CAPÍTULO 37: CARTAS Y CONTIENDAS

¡Hola, qué tal! ¡Wow, ya el 37! Cada vez falta menos (7 para ser exactos). Bueno, de decirles que estoy feliz de cómo va evolucionando la historia. Lucia se ganó un lugarcito en esta historia y apenas es su primera aparición. Temía mucho por este personaje, ya que reflejaba más realidad (y una triste) que cualquiera de los otros. No así Lilith, a la cual todas estamos pensando en darle una buena sacudida y dejarla calva. ¡Cómo se atreve a venir a fastidiar a nuestros protagonistas! Twig al rescate, como de costumbre, dando el apoyo y la guía a nuestra aún insegura Sarah. Pero, ya verán cómo sigue este embrollo. Espero que les guste.

Por cierto, Krissel, lo de la idea con la miel…, sólo espero que no lo llegue a leer Conrad, a ver si se le da por tomarlo como costumbre o se le ocurre hacérselo a buen Gontran. n.n

Gracias Krissel y Moonlightgirl. No sé si alguien más envió review, si es así y no llegó, gracias también. ; )

Ahora, tienen he hecho un pequeño fic basado en un nuevo videofic que hice. Jeje. Qué trabalenguas. Bueno, la cuestión es que hallarán a ambos en mi profile. ¡Gracias! Y por cierto, para quienes les guste cómo escribo, dentro de poco (no sé cuando con exactitud, pero, les dejaré saber.) publicaré en : D Yep! ¡Por fin mis historias 100 mías!

Disclaimer: Labyrinth no me pertenece. En cuanto al resto, cualquier similitud es mera casualidad. No conozco a nadie con el nombre de Lucia, o Anna ni tampoco a nadie a quien le haya pasado semejante calamidad. Tampoco a nadie que se llame Lilith. (Sólo por si acaso.) XD

CAPÍTULO 37: CARTAS Y CONTIENDAS.

Su Majestad estaba sentado en el trono con la cabeza inclinada sobre su mano, la cual cubría sus ojos. La sala estaba a oscuras y vacía excepto por su único ocupante. En su mano, bailaba distraídamente un cristal. Twig se asomó lentamente y avanzó de igual manera salvaguardando cierta distancia.

-¿Su Majestad?- llamó con suavidad. Nada. Entonces, aclaró su garganta. -Su Majestad.- su tono fue más firme y el par de ojos bicolor se posó con rudeza sobre ella.

-¿Qué sucede, Twig? Ya he dado aviso de que no tomaré el té ésta tarde.

-Oh. No es eso, Su Majestad, yo… le traje un mensaje de parte de Lady Sarah.- extendió su mano con el pergamino. Él desde su sitio estudió el rollo con cierta desconfianza.

-¿Qué dice?

-¿Cómo saberlo, Su Majestad? Ella lo escribió, yo sólo lo traigo.

-Déjalo allí.- clamó señalando un costado del trono. Twig lo miró desconcertada.

-Pero…, My Lord…

-¡¿Qué?!- protestó enfadado. -¡Ella no confía en mí, entonces, por qué tengo que atender algo suyo apenas lo traigan! ¡Ni siquiera vino a pedirme disculpas o a pedirme explicaciones y ahora se supone que debo ir corriendo a ella!

-Su Alteza, ella está muy triste… Ella es muy joven, y esa mujer ha sabido cómo dañar… a ambos.- Jareth se puso de pie.

-¡Pero, fue Sarah quién me abandonó aquí, no al revés! ¡Es la segunda vez que me hace esto!- arrojó la esfera contra la pared contraria a Twig. Afuera un nuevo trueno estalló furioso. La Goblin se sobresaltó, mas, era conocido por todos cómo el monarca descargaba su ira lanzando aquellos cristales. -¡Yo soy un rey! ¡El Rey Goblin! ¡¿Qué se ha creído?!- Twig se enderezó como ofendida.

-Quizás, si usted leyera esto podría saberlo.- su voz era propiamente la de una madre enfadada con sus caprichosos niños. -Pero, si usted prefiere que se quede allí en el suelo, llenándose de mugre y quién sabe qué más con esos pequeños goblins alrededor…- se dirigió hacia el trono y dejó el rollo. -Con su permiso, My Lord.- se retiró sin esperar respuesta ante el aún enojado, pero, extrañado monarca ante la actitud de la goblin. Aunque sí sabía que era una mujer de firme carácter cuando se lo proponía.

Jareth la vio alejarse. Al fin, ya solo, dirigió su mirada al pergamino junto a su trono. Intentó calmarse y suspiró. Entonces, lo tomó y se sentó en el sitial donde lo desenrolló. "Bueno, por lo menos me puso 'querido'" Se relajó un poco y lo mismo hizo el cielo.

"Querido Jareth:

No sé exactamente qué decirte… Sólo que ahora no puedo verte…, ahora no quiero verte."

-¡¿Cómo que no quieres verme?!- se molestó y siguió leyendo.

"Sé que tenemos que hablar; sé que, quizás, debí haber escuchado lo que ibas a decirme. Quizás, pienses que soy infantil, y quizás tengas razón."

-¡Sí, deberías haberme escuchado y sí, a veces eres muy infantil y sólo por ser cabezadura!

"Yo no sé cómo comportarme, yo no sé cómo lucir tan….. bueno….. sexy como ella."

-¡¿Cómo ella?! ¡¿Quién demonios quiere que seas como ella?! ¡Por todos los dioses, me vuelves loco y aún piensas que alguien más podría superar eso!

"Ahora, mi mente tiene miles de preguntas sin respuestas y aunque me dijeras que las contestarás todas, no es éste el momento en que quiero descubrirlas, porque en éste instante no te creería."

-¿Cuando me creíste, me pregunto?- suspiró. -¿Y qué tan culpable soy yo?- la lluvia torrencial se convirtió en una fina llovizna.

"Ahora por mi cabeza existe la duda de si esto no es una venganza, y entonces, aparecen todos esos momentos que jamás creí que viviría, ni aquí ni el Aboveground. Y aparece tu familia y aquel día en el lago y los que siguieron y momentos en su tiempo malinterpretados que ahora puedo ver claramente."

-¡¿Y, entonces, cuál es el problema?!- se exasperó.

"Pero, me pregunto, ¿habrá sido real? Me gustaría que todo fuera como antes. Me gustaría solucionar esto antes de la boda, pero, necesito tiempo. Por favor, es todo lo que te pido ésta vez; tiempo. Sarah."

-¡¿Tiempo?! ¡¿Para qué rayos quieres tiempo?! ¡Tenemos menos de seis días y tú quieres tiempo! ¡Y fue y es muy real!- exclamó poniéndose de pie yendo con decisión hacia la salida. -¡MUY real!- estaba a punto de cruzar la puerta cuando un brazo desde el exterior se lo impidió.

-¿Dónde vas?- protestó Erwin que ya estaba al tanto de la situación gracias a la tormenta, aún sin los detalles.

-¡A hablar con Sarah! ¡Ella necesita tiempo, yo necesito que me escuche!- siguió hacia las escaleras con su tío detrás.

-¡Jareth, en ese estado no conseguirás nada! ¡Y ella también debe estar de malas!- decía siguiendo la estela del veloz paso del rey.

-¡Ella va a escucharme así tenga que amarrarla y mantenerla colgando sobre el pantano!- continuó su carrera. -¡Estoy cansado de tener que estar explicando que no estoy jugando, que no hay trucos, que no es una venganza! ¡Y a la primera oportunidad, me lanza todo eso en la cara!- alcanzó el pasillo con gran velocidad.

