36. El día de la boda
El día dos de mayo todos corrían como locos por la Mansión Collins, todo debía estar perfecto para la boda. Lizzy, que había pasado allí los dos últimos días ultimando algunos detalles y cumpliendo con la tradición de no ver al novio antes de la ceremonia, estaba sentada en su cuarto con el pelo recogido y perfectamente maquillada, pero solo con su ropa interior de encaje puesta. Retorcía las manos, nerviosa, esperando la llegada de su madre – que había bajado junto a los elfos a por el traje – y las demás para poder vestirse de una vez. Apenas quedaba una hora y media para la boda y los nervios iban a acabar con ella. Sabía que estaba haciendo lo correcto, pero no podía evitar estar asustada, solo quería que aquello terminara cuanto antes. Unos ligeros golpes en la puerta la sobresaltaron.
- Adelante. – Dijo.
La puerta se abrió y cinco chicas vestidas de rojo entraron: Rose – su dama de honor principal –, Lily, Martha, Caroline y Eliza. Detrás de ella venían los padres de la chica y sus dos abuelas, todos perfectamente arreglados para el enlace. Lily le dedicó una mirada pícara a su cuñada y esta tuvo que apartar la mirada mientras contenía una carcajada.
- ¿Lista? – Le preguntó Rose, con una sonrisa. Entendía por lo que estaba pasando su amiga, ella llevaba ya unos meses casada con Scorpius y todavía recordaba a la perfección los nervios de aquel día.
La morena asintió y Mary Collins sacó el precioso vestido que volvió a provocar los comentarios de los allí presentes. Con mucho cuidado, se lo puso a su hija, con lágrimas de emoción en sus ojos.
- Mamá, por favor…
- No puedo evitarlo. – La mujer le dio un pequeño pellizco en la mejilla. Estaba realmente emocionada y eso que el día acababa de empezar. – Estás guapísima.
- Gracias.
- Es verdad, este vestido es increíble y… - Rose se mordió un poco el labio. – James se va a morir al verte.
- Desde luego, le va a dar algo. – Martha lanzó una carcajada y todos la siguieron.
- Bueno, venga, terminemos con esto, tengo que ponerme el velo y los algos. – Los cortó Lizzy, que era la única que no se había reído con tantas ganas como los demás. Estaba cada vez más histérica.
Su madre asintió y la ayudó a terminar de prepararse. Cuando solo le quedaban por ponerse la liga y los tacones, miró a sus amigas.
- ¿Quién de vosotras quiere ponerme la liga? – Les preguntó. – Tiene que ser una soltera.
- ¡Yo! – Exclamó la pelirroja más pequeña, dedicándole una mirada suplicante a su cuñada. – Por favor, Lizzy.
- Anda, venga.
La chica dio un pequeño salto de alegría y corrió hacia ella para poder ponérsela. Cuando terminó le dio un abrazo y le susurró un "gracias" al oído. Se puso los zapatos y su padre sacó la cámara de fotos, para poder hacerle algunas antes de la ceremonia. Posó sola, con la familia y con todas sus damas, tratando de no fijarse en el paso del tiempo y centrándose en pasarlo bien y disfrutar del momento.
James por su parte estaba en una de las habitaciones de la planta inferior, terminando también de prepararse con la ayuda de sus padres y padrinos. Teddy, Fred y Albus a duras penas podían contener la risa al ver lo nervioso que estaba.
- Si no te quedas quieto, no podré hacerte bien el nudo de la corbata. – Lo reprendió ligeramente su madre, con una sonrisa indulgente.
Él suspiró y trató de serenarse. Estaba extremadamente nervioso. Aquello era una locura, ¡iba a casarse! Cuando su madre acabó, se puso los gemelos con cuidado y trató de sonreír en las fotos que su padre empezó a sacarle.
- Vas guapísimo, seguro que a Lizzy le encanta. – Comentó Ginny emocionada. Ahora entendía por qué su madre se ponía así en todas las bodas.
- Eso espero. – Una sonrisa nerviosa se dibujó en sus labios. – ¿Cuánto queda?
- Apenas quince minutos. – Contestó su hermano. – Todos los invitados deben haber llegado ya, si quieres puedes salir.
