sus brazos. Sasuke sabía lo que venía.
—En unas horas partiremos— el tono de voz de la chica fue tan bajo, como un murmullo.
Él asintió en silencio.
Hinata prestó más atención a la espalda desnuda de Sasuke que al mar y el resplandor del mismo. Volvió a notar esas marcas de arañones que una vez le dejó, también el tatuaje entre el cuello y hombro de ese chico.
—Allá… nada ha cambiado— sus ojos dejaron de verlo. Durante esas horas había querido olvidarlo, pero tenía que ser consciente que, el que ella lo hubiese extrañado y lo hubiese dejado entrar a su vida y entre sus piernas, la verdad era que todos los problemas persistían.
—¿Te arrepientes ahora? — la voz masculina fue profunda, al igual que su mirar al voltearla a ver.
Ella sintió un estremecimiento en todo el cuerpo. Se mantuvo en silencio, sin dejarlo respirar. Negó, finalmente.
Él suspiró y se dejó caer sobre la arena, llevando sus brazos tras su cabeza.
—No voy a dejarte— soltó fuerte y claro, provocando un nudito en la garganta de Hinata y un calor inundándole el pecho.
—No podemos estar juntos.
—Lo estamos ahora.
Hinata no dijo nada al instante. Acercó su mano y con su índice acarició suavemente el tatuaje en su hombro.
—Sabes tan bien como yo que mi compromiso con Neji es inamovible. Además… si alguien se diera cuenta de lo que pasa entre tú y yo, tendríamos muchas explicaciones que dar. Habría mucha gente lastimada.
Sasuke le sujetó la mano con fuerza, impidiéndole seguir tocándolo.
—Eso me importa una mierda— dejó claro y se sentó, viéndola.
Hinata negó y tragó despacio, casi sin poder respirar… a ella le importaba demasiado.
—Dime una cosa, Hinata— pidió y le soltó la mano para ahora sujetarle el cuello y acariciarle con el pulgar una de sus mejillas, que comenzaban a absorber el calor del fuego. La vio a los ojos y ante la expectación de los ojos violáceos, él terminó acercándose a sus labios semi abiertos. La besó despacio y el cuerpo femenino tembló.
Sasuke, que temía de respuesta un sí, la besó con más ansias. Recorrió su mano a su nuca y la apretó contra él mientras la hacía caer de espaldas a la arena.
El cuerpo de Hinata quedó preso del peso del Uchiha y, aun sabiendo de lo que hablaban, se atrevió a corresponderle. Le permitió adentrarse en su boca y lo dejó pegarse a su cuerpo, dejándolo que se hiciera sentir.
Cuando el aire se les acabó, los ojos negros se fijaron en los cristalinos de una rendida Hinata.
—Dime…— prosiguió con su pregunta —, ¿todavía te importa lo que sucedió aquella noche entre tú y yo?
Hinata se tensó y sus ojos temblaron. La mirada negra viajaba de uno de sus ojos al otro, buscando una respuesta.
Ella negó y sus ojos se aguaron. El recuerdo estaba ahí, el dolor y algunos miedos… pero había despegado aquel hecho de lo que era su historia con él. Ese Sasuke al que se entregaba y al que le pidió la noche anterior que le hiciera el amor, era uno muy distinto a aquel ser que la dañó. De no ser así, no toleraría su contacto. No estuviera ahí con él, metiéndose en tantos y tantos problemas.
Ella lo sintió relajarse, pero pudo ver todavía culpabilidad en su mirada. Sasuke se acercó a sus labios y volvió a tomarlos casi con brusquedad.
Hinata gimió pero separó sus labios, luego de unos segundos, deslizó sus manos por el pecho masculino y terminó enredándolas en su cuello. Se abrazó a él mientras él cuidaba de no aplastarla.
Las manos masculinas quisieron convencerse de su respuesta y buscaron su cuerpo. Ella volvió a gemir entre sus labios cuando Sasuke apretó con fuerza uno de sus senos… su centro se humedeció.
—Entonces no me importa nada— habló él apenas dejando sus labios. Su voz ronca, era tanto por la seriedad de sus palabras, como de la pasión que estaba haciéndole arder la sangre en su cuerpo.
—Pero a mí, sí— respondió ella acariciándole la mejilla. Su voz fue débil, como sus ganas de no seguir con él —. Sasuke… esto de ninguna manera va a salir bien. Tengo miedo— confesó, viéndole los labios que quería volver a besar.
—¿Quieres que te deje ir?
Ella tembló. Negó con el rostro.
—¿Quieres hacerlo? — susurró a cambio.
Él sonrió. Negó despacio y amenazó con besarle los labios, al sólo rozarlos.
—Sasuke… ¿llegarías hasta donde podamos llegar? — preguntó casi con miedo, temiendo que esas palabras estuvieran condenándola, pero no las quiso callar. Algo dentro de ella estaba gritándole que le preguntara.
La sonrisa masculina se amplió. Eso era mucho más de lo que creía que tenía permitido tener de ella. Asintió.
Un calor fuerte subió al pecho de la joven y la obligó a alzarse y ser ella la que tomara sus labios. Sasuke se apretó contra ella, hurgó dentro de su bolsillo y sacó la cajita de condones.
—¿Tenías pensado pedirme esto y por eso los bajaste? — preguntó, ocultando su diversión.
Ella no entendió, pero cuando volteó a ver lo que le mostraba, se ruborizó.
—¡Oh, claro que no! — aseguró y desvió su vista lejos de esos condones. Bueno, la verdad es que sí sospechaba que lo de ellos no iba a acabar ese día, por eso no sólo compró sus píldoras de emergencia, sino, también, más anticonceptivos.
Sasuke, divertido, le besó la mejilla y sus besos se volvieron una provocación mientras avanzaba a su oreja, donde beso y jadeó, calentándola. Los pezones de Hinata se pusieron duros y él los sintió.
—Nadie, mucho menos mi familia… puede saber esto— pidió cuando lo sintió buscando desanudarle el pareo.
¿En qué problema se estaba metiendo? Estaba siendo una inconsciente y prolongando una situación de riesgo, teniendo en cuenta que no quería romperle el corazón a Neji, decepcionándolo, pero… ¿sería capaz después de dejar a Sasuke? Esperaba que sí, esperaba que después sí pudiera dejarlo, empujada por las circunstancias, porque ahora, la verdad, todavía no quería dejarlo.
Todo el cuerpo de Hinata tembló ante tal reconocimiento.
Sasuke hizo resbalar el pareo y sus senos se vieron más redondos bajo la delgada tela del traje de baño.
—¿Y crees que Neji no sospeche nada? Nos ha visto juntos… incluso ayer se le hizo sospechosa tu ausencia— él, malvado, quiso tentarla a arriesgarse a más… quería que a Hinata le importara poco lo demás, por eso le preguntó tal cosa mientras le deslizaba la tela del top, exponiendo uno de los rosados pezones. Lo lamió, haciendo que una punzada de placer se disparara hasta la entrepierna femenina. Volvió a lamerlo, disfrutando del sabor de su piel y luego lo chupó, primero despacio, acariciándolo, volviéndola loca poco a poco.
Ella dejó escapar el aliento en forma de gemido. Apretó ojos y piernas, concentrándose en responder.
—Ne-Neji suele darme mi espacio— respondió entre jadeos —. No… no volverá a llamar, hasta después de media semana— añadió segura de ello, para luego volver a permitirse sentir la lengua y labios del moreno sobre sus sensibles pezones, al ya haber expuesto el otro.
Hinata detuvo la mano que Sasuke llevaba bajo su bikini.
—Promételo— pidió.
Él la vio y lo meditó un poco. ¿Cuánto más podría seguir metiéndose en su vida?
—De acuerdo— soltó y eso la hizo temer más. Acababan de volverse cómplices de un secreto peligroso.
—¡Ahhh! — jadeó cuando Sasuke deslizó uno de sus dedos por los pliegues de su sexo, al haberse soltado de su agarre, y la penetró sin avisarle.
—Pero…— habló él, excitado a más no poder, por ver su cara contraída en placer — tampoco me esforzaré demasiado en ocultarlo.
—Sasuke…— Hinata apretó sus manos en los fuertes bíceps, soportando el placer, y quejándose por ese pequeño paso atrás que él daba — dijiste que…
Una nueva penetración de su dedo, la hizo callar y respingar. Todo su cuerpo ardió, quiso cerrar sus piernas, pero él metió una de las suyas en medio.
—Shh, sé lo que dije— aseguró con voz más ronca y mientras la penetraba con su dedo, su miembro se hinchaba reclamando su lugar entre sus piernas. La boca del Uchiha volvió para comer de los carnosos senos.
—Sasuke…— jadeó — a-aquí no— pidió. Estaban en la playa, cualquier paseante que deambulara por ahí podría verlos.
—Es un sector privado— buscó tranquilizarla al tiempo de hacer a un lado el bikini y añadir un segundo dedo en su interior. Hinata se arqueó. Gimió. Sus pezones dolieron por lo duros que se tornaron y él los disfrutó.
—Lo sé, pe-pero…
Él continuó penetrándola despacio y profundamente, sintiéndola calentarse más y más. La arena se había pegado al cabello azul y aun así Hinata seguía empujándose contra ésta, al estar soportando el placer. Sasuke se movió para frotar su miembro duro contra uno de sus muslos y gimió por eso. Estaba mojado y ardiendo por entrar en ella.
Continuó masturbando a Hinata y cuando ella dejó de abrazarlo, para hundir sus dedos en la arena, él bajó su rostro a entre sus piernas. Hizo espacio y probó de ella, de su humedad, y gimió por su sabor. Hinata era deliciosa. Repasó su lengua en su clítoris y si no fuese porque la chica mordió sus labios, hubiese gritado. Estaba al borde y Sasuke sólo quería escucharla y verla correrse para poder hundirse en ella, su miembro se había hinchado y expandido bajo su bañador y cada vez dolía más. Pegó toda su boca en el sexo femenino y lamió y chupó. Sorbió y bebió todo lo que Hinata emanaba. Besó su sexo como lo hacía con su boca y Hinata tembló y volvió a temblar.
