Como muchos de ustedes saben, hoy es el cumpleaños de Temari.
También se cumple un año desde que comencé a publicar Viento de Agosto y sinceramente no esperaba tanta aceptación así que en agradecimiento y con motivo del aniversario les traigo un capítulo doble.
Nada más ni nada menos que cincuenta páginas muchachos y muchachas.
000
Lo siguiente es un ayuda memoria que postearé al inicio de los siguientes capítulos por si se pierden sobre cómo van siendo eliminados los concursantes del certamen.
Tsujigiri Rushi vs. Masago Hasaku - Tsujigiri Rushi
Si necesitan más detalles, se confunden o tienen dudas pregunten que para eso estoy. No importa si tengo que repetir mil veces lo mismo, lo haré gustosa con tal de que no se queden con dudas.
Nota del capítulo: el Go es un juego de mesa que requiere de un alto nivel de observación, táctica y estrategia. Si bien en esencia es del mismo estilo, la modalidad del Go y sus reglas son completamente diferentes a las del Shogi.
¡Ahora sí, disfruten el capítulo!
El Experto en Shogi y el Maestro de Go
-No entiendo porque estás tan disconforme –exclamó Chouji una vez que tomó asiento en las gradas, desde donde observaría la segunda batalla de la semana en compañía de su más cercana amiga.
Ambos habían llegado relativamente temprano esa mañana sin sol. Ni bien fueron informados sobre la contienda del día, decidieron apresurarse al tomar en cuenta la concurrencia en la batalla anterior.
Un incómodo silencio y unas nubes grises que se ceñían bajas en el cielo del horizonte los acompañaron durante el ascenso hacia el campo de entrenamiento número setenta y siente. Así que, debidamente ubicados mientras los Kages apenas ingresaban a su palco acompañados de sus protectores, allí estaban ellos, dos de los tres miembros del equipo diez continuando con una discusión que había nacido en el hotel esa mañana, se había postergado por la prisa propia que conllevaba buscar un buen lugar en el anfiteatro de piedra, y se reanudaba por esos momentos, reacia a la idea de morir pronto.
-¿Y cómo quieres que esté? –Preguntó con marcada indignación Ino mientras le dirigía una mirada acusadora, se cruzaba de brazos y procedía a relatar los hechos que habían gestado su malestar– te encuentro escapando a hurtadillas del hotel por la noche y cuando te pregunto a dónde te diriges me dices a que vas a ver a Maki.
-Te veías muy emocionada cuando te lo dije –se defendió el castaño sin llegar a comprender el repentino disgusto de su amiga. Más enigmático se tornaba su estado anímico si tenía en cuenta la mirada pícara y cómplice sonrisa con la que la dama lo había despedido antes de que él partiese hacia la residencia de la Jounin de la Arena.
-¡Porque lo estaba! –Admitió la rubia, concordando de manera combativa y contradictoria, para luego explicarse con mayor detalle– esperaba que no volvieras hasta ésta madrugada y resulta que, media hora después de haberte ido, te veo entrar de nuevo al hotel.
-¡¿Ma-Madugada?! –Repitió un tanto escandalizado el Akimichi, sintiendo como sus mejillas ardían por el creciente rubor que de ellas se apoderaba. Esa insinuación había sido demasiado descarada considerando que apenas el día anterior habían solucionado sus diferencias. Por ese motivo, el bonachón se vió en la necesidad de protestar al inquirir– ¿no crees que estas apresurando las cosas?
-No me digas que ni siquiera la has besado –advirtió con deje de sorpresa la rubia sin ceder esa actitud represiva.
En lo que a ella respectaba el castaño debería haber avanzado en ese aspecto ni bien fue capaz de aclarar las cosas con Maki. Si bien algo exageradamente romántico, casi tele novelesco, estaba fuera del alcance del Akimichi, la Yamanaka estimaba que al menos la abrazaría entrañablemente para reforzar con acciones lo que sus palabras expresaron. Según la mente de Ino, de ahí en más todo se daría de manera natural puesto que no había motivo para esperar siendo que ambos habían manifestado un interés mutuo.
Por esa razón, ahora mismo exteriorizaba su frustración al enterarse de las cosas no iban según lo planeado. Ella, claramente, se estaba cansando del ritmo flemático que llevaba la relación del bonachón con la especialista en tela y la indignaba no poder hacer algo al respecto.
-Bueno… no se ha presentado la oportunidad así que aún no le he preguntado si puedo… –intentaba explicarse el shinobi de Konoha a pesar de su nerviosismo y la insondable vergüenza que le producía hablar de ese tema con otro que no fuese Shikamaru.
Quería a Ino tanto como a Shikamaru, pero hay ciertos temas que es más fácil tocar entre hombres así como hay otros que la Yamanaka elegía debatir con Sakura en lugar de ellos. No obstante, el Nara no era opción durante esos momentos. Aunque el aislamiento que padecía fuese inexistente, Chouji no se atrevería a molestarlo con sus propios asuntos amorosos cuando su amigo estaba arriesgando el cuello en un pernicioso peñasco.
-Eso no es algo que preguntas, solo lo haces y ya –interrumpió tajantemente la kunoichi médico, más interesada por divisar la expresión en el rostro de Maki, quien se encontraba en el campo de batalla, que por argumentar tal afirmación– además, ambos sabemos que ella te corresponderá.
La Jounin de élite se veía concentrada y difícilmente daba la impresión de estar pensando en algo que no fuese trabajo. En unos minutos, los concursantes debían llegar al risco y era importante que su equipo estuviese listo para lo que sea que fuese a suceder una vez que iniciase el combate. No obstante, la experiencia de sus subyugados debería ser suficiente para proteger al público y, en el peor de los casos, aún estaban los Anbus y hasta Reiko por lo que no debería haber problemas. Más fiarse no era una costumbre de la especialista en sellos, así que habría excepciones ni ahora ni nunca. Cualquiera sea el caso, la castaña estaba demasiado abstraída como para compartir los pensamientos de la rubia.
-Para ti es fácil decirlo –acotó el robusto ninja captando nuevamente la atención de su interlocutora, quien rápidamente volvió a enfurruñarse.
-Anoche te salvaste porque era el único momento que tenía para salir a pasear con Kiba a solas pero ahora me explicarás porque demonios volviste tan temprano sin siquiera haberla besado –ordenó determinantemente y sin preámbulos la sensora mientras fruncía el entrecejo como advirtiendo que, sea cual sea la explicación, no iba a estar conforme de cualquier modo.
-Tuvo una reunión de improvisto, al parecer la coordinadora del evento no deja de darle trabajo –manifestó Chouji recordando como Maki lo había esperado para explicarle la situación y evitar que se sorprendiera al no encontrarla en casa. Conmemorando a su vez y con más entusiasmo y calidez, el momento en que hizo entrega de las cerezas prometidas para recibir a cambio una encantadora sonrisa de agradecimiento.
-Todos atentan contra mi felicidad –bufó Ino casi infantilmente y de igual modo se olvidó con rapidez del asunto al percatarse de que la llegada de Yakumo y Yukata a las gradas– oh, ahí están las chicas –señaló la Chunin de ojos celestes.
-Ohayo Ino-san, Chouji-san –saludó la Kurama mientras se sentaba junto a la rubia.
-Buenos días –respondieron los ninjas de Konoha alegremente ya que ambos necesitaban un descanso de aquella interminable disputa por lo que agradecían la presencia de las kunoichis.
-¿Los concursantes aún no llegan? –indagó Yukata al acomodarse junto a la especialista de Genjutsu.
-No, pero ya no deben tardar –informó el Akimichi al ver como el estadio se llenaba de espectadores paulatinamente, incluso las gradas dedicadas a los familiares y amigos de los concursantes del día ya habían sido ocupadas. Tras una breve pausa, que el bonachón utilizó para mentar en detalle la situación de su amigo, exclamó– Shikamaru está de suerte, nuevamente tendrá el papel de espectador.
-Espero que le esté sacando provecho a esa suerte –especuló Ino sabiendo que su racha estaba próxima a acabarse ya que solo faltaban dos combates de esa ronda, si no tomaba en cuenta el de ese día.
-Ahí están llegando –indicó Yakumo al observar aquel alejado sector de la tribuna donde el reclusión de los participantes se prolongaba incluso durante las batallas.
-Debe ser duro para ustedes no poder hablar con él durante estos días –se lamentó la pelinegra sintiendo cierta empatía.
-No me molestaría si al menos dejaran que Temari converse con él por unos instantes –opinó la rubia de una coleta desviando un poco la mirada para apreciar el rostro impasible de la domadora de viento.
-Sería demasiado riesgoso que eso sucediera –manifestó la dama de ojos pardos analizando en detalle la situación para luego explicar su línea de pensamiento– tal y como están las cosas, sería difícil que ellos lograsen ocultar su vínculo si tuvieran un momento juntos, lo más normal sería que quisieran animar y tranquilizar al otro y sus sentimientos a flor de piel no serían un misterio para los que allí estuviesen.
-Yakumo tiene razón –concordó Chouji para luego aseverar desde el punto de vista de los demás concursantes– lo último que necesita Shikamaru es que sus oponentes lo odien por hacerse acreedor de los sentimientos de la mujer por la que compiten, darles un motivo para pelear es innecesario y peligroso.
-Shimo-san ya entró a la arena –señaló Yukata al divisar al referí, mismo que hizo una señal de manos para que Maki y Naga se acercaran, induciendo a la pelinegra a suponer– de seguro quiere hacer alguna acotación sobre los participantes para que ambas estén alerta.
-¿Tan poderosos serán los concursantes de hoy? –inquirió la Yamanaka sintiéndose particularmente incómoda, como si un mal presentimiento se apoderase de ella bruscamente causándole escalofríos.
No obstante, nadie sabía la respuesta a tal interrogante por los que no les quedó más alternativa que esperar para ver y rogar que al Nara le tocara un adversario poco hábil, aunque las probabilidades indicasen bajas posibilidades de que eso sucediera.
-Bienvenidos al segundo día de la semana de los mil vientos –saludó casi apáticamente el árbitro del encuentro una vez que las kunoichis de la Arena se ubicaran nuevamente una a cada punta del risco. Shimo obvió las introducciones para pasar directamente al asunto que atañe a todos los presentes– los concursantes del día serán, del clan Shinkimori, Takumi-san y del clan Mitsubachi, Shinzo-san, por favor preséntense ambos en la arena.
Mientras Shinzo eludió el contacto visual con su oponente y se dirigió directamente al centro del campo de entrenamiento número setenta y siete, Takumi no se molestó en retirar ambas manos de los bolsillos de su pantalón y con parsimonioso andar y tranquila expresión en el rostro se dirigió al mismo lugar que su rival, llegando unos segundos más tarde que éste.
Por aquellos momentos el derrotado concursante del día anterior, mismo que había sido separado de sus compañeros mientras se le realizaba el tratamiento pertinente a sus heridas, era reincorporado entre ellos para observar el segundo combate de la semana de los mil vientos. El profundo corte en su torso había sido tratado por médicos ninjas de Suna pero las secuelas aun persistían. Por ese motivo y a pesar de no presentar daños en su brazo derecho, éste era sostenido por un pañuelo que se unía mediante un nudo sobre su hombro izquierdo. Tal soporte cumplía la función de alivianar el peso de su brazo e inmovilizarlo para que no perjudique las curaciones de su hombro derecho, mismo que había recibido el mayor daño.
El frío temple del Mitsubachi contrastaba ampliamente con la despreocupada y casi insolente actitud del Shinkimori. Sus posturas habían robado la atención del público, mismo que expectante y ansioso esperaba el inicio de la contienda que tenía por protagonistas a dos shinobis tan particulares como misteriosos.
El momento era idóneo para que Shikamaru le dedicara una fugaz mirada a Temari, sosteniendo el anhelo de volver a captar su atención. Poco sabía el Nara que ella aún no había fijado la vista en el campo de batalla ya que él se había robado toda su atención.
Instintivamente, el domador de sombras sonrió alegremente al percatarse de que estaba siendo observado, y ella lo imitó al advertir que continuaba sereno a pesar de todo. Temari debía idear un modo de compensarlo por todos los problemas y malos ratos que le había hecho pasar al permitir que se inmiscuyera en el asunto de la semana de los mil vientos, pero ya tendría tiempo para eso más adelante. Apenas transitaban el segundo día y a la competencia aun le restaban otros cinco, al terminar aquella aberrante formalidad, no faltaría ocasión para que ella le retribuyera el esfuerzo prestado.
Más sus cavilaciones al respecto se disiparon de inmediato cuando divisó a Reiko dirigirse hacia donde ella y su hermano del medio estaban. Esperando escuchar algún comentario de la oficial de policía, la domadora de viento apartó momentáneamente la vista del vago de la Hoja. No obstante, la dama de cabello rubio sólo susurró algo al oído de Kankuro y luego obtener respuesta por parte de éste se marchó, así sin más.
La embajadora de Suna se desconcertó por un momento. El que Reiko secreteara con Kankuro era demasiado inusual, en especial después de los desaires que ella le profirió la tarde anterior. Además, la dama de ojos dorados no era una persona que disfrutase de jugar con la gente, mucho menos lo haría con Kankuro sabiendo que solo necesitaba silbar para que éste se pusiese a hacer trucos como el más dócil de los animales de circo. Había un asunto de trasfondo que ella ignoraba, no obstante no se atrevió a preguntar ni le fue necesario hacerlo.
-Temari –nombró el marionetista mirando al frente, simulando prestar atención a los concursantes del día– no me mires, solo escúchame.
-¿Qué sucede? –preguntó ella, obedeciendo al no voltear la mirada.
-Reiko dice que Sumire-dono ha notado los gestos que tú y Shikamaru intercambian –informó el castaño mientras su hermana se abstenía con dificultad de refunfuñar– por eso me pidió que discretamente te alerte ya que ella podría tomar represalias con él.
-Te lo dijo a ti para que no sea obvio que me estaba previniendo –comprendió la rubia, agradeciendo en silencio la astucia y cautela de Reiko.
-Sí, también dijo que soy un idiota cuando insinué lo importante de mi rol en todo esto pero no creo que te interese eso –completó Kankuro arrancándole una risita a Temari, quien posteriormente adoptó un semblante serio y reservado.
Ahora ni siquiera le estaba permitido mirar al hombre que amaba. Solo le quedaba desear que esa infernal competencia terminara pronto y que el Nara saliera airoso de todos sus combates pero, inconvenientemente, las agujas del reloj nunca se movieron con tanta lentitud como lo hicieron en el transcurso de esa semana.
-Con que dos concursantes de la Aldea de la Roca ¿eh? –masculló el miembro del clan Masago que había sido vencido el día anterior al ver resplandecer las placas de los competidores en la arena de batalla.
-Hasaku-san, ¿hace cuánto estás allí? –Inquirió Araiguma asombrado del sigilo con el que el espadachín de Kumo se había unido a ellos, olvidándose por un momento de sus coterráneos al apartar la vista del centro de la arena de batalla.
-Acabo de llegar, me trajeron los Anbus –informó el ninja rubio, dando a entender que las reglas continuaban aplicándose incluso para aquellos que ya habían sido derrotados.
-Veo que no te fue tan mal como pensamos al principio –opinó Nishiki sin siquiera molestarse en observar a su compatriota. El único ninja de Kumo que aún seguía en la competencia tenía otros intereses por esos momentos, mismos que se relacionaban con el premio que aspiraba alcanzar.
-Si, en unos días mi hombro debería estar curado –secundó Hasaku acorde a los que los médicos le habían informado pero, al notar la falta de interés en el Itezora, se sintió en la necesidad de curiosear– ¿qué tanto estás mirando?
-Estaba intentando dilucidar si la hermana del Kazekage tiene un cuerpo adecuado para tener hijos, ya sabes unas caderas fértiles –detalló el shinobi de la Nube perseverando en su apreciación del premio a ganar como si de una cosa se tratase y, juzgando a la misma como si se tratara de una costosa mercadería, manifestó las dificultades que su tarea conllevaban– pero solo puedo ver que tiene un buen par de pechos y seductoras piernas, lo demás es difícil de saber desde éste ángulo encontrándose ella sentada –añadió atrevidamente, sin importarle la descortesía proferida a la dama de la Arena.
-¡Oi, ya me harte de ti…! –rezongó Shikamaru violentamente, mostrándose más que predispuesto a poner al sujeto en su lugar. Siendo el caballero que era y teniendo a las mujeres en tan alta estima, no había nada más denigrante para el vago de la Hoja que el hecho de que se hable de la mujer que amaba de manera tan grosera y petulante.
Toda noción de diplomacia y cordialidad había quedado en el olvido para dar paso a aquella imperante necesidad de vengarse del desagradable hombre de Kumo.
Sin embargo, la discusión no prosiguió ni se suscitó altercado alguno entre ellos gracias a la intervención de la persona menos esperada. Kirimaru había detenido a Shikamaru, a pesar de ser su principal enemigo, al extender su brazo frente al pecho del pelinegro impidiéndole avanzar y evitando así una pelea innecesaria.
El Nara estaba más que listo para oponerse y exigir que se apartara de su camino pero se abstuvo de hacerlo al ver el odio puro que emergía del visible ojo verde del peliblanco. Era indudable que el Shiruba estaba tan indignado como él y sin dudas también le hubiese gustado poner al irreverente sujeto pero sabía que no era el lugar ni el momento y que ambos factores llegarían a su tiempo.
-No lo hagas, los Anbus nos observan y él no vale la pena –le sugirió el shinobi de la Niebla al de la Hoja sin apartar su más penetrante mirada de desprecio del ninja de la Nube.
Contra todo pronóstico, Kirimaru estaba evitando que su rival más peligroso se metiera en problemas. Es verdad que él quería vencerlo más que cualquier otra cosa en el mundo, más no permitiría que su derrota llegase de ese modo. Debería ser una victoria digna y justa, en el campo de batalla y después de haber dado todo de sí, no por descalificación al romper una estúpida regla para poner en su lugar a un impertinente por más que se lo mereciera.
-Lo sé, es solo que… –intentó explicarse el azabache sin poder contener la furia que el Itezora desataba en su interior cada vez que abría la boca para hablar de la Sabuko No.
-Lo entiendo, es aberrante –calificó con más serenidad el peliblanco, apretando su puño con fuerza para contenerse a sí mismo de perder los estribos– pero deberías estar pensando en tus rivales, Itezora es mi presa por lo que te garantizo que pagará con creces la manera irrespetuosa con la que se dirige a Temari.
Por su parte, Nishiki estaba tan habituado al aura asesina que el Shiruba le dedicaba cada vez que cruzaban miradas que sinceramente no le afecto en absoluto tal promesa. Simplemente sonrió de lado, como burlándose de la impotencia de ambos shinobis, y arrogantemente caminó entre ellos abriéndose pasó al golpear suavemente su hombro con el del Nara.
-Espero que te toque pelear pronto –exclamó Shikamaru a Kirimaru mientras ambos se volteaban para seguir con la vista al despreciable sujeto.
-Lo mismo deseo –coincidió el de Kirigakure sin lograr distenderse del todo.
Y mientras los declarados pretendientes de la mayor de los Sabuko No cejaban sus instintos al abstenerse de derramar sangre tempranamente, los Kages mantenían una conversación donde primaban sus expectativas sobre la inminente contienda.
