Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Canción utilizada: De nuevo...
Dream High OST English Version (en youtube): /watch?v=uYKeyEYY9C8
Alguna vez escuché que hay dos tipos de felicidad en el mundo…
La primera es el tipo de felicidad en la que te das cuenta de que fue un momento feliz cuando éste ya pasó…
Y la segunda…
Dream High
Rebasando la felicidad
Tres días. Quedaban tan sólo tres días para que el plazo final se cumpliera y aunque desde siempre el panorama se había visto mayormente oscuro, hoy era distinto. El presidente Matsui Arukawa había llamado a junta urgente a los chicos de Diam S, así como a los profesores Kido, Fujioka e Izumi. Estaban en la sala de conferencias del lujoso edificio de los MA Records y el mayor les acababa de dar las buenas nuevas.
– ¿Habla en serio? – exclamó una ilusionada Hikari. – ¿T-todo eso ha ocurrido en tan poco tiempo?
El presidente asintió.
– Ayer, al igual que todos ustedes, estaba viendo las noticias, y en cuanto me enteré de la demanda del sencillo, no lo dudé. – comenzó a explicar. – Subí Dream High a todas las tiendas de música online y con tan sólo catorce horas en la red, se colocó en el Top 10 de canciones más compradas. – finalizó con una de sus aterradoras sonrisas.
– That's amazing… – exclamó Takeru.
– ¡Más que eso! – habló Sora. – Es que… simplemente no lo puedo creer…
– Pues ya va siendo hora de que recuperen la confianza, chicos. – esta vez intervino Joe. – No hemos tenido nada de apoyo por parte de los medios, pero el cariño de la gente se siente. – dijo sonriente. – ¿Quién iba a decir que en internet iban a acoger tan bien al grupo?
– Todo gracias a la idea de Hikari. – agregó Izzy.
Una boba sonrisa apareció en el rostro de la menor.
– No es para tanto, ¡el flashmob fue sólo el inicio! – exclamó contenta. – ¡Es increíble que de un día para otro las cosas estén mejorando!
– No sólo están mejorando, dieron un giro completo. – dijo Taichi.
– Exactamente. – completó Arukawa. – Y hoy mismo voy a comenzar a distribuir el sencillo de manera física por las tiendas de la ciudad.
– Pero, ¿y si lo vuelven a rechazar? – preguntó la pelirroja.
– Ya hay suficiente demanda, no creo que se nieguen a venderlo. – habló Yamato.
– Iba a decir lo mismo que Ishida. – exclamó Rae Fujioka. – Con todo el ruido que Diam S está haciendo entre los jóvenes, las tiendas tienen que aceptar vender su sencillo. Es cuestión de mercadotecnia, sacarán mucho beneficio al ser de los pocos lugares en dónde se puede conseguir el disco.
– ¡Ya puedo sentir cerca los escenarios! – chilló Hikari con su imborrable sonrisa. – ¡Vamos a lograrlo! ¡Te lo dije, Mimi!
Las miradas de todos se dirigieron a la castaña, quien no había abierto la boca.
– Estás extrañamente seria hoy. – dijo Matsui Arukawa, alzando una ceja. – ¿Qué no te alegran las noticias?
La Tachikawa se apresuró a contestar.
– No es así. – negó con la cabeza. – Esta es mi cara cuando una noticia me alegra.
– Oh God… – bufó Takeru. – Pero que gran mentirosa eres. Deja tú la cara, lo que me sorprende es que estés tan callada cuando siempre estás dando tu opinión aunque nadie te la pida.
Mimi quiso fruncir el ceño y decirle –de nuevo– todas sus verdades a Takaishi, pero no pudo, pues la sonrisa que había estado suprimiendo se apoderó de su rostro. Ese impertinente rubio no iba a cambiar. Esa extraña amistad que llevaban entre ambos no iba a cambiar. Tampoco iba a cambiar la entrañable y cálida sensación que la embargaba al estar con ellos, con sus amigos. Y no iba a cambiar el hecho de que no se arrepentía del camino que había decidido tomar. Lo que si iba a cambiar era el resultado. Ahora las probabilidades eran las de ganar. Era como si en un abrir y cerrar de ojos todo estuviera tomando su lugar.
– Y mírala, ahora sonríe como psicópata… no nos vaya a hacer amenazar de nuevo a nuestros compañeros… – continuó el rubio menor.
– La verdad Mimi, es que pareces un poco bipolar hoy… – apoyó Taichi.
– Cállense los dos. – exclamó ella sin dejar de sonreír. – Sólo… estaba digiriendo las noticias… – sinceró. – De verdad es increíble.
– Bueno, esa sí parece tu cara cuando una noticia te alegra. – dijo Sora pasando su brazo por los hombros de Mimi.
La sonrisa de la castaña se hizo más amplia.
– ¡Bien! ¡Ya no hay tiempo que perder! – habló Arukawa, entusiasta. – ¡Comenzaré con la distribución e insistiré con las televisoras! – dijo apresurado. – ¡Y ustedes pónganse a ensayar, tienen un performance que dar en tres días!
– ¡Oh por Dios! – chilló Hikari también levantándose. – ¡Suena a muy poco tiempo!
– Es porque es muy poco tiempo. – dijo la profesora Fujioka, sonriente. – Hay que ponernos las pilas y pensar positivo, ya verán como consiguen esa presentación en tres días.
Silencio sepulcral fue lo que hubo después de ese comentario. A todos los presentes les sorprendía la actitud optimista de la mujer, ella antes no era así. Lo único que podían pensar era que estaba pasando demasiado tiempo con Joe. Más de lo normal. Aunque bueno, eso no era malo, ¿o sí?
– ¿Por qué me miran así? – indagó Rae al notar las miradas de todos clavadas en ella.
El incómodo silencio se extendió tan sólo unos segundos más.
– Chicos, la profesora tiene razón. – apoyó Joe, quien también sonreía. – Si las cosas siguen así, es muy probable que consigan subir a un escenario antes de la fecha límite.
La Fujioka sonrió embobada al ver que el peliazul la había salvado de las acusadoras miradas y todos los demás asintieron. Era cierto, podían sentir el momento. Estaba muy cerca.
– Bien. Entonces, manos a la obra. – exclamó Arukawa, levantándose de su asiento.
::
Nunca antes habían tenido un día tan lleno de actividades por hacer. Matsui Arukawa había mandado varios camiones llenos de discos para que fueran distribuidos de inmediato en todas las tiendas en las que habían sido solicitados. Las chicas no habían querido quedarse sin ayudar, por lo que elaboraron un plan para ir a las plazas más concurridas de la zona a promocionar el sencillo.
– Tengo un megáfono, ¡no necesitamos nada más! – aseguró Hikari.
Y efectivamente, con el megáfono y el permiso del personal de las plazas y centros comerciales, pudieron pasearse por todos lados con los discos en mano, promocionando la canción con una enorme sonrisa. Grata fue la sensación al ver que había personas que las reconocían y hasta pedían tomarse foto con ellas. Muchos ya ni siquiera veían mal a Sora, al contrario, hacían como si nada hubiera pasado o le daban algunas palabras de apoyo.
– Eras mi favorita de Generation X.
– ¡Yo nunca le creí a ese Fujisaki! Tenía cara de viejo pedófilo y pervertido. No te dejes vencer.
– ¡Es bueno saber que no te rendiste!
La pelirroja estaba que no se la creía. Un mes antes lo único que escuchaba eran críticas contra su persona y ahora no daba crédito a todas esas bonitas palabras. Sí, aún había gente que al verla le sacaba la vuelta, pero para ella, era suficiente el saber que tenía el apoyo aunque sea de algunos. Por algo se empezaba. Al fin sentía que la cicatriz emocional que todo eso le dejó comenzaba a desvanecerse.
– ¡Dream High de Diam S ya está a la venta! – gritaba Hikari animadamente. – ¡Vayan a comprarlo o se van a arrepentir!
Y al parecer la menor tenía un encanto natural, pues la mayoría de la gente escuchaba sus palabras y curiosamente se dirigían a las tiendas de música. Mimi tan sólo se limitaba a entregar volantes, ni en sueños se pondría a gritar como la loca de su amiga.
– ¡El amable señor de la tienda me dio otro megáfono! – exclamó la Yagami cuando andaban recorriendo ya el tercer centro comercial del día. – ¡Anda Mimi, es tu turno!
– Estás enferma, no me voy a poner a gritar. – replicó de inmediato.
– ¡Vamos Mimi! – la animó Sora. – Yo ya lo hice hace rato y fue divertido, sólo faltas tú.
– No, no lo voy a hacer. – sentenció.
– Ow, no seas aburrida, ¡te va a encantar! – insistió Hikari. – Es muy liberador y anti estrés.
Mimi frunció el ceño.
– No estoy estresada. – aseguró, cruzándose de brazos.
– Oh, vamos. Hazlo una vez y prometo no molestarte más. – dijo, tendiéndole el megáfono.
La castaña giró los ojos y, con resignación, le arrebató el megáfono bruscamente. Bien, lo iba a hacer una vez, pero sólo una vez. Tal vez así la dejarían repartir volantes en paz. Tomó aire y se colocó el aparato cerca de la boca. Sólo una vez y ya.
– ¡Hey, escuchen todos! ¡Irán ahora mismo a comprar Dream High de Diam S! – exclamó contundente. – ¡No es pregunta!