Sasuke estaba, metafóricamente, matándola.
Cuando él chupó y jaló ese punto sensible, ella no pudo más, cada uno de sus dedos se enterró en la arena, su cuerpo se tensó y una humedad caliente que brotó de ella bañó los labios masculinos.
Luego de unos segundos en los que Sasuke se dedicó a beberse su orgasmo, Hinata estaba todavía temblando, jadeando su nombre y con su cuerpo laxo cuando el Uchiha abandonó su cuerpo. Sasuke subió a verla a los ojos, la observó rendida, jadeante y sonrojada. Los ojos negros emanaron lujuria pura cuando con su mano derecha bajó bañador que lo vestía y expuso la rigidez de su miembro.
Rozó su nariz con la de ella, mientras, jadeante, se debatía entre colocarse un condón o no. Tomó su miembro y lo deslizó entre sus pliegues, volviéndola a hacer temblar.
Se acomodó en su entrada, piel a piel, y comenzó a atravesarla despacio, viéndola contraer su rostro al recibirlo.
—Joder, Hinata… te deseo tanto— gruñó al pegar su frente a la de ella, al terminar de resbalar en su interior. Llegó al fondo de su cuerpo y se empujó más, quería estar más dentro.
Ella sólo pudo echar su cabeza hacia atrás e intentar jalar aire por los labios.
Sasuke se adueñaría de su boca al comenzar sus embestidas, la arena le daba la firmeza necesaria para enterrarse en su cuerpo con rudeza, pero también se amoldaba al curvilíneo cuerpo para no permitirle lastimarla. Un antebrazo del Uchiha estaba en la arena, por encima de la cabeza de Hinata y la mano del otro afirmada en su cadera, apretándola para mantenerla quieta y que sintiera más duras todavía sus embestidas.
El cuerpo entero de Hinata estaba ardiendo avivado tanto por las llamas a su lado, como por la pasión que corría por sus venas. Ni la frescura de la arena o lo mojado de sus prendas alcanzaban a notarse en esos momentos. Sasuke la penetró una, otra, otra y otra vez y gemidos ahogados salían de sus labios, como roncos jadeos de los de él. El sudor bañó sus cuerpos y ella buscó su calor. Alzó sus manos a su piel ardiente y se pegó a él; sus senos se aplastaron con el duro pecho y él gimió sobre sus labios… ella le mordió uno de los de él, disfrutando cada invasión a su cuerpo que pedía por más.
Ni la idea absurda que alguien los viese o su pudor estaban bajando su libido.
Sasuke arrancó su labio de entre los dientes femeninos y bajó su boca a comer la de ella. Aplastó su delgado cuerpo con su impresionante mole y sólo movió sus caderas adelante y atrás, sin poder dejar de penetrarla. Hinata lo soportó y abrió más sus labios, deseosa de él. Sentir la fuerza y el peso de Sasuke, como su deseo por ella, la hacían sentir tan bien.
Y él sólo pudo gemir cuando, producto de sus movimientos fuertes, sus labios se separaban aunque no quisiese. Hinata comenzaba a cerrarse contra él, anunciándole su orgasmo, y él sólo quería entrar y seguir entrando en ella. Hinata, en busca de más placer que le pedía su cuerpo, alzó una de sus piernas por la cadera del chico. Él cerró sus ojos y apretó sus dientes al dejar sus labios. Gruñó. Enredó sus dedos en el mojado cabello de la Hyuuga y jaló su cabeza hacia atrás. Llevó sus labios a su cuello, lo besó, lamió y chupó y siguió penetrando.
Que Hinata le respondiera así lo volvía loco. Su miembro que ya estaba ardiendo, comenzó a hormiguear, amenazando con seguirla en su orgasmo.
—Sí, Hinata… así— soltó al sentir el calor de ella incrementar más notoriamente.
La respiración de la Hyuuga se volvió pesada y comenzaba a escapar por sus labios. Él pegó su frente a la de ella y compartieron sus jadeos.
Hinata era suya. Volvió a embestirla, abriéndola para él.
Ni el demonio podría arrancársela. Joder, le había costado tanto y casi la deja ir para poder tenerla de ese modo, entregándose a él como lo hacía. Dejándole abrir su cuerpo y servirse de él… No. No iba a perderla. Lo sentía por Neji, Hiashi, Naruto o cualquier imbécil… incluso por ella misma, pero no lo haría.
Sería de él. Únicamente de él.
Hinata gimió de manera larga y se abrazó más él; por dentro, sus paredes lo apretaron con fuerza y él tembló, gruñó y toda su piel ardió más. Los jadeos masculinos incrementaron notoriamente y la fuerza y velocidad de sus embestidas lo hicieron por igual. Sasuke se pegó completamente a ella, moviendo fuerte el delgado y suave cuerpo con él. Sentirla tan de suya, lo arrastró al clímax. Gruñó desde el fondo de su pecho. De una embestida que le arrancó otro gemido a Hinata, él se vació dentro de ella. Cada expulsión de su esencia le arrancaba un jadeo de sus labios que se encontraban con los de la chica.
Durante largos segundos mantuvieron sus frentes pegadas, sus labios entreabiertos dejaban sus alientos mezclarse y fuera del crujir de la madera que ardía, el arrullo del mar y un par de grillos, el latir de sus corazones acelerados era lo único que podían escuchar. El silencio reinaba sin que nada desease interrumpirlos.
Antes de que Hinata pudiese resentir su peso, él se apartó ligeramente, pero no lo necesario para besarle los labios. Verla ruborizarse todavía más le habló de que ella volvía a ser consciente de la situación y el lugar en el que estaban. Sonrió.
—¿Quieres entrar? — preguntó adivinándolo.
Ella ocultó su rostro entre su hombro —Por favor.
Sasuke jadeó al moverse y volvieron a hacerlo los dos juntos al dejar de ser uno. Hinata reacomodó sus prendas y luego de verlo hacer lo mismo, lo vio apagar la fogata con algo de arena. Necesitarían una ducha, pues tenían en la piel arena y sudor… entre otras cosas.
Momentos más tarde, entrada la madrugada, Hinata acarició las cicatrices que le había dejado a Sasuke en la espalda, cuando él se enjabonaba en la ducha, dejándola bajo el chorro del agua. El pelinegro se apartó y ella se dio cuenta que no le gustaba que las tocara. Sasuke se dio vuelta y le revolvió el cabello.
—Deja de perder el tiempo, en unas horas partiremos— aconsejó.
Los ojos violáceos cayeron a otra de las cicatrices del joven, ésta, mucho más reciente. Su mirada mostró preocupación.
—¿Qué es esto? — preguntó tomándolo del brazo.
Los ojos negros cayeron a la herida casi viva que tenía en su bíceps izquierdo.
—¿Es una quemadura? — volvió a preguntar ahora viéndolo a los ojos.
Él sólo asintió.
—¿Cómo…?
—Sólo digamos que no la pasé bien— dijo y la jaló, colocándose él bajo el chorro de agua —. Has terminado. Ve a descansar, Hinata, enseguida te alcanzo.
Ella lo vio extrañada al verse presionada a salir. Se envolvió en una toalla y mientras Sasuke le daba la espalda, siguió viéndolo por el cancel. ¿Sasuke se lastimaba? Pensar que sí le hizo contraer el estómago. Recordó de pronto que la vida de él tampoco había sido muy fácil.
¿Qué otras malas decisiones pudo haber tomado a lo largo de su vida?
Hinata dejó de verlo y se giró para salir del baño… se dio cuenta que, a partir de ahora, y con la decisión de estar con él que había tomado, conocería al verdadero Sasuke… con toda la atracción que ejercía sobre ella, pero también, con todos sus demonios.
Eso la hizo estremecer, y casi sentir temor.
•
O.O.O.O.O
•
El martes al mediodía Sasuke echó su cabeza hacia atrás, estando sentado dentro de su auto. Varios estudiantes deambulaban por ese estacionamiento del campus universitario y él tenía pocas ganas de salir.
Cerca de las ocho de la mañana había dejado a Hinata en la puerta de su departamento y así como ella, él también decidió que era tiempo de regresar a la universidad.
El sol le dio de lleno en el rostro y un viento fresco meció su cabello al ya avanzar directo a su facultad. Antes de tomar cualquier clase, debía hablar con su asesor en tesis y con un par más de docentes. Restaba poco más de dos meses para finalizar el semestre y con él, su estadía en ese lugar.
Antes de ingresar a su facultad, su móvil volvió a sonar. Era su padre. Esto lo molestaba como le intrigaba de cierta manera. No contestó, no tenía nada que hablar con él. Se preguntó si los mensajes sin leer que Itachi le dejó tendrían relación con las recientes llamadas de Fugaku, pero, cuando se encontró a uno de sus profesores, dejó de lado ese asunto.
• • •
—¡Hinata! — Ino llamó a la Hyuuga cuando la vio aparecer por la cafetería.
La recién llegada saludó a lo lejos y se dirigió a comprar algo para almorzar, pues no tuvo tiempo de preparar nada.
Sakura, que había volteado a ver a Hinata, regresó su atención a la rubia.
—¿Y dices que lo viste?
Ino asintió luego de tomar de su botella de agua.
—¿Sigues enojada con él?
La pelirrosa endureció su rostro y no contestó.
—Me pregunto por qué decidiría regresar.
—Sasuke es impredecible, aunque supongo que tarde o temprano iba a hacerlo.
—Y tuvo que hacerlo ahora, después de portarse como un patán.
Ino se encogió de hombros, no supo qué decir.
—¿Crees que Karin y él…?
—Probablemente— se sinceró y la otra no pudo evitar sentir una punzada en el pecho —¡Hola, Hinata! ¿Dónde estuviste ayer? No te vimos por ningún lado— añadió cortando el tema, al ver llegar a la Hyuuga con su comida.
Hinata suspiró al sentarse.