- ¿Me dejaríais solo un par de minutos? – Les pidió.
Los demás intercambiaron unas rápidas miradas, pero finalmente aceptaron. Los Potter salieron al jardín para saludar a sus conocidos y Teddy fue a comprobar qué tal estaba Victoire – que estaba embarazada del tercero ya – mientras Albus y Fred se quedaban junto a la puerta, por si acaso. Ambos habían visto la cara de James y sabían que estaba demasiado ansioso. Le dieron cinco minutos de tranquilidad antes de entrar de nuevo a la habitación. El mayor de los Potter estaba sentado sobre una silla, revolviéndose el pelo de forma nerviosa y completamente pálido. Al escucharlos entrar, levantó la mirada del suelo.
- No puedo hacer esto.
- ¿Qué te falta Li…? – Rose abrió mucho los ojos al entrar al dormitorio donde seguía su amiga, que les había pedido un par de minutos para ella sola, y verla abriendo la ventana con la escoba en la mano. A su lado, Martha se quedó petrificada. - ¿Pero qué haces?
- No puedo casarme.
- ¿Estás loca? – La pelirroja se acercó rápidamente a ella y la agarró del brazo. Aquello era demasiado, ella había estado nerviosa pero jamás había pensado en salir corriendo antes de la ceremonia. - ¿Por qué haces esto ahora?
- No lo sé, es que estoy muy nerviosa y… ¿y si no es buena idea?
- ¿Por qué no iba a serlo? – Le preguntó Martha, tratando de sonar serena.
- No lo sé. – Negó con la cabeza rápidamente. – Somos James y yo, no quiero joder las cosas. ¿Y si acabamos divorciándonos? ¿Y si James no aparece?
- Tú misma lo has dicho: sois James y tú. – La morena le dedicó una sonrisa. – Venga, Lizzy, respira, sabes que es lo correcto y lo que ambos queréis, no hace falta saltar por la ventana y huir.
- Ya pero…
- ¿Tú le quieres? – Intervino Rose.
- Más que a nada. – Confesó la novia, con la voz temblorosa.
- Pues entonces piensa solo en eso, es normal estar asustada, vas a dar un paso muy grande, pero no te arrepientes después de darlo. – Le dedicó una sonrisa. – Venga, deja esa escoba y vamos abajo. La ceremonia está a punto de empezar.
- Conociendo a tu primo llegará tarde a nuestra boda. – Murmuró, aunque no pudo evitar sonreír.
- Llegando tú antes le demostrarías lo tardón que es. – Martha sonrió. – No tienes que hacerlo si no quieres, pero yo creo que sí te apetece hacerlo. No dejes que el miedo te venza y celebra vuestro día por todo lo alto.
Lizzy asintió lentamente y tomó un par de bocanadas de aire. Quería a James, vivían juntos y no había dudado en todos esos meses. Sabía que eso era lo que quería hacer, no podía dejarse llevar por el miedo y el nerviosismo. Les dedicó una amplia sonrisa a sus amigas y soltó la escoba en su sitio.
- ¿Mejor?
- Sí. – Contestó. – Dadme mi ramo, tengo que casarme.
- ¿Cómo que no puedes casarte? – Fred miró a su primo como si se acabara de volver loco. - ¿Pero a ti qué te pasa?
- Es que esto puede salir mal, somos Lizzy y yo, ¿y si nos pasamos el día peleando y acabamos divorciándonos?
- ¿No os pasáis ya el día así? – Albus enarcó una ceja, sin entender.
- Precisamente por eso. – James negó con la cabeza. – Es un paso muy grande y lo va a cambiar todo. Si ahora nos peleamos, ¿qué pasará una vez casados?
- Que seguiréis igual que siempre. – Fred bufó un poco. – Venga, estas enamorado de ella desde siempre y estabas completamente seguro de esto cuando le propusiste matrimonio.
- No puedes echarte atrás ahora. – Su hermano lo miró con preocupación. – Si tú la quieres y ella a ti también, ¿qué puede salir mal? Yo creo que estáis destinados a estar juntos.
- Exactamente.
