TToTT (estoy rodeada por Yumi, Renamon, Kim, Zoe y Tamekimon)

Kitsumon: buenaaaaas (acaba de llegar con Ulrich, Strabimon y Kouji) que le pasa a lily?

Renamon: que ahora tiene una nueva lectora, y llora de felicidad

Kim: si, lo malo es que voy a tener que ir a por Allymon e Yla para que achiquen el agua de la biblioteca (esta todo inundado)

Kouji: entonces nos tendremos que encargar nosotros de todo, no?

Strabimon: gracias a Marina Acero por su review, favorito, alerta y de todo, mira como has dejado a lily, y no creo que Kaotik Angel este muy diferente...

Ulrich: si, bueno, no podemos adelantarte nada, pero esperamos que de aquí en adelante las cosas te gusten tanto como hasta ahora, por que se van a poner duras

Yumi: el mismo disclaimer de siempre, que no podemos decirlo por que el nivel del agua sube a toda mecha!

Todos: SOCORROOOOO!

Capitulo 36: topo-asesinos, planes conspiratorios y torturas digitales

Lo único que chocaba con el entorno en el Pueblo de la brisa era aquella extraña torre en cuya cima, sin embargo, brillaba una huella de gato. Las Floramons no acababan de aceptar aquella horrible formación en sus tierras, pero no había forma alguna de quitarla y tampoco querían abusar de la presencia de los niños elegidos en sus tierras.

-¿Os quedáis a merendar? –preguntó una de las digimons florales.

-¿Merendar? ¡Por supuesto! –exclamaron Takuya y Odd. Dracomon también saltaba alegre tras ellos.

-Oh, cielos… Ya no hay marcha atrás –suspiró William viendo como el dragoncito corría hacia una improvisada mesa que los Mushroomon preparaban al aire libre.

-Mientras no acaben con las reservas de las Floramons, no tenemos por qué preocuparnos de momento –dijo Sissi.

-No pasa nada, aquí en el Pueblo de la brisa se cultiva todo lo necesario –explicó Floramon −. Vamos, Sissi. Ya verás qué merienda más rica tendremos.

Más que una merienda, aquello parecía un gran festín que no permaneció intacto demasiado tiempo. Algunos se veían obligados a coger rápidamente una pieza de fruta o un bocadillo de alguna de las bandejas antes que la voracidad de Dracomon, Takuya y Odd las vaciase.

-Por todos los cielos, Takuya… Leire dirá que sigues siendo el mismo, pero yo no te recuerdo tan… tan… –intentó decir Neila.

-Cerdo, tan cerdo comiendo –terminó la frase Arya mientras le daba otro sorbo a la bebida. Takuya le iba a responder, pero la chica rápidamente gritó −. ¡Traga antes de hablar! De verdad, prima, no sé qué es lo que sigue quedando de tu amigo de infancia en él…

-Ya os digo que sí quedan cosas –respondió Leire.

-Regresan las peleas iniciadas por ellos… Pero para defenderse el uno al otro –susurró Zoe haciendo que se atragantase Kouji a su lado −. ¡Lo siento, lo siento!

-¡Papi! –ambos Crossedmons saltaron de su sitio y cruzaron la mesa tirando algunos vasos y platos −. ¿Qué pasa?

-Nada… tranquilos… Estoy bien, estoy bien –dijo mientras tosía −. Ya te vale, Zoe…

-Lo siento –sonrió la rubia.

-Timy, Ace, mirad qué habéis hecho –regañó Arya desde el otro lado de la mesa y señalando el estropicio.

-Ui, vaya… Lo estropeado, si eso, nos lo comemos nosotros, tranquilos –sonrió Ace.

-¡Ni hablar! –el grito de Odd y Takuya asustó a todos los allí presentes.

-Esto… ¿Y por qué se llama Pueblo de la brisa este lugar? –cambió de tema Jeremy rápidamente mientras ambos Crossedmons regresaban a su sitio pasando esta vez por debajo de la mesa.

-Es por ese gran árbol –señaló una Floramon −. El viento choca contra él y lo reenvía hacia aquí creando esta agradable brisa.

-Y nosotras no lo sabíamos, pero aquí se ocultaba un espíritu digital –dijo otra Floramon.

-¿Un espíritu digital? –preguntó Aelita.

-El de Kazemon –respondió Bokomon −. Ah, aún lo recuerdo perfectamente… Cuando Zoe obtuvo el espíritu digital humano del viento. Ay, qué momentos tan felices…

-Tampoco fue gran cosa, Bokomon –intentó quitarle importancia Zoe.

-¿Cómo que no? Fue el nacimiento de otro digimon, está claro que fue algo importante.

-Así que aquí fue donde obtuviste el espíritu digital, ¿no? –preguntó Jeremy −. Esto debo anotarlo… Eh… Oh, no –se quedó varios segundos mirando a Aelita hasta que la chica se dio cuenta −. Aelita…

-Ah, no, ni hablar –respondió soltándose la mochila y abrazándola con fuerza al mismo tiempo que se apartaba un poco más del informático del grupo −. Ya te he dicho que no ibas a tener ordenador hasta que yo quisiera. Almacénalo en tu cerebro y ya lo pasarás más tarde.

-Sólo escribiré eso y luego te lo daré de nuevo…

-Que no. Toma, Yumi, aléjalo un poco más –pidió la pelirrosa pasándoselo a la otra chica.

-Tampoco hace falta que hagáis eso –intentó decir Jeremy, pero su portátil estaba a más distancia −. De acuerdo, no lo pediré más…

Algunas risas se dejaron oír ante la escena antes de que un carraspeo infantil les interrumpiese y llamase la atención de todos.