Wow, inesperadamente gratificante.
Toda la gente del lugar había dejado de hacer lo que estaba haciendo para mirar entre confundidos y asustados a Mimi, quien yacía sobre una tarima con sus dos amigas.
– Mimi, ¡cálmate! – la riñó la pelirroja. – Los vas a asustar…
– E-eh, de hecho, ya lo hiciste una vez, si quieres pásale el megáfono a Sora. – dijo Hikari, extendiendo la mano para quitarle el objeto.
– No. – exclamó la castaña apartando el megáfono del alcance de la menor. – Es divertido, tenías razón. – dijo sonriendo con algo de malicia.
Un escalofrío recorrió la espalda de Hikari.
– B-bien Sora, entonces tú encárgate de los volantes… – dijo resignada.
– Entendido. – replicó la pelirroja, suspirando.
Y así, ese día se la habían pasado ocupadas asegurándose de que se corriera la voz. Los chicos tampoco habían descansado. Al contrario, estuvieron acompañando a Arukawa a las emisoras de radio más escuchadas de la ciudad para tratar de convencerlos –de nuevo– de que pasaran Dream High en sus estaciones. Algunas volvieron a negarse rotundamente, pero para sorpresa de todos, en otras hasta les pidieron disculpas por haber sido tan cerrados y se alegraban de que les dieran el privilegio de promocionar una canción tan popular entre las masas.
– Su éxito en internet es impactante, seguramente más gente sintonizará la estación si la transmitimos de cuando en cuando. – aseguró un DJ.
Era algo asombroso. Llevaban toda la tarde de compañía en compañía y la aceptación que recibían los llenaba de esperanza.
– Ya nadie puede detener al fenómeno viral que es Dream High. Si siguen sacando material así, no dudo que pronto todas las televisoras pasen de Min Fujisaki sin importar las influencias que tenga en la industria musical. Creo que tendrá que resignarse. – exclamó un productor en otra emisora.
– That won't be a problem. – respondió Takeru muy seguro.
Y así se fueron, logrando su cometido en la mayoría de los lugares en los que se presentaban. Arukawa estaba encantado. Ahora pensaba que, tal vez si hubiera llevado a los chicos antes, no habría batallado tanto. Siempre que la encargada era mujer, ésta se quedaba embobada viendo a los tres jóvenes y ninguna les podía decir que no. Y cuando era un hombre, Taichi y su humor relajado los hacía olvidarse de los formalismos.
Aunque bueno, algunos al parecer no iban a olvidar tan fácilmente su reputación.
– No puedo creer que tenga el descaro de querer debutar después de todo lo que hizo, joven Yagami. – espetó uno de los productores. – Y si intenta golpearme a mí por no aceptar promocionarlos, ¡déjeme le aviso que mi equipo de seguridad está armado!
– Qué estupidez… – siseó Yamato.
– Ah, y veo que sus amiguitos son iguales… – continuó el hombre.
Si se tratara de seguir sus impulsos, Taichi ya lo habría golpeado. Pero si algo había aprendido en estos últimos meses, era a pensar antes de actuar. O por lo menos trataba de hacerlo, aunque no era su fuerte.
Fuera de los comentarios absurdos que llegaban a hacer en algunas emisoras, todo había salido muy bien. Y se sintieron victoriosos cuando iban en la camioneta de Matsui Arukawa y de pronto comenzó a sonar Dream High en la radio. ¡Increíble! ¡Eso era rapidez en todo el sentido de la palabra!
– I dream high, I'm dreaming so high! – canturreaba un alegre Arukawa sin poder ocultar su felicidad.
¿Quién lo diría?
Las cosas realmente se habían compuesto de un momento para otro.
Y todo gracias a que nunca se dieron por vencidos. ¿Qué habría pasado si ese flashmob no se hubiera hecho? ¿Qué habría pasado si se hubieran rendido por que "la publicidad por internet no sirve"? ¿Qué habría pasado si no hubieran trabajado unidos para sacar adelante su sueño?
Nada. Eso. Absolutamente nada de lo que estaban logrando ahora habría sido posible.
Matsui Arukawa estaba muy orgulloso de esos seis chicos y no se arrepentía para nada de haberlos reclutado. Esta noche los iba a invitar a cenar a un lujoso restaurante con motivo de celebración. Sí, aún no debutaban sobre un escenario, pero todos esos avances que habían tenido lo llenaban de satisfacción.
Faltaba poco, podía sentirlo. Y lo sabía, Diam S iba a llegar lejos.
Soñando alto, ellos iban a sobrepasar los límites.
.
.
El día siguiente consistió prácticamente en lo mismo, aunque con diferencias. En la mañana se habían dedicado a visitar las plazas y centros comerciales faltantes, así como las emisoras que se encontraban más alejadas del centro de la cuidad. Tal vez no habían podido ir a todas, pero definitivamente cubrieron la mayoría. En la tarde decidieron que tenían que ensayar, pues llevaban algunos días sin hacerlo y necesitaban reforzar cada paso y secuencia de la coreografía.
Había sido un día pesado, pero todos parecían mucho más calmados de lo que solían estarlo antes. Y cómo no, si las cosas estaban saliendo de maravilla.
Justo ahora eran las ocho de la noche y se encontraban Yamato, Taichi y Mimi cenando en una de las mesas de la cafetería de la Academia YG con una compañía muy agradable, nótese el sarcasmo. Keisuke Tachikawa había venido de visita por primera vez después de casi una semana y fue extraño, pues en cuanto Mimi le dijo que ya estaba lista para irse a cenar con él, éste le respondió que si ella lo prefería, podían cenar ahí, en la academia, con sus amigos.
Raro, muy raro. Pero ella no quiso ni preguntar, tan sólo aceptó la oferta y era por eso que ahora se encontraban ahí.
El lugar estaba repleto, tan sólo unas dos o tres mesas estaban desocupadas a los alrededores y cada grupo de estudiantes se encontraba muy inmerso en su plática. Cosa que Mimi envidiaba. Sí, porque eran los únicos en el lugar que estaban en total silencio. Total e incómodo silencio.
– Y dígame, señor Tachikawa… – de pronto Taichi habló. – ¿Ya compró el sencillo de Diam S? Quedan pocos en existencia y podrían agotarse pronto…
El mayor le dirigió una mirada inexpresiva.
– Tengo entendido que ya se están encargando de producir más, ¿no? – le contestó. – Matsui Arukawa no permitiría que se agotaran.
El moreno frunció el ceño. Eso no contestaba su pregunta. Yamato tan sólo comía en silencio, observándolos a ambos, y Mimi no podía probar bocado. El no haber visto a su padre en días la tenía nerviosa, hablar por teléfono no era lo mismo.
– Y ya se aprendió la letra, ¿verdad? – insistió el Yagami. – No crea que no lo escuché tarareándola la semana pasada.
– Yo también lo oí. – dejó escapar el rubio, para sorpresa de todos. Él no solía provocar al padre de la castaña.
Y, al sentir todas las miradas sobre él, el ojiazul se encogió de hombros.
– ¿Qué? Es la verdad… – reiteró.
– Bueno, si Yamato lo dice, ya no puede negarlo. – secundó Taichi, feliz por el apoyo.
– En ningún momento lo negué. – dijo Keisuke.
Touché.
– Hmmm… – susurró el moreno antes de volver a su comida. Así no se podía tener una charla amena.
Pasaron si acaso diez minutos que parecieron horas para Mimi. Apenas había probado su cena, que por cierto ya estaba fría, y no podía evitar sentir ese horrible nudo en el estómago. En su mente ya se había montado veinte mil maneras de tener una conversación como la gente, pero simplemente no podía. Qué horror, todo este asunto había hecho estragos con la relación con su papá. Y eso no lo podía permitir.
Tomó aire dispuesta a hablar, pero le ganaron la palabra.
– Mimi, escucha… – habló Keisuke. – Sé que estos últimos días me he comportado como todo, menos como un padre. – su voz sonaba dolida, pero sobre todo, cargada de arrepentimiento. – Probablemente estás muy molesta conmigo, y no te culpo...
La chica casi se va de espaldas al escuchar esas palabras soltadas de la nada y tan rápido. O bueno, ella lo sintió así. Yamato y Taichi observaban sintiendo que ahora sobraban ahí. El rubio entonces le dio una leve patada al moreno en la pierna, indicándole así que lo mejor sería salir de ahí. Una conversación padre-hija se aproximaba.
– N-no papá, no digas eso… – contestó la castaña una vez que encontró las palabras. – Sé que tú sólo quieres lo mejor para mí, y es mi deber demostrarte que esto es lo que es mejor para mí. – hizo una pausa, tratando de que no se le quebrara la voz. – Y no te preocupes, si el plazo se cumple, yo voy a mantener mi palabra.
Yamato y Taichi ya se encontraban levantándose de la mesa sigilosamente.
– Mimi, sobre eso… – dijo Keisuke. – La verdad es que…
– ¡Lo lograron, lo lograron!
La voz del profesor Kido resonó en toda la cafetería, seguido del azote de las puertas de ésta. El peliazul entró corriendo a toda prisa, sin importarle todas las miradas que se posaron en él en ese momento. Traía buenas nuevas, y no podía esperar por compartirlas con quienes las esperaban con tantas ansias. Con tanto anhelo.