-¡Jareth, entra en razón! ¡Si te pidió un tiempo es porque necesita aclarar sus sentimientos!- lo sujetó nuevamente deteniendo su paso. -¡Ella tiene toda la razón de estar enfadada! ¡Esa mujer seguramente la ha provocado y que esa mujer esté aquí se debe a ti y no a ella!

-¡Yo reconozco mi culpa, pero, no dejaré que ella se aparte de mí de ésta ni de ninguna otra manera! ¡Si por cada una que venga va a hacerme esto…!- clamó frustrado. -¡¿Qué puedo esperar en el futuro?! ¡Ella no me cree porque no me quiere creer, no por otra cosa! ¡Y, con respecto a esa arpía la mataré si sigue molestando, así tenga que enfrentar luego una guerra!- retomó su sendero. -¡Ella podrá acostarse con medio Underground para sentirse tan protegida, pero, YO soy el REY Goblin, YO soy el fey MÁS poderoso de éste mundo! ¡Y… con respecto a Sarah…! ¡YO seré su esposo!- Erwin suspiró rendido dejando que ganara distancia.

-Ahí vamos de vuelta, como al principio.

Sarah estaba sentada frente al tocador, su cabeza recostada entre sus brazos, su vestido había sido cambiado por un camisón y una bata celeste claro. Ya no lloraba, era… la calma después de la tormenta, momento de meditación, de introspección, de… ¡PAF! ¡PLOM! La puerta se abrió y se cerró bruscamente haciéndola sobresaltar y no podía creer lo que la imagen del espejo le revelaba.

-¡¿Jareth?!- giró aturdida. ¿Qué hacía allí? Se suponía que al leer la carta él comprendería su pedido y entonces, la dejaría calmarse para hablar…

-¡Sí, el mismo!- se acercó a ella que ahora se puso de pie algo desconfiada. Él estaba enfadado, eso era obvio. ¡Pero, eso no le daba derecho a meterse allí sin su permiso y menos después de haber leído la carta!

-¿Leíste…?- él papel se presentó apretado en un puño frente a ella. Lo miró rencorosa. ¡¿Cómo se atrevía?! -¡¿Entonces, por qué estás aquí?! ¡¿Qué acaso no tienes un mínimo de respeto o consideración?!

-¡¿'Por qué'?!- exclamó indignado dejándola cada vez más acorralada. -¡¿'Por qué' me preguntas?! ¡¿'Por qué'?! ¡Por qué se me da la gana! ¡Porque eres mía, éste es mi castillo y éste es mi reino! ¡¿Está claro?!- apoyó las manos a cada lado de ella sobre el tocador. Los ojos de Sarah eran incendiarios, su respiración apenas podía controlar su ira, que pronto se transmitió a su mano que por primera vez consiguió su objetivo. Ésta vez fue la mirada del fey la que se encendió, junto a la marca roja en su mejilla. -Cómo… te atreves…- recriminó él conteniéndose. Ella pareció ignorar su fiereza.

-¡Yo no soy tuya, no me importa si se te da la gana y puedes meterte tu castillo y tu reino en…- se detuvo -donde más te plazca!- Jareth entrecerró los ojos; Sarah supo que fuera lo fuera que pasara por su cabeza, era mejor tomar distancia. ¿Pero, cómo?

-Tú vas a respetarme, cosita. ¡Yo seré tu esposo y no permitiré que mi reina me insulte!- su voz fue amenazante. Ella no se amedrentó y mostró igual mirada.

-¡Entonces, búscate otra! ¡Quizás no sea demasiado trabajo hallarla 'como de costumbre en el jardín'!- refutó.

-¡Yo no quiero a esa pe…!- se cubrió la boca al darse cuenta lo que estuvo a punto de decir. -¡Yo no la quiero!

-¡¿Por qué, no está en el jardín?! ¡¿Cambió de sitio?! ¡No creo que a ella le importe mucho!

-¡Sarah, si no me escuchas jamás podremos resolver esto!

-¡¿Si no te escucho?! ¡Ja! ¡¿Qué no sabes leer, 'Rey Goblin'?! ¡¿Cuántas más vendrán a ofrecerte sus condolencias por casarte con ésta estúpida mortal?!

-¡Me importa un bledo cuántas vengan! ¡Sólo te quiero a ti y te tendré así tenga que llevarte al altar a rastras!- ella pareció fastidiarse más, él no pudo con su genio y agregó más al ver ese fuego. -¡Oh, pero, olvidé que no lo necesito, aún tengo poder sobre ti!- le sonrió ganador. -Entonces, no hay forma que puedas deshacerte de mí.

-¡Yo nunca dije eso! ¡Ni siquiera dije que me arrepentía! ¡Pero, ahora sí!- lo empujó para salir del encierro. -¡Ahora, vete de mi habitación! ¡Ahora mismo!- ordenó señalando la salida. Él no se inmutó.

-No.- dijo serio.

-¡Muy bien, quédate aquí, entonces! ¡Pero, te quedarás solo!- se dirigió hacia la puerta. De repente, un objeto brillante pasó junto a ella y chocó la hoja de la salida que también se iluminó ante el contacto.

-NOS quedaremos aquí.- aclaró él sentándose en la silla frente al tocador.

-¡Eres… un enfermo! ¡Yo no voy a quedarme encerrada en ningún cuarto contigo!- ofuscada fue hacia la colgadura que separaba sus habitaciones. ¡Si él pensaba quedarse allí, pues, ella se apoderaría del suyo!

-¡¿Yo soy?!- se puso de pie -¡¿Qué hay de ti?! ¡A cada rato tengo que estar pidiéndote por favor! ¡A cada instante debo estar probándote que no estoy jugando, que soy sincero!- fue tras ella que ya estaba en la alcoba del rey. -¡Nunca importa cuánto haga, tus expectaciones siempre son cambiantes, nunca sabes si lo quieres o si lo quieres ahora o más tarde! ¡Y…, yo sigo intentando! ¡¿Para qué, dime?! ¡Si total vas a hacer lo que se te dé la gana! ¡Te pido que me escuches y huyes, te pido que te quedes y huyes! ¡¿Hasta cuándo, Sarah?! ¡He intentado ser paciente, amable…!

-¡¿Generoso?!- agregó con sarcasmo parada de brazos cruzados a los pies del lecho.

-¡Especialmente generoso! ¡Extremadamente generoso!- caminó hacia ella. -¡Sarah, sé que ha habido más mujeres en mi vida que las que un hombre mortal podría tener, pero, ninguna de ellas me ha hecho sentir lo que siento por ti! ¡Y ninguna me hace enfadar tanto! ¡¿Es tan difícil comprender que de todas eres la única que quiero, la única que deseo conmigo por el resto de mi vida?! ¡¿Que es ésta tontería de que tú no luces sexy?!- golpeó con el dorso de su palma el papel en su otra mano. -¡¿Cómo puedes compararte con esa?! ¡¿Quieres que te demuestre aquí mismo lo apetecible y sensual que eres?!

-¡Tú no te atrevas a tocarme, 'Rey Goblin'! ¡No después de que esa…!

-¡Sarah, basta!- advirtió severo. -¡Si quieres saber qué pasó con ella, bien! ¡Haré mi confesión, pero, no habrá nada de lo cual puedas acusarme!

-¡No me interesa oírla!- dijo pertinaz.

-¡Pero, lo harás!- clamó entre dientes y tras conjurar un cristal, se lo arrojó. Sarah quedó atrapada contra uno de los fustes de la cama, en tanto, una tela la rodeaba como si fuera una serpiente.

-¡Ah! ¡Déjame en paz!- sintió como sus movimientos eran cada vez más impedidos. -¡Jareth, suéltame!