-Chicos, deberíais mirar la hora que es –dijo Ace mientras se llevaba el vaso a la boca.

-¿La hora?

-Sí, hora, reloj, tiempo…

-Las seis más o menos…

-Os recuerdo que en Kadic también son las seis de la tarde más o menos –siguió Timy imitando a su hermano.

-Ya, lo sabemos…

-¡Oh, no! –chilló de pronto Teppei −. ¡Jim!

-¡Maldita sea! Si nos entretenemos mucho más, se dará cuenta que no estamos en Kadic –añadió Katsuharu.

-¿Y a qué esperamos? Tenemos que regresar ya mismo –JP se puso en pie esperando a los demás.

-Tienes razón. Floramons, gracias por la merienda y sentimos no poder ayudaros a recogerlo todo –dijo Aelita levantándose también.

-Tranquilos, no será complicado recoger todo esto –sonrieron las digimons florales.

-Está bien, pues marchemos a la Tierra –Odd se levantó, pero cuando quiso caminar se cayó de morros al suelo −. ¿Pero qué pasa?

-¡Qué tonto eres, Odd! –rió Takuya, pero al moverse también se cayó al suelo.

-¿Quién es el tonto ahora?

-¡Ace, Timy! –regañó Arya. Ambos digimons empezaron a reír al tiempo que los otros dos también criticaban y chillaban desde el suelo.

-Creo que no conviene dejar que se escapen o chillarles ahora –señaló Ulrich.

-Es verdad, necesitamos regresar a la Tierra y sin Ace, no podemos hacer nada –afirmó William.

-Muy inteligente por vuestra parte –sonrió el gato plateado abriendo un vórtice −. Ya podéis pasar. Esta vez, estáis en el exterior de la fábrica.

-Esperemos que no haya nadie allí esperando o paseando –suspiró Chiaki.

-Hasta otra, Floramons, y gracias por la merienda –agradeció Gatomon antes de correr hacia el portal.

-Tened cuidado, niños elegidos. Y gracias por la ayuda –se despidieron las Floramons.

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Xana-Lucemon sonrió satisfecho. Por fin, la última pieza había sido capturada y su plan no fracasaría por tercera vez.

-Mi señor –Myotismon entró a la sala donde se encontraba el ángel caído −. El grupo está a punto de llegar.

-Muy bien, Myotismon. Buen trabajo. Sin lugar a dudas, esta vez conseguiremos eliminar a los niños elegidos.

La puerta volvió a abrirse. Un Phantomon entró, seguido por otro Phantomon y un par de Bakemons.

-Lo sentimos, amo –se disculpó el Phantomon más retrasado −, se nos escapó y…

-¡Vamos todos juntos a bailar! –chilló el otro Phantomon empezando a bailar −. Venga, no seáis sosos… ¡Dale a tu cuerpo alegría, Macarena…!

-Oh, cielos –Myotismon se volvió rápidamente hacia Xana-Lucemon, temeroso por la reacción que tendría éste.

-Llevaos a ese inútil de mi vista ahora mismo. ¿A qué esperáis? –chilló.

Ambos Bakemons y el Phantomon empezaron a estirar del bailarín, arrastrándolo como podían hacia el exterior. Myotismon corrió hacia la puerta y la cerró cuando el cuarteto hubo salido, esperando varios minutos hasta que sintió que ya no volverían a entrar.

-Cabeza hueca gilipuertas… –escuchó murmurar a Xana-Lucemon −. Y yo que creía que el amor era una idiotez mayúscula insuperable… Ahora veo que hay algo más subnormal aún…

Myotismon negó con la cabeza todas aquellas palabras al tiempo que maldecía mentalmente a los niños humanos por haber influenciado de aquella mala forma al ángel caído. Un ligero temblor de tierra le alarmó unos instantes.

-Ya están aquí –sonrió Xana-Lucemon tranquilamente, como si no hubiese ocurrido absolutamente nada −. Se acerca mi victoria.

Se volvió hacia la puerta y abandonó la estancia rápidamente. Myotismon no tardó en seguir sus pasos hacia el exterior. Incluso Duskmon se acercó a una de las ventanas para observar en silencio lo que ocurría.

-Por fin, la última pieza de mi plan está en mis manos –dijo Xana-Lucemon mientras los digimons ante él hacían una reverencia −. Bienvenida a la Rosa de las Estrellas, Renamon. Puedes sentirte como en casa.

-Ni en mil años ocurriría algo así –murmuró la digimon aún atrapada en la garra del Koloso.

-Oh, vaya… ¿Hay algún problema?

-No pienso colaborar contigo en nada, maldito demonio.

-No creo que estés en condiciones de decir nada, Renamon. Vas a obedecer todas y cada una de mis órdenes, empezando por que quiero que digievoluciones.

-Ni hablar.

-Orgullosos, estos zorros… Está bien, no me dejas otra opción –Xana-Lucemon extendió un brazo hacia el cielo mientras el Koloso aflojaba la mano en la que tenía atrapada a Renamon.

Una nube de oscuridad empezó a crearse sobre ellos, controlada por el ángel caído que, con un simple gesto, la movió hacia Renamon. La digimon intentó escapar, pero la presencia del Koloso bloqueándole el paso hizo fracasar todo movimiento que realizase, provocando así que aquella nube la acabase atrapando bajo la mirada de todos. Un cúmulo de datos brilló entre aquella nube que, al instante, se desvaneció mostrando otra figura diferente a Renamon.

-Oh, no me esperaba esto –dijo algo sorprendido Xana-Lucemon −. No importa, me sigues sirviendo, Doumon.

-Mi señor, disculpad mi ignorancia, pero ¿no debería haber aparecido Taomon? –preguntó Myotismon.

