Capítulo 37 - ¡Las hazañas de Gold en Pueblo Azalea! ¡Las extrañas pokéballs de Kurt y el reencuentro con Silver!

Al día siguiente …

Gold llegó finalmente a la ruta 32, en Pueblo Azalea, al muelle del que le había hablado Bugsy, en el que estaban sucediéndose las misteriosas desapariciones de pokémons:

- Este debe de ser el lugar del que me habló Bugsy - comentó Gold, observando la superficie del agua -. Me pregunto si mi Poltaro estará aquí …

- ¿Cómo? ¿A ti también te ha desaparecido un pokémon?

Gold y sus pokémons se giraron, sobresaltados. Un hombre con aspecto bonachón, acompañado de un Butterfree y con una caña de pescar al hombro se acercó a Gold:

- Sí - afirmó Gold -, una pokéball con un Poliwag dentro … No la habrás visto, ¿verdad?

- ¿Una pokéball con un Poliwag? Qué va … - respondió el hombre -. Es una pena … Otra víctima de los robos de pokémons de esta zona …

- ¡¿Y dónde se encuentra ese maldito ladrón? - preguntó Gold, hecho una furia.

Por alguna extraña razón, en ningún momento se le ocurrió sospechar de Silver:

- Nadie lo sabe - respondió el pescador -. Parece ser que ese tío aparece de la nada, roba las pokéballs de entrenadores que están pescando y las hace desaparecer en el agua.

- **¡Maldición! - pensó Gold -. ¡Te juro que como haya sido otra vez el Team Rocket les corto el pescuezo!**.

El pescador sacó una pokéball de su bolsillo, dispuesto a sentarse a pescar, pero siguió explicándole más a Gold:

- Ten mucho cuidado - le dijo -, dicen que es muy sigiloso y que podría robarte algo mismo que tengas en la mano sin darte tú ni cuenta …

- ¡Eh! - gritó Gold.

Mientras hablaba, una veloz silueta se había acercado al pescador y le había arrebatado la pokéball.

- ¡Oh, no! - exclamó el pescador -. ¡Es él! ¡Alto ahí, ladrón!

Gold sacó su vara de billar y una pokéball de su mochila a la velocidad de la luz, hecho una furia:

- ¡Por mucho que corras, no podrás esconderte de mí! - gritó, golpeando la pokéball magistralmente con la vara la pokéball.

Sunkern salió de la pokéball y se estrelló en el aire contra el ladrón, que resultó ser un Granbull, la evolución de Snubull, un pokémon bastante rechoncho pero con un fiero rostro de perro bull dog.

- ¡Oh! - exclamó el pescador.

- ¡Pero si el ladrón es un pokémon! - exclamó Gold.

Granbull se quedó flotando en el agua, con la boca entreabierta, moviéndola como si intentase articular palabra:

- Un momento … - comentó Gold.

Se acercó al Granbull y, tras sacarle de la boca la pokéball que le había robado al pescador, ayudó al pokémon a colocarse bien la mandíbula desencajada:

- ¡Así que era eso! - exclamó el pescador -. ¡Es un Granbull, y estaba apurado porque nadie le ayudaba a curarse la mandíbula! Los robos eran para llamar la atención.

- Gracias a Sintaro y a mi "magistral" mano - dijo Gold, registrando los datos de Granbull en la pokédex -, este pobre ha podido curarse. No me extraña que nadie quisiera acercarse a él, con ese careto …

- ¡Bueno, de todas formas lo llevaré a un Centro Pokémon para que lo revisen ahí mejor! - exclamó el pescador.

- Sí, mejor - afirmó Gold; le guiñó un ojo al Granbull -, ¡pero antes tendrá que devolver todo lo que ha robado!

Granbull sacó de un escondite debajo del muelle todas las pokéballs que había robado, dejando a Gold y al pescador alucinando:

- Vaya … - titubeó el pescador.