-No me obligues también a amordazarte.- amenazó con un dedo acusativo.

-¡Te ordeno que me sueltes!

-¡Vamos, vamos, mi nena! Que aún no eres la reina y aún así, tú no me das órdenes.- sonrió provocativo. Sí; se dijo Sarah; sin duda, estaba con el 'Rey Goblin.' Frustrada, dejó escapar un suspiro y se mantuvo con los ojos cerrados. Si lo veía más rabia le daba, así que mejor evitarlo. -Muy bien, para que comprendas mejor te hablaré en tiempos mortales.- él se sentó junto a ella. -Hace casi un año atrás, yo estaba sólo y todavía no te conocía. Y conocí a Lady Lilith en una de tantas fiestas. Yo no quería nada serio, pero, estaba solo y necesitaba de la compañía de una mujer. Fuimos amantes, pero, eso fue todo; sin sentimientos de por medio. No duró mucho, estuvimos viéndonos a los sumo unos dos meses y…, entonces, apareciste tú. De hecho, la dejé por ti. De esto ya hace seis meses.

-Yo aparecí en mucho menos de seis meses.- recalcó ella, él la observó con fijeza advirtiéndole que el tono de superioridad con él estaba de más.

-Si haces memoria, 'conejita,' hacía cinco meses que venías jugando con el 'búho' del parque. ¡Pues, entérate que aquel 'búho' hacía más de un mes que venía vigilándote!

-Pues, no esperes que te dé las gracias por fisgón.- Jareth se puso de pie frente a ella.

-¿Así que ahora soy un fisgón, mh? ¿Estás segura de lo que dices, Sarah?

-¡Sí! ¡Eres un fisgón! ¡Yo nunca te invité al parque, pero, allí estabas husmeando lo que no te importa!

-¡Al contrario, mi amor! ¡Sí era de mi interés, y mucho!- tomó el rostro entre sus manos. -Ahora, cuando regresé aquí para atender a Lucía y a Anna, Lilith ya estaba aquí, yo no la vi después de tres o cuatro horas y ciertamente que no tuve tiempo ni deseos de permanecer con ella. Y NUNCA HICIMOS el amor. Sí tuve sexo con ella cuando nos frecuentábamos, pero, YO NUNCA le hice el amor. Pero, a ti…- la miró con deseo detrás de su mal humor y le habló al oído. -A ti no habrá noche o día en que no te haga el amor.- Sarah sintió cómo sus rodillas se debilitaban ante sus palabras. E intentó luchar cuando él aferró su barbilla para besarla. Allí totalmente atada al pie de su lecho y él besándola con insolencia no tenía mucho por lo que quejarse. Sí; se dijo a sí misma. "Ésta es la forma en que él hace que te olvides tu enfado, si no lo detienes, entonces, se saldrá con la suya." Las enguantadas manos descendieron desde su cuello y de sus hombros hacia su cintura. No supo en qué momento él la había liberado de su atadura y la había arrastrado hacia sí sin dejar espacio alguno entre ambos. Ella no podía rodearlo con sus brazos ya que éstos estaban atrapados en su abrazo. -Yo… no quiero esperar hasta el día de la boda.- le murmuró. Sarah abrió sus ojos horrorizada. ¿Acaso le estaba insinuando que…? Comenzó a forcejear, él la presionó con más fuerza. -¡Basta! ¡Escúchame!- le exigió y ella se detuvo agotada por el esfuerzo. -Quiero que entiendas, mi Sarah, que yo te deseo más que a nada en ésta vida. Y, que si esperaré a ese día, es sólo por ti. Yo no tengo dudas con respecto a mis sentimientos, Sarah.- su voz fue más suave. -Y…, desearía que tú tampoco las tuvieras. Esa mujer es una ventajista, y tú, mi querida, eres una futura reina. Y aquí viene el pequeño problema…

-Creí que ELLA era EL problema.- comentó sarcástica.

-De hecho. El problema es que ella no pertenece a Labyrinth y que de echarla… sin buenos modos, podemos meternos en una afrenta con el reino vecino.

-¡¿Por qué?!- clamó furiosa.

-Por qué actualmente ella es la amante del príncipe Apollon, heredero del Reino de los Brownies. Y, si fuera simplemente tener que enfrentarlo de hombre a hombre, con gusto se la arrojaría en una catapulta desde aquí, pero, no puedo masacrar a mis súbditos en una guerra.- Sarah podía llegar a comprender eso, pero, ¡no podía tolerar el saber que él y 'esa' alguna vez fueron amantes!

-Muy bien.- elevó su barbilla con altivez. -Ahora está más claro, 'Rey Goblin.' Y, ya que te saliste con la tuya, ¿ahora puedo tener mi maldito tiempo para digerir todo lo ocurrido?- Jareth suspiró agotado.

-Se supone que deberías quedarte aquí y besarme y decirme que entiendes y que perdonas mis vulgaridades del pasado.

-Se supone que deberías haber respetado mis deseos, 'Rey Goblin.' Entenderlo puede llegar a ser posible; perdonarte significa ahora tener que perdonarte también ésta… invasión.- él la observó con los ojos entrecerrados, como volviendo a ser el 'Rey Goblin' otra vez. -¡Y no me mires así! ¡Me importa un cuerno lo que tú y tu mundo crean correcto! ¡Yo necesito mi tiempo y tú vas a respetarlo si quieres que no haga un escándalo frente a todos el día de la boda!- él la aferró posesivamente.

-¿Te crees que me importan los escándalos? De todas formas te casarás conmigo y eso es todo cuanto quiero. Si quieres que te lleve a la fuerza al altar bien, así será. Pero, luego, cosita, no te quejes cuando use mi poder sobre ti, antes y después de la ceremonia. Te aseguro que serás una esposa muy obediente frente a todos.- le sonrió con desparpajo, aunque en su mirada había enfado. -Y cuando alguien me pregunte cómo pasé la noche de bodas podré decir: 'Oh, bueno; ella es una esposa muy sumisa aunque sus ojos parezcan querer matarme. Es que no sabe ocultar su pasión.'- Sarah parecía un volcán.

-¡Te odio, Jareth!- logró empujarlo. -¡Y…, de ahora en más, si me caso contigo será porque no queda otra! ¡Pero, nunca, nunca podrás tener más nada de mí! ¡Y, aún si usas tu poder sobre mí como si fuera una marioneta,- repiqueteó el hombro con su dedo índice en tanto hablaba -recuerda esto: NUNCA conseguirás que yo te haga el amor!

-¡Eso es ridículo! ¡Serás mi esposa, el matrimonio debe consumarse y debes darme un heredero!

-¡Recuerdo perfectamente nuestro pacto, 'Rey Goblin'! ¡Y ya no hay vuelta atrás, pero, como tú con esa, yo NUNCA haré el amor contigo! ¡Y una vez que tengas a tu precioso heredero, búscate esas lujuriosas cortesanas porque nunca más volverás a tocarme un sólo cabello!- Jareth avanzó hacia ella decidido.

-¡¿En verdad?! ¡¿Y, cómo, me pregunto, piensas evitarlo, mh?!- llevó sus puños a las caderas. -¡Tú serás mía y eso será para siempre! ¡Y te tendré de una manera u otra! ¡Los poderes se conformarán con un heredero, pero, yo no! ¡Y tú, como mi reina deberás contentarme, así que no te hagas ilusiones de que te librarás de mí tan fácilmente! ¡Es más! ¡¿Sabes qué?! ¡Ya mismo haré que reubiquen entre mis allegados a las cortesanas, yo no las necesitaré más porque cada vez que sienta deseos tendré a mi adorable esposa para satisfacerlos, con o sin heredero!