-Dos shinobis de Iwagakure –mencionó Gaara el excéntrico caso que se presentaba ante sus ojos para posteriormente dirigirse hacia el líder de la mencionada aldea– ¿tienes alguna predicción sobre este encuentro, Onoki?
-Ambos poseen un Kekkei Genkai poderoso y ambos son buenos shinobis –manifestó con calma el anciano observando con detenimiento a ambos concursantes– no obstante, si el entorno es un factor determinante, como lo es en este caso, entonces creo que esta batalla ya está decidida.
-No seas pesimista Onoki, tus chicos podrían sorprenderte –exclamó el Raikage, dando lugar a la duda después de ver la calidad de los concursantes el día anterior.
-Lo dudo mucho, conozco a mis shinobis como la palma de mi mano –sentenció el Tsuchikage neciamente para luego asegurar– y, a mi edad, ya no hay muchas cosas que me sorprendan.
-Pues habrá que esperar para ver qué sucede –comentó Kakashi relajando el ambiente antes de que se escuchara la orden proveniente del centro de la arena de combate.
-¡Comiencen! –exclamó el árbitro al ver que ambos competidores estaban listos.
Shinzo observó a su rival sin mucho interés en verdad. Había planeado de antemano mantenerse a la defensiva durante la primera ronda y no exponer infundadamente sus más refinadas técnicas. Por otro lado, Takumi decidió que antes de comenzar lo mejor sería echar un vistazo a las gradas y despejar algunas dudas postergadas.
En las peldaños de piedra dedicadas a aquellos espectadores que habían ido a animar a los concursantes del día y cerca pero no junto a los tres shinobis de Iwagakure que conformaban junto a él mismo el más temible escuadrón de bombardeo, Takumi vislumbró a dos personas más.
El primer individuo era un hombre de unos cincuenta y tantos años, de cabello color crema, ojos verdes y estoica expresión, un ninja experimentado sin dudas pero nada especial en verdad. Junto a este hombre, sin embargo, se encontraba una mujer que difícilmente daba muestras de ser una kunoichi. No tendría más de veinte años. Su cabello ondulado de igual color que su acompañante estaba recogido en una coleta alta, sus ojos poseían una tonalidad índigo claro y su temple hermético y mirada indiferente le suministraba un toque despiadado.
Evidentemente se trataba del padre y la hermana de Shinzo, de eso no había duda. No obstante, había una diferencia trascendental entre ambos. Él estaba ansioso de ver luchar a su orgullo a pesar de no estar de acuerdo con el motivo por el cual peleaba. Ella, en cambio, no tenía interés alguno en estar allí.
Una mujer así es bastante peligrosa –caviló el ninja de cabello violáceo, agradeciendo a su suerte el tener que luchar contra su hermano mayor en lugar de ella.
Takumi lo había comprendido de inmediato, siendo incluso capaz de entrever el poco beneficio que ella estimaba la contienda tenía en sí. Sin embargo y por encima de todo aquello, estaba la preciada información que fácilmente había recopilado con tan solo mirar los ojos del padre y la hermana de su oponente.
La sonrisa altanera del Shinkimori obligó al Mitsubachi a dirigir su atención al mismo punto que su oponente, sobresaltándose levemente al percatarse de que la persona que estaba siendo estudiada por su compatriota no era otra sino su propia hermana.
-No te atrevas –advirtió desafiantemente Shinzo y tan solo entonces su contrincante posó sus ojos sobre el verde y azul de él.
Temiendo represarías contra su familia o cierto tipo de extorción al tomarlos como blanco en la contienda en su lugar, el pálido ninja había advertido a su rival que se abstuviera de intentar algo extraño.
-No creo que debas preocuparte –mitigó Takumi sin desvanecer aquella inquietante sonrisa, misma que se estaba volviendo molesta– ella sabe defenderse sola.
-¿Cómo podrías saberlo? –Cuestionó el shinobi de cabello color crema mientras hacía su mejor esfuerzo por evitar crisparse o, al menos, demostrarlo. Nunca le había gustado oír a las personas hablando de su familia, mucho menos toleraba con agrado que alguien que, como Takumi que no tenía la menor idea de ellos, opinara con tanta liviandad. Así que, ignorando que su rival no pretendía causar daño a alguno al resto del clan Mitsubachi, Shinzo comenzó a exasperarse.
-¿No fue eso lo tú mismo dijiste durante la primer noche en la mansión? –Preguntó el Shinkimori entre flemático y divertido, una combinación que hubiese sacado a cualquiera de sus casillas.
-No juegues conmigo –ordenó Shinzo aun manteniendo la compostura a pesar de la deliberada provocación.
-No podré evitarlo aunque me lo pidas –soltó el ninja de ojos rosados con toda la sinceridad de su ser, despertando una pisca de intriga en Shikamaru.
Cabe destacar en este punto que Takumi no hizo, en ningún momento, esfuerzo alguno para incordiar a su oponente, solo estaba siendo él mismo sin disfraces ni máscaras.
Esta era la parte de la batalla que más lo extasiaba. Descubrir las habilidades de su oponente y trazar una estrategia basada en ellas y su estilo de pelea le provocaba un encantador y vicioso sentimiento del que difícilmente podría desarraigarse.
La adrenalina y ansiedad que se gestaba en su corazón acrecentaba el deseo de saber más acerca de su rival, era una necesidad incontrolable que debía ser satisfecha a la brevedad. No había sido broma cuando, durante la primer noche, había dejado en claro su amor por la batalla. Más ese difícilmente hubiese sido motivo suficiente para presentarse frente a los voraces vientos de aquel colosal risco. Había un motivo ulterior que lo incitaba a luchar y sus amigos no estaban dispuestos a perder detalle de aquella razón.
Así que, sin más preámbulos, el Shinkimori decidió dar inicio a la batalla puesto que era más que evidente que su rival no lo haría.
Realizando los pertinentes sellos manuales para las más básicas técnicas de Doton, Takumi colocó las palmas de sus manos en la tierra y de ella brotó una columna de piedra junto a él, misma que le llegaba a la cadera. Posteriormente se reincorporó al pararse derecho y colocó su mano sobre la columna para manipular la tierra de ella.
-Bakuton, Gokiburi no Jutsu –exclamó realizando un solo sello manual.
La naturaleza del chakra que Takumi poseía, contaba con las propiedades del elemento Explosivo. Los jutsus que normalmente se harían con arcilla explosiva mediante un ninjutsu prohibido, el clan Shinkimori los realizaba mediante la naturaleza avanzada del elemento tierra.
Desde la base de aquel pilar, pequeñas e imperceptibles cucarachas de piedra comenzaron a desplazarse apresuradamente hacia el Mitsubachi quien no se percató de su existencia hasta que se encontraron en sus pies y, al desprenderse de sus patas, detonaron creando explosiones simultáneas.
Una nube de humo negro se gestó a los pies de Shinzo producto de los repentinos y estruendosos estallidos, misma que fue rápidamente arrasada por los despiadados vientos, descubriendo al shinobi que misteriosamente se encontraba intacto. Ni siquiera un pequeño rasguño presentaba, mucho menos señal de dolor alguno.
Ahora entiendo porque le agrada el olor a cerillos quemados, no es muy diferente a una explosión –meditó Shikamaru conociendo una faceta de su camarada que ignoraba y, sin dudas, era de temer.
Sin embargo, ante los ojos del Mitsubachi, su oponente lo estaba subestimando y eso era inaceptable. Ya demasiado tenía con su padre infravalorando a su hermana como para permitir un comportamiento similar en su enemigo.
-Le faltan dos patas a tus cucarachas –exclamó el shinobi de ojos multicolor mientras uno de los mencionados insectos de tierra trepaba por su brazo, buscando una mejor posición antes de estallar mientras el shinobi dialogaba– solo tienen cuatro.
-Pensé que seis sería excesivo pero supongo que tú lo ameritas –opinó el ninja de ojos rosados sospechando erróneamente que el sujeto aún no se había percatado de aquella cucaracha que buscaba colocarse en su hombro.
-No me hagas reír, no tengo buen sentido del humor –manifestó ceñudo Shinzo mientras tomaba la criatura de piedra con una mano, misma que comenzaba a oscurecerse desde los dedos hacia el brazo hasta adquirir una tonalidad completamente negra. Sin perder tiempo Takumi hizo estallar al insecto, apreciando extrañado como la explosión no ocasionaba daño alguno y su asombro de duplicó cuando vió como su oponente abría su mano liberando el humo propio de la detonación– un ataque tan débil no podría hacerme ni un rasguño –aseguró el resistente shinobi.
-Esa es una protección interesante –felicitó el shinobi de cabello violáceo absorbiendo la agresión verbal de su enemigo de manera positiva al encontrarse sumido en lo peculiar de sus habilidades.
-No solo es interesante sino que es perfecta –corrigió el de cabello color crema con cierta soberbia, misma que reafirmó al asegurar– ni siquiera tu elemento Explosivo, siendo el más destructivo de todos los elementos avanzados, podría penetrar mi defensa.
-Ya veo, elemento Acero ¿verdad? –comprendió instantáneamente el Shinkimori, dibujando mentalmente la línea de batalla que tendría que trazar para vencer a un oponente así.
-Precisamente –evidenció el Mitsubachi para luego acelerar las cosas al ordenar– pero basta de palabrerío, comencemos de una vez.
-No podría estar más de acuerdo –acató el astuto ninja de Iwagakure mientras ideaba la manera más idónea para recopilar los datos faltantes que lo pondrían en condiciones de planear una exitosa estrategia.
Sabía perfectamente que pelear a base de Taijutsu era una locura. Con el elemento Acero protegiendo a Shinzo, su desventaja a corta distancia era demasiado grande como para poder hacerle frente de esa manera. Sin embargo, Takumi había advertido la premura con la que su oponente había perdido la calma cuando se sintió menospreciado, por lo que de inmediato supo que, si quería jugar a lo seguro, debería utilizar ese factor de su personalidad.
Con ese propósito en mente volvió realizar sellos manuales para realizar un jutsu del mismo estilo pero diferente nivel por lo que, entregando una cantidad mayor de chakra, exclamó– Bakuton, Kobura no Jutsu.
De la base de ese pilar de roca que había erguido con anterioridad se esparcieron seis cobras de piedra que no tardaron en abrir pequeños hoyos en el suelo con el propósito de dirigirse subterráneamente hacia su objetivo.
De los presentes en la arena de combate, solo Naga por su excelso dominio de Doton y el propio Takumi eran capaces de percibir las vibraciones en el suelo que las cobras producían a su paso. De ahí en más todo era incertidumbre. Ni los espectadores en las gradas, ni el árbitro, ni la especialista en tela, ni siquiera el Mitsubachi, conocían la ubicación de las cobras de piedras hasta que estas emergieron de la tierra para enredarse en las piernas de su presa e, inmediatamente después, estallaron.
La explosión había sido mucho más grande que las ocasionadas por sus insectos. En términos de potencia, sus cucarachas tenían una capacidad destructiva de un jutsu de rango D, presentando la ventaja de que causaban daño en área ya que primero perdían algunas de sus patas y éstas explotaban por separado, aunque en el mismo momento. Así se lograba que, si se dejaban dos patas en el suelo antes de trepar hasta el hombro o espalda de su víctima, al explotar dañaban tanto sus pies como el hombro o espalda según corresponda.
No obstante, el deterioro causado era bastante superficial en comparación de sus demás jutsus. Las cucarachas podrían causar quemaduras de gravedad pero difícilmente matarían a alguien, por lo que su uso se restringía a medir las habilidades del oponente aprovechando la poca cantidad de chakra que consumían.
Dicho esto, cabe señalar que las cobras eran diferentes. Al mencionarlas estamos hablando de un jutsu de rango B al menos, con el daño que eso conlleva. Más aun, las cobras tenían la propiedad de deslizarse bajo tierra casi imperceptiblemente y adherirse a su víctima sin que ésta pueda desprenderse de ellas. Eran realmente irritantes y caóticas y, para empeorar las cosas, podían ser controladas a distancia por lo que, a diferencia de las cucarachas, no importaba el esfuerzo que la víctima hiciese para salirse del rango del ataque, este llegaría de todas maneras mientras el usuario así lo comandase.
-¿No es un poco temprano para que use sus cobras? –le preguntó uno de los compañeros de Takumi a sus camaradas quienes, al igual que él, observaban el encuentro con atención desde las gradas.
-Estoy seguro de que se está lamentando haberlas mostrado en el primer combate –respondió otro sin poder despegar la mirada de quien era su comandante en misiones y entrañable amigo– pero también es un hecho que las necesita, de otro modo jamás las hubiese utilizado tan apresuradamente.
Nuevamente, ni un rasguño había adornado el cuerpo de Shinzo y, aun con sus piernas endurecidas por el elemento Acero que continuaba protegiéndolas caminó hasta Takumi de manera tranquila y hasta con lentitud.
El Shinkimori supo entonces que el peso extra del acero sobre sus extremidades ralentizaba los movimientos del usuario y esa información sería una pieza fundamental en su estrategia si quería ganar.
Más los pasos del shinobi de ojos multicolor se volvieron veloces en el último tramo, casi como si hubiese estado esperando que Takumi se acostumbrara al ritmo que él había marcado para sorprenderlo al acelerarlo al final, buscando así asediar a su oponente.
-Doton, Nii Renga no Jutsu –invocó astutamente el Mitsubachi, elevando dos paredes de piedra que acorralaron a su pequeño enemigo, mismo que nunca antes se había visto tan insignificante. Indudablemente, Shinzo había desistido de la protección en sus piernas para aligerar su peso y ganar velocidad. Sin utilizar arma alguna, el agresor cerró el puño con fuerza cuando se encontró a centímetros de Takumi para propiciarle un fuerte golpe con su puño ennegrecido por el acero.
La ínfima distancia entre ellos no le permitió al Shinkimori realizar jutsu alguno para protegerse por lo que se valió de sus reflejos para eludir el ataque de su rival, mismo que terminó destrozando una de las paredes de piedra. Takumi se había salvado por un pelo y sabía que la suerte no lo favorecería una segunda vez.
Por la distancia, Shinzo estaba en condiciones de intentar un segundo golpe antes de que el astuto shinobi escapara a una distancia prudente, no obstante le resultó imposible hacerlo ya que las cobras inmovilizaron por completo sus piernas, obligándolo a protegerlas, desistiendo de su velocidad y, por ende, de su movilidad.
Haber cejado un golpe a cambio de proteger sus piernas no era un gran precio a pagar, era un intercambio perfectamente justo, o lo hubiese sido si el ninja de ojos rosados las hubiese hecho detonar. Más el sagaz hombre se abstuvo de hacerlo, enviándolas de nuevo bajo tierra cuando se encontró a salvo.
El intrépido Shinkimori había burlado al intelecto del Mitsubachi al inhibirlo de proceder con su ataque sin siquiera desperdiciar una cobra o chakra en el proceso.
-Shinkimori Takumi –nombró la hermana de Shinzo mostrándose asombrada en ese momento y volviendo a su característico e inexpresivo semblante en el instante posterior.
-Maldito –masculló Shinzo apretando los dientes con fuerza al sentirse como todo un tonto por haber caído en un truco tan simple, mientras la característica sonrisa en el rostro de Takumi se convertía en su peor y más despreciable enemigo. Quería destrozar esa mueca más de lo que deseaba vencer a su rival.
Considerando los cambios de velocidad en las piernas del hombre de cabello color crema, mantenerse a distancia se convirtió en prioridad para el ninja de cabello violáceo. Sabía bien que ese era un factor con el que su rival podía jugar, pero más aún sabía que ya era momento de comenzar a controlar el terreno.
-¡Deja de perder el tiempo y acaba con él, Shinzo! –ordenó su padre, molesto por el espectáculo deplorable que su hijo estaba dando.
El ninja de ojos rosados sabía que debía aprovechar esos instantes que su oponente estaba usando para recuperarse del golpe que su orgullo recibió, por lo que no dudó en emprender un ataque combinado. Para ello, primeramente utilizó dos de sus cuatro cobras restantes para inmovilizar a su oponente momentáneamente y generar una distracción apropiada gracias a la densa nube de humo característica de las explosiones.
-Bakuton, Hachidori no Jutsu –exclamó seguidamente tras tres sellos manuales y, a pesar de estar lejos, de aquel pilar de roca que previamente había elevado, de él surgieron colibríes de piedra. Este jutsu de rango C no era sustancialmente mucho más poderoso que las cucarachas pero tenía la particularidad de ser un ataque rastreador favorecido gracias a su habilidad de volar.
-No funcionara Takumi-san –desestimó el shinobi de un ojo verde y el otro celeste para luego asegurarle a su oponente– mi reacción es más rápida que tus criaturas explosivas.
-Oh, con que así es –soltó con desinterés el Shinkimori, casi como si le estuviese tomando el pelo mientras un colibrí volaba por la espalda del shinobi para rodearlo y explotar en inmediaciones de su rostro.
No había sido una mala idea. Más Shinzo estaba en lo correcto, su defensa era más rápida que el ataque de Takumi. Su rostro notoriamente enfadado, mismo que comenzaba a recobrar su palidez gradualmente después de haber utilizado su impenetrable defensa, fue visible segundos después del estallido, cuando el viento arrasó con la cortina de humo.
-¡Ya tuve suficiente de tus juegos! –se exasperó finalmente el Mitsubachi endureciendo su puño para aplastar por completo la columna de piedra que su rival había elevado, estimando que ese era el origen de sus jutsus cuando, en realidad, se trataba de una comodidad que a la que el Shinkimori solía recurrir para no tener que agacharse y tocar el suelo cada vez que realizara una técnica de Bakuton.
-Entonces déjame decirte que es una pena pero concuerdo, es hora de terminar esto –sentenció Takumi apoyando ambas manos sobre el suelo, recubriendo todo el campo de entrenamiento número setenta y siente con una filiforme capa de chakra, casi imperceptible, incluso para el mejor de los sensores.
No obstante ningún pilar de piedra se levantó, de hecho, absolutamente nada sucedió. Por lo que una sonrisa altanera se posó en los labios del ninja de ojos multicolor, casi como si ya hubiese ganado.
-Es extraño –comentó Ino a sus amigos sin comprender del todo lo que estaba sucediendo– al principio pensé que el pequeño de pelo violeta había fallado pero ahora siento una sutil pero creciente concentración de chakra en el extremo opuesto a donde están peleando.
Sus amigos no comprendieron el significado de la observación de la Yamanaka, ni siquiera ella entendía bien que significaba eso pero una cosa era segura, lo descubrirían a la brevedad.
-Supongo que ya no te quedan más trucos –acotó Shinzo soberbiamente mientras recubría todo su cuerpo con su naturaleza elemental a excepción de sus piernas.
-No necesito más trucos –corrigió altivamente Takumi llevándose una mano al bolsillo y dejando la otra libre para realizar sellos manuales.
El hombre de cabello color crema se preparó para embestir al de pelo violáceo. Para lo cual tomó impulsó y se largó a la carrera mientras su oponente no hizo más que fastidiarlo al hacerlo tropezar con sus cobras, obligándolo a bajar la velocidad de tanto en tanto. Ahora era evidente que, durante su último contacto con el piso, había liberado nuevas cobras y vaya que las estaba utilizando.