Gold identificó una de las pokéballs:

- ¡Ah! - exclamó, contento -. ¡Poltaro! ¡Por fin te encuentro! ¡La corriente del río debió de arrastrarte hasta esta zona …! ¡Debes de haberlo pasado muy mal, pero ya estás de vuelta con nosotros!

De la pokéball de Gold salió un pequeño Poliwag, que saltó enseguida a los brazos de su entrenador:

- Me alegro de que lo hayas encontrado - dijo el pescador -. ¡Toma! Aquí tienes mi número de teléfono. Puede que algún futuro podamos intercambiar valiosa información.

- ¿"Información"? - repitió Gold, riéndose -. ¡No me digas!

- Estoy hablando en serio, pequeñajo.

- Si tú lo dices … - comentó Gold, grabando el número del pescador en su pokégear -. ¡Bueno, yo me voy que tengo mucho que hacer! ¡Hasta la vista!

Gold se marchó corriendo de allí, con sus pokémons. El pescador le observó alejarse:

- **Es un muchacho interesante - pensó -, ¡me encanta su habilidad de lanzar las pokéballs con la vara de billar! Es tan buena como la habilidad de Yellow con su caña de pescar … Seguro que Yellow se sorprenderá mucho de saber que hay alguien tan habilidosa como ella**.

Gold iba caminando tranquilamente por el muelle, cuando se dio cuenta de que su pequeño Poliwag iba tímidamente detrás de Aipom, como mirando a Cyndaquil y a Sunkern con miedo:

- ¿Umh? - preguntó Gold, percatándose -. ¿Te pasa algo, Poltaro?

Poliwag se echó a temblar.

- ¡Oops! - exclamó Gold, arrascándose la cabeza -. ¡Es cierto, casi lo olvido! ¡Poltaro, te presento a Explotaro y a Sintaro! ¡Son nuestros nuevos compañeros, así que no te preocupes!

Gold miró a Cyndaquil y a Sunkern:

- Este es Poltaro - les dijo -. Todavía es un bebé, así que portaos bien con él, ¿vale?

En seguida, Gold llamó a Grant para informarle de todo. Gran estaba, como siempre, con el Prof. Elm en su laboratorio ayudándole:

- ¡Ah, vaya, Gold! - exclamaba Grant -. ¡Me alegro de que por fin lo hayas encontrado!

- Díselo también a mi madre para que ella tampoco se preocupe más, ¿vale? - le pidió Gold a Grant.

- ¿Pero qué vas a hacer con Poltaro? - le preguntó Grant.

- No tengo más remedio que llevarlo conmigo - respondió Gold -. Ya que el maldito Sistema de Transporte no funciona …

- Exactamente - se oyó decir a otra voz al otro lado de la línea -. Si el Sistema de Transporte funcionase …

- ¡Aah! - se oyó gritar a Gold.

- ¡Gold! - exclamó Grant -. ¿Qué te ha pasado?

Un hombre vestido con bata de científico, con la ropa algo sucia y rota y con cara de desesperación acababa de llegar hasta Gold:

- Por favor … - le pidió a Gold -, si estás hablando con el Prof. Elm, dile que …

- ¡¿Pero qué haces? - gritó Gold -. ¡¿Quién demonios eres?

- ¡Ah, ya veo que mi ayudante por fin te ha encontrado, Gold! - se oyó decir al Prof. Elm, alegremente, por el altavoz del pokégear -. ¡Ya iba siendo hora! Gold, ya sabes que accedí a tu petición de dejarte ir a ti solo tras el ladrón que me robó a mi Totodile, ¿no? Bueno, pues a cambio yo también quería hacerte una petición. Quiero que cuides de algo por mí. En concreto, de un huevo.

El ayudante del Prof. Elm le entregó a Gold el famoso huevo de Pascua que tanto tiempo llevaba viajando dentro de aquel saco:

- ¿Y esto? - preguntó Gold, alucinando -. ¡¿Un pokéhuevo?