-¡Nunca!- juró furiosa. Jareth acercó su rostro al de ella con una felina sonrisa viéndola directo a los ojos.

-¡Oh, mi mascota, temo que das mucho por sentado sobre algo que no tienes ni idea! Con gusto te mostraría lo equivocada que estás…- siseó acariciando su sien con su aliento. -Pero…, soy un caballero y cumpliré con mi palabra y… aceptaré tu desafío. Y… como dije aquella vez… creo que disfrutaré mucho nuestra noche de boda. Ahora, si prefieres comenzar nuestro juego ahora.- le sonrió atrevido.

-¿Eso es para ti todo esto, no?- espetó furiosa.

-¿Que acaso para ti no es un pacto o algo cómo eso? Entonces, yo lo llamo como se me antoja. ¿Por qué voy a ser menos que tú?

-Veo.- dijo ella aún mosqueada. -Váyase al diablo, 'Su Majestad.'- se hizo a un lado para regresar a su alcoba.

-¡Sarah, regresa aquí!- intentó detenerla, mas, la puerta que comunicaba sus habitaciones se cerró fuertemente delante de sus narices.

-¡Lady Sarah, para usted, 'Rey Goblin'!- fue la respuesta del otro lado y el sonido de un mueble que era arrastrado. -¡Y, NO venga a fastidiarme a mi habitación! ¡De ahora en más, seré la MAGNIFICA FUTURA REINA IMPARCIAL! ¡Eso significa que, mientras tanto, usted no pondrá un sólo sucio dedo suyo encima mío, 'Rey Goblin'! ¡Y, seré política y correcta delante de otros o no, 'Su Majestad'!

-¡Caprichosa cabezadura!- él golpeó los puños contra la puerta. Sarah sonrió para sí. ¡Qué lástima que la puerta se abriera para su cuarto y no al revés! Sí, claro que podía usar la magia, pero, seguro que ahora no lo haría sabiendo que si lo hiciera sólo sería para peor. -¡Esto no quedará así, 'cosita'! ¡Te advierto que estás jugando con fuego, 'chiquitita.'!

-¡No me amenace, 'My Lord'! ¡No es correcto que un… 'caballero' bravuconee a su prometida!- sintió un grito de frustración del otro lado y otro ruido contra la puerta que sonó a un cristal estallando. Eso sólo logró otra sonrisa en la muchacha que volvió a ampliarse al sentir las botas alejarse y la puerta que llevaba al pasillo cerrarse con brío.

Cuando Jareth salió de su dormitorio, pudo ver a su tío recostado sobre una de las paredes al final del pasillo, con los brazos cruzados sobre su pecho. Cuando se acercó éste elevó una ceja.

-¿Y, mi terco muchacho, solucionaste algo?- Jareth lo fulminó y resopló fastidiado para continuar su camino.

-Ella será la 'Magnífica Futura Reina Imparcial.'- dijo sin verlo. -Y yo el 'Poderoso y Cruel Rey Goblin.' Otra vez.- agregó.

-Bueno, suena como a diversión para ustedes.- su voz fue irónica. Su sobrino giró para verle.

-¡No es nada divertido cuando jura no dejarme tocarle un cabello hasta que llegue el inevitable día!

-Podría haber sido peor.- se mofó Erwin.

-¡Tío, es peor! ¡Ella… juró no amarme nunca!

-Bueno, eso es… ambiguo. ¿Cómo puede estar segura de ello? ¿Tú cómo puedes estar seguro de ello? Antes de venir aquí, ambos estaban felices con la idea del matrimonio y ahora se aseguran que no se amarán bajo ningún concepto… Eso es raro.

-¡Ella me amará, tío, así sea lo último que yo haga en ésta vida!

-¡Oh, bien! Y ahora tú te dispones a obligarla a amarte. Esto se pone cada vez más interesante. ¿Es seguro dejarlos solos hasta el día previo de la boda? Quizás, sería bueno que ella regrese conmigo y la traigamos con nosotros ese día…

-¡Ella se quedará aquí; no se saldrá con la suya! ¡Yo seré su maldito 'Rey Goblin,' pero, que se abstenga a las consecuencias cuando llegue el momento!

-Jareth…

-¡No, tío! ¡No más Jareth! ¡Rey Goblin, hasta que ella desista de su tozudez!

-Seguro. Ella.- suspiró otra vez agobiado. "Me pregunto cómo es que hice para dominar a éste muchacho en el pasado. Seguramente la juventud me favoreció… O su inexperiencia."

-¿Lady Sarah?- cuestionó Twig asomándose en la habitación una vez que le dieron el permiso.

-Aquí estoy, Twig.- contestó estudiando los diferentes vestidos del guardarropa. Twig sonrió ante la actitud de la muchacha. Sacaba uno, lo observaba y lo volvía a guardar con disconformidad. -Necesito tu ayuda, Twig.

-¡Por supuesto, My Lady!- cerró la puerta y fue hacia ella con una sonrisa. -¿En qué puedo ayudarla?

-¡Quiero que esa… 'perra' se vaya con la cola entre las piernas y que el 'poderoso y engreído Rey Goblin' aprenda que una reina tiene tanto derecho como un rey! ¡Que no soy un objeto para sus caprichos!

-¡Con gusto, My Lady!- su sonrisa fue más amplia. Claro que todo el castillo quería la derrota de esa mujerzuela. Pero, con respecto a jugar ese juego con el monarca, pensó risueña, "Es un arma de doble filo." Por supuesto que no diría nada. Si el amor también era un arma de doble filo, esperaba que éstos dos aprendieran su lección. -¿Qué anda buscando exactamente?

-No sé con seguridad…- suspiró. -Algo como aquel vestido con el que fui hacia la finca de Sir Erwin. ¡Pero, debo pensar en si esa 'fulana' se queda hasta el último día, entonces, debo reservar los mejores para más adelante!- explicó algo exasperada.

-Bueno, tenemos muchos para escoger, My Lady. Y…, si dejamos de lado las advertencias de Lady Brigitte en cuanto a los colores…

-¡Pero, yo tengo que ser la perfecta reina, Twig! ¡Especialmente delante de él!

-¿Se han declarado otro desafío?- inquirió con astucia la criada.

-Algo así.- suspiró Sarah. -Yo… le dije que no me tocaría hasta… que fuera mi esposo y… que no…- le daba vergüenza explicar las palabras exactas que había usado con él. -Bueno…, como que no lo amaría, nunca.- Recuperada la sorpresa, Twig rió por lo bajo.

-¡Oh, ya veo! Entonces, comencemos por buscar los de colores 'aceptables' para una futura novia y luego con los 'no aceptables.' Para una guerra hay que estar preparados en los dos frentes, My Lady.- sonrió escarbando el armario junto con ella. Cuando al fin consiguieron lo que buscaban, Twig preparó el baño.

Sarah se relajó en la tina. "Éste es sólo el principio, Sarah Williams. Y, un desafío tan simple no es nada comparado con los enormes peligros e innumerables penurias que has atravesado para resolver el laberinto. Porque mi voluntad es fuerte como la suya y éste es mi gran reino. Sí. ¡Estúpida fey con cuerpo de cabaretera, NADIE se mete con Sarah Williams!"

Jareth fue sorprendido por una nota que recibió Brisky mientras él estaba en la tina. Su criado personal había venido, tras atender el llamado a su puerta, con una nota en la mano.

-Para usted, My Lord.- explicó el goblin.

-¿De quién es?

-De My Lady, Su Majestad.

-¿Lady Sarah?- inquirió con duda y cierto disgusto de que no fuere así.