-Maldito zopenco… Con un ser temido por atraer a la destrucción aún será más sencillo derrotar a los niñatos. Digimons, preparaos para el próximo asalto –dijo el ángel caído mientras regresaba al interior de la Rosa de las Estrellas −. Esta vez no fallaremos.

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El grupo corrió hacia Kadic temiendo encontrarse a Jim enfadado o esperándoles en algún rincón para sorprenderles.

-Parece que aún es muy temprano –suspiró aliviado Jeremy.

-¿Y qué hacemos entonces? –preguntó Odd.

-A mí no me apetece regresar a casa aún –dijo Koichi.

-Ni a mí –suspiró Yumi −. Seguro que Hiroki acabaría fastidiándome lo que queda de tarde.

-Pues a ver a dónde vamos todos juntos –dijo Tommy.

-¿Qué tal a los recreativos? –propuso Arya −. Allí al menos nos echaremos unas risas.

-¡Los recreativos! Te demostraré quién es el mejor, Takuya.

-Te equivocas, Odd. YO seré quien te dé una lección.

-Oh, no, ya empiezan –negó con la cabeza Sissi.

-¡Venga, vamos o no podré darle una paliza a Kanbara!

-¡Eso, eso, Della Robia va a entender lo que significa morder el polvo!

-Cielos... ¿Tenemos que llevarlos con nosotros de verdad? –preguntó Katsuharu.

Durante todo el camino hacia el salón de juegos, tanto Odd como Takuya se retaban ante la aburrida mirada de los demás.

-Qué desgracia que Gatomon no ha podido venir por ser una gata... Nos hubiesen venido de perlas sus garras –comentó Teruo.

-Nada, nada, no se necesita a Gatomon para dejarles mal a esos dos –dijo cruzada de brazos Sissi.

-Ya llegamos –señaló William.

-Sí, y ahí van los dos como críos pequeños –señaló JP.

El grupo entró en la sala mientras los otros dos ya competían matando zombies. Algunos soltaron una risita por la situación antes de situarse ante alguna máquina de juegos.

-¡Ja! ¡Fastídiate, Takuya!

-Sí, sí, con eso estás rodeado y ahora tengo que salvarte el pellejo.

-¡Mierda, es cierto!

-Cielos, Odd, eres un despistado...

-Si crees que tú no hubieses caído en este error, Sissi, prueba a jugar tú.

-¿Yo? Estos juegos no van conmigo...

-Yo jugaré por ti –dijo Aelita mientras le arrebataba el arma a Odd y empezaba a atacar a los monstruos −. Takuya, creo que ahora es tu pellejo el que toca ser salvado.

-Venga, Takuya, no te quedes quieto –le dio una palmadita Leire.

En otro rincón, Arya y Neila competían en el DDR mientras a unos tres metros, Chiaki cargaba con un mazo bajo la mirada de Zoe.

-Ánimo, Chiaki, tú puedes con esos topos –animó la rubia.

-Se van a enterar –el primer topo apareció y acto seguido Chiaki lo golpeó. Uno tras otro, casi con más rabia que al anterior, Chiaki descargaba el mazo sobre los falsos animales.

-Dios, qué agresiva –susurró Zoe. La música tras ella terminó y enseguida se le unieron las otras dos chicas.

-¿Qué tal le va? –preguntó Neila.

-A este ritmo, se acabará cargando la máquina.

-¿Tan duro le da? –Arya observó sorprendida cómo la chica atizaba cabecitas marrones sin que se le escapase ninguna.

Aelita también se acercó, sonriente y triunfante por la paliza que les había dado en un instante a Odd y Takuya. Sin embargo, su cara cambió ligeramente al ver la rabia con la que la otra chica jugaba.

-Toma esta... Y esta... Y tú también... ¡Tomad esa, malditas fans de pacotilla!

-¿El qué? –hasta Jeremy, allí presente, no pudo evitar quedarse sorprendido y extrañado ante aquella frase.

-Ey, ¿qué ha sido ese chillido? Me he acabado chocando contra un muro y mi hermano me ha ganado –se acercó Koichi. Ante su presencia, Chiaki incrementó la velocidad de golpeado.

-¿Es que no lo has entendido? –le miró Zoe muy sorprendida.

-Estaba más concentrado en que Kouji no me ganase y al final he perdido.

-¡Cielos, Koichi, venga ya! ¿De verdad no la has oído? –preguntó Jeremy.

-No, ya os lo he dicho...

-Nuevo récord –dijo la metálica voz del juego de los topos. Todos se volvieron hacia la máquina y observaron.

-Uf… Creo que se me ha acabado escapando uno… –comentó Chiaki cogiendo aire.

-Eh, Chiaki, has batido un nuevo récord. No creo que te lo vaya a quitar nadie –señaló Koichi, el único al que no se le había ido repentinamente la voz.

-Ah… Esto… gracias –ella misma notó su ligero rubor y pensó rápidamente la manera de cambiar el tema. Las caras de los demás le ayudaron bastante −. Chicos, ¿qué os pasa?

-Yo me voy con Kouji… Esto ya es increíble –susurró Zoe mientras desaparecía de aquel lugar lo más rápidamente que pudo.

-Ah… ¡Aelita, queremos otra partida! –chillaron tanto Takuya como Odd.

-¿Otra? –preguntó la chica algo asustada por el tono en el que lo habían pedido.

-¡Sí! ¡Esta vez no nos ganarás!

-Ni aunque os pongáis a matar juntos me ganaréis, pero vale. Vamos de nuevo –empezó a caminar la pelirrosa.

-Yo no me lo pierdo –rió Sissi siguiéndoles.

-Ese par ni sabe perder ni sabe rendirse cuando aún están a tiempo –negó con la cabeza Jeremy.