- Eso parece - respondió el Prof. Elm -. Verás, hasta ahora, nadie había visto nunca a un pokémon recién nacido … ¡Un pokémon bebé, vaya! Así que apenas se sabe nada del pokéhuevo … Te necesito para confirmar que de verdad es un huevo de pokémon, Gold. Hemos conservado el pokéhuevo durante semanas en el laboratorio, pero en ningún momento se ha movido, ni un triste sonido ha salido de él. Así que habíamos pensado que tal vez, en manos de algún entrenador energético con pokémons activos, el pokéhuevo tendría más probabilidades de eclosionar. ¡Sería el descubrimiento del sig …!

- ¡Hey! - gritó Gold -. ¡Espera un momento! ¡¿Me estás pidiendo que haga de niñera?

Naturalmente, así era.

Un par de horas después …

Alguien más nuevo acababa de llegar a Pueblo Azalea. Uno de los lugares más importantes de aquel pueblo era la casa de Kurt, un hombre de edad avanzada que se dedicaba a fabricar diferentes tipos de pokéballs a partir de las cáscaras de los bonguris que se podían encontrar en los árboles. Los bonguris eran unos frutos originarios de la región de Johto.

- Vaya, muchacho, espero no ser demasiado atrevido preguntándote esto, pero ya sabrás que la pokéball que me has pedido que te fabrique es muy poderosa. ¿Para qué la necesitas?

Kurt se hallaba fabricando una pokéball a partir de un bonguri negro. El chaval que se lo había entregado no era otro que Silver:

- Hay un pokémon muy fuerte y grande al que quiero capturar - respondió Silver, como siempre acompañado de Sneasel y Croconaw -. Eso es todo.

- ¡Jajaja! - rió Kurt -. ¡Me gusta tu mirada, pareces muy seguro de ti mismo! No te preocupes, me da igual para qué la quieras, yo sólo fabrico pokéballs para entrenadores a los que veo suficientemente cualificados como para usarlas con habilidad.

Kurt terminó la pokéball, de color negro con adornos azules, y se la entregó al chico pelirrojo:

- ¡Aquí la tienes! - le dijo -. ¡La Heavy Ball!

Mientras tanto …

Gold no había podido encontrar ningún restaurante en Pueblo Azalea que se adaptase a sus condiciones económicas, por lo que no tuvo más remedio que acudir al bosque a coger frutos de los árboles:

- Maldita sea … - se lamentaba -. Qué hambre tengo … Y encima no tengo dinero, jo … ¡Anda, mirad chicos! ¡Un bonguri!

Gold señaló a un bonguri verde que había en el árbol. Aipom, Cyndaquil, Sunkern y Poliwag también miraron:

- ¡Nunca había probado uno! - exclamó Gold, cogiéndolo -. ¡Bueno, supongo que es mejor que nada! ¡A ver qué tal sabe …!

Gold se metió el bonguri entero en la boca y, apenas hubieron pasado unos segundos, cuando empezó a escupirlo:

- ¡Jijiji! ¡Eres muy raro! - exclamó una vocecilla.

Sentada cerca de donde estaba Gold había una niña de unos siete u ocho años de edad, muy mona, con el pelo recogido en dos pequeños lacitos y un vestido largo:

- ¡Los bonguris sólo se comen cuando uno está muy desesperado! - exclamó, divertida -. ¡Y creo que ni eso …! ¿Tanta hambre tienes?

La niña le ofreció a Gold una bandeja con bolas de arroz:

- ¡Come todas las que quieras!

Gold casi se echó a llorar:

- ¡Muchas gracias, señorita! - exclamó, mientras sus pokémons también se ponían comer -. ¿Cómo podríamos agradecértelo?

- ¡Jiji! - rió la pequeña -. Mi abuelo usa las cáscaras de los bonguris para fabricar pokéballs. Son muy especiales y las puede crear de muchos tipos, depende del bonguri que le lleves …

- ¡Espera un momento! - exclamó Gold -. ¡¿Pokéballs a partir de un fruto?