-Con su perdón, My Lord, pero, no hay otra Lady por el momento.- Jareth sonrió cómplice a Brisky y extendió una mano fuera de la bañera, la cual recibió una toalla para secarse y luego, la carta.

"Estimado Jareth, Rey de los Goblins:

Espero que no olvide su obligación para conmigo y me escolte durante la cena de ésta noche, si es que no tiene usted ya planeada otra compañía.

Atentamente,

Lady Sarah."

En la faz de Jareth se dibujó una media sonrisa. Brisky la captó de inmediato y conociéndolo como lo hacía se acercó a él.

-¿Su Majestad?

-Pronto, Brisky, facilítame papel y pluma. Tengo una carta que contestar y una implacable reina por conquistar.

-En seguida, My Lord.- sonrió el sirviente yendo hacia la otra estancia y volviendo en pocos segundos con lo pedido. -Aquí tiene, Su Majestad.- le alcanzó todo junto con una bandeja para que pudiera apoyar sobre la tina a modo de sostén. El monarca sonrió con malicia antes de humedecer la pluma y apoyarla sobre el papel.

Minutos más tarde, Brisky alcanzó la carta a la goblin con una sonrisa divertida. Twig a su vez sonrió al ver el sello del monarca.

-De Su Majestad para Lady Sarah, Madame.- acotó con un dejo de diversión.

-Veo. Bueno, supongo que somos sus… embajadores, ¿no?

-Algo así.- rió por lo bajo. -Con su permiso, todavía debo prepararlo.

-Por supuesto. Aquí también estamos ocupadas.- cerró la puerta cuando él se retiró. -My Lady, respuesta de Su Majestad.

-Veamos qué dice.- recibió el papel y rompió el sello de cera. "Bueno, yo aún no tengo uno de esos anillos." Lo desenrolló.

"Mi querida Lady Sarah, Campeona de Labyrinth:

Puede usted estar segura de que jamás olvidaría lo que usted gusta llamar 'mi obligación' para con usted y que no me atrevería a planear otra compañía que la de su graciosa persona. Será un verdadero placer escoltarla ésta noche y todas las que siguen, de hecho, será un placer escoltarla en los siguientes desayunos, almuerzos y meriendas. También tendré el 'placer' de escoltarla hasta su alcoba con mis más fervientes anhelos de que usted se encuentre a salvo en la seguridad de esas cuatro paredes. Es grato saber que deposita su confianza en mi persona para tan delicada tarea.

Enteramente suyo,

Jareth, Rey Goblin de Labyrinth."

-Mh… ¿Twig, qué piensas?- le extendió el papel que la goblin tomó.

-Tiene usted suerte de que yo sepa leer.- sonrió y se concentró en la carta. -Bueno, tal parece que el pez no tiene problemas en morder el anzuelo, My Lady. Pero, éste no es un pez sin dientes.

-Lo sé. Es el 'Rey Goblin.'- suspiró. -Pero, yo soy la Campeona, ¿verdad? De su propio reino, así que, no hay problema. Conozco los dientes de éste pez.- Twig escondió una sonrisa.

-Supongo.- fue todo lo que dijo. -Ahora, ¿qué prefiere hacer con su pelo?

-¿Qué tal algo como un rodete y flores? No demasiado ajustado, que sea natural y… quizás, unos mechones a los lados…

-Creo que capto la idea. Se verá precioso con ese vestido. Es bastante simple, pero, suficiente como para llamar la atención de Su Majestad y competir con esa arpía.- Sarah sonrió. Sí. Twig era una gran aliada.

Pronto, su pelo estuvo listo y el vestido color salmón puesto. Era una pieza que podía considerarse entre casual y elegante; inocente y atrevida. El cuello era redondo y los hombros quedaban totalmente expuestos sin manga alguna. La pechera se unía de clavícula a clavícula con un suave drapeado vertical; la tela parecía del mismo material que su etéreo vestido color orquídea que había usado aquella noche en la que a ella se le escapó que él le atraía, en la casa de Erwin. Del reverso repetía el mismo diseño. Debajo no usaba ningún tipo de corset, por lo que levemente llegaba a insinuar su busto con candidez. Bajo éste, la tela era de un material diferente, como de seda, se ajustaba a su torso hasta las caderas, donde volvía a ampliarse. Las flores que adornaban el cabello iban del rojo al blanco acentuadas por el color de su cabello.

-¿Qué tal?- cuestionó con cierta duda ante la falta del corset o de un soutien. -¿No es… demasiado?

-My Lady, no es demasiado y, por otro lado, en la guerra y en el amor todo se vale.- sonrió satisfecha y fue correspondida con agradecimiento. -Y, recuerde todas las enseñanzas de Lady Brigitte, pero, tampoco olvide que usted es mejor que 'esa' y… si debe romper su… 'imparcial' imagen para demostrarle quién será la dueña de casa, hágalo. No olvide esto: ella es su enemigo; él la tierra inhóspita por conquistar.

-Lo recordaré, Twig. Deséame suerte en éste primer round.

-¿Round?- inquirió curiosa y Sarah rió.

-Mh… Quise decir batalla.- pensó que de seguro el concepto no estaba en el vocabulario de la mayoría de los habitantes del Underground.

-¡Oh, por supuesto, My Lady! Rezaré por cada una de ellas y por la guerra entera.

-Su Majestad, luce usted estupendo.- convino Brisky al ver a su señor vestido con pantalones color roble y una camisa de un rojo opaco. Guantes, botas y chaleco, en su acostumbrado negro. -Sin duda alguna Lady Sarah no podrá resistirse por mucho más tiempo.

-¿Tú crees? Esa muchacha es un rompecabezas. Mi laberinto fue resuelto por ella con facilidad, pero, ella es el laberinto que temo nunca acabaré de resolver.

-Es mujer, My Lord. Ellas nunca son sensatas, por eso es que nos vuelven locos.- el rey rió compinche.

-¿Qué pasa, mi viejo Brisky? ¿Hay una goblin dando vuelta por allí?

-Eso creo. Por eso le digo que nunca se sabe con ellas.

-Bueno, sea quién sea te deseo suerte, mi amigo.

-Muy amable, Su Majestad.- le acercó su frac que hacía juego con el pantalón ayudándole a ponérselo.

-De acuerdo.- observó el reloj. -Allí vamos.

-Suerte, My Lord- Brisky le sonrió con orgullo.

-Gracias.- dejó su habitación. -Aquí vamos, de regreso al comienzo.- suspiró antes de iniciar su marcha.

Cuando ella surgió tras la divertida mirada de Twig, Jareth apenas pudo conservar su imperturbable modo, mas, se recordó que siendo el 'Rey Goblin' podía ser también atrevido, a diferencia de la 'Futura Reina Imparcial.'

-¡Vaya, vaya, querida mía!- extendió una mano hacia ella. Sarah puso la suya encima de su palma. -Usted luce muy interesante ésta noche, My Lady.- besó su mano y al hacerlo, sus ojos fueron de los suyos hacia su pecho.- Sarah tuvo que forzarse en no sonrojarse.

-Gracias, Su Majestad. Usted también luce elegante, My Lord.- él se enderezó con una seductora sonrisa.

-Lo que sea por mi dama.- puso la delicada mano sobre su brazo. -¿Ya podemos descender, My Lady?

-Cuando usted guste, Su Majestad.

-¡Oh, sería… estupendo oír esa respuesta ante otras sugerencias mías!- le sonrió como quien hace una inocente broma. Y por un segundo pudo ver el fuego en la verde mirada. "Sí, será divertido, después de todo."

