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Vientos De Cambio

La mañana siguiente después de desayunar Lily subía a su recamara a cambiarse, al medio día llegarían sus abuelos para llevarlos a jugar tenis… iba tan absorta en sus pensamientos pero cuando entró se dio cuenta que su hermano estaba dentro rebuscando entre el librero que tenía para guardar sus útiles y pergaminos de trabajos calificados.

¡James, qué tanto buscas en mi habitación! -reclamó.

Tus redacciones de Transformaciones y Pociones - respondió quitado de la pena, mientras continuaba hurgando en el estante.

¿Para qué? -inquirió suponiendo la intención, pero no pensaba que fuese tan descarado.

Pues para qué van a ser, ni modo que para ponerlos en la jaula de Aioria como alfombra -dijo sarcásticamente mientras desenrollaba los pergaminos, leía con rapidez y si no le servían los tiraba aun lado enrollados sin cuidado. Algunos de ellos caían al piso.

¡Quieres Copiarme! - protestó indignada la castaña, arrebatándole los pergaminos y protegiendo otros más que había recogido del suelo.

Dicho así suena feo, mejor di que vas a hacer la obra de caridad de tu vida - repuso con voz de víctima.

Por estar perdiendo el tiempo con tu… novia, no hiciste tus deberes - reprendió la ojiverde.

Ay mira que tú seguramente tampoco los terminaste, con eso de te la pasabas con el desabrido - se defendió, atacándola.

¡Fuera! - las pupilas verdes de la chica se iluminaron con peligrosidad.

Vamos Lilytzy, no seas egoísta, déjame presentar tus apuntes -le arrebató uno que la chica forcejeaba por quitarle y con agilidad se lo guardó en el bolsillo interno de la sudadera verde marino sin que Lily se diese cuenta.

Ah, encima de que los quieres no sólo para copiar ¡sino para entregarlos como tuyos! - exclamó sacando chispas por los ojos, James le dio la espalda y se dirigió con presura a la salida.

McGonagall se daría cuenta, y ni se diga del profesor Snape -advirtió detrás de él.

La verdad es que eres una envidiosa - regresó a verle.

Y tú eres un reverendo flojo - subrayó con acidez.

Los hermanos se ayudan en los momentos más difíciles -objetó.

Es por tu bien, si te solapo a la larga te haría un grave daño, te acostumbraré a ser un holgazán. Bueno más de lo que eres, ¡imposible! -recalcó alzando las cejas.

Ay pero si fuera el desabrido corriendo se los das - ironizó soltando una risilla.

Él jamás me pidió mis apuntes, Diego es capaz de hacer las cosas por sí solo - exclamó, sus mejillas se sonrojaron entre la furia y el rubor.

Ah sí se me olvidaba que es un cerebro andante como tú, aunque algunas veces no le sirve para nada más que las clases - repuso burlón.

O tal vez sí, porque cortó contigo – añadió con una sonrisita.

¡LARGO! Sino quieres que...

No puedes hacer magia fuera del colegio - recordó con satisfacción.

No pero puedo sacarte a patadas de mi habitación -rezó amenazante la chica.

Ya me iba, ya tengo lo que necesitaba - dijo señalando su bolsillo.

¡James, dame esos pergaminos, ahora!-exigió.

Quítamelos si puedes - le retó, corriendo por el pasillo hacia las escaleras. James nunca tomaba en cuenta que ella era buscadora y aunque fuese en tierra le llevaba ventaja por mucho que él fuese ágil bajo el agua.

¡Ven acá! - al chico se le salía el pergamino y mientras lo recogía del suelo la chica se le aventó hacia la espalda pero como estaban en la orilla de las escaleras rodaron por estas.

¡Ay, menza! - sólo ese grito se entendió de Nick entre los adoloridos quejidos de ambos mientras descendían bruscamente por las gradas. - ¡Auch! - ¡Ayy!- ¡Ey, mi pie!, ¡Ay, mi cabeza! Finalmente los dos cayeron hechos muéganos sobre la alfombra al final de las escaleras.

¿Qué pasa aquí? - preguntó la voz de su padre, ambos regresaron a ver hacia arriba. – Harry venía entrando del jardín - ¡¿Estaban peleando?! – cuestionó inquisidoramente.

No, sólo jugábamos -exclamó Lily, tratando de desafanarse de Nick. - ¿Verdad, James? -le lanzó una insistente mirada. James asintió, la castaña le sonrió vacilante a su padre y de inmediato desapareció por las escaleras. Harry continuaba viendo fijamente al ojimarrón.

¿Qué?, es la verdad -dijo James, encogiéndose de hombros. Aunque le dolía todo el cuerpo no pensaba quejarse frente a su progenitor, sino castigo seguro.