- Sí … Me gustaría que mi abuelo me hiciera una Friend Ball para atrapar un pokémon que me gusta, pero él dice que sólo puede confiarles sus pokéballs a entrenadores habilidosos …

Gold se estaba partiendo de risa:

- ¡Una pokéball de un fruto! - exclamaba -. ¡¿Y qué será lo próximo? ¡Jajaja, menuda pérdida de tiemp …!

- ¡NO TE RÍAS DE MIS POKÉBALLS!

El abuelo de la niña acababa de llegar, hecho una furia. Gold se sintió inexplicablemente acongojado delante de él:

- Uuh … - titubeó -. ¿Qu … quién eres?

- ¡Me llamo Kurt! - exclamó el señor, mirando a Gold como una fiera.

- Es mi abuelo - dijo la niña, con una sonrisa nerviosa -. Del que te estaba hablando …

- ¡Escucha, chaval - dijo Kurt -, mucho antes de que existieran esas pokéballs que tú llevas en la mochila, mi familia ya llevaba generaciones fabricando pokéballs a partir de bonguris! ¡Pero entonces, las fábricas empezaron a crear las pokéballs, la superballs y las ultraballs, por los que mis pokéballs quedaron a la sombra! ¡Pero, mientras que las pokéballs fabricadas en fábricas son para entrenadores novatos, mis pokéballs están pensadas para entrenadores más habilidosos!

Kurt agarró a su nieta por el hombro y le dio la espalda a Gold:

- ¡Bah! Un entrenador como tú sólo podría ser capaz de utilizar las pokéballs de las fábricas - dijo.

- ¡¿Cómo? - gritó Gold, irritado -. Umh … Por más que he pienso en todos esos disparates aún hay algo que no me cuadra … Has dicho que no puedo usar tus pokéballs, ¿no? ¡Bien, pues te demostraré que estás equivocado y que usarla seguro que está chupado!

- ¿Ah, sí? Suenas muy seguro de ti mismo, chico - gruñó Kurt -. ¿Y si no consigues cumplirlo?

- ¡Fácil! ¡Me disculparé por haberme reído de tus pokéballs y seré tu aprendiz para el resto de mi vida!

- ¡Trato hecho! Ahora ve a buscar un bonguri y tráemelo. Tú eliges el tipo de pokéball que quieres que haga.

- ¡¿Quieres decir que tengo que ir yo encima a buscarlo?

- ¡Deja de quejarte y tráeme un bonguri antes del atardecer!

Un rato después …

No fue muy difícil para Gold encontrar un bonguri en aquel bosque. Finalmente eligió otro verde y se lo llevó a Kurt, que en menos de media hora ya había terminado una pokéball verde con adornos anaranjados:

- Aquí tienes - le dijo a Gold, de mala gana -. Demuéstrame de qué eres capaz.

Aún cuando Gold y la nieta de Kurt habían salido en busca de algún pokémon, el muchacho aún alucinaba:

- Así que era verdad … - murmuraba, mirando la pokéball.

- Mmh … Gold - dijo la niña -, ¿por qué has elegido la Friend Ball?

- Bueno - respondió Gold -, voy a capturar ese pokémon que quieres como agradecimiento por la comida.

- ¡¿De verdad? ¡Muchas gracias! - exclamó la niña, emocionada.

- No hay de qué. Ahora dime. ¿Dónde se encuentra ese pokémon?

- Umh … Vive en la montaña - respondió la pequeña, señalando a una montaña cercana -, pero mi abuelo dice que no debo …

- ¡No te preocupes! - exclamó Gold -. ¡Tú sólo no te separes de mí y no correrás peligro!

- Uuh … ¡Vale!

Media hora más tarde …

Atardecía. Gold y su pequeña amiga ya habían llegado a la montaña. En cierto momento, la niña tropezó con una piedras y estuvo a punto de hacer por un terraplén:

- ¡Kyaah! - chilló.