- Pero, ¿y si ella decide echarse atrás? ¿Y si…?
- "Y si" nada. – Su primo lo cortó. – Son los nervios del momento, si no te casas con ella, te arrepentirás el resto de tu vida. Ambos os queréis, no tienes nada que temer.
James asintió, aunque seguía sintiendo una fuerte presión en el estómago. Tenían razón, estar nervioso era normal, no podía salir corriendo, no podía hacerle eso a su Lizz. La quería más que a nada y sabía que aquello era lo que quería, ¿cómo podía estar comportándose como un niño pequeño? Casarse con ella era lo correcto. Se levantó y sonrió a sus dos padrinos.
- Vamos a ello.
Cuando la marcha nupcial comenzó a sonar, todos los invitados se levantaron de sus asientos y James tomó aire. Fred, Teddy y Albus se miraron entre ellos y sonrieron mientras el pequeño Remus se acercaba con los anillos sobre un cojín seguido de las chicas que recorrieron el pasillo una a una y se situaron en el lado opuesto del altar. Rose entró la última y, justo detrás de ella, venía Lizzy agarrada del brazo de su padre, que sonreía con cierta nostalgia. El corazón del pelinegro se paralizó al verla y no pudo evitar abrir la boca. Estaba preciosa con aquel vestido, nadie había exagerado: estaba jodidamente preciosa, como solo ella podía estarlo. ¿Lo sabría? Sonrió. Si no lo sabía, se lo diría. Ella fijó su mirada en la de él y suspiró. Sus dudas desaparecían por momentos y no pudo evitar agarrar con un poco más de fuerza su ramo de rosas rojas – que contrastaba con las rosas blancas de los de las damas de honor –. Se sonrieron mutuamente cuando ella llegó junto a él y su padre la soltó. Le dio un beso en la mejilla antes de sentarse en la primera fila y que la pareja se cogiera de la mano.
- Por un momento temí que no aparecieras. – Susurró la chica, sin poder evitarlo. ¿Habría pasado él por lo mismo que ella?
- Yo temí lo mismo. – James contuvo una media sonrisa. – A lo mejor he intentado salir corriendo y Albus y Fred me lo han impedido.
- Bueno, a lo mejor yo he intentado saltar por la ventana con la escoba y Rose y Martha me han detenido justo a tiempo. – Confesó ella.
Los dos estallaron en carcajadas, sin importarle nada más y se besaron. Eran tal para cual incluso para eso.
- Te quiero.
- Te quiero.
Se apretaron un poco la mano y se giraron para mirar al oficiante. Estaban listos para hacer aquello.
La ceremonia fue corta, ninguno de los dos quería aburrir a los invitados así que el oficiante se limitó a hablar un poco del amor y recordarles lo que implicaba el matrimonio: ser fiel, vivir juntos, quererse siempre tanto en lo bueno como en lo malo…
- Y ahora podéis recitar vuestros votos. – Anunció el hombre con una sonrisa una vez terminó de hablar él. – Señor Potter, ¿empieza usted?
James asintió y tomó aire antes de empezar a hablar desde el corazón, mezclando lo que tenía redactado con lo que le apetecía decirle en ese momento.
- Elizabeth, Lizzy… mi Lizz. Siempre serás mi pequeña Lizz, lo sabes, te lo dije hace ya unos cuantos años y todavía lo mantengo. Pase el tiempo que pase siempre serás mi pequeña, aunque cuando te enfadas puedes llegar a ser peor que una leona. – Muchos rieron ante ese comentario y la chica se mordió un poco el labio. – Te quiero con locura, eres el amor de mi vida, siempre lo has sido. Jamás creí que encontraría a alguien tan especial por casualidad cuando tenía solo 12 años, pero míranos ahora, Lizz, mira dónde estamos, mira por todo lo que hemos pasado y todo lo que nos queda por vivir. No puedo prometerte que todo será fácil, que nunca más habrá discusiones, que todo será perfecto a partir de ahora, pero sí que puedo prometerte y prometo que estaré contigo todos los días de mi vida, que jamás me iré de tu lado y que lo haré lo mejor que pueda. En estos años junto a ti he aprendido muchísimo, desde que te da asco fregar los platos…
- No hacía falta que todo el mundo se enterara. – Masculló ella por lo bajo, con la cara completamente roja.