-Pues yo creo que me he perdido –dijo Chiaki viendo cómo regresaban a una de las máquinas.

-Que Aelita les ha dejado por los suelos –dijo Leire −. ¿Alguien se viene a echar una partida del disco aéreo?

-¡Me apunto! –alzó la mano Neila.

-Duelo de titanes, yo no me lo pierdo –rió Arya.

-¿Vas a volver a jugar a los topos, Chiaki? –preguntó Koichi.

-¿Eh? No, ya he tenido suficiente. Voy a ver a los demás –dijo corriendo en otra dirección.

-Ah, vale…

Koichi se quedó unos segundos más, todavía mirando hacia donde había salido corriendo la otra, antes de caminar en busca de su hermano.

-Ey.

-¿Y Chiaki? –buscó Zoe.

-A ver a los demás –respondió Koichi −. ¿Qué se ve?

-La batalla virtual entre Yumi y Ulrich –respondió Kouji.

-Yumi y Ulrich, ¿eh? –Koichi sonrió pícaramente antes de continuar −. ¿Y quién va ganando?

-Van bastante igualados –respondió Zoe.

-¡Ey! ¡Dejad los monstruitos y venid aquí, que esto está más interesante! –llamó Koichi al resto.

Se acercaron todos al sitio donde Yumi y Ulrich, colocados en sendas plataformas, daban patadas y puñetazos. Los chicos vieron en la pantalla a los dos avatares con la vida al 50 por ciento. Nadie se atrevía a apostar quién ganaría la pelea, pues hasta el último segundo ambos estaban en igualdad de condiciones.

-Se acabó –dijo Sissi.

-Muy buena partida los dos, aunque te has confiado demasiado al final, Ulrich –le comentó William.

-Vi mal la cuenta atrás.

-¿Otra chica ganando? –preguntó Odd con fastidio.

-¿Otra? ¿Quién más ha ganado por aquí? –preguntó Yumi bajando de la plataforma.

-Les he dado una paliza en aquél de allí –señaló Aelita la otra máquina.

-Y Chiaki ha batido récord en el de los topos –añadió Neila.

-Bueno, tampoco ha sido para tanto lo mío –sonrió Chiaki.

-Eso lo dices porque no lo has visto desde fuera… Menuda agresividad, chica –le comentó Zoe antes de lanzarle una mirada acusadora −. Cualquiera diría que eran topos a lo que le pegabas…

-Es que… Bueno, me he imaginado que eran Bakemons –dijo la otra.

-Sí, claro, Bakemons…

-¡Lo digo de verdad, Arya! –exclamó algo sonrojada haciendo que el resto riera.

-Que te creemos, de verdad.

-Ahora sí que empieza a ser tarde –dijo Jeremy mirando su reloj −. Deberíamos marchar a casa.

-Está bien.

De camino a casa, todos iban comentando las partidas realizadas, aunque Takuya y Odd no podían evitar sentirse fastidiados por haber sido derrotados magistralmente por Aelita. También Chiaki tenía que escuchar las explicaciones de lo que había estado haciendo pero desde el punto de vista de los otros, sonrojándose y gritando al darse cuenta del fallo que había cometido al hablar demasiado en voz alta mientras golpeaba con rabia los topos.

-Renamon, necesito hablar un momento en privado con Kouji –mentalizó Yumi después de ver a Chiaki intentando darle un puñetazo a Katsuharu.

-Enseguida –respondió la digimon. Un par de minutos más tarde, escuchó a su primo.

-¿Y ahora qué te pasa, Yumi?

-Te propongo un trato, una tregua..

-¿Trato? ¿A qué te refieres? –Yumi se volvió hacia el chico y pudo observar que se estaba riendo por aquella frase.

-A que si no me nombras a Ulrich en unos días, yo no te volveré a pegar y a demás, no te haré cargar con Hiroki.

-Oh, interesante. Pero entonces me aburriré…

-Enseguida verás con qué te podrás divertir –dijo satisfecha por el resultado de aquella pequeña conversación −. Renamon, vamos a hablar con algunos, pero que no sean ni Chiaki ni Koichi.

-Enseguida –respondió la digimon.

-¡Venga ya! –rió Kouji −. ¿Vamos a "atacar" a mi hermano?

-Exactamente. Es un despistado que no se fija mucho en a quién tiene loquita…

-¿Qué ocurre? –preguntó extrañada Sissi −. Renamon me ha pedido discreción…

-Eso, eso, que alguien nos ilumine las mentes –se oyó a Odd.

-Muy gracioso, Della Robia –le respondió Kouji.

-A ver, por favor, un poco de silencio –pidió Yumi −. Seguro que todos habéis escuchado lo que ha chillado Chiaki hace un ratito.

-Perfectamente –se oyó a todos los que estaban escuchando.

-Bueno, y también sabéis a quién hace referencia.

-Esto…

-Por todos los cielos, Odd, ¡al grupito pesado que persigue a Koichi día y noche!

-Tampoco creo que le persigan tanto, Sissi –rió Takuya −. Bueno, ¿qué pasa con ello?

-Oh, cielos, éste tampoco se entera –protestó Zoe −. Está clarito que a Chiaki le mola Koichi pero él ni se entera.

-¡Ah, vale! –exclamó Takuya y pasaron varios segundos en silencio −. ¿Y qué con ello?

-Mira que llegas a ser despistado, Takuya –dijo Jeremy −. Salvo Takuya y muy posiblemente Odd, que está en silencio misteriosamente, los demás entendemos lo que quieres decir, Yumi.

-Menos mal –suspiró la morena.

-Entonces, ¿tiene alguien alguna idea? –preguntó Ulrich.