—Tuve asuntos que hacer— respondió sin querer ni poder explicar más.
—Al parecer asuntos interesantes— dijo Sakura haciendo a Hinata dudar. ¿Interesantes? ¿Acaso esa marca que Sasuke dejó en su pecho se vería bajo su blusa?
Ino sonrió —Traes un bronceado delicioso. ¿Estuviste bajo el sol?
—Ah… s-sí.
—Igual que nosotras— se apresuró a presumir la rubia que abrazó a Sakura —. El domingo nos embriagamos en la playa— soltó orgullosa, sin importarle haber perdido un tercio de su mesada, como castigo por haber llegado sola, casi ebria y conduciendo en la madrugada.
Hinata sonrió —¿En serio?
Ino asintió gustosa —Estuvimos despidiendo el amor que Sakura le tiene al emo de Sasuke.
Hinata no pudo evitar tensarse ante tales palabras. Sus ojos viajaron a la pelirrosa.
—¿Eso es cierto?
Sakura jaló aire y se soltó del abrazo de Ino.
—Creo que sí— soltó, amargada.
La peliazul le sonrió. A pesar de no verla tranquila, saber eso le quitó un pequeño peso de sus hombros.
—Lo de esa noche en el baile, fue demasiado. Debí de verme patética, ¿no? Presumí por todo lo alto que Sasuke sería mi pareja y…
Hinata asintió, entendiéndola. Eso había sido muy cruel por parte de Sasuke.
—Decidí avanzar sin él— añadió la pelirrosa y, por su seriedad, incluso sorprendió a Ino —. Todavía tengo muchas cosas que pensar. Por él elegí mi carrera y…
—No estarás pensando en cambiarla ahora. Estamos a la mitad.
Sakura tragó pesadamente y vio los restos de su comida. Quería dejar todo atrás y esa había sido una de las medidas desesperadas, pero era difícil soltar esa parte de su vida, por eso, tenía muchas cosas que pensar. Quería poner en la balanza muchas cosas y ver qué pesaba más.
Hinata vio a Sakura dibujar una sonrisa y cambiar el tema. Estaba traicionándola al no decirle que era ella la que tenía algo con Sasuke, pero, si se era sincera, tampoco estaba segura hasta dónde llegarían. Decidió ser egoísta y hacer caso a esa necesidad que tenía por estar con el Uchiha… Sakura y él nunca fueron nada, después de todo. Sasuke había sido claro, con Sakura, con ella misma… además, ahora no guardaban el secreto por la pelirrosa, sino, por su familia, los Hyuuga. Sus amigos, tarde o temprano, si se enteraban, tendrían que entenderlo. Sería una sorpresa, desagradable quizás, pero finalmente había sido decisión de ella y él, los únicos involucrados.
—Será mejor irnos, las clases están por continuar— soltó Sakura luego de varios minutos de charla.
—¿Puedes entregar mi charola, por favor? — pidió la rubia colocándola sobre la de la de ojos jade — Correré un poco al gimnasio, veré a Shikamaru, tuvo entrenamiento y con mis padres enojados, no he podido verlo, ¿vale?
Sakura dejó escapar el aliento.
—Date prisa.
—Por supuesto— aseguró la otra y salió corriendo —. Adiós, Hina.
La Hyuuga alzó su mano derecha despidiéndose y Sakura sonrió al ver su brazo.
—¿Y esto? — preguntó curiosa al verle la pulsera de hilo rojo que traía amarrada a su muñeca —Es muy bonita, pero no sabía que te gustaran estas baratijas— reconoció con gracia mientras avanzaban a entregar sus charolas.
—Pues, me gustó mucho— aceptó la Hyuuga.
Sakura frunció el ceño —Oye, esos gatitos… ¿los bigotes no te recuerdan a… Naruto?
Hinata se burló recordando que lo mismo le pareció a su tiempo.
—¿La compraste porque te recordó a él?
—¡No!— se apresuró a aclarar — Fu-fue un regalo.
—¿Alguien especial? — preguntó divertida. Hinata asintió y ella ya no quiso preguntar más. No era un regalo costoso como los que le daba su primo, así que creyó que tal vez la persona que se lo dio no era del círculo en el que Hinata se movía y no quiso incomodar; pero, curiosa pulsera, peculiar, difícil de pasar desapercibida.
Minutos después, luego de despedirse de Sakura y estar entrando a su facultad, Hinata subía las escaleras directo al tercer y último piso cuando vio a Sasuke bajar por las mismas. Apenas compartieron una mirada fugaz que le calentó el rostro y siguió su camino. Verlo de lejos y más estar cerca de él, le traían a la memoria y a la piel el recuerdo de lo que ambos compartían. ¿Cómo iba a sobrevivir dos meses viéndolo e ignorándolo cuando por las noches compartían sexo, mucho calor y sudor?
Se estremeció al tomar por el pasillo el camino que la llevaría a su siguiente clase.
Debía poder hacerlo y tenía que ser muy cuidadosa.
•
O.O.O.O.O
•
Al día siguiente, miércoles, Hinata se saltó su clase de deportes pues, como efecto de las píldoras que había tomado, a media mañana la había sorprendido su periodo. Por eso avanzaba mochila al hombro, directo al estacionamiento.
Volteó al área que llevaba a la zona deportiva y vio como la mayoría de los estudiantes se dispersaban por aquella sección. Entre tanta gente, alcanzó a ver a Matsuri que charlaba con un par de chicas. Ambas cruzaron miradas y la Hyuuga la saludó. La chica de Suna se despidió con cierta prisa de sus amigas y enseguida se encaminó a su encuentro.
—Hina, que bueno que te veo— saludó un tanto apresurada.
La de ojos violáceos frunció el ceño… se acababan de ver en la tercera clase que tuvieron juntas.
—¿Te ocurre algo? — preguntó viéndola ver su reloj.
—Necesito pedirte un favor. Pero ahora no tengo mucho tiempo para convencerte.
—¿Convencerme?
—No, debo ir a la terminal de autobuses a recibir a mi madre que viene de visita y ya voy tarde.
—Ah, ¿quieres que te lleve? — preguntó apenada, la terminal de autobuses estaba retirada y saturada de gente.
—¿Lo harías por mí?
—Anda, vamos. Me da gusto que tu madre pueda venir a verte— dijo animándola a caminar a su coche. De hecho, envidiaba un poco que Matsuri tuviese una madre que la procurara tanto.
—Entonces aprovecharé para pedirte mi favor.
Hinata sonrió al llegar al auto.
—¿Y eso es…?
—¡Acompáñame a la fiesta de Gaara! — soltó casi en voz alta, nerviosa.
Hinata se paralizó antes de entrar al auto. ¿De Gaara?
—¿De…?
—Es en menos de quince días. Temari me invitó, pero no me animo a ir sola— explicó avergonzada al adentrarse al auto —. Será en un bar en el lado este de la ciudad, ¡ni siquiera lo conozco!
—Pero yo no puedo ir solo así…
—No me dejes sola, Hinata— rogó la chica.
Hinata negó en silencio al comenzar a conducir. ¿Qué decirle? Eso no le gustaba mucho, además, por las experiencias que había tenido con Gaara, esa fiesta sólo podía significarse problemas y malentendidos.
Le sonrió a Matsuri que seguía hablando emocionada. ¿Cómo iba a salirse de esa?
•
O.O.O.O.O
•
Horas más tarde, como Hinata había supuesto, Neji había llamado para saber cómo estaba; con su padre fuera de la ciudad, su primo solía estar más pendiente de ella. Neji la había invitado a cenar y aunque estaba agotada, sentía que se lo debía.
Inmediatamente después de dejar a Matsuri en la terminal, comenzó con sus tareas; habiendo faltado el lunes, tenía más en qué trabajar. No terminó todo y, aun así, dejó sus libros sobre su escritorio y se preparó para su cena con Neji.
Revisó su móvil cuando estuvo lista. Sasuke no había dado señales de vida en lo que iba del día y tampoco lo había visto en la universidad. Dejó de pensar en el Uchiha y se apresuró a salir. Neji quiso pasar por ella y llevarla, pero, Hinata, siendo precavida, prefirió que se vieran en el restaurant favorito del castaño.
Durante la cena Hinata notó a su primo ligeramente ausente, pues, aunque la obligó a mentirle sobre el dichoso cumpleaños de una de sus amigas, el mismo que se había inventado para estar con Sasuke, él no había profundizado más.
No sabía qué clase de problema lo estuviera preocupando y, ahora más que nunca le interesó saber de él. ¿Cuál sería la postura de Neji sobre las obligaciones que ambos tenían con la familia?
—¿Y todo bien en la constructora? — preguntó dejando de lado el tema de la llegada de su padre. Jugó con la carne de su spaghetti a la bolognesa mientras esperaba su respuesta.
Toda la gente en ese elegante restaurant, el ruido de las distintas charlas y las personas que transitaban por la calle, tras el ventanal frente al cual estaban sentados, dejaron de tener importancia al centrarse únicamente en él.
—Todo bien, como siempre— respondió Neji, solemne.
Hinata asintió y dejó de comer al seguir jugando con su comida. Vio a Neji saludar de un movimiento de cabeza a algún conocido que llegó al lugar y ella tuvo que seguir hablando.
—Estás realmente listo para tomar la dirección— dijo y sonrió, feliz por él, pero sin real sinceridad.
Neji se mantuvo unos segundos en silencio. Esa frase dicha por ella, le decía que Hinata sabía ya sobre lo dispuesto por su tío. No supo qué decirle.
—¿Eres feliz con eso?
—¿A qué se refiere? — preguntó, achicando los ojos. Suspicaz.
Ella se aclaró la garganta antes de continuar —Es decir, siempre te preparaste para esto— recordó —. ¿Nunca deseaste otra cosa?
Neji suspiró apenas ligeramente y ella le dedicó toda su atención.
—Yo, como usted, nací con un futuro escrito— respondió el atractivo joven antes de tomar un trago de su copa de vino.
