Sin pensarlo más tiempo, olvidó su pescado, sujetó a Inuyasha con fuerza y saltó hacía atrás justo a tiempo para esquivar una extraña cuchilla que fue lanzada hacia ellos.
Inuyasha chilló en sorpresa por el rápido movimiento y también porque su comida cayó al suelo.
—Shu, mi comida— murmuró Inuyasha a punto de hacer un puchero, siendo rápidamente detenido por un gruñido de Sesshomaru.
Sesshomaru miró con detenimiento su entorno, especialmente donde fue lanzado el cuchillo. Y los vio. Tres gatos leopardo: Una hembra y dos machos. Pero parecían no ser los únicos.
—Eres rápido, cría— Burló uno de ellos. Color negro, ojos ambarinos y de gran tamaño; era robusto, con un traje ninja color azul y parecía ser del mismo tamaño que su padre.
—No soy una cría— defendió Sesshomaru. Estaba de pie cubriendo a Inuyasha con la estola y listo para cualquier ataque sin estar en posición defensiva. No transmitía ningún miedo o vacilación. Su rostro perfectamente estoico.
—Tienes razón. Mi error. No una, sino dos crías— dijo el gato, señalando el bulto en el brazo izquierdo de Sesshomaru.
—Y no son cualquier cría. Son los adorables cachorritos de Inu no Taisho—Mencionó la gata color crema.
Sesshomaru gruñó en respuesta.
Por la forma en que vestían y se veían Sesshomaru sabía muy bien que eran Gatos leopardo. Su forma felina humanoide daba entender a Sesshomaru que eran demonios de bajo rango al no poder mantener una verdadera forma "humana". Eso podría tomarlo como una ventaja, pero para su desgracia había más de tres gatos; Podía escuchar a otros más rodeándolo y vigilándolo entre las sombras.
— ¿Qué sucede, perrito? ¿Un ratón te comió la lengua? — sonrió con burla el gato color cobre.
—No. Simplemente no tengo interés en perder mi tiempo con ustedes— respondió Sesshomaru.
El gato color cobre le dio una mirada de odio puro.
—El perrito tiene agallas— sonrió con diversión el gato negro.
—Creo que no sabes quiénes somos—. Habló la hembra — Mira perrito, nosotros…
—No pregunté y no me interesa, ahora largo— Interrumpió Sesshomaru, la molestia siendo evidente en su voz.
Inuyasha se retorció un poco del agarre de Sesshomaru para observar y rápidamente se arrepintió. Tres demonios que nunca había visto en su vida estaban delante de él, con aspecto intimidante y ofreciéndole miradas divertidas y de molestia. Miró hacía atrás para ser recibido por tres pares de ojos felinos que lo acechaban entre las sombras. No pudo ver más porque la estola de Sesshomaru volvió a cubrirlo.
—Estoy harto. Déjenmelo a mí— dijo el gato color cobre, flexionando sus garras para atacar siendo detenido por la hembra.
—Tranquilo, es divertido y lindo— Volteó hacía Sesshomaru—. Me agradas perrito, así que te daré tres opciones — mostrando tres garras para enfatizar su punto—. 1.- Puedes venir con nosotros por las buenas. 2.- Puedes entregarnos a esa cosa que traes contigo y a cambio, nosotros te dejaremos huir libremente. O 3.- Hacer todo por las malas.
Sesshomaru guardó silencio pensativo. No era porque consideraba las opciones, las opciones eran pésimas. Lo hacía para poder escuchar con atención el ruido que le rodeaba. Podía decir con seguridad que en total eran 6 gatos. Lo suficiente para causarle problemas.
Sesshomaru no tenía ningún arma, sólo sus habilidades, y su brazo izquierdo no sería de utilidad por tener que cargar de Inuyasha. Toda probabilidad estaba en su contra.
— ¿Y bien? —presionó el gato negro.
Sesshomaru dio una media sonrisa arrogante—Tengo una mejor opción. Porque no se largan y así puede que les perdoné la vida.
El gato negro soltó una fuerte risa gutural por la arrogancia del joven daiyōkai.
Sesshomaru sintió una molestia a su orgullo; Nadie se burlaba de él.
—Que agallas para ser un perrito en problemas—La diversión se esfumó en la cara del gato negro—. Por desgracia, esa no es una opción. Tú padre asesinó a nuestro líder y si no mal recuerdo, Tú estabas ahí.
—No lo recuerdo. Su líder debe de ser tan poca cosa para olvidarlo tan rápido— contestó Sesshomaru.
Los gatos bufaron en ira. Sesshomaru trató de no demostrar alguna emoción. Un futuro líder no debe de demostrar temor hacía sus enemigos; era algo que había aprendido.