-Sí, por supuesto que la tenemos –dijeron Zoe y Yumi, con un ligero matiz de maldad en la voz que provocó escalofríos en varios de los mentalmente reunidos.

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Xana-Lucemon observaba desde una ventana el entrenamiento de los clones y los digimons poseídos. Sonrió satisfecho por los resultados que veía en aquel grupo que al fin se empezaba a ver más completo e indestructible. Lamentaba no poder crear un nuevo clon de William, sin embargo, pensaba cubrir ese hueco con el de Beetlemon y con los futuros clones de todos los guerreros legendarios.

-Éste es el ejército con el que al fin derrotaré a esos puñeteros niños elegidos y sus digimons… Esos microbios no se saldrán con la suya –susurró.

Volvió su vista y caminó hacia los calabozos. Allí, sin embargo, estaba su otra tortura. El Phantomon que, aun habiendo conseguido algo similar a lo que quería, se negaba a explicar por qué su sencilla misión había resultado un fracaso.

-¡Aserejé, ja, de je, de jebe tu de jebere seibiunouva, majavi an de bugui an de güididípi! –canturreaba totalmente ebrio en su jaula.

-Maldita sea… ¿Aún sigue con esas paparruchas? –preguntó Xana-Lucemon enojado.

-Lo sentimos, amo, hacemos todo lo que podemos por que hable –se disculpó otro Phantomon, con el rostro más oculto aún de lo que ya lo tenía. Al fondo, el otro digimon cambió el baile por otro mientras empezaba a chillar.

-¡Vamos todos a bailar el Paquito Chocolatero! ¡Viva la fiesta y que no pare la música!

-Que alguien me recuerde por qué diablos no he dado la orden de eliminarlo –pidió el ángel caído apretando con fuerza un puño.

-Porque puede conocer rincones interesantes para atacar al enemigo por sorpresa, mi señor –respondió un Bakemon, tembloroso.

-Es verdad… Más os vale que ése deje de hacer bobadas y hable. Usad lo que queráis, pero lo quiero vivo –señaló Xana-Lucemon abandonando los calabozos.

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El grupo estaba a punto de llegar a Kadic, algunos impacientes por saber qué era lo que dos mentes en concreto planeaban hacer y que en todo el camino no habían dicho nada.

-¿Y te ganó tu hermano? –preguntó JP a Koichi.

-Sí. Es que justo cuando iba a hacer una derrapada ahí espectacular que me hubiese dado muchos puntos, oí el grito de Chiaki y me volteé preocupado. Pensé que habría otro digimon, como en la fiesta de Kadic, ¿recuerdas?

-Sí, ese Phantomon borrachuzo…

-Pues por eso, me giré y cuando quise darme cuenta, ya me había empotrado y se llevó claramente la victoria Kouji –explicó el gemelo de cabello corto.

-Pero fíjate tú que incluso habían estado chillando Takuya y Odd antes y tú seguías derrapando tranquilamente –se le acercó Kouji.

-Ese par siempre está chillando, ya ni les hago caso cuando dicen algo…

-Pero si estaban llamando XANA o Lucemon a los zombies –dijo de pronto Aelita.

-Ni de coña aparecerían esos así de repente en la Tierra –rió Koichi.

-Claro, claro, para eso está su mano derecha, tienes razón. Bueno, chicos, aquí nos separamos ya –dijo Kouji.

-Tened cuidado de camino a casa los tres, ¿eh? Nadie sabe cuándo aparecerá un Bakemon y no lleváis a Chiaki para hostiarle –dijo Teruo recibiendo un puñetazo en el brazo por parte de la chica −. ¡Au! Aún le quedan fuerzas para arrearme…

-Vale, mañana nos vemos. Que descanséis –se despidió Koichi.

-Eh, Zoe, cuento contigo –señaló Yumi.

-Descuida, yo me hago cargo de ello –sonrió la rubia despidiéndose del trío con la mano.

-Como diría Gatomon, aquí hay digimon encerrado –susurró Kouji, aún esperando saber qué tramaban ambas chicas.

Mientras los otros tres se alejaban, el resto acabó de entrar al terreno de Kadic, con un par de tripas crujiendo que provocaron más de una cara rara en los demás.

-Creo que ya es hora de pensar en la cena –sonrió Odd.

-¡El último que llegue a la cafetería tendrá que cargar con las mochilas de todos durante una semana! ¡E incluyo la de los tres que no están aquí! –chilló Takuya empezando a correr. Enseguida le siguió el rubio.

-Maldito par de infantiles –protestó Sissi con los brazos en jarra.

-Igualmente, no vendrá nada mal que vayamos a comer –dijo William enseñando el D-Tector −. Aquí también crujen unas tripas y no creo que queráis que salga a la vista de todos.

-Tienes razón, los digimons también necesitan algo de comida. Bueno, ¿a qué esperamos pues? –dijo Teruo echando a caminar seguido de todos, que tenían la esperanza de que nada más sucediese en lo que quedaba de día.

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El lunes llegó dolorosamente para todos. Los despertadores sonaban por doquier mientras cabezas aún adormecidas asomaban de entre las sábanas para detener el taladrante sonido.

-Maldita sea, me duelen los brazos –protestó Chiaki intentando alcanzar su despertador.

-¡Haz callar eso! –protestó Zoe con la almohada en la cabeza.

-Lo siento… Tengo agujetas en los brazos…

-Claro, tú y las topofans… Ya lo callo yo –Zoe se levantó y detuvo la alarma del reloj.

-Gracias… Y lo siento de nuevo… Por suerte hoy no tengo gimnasia –sonrió Chiaki levantándose.