—Eso es cierto. Crecimos sabiendo exactamente qué se esperaba de nosotros, pero, …
—No hay peros— cortó él —. Durante generaciones ha sido así. Nunca se ha esperado otra cosa de nosotros. Es un honor.
Algo tras la solemnidad con lo que lo decía, le indicó a Hinata que Neji sólo obedecía a sus obligaciones.
Sonrió ligeramente quitándole la mirada de encima.
—Hace unos años— se atrevió a mencionar —, me dio la impresión de que no estabas tan de acuerdo con ciertas normas del clan— dijo y regresó a verlo para notar por una fracción de segundo como él se sorprendió, pero se recompuso al instante —. ¿Qué ocurrió entonces?
Neji se apretó el puente de su nariz. Decirle que Hiashi había dejado caer sobre él el peso y orgullo de la familia, y el futuro de ella y Hanabi, era decir demasiado.
—Entendí mi lugar en la familia.
—¿Tu lugar?
—Es lo que mi padre hubiese deseado y, tengo la suerte, además, de apasionarme por este trabajo. Eso es más de lo que lo que mucha gente logra jamás.
Hinata bajó sus manos y jugó con el borde de su bonito vestido negro.
—Entonces, ¿nunca has deseado otra cosa?
Él sonrió —No— contestó sorprendiendo a su prima —. Parece increíble, pero ser parte de esta familia es una enorme responsabilidad. Dejar caer lo que la familia ha construido no nos afectaría en absoluto a nosotros, pero hay miles de personas a las que sí. ¿Tiene idea cuánta gente trabaja y vive por nosotros?
Ella negó, realmente no se había puesto a pensar en eso.
—Sería bueno tenerlo en cuenta. ¿Usted alguna vez ha deseado no tener que vivir bajo la responsabilidad que implica ser parte de esta familia? — devolvió serio.
Hinata se mordió el labio y sintió culpabilidad. ¿Era justo dejar a Neji cargar con todo? Él no parecía feliz de una manera nata de tener esa responsabilidad.
—Sí— fue sincera y lo vio a los ojos. Él se vio sorprendido otra vez en esa noche —. Y no me creo que tú no— Hinata le mantuvo la mirada.
Él se recompuso y sonrió, relajando su postura.
—Eso es ser egoísta, Hinata sama.
—Neji… ¿nunca te enamoraste? ¿Nunca has deseado no ser tú? — Hinata soportó el rubor que le causó inmiscuirse en la vida privada de su primo, pero necesitaba saber.
—Alguna vez.
Esa respuesta seca hizo sentir a Hinata que no estaba mal al sentir lo que sentía, aunque, eso no fuese viable.
—¿Y puedo preguntar qué pasó?
—Se acabó.
—¿Cómo?
Lo serio de su charla se vio interrumpido por el sonido de unas risas, que procedían de la entrada del restaurant. Cuando volvió su atención a su primo dispuesta a seguir preguntando, lo notó incómodo.
—Será mejor que nos vayamos— dijo Neji que alzó la mano, pidiendo la cuenta.
—Pero…— un camarero le asintió y él acomodó su corbata.
—¿Neji? ¿Hyuuga Neji? — una voz femenina, más alta de lo que se consideraba agradable para los comensales, se dejó escuchar.
La cuenta llegó al mismo tiempo que una señorita castaña vestida de una minifalda de mezclilla, botines, camiseta ajustada y negra que usaba debajo de una desgastada y pequeña chaqueta verde militar.
—¿No me saludarás, Neji? — dijo contenta al plantarse a su lado con una enorme sonrisa. El movimiento de cabeza que hizo provocó que el chongo que usaba, se moviera.
—Hola, Naori, ¿cómo estás? — saludó al tiempo de entregar su tarjeta al camarero que se fue dejándolos solos.
—Muy bien, como siempre, ¿Y tú? ¿Sigues de esclavo de tu familia?
—Naori…— soltó Neji con poca paciencia.
La chica lo ignoró y se volteó viendo a Hinata —Hola, ¿cómo estás? — saludó ofreciendo su mano a la Hyuuga que la veía con apenas media sonrisa — No te tomes a mal lo que dije sobre tu familia, ¿vale? Neji me entiende— dijo y le dio un codazo a Neji que lo hizo endurecer más su semblante, antes de volverle ofrecer la mano a Hinata.
—No, para nada. Y mucho gusto— Hinata se puso de pie, contrario a las normas, al apretarle la mano. No sabía por qué, pero esa chica le resultaba agradable —. Hinata Hyuuga, mucho gusto, Naori…
La chica amplió su sonrisa.
—Es muy bonita, Neji— dijo viendo al castaño que desvió su rostro. Pero un tanto joven, pensó —. Yo soy Naori… Uchiha.
Los ojos perlados de Hinata se abrieron con sorpresa ante la mención del apellido.
—Y fui novia de tu primo— añadió, soltándole la mano, pero sin desaparecer su sonrisa.
—¿Novia?
—Dios…— Neji se atravesó entre las dos chicas y haló a Hinata con él — Nosotros nos vamos— dijo luego de firmar el voucher que el camarero recién le había entregado.
La chica se mordió el labio inferior y lo vio seria, con la añoranza que le había tenido. Neji le sostuvo la mirada y luego ladeó la misma, deshaciendo su molestia.
—Un gusto verte de nuevo— dijo él sinceramente. Le asintió con el rostro e invitó a Hinata a caminar.
Ella suspiró profundamente —Lo mismo dijo… pero yo sí lo digo de verdad— sonrió. Alzó su mano abierta —. Nos vemos.
—Adiós— se despidió Hinata y avanzó. Neji se quedó unos segundos más viendo a la joven y, tras un nuevo asentimiento, se fue tras los pasos de Hinata, dejando a una Naori desdibujando su sonrisa. Pensativa, pero feliz de haberlo visto.
El camino hasta el coche de Hinata había sido incómodo.
—¿Novia?
—Ex— corrigió el apuesto joven.
Ella sonrió ante la incomodidad de su primo — Uchiha.
Neji se sintió un hipócrita por todo lo que le había advertido sobre esa familia. La verdad había sido que esa chica le caía mal por los roces de familia, pero al final, sin darse cuenta, había llegado a sentir cosas por ella. Estuvo a punto de mandar al diablo su familia -como ella había hecho con la suya-, sólo por ella… pero al final, no había podido.
—Naori es… fue— corrigió —, parte de ese Neji que una vez dudó, de ese por el que quería saber, Hinata sama— se sinceró —. Pero eso no cambia los hechos. Su familia y la nuestra siguen siendo rivales potenciales, y usted, siendo la primogénita del líder de la nuestra, debe tenerlo muy claro.
Hinata asintió y tragó ligeramente.
—Nunca te hubiera imaginado con una Uchiha, Neji niisan— dijo, dándole un abrazo de despedida. Una opuesta a él en todos los sentidos, lo supo al ver el carácter chispeante de la de ojos negros.
—Ni yo. Siempre fue un dolor de cabeza— dijo él, revolviéndole el cabello mientras le abría puerta de su auto. Uno que debía seguir enterrado, reconoció —. Que descanse, Hinata sama.
Hinata se despidió y enseguida puso en marcha su auto. Cuando llegaba a su departamento no pudo no seguir pensando en Neji y en todo lo que le había dicho… Él estuvo enamorado y había logrado salir de eso para hacer frente a sus responsabilidades. ¿Podría ella sobrevivir a esa etapa de rebeldía en la que estaba y en su momento dejar a Sasuke? Estaba confiando que sí, por eso se permitió seguir a su lado. Ella tendría que ser tan firme como Neji para lograrlo.
Se llevó una mano al pecho al volver a su alcoba. Sólo no tenía que enamorarse de Sasuke.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Una vez creyó que no podría disfrutar su cuerpo dentro del suyo y se equivocó. Ahora deseaba, fervientemente, poder estar a su lado sin sentir amor por él.
Estaba cavando su propia tumba. Dejó esa idea sumergirse en su cerebro. No iba a pasar… ella no podía permitir que eso pasara; sólo, sólo quería estar un poco más con él.
Se quitó su vestido y se colocó un pijama lila. Un pequeño short y una blusa de tirantes holgada, la conformaban. Cuando se estaba recogiendo el pelo en una coleta, escuchó el teléfono en la sala sonar.
—¿Si? — respondió sin revisar el identificador.
Escuchó un resoplido cansado del otro lado —¿Dónde habías estado?
Esa voz ronca fue imposible de no reconocer.
—Con Neji, cenando, recién volví— cuando terminó de decir esto, la llamada se cortó.
Hinata se mordió el labio y un cosquilleo ansioso rondó su estómago. Sasuke no tardó ni cinco minutos para estar tocando su puerta. Ella abrió y le sonrió mientras se preguntaba si era buena idea darle el juego de llaves que una vez ya tuvo.
Los ojos negros le recorrieron el cuerpo, apenas le abrió la puerta.
—Ho-hola— saludó la joven haciéndose a un lado, ofreciéndole entrar.
Sasuke cerró la puerta y no quiso responder cuando deslizó sus manos bajo la blusa de la peliazul y la cargó para besar sus labios. Hinata enredó brazos y piernas en él y correspondió a su beso mientras se dejaba llevar al sofá cercano.
—Estuve llamándote— dijo al sentarse en el sofá, dejándola montada sobre él.
Ella se mordió el labio cuando Sasuke se acomodó bajo ella, deslizándose en el sofá, provocando que sintiera más su sexo, casi duro bajo sus vaqueros, en su entrepierna.
—S-sí, desactivé el sonido cuando estuve con Neji.
Él alzó una ceja, esperando saber más. Hinata desvió su vista y luego volvió a verlo, curiosa.
—Tú… ¿conoces a una Naori de tu familia?
—No. ¿Por qué?
—Conocí a alguien con ese nombre.
—Yo no recuerdo a alguien de la familia con ese nombre. Tal vez Itachi, sí.