Umjú... -repuso negando cuando su hijo subía a su habitación.

A las doce en punto los señores Granger se llevaron a James y a Lily al club, prometiendo devolverlos antes del anochecer.

Harry se había quedado dormido viendo la tele... comenzó a soñar con un precioso prado lleno de flores, con un pequeño lago de agua cristalina, donde a la orilla estaba plantado un frondoso árbol del cual colgaba un columpio y ahí sentado estaba él con Hermione a su lado jugando con su revoltoso cabello.

No sé si hice lo correcto al renunciar al colegio, dejarlos volver solos – suspiró.

Lo has hecho muy bien, Lily y James han crecido maravillosamente gracias a ti. Llegó la hora de que lo hagan por sí mismos – dijo la castaña.

Te extraño, me haces tanta falta, ojalá estuvieras aquí conmigo – la miró, acariciando su mejilla.

Lo estaré siempre – le sonrió.

Sólo tu espíritu – musitó con tristeza.

Harry, yo no... – comenzó, pero de pronto una fuerte voz disolvió el sueño para despertar al ojiverde.

¡Estoy muerta!, así que por ahora no pienso en nada – exclamaba Lily, mientras entraban a la casa. Harry vio pasar las dos sombras hacia las escaleras, ya que la luz del salón estaba apagada y las de la entrada alcanzaban a iluminar tenuemente.

Qué extraño, siempre es así – ironizó el moreno, su hermana lo fulminó con la mirada.

Vamos estás molesta porque te gané, debes admitirlo – demandó.

Te dejé ganar, que es diferente – objetó.

No seas tan mala perdedora – criticó el ojimarrón, ella le lanzó una mirada envenenada.

Buenas noches – subió corriendo las escaleras, James negó y se encontró con su papá parado en la puerta de la sala; Harry estaba un poco aturdido después del sueño tan vívido que había tenido, tenía la sensación de que Hermione iba a decirle algo importante.

**

Mientras cenaban…

¿Y qué tal el tenis? – preguntó, vertiendo leche en su cereal.

Desastroso, lo odio – bufó la castaña.

Cómo, si era tu deporte muggle favorito – se extrañó.

Lo era, hasta que le gané, mejor dicho la hice polvo – señaló el ojimarrón, soltando una risita socarrona.

Ya te dije que te dejé ganar – recalcó la ojiverde.

Sí como tú digas – alzó las cejas.

Bueno, ya, no será motivo de discusión – atajó su papá, ellos se lanzaron miradas retadoras.

¿Y cómo están sus abuelos? – abordó rápidamente.

Muy bien – expuso James, untando mantequilla a su tostada.

Nos invitan a pasar las fiestas a su casa –informó Lily. - La abuela dice que haber si ahora sí vamos –añadió un poco irónica.

Ya veremos… - dijo Harry, con tono de que lo planearían, sus mejillas se habían ruborizado.

Cuando terminaron de cenar cada uno fue a su habitación para alistarse ya que al siguiente día partirían a Hogwarts... Lilytzy entró en la recamara de James azotando la puerta.

¡Ey! – protestó el pelinegro, que en esos instantes estaba sobre su cama comiendo una galleta mientras escribía.

Sacaste los apuntes de mi habitación - reclamó.

Qué te cuesta dejármelos – rodó los ojos.

¡Los quiero, ahora! Son míos – exigió.

Esta es mi habitación – señaló Nick.

Y este es mi puño – hizo un gesto amenazante.

Bien, en tu conciencia quedará si yo repruebo –sentenció, incorporándose para entregarle los pergaminos.

Tu chantaje en mí no funciona - exclamó la ojiverde, sin inmutarse.

Eres la hermana más egoísta que he conocido -recriminó.

No crees que esto es patético -espetó soltando una risilla.

¿Patético? - la miró indignado.

Sólo escúchate -dijo fríamente. - Me quieres hacer sentir culpable de tus flojeras – James hizo un gesto aburrido, ella giró sobre sus talones para irse.

Y si cuando amanezca llega a faltar algo en mi habitación, no habrá lugar suficiente en Hogwarts en donde puedas esconderte – advirtió.

Termina de irte, y cierra la puerta – la corrió.

Te odio – gritó cuando la chica casi había salido.

Te odio más – se regresó a decirle.

No más de lo que yo te odio – remarcó él.

Ay cuanto amor se respira aquí – ironizó el ojiverde, sorprendiéndolos.

Ya deberían estar dormidos – señaló.

Eso díselo a tu hijita ella vino a buscar pleito – expuso, apretando los dientes.

Él robó mis trabajos – evidenció.

¿Eso es verdad? – inquirió al ojimarrón.