-Mejor pues. Me debes una por lo del despertador…

-Anda, no me seas tan rencorosa, Zoe…

-¡Me ha fastidiado el sueño! –chilló dramáticamente.

-Ah, claro, Kouji… Jo, jo, jo…

-No tiene gracia, seguro que a ti no te ha pasado eso, ¿o sí? –preguntó pícaramente.

-No sé con qué soñaba, lo he olvidado…

-Vaya, tú… Bueno, hora de vestirse. ¿Te ves capaz de sacar ropa limpia del armario o te ayudo?

-No creo ni poder coger mi cartera…

-Mejor pues –susurró Zoe abriendo el armario y empezando a rebuscar ropa −. Una ducha y con el agua fuerte que golpee los músculos y luego a vestirse. Yo te dejo la ropa preparada y todo antes de ir a espabilarme con agua.

-Voy, voy –se levantó la otra arrastrando los pies −. Cielos, cómo me pesan los brazos…

La puerta se cerró tras ella y una gran sonrisa malvada apareció en el rostro de Zoe. Sin perder tiempo, volvió a rebuscar en el armario.

-Muy bien, a ver qué tenemos por aquí…

-Zoe, ¿no estáis siendo un poquito malas con Chiaki? –preguntó inocentemente Tamekimon.

-A vosotras dos ni se os ocurra ir a chivarlo a Allymon e Yla, ¿eh? –dijo volviéndose hacia el escritorio donde reposaba su dispositivo.

-De acuerdo, nosotras dos calladitas –respondió Kim.

-Así me gusta. ¡Ah! Ya la tengo.

Sacó la ropa y la observó detenidamente. Aguantando la risa, dejó las prendas encima de la cama de Chiaki, preparó también su ropa y salió corriendo hacia las duchas. Aprovecharía la lentitud de la otra por culpa del dolor de sus brazos para ducharse rápidamente y salir ambas hacia el dormitorio, simplemente para asegurarse que se vestía con aquellas prendas.

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Yumi observó, sentada en su cama, el reloj. Iba vestida, sin embargo, seguía con el pelo revuelto de la almohada. También su cuarto estaba algo destrozado, con las sábanas tiradas hacia un lado y ropa medio salida en el armario. Sonrió, desvió la vista del despertador y cogió aire.

-¡MALDITA SEA, ME HE DORMIDO! –chilló con todas sus fuerzas. Enseguida oyó ruidos en la habitación de al lado.

-¡YUMI, BRUJA! ¡ERES UNA MALDITA DESPISTADA! ¿EN QUÉ SOÑABAS? –se oyó protestar a Kouji.

-¡Si llegamos tarde nos…! –un golpe seco alertó incluso a la muchacha −. Tranquilos, estoy bien…

-Koichi, no es momento para seguir haciéndose la momia dentro de las sábanas. Levántate de una buena vez que llegamos tarde –espetó Kouji.

Las sábanas de ambas camas volaron al mismo tiempo que los pijamas. Kouji alcanzó el armario y cogió la primera prenda que vio, lanzándola sobre su hombro.

-¡Eh! Es negro…

-Calla, Koichi, es lo primero que te he pillado. Vístete ya.

-Pero yo quiero el…

-No estoy para buscarte el pantalón que más te guste –dijo mientras estiraba de un pantalón claro −. Maldita sea, he tenido que pillar el blanco… Espero que no me digan de jugar a fútbol o lo mancharé de lo lindo…

-¡Eh, chicos! –los golpes de Yumi en la puerta eran insistentes −. ¿Estáis?

-¡Pero si acabas de despertarnos! –protestó Koichi −. Y a demás, no quiero ponerme hoy este pantalón.

-¡Koichi, no es momento de criaturadas! –gritó Yumi abriendo la puerta.

-¡Pero que no te hemos dado permiso! –protestó Kouji lanzando una camisa oscura a su hermano.

-¡Dame algo claro, por favor! –pidió Koichi al recibir la camisa.

-¡Que te calles, Koichi! –Kouji, aunque hacía ver que cogía las cosas de cualquier modo, intentó buscarse algo que no desentonase con el pantalón claro que intentaba ponerse con una sola mano.

-No tenemos tiempo, primo, así que venga –Yumi empezó a ponerle la ropa a toda prisa, escuchando las protestas del chico.

-¡Yumi! Dime por favor que soñabas con Ulrich y por eso te has dormido –la chica se volvió con mirada inquisidora hacia Kouji, el cual sacudió rápidamente la cabeza y señaló hacia la puerta.

-¡Hiroki, maldito mocoso, no soñaba con nadie! –gritó la chica lanzando una zapatilla que tenía al lado.

-¡Que es lo que me tengo que poner en los pies! –le gritó Koichi.

-Pues luego la coges cuando salgamos. ¿Tenéis las mochilas listas al menos? –preguntó Yumi.

-Sí, tuve la decencia de prepararla anoche y obligar a Koichi a hacerlo porque los lunes son odiosos –respondió Kouji, sentado en el suelo, atándose las bambas −. Ale, listos. Vámonos ya.

-¡Peinaos al menos! –les chilló la chica.

-Tú también vas despeinada, así que a ver quién va primero.

En la planta baja, la madre de Yumi observaba desde la escalera, preocupada por el ajetreo que se oía en el piso superior. Suspiró y dejó a la vista los platos con las tostadas del desayuno. A los pocos segundos, los cuatro chicos aparecieron bajando las escaleras de tres en tres, bebiendo a toda pisa los zumos y atrapando las tostadas.

-¡Hasta luego, mamá! –se despidió Hiroki.

-¡Tardaremos en regresar! –gritaron los otros tres y, tras ellos, se oyó el golpe de la puerta de entrada al cerrarse.