Ella se encogió de hombros —Déjalo, no creo que sea importante, de todos modos— dijo sin moverse de encima de él, permitiéndole jugar a deslizar sus dedos bajo su short.
Ver a Sasuke atento a sus piernas, tranquilo, sin su ceño fruncido, le hizo sentir cosquillas en el estómago. Le acarició el pelo negro en un impulso y siguió dejándose tocar. ¿Qué había hecho Sasuke con ella? ¿Podría ser tan pasajero como estaba creyendo?
La mano izquierda del Uchiha subió a apretar uno de los pezones de Hinata, que, producto de lo que le estaba haciendo sentir, se habían endurecido y sobresalido por la tela de la blusita.
Ella gimió y él buscó, calmado, pero con la respiración escapando suavemente por sus labios, deslizar sus dedos bajo las braguitas.
—No— ella la detuvo al sujetarle la mano.
—¿Por qué no?
Hinata perdió esa sensación de adormecimiento que la había comenzado a recorrer y quiso apartarse, pero Sasuke le sujetó las caderas.
—¿Por qué no? — insistió.
Ella se puso roja —Porque no. E-estoy con mi… periodo— susurró lo último.
Él no supo que decir de momento, luego sonrió, malicioso.
—¿Y?
—¡¿Cómo qué, y?!— dijo queriendo soltarse.
—Yo no le veo ningún problema. Eso no me importa en lo absoluto.
Ella hizo un gesto de repugnancia por imaginarlo y siguió luchando por quitarse de sobre él. Lo logró luego que Sasuke la dejara tranquila.
—No digas ese tipo de cosas— pidió apartándose.
Sasuke echó su cabeza hacia atrás, derrotado, y dejó escapar el aliento esperando calmarse, pues ya se había endurecido.
Hinata lo notó y sintió pena.
—¿Quieres ver una película? — ofreció sin estar segura de que le agradara la idea.
Él la observó de arriba abajo, Hinata estaba incómoda y aun así no quería que se fuera.
—Bien, pero yo la elijo.
Ella extendió una sonrisa.
—Prepararé palomitas y traeré refresco— dijo y se giró para casi correr a la cocina.
En menos de cinco minutos ya había un enorme tazón de palomitas y un par de vasos con gaseosa. Sasuke eligió la última cinta de Transformers recién cargada a la suscripción premium de la Hyuuga.
—¿La has visto? — preguntó, refiriéndose a la película.
—No, creo que me quedé en la tercera.
—Deberás verlas— dijo al tiempo de jalarla entre sus piernas, luego de haberse recargado en el descanso del sofá.
Era minutos pasadas las once de la noche y la película había comenzado a correr. Sasuke pasó su mano sobre el cuerpo de Hinata y tomó un par de palomitas.
—En la tarde te vi salir de la universidad con una chica— mencionó luego de comerlas.
—¿Oh? ¡Ah, sí! Era Matsuri, una amiga con la que comparto algunas materias. Quería pedirme un favor.
Él arqueó una ceja —¿Qué clase de favor?
Hinata se llevó una palomita a la boca e hizo esperar su respuesta.
—¿Recuerdas a Gaara? — preguntó y lo escuchó gruñir en respuesta — Pues, será su cumpleaños.
—¿Y?
—Y estaba invitándome— respondió con simpleza —. A ella le gusta Gaara, quiere estar ahí, pero se siente incómoda sola.
—¿Irás? — preguntó. Su voz más ronca mostró su desagrado.
Hinata se encogió de hombros —No lo sé — se sinceró —. Él no te cae bien, ¿verdad?
—El imbécil te besó, ¿tú qué crees? — respondió, molesto de recordarlo. Él y Gaara se habían hecho de golpes en más de una ocasión.
Hinata sonrió al recordarlo, aquella vez incluso se había desmayado. ¡Qué vergüenza!
—No vayas— pidió besándole el cuello.
—Matsuri cuenta conmigo.
—Que se las arregle como pueda— soltó sin preocuparle un poco. Hinata volteó a verlo y se encontró con los ojos negros sobre su rostro —. Ese pelirrojo sabe sobre nosotros.
—¿Cómo?
—El día de tu cumpleaños lo confirmó — explicó —. Incluso antes no hacía nada más que provocarme. Mantente lejos de él— pidió y ella ya no respondió al meditar las cosas.
Sasuke dejó el tema morir al continuar viendo la película y dedicarse a dibujar círculos con su dedo, en el ombligo de Hinata, bajo su blusa. Hinata suspiró y sonrió por la sensación que eso le causaba. Pensó en Neji y en la promesa que le hizo de mantenerse alejada de cualquiera de apellido Uchiha, como esperaban de ella. Contrario a eso, no sólo disfrutó del contacto de Sasuke, sino que, se relajó completamente entre sus brazos, para terminar apoyada en su pecho. Escuchó el latir acompasado del corazón del chico dueños de esos ojos negros que le penetraban en alma.
Corrían los primero cuarenta y cinco minutos de la película, cuando Sasuke, que había notado a Hinata más relajada en su pecho, se dio cuenta que ella se había quedado finalmente dormida.
«Ni siquiera prestó atención a la película» pensó con cierto fastidio, pero luego sonrió al verla todavía con una de sus manos entre las palomitas.
Ya era más de media noche y se atrevía a asegurarse que Hinata había descansado realmente poco. La noche que se metió a su cama, después del baile, la había notado con ojeras, el fin de semana no era como que la hubiese dejado dormir mucho, incluso la noche anterior, había estado hasta muy entrada la madrugada haciéndole el amor. Se movió permitiéndole acomodarse mejor… era normal que una persona tan pequeña como ella se dejara vencer por el cansancio después del ajetreo que habían tenido.
Una vez finalizada la película, Sasuke se deshizo de las palomitas, tirando la mitad en el acto y maldecir por ello, para poder cargar a Hinata hasta su cama. Luego de volver a la sala a apagar el televisor, regresó a su lado. Hinata se pegó a él buscando su calor y siguió dormida.
Sasuke, sin mucho sueño, extrajo de entre sus vaqueros su móvil. Luego de días, decidió revisar su bandeja de mensajes. Apoyó completamente su cabeza en la almohada mientras, sus ojos, negros y profundos, analizaban los textos de su hermano.
Su papá estaba furioso, eso no era nuevo, pensó, luego de leer que le pedía reportarse con él.
Apagó la pantalla del móvil y todavía sin mucho sueño, se forzó a descansar.
• • •
Sasuke maldijo al abrir sus ojos. El sol estaba alto, por lo que supuso que debió quedarse dormido muy entrada la madrugada. Se levantó y como creyó, Hinata ya no estaba en el departamento. Vio la sala impecable y encontró una nota en la barra del comedor, junto a un emparedado.
"Lo siento, tuve que irme. Tengo examen a primera hora y un par de trabajos importantes que entregar. Espero que hayas descansado. Preparé un desayuno improvisado, espero te guste. Hinata."
Sasuke prestó atención a la carita sonriente que la Hyuuga había dibujado junto al mensaje.
«Tonta» pensó, al encontrarle parecido a esa carita, a ella misma. Era una versión chibi de Hinata.
Tomó el emparedado y lo mordió. Regresó por su móvil a la habitación y luego de darse cuenta de que era casi mediodía y que no llegaría a sus clases matutinas, decidió llamar a Itachi, y dar señales de vida.
—Has saturado la memoria de mi móvil con tus mensajes. ¿Qué te tiene tan nervioso, hermanito? — soltó luego de escuchar al otro responder.
El menor no pudo verlo, pero lo imaginó rodando los ojos y eso lo divirtió.
—No es gracioso, Sasuke. Padre te ha estado buscando.
—Eso vi. ¿Por qué? ¿Que no le mandé decir contigo que no me interesa su ofrecimiento? — dijo mientras rebuscaba entre las sábanas de Hinata, la camisa que se había quitado antes de dormir.
—No le mandaste decir nada, Sasuke. No soy tu recadero— regresó molesto —. Debes verlo en cuanto llegue.
—¿Llegue?
—Sí, salió de la ciudad atendiendo a una licitación importante.
—Ya veo— soltó despreocupado mientras se vestía.
—Padre amenazó con acabarte si te niegas a ser tú el que le presida en el mando, cuando sea tiempo de dejarlo.
Sasuke se burló.
—Me temo que está hablando en serio.
—¿Qué podría hacer? ¿Negarme su herencia? No seas ridículo, Itachi. El viejo me importa una mierda. Deja tú de temerle.
—No le temo, lo respeto, que es diferente. Y no, no está acabado.
—Piensa lo que quieras, no me interesa.
Se hizo un silencio en el que Sasuke pensó en despedirse, pero Itachi tomó la palabra.
—Está decidido a traerte de vuelta. No lo tomes a la ligera. ¿No has pensado que sería todo más fácil si decides complacerlo? Madre ya no está, no tiene caso seguir con rencores. A ella la haría feliz.
—No voy a darle el gusto de limpiar su conciencia, si de mi depende— devolvió el menor a cambio, con la misma seriedad que su hermano —. Por mí, Fugaku Uchiha y su constructora, pueden podrirse en el infierno— agregó muy seguro de sus palabras.
—Sasuke…
—Si eso es todo, nos vemos, Itachi— dijo y cortó.
«Respeto» pensó asqueado en esa afirmación de su hermano. ¿Cómo se podía respetar a alguien tan ruin? Itachi era demasiado considerado con su padre, para ser tan inteligente.
Abandonó el departamento de Hinata con la molestia que esa llamada le provocó.
•
O.O.O.O.O
•
Los días siguientes pasaron con relativa calma y una normalidad a la que Hinata fácilmente se podía acostumbrar. Todavía no sabía el resultado del examen que había presentado, pero, a su juicio, no le había ido mal. Estaban a unas semanas de finalizar el semestre y así culminar con su primer año de universidad.
Ver a Sasuke y no hablarle había sido hasta cierto punto incómodo, pero él le facilitó el trabajo no apareciendo demasiado entre el grupo. Los talleres compartidos habían finalizado por lo que restaba del año escolar y eso también era buena noticia.