Gold la agarró, justo a tiempo:

- Uff … Por los pelos - murmuró -. Te dije que tuvieras cuidado. No te separes de mí. Ya podrías haber elegido un pokémon que viviera en un lugar más sencillo … A ver, ¿cómo es ese pokémon?

- ¡Se llama Teddiursa! - explicó la niña -. ¡Es pequeñito, rechoncho y muy mono!

Gold lo buscó en la pokédex. Se trataba de un pokémon con forma de osito, pequeño y de aspecto adorable:

- Vale - murmuró Gold -, no debería ser un problema …

Apenas hubo cerrado la pokédex cuando, entre unas rocas, a lo lejos divisó un pequeño osito:

- ¡Allí está! - exclamó la niña.

- Bien, no me hará falta ni pelear - susurró Gold, haciéndole a Cyndaquil unas señas para que no se moviese -. Sólo tengo que acercarme sin hacer ruido …

Gold se acercó sigilosamente al Teddiursa, que parecía no estar dándose cuenta de nada. De repente, Gold sintió una presencia detrás suya. Se giró y encontró un enorme oso rugiéndole:

- ¡GRROOOAAAARRRRGGHH!

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH! - gritó Gold, aterrorizado -. ¡¿Pero qué dem …?

- ¡Es Ursaring! - exclamó la niña, asustada -. ¡Es la evolución de Teddiursa!

El enorme Ursaring les intentó atrapar con sus zarpas. Gold agarró a la niña del cuello del vestido y la empezó a arrastrar:

- ¡Corred mientras podáis! - gritó.

Cyndaquil también corría a su lado como despavorido. Al ir sin mirar por dónde iba, Gold acabó chocándose contra algo, cayendo al suelo:

- ¡Ay! - se quejó.

- ¡Apártate! Estás en medio.

Gold levantó la vista y sus ojos encontraron a un siniestro muchacho pelirrojo de su edad, que le taladraba con sus ojos plateados.

- ¡Silver! - exclamó Gold.

- ¿Tú otra vez? - preguntó Silver, acompañado de su Croconaw.

Gold se fijó en la extraña pokéball que llevaba en las manos:

- ¡Es una Heavy Ball! - gritó, poniéndose en pie, furioso -. ¡Muy bien, ¿de dónde la has robado esta vez?

- ¡No, Gold, no! - negó la niña, tirándole a Gold de la sudadera -. ¡Mi abuelo hizo esa pokéball para él! ¡Yo lo vi!

- ¿Así que el viejo Kurt consideró a este tío más habilidoso que a mí? - preguntó Gold, mirando a Silver, mosqueado -. Dijiste que estaba en medio, así que supongo que estás intentando atrapar a ese Ursaring … ¡Bien, pues Teddiursa puede esperar! ¡Ahora mi objetivo es el Ursaring!

- ¡No te atreves a interponerte entre MI objetivo y yo! - exclamó Silver, furioso.

- ¡Este es un mundo libre, amigo! - exclamó Gold, burlón -. ¡Ataro, ataque arañazo!

Aipom salió de su pokéball y se lanzó a darle arañazos a Ursaring, que ya estaba siendo atacado a su vez por Sneasel y Croconaw. Ursaring se enfureció y rugió:

- ¡Groaarrrgh!

Soltó un zarpazo al azar … dirigiéndose hacia la indefensa niña, que se quedó en inmóvil al ver la que se le venía encima:

- ¡Cuidado! - gritó Gold, saltando justo a tiempo para salvarla.

La pequeña se había quedado pálida del susto. Mientras Gold la sostenía en los brazos, miró de reojo a Ursaring:

- **No sólo es gigantesco … - pensó -, ¡también es muy fuerte!**.

- ** Uh … Atacando al azar … - pensaba Silver, mirando de reojo a Gold -. Sin ninguna estrategia, como siempre …**.