No obstante, prontamente la paciencia del Mitsubachi llegó a su fin. Recubrió todo su cuerpo con su naturaleza elemental y eventualmente acorraló a su molesto rival mediante tres nuevos muros de roca. Acto seguido endureció su puño lo suficiente como para atravesar tres paredes de acero sólido una tras otra, apuntó hacia el torso de su oponente al considerar que sería más difícil esquivar un ataque hacia aquella región y, sin piedad alguna, soltó el golpe sin importarle que las cobras pudiesen molestar puesto que su defensa ya estaba preparada.
Fue inevitable. Con tres muros de roca cercándolo no tenía a donde huir del potente y veloz golpe de Shinzo, mismo que atravesó por completo el cuerpo de Takumi.
Una sonrisa victoriosa se apoderó de los labios del Mitsubachi por una milésima de segundo mientras su puño continuaba con el recorrido que la potencia puesta en él dictaminaba y, con igual rapidez, se disipó al ver como brotaba una nube de humo blanco del cuerpo de su enemigo.
Se había tratado de un simple clon de sombra que ahora mismo era destruido y, mientras su golpe destrozaba no solo el clon sino que también rompía el muro sin esfuerzo alguno, abriéndose paso atreves de éste irremediablemente, solo una pregunta rozó su mente ¿Cuándo?
La respuesta no llegó vertiginosamente. El exceso de fuerza puesto en ese golpe y el peso extra del acero logró desestabilizarlo, arrebatándole el control e impulsando su cuerpo hacia adelante, obligándolo al traspasar por completo la pared.
Dio dos pasos para recobrar el equilibrio y, aun tanto pasmado, miró hacia adelante. Una defensa tan fuerte como la suya no fue alterada, mucho menos doblegada por atravesar una insignificante pared de roca pero, sin darse cuenta, se había detenido extremadamente cerca de la orilla del acantilado.
Shinzo agradeció a la suerte por no haber caído y se volteó para buscar con la vista a su oponente, mismo que brotaba de la tierra donde se había escondido para realizar lo que Shinzo estimó era un sello manual, ya que la distancia no le permitía apreciar los movimientos de su contendiente con claridad.
-¡Exploten! –ordenó Takumi al sin número de cobras que se habían conglomerado en aquel sector de la arena de combate. Al detonar simultáneamente, derrumbaron el sector del risco donde se encontraba su adversario.
Instintivamente, el ninja de ojos multicolor se deshizo de su defensa para alivianar su peso y apresurar sus desesperados pasos, con los que no logró ponerse a salvo pero si consiguió aferrarse con una mano al nuevo borde del acantilado.
El shinobi de ojos rosáceos se acercó al risco para constatar que su enemigo hubiese caído ya que dudaba de tal hecho al ver que ni el árbitro ni la especialista en tela se habían inmutado. La frustración lo invadió al verlo allí, colgando.
El Mitsubachi no dudó en ennegrecer los dedos que los sustentaban para protegerse de un posible pisotón que lograra desarraigarlo.
-¡Oh, por favor! –Se quejó el pequeño ninja de Iwagakure al ver como su rival había sobrevivido milagrosamente a su trampa.
-Dime algo Takumi-san –pidió Shinzo sabiendo lo desfavorable que era su panorama– ¿cuándo lo hiciste?
-Te refieres al clon –comprendió de inmediato el Shinkimori considerando que su oponente tenía derecho a saberlo– plante el clon y las serpientes la última vez que entré en contacto con el suelo.
-Puede que tus cobras sean imperceptibles cuando se trata de una cantidad reducida pero, considerando la magnitud del derrumbe debieron ser cientos –estableció el shinobi de cabello color crema.
-La cantidad que estimas es correcta así que creo que debo admitir que estoy cansado –reveló Takumi, dando a conocer el agotamiento de su chakra– difícilmente podría realizar otro jutsu ahora.
-No, a lo que me refiero es a que, al mover semejante cantidad de cobras, debería haber sentido alguna especie de temblor en el suelo –manifestó el Mitsubachi, incapaz de imaginar el modo en que su enemigo había plantado la trampa que terminó por derrotarlo.
-Las cobras fueron generadas en este sector de la arena de combate, jamás se movieron –aseveró el ninja de cabello violáceo.
Su interlocutor abrió los ojos de par en par, reacio a creer tal cosa ya que aceptar esa premisa equivalía a aceptar que Takumi previó sus pasos y lo condujo a ciegas a una elaborada trampa.
-Mientes –contradijo el usuario del elemento Acero sin poder aceptar su propia ingenuidad.
-No tengo intensiones de hacerte daño, solo ríndete y ya, ellos te atraparan –incentivó el hombre de ojos rosados señalando al personal que se encontraba en el campo de batalla. No tenía intenciones de discutir con su oponente, si le creía o no era asunto suyo después de todo.
-No puedo hacer eso, no cuando Megumi-nee está mirando –exclamó el hombre de cabello color crema aferrándose a sus ideales con tanta devoción como se aferraba a ese risco– además no te queda más chakra –bravuconeó campante.
Takumi apartó la mirada de su oponente para posarla en la hermana del mismo, quien aún se veía serena.
-Odio ser yo quien te lo diga, pero ella no te necesita Shinzo-san –aseguró el estratega, mientras retiraba de su bolsillo uno de sus colibrís para que lo rastreara y expulsara del risco mientras él se perfilaba hacia el centro del coliseo.
El Mitsubachi no podía creer lo que veía hasta que recordó el momento en el que el usuario del elemento Explosivo se llevó la mano al bolsillo. En ese momento, Shinzo interpretó tal acción como una burla, una ofensa que indicaba que no necesitaba ambas manos para vencerlo pero, en realidad, estaba guardando un colibrí solo por si acaso. No obstante, ahora sabía la verdad, Takumi siempre estuvo tres pasos adelante en el tablero, controlando todo con una sonrisa altanera.
-Es momento de dar vuelta el tablero –exclamó iracundo y frustrado mientras veía como el ave de piedra se acercaba a él.
Para Shinzo, era evidente que el Shinkimori solo buscaba que él se desprendiera de su soporte ya que éste mismo había manifestado su desinterés por dañarlo seriamente. Era obvio entonces que Takumi aspiraba a obligarlo a utilizar su naturaleza elemental en todo el cuerpo para que el peso del acero lo hiciera caer.
De ser así, Shinzo tenía en mente una dolorosa solución, recibiría la explosión con su cuerpo. Al abstenerse de protegerse del colibrí de piedra, evitaría agregar peso a su cuerpo, por ende el borde del acantilado no cedería. Era una grandiosa contra estrategia y rebosaba de efectividad siendo que el usuario del elemento Explosivo no tenía más chakra, por ende, no podría defenderse de un contraataque. Tal plan hubiese funcionado sin dudas de haber sido esa la intención inicial de Takumi.
Más poco sospechaba el Mitsubachi que el ataque del Shinkimori había estado dirigido a la tierra de la cual sus negros dedos se sostenían. Una pequeña explosión se escuchó a continuación y, seguidamente, la tela blanca de Maki se sumergió en el humo negro.
Al caer del risco sin poder luchar ni defenderse, Shinzo sintió deseos de no ser rescatado, pero no estaba en él la facultad de tomar tal decisión. Al atraparlo con su tela, la especialista en sellos lo depositó nuevamente en el campo de batalla mientras el vencedor era anunciado.
-El ganador del segundo encuentro, Shinkimori Takumi –anunció Shimo dando por terminada la contienda.
La tribuna se mantuvo boquiabierta por unos instantes, a excepción de los tres miembros restantes del escuadrón de bombardeo que ovacionó a su líder de pie mientras comentaban lo hábil que era y como no perdía su toque con los años.
-Fue una victoria arrogante –exclamó Rushi desde el sector de los participantes sin llegar a procesar del todo lo que acababa de ver. Su afirmación no era más que el pensamiento colectivo, canalizado y resumido en breves palabras.
La reflexión de Shikamaru, en cambio, fue un poco más elaborada, por consiguiente, más completa y acertada. Takumi lo había hecho ver como si fuese por demás sencillo pero nada había de simple en su forma de pelear. Desde el inicio, estuvo estudiando los movimientos de Shinzo, sus preferencias a la hora de defenderse y contraatacar y los complementos a su técnica principal así como su estado anímico.
Sin embargo, ese hecho pasó de ser percibido por su perpetua sonrisa, casi soberbia. Nadie sospecharía que, con semejante expresión, el Shinkimori estaba peleando en serio. No hay nada más peligroso que un enemigo mortífero que no te muestra las garras y Takumi era precisamente eso. Por otro lado, trazar una línea de batalla frente a la reacción del Mitsubachi le tomó, a criterio del Nara, pocos movimientos, demasiado pocos.
Con todo esto y aun absorto en semejante intelecto, el domador de sombras esbozó una apreciación mental– Takumi es como un experto jugador de Go que coloca sus piedras sin que su oponente se percate de lo que sucede en verdad hasta que es muy tarde y el tablero le pertenece –puntualizó primeramente sin poder imaginar una mejor comparación para semejante despliegue en batalla. Seguidamente, el Nara se hundió en un nivel mucho más detallado al momento de enumerar– No solo supo leer perfectamente al único rival que no había logrado entender del todo hasta instantes antes de pelear, sino que además, logró realizar un análisis tan preciso que no necesitó utilizar estrategias alternas y ni técnicas suplementarias. Si ingenuamente creímos que la batalla de ayer se había decidido en un solo golpe es porque no habíamos visto al maestro de Go en acción.
Instantes después, el Shinkimori se inclinó frente a los Kages siguiendo protocolo. Shinzo aún estaba aturdido, producto más de la batalla en general que por la última explosión. Y sin llegar a recuperarse del todo, tanto él como su competidor fueron trasladados a las instalaciones médicas.
-Parece ser que aposté bien –exclamó Onoki cruzándose de brazos casi vanidosamente– Tsunade estaría orgullosa, ¿no lo crees Kakashi?
El Hatake posó sus ojos en el Tsuchikage y su imperceptible sonrisa se hizo presente debido a la entonación burlesca de su voz.
-Yo creo que más bien estaría desilusionada ya que, para que haya un ganador, debe existir un perdedor –disintió el actual Hokage de manera jocosa– y ese es el rol que ella generalmente ocupa.
Una expresión aún más victoriosa se apoderó del rostro de Onoki y prontamente volvió la vista sobre su candidato.
Indudablemente tienes altas chances de ganar esto, Takumi –pensó la Tercera Sombra de la Tierra mientras el pecho se le inflaba de orgullo.
-¿Qué te ha parecido el encuentro del día, Gaara? –Preguntó la Mizukage queriendo escuchar la evaluación del Kazekage.
El domador de arena siguió con la vista a los concursantes del día que estaban siendo retirados de la arena de combate y conmemoró las situaciones más relevantes de la batalla que había dejado en ruinas un amplio sector del campo de entrenamiento numero setenta y siete, mismo que ahora mismo comenzaba a ser reparado por Naga.
-En poder han estado bastante parejos pero es un hecho que, tácticamente, Takumi-san fue superior –manifestó el menor de los Sabuko No, sin poder evitar pensar en el Nara, por lo que luego acotó– conozco pocos hombres así.
-Los cuartos de finales serán, sin dudas, emocionantes –se anticipó el Raikage un tanto emocionado y al mismo tiempo ansioso ya que sus esperanzas recaían en el último concursante de su aldea.
-No nos apresuremos, aún faltan dos encuentros –solicitó el líder de los samuráis apelando a la mesura– apenas vamos por la mitad de la primera ronda.
-Opino igual, espero que los dos combates restantes de esta ronda sean igualmente entretenidos –expresó Gaara poniéndose de pie para luego excusarse al señalar– si me disculpan, tengo una reunión por la tarde.
-Por supuesto, nosotros sabremos aprovechar el día –consintió Mei mientras los demás soberanos asentían de manera afirmativa, apoyando así la declaración de la Mizukage.
-Si necesitan un guía Baki se los proporcionará con gusto –manifestó el pelirrojo indicándole con un gesto de manos a su antiguo sensei que desistiera de sus funciones como guardaespaldas para proceder a servir como anfitrión de los Kages.
Aquella reunión programada la tarde anterior y a la que Gaara había atribuido un carácter tan formal no era más que una discusión anunciada, gestada por consejo de Naruto y apoyo de Temari. El pelirrojo sabía que, tarde o temprano, debería enfrentar a su asistente lo que implicaba, a su vez, enfrentarse a sí mismo. Y no es que no estuviese predispuesto a aclarar todos los malos entendidos y desencuentros que había protagonizado junto a Yakumo sino que, más bien, le aterraba la idea de que tal encuentro resultara infructuoso.
La pregunta más mortífera en ese momento resultaba evidente, ¿qué sucedería si no lograba expresar con claridad sus pensamientos? Las posibles respuestas, aunque bifurcadas en diferentes direcciones, no profetizaban nada prometedor.
La primera hipótesis que se formuló en su mente se vinculaba con el hastío que ella pudiese manifestar. Era un hecho que su inexperiencia le había jugado una mala pasada, había tardado demasiado tiempo en percatarse de que, hacer manifiesto sus sentimientos, de ningún modo configuraría un riesgo a la relación que tan trabajadamente había logrado crear junto a la Kurama. No obstante, más intrincado que haber llegado a esa conclusión de la manera difícil, era el haberse percatado de que sus precauciones para evitar distanciarse habían derivado en el efecto contrario.
Además, existía la altísima posibilidad de que ella volviese a marcharse una vez que terminara la semana de los mil vientos para jamás regresar a excepción de visitas casuales que de ninguna manera estaban destinadas a él. La había visto partir una vez por lo que sabía que no soportaría volver a perderla.
Siendo las subsecuentes cavilaciones del mismo estilo, decidió que lo mejor sería abordar la plática de forma serena y sincera; debía estar predispuesto tanto a escucharla como a plantear su punto de vista respetando el de ella aunque no coincidiesen.
De haber sido capaz de encarar la situación con la actitud que lo hacía ahora probablemente hubiese tenido la fuerza para evitar el vacío que se generó en él cuando ella se marchó. Las palabras que él iba a decirle aquella mañana de otoño naciente donde, con la misma amabilidad de siempre, ella le pidió que la dejase ir, se deslizaron suave y silenciosamente por sus mejillas, humedeciendo su almohada esa noche.
Por más que lo deseó con intensidad su silencioso corazón no tuvo la fuerza necesaria para evitar el ocaso de aquel vínculo que tanta dicha le dio y de cuyas cenizas ahora mismo solo restaban desencuentros.
Al encaminarse hacia la salida, el menor de los Sabuko No divisó a Chouji sentado en las gradas y no tardó de percatarse que estaba en compañía de Ino, Yakumo y Yukata. Era una buena oportunidad para acercarse y ablandar el terreno antes de conversar seriamente, por lo que decidió tomar como excusa el hecho de que no habían pactado ningún horario.
Era pasado el mediodía por lo que Gaara consideró que sería bueno dejar una brecha de tiempo para que la dama almuerce. Así que, con todo eso en mente, caminó hasta donde los shinobis se encontraban, y olvidando saludar a los presentes se dirigió directamente a la Kurama sin introducción alguna.
-Esta tarde a las tres –exclamó el pelirrojo de manera rígida, dejándose llevar por los nervios que tensaban su cuerpo y su voz.
-De acuerdo –accedió la castaña un tanto sorprendida al notar la rigurosa postura de Gaara.
Fue entonces que el Kazekage meditó por segunda vez el tiempo que le estaba otorgando a la especialista en Genjutsu para almorzar. Si tenía en cuenta la posibilidad de que fuera a un restaurante con los demás presentes, probablemente tardaría más y si la conversación se prolongaba demasiado podría incluso olvidar el compromiso que habían pactado el día anterior y ahora ratificaban.
-No llegues tarde –solicitó de manera tan severa que pareció más un mandato que una petición.
-¿Cuándo he llegado tarde? –increpó ella un tanto ofendida, arrugando el entrecejo ante la insinuación.
-Yo solo… olvídalo –quiso defenderse el domador de arena pero, al percatarse de que su intensión se había trastocado, decidió evadir la confrontación y retirarse pronto– nos vemos después –se despidió retirándose tan abruptamente como llegó.
-Yakumo –llamó la pelinegra al ver como el pelirrojo le había crispado los nervios a su amiga, esperando que de ese modo se serenara.
-No sé si la chispa entre ustedes desatará un pasional fuego o hará cortocircuito pero vaya que estas a la defensiva –opinó con ligereza la Yamanaka apreciando la situación desde otro punto de vista.
-¡Ino-san! –reprendió la dama de ojos café ante semejante acotación para luego defender a la Kurama argumentando– lo último que Yakumo necesita ahora son ese tipo de evaluaciones.
-A mí me parece todo lo contrario –difirió la rubia plantándose un poco más firmemente en su postura– si quiere que la charla que tendrá con Gaara más tarde sea la última de esa clase entonces tendrá que ponerse seria y mostrarse predispuesta a dialogar, de por si Gaara no es nada fácil como para abordar la situación con reparos de por medio.
-Si se expone mucho podría ser dañada, es natural que tenga sus dudas sobre lo que ocurrirá cuando platiquen después de todo lo que sucedió y no me parece erróneo manifestarlas –arguyó la Chunin de la Arena preocupada el frágil corazón de su amiga.
-Yo creo que ambas están en lo correcto –exclamó la dama de largos cabellos castaños silenciando a las kunoichis al asombrarlas con tal afirmación– mantener mi defensa alta es la única forma que tengo de protegerme pero, si lo hago, no seré capaz de comprender a Gaara ni su punto de vista, supongo que tendré que encontrar un equilibrio –dedujo poniéndose de pie al considerar que sería oportuno utilizar el tiempo con el que contaba para poner en orden su mente, y sin darse cuenta, sus pies comenzaron a moverse por inercia.
-¿Ya te vas? –cuestionó Yukata al advertir de la mirada perdida en aquellos ojos castaños.
-Sí, gomen –se excusó percatándose de su profunda abstracción y, sin intenciones de abandonar por completo aquellos pensamientos, acotó sencillamente– nos vemos después –para posteriormente encaminarse hacia la salida.
-Está demasiado nerviosa –notó Chouji mientras veía como la silueta Genin se hacía más pequeña al alejarse.
-No es solo eso, también está dispersa pero no me ha dicho la razón –reveló la pelinegra presintiendo que las preocupaciones de la Kurama no se limitaban al Kazekage.
Y aunque el presentimiento de Yukata era correcto, poco sabía ella sobre la magnitud e importancia de los pensamientos que ocupaban la mente de Yakumo por aquel entonces. El día anterior, la Kurama había hecho su mejor esfuerzo para disimular lo que había oído mientras intentaba comprender la razón. Lejos de ella estaba el deseo de negar aquella tenebrosa voz que tanto la había atormentado en sus sueños después de haber sido consciente de su existencia.
Si Ido había vuelto debía existir un motivo y, aún más desconcertante que su regreso, era el hecho de que no había vuelto a manifestarse desde la tarde anterior. Sin importar cuanto insistiese Yakumo, el retorno de su alter ego parecía algo onírico como si su mente le estuviese proyectando una voz del pasado con el único propósito de desestabilizarla cuando más fuerte debía ser.