Salvo la tarde anterior que había visitado a Kurenai y la pequeña Mirai, solía ocupar sus tardes luego de la universidad estudiando. A Sasuke lo había visto poco esos días, pues al parecer el trabajo que Itachi le encomendaba, estaba absorbiendo el poco tiempo que le sobraba de la elaboración de la tesis y las pocas materias que aun cursaba.
Hinata suspiró a la mitad del almuerzo, ese sábado en la cafetería de la universidad, recordando el ajetreo desde el anterior fin de semana.
—¿Una fiesta? — Ino preguntó extrañada, volteando a ver a Shikamaru, que era quien había sacado el tema.
—Bueno, no es una fiesta-fiesta— intervino Naruto que enfriaba su ramen —. Es sólo una reunión en un bar.
Las miradas de todos cayeron en él y luego viajaron al Nara.
—Temari nos invitó. Será el siguiente fin de semana, pero quiere asegurarse con tiempo— explicó el otro sin muchas ganas.
Ino frunció los labios —Y con 'nos invitó', te refieres al equipo de baloncesto, ¿no?
—No lo estaría mencionando en este momento si no quisiera que fueras— aclaró viéndola a los ojos.
La rubia suspiró cansadamente —Temari todavía no es de mi entero agrado— confesó, haciendo que su novio arqueara una ceja —. Creo que sí. Vayamos, será una buena oportunidad para limar asperezas.
Sakura le tocó la frente —¿Estás enferma? — se burló.
—Deja de decir tonterías— se quejó Ino.
—¿Qué? Es extraño verte actuar con madurez— alegó la Haruno.
La otra negó en silencio, dando por finalizada la mini discusión — Imagino que ustedes como miembros del equipo estarán obligados a ir.
—No obligados— intervino Naruto —. Yo quiero ir.
—¿Eh?
—¿Qué? El tipo me cae bien. Con Sasuke fuera del equipo, hemos hecho buena mancuerna, 'ttebayo.
—Yo también iría— dijo Choji antes de pegar una mordida a su hamburguesa.
—Sí… imagino que tu irías a donde sea que haya comida— soltó la rubia entre dientes —. ¿Ustedes, chicas? — preguntó ahora a la pelirrosa y a la Hyuuga.
—Sí, ¿por qué no?
—¿Hinata?
La Hyuuga pestañeó preocupada. Sasuke le había pedido que no fuera, pero, por otro lado…
—A mí ya me habían invitado— comentó.
—¡¿Cómo?!— dijo Sakura — Eres la menor de nosotras, ¿cómo que ya te habían invitado?
Hinata asintió —Matsuri, otra amiga, lo hizo.
—Entonces imagino que irás— dedujo la Yamanaka.
—Su-supongo.
—Bien. Iremos— dijo convencida y ya emocionada. Ojalá que esa fiesta se tornara divertida.
•
O.O.O.O.O
•
El domingo por la noche Hinata se inclinó a acariciar al pequeño gato del Uchiha. Jugó con él y el felino, deseoso de atención, se colocó patas arriba y comenzó a morderla despacio. Hinata rio.
Sasuke estaba duchándose y por eso no lo había arrancado ya de sus manos, celoso de compartir su atención.
El sábado por la noche, luego de terminar con sus tareas, Sasuke había pasado a buscarla, habían cenado en un centro comercial retirado de donde vivían y finalmente terminaron envueltos entre las sábanas del moreno. Recordar eso la hizo sentir vergüenza, incluso frente al gato. Se sintió tonta, pero contenta.
Ese día, antes de volver a salir, había pasado solo a cambiarse y ducharse a su departamento, pues, tras todo el día encerrados ahí, necesitaban salir… ella, no él.
La noche anterior Neji había llamado y le informó que saldría de la ciudad hasta el lunes, lo que la hizo menos reacia a mostrarse con el Uchiha. Sus amigos no acostumbraban los lugares que ellos visitaron y eso la mantuvo tranquila. Así, habían sobrevivido a su primer fin de semana normal.
Cuando Sasuke salió de la ducha cubierto solo por una toalla enredada en la cintura, lo primero que hizo fue buscar a la Hyuuga. La encontró acuclillada jugando con el gato, con la televisión encendida, pero sin prestarle atención. Los muslos de Hinata lucían todavía más apetecibles en esa posición, debajo de la tela de gasa de ese vestido que usaba.
—Deja de jugar con él. Creerá que puede hacerlo cuando quiera— habló haciéndose notar y provocándole dar un brinco por el susto que le dio.
Hinata dio otro salto, esta vez, poniéndose de pie, al verlo mojado y semi desnudo. Se puso roja y desvió su vista.
—Cla-claro que puede hacerlo cuando quie-ra— susurró apenas volteando a verlo. Finas gotas de agua acariciaban y resbalaban por el pecho del moreno que se recargaba en el marco de la puerta de su habitación.
Él enarcó una ceja —¿Sabes, Hinata? Hay algo que siempre me ha llamado la atención— dijo, sin preocuparle demasiado pasear su negra mirada por las curvas que ese vestido dejaba ver.
—¿El qué? — preguntó ella esforzándose por sólo ver su rostro.
—Tu pudor. Te he visto desnuda más veces de las que te gustarían. He besado, lamido y chupado cada parte de tu cuerpo, y, aun así, pareces incómoda con mi desnudez— soltó viéndola adquirir varios tonos de rojo. Sonrió de medio lado, fascinado con ella.
—E-eso es porque… porque prácticamente somos nuevos en… en esto— dijo cerrando los ojos —. ¡Ah! ¡Quieres ponerte algo! — pidió, girándose. Le gustaba verlo, pero de preferencia que él no la viera hacerlo. Cuando lo hacían también lo veía, pero ahí no le importaba… ahora, en cambio…
—¿Nuevos? — se burló — Prácticamente llevamos un año acos-…—cortó su frase al caer en cuenta. Iba a ser un año. Hinata habló, quitándole el sinsabor de la boca, pero no borrando ese peso.
—¡Ya lo sé! Pero aun así…
Sasuke negó en silencio. Un año…
Quería borrar de Hinata la sombra de aquella noche. Deseó que cada vez que lo viera, sólo pudiese desearlo, temblar de placer. Con eso en mente, se acercó a ella que todavía le daba la espalda.
Se pegó a ella.
Hinata tembló al sentir el nudo de la toalla en su espalda y más al centro, algo más duro y sobresaliente. No tuvo que pensar mucho para saber qué era.
—Hay muchas cosas que quiero hacerte— reconoció con voz ronca al deslizar una mano por el brazo desnudo de la Hyuuga —. Y que quiero que me hagas— añadió y la sintió tensarse —. Quiero escucharte gemir, Hinata. Siempre me ha enloquecido.
Los pezones de la chica se endurecieron ante lo calmada y profunda de su voz. El pequeño gato se alzó y apoyó en sus piernas, queriendo que lo cargara, pero ella ya no tuvo atención para nada que no fuese el chico a su espalda.
Que le dijera esas cosas, la avergonzaba tanto como la humedecía. Si él intentaba decirle eso viéndola a los ojos, ardería en un sonrojo.
—Sasuke…
—Vamos a la cama— dijo y la jaló con él antes de que ella dijera otra cosa. Se aseguró de cerrarle la puerta al gato antes de que los siguiera… no iba a dejarlo verlos.
La habitación estaba oscura y él llevó la mano al interruptor de la luz.
—No la enciendas— pidió Hinata.
—No voy a perderme de verte— dijo y la encendió.
Ella gimió derrotada y le reclamó al verlo a los ojos.
—Ahora… voy a desnudarte, Hinata— anunció acercándose a ella. La Hyuuga se mordió su labio inferior, pero se quedó quieta. Dejó que Sasuke pasara los brazos por sus costados y deslizara despacio el cierre de su vestido. Sintió su miembro duro golpearle el vientre y tembló.
Cuando los dedos fuertes del Uchiha deslizaron su vestido por sus hombros, ella dejó escapar el aliento despacio. Sus pezones estaban duros y eso fue visible para él cuando el vestido finalmente cayó a sus pies.
Era hermosa, reconoció en silencio el de ojos negros. Su ángel que se dejó corromper. Su excitación creció más. Deseó tomarle la mano a Hinata y llevarla bajo su toalla, hacerla acariciarlo, pero prefirió seguir desnudándola.
Hinata apretó sus piernas cuando, ya sin sostén, Sasuke quiso bajarle sus bragas. Él le besó los labios y con medio gemido, terminó permitiéndolo. Ahora estaba desnuda frente, de pie y frente a él. Nunca había estado más nerviosa en su vida. Tembló.
El rostro varonil y serio de Sasuke estaba frente a ella, sus labios amenazándola con besarla y ella se pegó a él. Los tacones altos que usaba no dejaban ver tan grande la diferencia de estaturas con ese chico, casi seis años mayor que ella.
—Ha-hagámoslo— pidió al ya no soportarlo.
Él negó despacio con el rostro y la vio mortificada.
—Vas a verte como te veo— susurró, acariciándole el trasero. Le sujetó ambas nalgas y las abrió, pegando su cuerpo a toda su erección. Gruñó y Hinata perdió el aliento —. Vas a verme comerte.
—Dios— un escalofrío la recorrió y sus pezones tomaron una dureza que dolía.
—Siéntate, preciosa— dijo con malicia y su sonrisa torcida hizo temer a Hinata, que se vio forzada a llegar al borde de la cama. Se sentó cuando él la obligó a ello.
Cuando Sasuke se retiró la toalla y lo vio arrodillarse en el suelo, frente a ella, Hinata comprendió a lo que se refería con eso de 'vas a verte como te veo'. Frente a ella, pegado al closet, había un gran espejo. Vio su cuerpo desnudo, estéticamente agradable a la vista, pero no soportó verse con Sasuke abriendo sus piernas.
—Por favor— suplicó cuando las fuertes manos, con una tierna firmeza, le separaron los muslos. «Dios» Hinata cerró los ojos.
