Abrió los ojos lentamente, sin tener demasiado claro dónde estaba, muy confuso. Lo último que recordaba era estar con su cuñado y de repente todo lo demás se había vuelto borroso. No era de día todavía, la luz que entraba por la ventana de la habitación apenas iluminaba lo suficiente para ver.

Movió con cuidado la cabeza de un lado hacia el otro, fijándose al hacer ese gesto, en que no estaba solo, incluso con la tenue luz que tenía era sencillo reconocer el color de cabello de aquella que se había quedado dormida en una de las sillas con las piernas colgando por uno de los laterales.

Le pesaron los párpados de nuevo, no siendo consciente del tiempo que los tuvo cerrados, pero cuando los volvió a abrir se encontró con que la habitación estaba completamente iluminada y que la silla que había estado vigilando estaba vacía.

- Buenos días – desde el otro lado una voz reclamó su atención haciendo que girase la cabeza para encontrarse justo a la que estaba echando en falta.

- ¿De verdad no tenías nada mejor qué hacer precisamente tú que quedarte de niñera?

Sora alzó ambas cejas por la tontería que acababa de soltar, terminando por sonreír finalmente. Eso solo podía significar una cosa: estaba bien. Y, en aquel momento era lo único que había querido escuchar desde que la habían avisado de la recaída.

- Te lo advierto, como vuelvas a darnos otros de estos disgustos voy a ser yo misma la que te liquide, ¿queda clarito?

- Como el agua… - algo le decía que aquella era la amenaza más realista que iba a recibir por todas partes en lo que quedaba de día-. ¿Los demás?

- Están bien, los conseguí echar anoche para que descansaran. Tranquilo, está perfectamente y no tardará en llegar – aclaró rápidamente sabiendo quién podía ser más de su interés.

- Y tú deberías de irte a descansar también. Tienes una pinta horrible…

- Muchas gracias… Tú sigue aprovechándote de que estás convaleciente para que no te haga nada – cruzó los brazos.

- Creo que estar convaleciente me ha servido para librarme de bastante más – se puso serio repentinamente-. ¿Has sabido algo de él?

Vio rápidamente el cambio en el gesto de su amiga. Ambos sabían que el tema era totalmente inevitable, pero parecía que por el momento podrían haberlo llegado a esquivar. Se limitó a negar con la cabeza.

- No que yo sepa – añadió finalmente.

- ¿Qué ha pasado? Porque lo que me ha contado y no su versión en miniatura no tiene mucha coherencia… - o al menos lo que él recordaba. No había sido tampoco su momento más lúcido, aunque no se hubiera quedado de palabra, había empezado a encontrarse mal repentinamente, empeorando cada vez más.

- ¿Tú qué crees? Nos escuchó hablar, para encima yo pensé que de lo que se había enterado era de lo de Ryo o que estaba enfadado por lo que le había dicho… Así que… ambos lo conocemos lo suficiente como para saber la que se avecinaba – posiblemente por eso mismo su subconsciente la había traicionado de tal manera haciendo que no le hubiera contado nada de lo que debería.

- Lo siento… No tendría que haberte dicho yo nada antes.

- No lo sientas… No fue la mejor forma ni el mejor momento pero tarde o temprano iba a acabar pasando…

- ¿Qué te dijo?

- Que le habían ascendido, que volvían a salir y que era mejor que aprovecháramos esto para darnos un tiempo – resumió.

Era mejor ahorrarse el resto de detalles, tampoco tenía gana de pensar en ellos de nuevo. Con esos tres detalles sobraba para que se quisiera dar cabezazos contra la pared un buen rato. Lo peor era que era planamente consciente de que se lo había buscado y que era exactamente lo que se merecía por tonta.

- ¿Y qué haces aquí, repito?

- ¿Cómo que qué hago aquí? Pasar la noche vigilando que no amenazaras con morírtenos otra vez como poco esperando a que alguien nos diera noticias. Eso hago aquí.

- Pues así a ojo, yo ya debo de estar más o menos aceptable. ¿Qué sigues haciendo aquí?

- No voy a ir detrás de él ahora – negó con la cabeza.

- ¿Y se puede saber por qué?

- A ti te siguen haciendo efecto los sedantes… Contando que no me he atrevido todavía a intentar que me coja el teléfono, no sé cómo esperas que vaya a ir hasta allí.