Más Yakumo había crecido. Su cuerpo podría seguir siendo débil, sus sentimientos podrían estar a flor de piel y su corazón podría presentarse tan inmaculado e inocente como lo era durante su infancia pero su perspectiva sobre la vida era otra. Se había aceptado a sí misma con todo lo que eso conlleva y se había arrepentido sobre la forma en la que resultaron las cosas con Ido.
¿Me ignoraras permanentemente? –cuestionó para sus adentros y de manera serena. Sin embargo, una vez más, no obtuvo respuesta alguna.
Aun le faltaba un buen trecho para llegar hasta su hogar por lo que se detuvo en una plaza cercana para sentarse un momento. La castaña sentía una fuerte opresión en el pecho y, sin conocer el motivo de la angustia que allí se aglomeraba, se llevó una mano al corazón, sonrió plácidamente y cerró los ojos.
¿Esta es tu manera de vengarte por lo que sucedió? –inquirió silenciosamente y sin reproches de por medio al sumergirse en lo más profundo de su alma– si estoy en lo correcto, lo entiendo –exclamó con tal sinceridad que logró desconcertar a la oscuridad latente en ella.
La intensa blancura en la que se encontraba su conciencia comenzó a oscurecerse hasta adquirir una tonalidad grisácea y fue entonces que una figura diabólica que se asemejaba a ella misma de niña apareció.
Entiendo, así es como te veía cuando era pequeña –exclamó al reconocer al monstruo que ante ella se presentaba. Ido había retomado aquella forma terrorífica y nostálgica esperando poder medir la reacción de Yakumo y ponerle fin a aquella confusión que lo atormentaba.
Sin embargo, el desosiego de la oscuridad no se disipó en lo absoluto sino que creció exponencialmente. ¿Por qué la luminosidad se mostraba tan tranquila ante su repentina aparición cuando años antes había logrado turbarla tanto? Ido no podía confiar en Yakumo pero tampoco podía negar que algo trascendental había cambiado en ella.
Deberías estar temblando de miedo –advirtió el maligno ente, enervado al constatar que el comportamiento de la Kurama eludía el raciocinio normal.
Nunca debía haberte temido para empezar –discrepó ella manteniendo sin esfuerzo la calma, aunque su rostro se mostró serio.
La única diferencia entre tú y cualquier otro ser humano es que eres consciente de tu oscuridad –mitigó Ido sin comprender porque la desesperación no llegaba a tocar a su otra mitad– aunque nuestra divergencia se gestó en el inconsciente, fue una decisión premeditada la que acabó conmigo años atrás así que no lo entiendo ¿por qué no me temes o atacas? ¿qué clase de truco es éste? y ¿qué demonios estas planeando? –inquirió seguidamente perdiendo la paciencia.
No hay truco ni plan, sino que he comprendido mi propia alma y desarrollado una conciencia de mi propio ser, es naturaleza pura –explicó al instante la dama de ojos pardos sabiendo que Ido no lo comprendería del todo, por lo que agregó– sin importar las veces que te asesine volverás a renacer porque eres la oscuridad en mí, debí haberte valorado un poco más.
Es imposible ser feliz todo el tiempo y Yakumo lo sabía, pero recién ahora estaba viendo el alcance de sus emociones. Sus miedos, ansiedades, preocupaciones y tristezas se acumularon como gotas de agua dentro de una cubeta por lo que es lógico presuponer que, al colmarse la cubeta, Ido resurgiera.
Más nadie había llegado a realizar tal premonición, todos dieron por muerta a aquella parte de su alma que está destinada a resurgir como un fénix las veces que sea necesario hasta que sea aceptada en el lugar que le corresponde por derecho natural. Se trataba del equilibrio de la vida que puede doblarse pero jamás quebrarse.
Realmente había algo diferente esta vez –soltó Ido tras meditar la situación en profundidad, sin poder sobreponerse al asombro que le producía la nueva línea de pensamiento de quien él había considerado un mero recipiente, una puerta al mundo real.
Quiero ver cómo eres en realidad –pidió repentinamente la especialista en Genjutsu para luego explicarse– antes te había considerado como algo completamente ajeno a mí y me disculpo por eso, así que me gustaría verte tal cual eres –pidió esperando que se deshiciera de esa fachada de niña demonio para mostrar su verdadera forma.
Tú ya sabes como soy –sentenció casi ofendido su otro yo para posteriormente ennegrecer por completo los alrededores y marcharse en un parpadeo con la llegada de la cegadora luz. Una vez más Yakumo había quedado a solas pero tenía un buen presentimiento, Ido tenía que perdonarla tarde o temprano ya que se trataban de dos partes de una misma alma.
Con aquel sentimiento agridulce se perfiló hacia el domo del Kazekage. Su tiempo libre había concluido sin que ella pudiese aclarar sus pensamientos sobre cómo debería enfrentar a Gaara de manera justa y comprensiva sin salir herida en el proceso.
No obstante, no fue necesario seguir pensando en ello. Ido había vuelto por lo que involucrar al menor de los Sabuko No en un vínculo tan estrecho como el que compartieron anteriormente era impensable. Debería mantener la distancia sin importar lo que sucediera y odiaba admitirlo, peor aún le dolía hacerlo, pero temía que el pelirrojo compartiera un destino similar al de sus padres. Ido tenía todo el derecho a estar molesto después de ser derrotado e indeseado por tanto tiempo, tomaría tiempo forjar la confianza necesaria para permitirle manifestarse en el mundo real, por lo que Yakumo no estaba dispuesta a arriesgar la vida de Gaara en el entretiempo.
Al llegar a la puerta del despacho del Kage del Viento respiró profundamente y levantó la cabeza, prohibiéndose a sí misma desviar la mirada del domador de arena puesto que cada una de ellas podría ser la última que le dedicase. Cerró el puño y suavemente golpeó la puerta con los nudillos, recibiendo como respuesta la orden correspondiente para entrar al lugar. Una vez que se encontró en la oficina del magnate de Suna, esa misma que ella conocía a la perfección hasta en el más mínimo de sus detalles, cerró la puerta y caminó hasta el escritorio del Kazekage, detrás del cual se encontraba sentado el hombre que ostentaba tal puesto.
-Siéntate –invitó Gaara intentando controlar su nerviosismo. La especialista en Genjutsu obedeció en silencio y de igual modo permanecieron los siguientes instantes, observándose minuciosamente el uno al otro para no cometer error alguno. Demasiados malos entendidos se habían generado entre ellos como para darse el lujo de caer nuevamente en una discusión innecesaria y sin sentido.
Más la extrema mesura se volvió un incordio. Se habían reunido para dialogar y, aun así, ninguno parecía ansiar dar el primer paso en la dirección del consenso. Romper el hielo no era la especialidad de ninguno pero si alguien iba a intentarlo esa sería la Kurama.
-Esto es un poco incómodo –opinó con una sonrisa amistosa, como distendiendo la situación al burlarse de ella.
Gaara se relajó por completo al percatarse de que al menos ella no estaba a la defensiva. Supo en ese entonces que la rigidez solo acarrearía rigidez así que se puso de pie para dirigirse parsimoniosamente hasta la ventana, desde donde se filtraba una juguetona brisa fría.
-El día que te fuiste sopló una brisa como la de hoy aunque el cielo no estaba tan nublado –relató nostálgicamente, echando un vistazo a través de la ventana– estaba demasiado desconcertado como para entender muchas cosas, aún ahora lo estoy –se corrigió soltando un hondo suspiro, expulsando así los restos de tensión de su cuerpo e, inmediatamente después, posó sus ojos sobre la castaña– para mi es más fácil dirigir la Aldea de la Arena que hablar de estos temas pero de seguro eso ya lo sabes.
-Sé que se lo prometimos a Naruto-san y Temari-san, también sé que nos lo prometimos a nosotros mismos pero no me gustaría que sigamos con una conversación que te estresa así, además no hay motivo para hacerlo –opinó ella, ocasionando que su interlocutor abriera los ojos de par en par.
-Necesito tener esta charla para no asentir levemente al hoy en mis manos como si no me perteneciera –expuso el Sabuko No, aferrándose a aquellas palabras que aún le pertenecían exclusivamente a él y necesitaba compartir. Desasosegada y conscientemente sonrió para llenarse de valor al admitir tan aberrante hecho– me he movido por inercia todo este tiempo, la mueca en mi rostro es otra manera de mostrar la vergüenza que siento por dejar que eso sucediera –confesó desistiendo de tan amarga sonrisa.
-Si así lo quieres está bien pero vayamos al grano de una vez –agilizó la castaña enderezando su postura al apoyarse en el respaldar de la silla de manera erguida, adoptando así un hermético semblante y entonces exigió saber– dime por qué no has conseguido secretaria aun.
-Tú y yo sabemos que no se trata de labores administrativos –desestimó el pelirrojo alejándose de una pregunta irrelevante– no es mi asistente lo que me niego a ceder es mi compañera, mi amiga.
Yakumo se sorprendió ante la franqueza con la que el Kazekage se expresaba, pero prontamente decidió celebrarla al retribuirla.
-Y tu conocida en el último tiempo, si es siquiera que llego a esa clasificación –añadió la Kurama aun dolida por el desamparo proferido abruptamente.
-Sé que me equivoque y lo siento –cedió el pelirrojo y tanto angustiado al ver el precio de su error– de eso se trata todo esto, estoy intentando decirte que lamento la manera en la que terminó todo, me costó asimilar que no éramos tan iguales como yo creía.
-No puedo decir lo mismo ya que yo me percaté de eso desde el inicio –reveló como si estuviese exponiendo su propia falla y, por ende, aceptando su cuota de responsabilidad en el asunto– pero las diferencias entre nosotros me parecían encantadoras, no me molestaron en lo absoluto y no pude prever que para ti serían una molestia.
-Como me veo a mi mismo es un poco exagerado pero creo mi juicio sobre ti siempre fue el acertado –consideró él volviendo a las raíces de su aprecio mutuo, misma que consideraba la causante de todas sus emociones y, por ende, también de sus pesares– Supongo la empatía es una porquería.
-A veces la gente puede verte como alguien misterioso o terco, pero en realidad eres correcto y amable –concedió ella esperando que él no perdiera de vista esa faceta que le era innata– sin embargo debo coincidir, la empatía te hace creer que perteneces a algo y luego solo te destroza.
-Esa no fue la empatía… –comenzó a argüir Gaara remitiéndose al silencio al renunciar al habitual argumento que tantas otras veces había evocado, mismo que responsabilizaba a la Genin por desarrollar sentimientos que a él le resultaban conflictivos.
-Sigues pensando que fui yo –dedujo la castaña sin molestarse ya en elaborar prueba en contra.
-No, yo… –intentó enmendar él sin contar con el tiempo para hacerlo al ser interrumpido.
-¿Sabes qué? Está bien –concedió ella con gélida y apática molestia, encolerizándose posteriormente y, sin poder contenerse, fue elevando el volumen de su voz a medida que sus emociones se violentaban– arruiné todo cuando me enamoré de ti, pero siguen siendo mis sentimientos ¿no? ¡¿Qué más puedo hacer aparte de aceptarlos?! ¡No quise mentirme a mí misma así que fui egoísta! –admitió secuencialmente mientras sus ojos se humedecían a medida que se desahogaba y, sin poder detenerse, concluyó– Pero si eso es todo debiste haberme dejado marchar y ya en lugar de intentar atarme para que ambos pagáramos el precio de mis sentimientos unilaterales, así que dime ¡¿cuál es tu excusa, Gaara?!
-¡Tú fuiste quien llamó a mi corazón! –La responsabilizó para luego exponer con ritmo acelerado y acusador– yo te inmiscuí en mi vida sin entender lo que eso significaba y lentamente te fuiste asentando como si siempre hubieses estado en ella, como si pertenecieras aquí –exclamó con desesperación llevándose una mano al pecho sintiendo temor y ansiedad por igual– incluso antes de saber que tus sentimientos habían mutado, ya sabía que me sería imposible desarraigarte.
Esas palabras no eran tan sencillas como las había imaginado en su mente, más el domador de arena quería decirlas al menos una vez antes del final, para no sentir remordimiento alguno. Y la especialista en Genjutsu las había comprendido mejor de que lo que le hubiese gustado.
-Detente ahí –pidió ella como si se trata de una súplica.
El menor de los Sabuko No finalmente ponía en orden sus sentimientos y los expresaba de la mejor manera posible. Era el mejor escenario posible para la Kurama, o lo hubiese sido dos horas antes, cuando la existencia de Ido dentro de ella aún no estaba confirmada.
La humedad de sus ojos se secó cuando más deseos sintió ella de llorar, como si incluso ese derecho le hubiese sido robado.
-¡No! –se negó rotundamente el pelirrojo perdiendo la paciencia al cuestionar con ironía– ¡¿está bien para ti decir lo que sientes pero cuando yo lo hago es un crimen?! –recalcó la injusticia.
-¡No es lo qué sino cuándo! ¿Cómo te atreves a esperar hasta este momento para decir algo como eso? –reprochó la castaña frunciendo el entrecejo con amargura mientras apretaba los dientes al sentir como su potencia se transformaba lentamente en abatimiento.
Gaara no comprendía bien por qué sus sentimientos entristecían tanto a Yakumo pero ciertamente comprendió como debió sentirse cuando él la menospreció groseramente tras escuchar su confesión. Mucho menos podía entender la diferencia que acababa de plantear donde sus palabras no habían sido consideradas erróneas sino inoportunas.
Más no hubo tiempo para que las debidas explicaciones sean dadas ya que, sin pedir permiso ni detenerse en formalismos, un shinobi ingresó a la oficina en busca del Sabuko No.
-Kazekage-sama –nombró sin aliviarse por completo al encontrar a su superior y, sin mucho detalle, exclamó bruscamente– señor, ha habido un conflicto entre los participantes en la mansión Retto.
-Shikamaru –nombró instintivamente la castaña saltando de su asiento sin saber bien que debería hacer a continuación.
-Llévame con Sumire –ordenó de inmediato el domador de arena, rodeando su escritorio a paso apresurado para seguir al ninja.
-Ahora mismo, Lord Kazekage –acató el Jounin retirándose del lugar en compañía de la máxima autoridad de la Aldea de la Arena.
00000
No mucho antes de que Gaara y Yakumo se encontraran en el despacho del Kazekage, los concursantes del día habían reingresado a la mansión donde se hospedaban.
No hubo grandes recibimientos por parte de sus compañeros, tampoco existió comentario mordaz o miradas satíricas. Dicho esto, el ofuscamiento del Mitsubachi no había disminuido ni una pizca, muy por el contrario, rara vez que se había encontrado así mismo sintiendo tanta ira. No se perdonaba su torpeza a la hora de enfrentar al Shinkimori y mucho menos perdonaba a su rival por lo acontecido.
Su querida aunque gélida hermana lo había visto fallar, su respetable padre lo había visto caer de la manera más miserable posible y su el líder de su aldea lo había visto ceder ante un Jounin más poderoso. El clan Mitsubachi en su totalidad había sido humillado en manos de un enano engreído sin que él pudiese hacer algo para evitarlo. Se sentía timado y frustrado, y el responsable debía pagar por ello. La sola idea de dejar que el Shinkimori se saliera con la suya le resultaba inaceptable.
Con esta frustración a flor de piel, a paso firme y con el ceño fruncido, el ninja de cabello color crema y ojos multicolor recorrió los rincones de la mansión en busca del verdugo que asesinó sus esperanzas. Cegado por el arrobamiento, su cólera se acentuaba al ingresar en cada habitación en la que su víctima se ausentaba. No obstante, al entrar en la ostentosa biblioteca, un gesto diferente lo poseyó. Una encarnizada sonrisa se apoderó de sus labios al divisar a su presa, cómodamente instalado en uno de los mullidos sillones junto a una chimenea carente de fuego, ojeando sin interés un libro.
Al sentirse observado Takumi levantó la vista para encontrarse los furiosos ojos, verde y azul respectivamente, de su coterráneo.
-Shinzo-san –nombró un tanto sorprendido el lector ante el nervioso y agitado temple de quien había sido uno de los concursantes más tranquilos de la casa. Al alejarse de su sorpresiva primera impresión ante la imagen que se presentaba frente a sus ojos, el sagaz ninja supo que la batalla que había librado una hora atrás no había concluido aún.
-Me alegra que te agraden las emociones fuertes y el combate en general –exclamó de manera sanguinaria y amenazadora el usuario del elemento Acero, intensificando su ferocidad al comentar– ya que te dejaré experimentar ambas antes de sepultarte.
Sin darle tiempo al Shinkimori para poder reaccionar ante tal declaración de guerra, el Mitsubachi recubrió ambos puños con su naturaleza elemental, fortificándolos tanto como le era posible para que cada de uno de sus golpes fueran mortíferos. Y, sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre el pequeño ninja, quien por poco no logra esquivar el puñetazo.
El sillón donde Takumi se encontraba leyendo recibió el impacto, quedando completamente destruido. El estruendoso sonido se escuchó al retumbar en la amplitud del hogar, alertando a los demás participantes que no dudaron en acudir al lugar para averiguar cuál había sido la causa de tal sonido. Más no les fue necesario llegar hasta la biblioteca, puesto que el sendero de destrucción se prolongó a cada paso que el Shinkimori dio para escapar de agresor.
Para desgracia del pequeño ninja, entre sus habilidades no había ninguna que incluya retener al enemigo sin dañarlo. Sus cobras eran lo más cercano a un intento de retención que poseía y, aun así, estaban hechas a base de piedra explosiva por lo que podría juzgarse como un potencial ataque. Aun así, Shinzo no le dio tiempo ni oportunidad de hacer un solo sello de manos o entrar en contacto con el suelo, por lo que las cavilaciones sobre si debería usar su jutsu de Bakuton o no se volvieron inútiles.
-¡Shinzo-san! –Reprendió el único samurái de la mansión al ver como su semejante rompía una de las tres reglas de la casa– ¡no sigas, por favor!
Las palabras de Rushi difícilmente lograron mellar en el Mitsubachi, su odio lo aislaba del mundo y cualquier meta que pudiese encontrar en él se volvió superflua. Solo pensaba en asesinar a quien prolongó en la eternidad la maldición de su hermana y grande fue su cruenta dicha cuando finalmente logró emboscarlo en un rincón.
Idílica le pareció la expresión de impotencia y rencor en el rostro del Shinkimori al verse privado de la posibilidad de defenderse y, apelando a lo único humano que quedaba en él, el Mitsubachi decidió poner fin a la incertidumbre y agonía de su presa por lo que lo tomó del cuello con firmeza y lo levantó en aire con el objetivo de estrangularlo en el instante siguiente.
Sin embargo, cuando la voluntad de ahorcarlo llegó a su máxima expresión sus manos no se movieron. Su conciencia seguía intacta pero su cuerpo no la obedecía. No había motivo para tal atroz circunstancia que lo distanciaba de la culminación de su venganza, o al menos eso pensó antes de escuchar una voz a sus espaldas.
-Rushi-san dijo por favor –recalcó el Nara sin deshacer aquel último sello de manos que había dado origen a su Kagemane no Jutsu, mismo con el que privaba a Shinzo del uso libre de su cuerpo en ese momento– uno no dice simplemente que no a un hombre con esos modales.