—Mírate, Hinata. Eres hermosa, no tendrías por qué tener pena— le dijo sin verla. Concentrado el deslizar su dedo medio por entre sus pliegues vaginales. La encontró mojada. Su miembro latió haciéndose notar, queriendo entrar ya al lugar donde pertenecía.
Hinata comenzó a respirar agitada por sus labios. Su pecho subió y bajó. Sasuke alzó su rostro a verla y al verlo acercarse, ella creyó que acabaría con eso y la besaría, haciéndola olvidar todo, pero él se detuvo en sus senos. Chupó de uno de ellos y apretó el otro entre su mano. Ella apretó la cadera masculina entre sus muslos y sintió la caliente erección rozándose con su sexo.
Cuando ella se acostó sobre la cama, él sonrió —Puedes quedarte así, si lo prefieres. Pero seguro te gustaría más si me vieras comerte.
Ella se llevó un dedo a la boca. Ya bastante vergonzoso era tener sus piernas abiertas para él con la luz encendida, no se imaginaba viéndolo desde otra perspectiva.
—El morbo, Hinata, es algo que aprenderás a disfrutar— amenazó divertido al bajar sus labios. Besó su vientre antes de perderse entre sus muslos.
Ella respingó y gimió con fuerza cuando la lengua de Sasuke fue lo primero que resbaló entre sus pliegues, encontrándose primero con su clítoris erecto. Tembló.
El Uchiha acarició sus muslos y caderas mientras comía de su sexo. Hinata estaba más mojada que nunca, y eso lo extasió… ella había aprendido a entregarse a él como él quería. Ansió hacerla disfrutar, que el placer fuese lo único que recordara. Metió su lengua en su cavidad vaginal y ella se arqueó, pues también estaba apretándole ambos senos.
Echó su cabeza hacia atrás, cerró sus ojos y disfrutó de la sensación de hormigueo que le recorría el cuerpo, la hacía temblar y estaba nublándole la razón con cada roce de la lengua de Sasuke en esos puntos sumamente sensibles de su cuerpo. Lo sintió penetrarla, gruñir contra su sexo y respirar agitado sólo para volverse a perder entre sus piernas. Él movía su cuerpo conforme se empujaba contra ella, sorbiendo y chupando. Su cuerpo lo sintió liviano y cuando Sasuke mordió su clítoris, ella levantó su espalda del colchón. Sus ojos, humedecidos por el placer enfocaron su espalda ancha y su cabello mojado y rebelde moviéndose al ritmo que marcaba su boca.
Sasuke la jaló más al borde de la cama y separó más sus labios para probar más de ella. Todo el cuerpo de Hinata ardió. Ardió más cuando, jadeante, sin poder controlar los espasmos de su cuerpo, se atrevió a alzar su vista al espejo. Lo vio desnudo, acariciando su pene, masturbándolo, mientras comía de ella. Literalmente, comía. Sus mejillas se colorearon y sólo pudo seguir respirando por sus labios, haciendo subir y bajar sus senos y seguir mirándolo.
Sasuke maldijo y volvió más intensa su succión. Dejó de masturbarse para comenzar a hacerlo con ella, cuando la sintió comenzar a contraerse por dentro.
Dio un largo y apretado lametazo al clítoris que le cosquilleaba a Hinata, y subió a verla a los ojos, mientras metía y sacaba sus dedos dentro ella.
—Ahora vas a correrte para mí— ordenó jadeante viéndola a los ojos.
La mirada de Hinata era suplicante. Estaba al borde. El miembro caliente y pesado de Sasuke descansaba sobre su vientre, estaba mojado. Él estaba igual de ansioso que ella. Lo vio acercarse a su rostro y mantener sus labios jadeantes tan cerca de los de ella, la calentó más. Estaba tentándola. Provocándola.
—Córrete, preciosa— pidió ahora sin darle tregua con dos de sus dedos.
Hinata asintió. Tembló. Apretó los ojos y gimió con fuerza cuando una oleada de calor subió de su sexo a su cabeza y regresó por todo su cuerpo, dejándola como flotando en placer.
Sasuke sonrió, malicioso y sólo entonces le besó los labios, sin dejarla tumbarse en la cama. Tiró una almohada de la cama y la dejó en el suelo.
—Baja, Hinata— ordenó, sin dejarla reponerse de su orgasmo. La llevó con él y la hizo arrodillarse sobre la almohada —. Pon tus manos aquí— le dijo, dejando las finas manos sobre el borde del buró.
—¿Qué? — ella apenas reaccionó y lo sintió pegar su pecho desnudo y sudado a su espalda, de la cual resbalaba su largo cabello.
—Ahora voy a hacértelo como me gusta y vas a disfrutarlo— soltó sujetando sus caderas con sus manos. Besó y chupó uno de los hombros femeninos. Hinata gimió y él enderezó su cuerpo, ahí, de rodillas tras ella. Los ojos negros se bebieron la visión de la pulcra espalda blanca, de la pequeña cintura y de lo grandes que lucían sus caderas.
—Sasuke…— Hinata gimió su nombre al voltear a verlo. Desde esa posición, podía ver los marcados abdominales del chico que parecía contener su respiración, al guiar su gran miembro directo a su entrada. Cerró los ojos al sentirlo penetrarla y apretó sus dedos contra el buró. Gimió y su interior se contrajo.
—Shh… esto es diferente, pero seguro lo disfrutas igual— explicó con la voz más ronca que Hinata le había escuchado.
Sasuke siguió resbalando dentro de ella e hizo emblanquecer las caderas femeninas con su fuerte agarre. Llegó al fondo y se empujó más. Hinata vibró y él se deslizó hacia afuera. Acarició su cadera y cintura y volvió a entrar. En esa posición, la sentía más apretada todavía. Su sangre ardió en sus venas y sus caderas comenzaron un bombeo intenso, provocando que su piel se quemara de placer. Su cuerpo ardía, estaba sudando y Hinata lo ponía peor al solo gemir y soportar jadeos. Él jadeó con cada embestida, con cada choque de sus sexos y el sonido húmedo que creaban. Sus ojos negros observaron de reojo el cuerpo perfecto de Hinata siendo movido con brusquedad por él. Se vio penetrarla desde dos perspectivas diferentes y la vio ser de él desde las mismas.
—Sasuke… yo, ya…
—Córrete, Hinata… córrete otra vez— pidió y siguió penetrándola con fuerza. La escuchó casi chillar y eso elevó su propio placer. Apretó fuerte sus caderas y volvió más cortas y rápidas sus penetraciones. Cuando Hinata alcanzó el orgasmo, su cuerpo se perdió y el sonido del buró al chocar con la pared se hizo mayor, al ella ya no estar sosteniéndolo. La humedad femenina y los propios fluidos de Sasuke, resbalaron por los muslos de la chica y mojaron todavía más los testículos del pelinegro. Sasuke clavó su cuerpo varias y profundas veces más y luego la alcanzó en el éxtasis.
Su garganta le quemaba, pero necesitó seguir respirando por su boca. Los brazos femeninos temblaron al enderezar su cuerpo. Cuando la espalda de Hinata pegó con el duro pecho masculino, él abandonó su cuerpo. La sintió temblar y cuando la abrazó, Hinata se volteó y escondió su rostro en su pecho.
El pelinegro se paralizó cuando la sintió seguir temblando. Hinata estaba llorando.
—¿Hinata? — ¿La había lastimado? — ¿Hinata?
Ella sonrió nerviosa cuando él la obligó a verlo.
—Ah, lo siento— se disculpó y sus ojos mojados volvieron a dejar caer otra lágrima.
—¿Te-te lastimé? — titubeó y sus ojos mostraron consternación.
Hinata negó —Ah… yo, yo no sé que me pasa— confesó y pegó su cuerpo desnudo a él, abrazándolo con fuerza —. ¿Podrás olvidarlo? — pidió escondida en su pecho.
—¿Quieres algo?
Ella asintió despacio —Que te vayas conmigo a la cama.
La fuerte mano masculina tembló antes de animarse a acariciarle el cabello. Se mantuvo quieto varios segundos.
—Levántate, Hinata— su voz volvió a sonar ronca. Oscura.
Ella lo hizo despacio, al estar adormecida y se metió en la cama. Sasuke apagó la luz y se metió a su lado.
La Hyuuga se hizo medio ovillo y se abrazó a su cuerpo.
—¿Te molesté de alguna forma? ¿Estás dolorida?
Ella jadeó y negó —No… no mucho.
El gruñó y se maldijo. No podía ser tan brusco con Hinata teniendo en cuenta que…
—Lo siento.
—Creo que es normal.
—No lo es— dijo él y volteó a verla a los ojos.
Ella se mordió un labio y sus ojos, que habían dejado de derramar lágrimas, siguieron brillando por su color claro y por la humedad todavía presente.
—Duerme. No volverá a pasar… No así— agregó en voz baja, como regañándose.
—Yo no quise que esto sonara a queja. No lo es, Sasuke.
—Duerme— volvió a pedir y la volteó. Hizo que le diera la espalda y la abrazó.
Hinata lo sintió tenso y estuvo segura de que algo había salido mal. Todavía tenía esas ganas de llorar, pero no era dolor… era, pudor, vergüenza, algo de felicidad; mucha vergüenza porque también pudo disfrutarlo mucho y no sabía lo que él fuera a pensar. ¿Estaba loca?
Volvió a llorar, esta vez en silencio. ¿Qué le pasaba con Sasuke? Lo sintió apretarla y se hizo pequeña entre sus brazos… no quería tener esa sensación de que estaba enojado con ella. Luego de unos minutos, sintiendo la respiración acompasada del chico, se tranquilizó. Momentos después, dormiría.
Sasuke la sintió temblar… estaba llorando otra vez. La apretó fuerte otra vez y la sintió hacerse pequeña en sus brazos. Más pequeña. ¿Qué mierdas le había pasado para tratarla así? ¿Había olvidado ya lo que debía cuidar a Hinata? Que ella le permitiera tomarla no quería decir que pudiese tomarla como lo haría con cualquiera, como él quisiera. Se maldijo otra vez.