- … hasta lo que significan cada una de tus miradas. – Continuó James con una media sonrisa. Le apretó un poco la mano que sostenía. – No me arrepiento de nada, todo lo que he vivido contigo ha sido único y especial, sobre todo porque lo hemos vivido juntos. Te quiero, te amo, te adoro en el nuestro y en todos los idiomas del mundo. Siempre serás la chica más especial que he conocido, la más especial de Hogwarts, la más especial del Ministerio, la primera en mi vida y mi corazón. Y, por cierto, Elizabeth, sigues igual de jodidamente preciosa que aquel día en aquel pasillo donde nos besamos por primera vez. – Bajó un poco la voz antes de seguir. – Y si no hablo de tus curvas es porque está tu abuela delante y sigue dándome un poco de miedo, la verdad.
- Idiota. – Le pegó suavemente con el ramo en el brazo, aunque no pudo evitar sonreír.
- Bueno, en definitiva, eso es todo. Prometo quererte cada día como hasta ahora porque más es imposible y creo que eso es lo más importante.
- Supongo que me toca. – Lizzy tomó aire antes de empezar. – James, mi estúpido y arrogante James.
- ¿Acabas de utilizar la palabra estúpido en tus votos matrimoniales? – Preguntó él, haciendo que los invitados volvieran a reír.
- Sí, ¿me dejas seguir? – El chico asintió y ella sonrió. – Te quiero más que a nada en este mundo y, tal y como tú has dicho, te quiero en este y todos los idiomas habidos y por haber. No hay palabras suficientes para describir lo que siento por ti, nunca las habrá, y doy gracias a Dios, a la vida, al destino, a lo que sea, por haberte puesto en mi camino aquel 1 de septiembre. No puedo imaginarme mi vida sin ti, sin tu caos, sin tu forma de hacerme reír hasta llorar incluso en los peores momentos, sin tus caricias, sin tus palabras de ánimo. Sigo completamente enamorada de ti, igual que cuando tenía 17 años, podría decir que incluso igual que cuando tenía 11, aunque en aquel momento no entendía lo que era el amor. Al igual que tú has dicho, no puedo prometerte que todo será perfecto, ambos sabemos que será difícil, entre nosotros las cosas siempre han sido así, somos almas gemelas, pero también somos muy iguales y por eso solemos chocar. No, nada va a ser fácil, pero te prometo una sonrisa cada mañana al despertar, un "te quiero" cada día, te prometo que voy a quererte hasta no poder más y que jamás me marcharé de tu lado y, por supuesto, te prometo reconciliaciones épicas, aunque a eso ya estás acostumbrado. – Fred y algunos otros no pudieron controlar la risa y lanzaron carcajadas que hicieron que varios de los invitados más ancianos negaran con la cabeza.
- Tan sincera como siempre. – James volvió a apretarle un poco la mano y ella amplió su sonrisa.
- Te quiero, James Sirius; te quiero, mi Jamie. Jamás había estado tan segura de algo como estoy de esto aquí y ahora: quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
Ambos se miraron durante unos segundos y la chica se dio cuenta de que sus respiraciones estaban un poco agitadas, aunque por dentro sentía una gran calma. Sabía que estaba haciendo lo correcto, que no se equivocaba.
- Bien, pues si eso es todo, yo os declaro marido y mujer. – Anunció el oficiante. – Ahora, señor Potter, puede besar a la novia.
Lizzy se acercó un poco a él, pero el chico se mantuvo en su sitio, con una media sonrisa traviesa pintada en sus labios. Ella frunció el ceño, algo preocupada. ¿Qué estaba tramando ya?
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. – Le dijo provocando ciertos murmullos entre los que no entendieron aquella frase y pequeñas risas entre los que sí lo hicieron. Ella suspiró y sonrió antes de encogerse de hombros y apoyar una mano en su mejilla.
- Supongo que travesura realizada.