-Adios, chicos… Bueno, a recoger el estropicio de esos cuatro… Qué raro, no he oído el despertador de Yumi hoy…

Hiroki corría con la tostada en la boca, observando cómo sus dos primos e incluso su propia hermana corrían por delante de él, abriendo cada vez más y más distancia entre ellos. Volvió a coger la tostada y, con gran esfuerzo, intentó llamarles para que le esperaran.

-Cielos, Yumi, cámbiale la pila a tu maldito despertador –protestó Kouji.

-¡Ayer funcionaba! –se defendió la joven.

-Pero eso no quita que hoy haya decidido no funcionar como ayer –siguió Koichi pegando otro mordisco a su tostada.

-Al menos podemos llegar a clase –dijo rápidamente Yumi pegando también un bocado a su tostada.

-Oye, ¿no nos olvidamos de algo? –preguntó Kouji imitando a los otros dos.

-¡Hiroki!

Los tres frenaron en seco y se giraron. Totalmente rojo, con una tostada en cada mano, claramente asfixiado, Hiroki corría hacia ellos pesadamente. Yumi no pudo evitar dejar de lado todas las rabietas con su hermano al verle persiguiéndolos de aquella forma.

-Vale, Hiroki, te llevo a cuestas, pero no te acostumbres –Yumi se soltó la mochila, pasándosela a los gemelos y se agachó.

-Gra… cias… Yu… mi…

-Cógete bien, ¿eh?

-Pero si lleva las tostadas en las manos –señaló Kouji aguantando la risa.

-Yo… me… cojo… bien… tran…quila…

-Nos hemos pasado un poquito –dijo Koichi acabándose su tostada −. Eso o tenemos que ponerle más en forma.

-Yo opino por seguir corriendo –dijo Yumi con su hermano ya a cuestas.

Los tres volvieron a correr a aquella velocidad que Hiroki pensó endiablada. Aún entraba gente a Kadic cuando ellos llegaron, respirando algo agitados pero no tan agobiados como el pequeño de la familia había estado el trozo que había corrido por su propio pie.

-Al menos, hemos llegado a tiempo –sonrió Koichi.

-Claro, menuda carrera nos hemos dado –le dio un golpe Kouji.

-Mirad, ahí están los demás –señaló con la cabeza Yumi.

-Oye, Yumi… Ya puedes bajarme –susurró algo avergonzado Hiroki.

-Ah, perdona –la chica se agachó y soltó las piernas de su hermano −. Acábate el desayuno, ¿vale?

-Sí, claro… Hasta más tarde –Hiroki empezó a alejarse, mordiendo las tostadas.

-¿Creéis que sospecha algo por nuestra resistencia? –preguntó Yumi a los gemelos ya caminando hacia sus amigos.

-¡Venga ya! Estás paranoica, prima –le respondió Kouji.

-Anda, Kouji, te han logrado cortar el pelo –dijo Takuya mirando al chico vestido de oscuro.

-Hola, Takuya, parece que acabas de despertarte tú también –habló Kouji al otro lado.

-¿Eh? Espera, si esté es Koichi… ¿Por qué vas de claro hoy? Normalmente sólo te vemos así cuando haces "eso" –dijo Takuya señalándole.

-A Yumi no le ha sonado el despertador y ya te puedes imaginar. Coge ropa del armario y reza para que lo que pilles no sean dos camisas o algo imposible de combinar.

-Vamos, que os habéis dormido –rió Odd.

-Al menos vais bien vestidos –observó Chiaki −. Quiero decir, el pantalón y la camisa al derecho, las zapatillas no son las de ir por casa…

-Ya, te hemos entendido… Por cierto, ¿y esas ropas? –señaló Yumi con una sonrisilla.

-Ah, me la ha sacado Zoe… Tengo unas agujetas en los brazos que no me los aguanto –respondió.

-Me ha parecido cuca esa falda negra con la camisa lila –dijo Zoe.

-Sí, se la ve guapa –agregó Yumi. Chiaki se sonrojó aunque enseguida sacudió la cabeza.

-Bueno, vamos para clase –dijo empezando a caminar.

El resto la siguió debido a que el timbre sonó indicando el inicio de las clases. Por el pasillo, Yumi y Zoe se reían en silencio.

-Fíjate, no le quita la mirada de encima –señaló Yumi disimuladamente a Koichi.

-Creo que lo que sea de color oscuro le llama la atención, sea lo que sea –aguantó la risa Zoe.

-Chicas –Kouji apareció entre ambas, asustándolas por un instante −, que sepáis que no voy a volver a colaborar con vosotras en algo como lo de hoy.

-De acuerdo, de acuerdo –rió Zoe antes de darle un beso en la mejilla −. Tendrás tu recompensa. Ah, ¿ni tiempo para peinaros bien habéis tenido?

-Je, je…

Cada cual se fue a su clase, a soportar las aburridas horas con los profesores y deseando con ansias que llegase la tarde para marchar al Digimundo. Aunque nadie lo había manifestado todavía, todos tenían ganas de regresar donde tiempo atrás habían vivido y probar aquellas salas de entrenamiento.

La campana de la hora de la comida sonó a bendición para el grupo, que corrió a reunirse para caminar hacia la cafetería. Gatomon se les unió, fingiendo ser la adorable mascota de Kadic pero atenta a todas las conversaciones. Cada cual hablaba de algo diferente hasta que acabaron de coger la comida y se sentaron todos en las mesas que ocupaban.

-Cuéntame cómo ha estado –pidió Yumi en susurros a Kouji.

-Algo nervioso, creo que no atinaba con las cuentas –respondió el chico.

-Para mí que en la clase de matemáticas, la mitad de las ecuaciones le daban como resultado "Chiaki de negro" –se apuntó Zoe y los tres empezaron a reír.