- No me obligues a tener que levantarme y llevarte de la oreja…

- Tú te quedas ahí. Además… - no iba a mentir, lo había pensado. No iba a mentir tampoco en aquello: le daba miedo. Le daba miedo solo empeorar las cosas y llegar a un punto que no tuvieran arreglo-. Necesito pensar, aclararme las cosas a mí misma.

- ¿Qué narices te tienes que aclarar? ¿Tengo que hacerte un esquema yo? Pensaba que el idiota era yo… Todos lo conocemos, sabemos el humor que se gasta, sí, pero si te ve allí va a tener que morderse la lengua y, al menos escucharte.

Era demasiado pronto para volver a tener ganas de enfrentarlo, de volver a tener que disculparse por algo que sabía que había hecho mal. Necesitaba estar ella más calmada también para no llegar a encenderse y ser ella la que también empezara a echarle el cara todos los años de ausencia y que ahora reclamase explicaciones.

Simplemente, no estaba preparada.

Negó con la cabeza.

- Necesito pensar – repitió.

- Haz lo que quieras, pero no tienes nada que pensar…

- Por cierto… gracias.

- ¿Por qué?

- Por mandarme a Mimi ayer…

- ¿Y qué se supone que iba a hacer? Hubiera ido yo mismo, pero creo que no hubiera sido la mejor de las ideas.

Alargó la mano, con dificultad, para posarla sobre la de ella, en uno de las barandillas de los laterales de la cama.

Quizás fuera mejor que no fuera directamente tras Yamato. En el asunto que probablemente había provocado todo aquello tenían ambos la misma culpa y quizás debería de ser él quien hablara primero con su amigo, si es que era capaz de que lo escuchara. En aquellos momentos, se iba a hacer todo demasiado complicado. Quizás el tiempo no fuera tan malo, quizás simplemente ayudara a llevar las aguas de nuevo a su cauce, que mal no les iba a venir.

- ¡Estás bien! – fue lo único que pudieron escuchar desde la puerta antes de que unos pasos rápidos delataran a Koemi acercándose para, sin pensar en mucho más, abrazarse a él.

La pelirroja se apartó, dejándoles su espacio con una sonrisa ante la escena que tenía delante de ella. En aquel momento lo único en lo que quería pensar en que no había quedado más que en un susto del que pronto se podrían olvidar. Entonces, solo entonces, iba a pensar en lo que realmente tenía que pensar.

No podía evitarlo, siempre había acabado poniendo por delante el bienestar de los demás que el suyo propio y más en aquel caso. Habría tiempo de todo…

- Este al final debe de ser inmortal – dijo Takeru apareciendo también desde la puerta soltando al digimon de Taichi para que fuera a buscar a su compañero.

- Debe de ser genético porque si todavía no ha conseguido acabar conmigo – la voz de la hermana del chico se unió mientras que observaba la escena a su lado.

- ¡TEN CUIDADO QUE PESAS MUCHO! – fue lo último que le escucharon decir a Taichi antes de que un dinosaurio del tamaño de un niño de tres años se lanzara encima de él y su mujer para abrazarlos.


AnnaBolena04: y salimos del pozo con este cierre de la trama londinense. Y en este me he comportado y no he dejado la moral de nadie por los suelos, especialmente con la parte del final. Un poquito menos castigada sí que puedo estar hoy, ¿no?

Venga, que prometo portarme mejor de ahora en adelante y no hundir a nadie en depresiones profundas o, al menos, desde mi punto de vista xDDD No sé yo si eso te servirá como garantía xDDD

Rie: lo sé T_T yo también he estado dándole vueltas a eso, pero es que tal cual me he montado la historia no encuentro dónde meter eso. Se ha ido cerrando la trama sobre esa parte que o me saco a una vecina acosadora de la nada o no sé yo de dónde puedo llegar a ponerla celosa xDD Ni siquiera una compañera de trabajo porque no llegaría a verlo. Si algún día encuentro una forma de encajarlo bien, yo me apunto xDD Bueno, eso y que si aumento el drama la de arriba encuentra mi casa y me lincha xDDD

¡Me alegro de que te guste mi historia y mil gracias por tu review! En los capis que vienen de ahora en adelante ya viene algo de cambio, espero que también te gusten.