Sí, pero… - desvió la mirada, intentando buscar cómo defenderse,

¿James, tienes algo que decirle a tu hermana? – lo miró con reprimenda.

Supongo que lo lamento – seguía mirando para otro lado, parecía estar forzándose mucho.

¿Supones? – se rió sarcástica, James ya no dijo más.

Wow, qué profundo… hasta un charco es más profundo que tú – acentuó con sarcasmo.

Sí, al menos no me da miedo caer en uno – dijo despiadado, la castaña hizo el intento de írsele encima pero Harry la detuvo por los hombros.

Ya basta – atajó. – Un día los voy a encerrar en un cuarto hasta que ambos aprendan a respetarse - advirtió.

Si me encierras con él me volveré loca –saltó la de rulos.

En serio, porque creo que ya lo estás – observó burlonamente. Lily luchó por safarse de su papá para poder abalanzarse hacia su hermano, pero Harry la sacó de la habitación.

Eran las ocho de la mañana cuando Lily y James se despertaban…

Vengan a mi habitación tengo algo que enseñarles – llamó su papá, ambos lo siguieron un poco adormilados, cuando entraron sobre la cama estaba doblada una suave manta, como seda.

¡La capa de invisibilidad de la que tanto nos hablaste! –exclamó maravillado James, con sus pupilas marrón radiantes.

Tómala – indicó el ojiverde.

¿Para mí? – lo regresó a ver entre incrédulo y emocionado, Harry asintió con una sonrisa.

Voy a poderme desplazar por el colegio sin preocuparme de que me vean – exclamó con tono travieso, su papá negó como si no le sorprendiera lo que había exteriorizado. A la castaña le entregó un pergamino doblado…

¿Es el mapa? – preguntó aunque estaba segura, Harry asintió.

Bien, así podré vigilarte por muy invisible que seas – dijo a James, con una sonrisita de suficiencia.

Sí, pero sólo dentro de los terrenos de Hogwarts – recordó triunfante.

Por tu bien no creo que pienses salir de ellos – se rió.

¡Diantres! – Nick dejó de sonreír al instante.

¿Por qué nos lo das? – contrajo el entrecejo, Lily.

Tienen que saber que no voy a regresar con ustedes – les puso al tanto de su decisión.

Papá… - ambos intercambiaron una mirada sorprendidos y lo vieron un poco interrogantes.

Siempre se han quejado de que llegué a arruinarles la vida dentro del colegio, bien, pienso que ya son lo suficientemente maduros para que puedan hacerlo solos… demuéstrenmelo – expuso, viéndolos de manera seria. Ninguno de los dos supo qué decir…

Cuando fui adolescente el mapa y la capa me fueron muy útiles, me salvaron la vida muchas veces… confío que los cuidarán con responsabilidad, además de que si alguna vez los necesitan para algo más que meterse en líos, ojalá y trabajen en equipo – añadió con gravedad.

No puedo prometer nada – soltó el ojimarrón, Lily le dio un golpe en el hombro.

Ok lo prometo – apuró viendo a su papá con una aparente sonrisa.

En verdad lo intentaremos – prometió sincera la castaña.

Lo haré si ella no rompe el trato – subrayó Nick. Harry suspiró exasperado, en verdad que comenzaba a dudar que esos dos alguna vez se llevarían bien, y también ya no estaba tan seguro de querer dejarlos ir solos.

Para las diez de la mañana estaban en la estación King's Cross, mientras esperaban a atravesar el andén 9 y 3/4, James y Lily fueron a un pequeño bazar cerca de la estación de trenes.

Comparé unos souvenir para Zack y Kev, así no dirán que no me acordé de ellos estas vacaciones – decía James, mientras elegía algunos objetos muggles.

¿Y en serio te acordaste de ellos? – ironizó la castaña, él la regresó a ver con una mueca ácida. La chica no le dio importancia, ella también merodeaba por si encontraba algo que le agradase.

¡Diantres!, olvidé mi monedero – exclamó cuando iba a revisar si le alcanzaba para pagar lo que había elegido.

Yo no pagaré lo tuyo – se apresuró a decir Nick. La de rulos no lo quedó más remedio que volver a la cafetería donde estaba su padre, con sorpresa lo encontró conversando con el papá de Marín, pero su amiga no estaba ahí. Mientras se acercaba prefirió ocultarse tras la barra cercana a la mesa donde estaban ellos porque su progenitor de pronto se puso de pie casi gritando, blandiendo un sobre blanco en sus manos.

¡Tú lo sabías, y me lo dices hasta ahora! – reclamó.

Harry, cálmate – pidió el pelirrojo, viendo alrededor a las personas que los miraban asustadas.

Tú sabías que ella estaba embarazada – repitió en voz más baja, su rostro estaba muy acalorado.