-Eso depende de qué sugerencias usted haga, Su Alteza.- fue su cortante respuesta ahora con la cabeza lo más erguida posible.

-¡Oh, mi querida, en ningún momento mi intención fue la de ofender sus… frágiles sentimientos!- dramáticamente llevó una mano a su corazón.

-¿Frágiles?- indagó ocultando su enfado, ya había olvidado lo irritante que podía llegar a ser el 'Rey Goblin.' -No sé si frágiles, Su Alteza, mas bien los debidos para alguien de mi altura.- corrigió ya a los pies de las escaleras.

-¡Seguro, seguro! Mis apologías, mi "Futura Reina 'Imparcial'"- le volvió a sonreír con una mueca. Ella lo observó con indiferencia.

-Apologías aceptadas, Su Majestad.- descendieron las escaleras con absoluta gracia, haciendo sentir orgullosos a los guardias que les aguardaban para abrirles las puertas del comedor.

-¿Entonces…, qué le parecería dar un paseo en el jardín ésta noche?- ella lo espió de reojo con desconfianza. ¿Con que quería comportarse como el 'Rey Goblin' que era, no?

-Lo pensaré.- respondió con desinterés e ingresaron al salón donde siguieron con sus refinados modos. Poco después, Sir Erwin descendió con una apocada Lucía ataviada en crema y cintas rosas.

-Mi pequeña, si no te distiendes un poco, pensarán que soy un mal hombre.- le sonrió amablemente.

-Lo siento.- se avergonzó ella.

-No te preocupes.- palmeó paternalmente su mano sobre su brazo. -Yo entiendo. Pero, es mejor que trates de ir superando éstos temores. Al menos en mi caso, puedo apostar mi vida a que son infundados.

-Gracias, Sir Erwin.- se mordió los labios y respiró intentando calmarse.

-Buenas noches, Su Majestad, Lady Sarah.- saludó a la pareja que aguardaba muy solemnemente ya en sus lugares.

-Buenas noches, Sir Erwin.- respondieron ambos. El nombrado elevó las cejas risueño. Tal parecía todo el mundo entraría en el juego de 'quién mejor conoce el protocolo.'

-Veo que finalmente conociste a mi invitada.- sonrió Jareth cuando éste se sentó junto a él después de ubicar a la jovencita junto a Sarah.

-Una encantadora niña, Su Majestad. ¿Ya le ha comentado?

-Sí, pero, no le he dado indicios sobre quién hablaba. Espero que en éste corto período pueda sentirse más a gusto.- advirtió la curiosa mirada de Sarah y la temerosa de la jovencita. -¿Lucía, recuerdas la familia de la cual te había hablado para ir a vivir?

-Sí, Su Majestad.- respondió con timidez.

-Bueno, mi tío Erwin es la mayor cabeza de esa familia. Él se quedará…- lo observó como esperando una respuesta, pues, cualquiera de ellos eran bienvenidos por el tiempo que gustasen.

-Sólo hasta mañana por la tarde, Su Alteza.- le sonrió divertido sin olvidar el cortés trato.

-Hasta mañana.- concluyó el rey. -Y, espero que en ese tiempo puedas conocerle un poco mejor. Él es un gran hombre.- La chica observó a la futura reina en espera de algún indicio de confirmación. Sarah advirtió su mirada con cierta sorpresa y se obligó a sonreír.

-Lucia, Sir Erwin y toda su familia son un verdadero encanto. No hay nada a qué temer. Si… Su Majestad te ha dado la oportunidad de vivir con ellos no la desaproveches. Estoy segura de que te harán sentir tan confortable como a mí cuando llegué aquí.- ésta vez su sonrisa fue sincera y la niña le correspondió agradecida.

-Yo… tengo un bebé, Sir Erwin.- comentó mordiéndose el labio inferior.

-Estoy al tanto, pequeña. Y, no hay nadie en la familia a quién no le gusten los niños. Especialmente a mi hija. Ella y Lady Sarah son grandes amigas. ¿No es verdad?

-Sí, lo somos. Alin es una mujer estupenda, Lucia.

-Además, pequeña Lucia, será un honor cuidar tanto de ti como de tu adorable criatura. Cuando Su Majestad y Lady Sarah se casen tendrás la oportunidad de conocerles a todos.

-Eso… suena bien.- sonrió esperanzada. ¿Sería verdad que cuidarían de ellas como el rey le había prometido? -A Anna le gusta ser consentida.- sonrió nuevamente.

-Entonces, mejor que ambas se acostumbren.- le aseguró Erwin. Lucía asentó con su cabeza sin saber qué decir. En eso, las puertas volvieron a abrirse.

-¡¿Por qué nadie me fue a buscar?!- explotó. Si había algo que Lilith no toleraba era que los hombres la ignoraran. Observó con desdén a la asustada niña junto a la prometida de Jareth. El monarca simuló sorpresa para seguidamente ver a su tío.

-¿Tío, no fuiste por Lady Lilith como te sugerí?- Sir Erwin lo observó como consternado.

-¡Oh, lo siento tanto, sobrino! ¡Es que tenía cosas más importantes que hacer y se me olvidó!- sonrió con maldad a éste y luego miró con cara de incauto a la mujer ataviada en un furioso rojo. -Mis disculpas, My Lady.

-Claro.- dijo conteniendo su rabia y fue hacia su asiento junto a éste que la esperaba educadamente de pie para ayudarla a sentarse.

-Por favor, My Lady.- se inclinó para indicarle el asiento.

-Gracias, Sir Erwin.- dijo despectiva viendo a la futura reina con envidia. "¿Qué le ven a éstas imbéciles e imperfectas humanas? Yo soy perfecta de los pies a la cabeza. Nunca desilusioné a un hombre… Bueno, al menos con mi aspecto." Rió para sí pensando en cuántos había destruido.

-Lady Lilith,- habló Sarah para sorpresa de todos -lamento mucho éste… pequeño descuido. Debe entender que los hombres muchas veces olvidan las cortesías por asuntos de negocios y cosas así. Le aseguro que en el futuro, personalmente le buscaré quién la escolte.- su voz fue fría y política. "Hasta el oubliette más profundo."

-Muy amable, joven Sarah.- le respondió petulante. Sarah se la quedó viendo fijamente retadora.

-Lady Sarah.- le corrigió. -Más allá de la confianza que usted pueda tener con Su Majestad, no le autorizo a faltarme el respeto, Lady Lilith. Usted no es mi amiga, no es mi familiar. Entonces, diríjase a mí como Lady Sarah, hasta el día de la boda. Supongo que no es necesario aclararle cómo deberá dirigirse a mí después de ese entonces.

-Aún falta mucho para ese día…, Lady Sarah.- le respondió ella. Sarah no perdió su lugar y le sonrió con descaro.

-Así faltara un año, My Lady, mi futuro es un hecho que puede usted dar por seguro.- Hasta ahora, el resto sólo se mantuvo en petrificado silencio. Jareth tenía ganas de sonreír; no, de reírse. Ésta era su Sarah, su reina-guerrera. Y…, sentía cierto consuelo que ahora lo estuviera defendiendo como de su propiedad, porque él sabía muy bien que poco le importaba la corona. Erwin apretó sus labios y se llevó la copa de vino a la boca para ocultarse. "Sí; una magnífica Reina Goblin," analizó el fey mayor.

-Supongo que… debo desearle suerte, My Lady; ya que Jareth…

-'Su Majestad,' por favor. Hay una menor frente a nosotros, y detestaría se le peguen malos modos.- Sarah le sonrió como si fueran cómplices. Lilith tuvo que morderse la lengua para no mandarla al diablo. ¡¿Quién se creía que era ésta infame e insignificante mortal?!