Cuando llegó a la mesa en donde se encontraban los chicos, se apoyó con ambas manos en la superficie, tratando de recuperar el aire que le había costado esa carrera.
– Lo… lograron… – dijo a duras penas.
– ¿Eso quiere decir que…? – fue Yamato el primero que se atrevió a preguntar.
La sonrisa del profesor no se hizo esperar.
– Acabo de colgar con Matsui Arukawa. Y bueno… ya saben del concierto masivo que ofrece Tokyo TV al final de cada mes, ¿cierto?
Los chicos apenas tuvieron tiempo de asentir cuando Joe volvió a hablar.
– ¡Están invitados! – reveló con euforia. – ¡Diam S será el grupo número siete en presentarse!
Mimi abrió los ojos como platos y también su boca, pero de ésta no salió nada productivo.
– A-ah… – estaba pasmada.
– ¿Habla en serio, profesor? – preguntó Yamato, levantándose de la mesa para quedar al nivel del peliazul.
– ¡Muy en serio! – exclamó. – ¡Es mañana mismo! Suena a muy poco tiempo, pero yo sé que están listos, chicos, ¡no me cabe la menor duda!
– ¡Increíble! – esta vez fue Taichi quien habló, también levantándose de su lugar. – ¡Nos vamos a presentar en Tokyo Music! – recordaba perfectamente que con Generation X se había presentado varias veces.
– ¡Dios mío! – chilló Mimi levantándose también, aunque más estrepitosamente. – ¡Lo logramos en verdad!
Dicho esto, la castaña corrió de donde estaba en dirección a sus amigos y al profesor, y sin pensar realmente en sus acciones, simplemente extendió sus brazos y saltó hacia ellos para rodearlos efusivamente y comenzar a saltar, contagiando a los otros tres de inmediato. Todos lanzaban gritos de júbilo y dicha. Podían sentir la adrenalina en sus venas.
Pero después de unos segundos de abrazos y saltos infantiles muy impropios en Mimi, su parte racional le hizo recordar. Espera. ¡Su papá seguía ahí! Y no sólo eso, si no que había escuchado todo. Y tampoco era sólo eso, se había olvidado de su presencia y probablemente ahora el pobre se sentía completamente ignorado.
Rompió el abrazo sin explicación alguna y se giró para ver a su padre, quien ya se encontraba de pie, mirándolos. Los otros tres al parecer también se habían olvidado del Tachikawa, pues al verlo ahí, le sonrieron y se irguieron, algo nerviosos ante la posible reacción del mayor.
– Papá. – canturreó Mimi, con su sonrisa de oreja a oreja. – Lo logré, ¡tal y como te dije que lo iba a hacer! – dijo victoriosa. Había un brillo especial en sus ojos. – No voy a ir a Nueva York. – anunció contundente, sin dejar de sonreír.
Esas palabras causaron reacciones de alegría tanto a Yamato, Taichi y Joe Kido, pero Keisuke Tachikawa lucía taciturno y analizador, observándolos a todos fijamente.
– Señor, las entradas al concierto ya se agotaron, pero los familiares de los cantantes tienen derecho al área VIP, así que podrá ir a ver la presentación de Diam S. – habló el peliazul para romper el silencio.
El Tachikawa lo miró.
– Entonces, ¿es mañana? – fue su única pregunta.
– Comienza a las nueve de la noche. – replicó asintiendo.
– Bien. – exclamó completamente serio, posando los ojos en su hija. – Efectivamente, no irás a Nueva York.
Dicho esto, se abrió paso hacia la salida de la cafetería de YG, dejando atrás a todos, sin decir una sola palabra más.
– Papá… – dejó escapar la chica en susurros.
Pero antes de que alguien pudiera decir algo, una oleada de gritos y aplausos rodeo por completo el lugar. Mimi no entendía que rayos estaba pasando, pero en cuanto dirigió sus ojos a sus amigos notó que veían a los alrededores, y al hacer ella lo mismo, sintió un escalofrío –de los buenos– recorrerle la espalda.
¡Todos los estudiantes que se encontraban en la cafetería les estaban aplaudiendo!
Sonreían y les aplaudían sin cesar. Felicidades. Eran ovaciones sinceras. ¡Lo lograron! Era extraño, pues antes, ellos habrían jurado que nadie en la Academia YG los apoyaba. Pero al parecer eso había cambiado, y presentía que todo era gracias al Dream High Project.
.
.
Aunque la noche anterior todos habían tenido dificultades para dormir, en la mañana al despertar se sentían más llenos de vida que nunca. Decir que habían dormido seis horas era exagerar, pero, muy al contrario de estar cansados, sus energías llegaban hasta las nubes. Y es que no podían esperar más.
El gran día había llegado.
Al fin. Y no era un sueño. Toda la mañana y parte de la tarde se la pasaron en el gran edificio de los MA Records, practicando la canción y ensayando la coreografía para perfeccionarla –aún más– en la medida de lo posible. Arukawa los había mandado de vuelta al a Academia YG dos horas antes del concierto para que tuvieran tiempo de descansar, asearse y prepararse mentalmente para lo que sucedería esta noche.
Eran las ocho en punto. Faltaba exactamente una hora para que el gran evento diera comienzo y los seis chicos ya se encontraban ahí. El novedoso de su presidente había mandado una limusina por ellos y desde adentro pudieron ver la enorme fila que ya estaba formada fuera del auditorio.
Justo ahora, Mimi y Sora se encontraban en su camerino. Obviamente no les habían dado uno privado. Estaban compartiéndolo con chicas de otros grupos también principiantes, pues a los más famosos sí les habían dado camerino personal.
– Luces muy seria, ¿son los nervios? – le preguntó la pelirroja a Mimi, sentándose a su lado en uno de los sillones. – ¿Estás bien?
– Uhm, no estoy nerviosa... – replicó la castaña, sonriendo levemente. – Y sí, estoy bien, Sora. No te preocupes.
– ¿Segura? – insistió. – Pensé que estarías más animada. Ni siquiera te has puesto tu atuendo. – dijo señalando el corto vestido plateado de la castaña, que seguía intacto, aún colgado.
– Me lo pondré en seguida. – aseguró. – ¡Y claro que estoy animada! Sólo…
Sólo…
La pelirroja la miró a los ojos, preocupada.
– Es por tu papá, ¿cierto? – inquirió. – Te hubiera gustado que viniera a verte.
Mimi la miró durante unos segundos y después bajó la cabeza, meditando esas palabras. Sí, estaba así por su papá. Durante todo el día se había distraído ensayando arduamente, pero ahora que ya casi era hora, no podía dejar de pensar en él. Claro que le habría gustado que viniera a verla, pero habría bastado con que la apoyara…
– Hey, no pasa nada… – habló Sora de nuevo, situando un brazo en la espalda de su amiga. – Tiene que asimilarlo, ya verás que lo entenderá un día de estos…
La castaña soltó un suspiro.
– Eso espero… – sinceró.
Y antes de que la pelirroja pudiera decir algo más, entraron al camerino dos chicas pertenecientes a Secret, un grupo coreano que se encontraba promocionando en Japón durante algunos meses.
Sora saltó de su asiento como resorte y de inmediato hizo una educada reverencia.
– Buenas noches, ¡somos Diam S! – dijo animadamente.
Ambas recién llegadas sonrieron y le devolvieron una pequeña reverencia, para después dirigirse al área de los peinadores a recoger lo que parecía ser su maquillaje y después salir del camerino, despidiéndose educadamente con la mano.
– ¡Mimi, que grosera! – la regañó la pelirroja una vez que se aseguró de que estuvieran solas.
La castaña arqueó una ceja.
– ¿Grosera? – preguntó extrañada.
– ¡Tienes que hacer una reverencia y saludar!
– Uhm, pero… no las conozco. – dijo en su defensa.
– ¿Qué no lo sabes? Los grupos novatos siempre deben saludar y presentarse ante los veteranos. – le informó. – Es por tradición, son nuestros superiores, tiene que haber respeto.
Mimi se encogió de hombros.
– Pues yo no tenía idea.
Sora le dio un leve codazo.
– Pues ahora lo sabes. Es un modo de hacerlos saber que aunque apenas estemos debutando, somos educados.
La castaña se sobó el brazo, dejando escapar una leve risita.
– ¿Sabes? Diciendo todas esas cosas, realmente pareces mi superior. – dijo, mirándola divertida. – Toda una veterana, Takenouchi. – agregó algo de sarcasmo.
– Es cierto, en teoría, debuté antes que tú. Soy tu superior. – exclamó, sonriente. – Hmm… de ahora en adelante deberías hablarme con más respeto y llamarme Superiora Takenouchi. – dijo juguetona.
Mimi soltó un bufido y se cruzó de brazos.
– Pff, ni en sueños. – respondió y después tuvo que apretar fuerte sus labios para no soltar una carcajada. – Aunque tal vez pueda llamarte mini Tachikawa... – añadió cantarinamente, girando los ojos con inocencia.
La pelirroja abrió la boca y arrugó el ceño, fingiendo estar muy ofendida.
– ¡Superiora Takenouchi! – insistió, abalanzándose sobre Mimi. – ¡Tienes que llamarme así! – y explotó en carcajadas.
– ¡Que no! – replicó Mimi, también en un repentino ataque de risa. Estar así con Sora le daba gusto. Demostraba que realmente habían superado todo lo pasado. Ambas.