Teddiursa también se animó a atacar a Gold y a la niña, a los que pilló de sorpresa:

- ¡Aah! - gritó Gold, saltando precipitadamente.

Tuvo la mala suerte de caer mal al suelo y torcerse el tobillo:

- ¡Ugh, mierda! - se lamentó Gold, dejándose caer al suelo sobre una de sus rodillas -. ¡Mi pie …!

- ¡Gold! - exclamó la niña, preocupada -. ¿Estás bien?

Ursaring y Teddiursa se acercaban peligrosamente hacia ellos. El furioso Ursaring intentó nuevamente darles un zarpazo:

- ¡Sálvate tú! - gritó Gold, empujando a la niña, porque él no podía correr.

Pero no hizo falta. El Sneasel de Silver se interpuso y atacó a Ursaring con un viento helado. Ursaring vio cómo sus garras eran congeladas:

- ¡¿Sneasel? - gritó Gold, incrédulo.

Silver se puso delante de Gold, dándole la espalda:

- Si no eres capaz de luchar correctamente - le dijo -, al menos deja de interferir.

- ¡¿Cómo?

Ursaring empezó a derretir el hielo de sus garras con fuego:

- ¡Está contrarrestando el viento hielo con su puño fuego! - exclamó Silver, siempre en guardia.

- **Este tío … - pensó Gold, sin quitarle la vista de encima a Silver -, estaba intentando proteger a la niña …**.

La pequeña se abrazaba con fuerza a Gold y gimoteaba sin parar. Aipom luchaba contra Teddiursa, que era más fuerte de lo que parecía:

- ¡Vaya! - exclamó Gold -. ¡Será muy mono, pero también es muy fuerte! ¡Entonces me encargaré primero de él! ¡Adelante, Friend Ball!

Gold lanzó la pokéball a Teddiursa. Le rebotó en la cabeza, pero no tuvo ningún efecto. De hecho, Teddiursa le dio una patada a la Friend Ball.

- ¡¿Pero … cómo? - gritó Gold, alucinando -. ¡Si le he dado! ¡Ese maldito viejo, seguro que me ha hecho una bola inútil!

- No culpes a otros por tu incompetencia, idiota - le dijo Silver.

- ¡¿Y tú qué dices?

- No tienes habilidad para usar esa pokéball - dijo Silver, impasible -. Así sólo demuestras lo débil que eres. Hay una forma especial de usar las pokéballs de Kurt, así que … lo siento. Pero ese Ursaring es mío.

Silver sacó la Heavy Ball y se dispuso a lanzársela al Ursaring. Pero justo en ese momento, Aipom salió disparado debido a un ataque de Teddiursa y chocó contra Silver, a quien se le cayó la Heavy Ball al suelo, bastante lejos.

- Oops … - murmuró Gold, mientras observaba a la Heavy Ball alejarse.

Silver no dijo nada, pero se volvió hacia Gold y le dirigió una mirada de lo más aterradora:

- ¡Esta vez no iba a propósito - exclamó Gold -, te lo prometo!

Así pues a Gold, la niña, Silver y sus pokémons no les quedó más remedio que huir. No obstante, no pudieron ir muy lejos, ya que a los pocos pasos ya estaban acorralados al borde de un barranco:

- ¡Mierda! - exclamó Gold -. ¡No podemos escapar!

- Gold … - gimoteaba la niña -. Uh … Mi abuelo siempre decía … que las montañas eran un lugar muy peligroso … Yo … ¡lo siento, abuelo! ¡Debería haberte hecho caso! ¡Todo esto está ocurriendo por mi culpa!

- No te preocupes - dijo Gold, acariciándole el pelo a la niña -, no llores. No te rindas todavía. Te prometo que voy a capturar a Teddiursa para ti … y te voy a llevar a casa sana y salva. ¡Confía en mí! Lo único que nos queda es la Friend Ball …

Gold se dirigió entonces a Silver:

- Silver, dijiste que había una forma especial de usar estas pokéballs, ¿no? - le preguntó -. Por favor, necesito que me digas cómo. Odio tener que pedírtelo, pero … Estoy decidido a no fallar, esta vez.