-Tiene razón.- le sonrió con falsedad. -No lo había notado.- siguió con su desdén. -Quise decir, Lady Sarah, que le deseo suerte, porque… Su Majestad suele cansarse en seguida de las cosas nuevas.

-¡Oh, bueno!- sonrió ella viendo a Jareth con una rimbombante y fabricada sonrisa. -También parece cansarse pronto de las cosas viejas.- la observó triunfante. -Los hombres son cómo niños, ¿verdad, Lady Lilith? Siempre quieren lo que no tienen y… descartan lo que ya alguna vez tuvieron.- Lilith apretó los labios. Los dos feys masculinos parecían muy concentrados en sus platos y sus copas. Lucía se dedicó simplemente a intentar comer.

-Todo depende de cuánto se sepa complacerlos, My Lady.- la desafió.

-¿Complacerlos?- usó su ingenuidad a su favor. Ella sabía poco al respecto, pero, ya no era tan estúpida como para no saber a qué se refería y, en términos generales, qué era lo que ellos buscaban. "Gracias, 'Rey Goblin.'" -Bueno, parece que usted sabe mucho del tema, ¿o no? ¿Ya se ha casado?

-No ha habido hombre que no me lo haya propuesto, Lady Sarah.- sus ojos rebelaban su furia. "Salvo por algunos imbéciles, entre ellos tu rey."

-¡Qué suerte la suya! ¿Y, qué pasó, entonces? Una mujer tan… espectacular como usted, que tiene de dónde elegir, soltera aún a los… ¿Cuántos años tiene?- se disculpó haciéndose la incauta. -¡Oh, lo siento, olvidé que no se rebela ese tipo de cosas delante de los caballeros!

-Mi edad no es tema de discusión, My Lady.- Sarah apeló nuevamente a su "ingenuidad."

-¡Oh, pero, en ningún momento estábamos discutiendo, Lady Lilith! Sólo un poco de amistosa conversación entre dos damas. ¿O no?

-Sí.- fue punzante. -"Muy amistosa."- Sarah le sonrió con frescura.

-Bueno…- Jareth sonrió. -Si My Ladies han acabado su interesante charla femenina, les propongo un brindis por el maravilloso futuro que le aguarda a éste reino bajo mi gobierno y el de mi dulce prometida, Lady Sarah.- elevó su copa. Sarah le sonrió con agradecida pantomima ante sus generosas palabras. Sir Erwin no dudó en sumarse al brindis, seguido por la tímida Lucía. La última en elevar su copa fue la ex-amante del monarca, y cuando lo hizo fue con desinterés.

-Por un próspero futuro.- sonrió Erwin con participación a Sarah, la cual se sentía verdaderamente poderosa.

-Gracias, tío Erwin.- ella habló con alevosía sabiendo que a Lilith se le hincharían las venas del cuello. -Y, yo quiero brindar por mi generoso rey y asegurarle que no tomaré mi lugar a su lado tan a la ligera.- Lo enfrentó con sus cejas elevadas engreídamente. Jareth la estudió con atrevida jocosidad con su dedo índice curvado sobre sus labios. "Mi chiquitita, da las gracias a que no estás a solas conmigo…, por ahora."

-Se lo haré recordar, querida mía.- tomó su mano y la llevó a sus labios. Para Lilith fue demasiado. ¡¿Cómo se atrevían a ser tan… descarados frente a ella?! De un golpe dejó su copa sobre la mesa que sobresaltó a la mortal más joven. Cuando le prestaron atención, solamente observó con odio a Sarah y se retiró a su alcoba sin decir ni una sola palabra. ¡Esa… maldita pequeña hipócrita se las pagaría! ¡Nadie la humillaba de ésta forma! ¡Nadie!

-Bueno…,- comentó Erwin ya sin ocultar su sonrisa -obviamente Lady Lilith no tolera algo de procacidad… en otros que no sea ella.- se burló. Su sobrino todavía sostenía la mano de su prometida que miraba con malvada sonrisa el camino por el cual se había ido su competencia. Cuando sintió los labios de su majestad en su piel por segunda vez y con más efervecencia, lo observó de arriba a abajo con indignación y la quitó de inmediato. Jareth la observó confuso. ¿Que no habían disfrutado de la derrota de la mujer juntos?

-Compórtese, My Lord. Sabe que no es correcto retener la mano de una dama por tanto tiempo.- alisó la servilleta sobre su falda. "¿Con que sí, eh? Te agrado cuando ella está presente y a solas me tendrás castigado, ¿verdad? Bruja." La observó con los ojos entrecerrados, ella simplemente aparentaba no registrarlo. "Niña egocéntrica y mañosa."

Erwin cubrió sus labios con ambas manos y se dirigió a su próxima protegida con tal de distraerse en algo.

-¿Te sirvo más jugo, pequeña?- le sonrió con los labios fruncidos por su represión. ¡Pobre niña, no entendía nada!

-S-sí, gracias…- dejó de ver a la pareja para prestarle atención.

-Lo siento. No puedo evitar mi… afán.- Jareth la miró con intensidad volviendo a recostar su espalda en su asiento. Sarah únicamente inclinó su cabeza de costado con una frialdad digna de la corona. "¡Maldita sea, sólo hace que me encienda más!" Le correspondió con un cabeceo y una insincera sonrisa. "A partir de mañana cinco días," se consoló. Y el resto de la cena fue bastante tranquila pese a que se podía sentir la pequeña pugna entre ambos. En un momento, Sarah llamó con un gesto de su mano a uno de los criados y le habló al oído; la joven goblin asentó con un movimiento de cabeza y tras un cortés saludo se retiró; al regresar volvió a afirmar con la cabeza ante la disimulada mirada de la joven.

Cuando comenzaron a degustar el postre, Jareth le recordó su invitación a caminar por el jardín, esperando que aceptara. Sonrió analizando en que su bonito peinado quedaría arruinado si conseguía apoderarse de su boca como tenía pensado hacerlo.

-Será un placer, Su Majestad.- su voz fue totalmente superficial. -Tiene usted suerte que yo no tenga tutores o padres a quién pedir consentimiento.- sonrió burlonamente. Jareth supo que algo se traía entre manos, aunque no supiera qué.

Al terminar, Sir Erwin se ofreció a acompañar a Lucía hasta la habitación, la cual le agradeció como siempre y le dijo que su niña seguro ya estaba despierta, pues, la había dejado con la nana que el monarca le había designado y Erwin fue hablándole todo el camino con calidez algunas anécdotas de sus niños y consiguió hacerla sonreír y que agregara algún bocadillo sobre su Anna.

-¿My Lady?- Ya de pie, Jareth le ofreció su brazo que ella tomó con toda la dignidad del mundo. Jareth sonrió para sí. Por ahora, ella se había divertido lo suficiente, ¿no? Lo justo era que ahora comenzara a disfrutar el 'Rey Goblin.' Mas, su sonrisa se borró y sus ojos se entrecerraron al notar a Twig aguardando junto a la puerta y yendo hacia ellos con solemnidad. -Eh… ¿Twig?

-¿Sí, Su Majestad?

-¿Necesitas algo?

-No, Su Majestad.

-¿Entonces, podrías dejarnos a solas?

-Lo siento, Su Majestad. Pero, yo soy la doncella de My Lady y tengo prohibido dejarla a solas con un hombre.- Jareth la observó incrédulo.

-¿Twig, bajo las órdenes de quién estás?- cuestionó molesto.

-De My Lord, por supuesto.

-¡Entonces, déjanos a solas! ¡No ha sido un problema antes y no tiene por qué serlo ahora!