De pronto, entró por la puerta una de las encargadas de la televisora.
– Señorita, ¿aún no está vestida? – preguntó al ver a la castaña, mas no la dejó responder. – ¡Apúrese, que el concierto comenzará pronto!
– Sí, ya voy. – exclamó Mimi levantándose del sillón, dirigiéndose a donde estaba colgado su vestido.
– Dentro de cuarenta minutos tienen que estar tras bambalinas, ¿entendido?
Dicho esto, la mujer se marchó.
– Mimi, saldré a buscar a Tai y de paso te dejo sola para que te cambies a gusto. – dijo la pelirroja levantándose también. – Nos vemos dentro de un rato, ¿sí?
– Claro, gracias.
Sora asintió sonriente y después salió a paso apresurado del camerino, ansiando por ver a su novio. Mimi se quedó mirando en su dirección durante algunos segundos y después centró la atención en su vestido. Suspiró. Sí, tenía que empezar ya mismo a arreglarse. Se sacó la blusa color melón que llevaba y la dejó tendida en una silla, acto seguido se quitó ambas botas, sus medias y por último, la falda.
Tomó el hermoso mini vestido plateado que usaría en la presentación. Era strapless y muy ceñido, con toques de negros en satín, bastante llamativo. Todas las chicas vestirían de plateado con negro. Hikari con un pequeño vestido con falda de globo y Sora una blusa ombliguera con una falda que hacía maravillas con sus piernas. Adoraba cada uno de los atuendos. La diseñadora de MA Records era excelente, ya tenía el vestuario de todos preparado desde un principio. Siempre había creído en ellos.
– Ya es hora… – dijo en un susurro, sabiendo que pronto estaría cantando sobre el escenario. Una boba sonrisa se posó en su rostro. A pesar de que su papá no estaría ahí, estaba feliz y bastante ansiosa. Todo iba a salir bien…
Se dispuso a ponerse el vestido por abajo, por lo que alzó su pierna derecha para meterla y justo cuando estuvo a punto de hacerlo, ocurrió algo que la dejó helada. O todo lo contrario.
– Mimi, me topé con Hikari, te está busc…
Era Yamato, quien se había quedado sin habla al entrar.
– E-eh...
Y ahí estaban. El rubio ya completamente listo para salir a escena, en el marco de la puerta, mirando paralizado a Mimi, quien se encontraba frente a él, sosteniendo su vestido, tan sólo en ropa interior.
La mente de la chica estaba en blanco. ¿Cómo era que eso nunca les había pasado en el dormitorio y repentinamente sucedía en el lugar con menos probabilidades? Habían transcurrido si acaso dos segundos, pero fueron años luz para Mimi. Yamato la estaba mirando descaradamente, con la boca abierta, presa de la sorpresa, tal vez. Y ella simplemente no podía moverse. Ni para taparse, ni para hablar, ni para nada. ¡Sus reflejos no estaban funcionando!
¿Y porqué rayos de pronto tenía calor?
– Lo siento, Mimi. Yo… – habló Yamato desviando la mirada una vez que recuperó el control. – Es que, ah, demonios… – exclamó pasándose una mano por el cabello.
– N-no te preocupes…
¿En serio había dicho eso? ¡En una situación como esa debía gritar y lanzarle cualquier objeto peligroso que tuviera a la mano para hacerlo salir corriendo! O bueno, eso si el intruso fuera cualquier chico, pero no lo era. Era Yamato Ishida. Su novio. Y ese no te preocupes era lo que realmente había querido decirle. La cosa era que no tenía idea de porqué. Se estaba muriendo de la vergüenza y con el pasar de cada segundo todo se sentía más caliente. Electrizante incluso.
Y… esperen un minuto. ¡Seguía paradota ahí sin cubrirse! Entonces sus completamente inútiles reflejos despertaron, y de inmediato metió sus piernas al vestido, subiéndolo con facilidad hasta arriba.
– No, en serio, discúlpame. – respondió Yamato, mirando al piso. – No sabía que te estabas cambiando…
Luchaba por no volver a subir la mirada. Era extraño. Nunca había visto a Mimi así y ahora no sabía como reaccionar. Dios, era endemoniadamente hermosa. Toda ella. Esperaba no haberse visto tan descarado cuando sus ojos se clavaron en su cuerpo. ¿Ah? ¿En su… cuerpo? Ahora que lo pensaba, era la primera vez que sentía eso tan intensamente. Eso. Deseo.
Definitivamente, necesitaba un balde de agua fría. Ya.
Se atrevió a subir la mirada despistadamente y pudo ver como Mimi trataba de manera presurosa de subirse el cierre del vestido, que al parecer estaba atorado. La chica estaba completamente enrojecida de las mejillas y el pequeño vestido le caía sensualmente por el cuerpo. Era demasiado. Demasiado para él.
– ¡Estúpido cierre! – masculló ella en voz baja, jalando hacia arriba con fuerza.
¡Exacto, estúpido cierre! Si la chica no se lo subía ahora mismo, él iba a terminar de caer en el abismo. Tal vez... podría ayudarla, ¿no?
No, no, no. Sí.
Entonces Yamato obedeció sus impulsos y dio un paso al frente, con algo de duda. El sonido de inmediato alertó a Mimi, quien alzó la cabeza para ver como el rubio ahora estaba más cerca. Ah, esto era demasiado vergonzoso para ella. ¡Seguro su novio iba a pensar que estaba gorda y que por eso el zipper no subía!
– E-está atorado, en serio. – se apresuró a aclarar.
Él no dijo nada. Tenía que hacer algo ya si no quería seguir inmerso en ese incómodo ambiente lleno de calor. Además, no quería imaginar que alguien más entrara y viera a Mimi así. Peor aún, que alguien más se ofreciera a ayudarla con ese diminuto vestido que la hacía lucir tan… así.
– ¿Necesitas ayuda? – preguntó, aún con cautela.
Demonios, demonios, demonios.
Mimi tragó saliva y asintió débilmente. Seguía muerta de la pena, pero su corazón había comenzado a latir desbocado al escuchar la pregunta del rubio.
Yamato pareció meditarlo un poco antes de avanzar lentamente hacia ella y situarse en su espalda. La castaña entonces soltó el zipper y dejó que el vestido cayera libremente, sosteniéndose tan sólo de sus caderas. Oh, eso lo había hecho apropósito. Se regañó mentalmente.
Sintió las cálidas manos de su novio tomando el cierre del vestido y todo su cuerpo se tensó al contacto.
El rubio también estaba tenso, subiendo lentamente el zipper que ahora parecía más amigable, pues no tardó nada en deslizarlo por la curva de la espada de Mimi. Esa delicada y tentadora curva que parecía llamarlo a gritos.
Ya antes se había sentido atraído de ese modo a su novia. Pero nunca como hoy, como justo ahora. ¿Serían las circunstancias acaso?
– Gracias… – dijo Mimi en un hilo de voz.
La chica ya lo miraba de frente. ¿En qué momento se había girado?
Bien. Había dicho gracias, lo que significaba que él ya podía salir de ahí. De nada. Tenía que ir con los chicos. Sí, eso haría. Claro que eso haría. ¡Si tan sólo su cuerpo se lo permitiera! ¡Pero no se movía! Era como si Mimi tuviera un imán. Uno muy poderoso. Tenía que controlarse. Control. Control.
– ¿Yama? – preguntó Mimi al verlo tan contrariado.
Y de pronto, la electrizante atmósfera se cargó de un extraño sentimiento de anticipación. Los ojos azules de Yamato la miraban fijamente y eso ocasionó que su respiración se acelerara. Oh, ¿cómo una mirada podía ser tan sensual? ¡Demonios, Mimi! Volvió a regañarse mentalmente mientras se mordía el labio.
Y el rubio no pudo más.
– Al demonio con el control. – bramó en voz alta.
Mimi apenas pudo si quiera intentar comprender esa exclamación, pues Yamato ya se había abalanzado contra ella, empujándola hacia la pared del camerino, y pegando sus ardientes labios con los suyos. Wow. Movimiento inesperado. La chica no tardó ni un segundo en digerirlo, y rápidamente enredó sus manos en la suave melena rubia de él. Oh, Dios mío. Este beso era distinto a cualquier otro. Era una lenta y desquiciante danza de roces y sensaciones. Estaba cargado de deseo, y no por eso dejaba de ser romántico.
De hecho, para Mimi era algo más intenso que eso.
– Princesa, ¿estás aquí?
Y si algo podía ser mata pasiones, era la voz de Keisuke Tachikawa justo afuera del camerino, acercándose.
Yamato y Mimi se separaron de golpe. La chica apenas podía diferenciar la realidad de la fantasía en la que había entrado hace pocos segundos. Estaba roja y le faltaba aire. Miró al rubio, quien estaba ya un poco alejado de ella, también luchando por recuperar la compostura.
Diablos, una incorregible sensación de vacío la había invadido. Era como si su cuerpo clamara por lo que había dejado inconcluso. De nuevo y, como siempre, los habían interrumpido. Se puso una mano en la frente. Quería maldecir a todo el mundo, pero a la vez agradecía que los hubieran frenado, pues este no era ni el momento ni el lugar para desatar sus más oscuros y contenidos deseos.
– ¿Hija?
Y… ¿eh? ¿Acaso esa había sido la voz de su papá?
La había reconocido al instante, pero no la había procesado a causa del frenesí. ¡Dios mío! ¡Su padre estaba aquí!
– S-sí, estoy aquí… – su voz salió temblorosa.
Entonces su progenitor asomó la cabeza por la puerta.
Mimi no lo podía creer. Su papá realmente estaba allí. ¿Por qué? ¿En serio? ¿Querría llevársela a la fuerza? ¿Habría venido para despedirse? Ouch. Le dolía de tan sólo pensarlo. Las ansias de apoderaron de ella y lo peor de todo es que aún se sentía desnuda y no terminaba de salir de su letargo de pasión desenfrenada.
¡Reacciona!
– P-papá, ¿qué haces aquí?
– Princesa, yo…
Iba a responder, pero en cuanto entró al camerino por completo, notó a Yamato de pie a unos cuantos metros de su hija. Lucía más despeinado que de costumbre y algo descolocado, ¿serían los nervios del debut? Se encogió de hombros, no podía importarle menos.
– Si me disculpas, quisiera hablar a solas con mi hija. – dijo en su típico tono de superioridad, mas de inmediato pareció arrepentirse. – Por favor.
El rubio tardó un poco en procesar sus palabras y después asintió. Miró a Mimi antes de comenzar a caminar y le sonrió. Suerte. La chica le devolvió la sonrisa de forma débil y vio como su novio salía del camerino a paso lento.
– ¿Podemos sentarnos? – preguntó el mayor, apuntando el sillón.
Mimi asintió y se encaminó al mueble, dejándose caer en él sin dejar de mirar a su papá. Keisuke hizo lo mismo, aunque no se dejó caer, más bien se sentó elegantemente. Pero él no la miraba, tenía los ojos clavados en sus rodillas.
– Mimi, escucha…
Oh, ¿cómo es que hasta con su hija le costaba dejar ir su estúpido orgullo?
– Yo vine a… uhm… – ya. Tomó aire, se armó de valor y se giró, para mirarla a los ojos. – Vine a desearte suerte, tesoro.
Y eso sí que tomó de sorpresa a la castaña, quien estaba atónita. ¿Suerte? ¿Había venido a desearle suerte y no a llevársela? ¿No a regañarla o a darle un sermón? Tal vez era que aún no salía del mundo de fantasías en el que se había metido con Yamato.
– Por Dios, hija, tu cara de sorpresa me ofende… – continuó el mayor. – Es de lo que quería hablarte ayer en la cafetería. Yo... ¿tan mal padre he sido?
¿Qué?
– ¡No! – respondió ella de inmediato. – ¿Mal padre? ¿De dónde sacas eso? Yo sé que tú sólo quieres lo mejor para mí…
Keisuke sonrió con ironía.
– Todas estas semanas he demostrado lo contrario. – sinceró, apretando sus manos en sus rodillas. – Al grado de que no has descansado y te has mal pasado por proteger tus sueños y yo simplemente hacía como si no me diera cuenta…
Mimi escuchaba atenta a su padre sin dar mérito a sus palabras.
– No tengo derecho a ser el padre de una chica tan maravillosa como tú…
– Papá… – exclamó la castaña, apoyando su mano sobre la de él. – No digas tonterías, tú no hiciste nada de eso apropósito. Tan sólo te apegabas a tus ideales…
– Exacto, a los míos. ¿Y que hay de los tuyos? – espetó con amargura. – Si tan sólo hubiera puesto un poco de atención, me habría dado cuenta mucho antes de lo cegado que estaba…
Mimi abrió los ojos de par en par. ¿Todo esto significaba que su padre al fin lo había comprendido? ¿No era simple resignación? No. Era algo mucho más fuerte, era… aceptación.
– Nunca me lo voy a perdonar, princesa... – continuó el hombre. – No quería ver la realidad y te he hecho pasar momentos horribles…
– N-no, papá, eso no…
Le dolía que hablara así. Ella nunca, nunca lo culpó de nada.
– Estos últimos días me alejé para reflexionar, y he caído en cuenta de todo lo que he hecho mal. – estaba dejando salir todo lo que lo mataba por dentro. – He sido un idiota…
– Basta. – exclamó Mimi con dureza. – No eres nada de eso, papá. Lo único que te pasó fue que te negabas a ver la realidad, créeme, yo sé lo que se siente que te quiten la venda de los ojos…
Y vaya que durante este año le habían quitado un par de vendas.
El Tachikawa miró intrigado a su hija, por lo que ésta continuó.
– Sé que nunca harías algo para dañarme, tan sólo hiciste lo que tú pensabas que era lo mejor para mí. – exclamó. – Puede que haya sido un obstáculo más, pero papá, de no haber sido por ti, hoy no estaría aquí, en este camerino. A punto de debutar.
Y de eso, ella también se acababa de dar cuenta.
Un extraño brillo apareció en los ojos del mayor.
– Si tú no hubieras aparecido, a estas alturas no estaría segura de cual es mi verdadero sueño. – dijo a la vez que su voz se dulcificaba. – Y si tú no hubieras ejercido tanta presión, ni en broma habríamos debutando en menos de un mes. Lo repito, hoy no estaría aquí.
– Mimi… – él estaba sin habla. Su hija realmente le estaba dando una lección de vida.
– Hoy es el día en que mis sueño comienza. Y en parte, te lo debo a ti. Y te lo agradezco. – finalizó con una sonrisa y un nudo en la garganta. Bien, lo único que le faltaba era ponerse a llorar. Con su papá siempre terminaba sintiéndose como una niñita.
Keisuke alzó su mano y con delicadeza la posó sobre la cabeza de su hija, acariciándola con suavidad.
– Tu madre estaría muy, muy orgullosa de ti.
Oh, demonios. Adiós rímel.
– Y yo, hija… – hizo una pausa. – Quiero que sepas que en estos momentos me siento el hombre más afortunado del mundo, y… no podría estar más orgulloso de ti.
– Papá… – exclamó reprimiendo un sollozo, y se lanzó a abrazarlo.
El mayor correspondió el abrazo enseguida.
– Perdóname, por todo. – dijo él, dando palmadas en la espalda de Mimi.
– No tengo n-nada que perdonarte… – replicó.
Dios, la paz que sentía en estos momentos era inigualable. Adoraba a su papá y ahora se daba cuenta de lo mucho que había necesitado estar bien con él. En sus brazos, feliz.
– No llores. Quiero que subas a ese escenario y me demuestres que éste es tu sueño. – exclamó Keisuke separándose y tomando a su hija por los hombros. – Demuéstramelo y déjame sin habla.
Mimi asintió a la vez que sonreía bobamente y se limpiaba sus lágrimas con el dedo índice.
– Dalo por hecho. – respondió sin más.
::
El concierto había comenzado sin problema alguno y estaba siendo un éxito. Los anfitriones reían y hacían reír. El público ovacionaba y no paraba de gritar. Todo estaba escandalosamente perfecto. Y de pronto, en menos de lo que hubiera parecido eterno, era su turno. Era su turno y estaban ahí, con las luces apagadas, saliendo al imponente escenario para tomar su lugar. Era enorme. No veían nada, pero podían sentirlo. Todo. El ambiente tenía un aire mágico que sólo una noche como esa podía brindar.
¿Cuántos espectadores dijeron que había reunidos ahí?
Diez mil personas. Era el evento de música más popular del país, auspiciado obviamente por la televisora más grande de Japón. Oh, y no hacía falta mencionar que estaba siendo televisado a nivel nacional.
Los nervios estaban presentes, pero podía más la adrenalina, la euforia y la dicha en su nivel más alto.
Podían escucharse los murmullos expectantes de la audiencia. Aguardando. Y de pronto, la centellante luz de los reflectores inundó el lugar y la armoniosa melodía de Dream High dio comienzo. Mimi suspiró y tomó aire, dando un paso al frente. Su corazón palpitaba a mil por hora y su pulso no dejaba de correr. La sonrisa en su rostro era inquebrantable. Esta noche al fin subiría un escalón hacia su sueño. Al fin. Al fin. ¡Al fin!
Era su turno de brillar.
– I dream high, I'm dreaming so high, when it gets tough I'm closing my eyes. Thinking all the memories, now I can see. This ain't no fantasy, its reality…
Entonces estallaron luces de todos los colores a la vez que la castaña le abrió paso a Yamato y todos comenzaron con la coreografía de la canción. A perfecta sincronía y con todas las energías del mundo. Esta noche era de ellos y nadie se las iba a quitar.
– I'm on the edge of fear today, feeling I can't go on. I'm like a bird that's doubting of leaping up coz I'm afraid to fall…
Era curioso ver desde ahí como el público se movía junto a ellos. Algunos aplaudiendo a coro y otros canturreando y bailando de memoria cada paso de la coreografía. El apoyo de la audiencia se sentía en el ambiente.
– Can I make it through it I keep asking this on my mind. For each step I take my fear keeps on coming back. How would I deal with these all? – cantó Takeru a la vez que realizaba sus perfectas piruetas.
Las tres chicas se abrieron paso al frente y esta vez fue Hikari quien comenzó con su parte de la canción, sonriendo hasta con los ojos, que brillaban llenos de anhelo y alegría.
– I dream high, i'm dreaming so high. When it get's tough I 'm closing my eyes! Thinking all the memories now I can see, this ain't no fantasy, it's reality…
Sora se le unió de inmediato, también sonriendo. Sonriendo con toda sinceridad. Ni siquiera ella imaginó que, después de todo el escándalo con Min Fujisaki, sería capaz de volver a subir a un escenario. Se sentía muy bien, era como si sus pesares se hubieran esfumado. De pronto ya no se sentía como una Miss X repudiada por todos. No. Hoy estaba resplandeciendo.
– I can fly high, I know it someday. I can soar high like clouds in the sky. I will spread my wings and fly above. Like no one else can be, higher than me before.
La música continuó y también la coreografía. Podían escuchar los aplausos a ritmo y algunos gritos de ánimo que se combinaban con sus voces. Era increíble. Increíble y sobre todo muy real. Sus sueños se estaban materializando y ahora volaban.
– I need the strength to pull me up, and get me back on my feet. Courage I need to shake off all my fears and jump back to the beat. – armonizó Yamato el lugar, derritiendo a la audiencia con su aterciopelada voz.
Mimi se estaba quedando sin aliento, la adrenalina que sentía en sus venas se lo estaba quitando. Pero no le importaba. En estos momentos se sentía como si fuera una sola con el escenario. Era aplastante. Intenso. Inexplicable.
"Alguna vez escuché que hay dos tipos de felicidad en el mundo…
La primera es el tipo de felicidad en la que te das cuenta de que fue un momento feliz cuando éste ya pasó…"
– Need to have faith in destiny and heat it up one more time. I'm risking it all, I'm giving it all I've got just to jump above this wall!
"Y la segunda es la clase de felicidad en la que te das cuenta de que estás feliz en ese mismo momento".
Como justo ahora.
– I dream high, I'm dreaming so high. When it gets tough I 'm closing my eyes. Thinking all the memories now I can see. This ain't no fantasy, it's reality…
"Esa felicidad es difícil de encontrar. Esos momentos en los que eres consciente de que estás feliz son más escasos que comunes".
– I can fly high, I know it someday. I can soar high like clouds in the sky. I will spread my wings and fly above. Like no one else can be, higher than me before!
"Es por eso que la segunda clase de felicidad es muy rara. Pero si la llegas a sentir, da por hecho que ese momento va a ser uno de los más felices de tu vida".
– Dream high a chance to fly high. Gonna let go off the pain and say bye bye. Gotta try, gonna fly so high. Reaching out all of the stars in the sky.
Taichi sonreía triunfal al frente del escenario, pues al fin había llegado su parte favorita de la canción. Esa parte que, cada vez que la interpretaba, se sentía liberado de todas las cadenas que lo ataban. Cuando cantaba se sentía libre. Sentía que el mundo entero le estaba dando otra oportunidad.
– Watch your dreams come to life time for you to shine. Right now starts, now gotta make them mine. Never gonna giving up till your future's shaping up. Drop the fear, go, walk with confidence!
"Ese momento en el que sepas con todo tu ser que estás feliz, podrás atesorarlo para siempre".
– Destiny, your destiny. Even you can't stop it from happening. It's now invading the reality. Emerging like a whole new fantasy. Go with me take my hand, we're going on the same path. On our way to our dreams that's where we're heading at. No giving up no more turning back. To all the young and to everyone DREAM HIGH!
"Puedo asegurar que todos vamos a recordar el día de hoy como ese tipo de momento feliz… "
– I dream high, I'm dreaming so high. When it gets tough I 'm closing my eyes. Thinking all the memories now I can see. This ain't no fantasy, it's reality…
Brillaban. Brillaban enteros. Sus rostros, sus sonrisas, sus ojos, cada movimiento que hacían, y sus voces unidas eran una armonía perfecta y contagiosa. Cantaban, bailaban y no podían dejar de sonreír. Estaban cumpliendo su sueño. Al fin estaban juntos sobre el escenario.
– I can fly high, I know it someday. I can soar high like clouds in the sky. I will spread my wings and fly above. Like no one else can be, higher than me before.
"...Recordaremos este día como uno de los más felices de nuestras vidas".
Este día sería el primero de todos los que les esperaban.
::
Tal vez eran las dos de la madrugada, tal vez las tres o cuatro. No lo sabían a ciencia cierta. Y bueno, tampoco era que les importara demasiado. Mimi y Yamato llevaban hablando toda la noche. El concierto había terminado a las doce y todo parecía un sueño. Había salido de maravilla. Y ellos, ellos aún tenían una sonrisa bien marcada en su rostro.
Se encontraban recargados en el barandal del pasillo del edificio hablando sin parar, riéndose hasta del comentario más absurdo. No podían evitarlo, estaban felices. Plenamente felices, llenos de dicha. De euforia. La brisa nocturna jugaba con los cabellos de ambos y el ambiente que se había formado era cálido e inquebrantable.
– ¡Hablo en serio! Y luego vi como se fueron juntos cuando acabó el concierto. – dijo Mmi con voz cantarina. – Sé que algo se traen.
Yamato alzó una ceja, divertido.
– ¿El profesor Kido con Rae Fujioka? – preguntó incrédulo. – Puede ser, aunque yo no lo había notado…
– Eso es porque eres hombre, ustedes no notan nada. – exclamó con aires de grandeza bastante fingidos.
– A mí no me engañas, estoy seguro de que no habías notado nada tú tampoco, hasta que Hikari te lo dijo. – le respondió.
Mimi le dio un codazo en el brazo.
– Hey… – se quejó el rubio, aun sonriendo.
– Te lo mereces. – dijo cruzándose de brazos. – Aunque te confieso que estás en lo correcto. – y soltó una risita.
Yamato giró los ojos ante la respuesta de su novia y aprovechó para pasar su brazo por los hombros de ésta y atraerla hacia él. Mimi no opuso resistencia alguna, todo lo contrario, cerró los ojos y recargó su cabeza en el pecho del rubio, dejando escapar un suspiro.
– ¿Pasa algo? – preguntó él.
La castaña abrió lentamente los ojos.
– Sí. – respondió. – Aún no creo que ya hayamos debutado y que el lunes tengamos nuestra primera entrevista en televisión.
– Será la primera de muchas. ¿Viste todos los reporteros que estaban rodeando al presidente Arukawa?
– ¡Y cómo no los voy a haber visto! – exclamó sin dejar de sonreír. – Eran demasiados.
– Ya sólo hay que esperar la confirmación. Es cuestión de días para que al fin comencemos a promocionar el sencillo como es debido. – dijo el rubio. – Nos fue mejor de lo que todos esperaban.
Y Mimi volvió a suspirar.
– No podría haber noche más perfecta que esta. – habló casi en un susurro, separándose un poco de él para poder mirarlo a los ojos.
El chico no respondió, no había necesidad de hacerlo cuando las palabras sobraban. Y sin decir nada, de pronto llevó su mano hacia el rostro de Mimi, acariciándole las mejillas con las yemas de sus dedos. Por supuesto que no podía haber noche más perfecta. No cuando sus sueños estaban más cerca que nunca. No cuando estaban los dos juntos. No cuando se amaban con toda la intensidad con la que lo hacían.
Mimi dejó escapar una risita cantarina ante el cosquilleo tanto interno como externo que estaba experimentando, y ante ese sonido, Yamato no pudo hacer más que reducir la distancia que quedaba entre ellos y aprisionar sus labios con los de ella en un beso. La castaña volvió a reírse ante tal acción, pero no se separó ni un milímetro. En vez de eso, se paró de puntas para rodear el cuello de su novio y así dar rienda suelta a sus sentimientos. Ambos podrían quedarse así para siempre. Nunca se iban a cansar de esa sensación, de esos labios, de esa calidez.
El rubio entonces bajó su mano del rostro de la chica para posar ambas sobre su cintura, pegándola más hacia él. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Mimi y no pudo evitar dejar escapar un suspiro, abriendo un poco la boca sin separar sus labios de los de él, oportunidad perfecta para Yamato de profundizar el beso. Cosa que hizo de inmediato y ella no dudó en responder con el mismo frenesí.
De un segundo a otro todo iba tomando más calor y el beso se iba tornando más apasionado e intenso. Ambos podían sentir como sus respiraciones luchaban por hacerse espacio y sus latidos cada vez se hacían más rápidos. Acababan de entrar a una especie de agujero negro del que no pensaban salir. Por lo menos no ahora.
Pero tuvieron que volver de golpe a la realidad, pues a lo lejos, exactamente en las escaleras que daban a ese piso, escucharon las fuertes risotadas acompañadas de pasos subiendo. Eran sin dudar los mismos chicos que siempre se iban de fiesta los viernes y llegaban tardísimo, haciendo escándalo.
Mimi y Yamato no dijeron nada. La chica tenía una mano en su pecho, tratando de recuperar su respiración, cuando el rubio la tomó de la mano para abrir la puerta del dormitorio para que ambos pudieran meterse. Menos mal que habían escuchado el alboroto, no habría sido nada bueno que los vieran montado tal espectáculo en pleno pasillo del edificio. En pleno pasillo de los dormitorios de una academia privada.
– Estuvo cerca… – suspiró el rubio cerrando suavemente la puerta. – Aunque con semejante borrachera dudo que…
Pero no pudo terminar su frase, pues en cuanto se giró para ver a su novia, la imagen lo dejó mudo.
La luz de la luna entraba por la ventana y era lo único que iluminaba el rostro de la chica. Tragó saliva. Mimi lo observaba con unos ojos que él nunca había visto en ella. Brillaban. Y lo miraban fijamente, como nunca antes. Sus mejillas estaban sonrojadas, sus labios hinchados y respiraba a destiempo, con la boca ligeramente abierta.
Recordó el beso de hace unos instantes. Había sido tan intenso como...
Y entonces su mente lo transportó justo a unas cuantas horas atrás. En los camerinos. Oh, Dios. Ese cierre que no subía. Ese pequeño vestido cayendo delicadamente sobre sus caderas. Esa tentadora curva de su espalda. Y su mirada. Ah, todo un déjà vu. Aún tenía las sensaciones a flor de piel y era evidente que ella estaba igual. De hecho, si esos chicos no hubieran llegado, tal vez ellos seguirían perdidos en su propio universo alterno. Los maldijo por dentro, por arruinarles el momento.
Aunque… ¿quién dijo que estaba arruinado?
No pudo evitar sentir algo parecido a adrenalina, y en menos de lo que él siquiera imagino, ya había tomado a Mimi del rostro, entre sus manos. Rozó sus labios contra los de ella, dando castos y cortos besos al comienzo, para después continuar tomando el labio inferior de la castaña entre los suyos, dando suaves tirones a la vez que iba presionando sobre su boca, con ansiedad por seguir.
Mimi rió bajito, victoriosa, y entreabrió la fina línea que eran sus labios, incitándole a incrementar la intensidad de sus cautivadores movimientos. Y ahí estaban. Se besaban. Se besaban como si fuera el primero. Como si fuera el último. Él la besaba con todo lo que sentía por ella. Y ella, por supuesto, le correspondía.
Era tan mágico. Tan mágico y poderoso. Tan fuerte, tan abrasador, tan intenso. Tanto, que la castaña ya no sentía sus piernas y estaba segura de que si no estuviera abrazándose del cuello de su novio, caería al suelo desparramada. Ya no podía estar de pie un segundo más, por lo que a pasos torpes y llenos de pequeños tropezones, fue encaminándose hacia su cama sin cortar el beso.
Yamato la seguía con más destreza, y al llegar al borde de la cama de Mimi, ésta se tumbó hacia atrás, jalándolo a él de la camisa, haciendo que quedara encima de ella.
Al parecer el rubio no esperaba ese movimiento, pues abrió los ojos de golpe y la observó bajo él, con los cabellos tendidos sobre la cama y la luz de la luna enmarcándola a toda ella. Ahora fue él quien dejó escapar una suave risita. Entonces besó la frente de la castaña para después recargar la suya contra la de ella.
Mimi sonrió, plena.
– Yamato… – dejó salir su nombre en un suspiro, cosa que erizó la piel del rubio.
Lo amaba demasiado. Él era todo lo que necesitaba. Cerró sus ojos y ahora fue ella quien llevó su mano al rostro del chico, rozándole la sien con suavidad, descendiendo por sus pómulos, sus mejillas, sus labios. Dentro de su cuerpo estaba estallando un mar de nuevas sensaciones. Y una de ellas era totalmente desconocida, pero extrañamente, estaba ansiosa por conocerla. Ahora. Necesitaba sentir de manera palpable que él estaba ahí. Ahí con ella. Que la amaba y que era sólo para ella y ella sólo para él. Por Dios, Mimi. Lo presentía, su cordura estaba desvaneciéndose poco a poco.
Yamato cerró los ojos empezando a sentir lo que era un prematuro éxtasis. Su respiración se estaba tornando irregular y sus latidos estaban desbocados. Todo provocado por el simple tacto de la mano de Mimi. La mano de Mimi que seguía en descenso.
Bajó por su barbilla, acarició su cuello, redondeó su pecho sobre la camisa de botones, notando que la respiración del rubio se volvía cada vez más pesada. Y ella, ella simplemente no tenía el control de sus movimientos. De hecho, no tenía idea de en qué momento había desabrochado el primer botón de la camisa del chico, acción que causó un ahogado suspiro de parte de él.
– Espera… – habló Yamato con dificultad.
Si Mimi continuaba, él no podría actuar racionalmente.
– ¿Por qué? – preguntó la castaña en voz baja y algo entrecortada.
El rubio se quedó callado momentáneamente. ¿Qué le iba a responder? ¿Que si seguía probablemente él iba a perder el control y se iba a dejar llevar por completo? No. Bueno. Sí. Era verdad, pero no pensaba decirlo.
– Yo… no quiero parar. – fue casi un susurro salido de la boca de ella. Pero lo había dicho. No sabía que tan lejos iban a llegar esta noche. Lo único que sabía era que no podía detenerse. No quería detenerse. Estar ahí, así, con él, era la gloria.
Y para Yamato, esa confesión de Mimi sólo ocasionó que su mente se nublara por completo. La cordura estaba huyendo de él y cada segundo estaba más lejos. Tan sólo eran unos simples roces, pero podía sentir como la temperatura subía y estaba seguro de que no iba a disminuir. No entendía del todo lo que las palabras de la castaña implicaban. Yo no quiero parar. Pero, ¿ella sabía a dónde podrían llegar si no paraban? ¿O sólo era él quien de verdad no iba a poder parar? Ah. Era demasiado. La luz de la luna, ambos tumbados en la cama. Mimi contemplándolo con esos ojos llenos de sentimientos, sus mejillas sonrojadas, sus labios entreabiertos, sus manos rozándolo. No, no iba a poder detenerse.
Pero la pregunta martillaba en su mente y no dejaba de repetirse como si de una grabadora se tratase. ¿Y si sólo era él quien pensaba así?
Tal vez la castaña tan sólo quería permanecer así y él estaba dejando que su mente volara y rebasara los límites.
– Mimi, si continuamos… yo… – comenzó a decir, contrariado.
Pero la chica lo interrumpió enseguida.
– Lo sé. – dijo en un susurro. – Yo… también…
Eso hizo que el corazón del rubio saliera disparado.
– ¿Estás… segura? – se atrevió a preguntar antes de hacer cualquier cosa. – No pienso hacer nada que tú no quieras…
– Yamato. – habló Mimi con voz firme. – Te quiero a ti.
Y para él, esas palabras fueron el detonante.
Sin pensarlo un segundo más, volvió a besarla. Lento, despacio, desquiciante. Suave, tierno, caliente. Ahora era él quien delineaba el rostro de ella, pero no con las manos, sino con los labios, deleitándose por completo al abrir los ojos y encontrar la mirada de Mimi entornada entre el amor y el deseo. Entre la devoción y la pasión.
– Te amo… – dijo él, sonriendo contra sus labios.
Mimi dejó escapar una risita, presa del sentimiento de anticipación, y esta vez fue ella quien lo rodeo por el cuello y lo atrajo hacia sus labios, probando ese exquisito sabor del que nunca, nunca se iba a cansar. Su cuerpo seguía experimentando sensaciones que jamás había sentido y no iba a negarlo, estaba nerviosa, pero los nervios no se comparaban con todo lo que sentía por el hombre que amaba. Todo su cuerpo le demandaba por él. Lo deseaba, y él saber que él también la deseaba a ella le hacía estremecer.
Los labios de Yamato de pronto se retiraron de los suyos y se dirigieron a su cuello. Besando. Sintiendo. Probando ese sabor que lo embriagaba hasta lo más profundo de su ser. Mimi dejaba salir ahogados suspiros y su cuerpo se arqueaba por si sólo hacia el de él. Y del cuello, los besos del rubio fueron bajando con desquiciante lentitud, ocasionando que cada músculo de Mimi se tensara de infinito gozo. Era pasión. Era deseo. Era el estado más puro de placer.
– Ah… – fue casi un susurro lo que escapó de los labios de la castaña.
La sensación era intensa y aguda. Tanto, que la chica quería simplemente cerrar los ojos y dejarse ir, pero no podía. No podía porque ahora los ojos de él la miraban ardientes. Como nunca antes. La hipnotizaban. Él subió de nuevo a su boca, atreviéndose a pasar sus manos por las largas piernas de la chica, contorneándolas. Eran como de terciopelo.
Una sacudida de sensaciones se arremolinó en el cuerpo de Mimi ante ese contacto. Increíble. Eso. Tenerlo tan cerca. Tan de ella. No controló cuando sus manos bajaron a la espalda del rubio por debajo de su camisa. Dios mío. Sentir su piel era todo un universo nuevo para ella. Un maravilloso universo.
Yamato ahora lo sabía. Si al principio hubo algún indicio de duda, ya no había forma de parar. Podía sentirlo, Mimi deseaba tanto este momento como él mismo. Bajó la mano hacia la blusa que traía la chica y comenzó a deslizarla hacia arriba para retirarla, besándole ligeramente la mandíbula, la barbilla y las comisuras de la boca.
La blusa cayó al suelo y después de eso se sumergieron en una utópica realidad que ambos habían creado en ese mismo momento. La ropa caía, se desvanecía y desaparecía. Y de pronto, ya no era más un absurdo impedimento. Se habían abierto paso al delirio, a los suspiros incesables, al éxtasis en su máxima potencia. Vivían, sentían y revivían. Cada vez que el rubio deslizaba sus dedos sobre la piel de Mimi, las caricias resonaban con fuerza por cada rincón de su cuerpo.
Estaban rebasando esa línea que nunca antes se habían atrevido a cruzar. Y de un segundo a otro, era como si la proximidad de ambos cuerpos no fuera suficiente.
Yamato la recorría lentamente, a toda ella. Sus labios, su cuello, sus pechos, su cintura, sus caderas, sus piernas. Toda. Sus manos eran suaves, delicadas, ansiosas, cálidas y estimulantes. La estaban haciendo recorrer el camino de las maravillas. Se sentía dichosa. Se sentía osada. Plena. Y era delirante. Las mariposas en su estómago habían viajado hasta su vientre y veía borroso. Estaba borde de un abismo del que estaba dispuesta a lanzarse.
Al sentir las manos de Yamato sobre sus pechos, no pudo más que cerrar los ojos y lanzar su cabeza hacia atrás. Si antes ya estaba delirando, ahora estaba perdida. Era exquisito y no quería que parara. Oh, sigue, por favor. La sensación se multiplicó hasta el infinito cuando él retiró una de sus manos y las suplantó con sus labios. Con su boca sobre sus pechos. Mimi ahogó un gemido y su cuerpo se arqueó por debajo del de él. provocando así que la última pizca de autocontrol que les quedaba desapareciera por completo. Ahora sólo había fuego. Calor que quemaba y reclamaba unión.
Se miraron nuevamente a los ojos. No había necesidad de palabras. Mimi tan sólo asintió, siendo capaz de leer las preguntas en el profundo azul que eran los ojos de él. Un azul que hoy estaba más vivo que nunca. El rubio se posicionó entre las piernas de ella, sin dejar de mirarla. La contemplaba con amor, con deseo, con todo lo que le quería transmitir en esos momentos. Ella le sonrió, y él la beso con ternura en la frente. Era el preámbulo, el prefacio, la anticipación. Estaban listos. Estaban deseosos. Estaban amándose.
Y entonces, después de tomar fuerte la mano de Mimi entre la suya, lentamente entró en ella.
Se escuchó un suspiro ahogado, acallado por labios. La besó, la besó y la volvió a besar hasta que pudo sentir como los músculos de Mimi se relajaban en cuestión de minutos. Y entonces comenzó. Una embestida. Salía. Entraba. Lento. Desquiciante. Perfecto.
Mimi se estaba volviendo loca, y en esa delirante locura, ahora fue ella quien atrapó la boca del rubio, abrazándolo fuertemente, moviendo las caderas hacia él, contra él, aumentando el ritmo. Con cada embestida se llenaba de vida y las llamas de fuego que antes quemaban ahora la abrasaban de manera desgarradora y gratificante. No sabía si reír o llorar. Estaba temblando de pasión. Estaba subiendo a la cima y no era capaz de pensar en nada.
Lo único que ocupaba su mente era él. Sólo él. Lo único que reclamaba su cuerpo era a él. A Yamato. Lo deseaba. El único sonido que salía de sus labios era su nombre. Ah, Yamato. Entremezclado de alguno que otro suspiro lleno de intensidad. Lo amaba.
– Mimi, ah… – soltó el rubio entrecortadamente, con voz ronca, al oído de la chica.
Estaba muerto de éxtasis. Y ella, al escucharlo suspirar de ese modo, sintió como su vientre comenzaba a contraerse.
En estos momentos sólo estaban ellos. Ajenos al mundo. Dos cuerpos entregados, sólo conscientes el uno del otro, haciendo el amor. Morían y nacían a cada instante. Sintiéndose y conociéndose. Era un vaivén insaciable. Carnal y emocional.
Los besos no cesaban. Tampoco las embestidas. Con cada movimiento de caderas podían sentir descargas que llegaban a todas sus terminaciones nerviosas. Estaban alcanzando el cielo. Ya podían rozarlo. Ya podían palparlo. Faltaba poco, faltaba muy poco. Otra embestida. Hasta lo más profundo y faltaba poco.
Mimi ya no podía más. Sentirlo tan dentro, más y más cada vez, la estaba desquiciando. La estaba haciendo perder la consciencia. El calor también aumentaba con cada movimiento y de pronto fue como si las fronteras del cielo hubieran sido rebasadas. Ambos eran ahora pura pasión. Puro calor. Estaban llegando hasta el sol.
– ¡Ah!
Un grito ahogado salió de lo más profundo del interior de la castaña, quien arqueó todo su cuerpo al sentir que la presión en su vientre se volvía inaguantable. Insoportablemente exquisita. Y, ahí, justo en ese momento, una intensa sensación desconocida para ella se arremolinó en la zona de su cuerpo que estaba en el más puro contacto con él.
Al sentir Mimi contraerse bajo él, trató inútilmente de sofocar ese ronco suspiro que salió de su garganta. Estaba a punto de llegar. Ya casi.
– ¡Ah, Yamato!
Eso fue lo último que salió de la boca de Mimi antes de que se dejara ir. Estalló de forma escandalosa, arrolladora, en un millón de pedazos en torno a él. Y él, al mismo tiempo, fue catapultado a un lugar lejos de toda realidad. Ambos se dejaron ir tocando el sol y quemándose. Desplomándose. Cayendo. Cayendo de vuelta a la resplandeciente cima en el cielo. En su propio paraíso personal.
Éxtasis en llamas comenzando a ceder. Respiraciones agitadas tratando de recuperarse. Cordura perdida abriéndose paso en sus mentes.
Y poco a poco, ambos volvieron a materializarse en la tierra.
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Notas de la autora:
Buff. Terminé de escribir el capítulo. Y sí, sí, sí, volví a tardar horrores, pero mínimo soy constante (?), y esta vez no pasé del mes. Merezco aunque sea una felicitación, por más mísera que sea, ¿no? ¿No? No XD. Bueno ya, mis excusas son las mismas. Tengo poco tiempo libre y cuando lo tengo, el ocio inminente me consume xD. El ocio y la flojera, de hecho, y es una combinación peligrosa. ¡Además cuando estoy cansada la inspiración no me llega! Y créanme que la necesitaba para escribir este lemon. Y ya que lo mencioné, hablaré de él.
Primero, lo prometido es deuda y aquí se los traje. Espero que les haya gustado, en lo personal, a mí me dejó satisfecha, creo. Y digo creo porque sé que si lo vuelvo a leer me van a dar ganas de cambiar unas veinte mil cosas, hahaha. En fin, les confieso que desde SIEMPRE pensé en hacerlo así. ¿Cómo así? O sea, enfocándome en las sensaciones más que en la descripción gráfica del acto. Sí, claro que hubo descripción, pero todo quise hacerlo muy sutil para que se pudiera apreciar bien la magnitud de lo que Mimi y Yamato estaban sintiendo. Creo que por eso me gustó este lemon. Me parece que quedó intenso sin necesidad de describir cada cosa que hacían. Y bueno, lamento si esperaban algo más extremo, pero para este fic, sentía que no quedaba. E insisto, a mí me gustó.
Ahora, el capítulo en sí. Pues WAH. Al fin, ¿no? Después de toda una vida, nuestros niños pudieron debutar XD. Fue un largo camino lleno de aprendizajes distintos para cada uno de ellos. Si se ponen a pensar... Mimi, Yamato, Taichi, Sora, Takeru y Hikari, TODOS ellos aprendieron lecciones valiosas y vivieron experiencias que los hicieron madurar. Además, si se fijan, la mayoría ha cambiado mucho desde el capítulo uno a este. Siento que es una historia en la que he trabajado mucho en los personajes y hasta yo me siento orgullosa de sus logros :'). Soy toda una mamá osa (?).
En fin, ahora sí, hablando del capítulo, ¡al fin las emisoras dieron su brazo a torcer! El disco se vendió como pan caliente (?) y todos ayudaron en su promoción para, ¡shururun! Lograr el objetivo de un mes en un corto plazo de tres días. ¡YAY! Luego antes del concierto les di una probadita caliente (?) de lo que venía, y de hecho, siento que el momento en los camerinos estuvo más "cachondo" que el lemon en sí XD, y siendo sincera, ambos me gustaron. Después vino el concierto, el debut. ¡Lo lograron! Y ah, ¡el papá de Mimi al fin comprendió!
Hohoho, fue un capítulo importante y LLENO de Mimato para todos ustedes, mis amores XD. Se los dedico con toda mi pasión desenfrenada. ¡Gracias por el apoyo! ¡Gracias por todo! En serio, sus reviews me hicieron sonreír como idiota :'). Los amé y los amo a todos por tomarse un tiempecito para mí. Sé que a veces la flojera nos gana (lo digo por experiencia), y el que se dediquen unos minutitos para escribirme me hace sentir bien bonito en el pecho (cursi yo). También agradezco a mis lectores invisibles, ¡aparezcan aunque sea para presentarse! Especialmente en este capítulo, realmente me interesa saber lo que piensan. BTW, respondí a todos sus RR's, como siempre ^^.
Y bueno, calculo que quedan dos capítulos. PERO, quisiera dejarlo en 40 cerrados, así que veré si ese lo hago epílogo o a ver qué. Falta poquito y ya siento el vacío en el pecho. PERO BUENO, aún no acaba y me tendrán por aquí un rato más. OH, además de que ya tengo tres capítulos de mi nuevo proyecto ^^, espero contar con su apoyo.
¡Los quiero!
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~
¿Me dejan review? (sí, la cajita aún les hace ojitos sensuales) ~
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