Silver miró a Gold de soslayo. Al verle más serio de lo habitual, pensó que quizá valdría la pena:

- Por favor …

- Debes calcular muy bien el tiempo que tardará la pokéball en llegar a tu objetivo - explicó Silver -. Cada pokémon tiene un punto vital en el que se concentra la mayor parte de su energía. En el caso de Ursaring, es el círculo dibujado en su tripa, y en al caso de Teddiursa, es la media luna de su frente.

- ¡Muy bien! - exclamó Gold, sacando su vara de billar -. ¡Eso es todo lo que necesito saber!

- Bueno, ahora ya no tengo la Heavy Ball conmigo - dijo Silver -. ¿Cuál vas a atrapar, a Ursaring o a Teddiursa?

- ¿Qué te parecen los dos? - preguntó Gold, golpeando magistralmente la Friend Ball con su vara -. ¡Vamos!

La Friend Ball salió disparada, pero no golpeó ni a Ursaring ni a Teddiursa, sino a la Heavy Ball de Silver, que yacía en el suelo. Debido al efecto, las dos pokéballs regresaron a las manos de sus propietarios:

- ¡Justo en el blanco! - exclamó Gold, cogiendo su Friend Ball en el aire.

Incluso Silver estaba algo sorprendido cuando la Heavy Ball regresó a su mano:

- ¿Qué …?

- ¡Ahora! - gritó Gold.

Él y Silver lanzaron las pokéballs al mismo tiempo y lograron capturar a Teddiursa y a Ursaring, respectivamente. La niña estaba sorprendida:

- ¡Dos a la vez! - exclamó.

- ¡Genial! - exclamó Gold, satisfecho -. ¡Lo hemos conseguido, Silver!

Pero Silver seguía tan serio y frío como siempre:

- Sólo te lo advertiré una vez más, Gold - dijo, sin mirarle -, no se te ocurra volver a interponerte en mi camino.

Y se marchó de allí:

- ¡Bah! - exclamó Gold -. ¡Nunca le comprenderé!

La niña se acercó tímidamente a la Friend Ball, que se agitaba ligeramente. Gold la tomó en la mano:

- ¡Bien, aquí tienes a tu querido Teddiursa! - exclamó Gold -. ¡A partir de ahora es tu compañero y amigo, así que trátalo bien!

Lanzó la pokéball y Teddiursa salió de ella:

- Enc … Encantada de conocerte, amigo - murmuró la niña, mirando a su nuevo pokémon con timidez.

Teddiursa sonrió.

- ¡Bien, pues vámonos de aquí! - exclamó Gold.

Una hora después …

Otro famoso lugar de Pueblo Azalea era el Pozo Slowpoke, una enorme cavidad subterránea en la que habitaban montones de estos pokémons. Contaba la leyenda que las colas de los Slowpokes, a parte de crecer nuevamente si eran cortadas, eran muy ricas en vitaminas y se vendían a altos precios. Aquel día, el Team Rocket había llegado a Pueblo Azalea y se había dedicado a raptar a todos los Slowpokes, cortándoles las colas:

- Jejejeje … - reía un Rocket -. Las colas de Slowpoke son un dulce muy popular y sabroso, ¡nos haremos ricos!

- Jeje … - rió otro Rocket -. Será mejor que nos vayamos yendo de aquí, antes de que a alguien se le ocurra bajar a mirar …

Pero era demasiado tarde. Ya había alguien allí. Un siniestro chaval pelirrojo acompañado de un gigantesco Ursaring se acercaba sigilosamente a los Rockets, mostrando una sonrisa maléfica:

- ¿Qu … quién eres tú? - preguntó otro de los Rockets, intimidado.

- Je … - rió el muchacho, frívolamente.