-Su Majestad, fue usted quién me puso bajo las órdenes de Lady Sarah, My Lord. Y sus órdenes fueron que yo la complaciera en todo lo que ella exigiera.- Sarah lo observó triunfante intentando no fruncir los labios. Él la miró con venganza, aún dentro de los parámetros permitidos podía tomar su ventaja y ella no podría chillar.

-Tienes razón.- sonrió. -Hay que complacer a My Lady. Y yo lo haré gustoso por el resto de mi vida.- Sarah intentó controlar los latidos de su corazón. ¡Cielos que tanto él como esa mujerzuela querían atemorizarla con ese tipo de insinuaciones simplemente porque desconocía sobre el tema! No le importaba. Ella sería siempre la Campeona de Labyrinth y nada le amedrentaría, se dijo a sí misma.

La caminata fue primeramente muy formal al igual que la charla. Twig iba detrás de ellos con una sonrisa. Esos dos eran imposibles. ¿A quién querían engañar?

-¿Lady Sarah, me permite tomarla de la mano?- le cuestionó con una galante mueca en sus labios. La joven observó a Twig que accedió tentada.

-Por supuesto, My Lord.- y continuaron su andar de ese modo.

-Ésta noche, durante la cena, ha estado usted magnífica, My Lady.- la espió de reojo con diversión. El halago era sincero.

-Gracias. Alguien debía poner a esa mujer en su lugar. No me importa si usted quiere ir corriendo a por ella, pero, delante de mí guardará el debido respeto y distancia.

-Le prometo que aún en su ausencia ella mantendrá ambos en tanto yo esté en su presencia, querida mía.

-Le agradezco su caballerosidad.

-No puedo hacer menos por mi eventual esposa.- se detuvo para acariciar levemente su mejilla. -Quisiera besarla, My Lady.

-My Lord,- fingió una risita -falta tan poco para la ceremonia.

-Bueno…, es que siempre creí que sería mejor un pequeño adelanto antes de…- se acercó a su oído -comerte toda, 'conejita.'- Sarah abrió sus ojos. "Recuerda, es el Rey Goblin." -No quisiera que se asuste ese día…- volvió a hablar en un tono normal para luego regresar a su oído -cuando apenas te dé espacio para respirar.- "Oh-oh. Él está tentándote y probándote. ¿Qué debería hacer?"

-Su Majestad…,- está vez dejó que el sonrojo viniera naturalmente a sus mejillas -no debería ser usted tan atrevido.

-Bueno, mi chiquitita, como sabrás, yo soy el Rey de los Goblins con todo lo que eso implica.- puso tentativamente una mano en su cintura viéndola a los labios y a los ojos con provocación. -Y…, si estuviéramos solos te lo probaría.- sonrió con picardía. Sarah carraspeó y elevó su rostro jugando el mismo juego mezclado con su peligrosa candidez.

-¿Realmente?- esbozó una leve sonrisa.

-Realmente.- su voz no escondía su anhelo.

-Qué pena para usted que mi chaperona me acompañe, entonces.

-Podríamos decirle que se vaya.- murmuró acercándose más a ella y suavemente apoyó sus labios sobre los tiernos de la muchacha. Sarah se repetía a sí misma que de su control dependía su triunfo como si fuera un mantra. Cuando él probó suerte pasando la punta de su lengua entre sus labios, fue empujado hacia atrás.

-Lo siento, My Lord.- tomó su falda en una inclinación, en tanto, luchaba por controlar su respiración. -Pero, ya se ha hecho muy tarde. ¿Vamos, Twig?- la nombrada abrió los ojos con divertida sorpresa, viendo a la muchacha, al rey y de nuevo a la muchacha.

-Por supuesto, My Lady. Con su permiso, Su Majestad.- comenzaron a caminar.

-¡YO NO he dado permiso a ninguna de las dos para que se marchen!- espetó molesto. Las dos quedaron tiesas donde estaban y se miraron por el rabillo del ojo.

-¿Que sucede, Su Alteza?- cuestionó Sarah sin girar para verle, en tanto, sentía los pasos acercarse a ellas. Otra vez las mujeres se vieron con cierto nerviosismo.

-Yo nunca dejaría que dos mujeres tan hermosas se fueran solas hasta sus alcobas.- sus brazos se interpusieron entre ambas.

-¡Pero…,- Twig lo miró estupefacta -Su Majestad, yo soy sólo una cri…!

-Madame, no me discuta.- puso la mano de Sarah sobre su brazo y aguardó a Twig a que la imitara. Ésta lo hizo con un suspiro y turbación, jamás había sido escoltada por Su Majestad.

Cuando llegaron a la habitación de Sarah, él soltó a Twig para abrir la puerta y con una sonrisa le indicó que ingresara. Cuando le tocaba el turno a la muchacha, tras un giro de su muñeca la puerta se cerró ante la asombrada Twig que giró al sentir el sonido. Sarah agrandó sus verdes ojos e intentó ir hacia la misma, pero, el Rey Goblin la obligó a enfrentarlo y quedó entre él y ésta que parecía estar bajo llave. No hubo palabras, simplemente la atrapó entre sus brazos y la besó con pasión forzándola a abrir sus labios. Sarah lidió contra el impulso de corresponderle, pero, en éste hecho él sabía cómo salirse con la suya. Uno de sus brazos rodeaba su cintura trayéndola más hacia su cuerpo. La otra mano se apoyó en el femenino rostro antes de quebrar el beso.

-Creo… que es un empate, mi mascota.- le sonrió medio satisfecho. -Pero…, el resto es todo tu triunfo.- ella lo miró combativa. -Oh, sí.- amplió su sonrisa mostrando sus puntiagudos dientes. -Sé que habrá más de donde vino el resto y… en cuanto a esto…- se aproximó a sus labios maliciosamente -tenlo por seguro. Buenas noches, My Lady.- tomó su mano y se la besó para comenzar a alejarse.

-¡Usted no es un caballero, My Lord!- espetó ella enfadada. Él detuvo su paso e iba a ir hacia ella cuando, de repente, la puerta, ahora libre del hechizo, se abrió y prácticamente Sarah fue arrastrada hacia adentro.

-¡Buenas noches, Su Majestad, ya se ha hecho muy tarde!- Twig le sonrió y cerró la puerta tras de sí donde se apoyó y suspiró agobiada viendo a la furiosa joven. -¡My Lady, eso estuvo cerca!

-¡Él es un atrevido!

-¡Le dije que no era un pez sin dientes! ¡¿Qué esperaba?! Cuando él se retira, es mejor que usted sepa controlarse y no alentarlo a venir por más.

-¡Pero…, él te encerró y me arrinconó allí afuera!

-¡Por supuesto que lo hizo! ¡Y ha sido bastante tolerante!- rió la goblin . -¡Lady Sarah, ese hombre tenía ganas de besarla ni bien la vio salir por esa puerta! ¿Qué otra cosa iba a hacer después de toda ésta provocativa noche? Aunque le robe besos, él sigue manteniéndose en el límite por respetarla.

-¡Pues, debería recordar todo lo que aprendió con Sir Medardo, entonces!

-Lo recuerda.- suspiró Twig. -De no hacerlo…, créame que usted se hubiera tenido que casar el mismo día en que pisó por segunda vez el Underground.- Sarah no supo qué contestar a eso. -Y por poco me agarra un infarto en el jardín cuando nos detuvo.- Con eso, ambas empezaron a reír.

N/A: ¿Juju! ¿Han notado que estos últimos tienden a ser capítulos más largos? No me pregunten por qué, sólo salieron así solitos. XD Gracias por haber llegado hasta aquí y ¡nos leemos!

AmaterazuHime.