James la cogió entonces de la cintura y ambos se besaron con la misma pasión de siempre mientras los invitados comenzaban a aplaudir. Cuando se separaron, empezaron a reír y se abrazaron.
- Les presento a todos al señor y la señora…
- ¡No, no! – Lo interrumpieron los dos al mismo tiempo.
- ¿Perdón?
- Va a conservar su apellido, Lizzy es una mujer independiente del siglo XXI y no tiene por qué perder sus raíces ni su identidad solo por haber firmado un papel. – La miró. - ¿Lo he dicho bien, cariño?
- Perfectamente. – Sonrió al decir aquello.
- Pues entonces les presento al señor Potter y la señora Collins.
Los dos se volvieron y saludaron a los presentes que volvieron a aplaudir y comenzaron a levantarse de sus sitios para ir a saludar a los recién casados. Lizzy apretó la mano de James con fuerza. Les quedaba un largo día por delante.
Después de la ceremonia se hicieron muchísimas fotos con todos sus familiares y amigos y aceptaron con una sonrisa todos los comentarios y felicitaciones que quisieron hacerles – incluso alguna que otra broma por parte de George, que estaba encantado con la boda de su sobrino favorito –. Cuando terminaron con eso, todos se trasladaron a la carpa en la que habían preparado las mesas. Comieron – más los invitados que ellos, que pasaron casi todo el tiempo dando vueltas, comprobando que todos estaban bien – y bebieron hasta más no poder. Justo cuando iban a sacar la tarta, Fred se puso de pie y llamó la atención de todo el mundo, haciendo que tanto su primo como la novia palidecieran.
- Hola a todos. – Empezó a decir. – Para los que no me conozcáis, soy Fred Weasley, el primo de James y su padrino de boda, y me gustaría dedicarles unas palabras a los recién casados.
- Lo mato. – Murmuró Lizzy mirando al chico. No se fiaba en absoluto de él.
- ¿Todos aquí conocéis la historia completa de James y Lizzy? – Preguntó con una media sonrisa. – Bueno, la resumiré por si acaso. Oficialmente empezaron a salir a finales de abril del último año de mi primo en Hogwarts, pero la cosa no empezó ahí. – James le hizo un gesto con la mano para que se callara, pero él lo ignoró. – Resulta que cuando esta encantadora señorita estaba en su cuarto año, empezó a salir con un chico y James comenzó a decir que él no era de fiar así que lo persiguió por todo el colegio hasta averiguar lo que tramaba y claro, Lizzy se enfadó mucho con él. Se enfadó tanto que terminaron enrollándose en medio de un pasillo, lo más normal del mundo. – A estas alturas, ambos estaban rojos y Lizzy se tapaba la cara con una mano mientras notaban las miradas incrédulas de sus familiares más mayores. – Hasta aquí todo bien, ¿no? Pues resulta que los muy idiotas decidieron que empezar a salir era una mala idea y que lo mejor sería verse a escondidas y seguir saliendo con otras personas.
- Definitivamente lo mato. – Murmuró la chica, cada vez más roja.
- Fred, yo creo que ya…
- Oh, venga James, si es muy divertido. – Lanzó una carcajada. – La cosa siguió así, ellos se, digamos, "veían" en secreto y los demás supuestamente no nos dábamos cuenta de nada. En último curso, se pelearon, se pasaron unas semanas sin hablar y haciendo muchas tonterías que no citaré porque me gustaría salir con vida de aquí, y al final, y después de hacernos perder el campeonato de quidditch, se reconciliaron, bueno, pasaron dos días sin salir de un dormitorio, empezaron a salir y hasta hoy. Bonita historia, ¿verdad? – Sonrió y miró de reojo a los novios que seguían fulminándolo con la mirada. – Sinceramente llevo esperando este día desde, no lo sé, probablemente segundo curso y lo único que les deseo es lo mejor. Jamás he conocido, ni creo que conoceré, a dos personas que se quieran de esta forma, muy a su manera, pero con tanta fuerza. – Cogió su copa y la levantó. – Venga, no me miréis así. Es una historia preciosa, tenía que contarla.
- Ya hablaremos luego. – Masculló la morena antes de poner los ojos en blanco.
- ¡Por James y Lizzy!