-Shikamaru –nombró el Shinkimori sin poder creer que se hubiese salvado. Solo por ese instante, Takumi deseó no ser tan listo para no tener que enfrentar la realidad de que el domador de sombras había renunciado al elemento sorpresa al mostrar sus habilidades antes de combatir.
-¡Maldito! –se quejó Shinzo intentando retorcerse para librarse del agarre, cosa que por supuesto no logró.
Semejante sacrificio por un shinobi que apenas conoce –pensó con amargura el hombre de cabello violáceo, sintiéndose responsable por la desventaja que el azabache se había adjudicado.
-Mejor nos alejamos un poco hasta que te calmes –opinó el estratega de la Hoja llevándose ambas manos a los bolsillos, obligando así al de Iwa a hacer lo mismo y dando media vuelta se apartó del lugar.
-¡¿Acaso entiendes lo que acabas de hacer?! –cuestionó en un ahogado murmullo Takumi, bajando la cabeza mientras soltaba su impotencia al golpear la pared junto a él.
-Tranquilo no me enfrenté a él, solo lo detuve –mitigó con liviandad el Nara sin voltearse a ver a su nuevo camarada.
-¡No es eso! –Diferenció el shinobi de ojos rosados mirando la espalda de su interlocutor, dudando momentáneamente de que éste comprendiera toda la información que acababa de regalar a sus enemigos.
-No te preocupes –exclamó con palpable seriedad el de Konoha negociando después– solo juega conmigo al Go un día y estaremos a mano.
No hubo otro argumento de por medio. Shikamaru se ausentó junto a Shinzo, llevándolo hacia el hall de entrada en espera de las autoridades correspondientes. Sin embargo, el Shinkimori no estaba satisfecho ni lo estaría por un tiempo. El que el Nara utilizara su Kagemane para evitar que Takumi sea descalificado al entrar en una verdadera contienda, se convirtió en una deuda de honor para éste último.
Los Anbus no tardaron en aparecer para llevarse a Shinzo de allí. Le colocaron unas esposas hechas de un metal especial que absorbió parte de su chakra, eliminando su control sobre el mismo y despojándolo así de sus técnicas y se dirigieron a la estación policial.
Aún en medio de todo el violento y abrumador episodio, nadie les dirigió una mísera palabra a los demás concursantes. Ni un solo médico ninja fue enviado para constatar las condiciones en la que se encontraba el Shinkimori, en ningún momento la pantalla del comedor o sala se encendió para dar un anuncio y Shinzo no fue traído de vuelta esa noche. Era como si lo que sucedió allí no hubiese ocurrido jamás, casi como un secreto sucio que no debería, bajo ningún concepto, ver la luz del día.
Temari y Kankuro se enteraron de lo sucedido poco tiempo después que Gaara. El marionetista no dudó en desligar a su hermana del asunto una vez que vieron, mediante las grabaciones de las cámaras de seguridad, lo que había acontecido. No quería que ella tuviese que lidiar con algo como eso después de ver el peligro potencial que todos los concursantes, entre ellos Shikamaru, corren allí dentro. Por lo que en soledad se encaminó a la estación policial donde, en la celda más recóndita, se albergaba al insurrecto ninja de Iwagakure absolutamente recluido.
Así que mientras que el castaño se dirigía al edificio policial para supervisar el modo en el que Reiko, estaba llevando adelante una situación tan inusual, la rubia de coletas se perfiló al único lugar donde por aquellos momentos podría estar a solas sabiendo que, conforme avanzaran los rumores, los demás no tardarían en buscarla para conocer los detalles. Ella no lo sabía en ese momento pero el asunto del Mitsubachi fue tratado con suma discreción, siendo conocido solo por unos pocos fuera del concejo de Suna.
Al alcanzar aquel invernadero que tantas veces le había servido de refugio durante su infancia, un momentáneo alivio se filtró por su nariz junto al aroma de las plantas y correspondiente humedad. Sintiendo su cuerpo más liviano a cada paso se adentró por los pasillos rozando algunas hojas verdosas de los arboles perennes a su paso.
El otoño solía retrasarse un poco en aquel microclima que resultaba propicio para el desarrollo de la vegetación, por lo que aún pudo admirar algunas flores. Una sutil sonrisa se posó en sus labios al recordar la flor que más le gustaba, misma que yacía demasiado lejos de aquel lugar. Temari era consciente de que probablemente, su obsequio de cumpleaños ya habría perdido sus hojas y flores y se preparaba para dormir hasta la siguiente primavera. Sin embargo, su imagen mental de la planta en todo su esplendor, tal como la había visto durante el verano, no podía ser disipada con facilidad.
El desolado lugar y su característica quietud sumado al tan grato recuerdo lograron llegar a su alma, más la calma no estaba destinada a perdurar.
-Cuando supe lo sucedido tenía el presentimiento de que vendrías aquí, Temari-hime –exclamó uno de los ancianos del concejo de Suna, mismo que adoraba las plantas tanto o más que la propia Sabuko No.
-Joseki-dono –nombró la dama de ojos verdosos dirigiéndole una fugaz mirada para volver su vista sobre la planta, notando acremente y de inmediato la diferencia entre ésta y la que ella había vislumbrado segundos atrás.
-¿Te encuentras bien? –Corroboró el respetable hombre al percibir la congoja oculta en la expresión casi estoica de la embajadora de Suna– Aun observando las flores te vez abrumada, es sumamente inusual.
-Hay cosas que ni la belleza de las plantas puede remediar –manifestó ella, acariciando con sus dedos los delicados pétalos.
-La semana de los mil vientos pasará pronto no hay necesidad de poner esa cara –mitigó él buscando alentar a la joven Jounin y evitar que exteriorice sus preocupaciones frente a las demás aldeas. Mostrar debilidad, ya sea frente a aliados o enemigos, no era algo que Joseki consintiera en lo absoluto– ese incidente en la mansión Retto se resolverá pronto.
Esta competencia drena todas mis energías y me desgasta en el proceso y, aun así él quiere que aplaque la desolación con una fría sonrisa aunque eso me mate por dentro –comprendió Temari sabiendo a la perfección que todos esperaban que ella se sentara erguida en las tribunas combate tras combate, sin expresión en el rostro, sin mostrar emoción alguna, como si fuese una muñeca de porcelana y nada más.
-Al estilo Sumire, imagino –supuso ella mordazmente, repeliendo todo procedimiento o decisión que pudiese provenir de aquella mujer.
-No sería justo que culparas a Sumire, ella simplemente se apega al reglamento –defendió el concejal aprovechando la oportunidad para manifestar sus propias incertidumbres– además, yo también tengo la amarga sensación que la más bella flor del desierto ha florecido suavemente y en secreto, muy lejos de la Arena.
No sabe cuánta razón tiene –concordó en silencio la rubia de coletas mientras apartaba sus dedos de la planta, renunciando así a su suavidad para observar fijamente a su interlocutor.
-Si ser la flor más bella implica inclinar la cabeza y aceptar lo venga con una sonrisa aunque no esté feliz entonces preferiría ser una flor silvestre –profirió Temari de manera casi desafiante, poniendo en evidencia su disconformidad y cuán lejos iría para repelerla.
-¡¿Una flor silvestre?! –Repitió escandalizado el anciano sin poder sobreponerse a su exaltación, aun cuando siseó– por Kami-sama ¿qué cosas dices? Tu caso no se corresponde al de una simple e insulsa flor silvestre, Temari-hime.
-Aunque así sea estoy lista para ser cortada en cualquier momento –aseguró ella redoblando su firmeza al metaforizar el matrimonio arreglado como el final de la vida que conoce y aprecia. No obstante, lejos estaban sus intenciones de detenerse allí, por lo que no solo puso en tela de juicio el fin práctico de la semana de los mil vientos sino también la motivación de quienes perseguían tal fin al añadir– La pregunta es ¿renunciaría Suna a una flor silvestre si ésta floreció en el borde de un acantilado sin precaución alguna?
-No hay quien se atreva a cortar una flor así, no vale la pena el riesgo –exclamó él apelando al raciocinio sin poder llegar a un acuerdo con su oyente sobre la naturaleza de ésta última– sin importar su belleza solo sigue siendo una flor silvestre, más debo insistir en que ese no es tu caso.
-Precisamente –interrumpió obviando el último argumento del concejal para recalcar– no hay nadie así en Suna, así que dígame ¿por qué habría de haberlo fuera de ésta aldea?
-Sus motivos para pretenderte no deben configurar un dilema para ti, no deberías estar pensando en eso en primer lugar –expuso tajantemente el hombre perdiendo la paciencia al considerar el tema en discusión como indebido e irrelevante para una princesa.
-Es una locura, es un suicidio y el premio a ganar es el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas entre naciones mediante un matrimonio arreglado –increpó sin embargo Temari, haciendo caso omiso al llamado de atención del anciano– ¿cómo espera que no me pregunte sus verdaderas intenciones cuando no conozco a la mayoría de los participantes?
En aquellos momentos, un halcón mensajero ingresó por la pequeña ventana de vidrio que se encontraba entreabierta. Después de planear descendentemente se posó el hombro de la domadora de viento para entregarle el mensaje, mismo que fue leído mientras escuchaba la respuesta de Joseki.
-Eso no significa que ellos no te conozcan a ti –estableció el sujeto, como sus sentimientos como mujer no fueran importantes para la relación en cuestión– eres una figura pública Temari-hime, ya deberías saberlo –protestó recordándole sus obligaciones de sangre.
-Grandioso –soltó con sarcasmo la Sabuko No en respuesta a las palabras del concejal para luego exclamar con más ironía– cuando discuta con mi futuro esposo le recordaré quien es mi hermano menor, de seguro eso me dará la razón –planeó aún irónica mientras se dirigía a la salida del invernadero.
-Aún no termino de hablar contigo, Temari-hime –reprochó el hombre al ver como la Jounin se retiraba impetuosamente.
-Mientras hablamos alguien podría estar siendo asesinado, así que espero pueda disculparme por esta vez –alegó realizando una exagerada reverencia que daba muestra de su desinterés por el tema, los modales y las malditos deberes de princesa.
00000
Para cuando Temari llegó a la sala de conferencias donde había sido convocada por el Kazekage mediante el ave mensajera, la coordinadora de la semana de los mil vientos y la máxima autoridad de la policía civil, así como también su responsable administrativo ya estaban reunidos.
Nadie exclamó una sola palabra sino hasta que la embajadora de Suna tomó asiento en la mesa redonda donde se dispondrían a debatir lo sucedido y el castigo pertinente para aquel que había transgredido las normas de la competencia en la mansión Retto.
-Supongo que ya todos saben lo que sucedió esta tarde –manifestó Gaara introductoriamente observando a los debatientes minuciosamente– los cité aquí para que discutamos las medidas a tomar a partir de este momento.
-No creo que haya mucho que hablar Lord Kazekage –opinó Sumire esbozando una expresión monstruosa que exigía sangre para contentarse y, acto seguido abrió una carpeta que rebosaba de hojas mientras decía– el protocolo es específico sobre el incumplimiento de las normas pertenecientes a la semana de los mil vientos.
-¿Sería tan amable de ilustrarnos a aquellos que las desconocemos? –solicitó respetuosamente Reiko. Ciertamente le desagradaba la anciana pero sus modales venían con el cargo y le sería difícil emitir su apreciación sobre el tema si desconocía los detalles.
-Con gusto –accedió la concejal sintiéndose poderosa y orgullosa al ser consultada sobre las reglas. Inmediatamente se aclaró la garganta, se puso los lentes para leer, tomó el documento entre sus manos y procedió a relatar– Punto doce, inciso ciento cuarenta y siete: Aquellos que ingresan al certamen conocido como la semana de los mil vientos quedan sujetos a la totalidad de sus normas, renunciando así a los derechos propios de la Aldea de origen y acatando las obligaciones impuestas por el presente reglamento.
-No creo que el Tsuchikage tenga pensado intervenir sea cual sea la condena que se le aplique a Mitsubachi Shinzo, dicho esto, me gustaría mantener las relaciones cordiales entre la Roca y la Arena –comentó el menor de los Sabuko No apelando a la mesura a pesar del desastre que se generó en la mansión Retto.
-Gaara-sama, con todo respeto, me parece que el castigo no debe ser minimizado bajo ningún concepto –arguyó Sumire buscando el siguiente artículo relacionado con el tema mientras agraviaba– da lo mismo que sea de Suna, de Iwa o de dónde sea, las reglas están para cumplirse.
-Odio decir esto pero ella tiene razón, no puedes permitir que vengan a hacer lo quieran solo porque estamos en tiempos de paz –juzgó Kankuro creyendo firmemente que la Aldea de la Arena no podía tolerar insubordinaciones, mucho menos por parte de extranjeros– en el momento en que firmaron la solicitud para participar en la semana de los mil vientos se sometieron a nuestras reglas –argumentó con firmeza.
-Lo que me lleva al siguiente punto de relevancia –acotó la anciana siguiendo el hilo del argumento– Punto cuarenta y ocho, inciso tres: En el supuesto caso de que una norma sea incumplida su castigo recaerá en manos del propósito del certamen, sin restricciones y sin excepciones.
-Las reglas ponen su vida en manos de… –comprendió el marionetista en voz alta girando el rostro para ver a su hermana.
-He de admitir que, de entre todos los nombres que me han dado, "propósito del certamen" en sin dudas el peor –profirió la mayor de los Sabuko No cruzándose de brazos para continuar con su apreciación– creativo pero grotesco.
-¿Están seguros que el reglamento se refiere a Temari-sama? –Corroboró la oficial de policía buscando eludir posibles errores– podríamos estar mal interpretando algo.
-La jurisprudencia que nos dejó los casos análogos indican que no hay error alguno, se trata de Temari-hime –esclareció la mujer del concejo de Suna acercándole los expedientes de la anterior semana de los mil vientos para que lo lea por si misma– aunque solo se celebró una vez, hubieron bastantes casos similares.
Reiko no necesitó más que un rápido vistazo para encontrar la correlación en las condenas de aquellos que había roto alguna regla. Misae-sama los había aniquilado a todos. Los condenara a muerte por cualquier pavada, casi como si ese fuese su alivio por la situación en la que estaba metida, su divertida compensación.
Primeramente fue algo natural, decapitó al primer infractor a modo de venganza por anhelar tan desacatadamente su mano en matrimonio, como si ella fuese un objeto trivial. Sin embargo, su muerte solo la hizo ansiar más. La única razón para demorar una ejecución era que el participante aun no hubiese peleado en el campo de entrenamiento número setenta y siete, y he de recalcar que se atrasaban pero no se cancelaban.
Los hombres a su merced, imposibilitados de defenderse, carecían de toda aquella bravura y fuerza que habían mostrado en el risco, viéndolos desmotivados, deprimidos y cabizbajos para Misae-sama resultaba ser una situación hilarante que con el tiempo fue ameritando mejores métodos de exterminio.
Los reportes de los testigos indicaban que se podía apreciar la crudeza de sus ejecuciones, misma que realizaba por mano propia sin restricciones y sin excepción, tal como lo indicaba la letra de la norma. El éxtasis de derramar la sangre a diestra y siniestra se convirtió en una adicción que le costó la cordura.
Estaba más que claro que Sumire esperaba el mismo tipo de castigo de parte de Temari. Era lógico obtenerlo, la rubia de coletas estaba hastiada de todo el asunto y, sinceramente, poco le importaba la existencia de Mitsubachi Shinzo. Dicho esto, cabe señalar que había un detalle que no podría tomar a la ligera, la presencia de Shikamaru dentro de la mansión Retto.
¿Cómo reaccionaría él si la veía tomando la vida de alguien que está en su misma situación? ¿Cómo afectaría eso su convivencia con los demás concursantes? Ella desconocía las respuestas a esos interrogantes pero sabía bien que el castigo a proporcionar debía estar a la altura del impuesto por Misae-sama.
-Entonces no hay nada más que debatir –sentenció el pelirrojo dejando el asunto en manos de su hermana para luego programar sin buscar consenso alguno– mañana anunciaras el castigo que creas pertinente antes de la contienda del día y se ejecutará allí mismo –estableció mirando fijamente a la rubia.
-Entiendo –acató Temari sin contrargumentos ni comentario al respecto.
-Por lo pronto, Mitsubachi Shinzo pasará la noche en la celda donde se encuentra –indicó posteriormente el menor de los Sabuko No.
-Sí, Kazekage-sama –obedeció Reiko, igual de sumisa que la embajadora de Suna.
-Se le permitirá una visita –añadió Gaara después, y tan solo entonces encontró resistencia.
-Lord Kazekage, el hecho de que no esté en la mansión Retto no significa que… –comenzó a discrepar la concejal silenciándose repentinamente cuando el Kazekage manifestó su carencia de paciencia al interrumpirla.
-Es una orden Sumire –estableció el domador de arena con voz firme y potente.
-Sí señor –terminó por ceder la anciana al percatarse de que ya no podía exigir nada más sobre ese tema.
-Kankuro, informa a los familiares y al Tsuchikage sobre lo ocurrido –dispuso finalmente el líder de la Aldea de la Arena.
-Ahora mismo me pongo en marcha –articuló el titiritero poniéndose de pie para cumplir con tal mandato.
-Está de más decir que espero que manejen este asunto con la mayor discreción posible, ya todos saben que hacer –concluyó el Kage del viento dando por finalizada la reunión– se levanta la sesión.
00000
Esa noche Shinzo logró serenarse. Entre los fríos muros de su celda, el imponente silencio propio de las mazmorras subterráneas y encontrándose acorralado por los negros barrotes que no eran más sólidos que él mismo cuando adquiría tales propiedades, la cordura lo alcanzó. Era demasiado tarde para pedir disculpas y, peor aún, no había un motivo para hacerlo. Sinceramente no se arrepentía, ante sus ojos ya no tenía un propósito que alcanzar ni nada para perder.
Por esa razón, no prestó singular atención cuando la puerta que mediaba entre las celdas subterráneas y el pasillo que comunicaba mediante escaleras los pisos superiores se abrió. A paso lento, una silueta femenina caminó hacia inmediaciones del calabozo donde él descansaba y grande fue su sorpresa al percatarse de que se trataba de su hermana.
-Megumi-nee –exclamó el mayor de los Mitsubachi sin atreverse a mirarla a los ojos, dolido y avergonzado por su actuación en el campo de batalla.
-Papá es muy blando para venir a verte sabiendo las condiciones en las que te encuentras –se diferenció a sí misma de su progenitor tácitamente y luego agregó– voy a sacarte de aquí.
Tras esas palabras, la menor recubrió sus brazos con su naturaleza elemental, moldeando sus extremidades de acero hábilmente para darles una forma filosa que fuese capaz de vencer la cerradura del calabozo. Como se habrán percatado los talentos de Megumi exceden ampliamente a los de Shinzo pero eso no significa que éste sea débil sino más bien funciona al revés. Su hermana menor es demasiado poderosa, mucho más que cualquier otro usuario del elemento Acero.
-Espera, no lo hagas –pidió el shinobi de cabello color crema inhibiéndola de continuar al prestar su argumento– si lo haces papá jamás te dará el lugar que mereces ¿no lo ves?