Inuyasha se atemorizó por el aterrador sonido. Era igual que escuchar al gato de casa de su mamá cuando no quería jugar con él. Inuyasha tuvo que aprender por las malas cuando el gato no estaba de humor. Sólo que esto era diferente. Eran muchos bufidos y sonaban agresivos y amenazantes.
—Mide tus palabras, cachorrito— gruñó el gato color cobre, afilando sus garras en el árbol junto a él. Como si tratará de demostrar lo peligroso que podía ser.
Sesshomaru no se sintió intimidado. Sesshomaru creía demasiado en sí mismo, suponiendo que los gatos no serían problema para él a pesar de que sus habilidades aún no estaban perfeccionadas.
—Shu, quiero ir a casa— susurró Inuyasha. Ya no le era divertido estar aquí.
Sesshomaru no respondió, mirando con cuidado cualquier movimiento de los gatos. Estaba seguro de que iban a atacar y tenía que prepararse para ello.
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Inu no Taisho terminó de inspeccionar al difunto soldado; no tenía ni una marca ocasionada por los gatos leopardo, en cambio, tenía heridas por armas humanas. Las causantes de la muerte.
Sus soldados encontraron tres cuerpos de gatos leopardos asesinados de la misma manera. No había duda de que había un grupo de humanos extremistas.
Inu no Taisho suspiró frustrado. Sólo podía pensar en que tendría más reuniones, discusiones, papeleo, posibles peleas o incluso una guerra.
—Sr. Inu no Taisho tengo una noticia urgente que entregarle— dijo alarmado un soldado, sacándolo de cualquier pensamiento.
— ¿Qué sucede? —preguntó, ocultando su emoción de irritación. Hoy no era un buen día.
—Es sobre el joven Sesshomaru y el joven Inuyasha.
Al escuchar la mención de sus hijos, la irritación y fastidio desaparecieron para ser remplazados por la preocupación. Las cosas con Sesshomaru habían terminado mal y a su cachorro menor le había mentido diciéndole que volvería pronto.
— ¿Qué hay con ellos? —Preguntó con evidente preocupación.
—Mi señor, ellos huyeron del palacio— informó el soldado.
Inu no Taisho no podía creer eso, tenía que haber un fuerte motivo para ello, pero no preguntó dirigiéndose rápidamente al palacio en busca de respuestas.
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Irasue llegó al palacio para informarse sobre lo que había sucedido, pero cuando se enteró hacía dónde su hijo había ido no dudo ni un segundo en seguir la pista.
El olor de Sesshomaru era vago en el ambiente. El viento y el tiempo transcurrido habían ocultado las señales de su cachorro… de sus cachorros. El pequeño Inuyasha también estaba con él y eso no la hacía sentir mejor.
Rumores circulaban que Sesshomaru quería deshacerse del pequeño. Ella no creía esa vil mentira, Sesshomaru pudo no haber aceptado al hanyō al principio, pero ahora definitivamente Sesshomaru adoraba al cachorro. Aunque su hijo no lo admitiera, era evidente que mostraba preocupación y cariño por el más joven.
—Irasue no quiero preocuparte, pero no estaban solos— Comentó Etsu, inspeccionando un árbol.
— ¿Qué quieres decir? — preguntó ella, acercándose junto a él.
—Mira aquí— respondió Etsu, señalando unas extrañas marcas—Son garras.
—Tal vez son de los soldados— Irasue necesitaba pensar eso, no quería ni imaginar que sus hijos estuvieran en peligro. Confiaba en las habilidades de Sesshomaru, pero los bosques eran peligrosos y contenían bestias impredecibles.
— No lo creo. Los soldados dejaron de seguirlo a este punto. ¿Cuáles son los lugares favoritos de Sesshomaru?
—El bosque Shibu.
—Entonces debe de…
—Sí Sesshomaru estaba huyendo como todos dicen, ese sería el último lugar que visitaría. Sesshomaru no es tonto y sabe que ese es el primer donde buscaríamos—interrumpió Irasue—. No lo entiendo, ¿Por qué huiría?
— ¿Por qué no lo haría?
Irasue se ofendió por la pregunta, ella trataba de hacer lo mejor para Sesshomaru — ¿Qué quieres decir?... estas diciéndome que…
—Tranquila, no estoy diciendo eso. No te juzgo. No sé nada de crianza de cachorros, sé qué haces lo mejor que puedes. Lo que quiero decir es que Sesshomaru está pasando por una etapa difícil y normal, sólo está actuando como cualquier adolescente que tiene problemas.
— ¿Problemas?
Irasue pensó en el comportamiento de Sesshomaru estos días; Su hijo había estado actuando como de costumbre, tal vez un poco más distante de lo normal e incluso se había alejado de Inuyasha, y también Sesshomaru estaba más irritable, entre otros aspectos. Evidentemente, Sesshomaru había dado muestras de malestar y ella no lo había notado hasta ahora.
—Es mi culpa—murmuró Irasue.