Los demás repitieron aquello antes de beber y aplaudir un poco, momento que aprovechó Rose para levantarse de la mesa también.
- Bueno, ya que Fred ha empezado con esto, no voy a ser yo menos. – Comentó con una ligera sonrisa. – Soy Rose Weasley, bueno, ahora Rose Malfoy más bien, - Ron resopló un poco al escuchar el nuevo apellido de su hija y Scorpius sonrió de medio lado sin poder evitarlo – la prima de James, mejor amiga de Lizzy y dama de honor principal. Podría decir muchísimas cosas de James y Lizzy, cosas muy vergonzosas por cierto, pero, creedme, ni vosotros queréis saberlas, ni yo quiero recordar la mayoría, creo que me provocaron un trauma. – Los invitados volvieron a estallar en carcajadas y los novios se miraron el uno al otro. ¿Por qué se habían empeñado en hundirles la boda? – Así que hoy voy a limitarme a hablar de lo mucho que se quieren y de lo importante que son el uno para el otro. Cuando teníamos 15 años, Lizzy se cayó por las escaleras de la Torre de Ravenclaw y tuvo una pequeña fisura en la muñeca. Era tan mínima que no podían curársela mediante ninguna poción, así que le vendaron la mano y le dijeron que tendría que pasar un par de semanas con eso puesto. Durante esas dos semanas, James solo se despegó de su lado para dormir, y creo que muchos días de hecho durmió en la Sala Común. – La morena apoyó la cabeza en el hombro del chico y él le dio un tierno beso en la cabeza. – Pero no hace falta remontarse tanto en el tiempo. Muchos de aquí, especialmente los jugadores de quidditch, recordaréis la caída tan fuerte que tuvo James en un partido hace un par de años. Lizzy estaba en Canadá, reunida con el Ministro de Magia y con el Primer Ministro Muggle tratando unos asuntos extremadamente importantes cuando le llegó el patronus de Lily avisándola. ¿Sabéis lo que hizo? Se desapareció sin más, sin despedirse si quiera y dejando a los dos hombres con la palabra en la boca. – James la miró, sorprendido, y ella no pudo evitar sonrojarse. No sabía aquella historia. – Eso es amor del bueno y, después de todos los años que pasaron intentando ocultarse la verdad incluso a ellos mismos, me alegra mucho que este día por fin haya llegado. Os deseo todo lo mejor. ¡Por James y Lizzy!
Volvieron a repetir el brindis y a aplaudir antes de sacar, ya por fin, la tarta que los novios partieron y repartieron. Después de eso comenzó el baile, que abrieron por supuesto ellos dos entre risas y miradas tiernas.
- ¿Crees que se darán cuenta de que nos hemos ido? – Preguntó James, tirando del brazo de su ya esposa mientras ambos corrían por un pasillo sin poder parar de reír.
- Teniendo en cuenta que somos los novios, sí. – Contestó Lizzy, también riendo. – Pero por ese mismo motivo, creo que hoy tenemos carta blanca para esto.
El pelinegro volvió a sonreír antes de señalar con la cabeza una habitación cualquiera y que la chica asintiera. Abrieron la puerta pero, acto seguido, la cerraron con cara de horror. Aquello no era posible.
- Por Merlín. – Murmuró él, en estado de shock.
- No he visto eso, no he visto eso. – Añadió ella, con cara de espanto.
- ¿Ese era…?
- ¿Esa era…?
Ambos se estremecieron y negaron con la cabeza, intentando quitarse la imagen de la cabeza. La puerta se abrió rápidamente y Fred salió terminando de subirse los pantalones mientras Martha se colocaba bien el vestido.
- Podemos explicarlo. – Dijo el chico.
- ¿Desde cuándo estáis juntos? – Preguntó su primo, todavía asombrado.
- No estamos saliendo ni nada de eso. – Explicó Martha. – Pero es que con esto de los preparativos hemos pasado mucho tiempo juntos y hemos cogido confianza. Antes estábamos bailando y una cosa ha llevado a la otra.
- Creo que me habéis traumatizado.
- Lizzy, ¿de verdad? Así entenderás al menos como nos sentimos nosotras cuando os pillamos en nuestro dormitorio y teníamos 17 años, tú ya estás curada de espanto. – La novia se puso completamente roja y su amiga sonrió. – No esperábamos que subiera nadie, ¿no se supone que es vuestra boda?
- ¡Motivo de más para no hacer esto! – Exclamó el pelinegro.
- ¿Y qué se supone que ibais a hacer vosotros? – Replicó Fred, enarcando una ceja.
- Es distinto, somos los novios. – Contestó Lizzy.
- Ya, bueno, yo es que soy de los que opina que en las bodas se liga mucho.
- Yo también. – Martha sonrió. – Además, se supone que tenéis que esperar hasta esta noche, os hemos preparado una sorpresa.
- Os va a gustar. – Fred lanzó una carcajada y los novios se miraron alarmados.
- ¿Qué habéis hecho?
- Ya lo veréis cuando lleguéis a casa. – Se encogió de hombros y miró a Martha. – Oye, ya que nos han interrumpido, ¿vienes a bailar otro rato?
- Anda, vale. – La chica sonrió y se agarró de su brazo. – Luego nos vemos.
James y Lizzy se quedaron en el pasillo quietos, sin saber muy bien qué hacer, con cara de asombro todavía. No se habían visto venir aquello.
- Se me han quitado todas las ganas. – Murmuró ella entonces.
- A mí también. – Dijo el pelinegro. - ¿Volvemos a la fiesta?
- Sí, supongo que es lo mejor.
Se encogió de hombros y ambos salieron de la casa, tratando de asimilar todavía aquello. Ahora entendía por qué sus amigas le habían gritado tanto aquel día. Regresaron a la fiesta donde bailaron hasta bien entrada la noche junto a los invitados, que poco a poco se iban marchando. Cuando ya solo quedaban ellos y sus respectivos padres, se despidieron y se fueron al apartamento, con ganas de descansar después de aquel agotador día, pero también un poco asustados por el comentario de antes. Se aparecieron en el salón y se miraron el uno al otro.
- Parece que todo está tranquilo. – Murmuró él mirando de un lado a otro.
- A lo mejor solo era una broma para asustarnos. – Se aventuró a decir Lizzy mientras sonreía levemente. – Quizás no tengamos que preocuparnos por nada.
James la besó con ganas. Probablemente todo había sido una broma para que llegaran a casa asustados y no pudieran ni pegar ojo. Sin dejar de besarla, la condujo hasta el dormitorio. Y entonces comenzaron los fuegos artificiales. Literalmente. El mayor de los Potter no recordaba cuándo fue la última vez que escuchó maldecir a Lizzy de aquella manera. Montones de fuegos artificiales estallaban en la habitación ante su sorprendida mirada. Además, todo el suelo estaba lleno de globos que explotaban en cuanto alguna chispa los rozaba. Poco a poco, y con mucho cuidado, se acercaron a la cama, donde vieron una nota.
"Disfrutad de la noche.
Besitos,
Los padrinos y damas de honor"
Los dos se miraron y suspiraron, con resignación. Seguro que eso no era todo y ahora tendrían que pasar lo que les quedaba de noche – al día siguiente se marchaban de viaje – comprobando todas las cosas de la casa.
- Los voy a matar. – Dijo James, sentándose en la cama que soltó una gran nube de harina de repente. - ¿Vamos a tener que recoger este desastre de verdad?
- Yo diría que sí, pero antes voy a quitarme el vestido, no quiero que se estropee. – Lizzy lanzó una carcajada y su ya marido la fulminó con la mirada. - ¿Qué? En realidad tiene su gracia.
- No se la veo.
- Pues yo sí. – Se acercó a él y lo besó antes de susurrar en su oído. – Si me ayudas a quitarme el vestido, podrás ver el regalo de Molly y Dominique, además, no creo que esa cama tenga muchas más sorpresas. ¿Me sigues?
- Por estas cosas me he casado contigo.
- ¿Te crees que no lo sé?
El chico sonrió antes de besarla y ayudarla a desprenderse de su ropa. Si creían que iban a fastidiarle su noche de bodas, estaban muy equivocados.