-Shinzo –nombró estoicamente la dama esperando que su hermano se silenciara, cosa que no ocurrió.
-Papá te subestima, no puede ver lo poderosa que eres y ahora que perdí ya no puedo irme de Iwagakure –expuso el shinobi de ojos multicolor con pesadumbres mientras se sometía a la angustia– lamento haberte fallado pero dependiendo de cuál sea mi castigo aun podrías obtener el reconocimiento que mereces.
-¿Puedes cerrar la boca de una vez? Me pones de mal humor –profirió rudamente la dama de cabello ondulado, soltando un hondo suspiro que denotaba cansancio y luego procedió a explicar– sigues mal interpretando todo, papá no me subestima.
-¡Claro que lo hace! –Discutió Shinzo recordando la distancia con la que su padre suele tratarla, misma que le sirvió para fortalecer su primer evidencia– de no ser así ya serías la líder del clan, es aberrante ver como intenta alejarte todo el tiempo.
-Papá no cree que no esté calificada para serlo, ni considera que soy inadecuada por ser mujer, él solo me teme –expuso ella con seguridad, desconcertando a su hermano mayor, quien tuvo problemas para digerir tal afirmación.
-¿Qué dices? –Cuestionó atónito el shinobi abriendo los ojos de par en par y, ante tan inverosímil argumento, inquirió nuevamente– ¿Por qué te temería?
-¿Qué recuerdas sobre el incidente de tu ojo derecho? –repreguntó su hermana dispuesta a contarle algo que había prometido jamás revelar dadas las circunstancias.
-Éramos niños y papá nos estaba enseñando las bases del control del elemento Acero –situó en tiempo y espacio él, volviendo a la tierna edad de siete años, cinco para su hermana– al intentar recubrir mi mano derecha perdí el control y el acero continuó subiendo por mi brazo hasta mi hombro, después a mi cuello y luego me desmayé.
-El acero siguió subiendo hasta tu rostro y por poco entra en tu cerebro –completó ella la información que él carecía al recordar cómo, al tocar su piel, pudo sentir la compasión del acero en el cuerpo de su hermano y lo moldeable que le resultó– así que absorbí el acero que tu chakra continuaban emanando hasta que te agostaste, sin embargo éste llego a deteriorar la melanina de tu ojo pero al menos no hizo estragos más grandes –relató con naturalidad sin sentirse especialmente orgullosa por su talento innato.
-Eso no puede ser, admito que eres un prodigio pero controlar la naturaleza elemental de otra persona y a esa edad, con nula experiencia se me hace inverosímil –manifestó Shinzo sin poder aceptar que semejante poder residiera en una niña tan pequeña.
-Papá tampoco podía creerlo al principio, y se asustó bastante al ver como mi cuerpo no solo toleraba sino que asimilaba sin problemas el metal que casi destrozó el tuyo –continuó Megumi de manera estoica y calmada incluso cuando acotó– aun ahora, todavía me ve como si fuera un monstruo, eso que tú percibes como desestima es miedo puro.
Al ver a su hermano aun dudando, la Mitsubachi tomó con una mano uno de los barrotes de acero que mantenían captivo a Shinzo y absorbió todo el mineral de éste haciéndolo desaparecer al consumirlo por completo. Acto seguido dibujó una línea donde antes había estado el barrote, volviendo a completar la celda en cuestión.
-Tu poder es así de inmenso… excepcional –calificó aun boquiabierto el hombre de ojos multicolor.
-Sí, soy excepcional, tan excepcional que él no supo cómo entrenarme –exclamó Megumi y, contrario a lo que podría creerse, no había indicios de rencor en su voz, estaba narrando su versión de la historia de manera tan objetiva que casi parecían sucesos que le habían acontecido a alguien más y no a ella.
-Por eso siempre estabas entrenando sola –comprendió finalmente él, sintiéndose apenado al entender lo sola que debió haberse sentido.
-Mis habilidades le resultaron atroces pero estaba demasiado agradecido como para acabar conmigo ya que yo había salvado la vida de su preciado primogénito, y esa gratitud le duró un buen tiempo pero mi destreza fue creciendo y con ella su temor –insinuó ella sin prestar especial atención en la lástima que su hermano le profesaba.
-Estas diciendo que él intento...–quiso aclarar más se abstuvo de hacerlo, horrorizado por la mera idea de que su padre se hubiese querido deshacer de su hermana.
-Oh sí, pero sin importar cuanto lo intentó, todos sus tentativas de homicidio resultaron infructuoso aunque he de admitir que cada uno fue más entretenido que el anterior –consintió ella como si hubiese disfrutado de la atención que su progenitor le dedicó cada vez que intentó aniquilarla.
-Megumi-nee –nombró Shinzo espantado por la dura infancia de su hermana, misma que se revelaba frente a sus ojos abruptamente y de manera cruda– ¿cómo puedes disfrutar de algo como eso? –inquirió sin poder entender ese temple pacífico que ella tan naturalmente poseía.
-Esa es la cuota de atención que recibí de papá, estoy agradecida por eso –estableció Megumi casi sorprendida de la tristeza que su hermano experimentaba al escuchar todo aquello– ¿No lo entiendes, Shinzo? Mi alma no está en equilibrio, la oscuridad en mi interior venció hace mucho tiempo atrás –explicó ella demostrando que ya se había superpuesto al pasado y había aceptado su verdadera alma al desprenderse de cualquier duda que resultase una carga para el cuerpo que le había sido adjudicado por la naturaleza, aunque eso fuese en contra de los deseos de su padre– papá nunca me designará como su sucesora porque, a pesar de ser la persona más poderosa dentro de nuestro familia, él no quiere que alguien como yo tome control del clan y quizás tenga razón.
-¿No te interesa nuestra familia? –corroboró el mayor sabiendo que tendría que aceptar sea cual sea la respuesta siendo que los demás miembros, salvo su madre, jamás le prestaron especial atención a su hermanita.
-No, solo tú y mamá –exceptuó ella, remitiéndose con cariño a las únicas personas que la habían querido alguna vez– por eso voy a sacarte de aquí –exclamó con determinación volviendo a ennegrecer sus brazos.
-No voy a irme, Megumi –sentenció Shinzo, lo que resultó una sorpresa para ella ya que esperaba que, después de escuchar toda la verdad, él aceptara acompañarla.
-¿Pero qué idioteces dices? –Cuestionó ella perdiendo la paciencia, temerosa de lo que pudiesen hacerle– no sé a qué te han sentenciado pero podrían incluso asesinarte.
-Lo sé, pero lo considero justo –juzgó él de manera madura para luego prevenir– no voy a iniciar una disputa diplomática, no quiero guerra, ni luchas, ni revolución –acotó con sinceridad buscando preservar el bienestar de su familia y aldea por sobre todo lo demás– además, debo pagar el precio de no haber sido capaz comprenderte –se martirizó logrando encrespar a su hermana.
-No seas dramático –ordenó levantando levemente el tono de su voz para luego preguntar con sarcasmo– ¿realmente quieres desperdiciar tu vida en este inhóspito lugar?
-Si escapamos ahora es más que seguro que nos perseguirán, no solo a nosotros sino a toda nuestra familia –manifestó con aflicción el noble ninja para luego recalcar– puede que a ti no te importen pero a mí sí.
-¡¿Por qué tienes que ser tan testarudo?! –se quejó Megumi sintiendo la ansiedad que conlleva el miedo. Por primera vez en su vida sentía temor, estaba espantada ante la idea de perder a su hermano y se sentía impotente al encontrarse sin argumentos que lo obliguen a protegerse.
-Soy el hijo mayor, supongo que puedo darme ese lujo –manifestó con una pequeña sonrisa de por medio que buscaba distender la tensión que se había apoderado de su hermana, cosa que de más está decir, no logró.
-Si quieres entregar tu vida a Sunagakure por mi está bien –aceptó ella profundamente dolida, mostrándose ofendida al caer en la desesperación, misma que lo llevó a extorsionarlo al comentar– pero te aconsejo vivir para que me veas pelear con Shinkimori Takumi y entiendas cuales fueron los errores que te condujeron a la derrota.
-No quiero que cobres venganza –exclamó con preocupación Shinzo sin saber si sería capaz de ayudarla si se metía en problemas.
-No es por venganza, es por diversión –corrigió Megumi dándole la espalada a su hermano para encaminarse hacia la salida.
-¡Espera, Megumi! –Ordenó consternado el mayor de los Mitsubachi, insistiendo al ver que su hermana no le hacía caso– ¡Megumi!
Sin importar la angustia en la voz de su hermano, ella no se detuvo ni regresó hasta donde él yacía. No podía hacer nada por él más que darle un incentivo y esperar que eso fuese suficiente para reponerse de la depresión que la cruda realidad le generó. Pero más que nada deseaba que, quien sea que tuviese en sus manos la decisión sobre la vida de Shinzo, se apiadara de su alma.
Por otro lado, en la mansión Retto y como todas las noches, Takumi y Shikamaru se reunieron para conversar un rato, acompañados del alivio momentáneo que tabaco otorgaba. Cabe destacar sin embargo, que nada había de usual durante esa velada ya que se había tratado de un día sumamente conflictivo. No habían tenido oportunidad de conversar sobre el altercado que se generó en la casa, mismo que hubiese carecido de importancia para el Shinkimori si el Nara no se hubiese visto afectado.
Así que cuando el azabache llegó al balcón como todas las noches, notó la peculiar expresión de congoja en el rostro de su camarada. Parecía casi irreal que el pequeño ninja de Iwa fuese capaz de exteriorizar una emoción así, mucho más ficticio se volvía si tomamos en cuenta la manera en la que había batallado durante el día. No obstante, el domador de sombras no llegó a decir palabra alguna puesto que, cuando aquellos ojos rosados se posaron en él, el usuario de Bakuton habló.
-¡¿Acaso has perdido la cabeza?! –reprochó duramente Takumi encontrándose aún exaltado por su intervención en el altercado que lo había tomado como protagonista.
-¿Has estado tenso desde ese entonces? –inquirió asombrado Shikamaru mientras se acercaba al sagaz Shinkimori.
-Claro que he estado tenso desde ese momento, maldita sea –exclamó enervado el hombre de cabello violáceo mientras retiraba de su bolsillo una cajita que contenía pocos cigarros y tomando uno le ofreció otro a su interlocutor mientras admitía– fumé al menos seis cigarros en los últimos diez minutos mientras te esperaba –posteriormente le dio la primer pitada al que sería el séptimo cigarro y, tras exhalar el humo, confesó– sinceramente no sabía si podría mirarte a la cara.
-¿Qué se suponía que hiciera? –Preguntó el Nara soltando posteriormente una suposición absurda– ¿Que dejara que te aplastara la cabeza?
-¡Sí, por Kami-sama, exactamente eso debiste hacer! –Increpó el Shinkimori sintiendo el peso de la deuda que ahora había contraído con el azabache– lo hubiese preferido antes de que le des tanta información a Araiguma-san, no es que él sea precisamente un genio, pero mostrar tus habilidades antes de batalla es imprudente –regañó a pesar de ser consiente que Shikamaru lo sabía bien.
-Después de verte luchar hoy estaba seguro que no tenías nada con qué detener a Shinzo-san –argumentó el vago de Konoha dotando de seriedad al tema al exponer– no importa si se trata de un compañero de toda la vida o uno que apenas empiezo a conocer, no puedo quedarme de brazos cruzados si un amigo está en problemas, de eso se trata crecer.
-¿Qué parte de "tienes que ganar la mano de Suna-hime" es la que no entiendes? –Inquirió Takumi perdiendo la paciencia al opinar que su interlocutor se estaba tomando el tema muy a la ligera– mis razones para estar aquí no son nada a comparación de las tuyas por eso pensaba despejarte el camino pero, en lugar de recorrerlo, te tiras de cabeza al primer pozo que ves.
-Lo agradezco –profirió el ninja de la Hoja esbozando una sonrisa amistosa y luego de unos segundos curioseó con calma– ¿Vas a decirme tus motivos para estar aquí?
-Después de lo que hiciste hoy no puedo negarte nada –anunció su predisposición el shinobi de la Roca– sin embargo, creo que tú ya sabes el motivo principal por el cual estoy aquí.
-Estás jugando desde el primer día ¿verdad? –supuso acertadamente el Nara, más su selección de palabras le resultó un tanto tosca al Shinkimori.
-Lo haces sonar como si no me lo tomara en serio –recriminó el de ojos rosados con una sonrisa traviesa en los labios que emanaba complicidad.
-Lo haces parecer tan sencillo que por momento dudé de que estuvieses realizando esfuerzo alguno –recalcó el azabache de una coleta con cierta sorna al tomar como ejemplo la batalla del día.
-Entiendo ese razonamiento pero te aseguro que he sido sensato desde el primer momento –esclareció Takumi refiriéndose a su contienda con el Mitsubachi y, ampliando tal temple, abarcó el resto de la competencia– lo que pretendo generar con cada batalla que observo y en cada batalla que peleo en esta competencia son estrategias y tácticas aplicables a las misiones –reveló para luego anunciar el motivo de tal dedicación– ser responsable de la vida de tres shinobis, a quienes que me enorgullezco de llamar amigos, conlleva tomar ciertos recaudos.
-Lo comprendo bien y entiendo también porque no lo dijiste –concretó Shikamaru, pensando la situación desde el puesto de un capitán de equipo y entendiendo que él también querría que Ino y Chouji estén a salvo si él es el responsable de sus vidas. Más no por eso dejó de cobrarse el pequeño favor proferido al recordarle– pero no creas que te salvaras de esa partida de Go.
-Tienes un buen ojo –reconoció primeramente el Shinkimori al comprender que el Nara había apreciado su estilo de batalla en un nivel demasiado particular, más posteriormente tuvo que señalar– pero eres un tanto ingenuo si crees que me puedes ganar en Go.
-Siempre puedo pedir la revancha en Shogi –se excusó el domador de sombras sabiendo que el usuario del elemento Explosivo no le daría un no por respuesta.
-Eso sería interesante pero creo que sería bueno que descansemos por ahora, fue un día largo –sugirió el usuario de Bakuton sintiendo todo el peso del día sobre sus hombros y, antes de ingresar nuevamente en la mansión, le dirigió una fugaz mirada a su interlocutor y exclamó– por, cierto, gracias por salvarme el pellejo.
-Cuando quieras –respondió con amabilidad el azabache, disponiéndose a emprender el camino hacia su alcoba.
Esa noche Shikamaru durmió demasiado bien. El descanso relegado había llegado a modo de obsequio o premonición, según lo prefieran. Las probabilidades de que debiese luchar al día siguiente eran de cincuenta por ciento, más el estratega estaba seguro de que había llegado su turno basándose en el orden de los enfrentamientos predecesores.
Ya había visto luchar al espadachín de Kumogakure y al del País del Hierro, pertenecientes ambos al grupo A, y también había visto pelear a los shinobis de Iwagakure, clasificados estos en el grupo B. Por lo que era más que era más que tentador deducir que los combates venideros se suscitarían en el mismo orden, es decir, primero los participantes restantes del grupo A y luego los del grupo B.
La mañana siguiente Shikamaru desayunó ligero mientras observaba una pintura que colgaba de una de las paredes. Distraídamente y, sin prestarle demasiada atención a la obra de arte en sí misma, su mente comenzó a divagar conduciéndolo a un paisaje nocturno aún más hermoso que el que el cuadro mostraba.
La primera vez que probó los labios de Temari, el cielo resplandecía por la intensidad del brillo de las estrellas. Más ninguna de ellas era más luminosa que los hermosos ojos verdes de la Sabuko No. Y tanto su femenino rostro ruborizado como aquel hermoso cielo de verano habían hecho mella en su corazón. Cada pequeño detalle permanecía intacto en su memoria, desde lo nervioso que se sintió hasta el sabor a té verde en los labios de la domadora de viento. Embelesado con semejante recuerdo, le costó un poco volver a la realidad.
Más el romanticismo debió posponerse al ver como sus deducciones, trabajadas la noche anterior, comenzaron a cobrar sentido. Con eso en mente, fue difícil para él sorprenderse al ver su propio nombre y el de su adversario en la pantalla del comedor durante el desayuno. No podría afirmar que estaba tranquilo porque ciertamente no sabía que esperar de su oponente a diferencia de éste, quien poseía una buena idea de la base de todos sus jutsus. Dicho esto, cabe destacar que el despliegue intelectual llevado al campo de batalla que había presenciado el día anterior lo había inspirado.
Los estrategas no luchan. Una frase muy común y recurrente entre los grandes mandos de cualquier aldea shinobi. No obstante, Takumi había demostrado que tal afirmación es una falacia y Shikamaru sentía la necesidad de reafirmar su falsedad.
Temari, por otro lado, estaba notablemente más tensa. Como si el tercer día de la semana de los mil vientos no fuese de por sí lo suficientemente conflictivo y estresante para ella al tener que decidir sobre la vida o muerte un concursante que desconocía, la suerte indicó que al Nara le había llegado el momento de pelear.
Con tantas tareas pendientes, no es un misterio la razón por la cual la Sabuko No salió temprano de su casa. Le hubiese encantado dirigirse directamente a la arena de combate para eludir las miradas de aquellos que comprendían lo que significa la batalla de ese día para ella, no obstante no le fue concedido tal privilegio puesto que aun tenia asuntos indelegables que resolver en su despacho.
Ni siquiera podía compartir su ansiedad con Ino o Chouji sabiendo que deberían estar en una situación similar a la suya, ya que llegar al campo de batalla juntos despertaría sospechas en los demás espectadores y no sería bien visto por los Kages.
Afortunadamente, pudo deshacerse del papeleo antes de lo pensado por lo que no tardó en encausarse fuera del palacio del Kazekage con rumbo al risco donde se llevaban a cabo las luchas. Sin embargo, una voz demasiado familiar para su gusto la abstuvo de proseguir con su intensión por lo que no pudo pasar el hall de entrada.
-¿Ya te vas a la arena de combate Temari-hime? –preguntó Sumire con sorna. En ese momento, la anciana era acompañada por dos Anbus, quienes parecían haber sido convocados con el propósito de encontrar a la Sabuko No. A Temari no le gustaba nada el escenario que emergía frente a ella, pero jamás imaginó que la anciana fuera a sacarla de sus cacillas como lo hizo esa mañana.
-Sí, la batalla no tardará en comenzar –se desentendió la Jounin mirando despectivamente a su interlocutora con el afán de seguir su camino.
-Me alegra ver que quieres llegar temprano, es la primera vez desde que la semana de los mil vientos dio inicio –acotó insinuante la concejal dirigiéndole una mirada soberbia.
-¿Se le ofrece algo, Sumire-dono? –Preguntó abiertamente la rubia de coletas sin deseos de perder el tiempo con la vil mujer.
-Sí, de hecho así es –confesó la anticuada sexagenaria observando el arma de la domadora de viento por encima del hombro de aquella y, luego de enderezar su postura, exclamó con rigurosidad– por este día me gustaría que prescindieras de tu abanico.
-¡¿Cómo dice?! –Exigió saber la dama de ojos verdes sin poder comprender el motivo por el cual debería desprenderse de su más preciada arma.