—No digas eso, Irasue. No es tu culpa— consoló Etsu lo mejor que podía.
—No le presté la suficiente atención, con todo lo que está pasando y yo ignoré cómo se sentía— cubrió su rostro con las manos, ocultando cualquier muestra de debilidad —. Soy una pésima madre—Los recuerdos de sus abortos involuntarios llegaron a su mente. El destino lo sabía, sabía lo pésima madre que era y por ello, los cachorros que jamás llegó a conocer ni a abrazar habían perecido mucho antes de que pudiera anunciar su nacimiento.
Etsu se puso completamente nervioso, no sabía qué hacer —No, no lo eres. Eres una buena madre— animó.
—No, no lo soy. Tal vez… tal vez por eso no puedo—susurró. Este no era un momento para quebrarse y llorar por cosas del pasado, pero no podía soportarlo al imaginarse perder a su único hijo. El dolor del pasado que había tratado por muchos años ocultar, estaba saliendo a la luz.
Etsu abrazó a Irasue en un intento por consolarla. Desconocía el comportamiento tan inesperado de Irasue. Era normal que una madre mostrara preocupación por su cachorro, pero esto era una reacción muy inusual por parte de Irasue. Tenía que haber algo más en todo esto.
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—Perro desgraciado— se quejó el gato cobrizo cubriendo su oreja izquierda (o lo que quedaba de ella), tratando de detener la sangre y el dolor.
Sesshomaru había utilizado su látigo venenoso para mantenerlos alejado de él e Inuyasha. Su verdadera intención era cortarle la cabeza, pero por desgracia sus heridas infligidas anteriormente habían ralentizado sus movimientos.
La gata color crema y el gato negro rieron por el infortunio de su amigo, quien había insultado al joven príncipe diciéndole: "Perro que ladra no muerde". Aunque el cachorro a pesar de estar en una desventaja numérica se había enfrentado al cobrizo sin ningún problema.
—Me sorprendes más, cachorro. Pero no estoy dispuesto a tolerar esta actitud más tiempo— el gato negro dio un paso hacía Sesshomaru.
Los demás gatos que estaban ocultos en las sombras salieron y comenzaron a rodearlo.
Las acciones incomodaron a Sesshomaru. Hace tan solo unas horas antes Sesshomaru e Inuyasha eran los cazadores y ahora eran unas simples presas. Pero a Sesshomaru no le gustaba ser la presa, y él se encargaría de dejarlo claro a sus enemigos.
Inuyasha estaba un poco agitado por tanto movimiento. Desconocía que sucedía en el exterior; la estola de Sesshomaru le protegía de todo.
El olor de la sangre llegó a su pequeña nariz, algo que le asustó, pero no le preocupo tanto al no ser de su hermano. Seguía aterrado por los sonidos y las voces tan amenazantes y burlonas que escuchaba.
Sesshomaru esquivó perfectamente el ataque de dos gatos leopardo, pero no pudo defenderse del tercer gato que logró herirlo en el hombro derecho.
—Shu, ¿Estás bien? — preguntó Inuyasha, alarmado, dejándose ver por los gatos leopardo.
Sesshomaru no hizo ningún sonido de dolor, a pesar de que la cortada le había lastimado —Estoy bien.
La estola de Sesshomaru volvió a ocultar a Inuyasha, a pesar de los intentos del menor por ya no estar encerrado por más tiempo.
—Oh vaya, que cosa tan extraña acabo de ver. Ese es el hanyō, ¿No es así? —preguntó la hembra.
Sesshomaru la ignoró y se deshizo del gato que lo había herido. Los gatos no eran tan estúpidos como Sesshomaru creía; sus enemigos atacaban al mismo tiempo. A excepción de la única hembra y el gato color negro.
Los gatos leopardo eran rápidos para su decepción y su agotamiento no estaba ayudando.
La lentitud era evidente para el gato negro quien habló: —No volveré a repetirlo, perrito, ven con nosotros por las buenas y probablemente no te mataremos.
— ¿Qué te hace pensar que cambié de opinión? — dijo con fastidio, esquivando nuevamente el ataque del cobrizo.
—Muy bien tú lo pediste. Mine, hazte cargo— ordenó el gato negro.
—Con gusto— la gata sonrió con complacencia y se metió a la pelea.
Sesshomaru no podía más. Seguía con algunas heridas ocasionadas por Rayden y su grupo, y ahora tenía que lidiar con nuevos cortes producidos por los gatos leopardo. Estaba exhausto, defenderse con un solo brazo se estaba volviendo muy complicado y la única forma de atacar que conocía sin exponer a Inuyasha era utilizar su látigo para mantenerlos alejados. Su velocidad disminuyendo al igual que su fuerza en cada ataque.
Por la sonrisa que dio la hembra, significaba problemas para Sesshomaru. Pero él no se daría por vencido tan fácilmente. Tenía que soportar un poco más.