Luego de unos minutos la notó dormir. Él intentó hacer lo mismo, pero fracasó constantemente.
Muy entrada la madrugada, acompañó a Hinata en su sueño.
• • •
—Ya debo irme— se despidió Hinata al alejarse de la barra, donde había estado tomando una de las tazas de café que había preparado apenas amaneció —. Tengo clase a las nueve y todavía debo ducharme— dijo, pasando su mano por la espalda desnuda de Sasuke, al salir a la sala.
Los ojos negros notaron a la Hyuuga tomar su bolso y agacharse a besuquear al gato, antes de dirigirse finalmente a la puerta.
—¿Te veré esta tarde? — preguntó tomándola de la cintura, alejándola del gato.
Ella asintió —Sí, puedo venir o… tú puedes ir a mi departamento— aceptó viendo a Sasuke bajar a besar sus labios.
Hinata correspondió el beso y un calor bonito le recorrió el pecho. Sasuke ya no estaba molesto, al parecer ese episodio extraño después de tener sexo había quedado en el olvido. Antes de amanecer, él la había despertado con besos, volvió a subirse sobre su cuerpo y reclamó su lugar entre sus piernas. Le hizo el amor despacio, en medio de besos y caricias lentas, recuperando su fuerza y pasión justo antes de alcanzar y hacerla alcanzar un orgasmo.
—Ahora sí debo irme— volvió a decir después de dejar sus labios y salir de su abrazo.
—Bien.
Hinata abrió la puerta y salió, alisándose el cabello y el vestido. Revisó otra vez la hora en su celular y llamó al elevador. Cuando éste llegó, entró sin notar a la persona que salió del mismo.
La mirada negra no perdió detalle de la joven que entró en el elevador. Cuando Hinata alzó su vista, casi perdió el color al reconocer a Fugaku Uchiha. Se recompuso al instante y alzó el rostro al verlo mirarla de arriba abajo.
—Buenos días, señor.
Los ojos negros volvieron a detenerse en su rostro.
—Veo que inteligente no eres. Te aconsejé que te alejaras de mi hijo— soltó dándole otro vistazo y luego se giró.
Hinata detuvo las puertas que estuvieron por cerrarse.
—Con todo respeto— alzó la voz, haciéndolo detenerse —. Ese no era, ni es su asunto, señor.
El varón no dejó de ver el porte molesto y orgulloso de la Hyuuga. Sonrió irónico y negó en silencio. Hinata dejó de verlo cuando se alejaba, y las puertas ahora sí se cerraron.
¿Qué demonios se creía ese hombre?
Cuando Mikoto hablaba de él, tenía la esperanza que en el fondo fuese un hombre bueno, pero al parecer, no lo era.
Suspiró y elevó su vista, como queriendo ver el piso del Uchiha… ojalá que la visita de ese hombre no significaran problemas.
• • •
Sasuke estaba por entrar a la ducha, cuando escuchó su timbre sonar. ¿Qué olvidaría Hinata?
La media sonrisa con la que abrió, se desdibujó de inmediato.
—¿Qué demonios quieres? — preguntó molesto al ver a su padre.
Fugaku omitió su total falta de modales y prefirió ver la apariencia de su hijo. Cabello revuelto, sin camisa, recién levantado. El estúpido de su hijo se estaba acostando con esa Hyuuga.
—¿Qué hacía Hinata en tu departamento? — preguntó, dándole el beneficio de la duda.
Sasuke endureció la mirada. No lo quería en sus asuntos, menos inmiscuyéndose en lo que a ella se refería.
—Eres un imbécil— escupió molesto —. ¿Qué parte de mis palabras no comprendiste?
—¿Qué te molesta tanto? ¿Que me fije precisamente en ella, o que vaya contra tus órdenes? — se burló, sin apartarse un centímetro de la mitad de la puerta, negándole el permiso a entrar.
Fugaku lo vio duramente.
—Vas a dejarla en paz.
—Eso no lo decides tú.
—No te metas en problemas con los que no puedes, ni eres digno de lidiar— advirtió e hirió con sus palabras.
—Ese no es tu asunto. Y si has venido a que trabaje contigo, con todo respeto padre, pero vete a la mierda.
El mayor pegó un puñetazo que ladeó el rostro del Uchiha y lo hizo sangrar. La sangre del menor ardió, pero optó por sonreír.
—Tus golpes dejaron de doler— dijo, viéndolo descomponerse.
—Sigues siendo un niño jugando a ser un hombre, Sasuke— soltó el otro, ajustándose su traje y enderezando su postura —. Si no quieres tomar tu lugar, atente a las consecuencias.
Sasuke sonrió cuando su padre se dio media vuelta. Que se lo llevara el diablo.
—Y sobre esa niña— soltó antes de irse. Se dio media vuelta a verlo.
—Con ella no te metas— advirtió el menor, saliendo un par de pasos al pasillo.
—Imagino que Hiashi aún no está enterado de lo que hace su heredera.
—No te atrevas a chantajearme con eso.
—No vales tanto— se burló haciendo tensar la mandíbula de su hijo. Lo mantuvo a la expectativa —. ¿Sabes, Sasuke? Aquí lo que es digno de ofensa, no es la mezcla Uchiha-Hyuuga. No— aclaró ajustando ahora la mancuernilla en sus puños —… aquí lo que realmente ofende es que seas tú quien esté tentando a esa niña. Te has acostado con ella, ¿no?
La mirada gélida de su hijo no hizo más que confirmar lo que ya sabía.
—Si el interesado en Hinata fuese Itachi, incluso Hiashi Hyuuga tendría que ver cierto potencial en esa unión. Pero no es Itachi, el primogénito de mi familia… eres tú, el hijo menor. La oveja negra de su familia rival. ¿Qué podrías ofrecer? Hiashi nunca lo aceptará— dejó más que claro y avanzó, retomando su paso.
—Me importa un bledo lo que tú y Hiashi digan. Si Hinata se quiere quedar conmigo, ni él, mucho menos tú, podrán impedirlo— aseguró más firme que nunca.
—Eso me encantaría verlo— dijo y padre e hijo sonrieron, cada uno seguro de sus palabras —. Aunque me temo, que primero te veré implorando por mi ayuda— agregó y avanzó, yéndose.
—Por mí, tú y tu ayuda, tu constructora de mierda y todo lo que venga de ti, se pueden podrir en el infierno— soltó por último el menor haciendo detener por un momento los pasos de su padre.
Sasuke azotó la puerta como un último insulto y Fugaku se juró que haría que se tragara sus palabras. Vería a Sasuke implorando su perdón. Era su padre y debía respetarlo. Si algo detestaba de él, era esa arrogancia y seguridad adquirida. Eso se acabaría. Lo juró.
Continuará…
•
•
•
¡Hola!
He aquí otro capítulo para que lo lean por pausas. Hasta yo me cansé de editar D:
Espero que les haya gustado.
No odien a Hina por su última reacción, realmente es por algo. Ojo, esas cosas pasan, así que bueno… (?
La historia está ya en otro punto, alejándose un poquito del asunto de la agresión, por eso pueden notar que las actitudes de los personajes van cambiando; aunque tranquilos, eso no significa que eso vaya a dejar de tener importancia. Escribí una violación no porque me resultara erótica (ni al caso), sino para poder desarrollar una trama que gire en torno a ella. Así será hasta el final.
Y para no aburrirlos demasiado, voy a agradecer comentarios del capítulo anterior:
•Kasumi123 •Son Beckett •skycru •Lizeth de Uchiha •valpeace29 •Kata •Lady •Nana •wolf enzeru •yusuki-sendoh •Erimibe34 •HinataShakugan15 •Yumaika Higurashi •Ynanla •AiKawaiiChan •Hinaliz •Hime23 •Jude8 •Zyan Rose •Myto •SaBaku No MeNnY •valentina londono 3597 •BC •ingrid O. o •hinatacris •SekaiFujimori •Uchiha Dani Uzumaki •karla XM •Cristy Love •Hina Hyu 90 •Jaqueline Sliteryn •bad kittyshan •RoxanneUchiha •Linakane •Mrthytsugaya •Mikashimota Z •KiaraUchihaLove •Tieve •himepeti •Ilovesasuhina •guest1 •valentinabonita •guest2 •Isadoradreamer •Hanakohime96 •Nymfhetamina •Suishioka 69 •aty •sasuhinaforever •guest3 •hinasweet •pamela via •Soo Hyun Yuki •evelin18 •Alicia •gley •Valery Hyuga Senju •KASSY HYUGA •Kitty lori •BC •Freddy Gonza •Artemis FM •aty •Yoonnie •gristardream13 y francis.
Jaqueline Sliterin: ya te vi por face, pero me dio penita molestar xD
Mil gracias, chicas y chicos.
Muchas gracias por sus buenas vibras. No era mi primer embarazo, ya tengo dos hijos y soy una mamá ocupada, ¿qué tal, eh? C:
Bueno, no por no ser mi primer bebé dolió menos, pero ya vamos a dejar el tema por la paz para no mezclarlo con la historia. Gracias por todo.
También agradezco la preocupación a la niña que me preguntó por lo de la serie de terremotos ocurridos en mi país. Yo estoy bien, mi estado, San Luis Potosí, es un estado bendecido por la naturaleza; los huracanes difícilmente nos molestan con algo más que días de lluvia y los terremotos no los notamos, gracias a Dios.
Envío mis buenos deseos a la gente que lo padeció, personas en la costa suroeste del país e incluso en Guatemala. Creo que la gente que estamos lejos difícilmente notamos la magnitud de los hechos, pero deseo en Dios que lo malo ya haya pasado. Fuerza.
Bueno, dejo hasta aquí. Gracias por leer y espero les haya gustado.
El siguiente capítulo: Gaara, celos y sexo.
Bye y felices fiestas patrias mexicanas y chilenas c:
