Capítulo XXXV. Lyra, aprendiz de merodeadora.
Lyra se desesperezó en la cama como cada mañana, extendiendo bien los brazos. El despertador de Helen sonaba insistente.
Oyó la voz de Sirius y las risas de sus compañeras de habitación y abrió las cortinas, encontrándose una imagen que la sacó de sus casillas.
Helen sonreía de manera tonta y se enroscaba uno de sus "preciosos" rizos en un dedo, mientras Susi reía de los chistes del merodeador, sin poder apartar los ojos de esa cara finamente dibujada.
- Buenos días Lyra-la saludó Susana- ¿Nos podrías haber dicho que tenías un hermano tan encantador?
- ¿Y tan guapo?- agregó Helen balanceando la rodilla.
- Gracias- contestó Sirius agradecido.
Lyra se levantó resoplando y maldijo por lo bajo.
- ¿Siempre se despierta de tan buen humor?- preguntó el chico con una agradable sonrisa.
- Hoy ha estado genial, de normal nos grita que apaguemos el despertador- Helen le devolvió la sonrisa- ¿Así que mellizos, eh?
Sirius asintió con la cabeza.
- ¿Y dónde has estado hasta ahora?- se interesó Susana.
- Mi madre me envió a Drumstrang, para que no influyese en Lyra.
- Pues que lástima, lo bien que nos lo podríamos haber pasado- se quejó Helen.
- Ahora estoy aquí- le devolvió el mago guiñándole un ojo.
- ¡Sirius!- gritó Lyra desde el baño.
El chico se levantó de golpe y entró en el baño. Se encontró a Lyra delante del espejo secándose la cara.
- ¿Qué?- preguntó alarmado.
- ¿Te he de recordar que eres mi padre y estás con mi madre? No puedes ligar con chicas que podrían ser tus hijas.
- Ahora no soy tu padre, soy tu hermano mellizo. Y el cuerpo me pide marcha. ¿Qué voy a hacer cuando tu estés con Edgar?
- Puedes venir con nosotros.
- Paso, no me gusta mirar como os pasáis las babas.
- No nos besamos todo el rato- canturreó la chica- Además, tu quieres a mamá.
- Ni siquiera me has dicho como se llama.
- Elisabeth Dorian, es la profesora de…- dio un manotazo en el aire- Bueno, de lo que sea.
- No es profesora- sonrió el chico.
- Sí lo es, pero es que Dumbledore aún no le ha asignado ninguna materia.
- ¿Qué es tu madre?
- Es Auror, al menos lo era.
- ¿Hace cuanto que no la ves?
- Lo mismo que tú, estaba en el cuarto- recordó la chica.
- En el cuarto sólo estaban mi… ¿Era ella?- el chico se llevó las manos a la cabeza- Ya decía que notaba algo raro en Walburga.
- ¿Quién es Walburga?
- Tu abuela paterna, ¿No la conoces?
- No, de parte de mi padre sólo conozco a Regulus, bueno y a los merodeadores. Mi padrino y el padre de Harry.
- ¿Y Colagusano?
La chica negó con la cabeza, con evitar a Harry y a sus amigos había tenido bastante su primer curso.
- Te caería bien- informó el adolescente- Es un chico muy calladito.
- ¿En serio?- su madre no tenía la misma opinión del cuarto merodeador, ahora que lo recordaba. Todas las fotos de su estudio estaban tachadas, todas salvo una en la que aparecía Regulus junto a un chico muy apuesto y de bonitos ojos grises.
Sirius asintió con la cabeza.
- Con él podrías decir que sois gemelos, rubio y de ojos azules- rió el chico, pero a Lyra no le hizo ni pizca de gracia- Tus amigas son muy agradables.
- No son mis amigas- recalcó la joven- Sólo son compañeras de cuarto.
- Los compañeros de habitación se convierten en tus hermanos, siempre pasa.
- No es cierto. Susan aún es buena persona, pero entre Helen y yo sólo hay odio.
La chica salió de la habitación con su mochila al hombro. Sirius la siguió. Y detrás de ellos las dos chicas de la habitación, embelesadas por la hermosura del apuesto mellizo de Lyra.
- Oye Lyra, espérame- elevó la voz Sirius.
Pero la chica se perdió por un pasillo y Sirius se quedó plantado en medio del corredor.
- Tranquilo- le dijo Helen- Si quieres nosotras te llevamos al comedor. Está acostumbrada a la soledad. No tiene amigos, y desde que Harry se convirtió en un mocoso de siete ya no tiene familia, porque tu padre pasa completamente de ella. Sólo la riñe. Aunque no me extraña, es tan autosuficiente.
- No es justo- soltó Susana- Sabes que su padre no sabía de su existencia, cuando apareció en su primer año todos pensamos que era la hija del traidor de los Potter.
- A sí, el perro ese negro que arañó el cuadro de la Dama Gorda, tiene aspecto de Grimm. Tú padre debe ser un mago poderoso.
- Helen, lo tiene que ser para ser el único que ha logrado escapar de Azkaban- le recalcó la castaña.
Sirius las escuchaba, eso era lo que Lyra había tratado de ocultarle.
- Pero de eso debes tú estar más enterado que nosotras, ¿no?- Helen posó una mano sobre su hombro- Cuando la madre de Lyra, y la tuya, claro, arrestó a Peter Pettegrew le dieron la inmunidad. ¿No te lo han contado tus padres?
- Mierda- contestó el joven saliendo disparado hacia el comedor.
Corrió y corrió, pero no se encontró con Lyra en las escaleras móviles.
Patinó en el recibidor del colegio, delante de las puertas del comedor y atravesó las puertas de roble encaminándose hacia la mesa de Gryffindor.
Lyra estaba sentada al lado de unos pelirrojos idénticos, y compartía el desayuno feliz.
- Angelina dice que jugará en su posición hasta que Isis recupere su puesto- decía Fred.
- Eso es estupendo, pero aún necesitamos un guardián y un buscador- los chicos estaban ante una lista de posibles candidatos.
George señalaba un nombre y Lyra negaba con la cabeza.
- Finnigan podría jugar de guardián- Fred volvió a presentar la opción correcta- Le pediremos a Ginny que lo convezca.
- Vale, ¿Y el buscador?- preguntó Lyra, Ginny convencía a cualquiera que quisiese de lo que se le antojase, y si no le amenazaba con su mocomurciélago y todo solucionado.
Los gemelos levantaron la cabeza de su plato de cereales y se quedaron mirándola fijamente.
- No voy a jugar de buscadora, es muy aburrido- renegó la chica.
- Pues si tu no quieres convenceremos a Ginny.
- Eso, que juegue Ginny en el puesto de su novio- afirmó Lyra con un movimiento de cabeza- Sólo nos falta una cazadora.
- ¿Os sirve un cazador?- Sirius habló sentándose al lado de Lyra.
- Tú eres bateador, y ese puesto ya está ocupado- le recordó la rubia.
- Las pruebas en mi colegio aún no han sido, el año pasado jugaba de cazador- Sirius sonrió ante la mueca de asombro de su hija.
- Aceptado- los gemelos chocaron las manos en el aire.
Los gemelos se levantaron y s acomodaron en la mesa de Hufflepuff.
- Entiendo que no supieses eso, más después de pasar de ti cuando salí de Azkaban- el chico estaba serio y Lyra apretaba los puños.
- ¿Quién te lo ha dicho?- la joven arrastró las palabras.
- Eso no importa Lyra, lo que importa es ¿Por qué no me lo dijiste tú?
- Porque mamá me lo prohibió.
- ¿Te sometió a un juramento inquebrantable?
- No, pero le di mi palabra que no te lo diría.
- ¿Por qué? No puedo cambiar nada, este cuerpo sólo es temporal. De hecho puedo tomar la poción y volver a mi edad al igual que James. Pensaba que confiabas en mí. Te consideraba mi amiga, y los amigos se lo cuentan todo. No se guardan secretos.
- ¡Un momento de atención!- Lis estaba sobre el atril golpeando el micrófono mágico- La escuela ha decidido formar equipos de búsqueda de cinco personas.
Sirius miraba a aquella mujer tan parecida a su madre y a la vez tan distinta.
- Los equipos aparecerán en el tablón de anuncios de vuestras respectivas casas, se os va a mezclar. Recordad que no podéis gastar hechizos de magia oscura. Buscamos un artefacto de mucho poder. Al equipo que lo encuentre se le recompensará con cien puntos, a repartir entre cada uno de sus integrantes. La única pista es que es algo que se coloca en la cabeza de una dama.
- Vaya chorrada de juego- se quejó la rubia.
- ¿Chorrada?- inquirió el joven- Cualquier juego es bueno con tal que se anulen las clases. ¿Con quién crees que nos tocará?
- ¿Por qué crees que nos van a poner juntos?
- Oye Lyra, ¿Te caigo mal?- el chico se acercó a escasos centímetros de la rubia.
Ella negó con la cabeza y siguió centrándose en el desayuno.
- ¿Por qué no hablas conmigo?- pero sólo obtuvo silencio- ¿Estás enfadada conmigo?
- ¡Bingo!- cantó, pero siguió seria.
- ¿Puedo hacer algo para remediarlo?- seguía cerquísima de la chica.
- Hola Sirius, ¿En tú colegio también hacían estos juegos?- la voz melosa de Helen terminó de sacar a Lyra de sus casillas.
Se levantó del banco pero Sirius la enganchó de una muñeca para evitar que volviese a dejarlo solo.
- Suéltame- siseó con los dientes apretados.
El chico negó con la cabeza divertido.
- Te quedas conmigo. ¿Habéis desayunado chicas?- Lyra no podía más y estiró fuerte de su brazo, a la vez que lo giraba y lograba soltarse de agarre del merodeador- ¡Lyra!
La chica salió de estampida, aunque Susana le cayese bien con Helen no podía, aguantarla siquiera cinco minutos era superior a sus fuerzas.
- Déjala, sabe cuidarse sola. ¿Te gustaría participar con nosotras en la prueba de búsqueda?- Helen pestañeaba continuamente.
Sirius se fijó en ese pequeño detalle, pero como buen caballero no dijo nada.
Susana miraba hacia la mesa de Slytherin en donde un chico la saludaba con los brazos.
- ¿Lo conoces?- se interesó Sirius.
Susana asintió con la cabeza.
- ¿Puedo preguntarte de qué?
- Ya lo has hecho. Pero no tengo porqué contestarte- Sirius se sorprendió ante la contestación. La chica pasó olímpicamente de Helen y él, y se acercó a la mesa en la que la reclamaban.
- No le hagas caso, es su primo Mathew- le tranquilizó Helen.
- ¿Y tú por qué no huyes de mí como tus amigas?
Helen soltó un bufido.
- Bueno, en primer lugar porque no son mis amigas- la chica levantó un dedo y luego otro- y en segundo porque me gustas.
Desde luego no estaba en su época, las chicas no solían declararse tan abiertamente, no si no las habías invitado a salir antes.
- Qué directa- susurró el mago.
- ¿Decías?- la chica no podía dejar de mirarlo directamente a los ojos.
- Nada. Oye Helen, ¿Por qué te llevas mal con Lyra?
- Porque es una entrometida, no hace más que destacar en todo lo que hace. Es una sangre limpia que se comporta como una sangre sucia. Lo único que tiene de sangre limpia es su estilo de vuelo, compite en carreras profesionales. Este verano le ganó a un corredor retirado de las carreras por muchos años.
- ¿Tú también compites?
- No, eso no son cosas para damiselas. Ella podría ser un chico perfectamente, hace cosas de chico.
- Hace cosas de chicos- Sirius pensó que era capaz de orinar de pie contra una pared y se atragantó con la carcajada sólo con imaginársela.
- Sí, juega a Quidditch, vuela en carreras de velocidad, es capaz de noquear a una persona de un golpe, canta fatal… total, un auténtico macho, pero con carita de ángel.
- ¿Es guapa verdad?
- Claro que es guapa, pero no tanto como tú- le respondió la muchacha- Además es vengativa.
- ¿Por qué dices eso?- se contrarió el joven.
- Bueno, en primero le gastamos un montón de putadas pensando que tu padre era el traidor de los Potter, pero McGonagall la metió en el equipo de Quidditch. Los Slytherin le dieron su merecido, estuvo dos semanas en la enfermería tras recibir una paliza de los de séptimo- Sirius apretaba los puños- Ni todas las artes marciales que practicaba, ni su capacidad de hacer magia sin varita la ayudaron. Nosotros simplemente le rompíamos los trabajos por las noches. En segundo Harry empezó a pasar la voz de que tu padre no era el traidor de los Potter, nos enteramos de que era su padrino, y la abandonamos. Estaba sola, pero ya no nos metíamos con ella. En tercero gastó la peor broma de todas las que ha habido en este colegio.
- ¿En serio?- la chica asintió con la cabeza- ¿Qué hizo?
- Mezcló Alihotsy con chocolate de frambuesa y lo sirvió en la cena. Ella es buena en pociones y en estudios muggles. Era una de las favoritas de Snape.
- ¿No es buena en duelos?
- Nadie lo sabe, no va a clase y cuando va se queda arrinconada al final de la clase. ¿A ti te gusta defensa?
- Sí. Es mi asignatura favorita- empezaba a perder el hilo de la conversación.
- Qué coincidencia. ¿Eres bueno? Lo digo porque están buscando participantes para un club que han abierto los profesores este curso. Podríamos practicar juntos.
- ¿Lyra está dentro?- se había desconectado por completo.
- Sirius, ¿Me estás escuchando?- el chico asintió sin escuchar.
La chica continuó hablando pero él estaba aburrido del monótono tono de voz.
Se levantó despacio y se la dejó con la palabra en la boca.
La chica se encogió de hombros y empezó a desayunar.
Lyra volaba veloz sobre su escoba nueva. Volar a gran velocidad era lo único que placaba sus nervios últimamente.
Había conectado su Mp3 a los altavoces del estadio, y la canción de It's my life de Bon Jovi resonaba en el estadio, repitiéndose cíclicamente.
Sirius se acercó a las gradas y se fijó en su forma de vuelo. Era una chica decidida.
Lyra pasó veloz por su lado y frenó en seco al verlo por el rabillo del ojo.
- ¿Qué haces aquí? ¿No tenías tantas ganas de hablar con Helen y Susana?- le soltó ácidamente.
- ¿Alihotsy? ¿Pretendías matar a todo el colegio?- parecía divertido, ni mucho menos enfadado como le había demostrado de adulto.
- Se me fue la mano un poquito, pero nadie resultó herido- contestó a mala leche- No pueden decir lo mismo de mí.
- ¿Estás en el club de duelo?
La chica comenzó a partirse de risa.
- ¿Qué te hace tanta gracia?
- ¿En el club de duelo?- preguntó decidida- ¿Para qué?
- ¿Por qué no vas a las clases de defensa?
- ¿Quién te ha dicho que no vaya? Helen, seguro. Aún está resentida con el duelo de ayer.
- ¿Entonces si que vas?
- Sirius, mi tío es uno de los profesores.¿No crees que si me la pelo se daría cuenta?
Se descolgó del mango de la escoba y saltó a las gradas, impulsándose con un ligero balanceo de piernas. La escoba se mantuvo en el aire.
- ¿Cómo haces eso?- el joven señaló la escoba.
- ¿No conoces el Wingardium Leviosa?- la chica sonreía de oreja a oreja.
- Claro que sí, pero no veo tu varita.
- Sí, bueno, es que no la necesito. Sé hacer magia sin varita.
- Pensaba que ibas de cachondeo- Sirius seguí sin poder apartar la vista de la escoba- ¿Qué modelo es ese?
- Es una Estrella Fugaz- estiró su mano y atrajo la escoba- ¿Quieres probarla?
Sirius contempló la escoba de cerca y asintió con la cabeza.
- Pues toma, voy a por el MP3. Dos vueltas, ¿eh?- bromeó la chica.
Sirius se montó y pateó el suelo con fuerza. La escoba casi lo lanza cuando alcanzó dos metros de altura y frenó en seco. El chico se agarró fuerte al mango y se inclinó hacia adelante. Atravesó el estadio veloz y viró intentando que fuese de manera suave, pero la escoba respondía bruscamente a cada ligero movimiento. No podía controlarla, su Nimbas ´70 tardaba más en responder y él estaba acostumbrado a ella.
Esa escoba era demasiado rápida.
Con una vuelta tuvo suficiente, descendió rápidamente al suelo y saltó de la escoba, rodando por el césped.
- No es una escoba para Quidditch- una voz desconocida le habló desde arriba- Soy Edward, el novio de Crisan, la amiga de Lyra. Tropezamos anoche, ¿recuerdas?
El chico le tendía una mano para ayudarlo a levantarse.
Sirius la aceptó gustoso.
- Lo siento, una chicas nos dijeron que Edgar había quedado con una tal Ara por la mañana. Sois iguales- se disculpó el animago.
- ¿Quiénes?- preguntó el chico sorprendido.
- Edgar y tú- respondió Sirius espolsándose las briznas de hierba de su jersey.
- Sí, supongo. Al menos hasta que nos conoces.
- ¿No os confunden?
- Nuestros amigos no. Mi hermano y yo somos diametralmente opuestos- le explicó el joven- Somos como Lyra y Crisan. Ella es impulsiva y mi chica racional. Pero se complementan.
- Oye siento haberte golpeado ayer.
- Va, no te preocupes, Lyra pega más fuerte. Al principio ella nos confundía, cuando veía a mi hermano ligar con otras chicas terminaba yo con el labio partido y mordiendo el suelo- Sirius sonrió ante el comentario- Bueno, vengo a deciros que hemos quedado en el mismo grupo.
- ¿Quiénes?- Lyra se acercaba guardándose el MP3 en el bolsillo de sus vaqueros.
- Edgar, Crisan, tú, Sirius y yo- respondió Edward- En todos los grupos hay un Ravenclaw y un Gryffindor como mínimo. Debe ser por algo.
- ¡Lyra!- Crisan llegaba corriendo con un montón de pergaminos en las manos.
Lyra se acercó a su amiga y le quitó los pergaminos de las manos.
- He estado buscando en la Biblioteca- la morena rebuscaba entre el montón de pergaminos que su amiga había formado en el suelo- Eres un desastre, me los has desorganizado.
- Crisan, al grano- le pidió su amiga.
- Bueno, la única pista que tenemos es que es un objeto que suelen llevar las damas en la cabeza, ¿cierto?- interrogó con la mirada a todos los presentes- ¿Qué puede llevar una dama en la cabeza?
- Cualquier cosa, una cinta, un ganchito, una diadema, un sombrero, una berenjena- Lyra comenzó a enumerar cosas que podía llevar una mujer en la cabeza- Cuernos.
- ¿Cuernos?- se preguntó Sirius en voz alta.
- Claro, si se los ha puesto su prometido o su marido, puede llevarlos- razonó la chica.
Crisan se acercó a su amiga y le golpeó la cabeza con la mano abierta.
- No estamos bromeando, Lyra- le gritó indignada- Que tu no te tomes en serio estas cosas no significa que los demás no lo hagamos.
- Pero tú has preguntado- se quejó la chica frotándose el cogote y le devolvió el golpe a su amiga.
Sirius estaba entretenido, Edward también reía.
- ¿Siempre son así?- preguntó Sirius curioso.
- Sí, es entretenido verlas pelear.
- Pensé que eran amigas.
- Y lo son, intenta ponerle una mano encima a Crisan y verás lo que es bueno. ¿No te ha contado su paseo en barca?
- ¿Su paseo en barca?- Sirius miró a Edward sin entender.
- Los de primero entran al castillo a través del lago, Hagrid los lleva en las barcas y McGonagall los recoge en las puertas del patio central para guiarlos hasta el sombrero seleccionador. Crisan me contó que unos alumnos que luego quedaron en Slytherin se metieron con ellas en el tren. ¿Qué Lyra y tu no habláis?
- Bueno, yo me he criado con la familia Black y ella con la familia Dorian. Nos separaron desde pequeños- se disculpó Sirius con una extraña mueca.
- Ah, no lo sabía.
- Nos acabamos de conocer- siguió Sirius con la mentira.
- Pues deberías hablar con ella. No lo ha pasado nada bien, siempre ha sido la marginada.
- Es una pena- afirmó el mago de ojos grises.
- Sí, porque es una chica muy divertida y lista. El sombrero estuvo a punto de enviarla a Ravenclaw.
- ¿En serio?- se sorprendió el merodeador.
- Sí, pero también quiso enviarla a Slytherin.
- ¿Slytherin?- Sirius casi se queda sin cuerdas vocales.
Las chicas se fijaron en ellos.
- Lyra piensa- una sonora carcajada se oyó a la espalda de las chicas cuando Crisan pronunció esas dos palabras.
Lyra se separó de su amiga y giró para ver el dueño de tal risotada. Edgar reía a boca partida.
- ¿Se puede saber de qué te ríes, capullo?- preguntó la rubia molesta.
- De mi cuñadita, ¿A quién se le ocurre pedirte que pienses? Eres una chica de acción, no de razonamientos- le devolvió el chico.
Edward negaba con la cabeza. Su hermano acababa de firmar su sentencia de muerte.
Sirius estaba confundido, nunca se le había ocurrido insultar a ninguna chica con la que salía.
Lyra se lanzó contra su chico y le aventó tremenda bofetada.
Sirius miró a Edward, igual su hermano intentaba separarla y él como buen hermano debía defenderla, aunque también lo debía hacer como padre. Aunque no entendía la forma de comportamiento de esa chica.
- Estás loca. ¡Te has pasado Lyra! ¡Sólo era una broma!- el chico tenía la manita marcada en la mejilla.
- Tú lo has dicho, soy una chica de acción- le devolvió el berrido sujetándolo de las solapas de la túnica. Acto seguido lo besó con furia.
- ¡Suéltame!- el chico intentaba separarse pero ella lo tenía bien agarrado.
- ¿Seguro?- dejó de besarlo y lo soltó empujándolo con fuerza.
- Hasta aquí hemos llegado. No te aguanto más- se levantó y se largó a la carrera.
Sirius estaba aterrorizado, nunca había presenciado una escena como esa. Lyra actuaba como un chico, cualquier chica hubiese salido corriendo detrás, pero ella seguía en pie, mirando como el chico se alejaba. Aunque es cierto que ninguna chica hubiese soltado un golpe como aquél por semejante nimiedad.
- Lyra- Crisan hablaba con un nudo en la garganta.
- Ha de ser algo de Rowena, si fuese algo de Helga habrían colocado a un Hufflepuff en cada grupo- contestó la chica con la voz rota.
Crisan sonrió, Edgar había bordado el plan. Su actuación había sido magnífica.
Sirius ya no entendía nada, ¿Qué acaso Lyra funcionaba mejor cuando estaba enfadada?
Edward se acercó a su novia y le rodeó la cintura con los brazos.
Edgard esperaba a las puertas del Castillo, Lyra no era de las que aceptaban un plantón por un malentendido. No al menos, la Lyra de la que él se había enamorado.
- Pega fuerte- el chico se frotaba la mejilla.
Le encantaba su chica, no era como las demás, estaba enamorado hasta la médula.
Crisan se sentó sobre la hierba, entre las piernas de su chico. Sirius se dejó caer al lado de Lyra y la miraba de reojo de vez en cuando.
- Muy bien, ¿Qué sabemos de Rowena?- empezó Crisan.
Los Gryffindor se miraron y negaron con la cabeza.
- Fundadora de la casa que lleva su nombre en nuestro Colegio continuó Edward, muy aficionado a los personajes históricos mágicos- La casa Ravenclaw recibe alumnos intelectuales y hábiles de mente. Era una gran amiga de Helga Hufflepuff, otra de las fundadoras del colegio. Rowena fue una bruja reconocida por su inteligencia e ingenio, hasta el punto que se la recuerda por la frase "Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres". Una de las mejores brujas que ha pisado este mundo, con el talento de poder distinguir a quienes realmente merecen ir en esta casa.
- Creído- soltó Sirius, de repente.
Edward sonrió ante la interrupción pero siguió a lo suyo.
-Se sabe que poseía una diadema mágica que aumentaba la sabiduría de quién la llevase. Fue robada por su hija Helena, que actualmente es el fantasma de la casa de Ravenclaw, aunque en Hogwarts se la conoce con el apodo de la Dama Gris.
- Lyra tu madre dijo que se trataba de un objeto muy poderoso, ¿Crees que pueda ser ese?- intervino Sirius.
- Puede, pero si fue robado por su hija, ¿Cómo sabemos que se encuentra en el Castillo?
- Porque no nos dejarían salir del Castillo. Es algo que está aquí- razonó Edward.
- Entonces- Lyra se puso en pie- sólo debemos ir y preguntarle a Helena qué hizo con la diadema de su madre.
- Claro, y el fantasma te lo va a decir así de simple, ¿no?- se mofó Sirius- Algo falla, no puede ser tan simple.
- Oye, ¿Por qué le buscas los tres pies al gato? ¿Nadie te ha dicho que la solución estaba bajo tu nariz?- Lyra tenía los ojos enrojecidos.
Se dio la vuelta y comenzó a andar en dirección a las puertas del Castillo.