-No tengo interés en disgustar a los Kages por lo que aspiro a mantener un aura de equidad y espero que tú hagas lo mismo –se explicó Sumire con rectitud y seriedad, y teniendo en cuenta a los concursantes del día, opinó desdeñosamente– sin embargo, creo que eso te será difícil esta vez.
-Me está pidiendo que me deshaga de mi brazo derecho –le comunico la embajadora recelosa ante la idea de ceder semejante cosa. Jamás antes la habían desarmado, mucho menos en su propia aldea por lo que su irritación era comprensible.
-Solo será durante el tiempo que dure esta batalla –mitigó la anciana buscando convencerla y, sin dejar de lado sus peyorativas alusiones, agregó– no me gustaría verte tentada de intervenir.
Inmediatamente después, y aún sin la autorización de la dueña del abanico en cuestión, la concejal realizó un gesto con su manos derecha indicándole proceder así a uno de los Anbus. Sin vacilar y cumpliendo con su deber, la enmascarado kunoichi intentó tomar el abanico de Temari.
Con la misma soltura pero nulo tacto o cortesía, la rubia le propicio un fuerte golpe en el estómago a la kunoichi en servicio y luego, sin permitirle recuperar el aliento que le había sido violentamente robado, la aprisionó desde el cuello y la azotó contra el muro más cercano.
-No te atrevas a poner tus manos sobre mi abanico –ordenó en un susurro ahogado por furia que difícilmente podía contener su indignación. Esto sumado a su mirada penetrante y salvaje logró intimidar a la Anbu.
-Te-mari-sama…–masculló completamente aterrada la dama detrás de la máscara sin haber recuperado de todo el aliento.
-¡Temari-hime! –Regañó Sumire, sorprendida ante tal reprobatoria reacción y, con más calma pero aun molesta por el arrebato, ordenó– Suéltala.
Temari rechistó pero obedeció. La kunoichi no tenía la culpa y ella lo sabía, pero la sola idea de que alguien tomara su abanico como si le perteneciese y dispusiese de él adiestras y siniestras era suficiente para enervarla e incitarla a defenderse como si se tratara de una ofensa a su propia persona.
-Yo misma lo dejaré en el depósito –manifestó la domadora de viento, accediendo de mala gana y, sin detenerse a escuchar otra palabra, se encaminó al lugar mencionado.
-Acompáñenla por favor –dictaminó la concejal para asegurarse de que el arma fuese realmente confiscada y no se tratase solo de una artimaña.
-¡Hai, Sumire-sama! –acataron ambos Anbus y procedieron a seguir de cerca los pasos de la hermana del Kazekage sin atreverse a caminar a su lado.
-Y Temari-hime… –llamó Sumire antes de que la silueta de los ninjas se alejara más de lo conveniente, induciendo a la aludida a voltearse y entonces exclamó– no tardes, no olvides que el castigo a Mitsubachi Shinzo ha de ser dictaminado antes de que comience el combate del día.
Con mucho cuidado, la embajadora de Suna depositó su preciado abanico sobre una mesa dentro del oscuro almacén.
-Lo siento, deberás descansar aquí pero pronto volveré por ti –le prometió la dama de ojos verdosos a su inerte arma, dirigiéndole una cariñosa mirada.
-Temari-sama –llamó la Anbu que había intentado sustraerle tan preciado tesoro de las manos, y continuó hablando cuando recibió un mirada curiosa por parte de la mencionada– lamento mucho haber intentado tocar su abanico, mi esposo también utiliza Tessenjutsu por lo que entiendo la gravedad de lo que intenté hacer.
-Ordenes son ordenes, nos gusten o no –profirió la Sabuko No aceptando la sincera disculpa de la kunoichi y a cambio emitió una actitud similar– yo lamento haberte tratado con rudeza, fue más un reflejo que una actitud premeditada.
-Lo entiendo –pronunció su interlocutora realizando una cordial reverencia mientras su compañero aseguraba la puerta del depósito con llave.
-Nuestras ordenes son custodiar el almacén durante el tiempo que dure el combate –explicó el shinobi que resguardaba las llaves del mismo– una vez que la batalla concluya estaremos en condiciones de regresárselo.
-De ser ese el caso, volveré después –sentenció la hermana del Kazekage sintiéndose incómodamente ligera al carecer de su pesado abanico. Finalmente, aunque incompleta, podría perfilarse hacia el campo de entrenamiento número setenta y siete para alentar a Shikamaru con su mejor y más inexpresivo rostro.
Al llegar al lugar de la batalla, los espectadores se encontraron con un panorama extraño a comparación del que venía repitiéndose desde el primer día. Con un micrófono en mano Sumire estaba situada en el epicentro de la arena de combate, Shimo, el árbitro regular, se ubicaba a su derecha y, un poco más atrás de ellos, sus colaboradoras, Maki y Naga. Los participante de la semana de los mil vientos, observaron este detalle desde las gradas que les habían sido asignadas en absoluto silencio, todos ellos a excepción del Mitsubachi claro está.
En lo que refiere al resto del público, los murmullos cargados de suposiciones no se hicieron esperar. Pocos, a excepción de la familia del agresor y los amigos del damnificado conocían los sucesos que habían acontecido en la mansión Retto después del enfrentamiento de la tarde anterior. Por lo que era normal que la incertidumbre acrecentara las voces de los curiosos, más aun cuando la hermana del Kazekage abandonó su cómodo asiento junto a su hermano para unirse al grupo que aguardaba por ella en medio del coliseo.
Tanto Ino como Chouji, junto a Yakumo y Yukata contaron con el privilegio de observar toda la situación desde las gradas asignadas a los participantes del día, mismas que contaban con una mejor vista del campo de batalla. En la misma sección pero levemente más alejado de éste grupo se hallaban los padres del adversario de Shikamaru, bastaba solo con verlos para establecer el parecido entre ellos y Araiguma.
Cuando Temari se encontró a la izquierda de la anciana y de frente al público, la sexagenaria golpeó el micrófono con los dedos para que el retumbe captara la atención y trajera el silencio de los presentes.
-Buenos días –saludó con expresión más bien de enfado en el rostro, y luego procedió a presentarse– para aquellos que no me conocen, mi nombre es Sumire y soy la coordinadora de la semana de los mil vientos –una vez que dio las formalidades por terminadas se dirigió al tema central, explicando el motivo por el cual había semejante conglomeración en el lugar combate– ayer un lamentable suceso tuvo lugar en la mansión Retto más sería injusto de mi parte decir que no cuenta con antecedentes.
-¿Qué pasó en la casa? –cuestionó Ino a Yakumo y Yukata, esperando que alguna de ellas tuviese algún dato al respecto.
-No tengo ningún detalle pero sé que fue después de la batalla de Mitsubachi-san y Shinkimori-san y parecía ser grave –acotó la Kurama, silenciándose después al ver que Sumire proseguía con su monologo mientras Shinzo era escoltado por dos oficiales de policía hasta el lugar donde se estaba llevando a cabo el discurso que anticipaba su sentencia.
-Una grave violación a la reglas de la mansión Retto ha sido perpetuada, y faltarle el respeto a las normas es lo mismo que faltarle el respeto a la mismísima Temari-sama –agravió Sumire elevando paulatinamente el tono de su voz, como si estuviese ejecutando un regaño colectivo– es por eso que, según lo dicta el reglamento concerniente a la semana de los mil vientos, será ella quien decida y propicie el castigo –tras estas palabras, la anciana cedió el micrófono a la rubia.
El hombre esposado fue obligado a arrodillarse frente a la embajadora de Suna, y sin resistencia ni temor alguno agachó la cabeza como si se estuviese entregando a su suerte.
-Mitsubachi Shinzo –nombró la Sabuko No de manera serena y pausada mientras posaba sus ojos en los del shinobi de cabello color crema– deliberadamente has atacado a otro huésped de la mansión Retto sabiendo perfectamente que tal conducta estaba prohibida, por esa razón, tu vida ha sido puesta en mis manos y ahora mismo dispondré de ella, ¿quieres decir algo antes de que eso ocurra? –inquirió adquiriendo un temple por demás serio, casi calamitoso.
-Sé que no soy digno de su perdón por lo que no lo solicitaré pero quiero que sepa que lamento lo que hice, Temari-sama –exclamó el Mitsubachi tranquila y sinceramente. No buscaba ni esperaba piedad en la hermana del Kazekage ya que, ante sus ojos, morir en manos de una desconocida era su karma por haber sigo tan ciego respecto a los lazos de definen su hogar.
Él no tenía que estar allí, nunca nadie le había pedido participar e incluso se le había ordenado lo contrario. Fue su testarudez la que lo arrastró a aquella situación límite y su inocencia la que no le permitió ver que sus ojos le mostraban un panorama ficticio.
Su hermana lo había regañado cuando escuchó que se había inscripto, su padre intentó convencerlo de retirarse antes de que la solicitud partiera de Iwagakure, más firme en su postura permaneció. Incluso logró conseguir de su progenitor la promesa de que le cedería a Megumi el liderazgo del clan si ganaba el certamen y se casaba con el premio, premio que ahora estaba por aniquilarlo. El destino era irónico se mirase por donde se mirase.
Si algún motivo tenía para anhelar la vida, ese se adjudicaba directamente al deseo de impedir que su hermana se enfrente a quien había sido su rival durante la semana de los mil vientos.
-Por tus crímenes contra el certamen y por medio de este acto, te despojo de tu nombre y nacionalidad –resolvió la dama de ojos verdosos mientras Sumire comenzaba a escandalizarse palabra a palabra y el receptor de la condena abría los ojos de par en par– ya no eres un miembro del clan Mitsubachi ni un ciudadano de la Aldea de la Roca, a partir de este momento eres simplemente Shinzo y prestaras tus servicios a la Aldea de la Arena como Jounin bajo las ordenes de Lord Kazekage.
-¡Temari-hime! –llamó espantada la coordinadora sin poder pensar en un justificante apropiado para la sentencia que estaba escuchando, misma que le parecía demasiado benigna– este hombre ha insultado su nombre ¡¿y aun así piensa dejarlo vivir?!
-Supongo que podría sentenciarlo a muerte y asesinarlo pero, lamentablemente, en este momento no cuento con mi abanico –se excusó fingiendo inocencia, demostrando así mismo desinterés en el tema para luego alegar– no me sentiría satisfecha sino fuese yo misma quien llevase a cabo la ejecución, además, tal y como dice la norma que usted evocó durante la reunión de ayer, estoy determinando su castigo sin restricciones ¿tiene algún problema con eso? –desafió aun de manera cordial enervando a su interlocutora quien tuvo que mantener la cordura a la fuerza.
-No Temari-hime, si es lo que desea que así sea –tuvo que aceptar la anciana a regañadientes.
-Quítenle las esposas –ordenó seguidamente la rubia ignorando el pequeño berrinche de Sumire, mismo que disfruto en silencio y, aun con una expresión solemne en el rostro, determinó– Shinzo, ahora harás entrega de tu placa ninja y cuando la semana de los mil vientos termine se te otorgara una con el símbolo de Sunagakure –decretó y el extraditado ninja obedeció cediendo, junto a su vínculos de sangre y ciudadanía, aquel trozo de tela roja de donde colgaba el símbolo de su aldea.
En el momento en que depositó tal objeto en las manos de Temari no pudo evitar susurrar– gracias Temari-hime –ella se limitó a asentir con la cabeza, como aceptando su gratitud.
Megumi bien podría haber llorado de felicidad de no ser porque ese no era para nada su estilo. Estaba dolida ante el destierro de su hermano, pero estaba doblemente dichosa al saber que al menos viviría. Su padre por otro lado, estaba aliviado al comprender que la cabeza de su hijo no rodaría cuesta abajo ese día pero le preocupaba un poco el clan ya que, al perder a su primogénito, solo tenía a su monstruosa hija para sucederlo. El futuro del clan Mitsubachi y quien lo conduciría cuando él se retirara le costaría al reconocido hombre varias noches en vela.
-Vaya que es astuta –acotó Takumi con una sonrisa traviesa en los labios al comprender cómo, mediante la diplomacia y manipulación normativa, la hermana del Kazekage había logrado burlar los hechos y las reglas para alivianar un poco la presión de los concursantes dentro de la mansión. Obviamente lo había hecho por Shikamaru, pero al Shinkimori le generó cierta simpatía tal actitud.
-No te das una idea –contestó el Nara por lo bajo para luego asegurar con orgullo– pelar contra ella, dentro y fuera del campo de batalla es un dolor de cabeza.
Sin retirar sus ojos del nuevo ninja de Suna, Temari creyó que lo mejor sería imprimir cierta rudeza al trato que le profería para contentar aquellos que esperaban ver sangre aquel día.
-Ahora serás reincorporado a la mansión y como tu superior durante este certamen te prohíbo volver a generar disputas allí dentro –advirtió la rubia de coletas para marcar severidad, como si hubiese dictaminado un castigo peor que la muerte.
Los oficiales de policía escoltaron al transgresor hasta las gradas de los participantes y allí permaneció en silencio el insurrecto shinobi, con una pequeña sonrisa de agradecimiento y una sensación cálida en el corazón al saber que aún podría detener los descabellados planes de su hermana.
-Debe ser un duro golpe para ti Onoki –opinó con empatía el Raikage desde el palco de los líderes de aldeas al ver como Iwagakure perdía a un excelso shinobi.
-Ciertamente, y aunque Shinzo-san sabía en lo que se metía al inscribirse en la semana de los mil vientos, es su padre quien se lleva la herida más grande –soltó con nostalgia el Tsuchikage al observar de reojo al devastado líder del clan Mitsubachi, quien acababa de perder a su primogénito.
-Al menos vivirá para ver la luz de un nuevo día, una muerte en manos de Temari no es agradable –enfatizó el Kazekage, señalando que su apodo de la kunoichi más cruel del mundo estaba bien fundado.
Tanto Naga como Maki se ubicaron una a cada lado del campo de batalla mientras Sumire y Temari volvían en silencio a las gradas. Shimo, por su lado, aguardó un momento en donde se encontraba para que las damas terminaran de posicionarse y acto seguido realizó la pertinente presentación.
-Ahora que la arena de combate se ha despejado demos inicio a la tercera batalla de esta semana –informó el árbitro procediendo a convocarlos como de costumbre sin estar dispuesto a perder un segundo más– los concursantes de hoy serán, del clan Hakuhei, Araiguma-san y el clan Nara, Shikamaru-san preséntense ambos en el terreno de combate.
Ambos shinobis abandonaron las gradas para pasar de ser meros espectadores a convertirse el centro de atención. La Yamanaka estaba tan nerviosa que, en lugar de animarlo abiertamente y a los gritos como habría hecho en cualquier otra oportunidad, se limitó juntar sus manos a la altura del pecho, como si estuviese elevando una plegaria al cielo y susurró seguidamente– vamos Shikamaru, tu puedes hacerlo.
El Akimichi escuchó perfectamente la voz entrecortada y atemorizada de su amiga, por lo que no dudó en intervenir– tranquila Ino, él lo hará a la perfección ya que sabe que Temari lo está mirando.
-Tienes razón, Chouji –sentenció Yukata poniéndose de pie para alentar con fuerza– ¡vamos Shikamaru, demuestra lo que tienes!
-¡Da lo mejor de ti, Shikamaru! –se sumó Yakumo enérgicamente.
-Yukata, Yakumo –nombró anonadada la rubia de Konoha.
-Temari-sama no tiene voz durante los combates así que nos corresponde a nosotras animarlo –se explicó la pelinegra con una amplia y desafiante sonrisa en los labios, aniquilando con tal argumento las dudas de la kunoichi de Konoha y motivándola para unírseles.
-Es cierto –exclamó al comprender que de nada servía preocuparse en un momento así, por lo que respiró profundamente antes de soltar un potente grito– ¡No te atrevas a perder, Shikamaru!
En el epicentro de lucha, el Hakuhei se veía por demás confiado. Había pasado la noche meditando sobre las técnicas de Shikamaru en base a lo que había visto durante el incidente de Shinzo y creía tener una buena idea de cómo podría evitar ser derrotado.
Por otro lado, el Nara se veía aburrido y tan solo se mostró apenado cuando a sus oídos llegó las voces de las damas, incitándolo a rascarse la nuca con pudor. No obstante y a pesar de todo eso, no había intentado siquiera disipar ese temple de vago desganado aunque, contrariamente, se encontraba sumamente concentrado.
-Básicamente, solo debo evitar que me toques con tu sombra ¿verdad? –soltó casi bravuconamente el shinobi de cabello morado.
-Algo así –acotó misteriosamente el pelinegro de una coleta soltando un profundo bostezo.
-¡Comiencen! –ordenó Shimo dando inicio a la contienda.
Shikamaru tenía el presentimiento de que las habilidades de su oponente se basaban en ninjutsu secreto. Para sostener tal teoría, se afianzó en el hecho de que el primer combate tuvo por protagonistas dos espadachines, mientras que en el segundo se encontraron dos guerreros con Gekkei Kenkais.
Sabiendo que su contrincante no tardaría mucho en mostrarle sus habilidades por sus propios medios, comenzó a dibujar la primera de las tres estrategias que tenía en mente. Así que retirando un simple kunai de su bolsillo lo aventó hacia el Hakuhei, quien lo esquivo sin problemas.
-¿Acaso has perdido la cordura? –siseó el Jounin de Iwagakure un tanto asombrado por la simpleza del ataque.
-Uno nunca sabe lo que podría resultar efectivo hasta que lo intenta –exclamó con soltura el shinobi de Konoha crispando los nervios de su oyente al percatarse de que estaba siendo tomado a la ligera.
Araiguma decidió entonces que ni siquiera le permitiría ejecutar un sello manual. Lo despojaría de sus sombras antes de que éstas nacieran. Con el propósito de alcanzar tal meta, realizó varios sellos manuales y exclamó a continuación– Sosa Juryo no Jutsu.
Tras invocar su jutsu, el enemigo del estratega desapareció ante sus ojos y reapareció a su lado en un santiamén. Para cuando el domador de sombras quiso voltear el rostro a la derecha y hacer contacto visual con su rival, el miembro del clan Hakuhei ya le había encestado un colosal golpe de puño en la mejilla, mismo que lo expulsó varios metros hacia la izquierda.
Una nube de polvo se generó por la fricción del cuerpo del ninja de Konoha contra el suelo. El sorpresivo puñetazo había sido demasiado potente en relación a masa muscular de un shinobi de porte medio como era el caso de Araiguma.
Sumamente adolorido el Nara movió con esfuerzo su cabeza para divisar al ninja de Iwagakure mientras intentaba procesar lo ocurrido.
-Shikamaru –murmuró ahogadamente Temari mientras apretaba la mano que descansaba en su regazo con fuerza, misma que fue tomada por su hermano sin que éste apartara la vista de la contienda.
-Tranquila, aún está en pie –acotó por lo bajo el marionetista depositando su fe en el domador de sombras.
No había existido en ningún momento una fluctuación en el chakra del ninja de la Roca por lo que Shikamaru se vio forzado a comprender que no se había tratado de un jutsu espacio temporal sino de velocidad pura. Más tal destreza solo la había visto en Maito Gai y Rock Lee mediante sacrificados entrenamientos de Taijutsu. Sin embargo, el estratega sabía que ese no era el caso puesto que los sellos manuales realizados por el Hakuhei habían delatado el empleo de chakra, por ende, debía tratarse de un ninjutsu.