Harry, perdóname por no habértelo dicho antes. Esa noche Herms y yo hablamos de eso, aunque ella dijo que no estaba segura… - confesó muy aprisa.

Ahora resulta que aquella dolorosa noche no sólo perdí a mi esposa sino al bebé que ella esperaba, ¡a mi hijo! –se derrumbó, con el rostro bañado en lágrimas.

No sé qué decirte… tal vez no debí entregarte esto, pero Luna insistió - lamentó el pelirrojo. Lily estaba muy perturbada, la noticia le había helado la sangre, la había dejado sin aliento, no podía creerlo…

¿Qué haces? – preguntó alguien a sus espaldas.

¡Idiota, me asustaste! – pegó un salto.

No más de lo que yo sufro cada que te veo – contrarrestó James, pero la chica ni siquiera le veía parecía ausente.

¿Estabas espiando a mi papá y a mi tío? – sospechó.

Qué te importa – le dio un empujón y avanzó para dar la vuelta e ir hacia la mesa.

Lo mismo te dirían ellos – dijo siguiéndola. Cuando Harry los vio venir se secó rápidamente el llanto y fingió estar tomando de su café, Ron se movió nervioso en su asiento. Lily por dentro se forzó a tranquilizarse porque sus pensamientos eran un mar revuelto.

Minutos antes de las once atravesaron la barrera del andén, para este momento Marín, Roy, Robbie y Luna se habían reunido con ellos; pero los acompañaban una pequeña pelirroja de ojos grises y una niña castaña de ojos cafés. Gin y Colín, las hijas de Ginny y Colin irían a Hogwarts también, la ojiverde se extrañó mucho porque sabía que la más chica de las Creevey apenas cumpliría los diez; Marín le hizo una mueca de que pronto le explicaría.

Entre el tumulto de sus compañeros, el vapor de la locomotora… vio llegar a Dafne y a Diego, la pelirroja hizo una mueca fastidiada, y Lily evitó por todos los medios encontrarse con su gris mirada, Harry la abrazó para distraerla… la castaña tenía enormes deseos de quedarse aferrada a su papá; sabía que él estaba haciendo un enorme esfuerzo por no desmoronarse con lo que acaba de enterarse, y sin embargo ahí estaba para ella y en sus brazos se sentía protegida.

Del otro lado Robbie parecía tener prisa porque su mamá lo dejara en paz, Luna tenía los ojos un poco cristalinos y no paraba de darle besos, el niño estaba tan rojo como su cabello, Marín y Roy reían por lo bajo.

Ya Lu, tienen que abordar o los dejará el tren – la abrazó Ron, retirándola de Rob, y sonriéndole a su hijo menor.

¿Prometes escribir? – sollozó la rubia.

Lo haré tan posible me sea – le sonrió el pequeño ojiazul.

Claro, como nosotros ya estamos grandes ni siquiera nos pelas. Mujer también soy tu hijo, recuerdas – ironizó con un tonito de reclamo en broma, Roy.

Sabes que eso no es verdad, ven con mamá – exclamó Luna, con un sonidito meloso. Marín se despedía de su papá y le tocó burlarse de su mellizo cuando su progenitora lo llenaba de besos.

James, en serio pórtate bien, no quiero quejas – advirtió Harry, despeinando al ojimarrón, éste hizo un gesto de despreocupación.

Me aseguraré de ello – dijo Lily, jalando a su hermano y plantándole un beso en la mejilla a su papá.

Marín, te encargo a tus primas – encomendó el pelirrojo.

Descuida papá, las cuidaré más que a mis hermanos – le guiñó un ojo, Ron sonrió negando.

Los siete chicos subieron al tren cuando éste silbó para avisar que era hora de partir.

Mientras buscaban compartimento, bueno Marín con Robert y sus pequeñas primas debido a que Roy y Lily por ser prefectos tenían que ir a uno asignado y exclusivo.

La castaña se las arregló para safarse un rato de sus responsabilidades y poder ir a buscar a su amiga pelirroja, entró tan aprisa al compartimento que desde siempre habían ocupado ellos que no se fijó y chocó con alguien, quien sin poder evitarlo se precipitó al suelo.

¡Lo siento! – exclamó realmente apenada.

No te preocupes, fue mi culpa, no me fijé al salir – dijo una niña de cabello castaño y ojos verde esmeralda que se le hacían tan familiares.

¿Quién te crees que eres? ¡Para entrar así! – inquirieron un par de castaños, que habían corrido a ayudar a la pequeña; dos pares de ojos la fulminaban, unos igualmente esmeraldas y otros marrón. Lily se impresionó mucho porque a pesar de ser varones y la otra niña los tres eran muy parecidos entre sí.

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