Sacudiendo la cabeza levemente y acariciándose con delicadeza su maltratada mejilla, el ninja táctico se puso de pie. Velocidad extrema y fuerza colosal en un solo jutsu solo podían derivar en una explicación, Araiguma había adquirido la capacidad de modificar su peso corporal a voluntad.
Sin embargo, el hecho de que haya tenido que ubicarse a su lado en lugar de optar por el enfrentamiento abierto y lineal indicaba que el shinobi de cabello morado no poseía ambas habilidades simultáneamente. De seguro existía un breve lapso de segundos entre la atenuación de su masa corporal y su incrementación. Si todo lo razonado era cierto, era lógico presumir que sus ataques eran más lentos que sus desplazamientos.
Todo esto surcó la mente del vago de la Hoja al momento de reincorporarse con esfuerzo, cuidando de no perder de vista a su adversario. Más su oponente no pareció interesado en ejecutar un segundo ataque aprovechando el daño infringido con anterioridad ya que le permitió ponerse de pie sin moverse en lo absoluto. Solo cuando constató que el Nara aun podía pelear, emanó algunas palabras.
-Solo estoy calentando, el siguiente golpe será en serio –anunció el ninja del País de la Tierra, desplegando un pergamino de invocación mediante el cual empuño de un hacha de gran porte y peso.
-Que problemático –soltó el estratega con pesadumbres, tomando conciencia de que debería atrapar a su oponente sin dejar que éste lo tocara. Retiró otro kunai de su portashurikens e igual que lo hizo con anterioridad lo arrojó hacia su rival quien lo esquivó sin problemas.
Al clavarse el arma de Shikamaru en la tierra, Araiguma notó un trozo de papel ondeando desde el mango de éste, inmediatamente después reconoció que tal objeto no era otra cosa sino un papel bomba por lo que se alejó rápidamente del lugar. Sin embargo, el Nara no hizo explotar el sello explosivo, por lo que el Hakuhei asumió que se trataba de un sello falso.
Ágilmente, el ninja de cabello morado volvió su vista sobre su rival para percatarse de que el kunai con el sello explosivo se había tratado de una distracción y que el verdadero propósito del azabache era estirar su sombra, como lo estaba haciendo, para capturar la de él. Le costó esfuerzo esquivar el Kagemane de Shikamaru, y no por carecer de destreza sino de reflejos.
Revestido por la ira natural que se genera en cualquier persona al sentir que se están burlando de él, el ninja de Iwa decidió que dejaría su característica amabilidad de lado. Ya no habría recesos para el Nara ni oportunidades de levantarse si se encontraba mal herido, las concesiones habían llegado a su fin.
Araiguma sostuvo firmemente su hacha entre sus manos y se abalanzó sobre Shikamaru, dándole la pauta a este, que su ninjutsu no actuaba solo sobre su cuerpo sino también sobre sus armas. La respuesta del azabache no se hizo esperar, así que de inmediato se dispuso a formar los dos sellos manuales que necesitaba lo más rápido que posible.
Se trataba de una carrera en la que competía la velocidad del Hakuhei en relación a la distancia que los separaba contra la rapidez de los dedos de Shikamaru. El hacha de concursante de la Roca de detuvo a mili centímetros del cuello del participante de la Hoja, de haber apuntado a la cabeza de seguro lo hubiese asesinado.
-Kage Nui no Jutsu –exclamó el Nara habiendo sido capa de inmovilizar los brazos de su rival al atravesarlos con su afilada y puntiaguda sombra. El Hakuhei apretó los dientes no por el punzante dolor en sus antebrazos sino por la mirada perezosa en el rostro de su captor, quien además se dio el lujo de exclamar– si no hubieses esperado tanto tiempo para cambiar el peso de tu arma yo no hubiese tenido oportunidad alguna.
-¡¿Cómo es que lo supiste?! –cuestionó anonadado el Jounin de cabello morado sin poder divisar con claridad el momento en que su adversario comprendió su técnica.
-Después ver lo rápido que eres y lo fuerte que golpeas no fue muy difícil de deducir –respondió el azabache de una coleta buscando aprisionar a su rival mediante su Kagemane, aprovechando que había logrado inmovilizarlo parcialmente– si te rindes ahora te arrojaré gentilmente por el precipicio –negoció creyendo que ya no había necesidad de continuar con la contienda.
No obstante, poco sabía el domador de sombras que su adversario aún no estaba listo para rendirse y, aun siendo dueño de los movimientos de su cuerpo, incrementó exageradamente el peso de su arma y manos, venciendo a la fuerza el jutsu de Shikamaru sin que pudiese completar la posesión de sombras. Peor aún, el domador de sombras se vio obligado a alejarse de la línea de ataque antes de que el hacha de su oponente lo despojara de su cabeza.
-No puedo rendirme, no cuando ella está mirando –aseguró Araiguma con calma, refiriéndose a Kurotsuchi y luego equiparó situaciones al manifestar– estoy seguro que lo entiendes perfectamente.
Shikamaru desvió momentáneamente la vista para observar a la embajadora de la Arena. Había un vínculo que no podía darse el lujo de perder y, aunque las circunstancias no eran las mimas, él entendía la razón por la cual su oponente no podía renunciar a su ambición de su corazón.
-Sí, fue estúpido de mi parte hacer semejante propuesta –reflexionó el estratega a modo de disculpas e, inmediatamente después, reanudaron el duelo sin más intermedios.
Con cuidado de no caer preso de sus sombras, el Hakuhei se fue acercando zigzagueantemente a su presa. La danzante extensión de la sombra de Shikamaru no era rival para la velocidad de Araiguma y el estratega lo sabía bien, más también sabía que el shinobi tenía una preferencia por el ataque a corta distancia. Con ese detalle en mente, el Nara le permitió acercarse, esperando hasta el último instante mientras revisaba sus cálculos ya que un ligero error o la falta de prudencia de seguro le costaría la cabeza.
Cuando consideró que la distancia entre ellos ya era demasiado poca realizó el sello manual de Rata para gestar el jutsu de su padre, araña negra Lily. La sombra de sus pies se extendió como si fuese un rayo de luz, bifurcándose en interminables sombras en el área de las extremidades pero permaneciendo casi como una sola en el epicentro.
Fue imposible para el Hakuhei esquivar el conglomerado de sombras y prestar atención a su rival al mismo tiempo. El ninja táctico acudió al confortamiento aprovechando el descuido de su rival y de un sutil pero preciso golpe en la muñeca de su adversario, logró despojarlo de su hacha gracias a la carencia de peso y resistencia tanto en el arma como en el usuario en cuestión. Un arma que se caracteriza por ser pesada pierde su propósito si se manipulan sus características.
A tan corta distancia y aturdido al haber sido despojado de su hacha, misma que cayó al suelo estrepitosamente al recuperar el total de su peso, clavándose en la tierra. Lo siguiente fue inevitable, ya ni siquiera su velocidad le permitiría escapar a la sombra de Shikamaru, misma que no tardó en fusionarse con la de él.
-Kuro Higanbana no Jutsu –enunció el Nara al completar la técnica de Shikaku que, con el tiempo, había tomado como propia. El control del cuerpo de Araiguma le pertenencia ahora por lo que, a diferencia de lo ocurrido con su Kage Nui no Jutsu, esta vez su contrincante no podría escapar al ser incapaz de modificar su peso corporal.
El shinobi de Konoha eliminó todas las sombras y para utilizar solo aquella que lo vinculaba con su presa, recurriendo a su Kagemane. Posteriormente se dio media vuelta y caminó a una punta del risco donde había yacía incrustado en la tierra su primer kunai, obligando así al ninja de Iwa a caminar hacia el extremo opuesto donde aguardaba el segundo kunai amarrado al papel bomba que el Hakuhei había juzgado como falso.
La explosión de un papel bomba debería ser lo suficientemente eficiente como para acabar con cualquier shinobi. Sin embargo, este no era el caso ya que no se trataba de un rival cualquiera. Shikamaru muy presente ese detalle, pero también tenía presente la manera de pensar del Jounin de la Roca. Por ese motivo, hizo estallar el sello explosivo de todas maneras.
Araiguma primeramente se sorprendió al ver que se trataba de un papel bomba real pero, ni bien fue liberado de sus ataduras, rápidamente aligeró por completo el peso de su cuerpo y, burlando a la gravedad, fue lanzado por los aires debido a la expansión de aire caliente que antecede y recubre a las explosiones.
Milagrosamente había salido ileso y habría estado en condiciones de seguir luchando de no ser porque la correntada de aire, propia de Suna, lo arrastró fuera del área de combate. Impotente e incapaz de volver a su peso normal sabiendo que tal acción solo lo haría caer al vacío, maldijo el intelecto del Nara.
Su rival no solo lo había despojado de su arma sino también de opciones viables. Se encontraba a merced de los vientos del desierto como si de la más insignificante pluma se tratase sin posibilidades de seguir luchando, ya que trasladarse fuera del risco equivalía a haber caído de él.
La tela de Maki recubrió su cuerpo y lo situó nuevamente en el campo de batalla más ya no había mucho que hacer allí.
Shikamaru había vencido al comprender rápidamente las habilidades del adversario y obligarlo a usar sus propias técnicas según su plan. Sin embargo, cabe destacar que, si había sido capaz de colocarlo en tal situación, era gracias a que Araiguma no supo comprender el alcance y las variantes de su Kagemane.
Desde el principio, lo que el Hakuhei creyó era una ventaja que lo colocaba automáticamente a la delantera, configuró una gran inconveniente para él. El derrotado ninja pensó y se confió al haber visto la manipulación de sombras del ninja de Konoha el día anterior, más nunca fue capaz de comprender la utilidad que un estratega le puede dar a una técnica tan flexible.
-El ganador del tercer encuentro, Nara Shikamaru –anunció Shimo mientras el equipo médico ingresaba en la arena de batalla.
El estratega de la Hoja se inclinó respetuosamente frente a los Kages y, al reincorporarse, se percató de que Araiguma esperaba por él para dirigirle algunas palabras antes de que los doctores los escoltaran fuera del coliseo.
Sin ser capaz de leer la expresión en el rostro del rival que acababa de vencer, la precaución se hizo tan presente como la curiosidad en el Nara. Más se relajó al ver que el ninja de Iwagakure le extendió la mano, ofreciéndole un apretón.
-A pesar de que me negué me expulsaste del risco sin dañarme seriamente –exclamó el Hakuhei cuando Shikamaru correspondió su gesto, consolidando aquel apretón de manos, y sin rencor alguno ni doble intensiones agregó simpáticamente– aprecio eso, Shikamaru-san.
Ino, Yukata y Yakumo padecerían afonía durante los siguientes días ya que habían entregado sus pulmones con cada grito de aliento, más el resultado no podría ser más grato.
Reviews
Tem querida: jajaj estuvo dificil, la fisica mecanica no es mi area de experiencia pero despues de dos o tres graficos me di cuenta de que si era posible hacer ciretas partes de la pelea. Es verdad que Masago casi la palma xD que agradezca que Rushi es un mejor hombre.
Nope, a takumi le tocaba luchar contra el de iwa que tiene un ojo verde y el otro celeste y a kirimaru con el otro kumo que trata a temari como una cosa para tener hijos. Y ya deja de baboserte por kirimaru por dios! .
Cuando pelee shikamaru todos sufriremos, en especial temari xD Chouji es un tiernito inexperto, no puedo golpear a un tiernito inexperto, va más haya de mis creencias (?) jaja
La situacion de yakumo y gaara será un poco más dificil de arreglar ya que siempre que uno esta predispuesto al dialogo el otro no, no terminan de sincronizarse xD
Tem, te armaste una escena en base al fic, es como un fic del fic :o jajaja te garantizo drama, pero tendras que esperar para leerlo.
Gracias a vos por leerlo corazon, espero que los siguientes tambien te gusten y secundaré tu frase para luego robarmela "kankuro lo tuyo no son las frutas" jajajaja no podría haberlo dicho mejor xD
Besitos y que andes super bien!
danu22: Ah me alegra que te gusten los caps largos aunque el esfuerzo que llevan me agota jajaja
Si, a kankuro le cuesta mucho, MUCHO, pensar en otra cosa una vez que se concentró en reiko y ahi es cuando más la pasa a cagar xD afortunadamente eso dio pie a que maki y chouji se reconcilien así que se lo podemos perdonar por esta vez (aun así le debe un helado a maki, eso es indiscutible)
Tenes razón, lo de chouji y maki se solucionó rapido porque ambos estaban predispuestos pero con yakumo y gaara la cosa no será tan sencilla por eso tardarán un poco más.
Si lo que te abstiene de escribir un fic es la redaccion te golpearé, nadie nace sabiendo y la buena redacción es algo que adquiris a lo largo de las historias así que, si tenes una idea para un fic, deberías intentar plasmarla. animo, mujer!
Tal cual, Temari rechina los dientes cuando presiente que alguien la llama "hime" imaginate si alguien directamente le dice "suna-hime" es un velorio garantizado.
Te felicito por tus parciales y espero que de igual modo superes tus finales, que de seguro será así puesto que no hay razón para que sea de otro modo. Muchos besitos y que andes super bien!
anamicenas: Me hace muy feliz escuchar que los elementos del cappasados estuvieron a un nivel homogeneo porque sería triste poner una excelente escena de pelea y un analisis mediocre de los personajes en el ambito romantico, el equilibrio me es muy importante así que me pone contenta saber que estuvieron más o menos parejos :D
Si las prohibiciones aumentan paulatinamente esperando mantener alerta a los concursantes tanto dentro como fuera de la arena de combate. Era una pelea entre espadacines, de no haberse resolvido con katanas hubiese sido deshonrroso para ambos. Rushi es un buen hombre, muy tradicional, patriota y honorable así que creo merecía ganar más haya de sus habilidades. No fueron solo factores externos los que le dieron la victoria a Rushi pero si influenciaron a Hasaku a sobrevalorar sus ataques cuando en realidad siempre estuvieron debilitados, eso (la ignorancia de Hasaku) configura una ventaja tracendental para Rushi, quien la supo aprovechar muy bien.
Takumi es un buen analista pero en más mortifgero en el campo de batalla, tener un kekkei genkai tan poderoso y una mente sagaz atras es una convinacion de temer y ni siquiera llegó a mostrar un jutsu de tipo A o S. Su siguiente oponente la tendrá dificil.
Shikamaru debe dar lo mejor de sí, en especial despues del problema que se presentó en la mansión xD Ah shikamaru y temari intercambiando gestos siempre es adorable, son tan perfectos el uno para el otro.
A Takumi no se le escapa una, y por supuesto no iba a dejar de molestar a su nuevo camarada por eso jajaja.
Mi mesa perfectamente definida 3 sirvió para algo, bien por ella xD Lo de gaara y yakumo pasa a ser indignacion porque no logran encontrarse como antes y ambos culpan al otro en entonces es mas dificil reconciliarse porque nadie esta 100% predispuesto. Pobre kankuro, le cuesta pero no deja de intentar, todos prefeririamos que dejara de intentar por un rato igual xD Arruinó el postre de las dos e indignó a yukata y yakumo, temari ni se metio porque si maki queria asesinar a su hermano estaba en todo su derecho pero bueno, se salvó momentaneamente porque maki tenía la mente ocupada en otras cosas.
Chouji tuvo que reponerse a su baja autoestima para evitar perder al motivo de todos sus esfuerzos, sigue siendo timido porque nadie cambia de la noche a la mañana pero al menos pudo abrir su corazon a sabiendas de que podría ser herido "amar es darle al otro la posibilidad de destruirte esperando que no lo haga" basicamente esa es la linea que acompaña la valentía de chouji y que a maki tanto le gusta.
Shikamaru necesitara sacarse una buena estrategia de la manga para vencer a Rushi. Lamento desilusionarte pero si hay un conflicto en la mansion que atañe a uno de sus camaradas (en este caso al unico) shikamaru no puede abstenerse de intervenir, pero todo es por algo y Takumi le devolvera el favor eventualmente. Oh la luna, sin querer takumi le dijo a shikamaru exactamente lo que necesitaba oir para recordar que nunca estará solo aunque no la pueda ver o tocar. El poder de las palabras jajaj temari se sintió sumamente feliz cuando él le dijo que él era su karma y ahora ella asocia tal sentimiento a esa palabra. Me alegra que los dibujos que sean de utilidad, es una herramienta más a la hora de comprender mejor todo lo que esta sucediendo. Muchas gracias por la paciencia y por seguir leyendome, un beso enorme y que estes super bien!
Haruka: Como no me iba a acordar si fuiste de las primeras y más fieles lectoras que el fic tuvo xD Oh me alegra saber que te gusten los rellenos porque fueron medio despreciados jajaja gracias, la redacción es lo que aspiro a mejorar con este fic así que saber que va mejorando me hace muy feliz!
Shiakamaru y Temari siempre encuentran formas de estar conectados aunque sea solo mediante breves gestos.
Estoy muuuuuuuuuuuuuy tentada a escribir ese lemon entre gaara y yakumo, lo único que me retiene de hacerlo es que no estoy 100% segura de que sea algo que la mayoría quiera leer. Pero bueno, aun lo estoy deliberando.
Kankuro y las frutas no se mezclan, eso quedó clarisimo xD y Reiko le tiene paciencia a su manera pero Maki no pudo evitar molestarse.
Chouji es un tierno, solo quiere que Maki tenga a alguien a lado que este a su nivel y que ese sea el mismo por lo que solo vio una salida posible en ese tema: mejorar y volver.
Hinata y Sasuke es el unico relleno que te puedo confirmar y reconfirmar, estan planeados desde que la aparición que hicieron en el ultimo relleno, ellos no pueden faltar y serán más nombrados con mucha más frecuencia en el siguiente arco del fic, ya veras la razón.
Ino y Maki pueden ser peligrosas cuando se juntan pero es bueno que se lleven bien ya que, por sus respectivas parejas y amistades, van a convivir bastante jaja
Muchas gracias por apoyar a Shikamaru y obviamente a mi como escritora xD
Muchos besitos y que andes super bien!
Carmen: Hola, te cuento que siempre estoy escribiendo, solo que la extension de los caps y los asuntos de la vida real hacen que me tarde un poco en las actualizaciones, pero no te preocupes que publicaré hasta el ultimo cap ya que toda la historia esta minuciosamente pensada hasta el final. KibaIno puede no ser una pareja crack muy famosa pero sin dudas son sexies juntos xD espero que tambien te gusten los capitulos venideros. Besitos y que estes super bien.
Himawari no hana: oh dios me va sa hacer sonrojar, te lo agradessco un monton, solo espero mantener esa opinion que tenes del fic hasta el final del mismo. Muchos besitos y gracias por los elogios!.
Nota Final del Capítulo: soy tan inteligente que en el cap anterior les deje un dibujo sin darme cuenta que no pueden seleccionar texto de las historias por el formato de la pagina. Pero si pueden seleccionarlo del perfil de los usuarios, asi que bueno, si lo quieren ver para guiarse con los participantes deberán ir a mi perfil y, seleccionar la url, copiarla en el navegador que usen y reemplazar los tres asteriscos por puntos.
Saluditos~