-¿Ah? ¿Ya me he vuelto a perder un chiste? –preguntó Odd mirando al trío.

-Algo así –respondió Kouji −. Recuérdanos que te lo contemos más tarde.

-Y fíjate, sigue mirándola –susurró Zoe señalando con cuidado al otro gemelo.

-Sí que le ha pegado fuerte verla otra vez de negro –negó con la cabeza Yumi intentando no reír fuerte.

-Eh, Koichi –llamó Kouji, pero su gemelo ni le escuchó −. Koichi –insistió, pero nada. Su gemelo no reaccionaba −. Está bien pues… Loewemon –dijo en susurros.

-¡Kouji! ¿Qué no ves que pueden descubrirnos? –reaccionó al fin Koichi.

-Aleluya, te he bajado de cierta nube azul –sonrió el otro.

-¿Nube azul?

-Cuya dueña va de negro –se apuntó Zoe sonriente.

-¿Dueña de negro?

-La nube azul que con tanto mimo le construiste a Chiaki, la chica que precisamente hoy viste de negro a parte de mí –alargó Yumi.

-¡Shhhhh! Como alguien oiga eso de la nube…

-Ala, Koichi, que estabas tan absorto mirándola que ni te das cuenta que Takuya y Odd se rifan tu plato –señaló Zoe.

-¿Mi plato?

-Madre mía, sí que le afecta fuerte el amor a mi hermano –suspiró Kouji regresando de nuevo a su plato.

-¿El amor? –la pregunta de Koichi fue casi un grito que silenció a todos −. Ah… esto… No me hagáis caso –sonrió tontamente.

-En serio, Koichi, andas muy despistado. ¿Se puede saber qué te ocurre o en dónde diablos tienes perdida la mente? –preguntó JP haciendo que el chico, inexplicablemente, se sonrojara.

-¡Es culpa de mi hermano!

-Sí, claro, échamelas a mí todas –siguió Kouji volviendo a enrollar los espaguetis en el tenedor.

-¿Pensabas en tu hermano? –preguntó Teppei un tanto despistado.

-Claro que no.

-¿Entonces? –esta vez fue Katsuharu quien soltó la pregunta que puso más nervioso al chico de negro.

-Nada, no pensaba en nada ni en nadie –respondió atacando su plato.

-Qué lástima, pensaba que sí tenías a una chica en mente –rió Yumi provocando que el de cabello corto se atragantara y empezara a recibir palmadas de su hermano.

-Ya, ya pasó…

-¡YUMI! No me hagas hablar de ti y tu "no… –empezó a chillar Koichi de pie, pero otra figura se alzó a su lado.

-Eh, a mi prima la dejas tranquila –saltó Kouji en defensa de la chica.

-¿Qué? –todos, salvo Yumi y Zoe, se sorprendieron de aquel repentino gesto.

-¿He dicho algo malo? –preguntó Kouji mirando a todos.

-Kouji, me estás dando miedo –dijo Koichi −. A ti llevar ropa blanca te afecta mucho. Y negativamente, tengo que añadirlo.

-Sí, sí, claro… Ni se te ocurra meterte con Yumi, ¿capici hermano? –dijo haciéndole sentar.

-Vale, vale… A sus órdenes…

Kouji volvió a sentarse mientras todos observaban en silencio, sin saber qué hacer o decir. Yumi sonreía agradecida mientras Zoe se ponía a comer para evitar reír a carcajadas.

-Bueno, ¿qué haremos después de clase? –preguntó Kouji al notar el repentino silencio en todo el grupo. Incluso los D-Tectors estaban demasiado tranquilos.

-¿Qué? Oh, cierto… ¿Qué os parece ir al Digimundo, a nuestra acogedora casa, a entrenar? –propuso Jeremy.

-¿Eres telepático tú también o qué? –preguntó Odd −. Yo pensaba en eso.

-Todos pensábamos en eso, Odd –confesó Sissi −. Después de ver lo que había allí, parece que todos tenemos ganas de regresar aunque haya algunos que no recordamos absolutamente nada.

-Sissi tiene razón. Incluso yo, que ni tan siquiera voy a recordar nada, tengo ganas de ir allí de nuevo –dijo Arya.

-Es mejor que no recuerdes nada –le dijo Yumi empezando a beber −. A demás, con los dos enanos que te han tocado…

-Le doy la razón a Yumi –afirmó con la cabeza Tommy −. Capaz serías de tener visiones de todo lo que ese par tramaba y tendrías ganas de pedirnos perdón a todos cuando los causantes de todo eran ellos.

-Empiezo a tener miedo de querer recordar –dijo Teruo −. Si tanto Yumi como Tommy han tenido "malos recuerdos" con la presencia de los dos Crosseds…

-También habrán cosas buenas con ellos, ¿no? –preguntó Katsuharu.

-Sólo si fuiste compañero de juegos –soltó Teppei.

-Eso me recuerda… Ancient Sphinxmon solía jugar mucho con ellos –susurró Gatomon dejando su plato de pescado un momento.

-Oh, no… Voy a recordar cómo me gritaban…

-Tranquilo, parece que a mí también me chillaron y no en mis recuerdos –suspiró Ulrich. Al instante recibió una mirada asesina de Yumi.

-Ni me lo recuerdes, Stern –susurró casi con otra voz la morena.

-Bueno, bueno, no quiero peleas –pidió Chiaki intentando alcanzar a alguno de los dos, pero el dolor de brazos la hizo estremecerse ligeramente −. Au… No sé si podré entrenar yo… Estoy molida…

-Pues tendrás que quedarte ayudando –dijo Neila −. O estirada en tu camita. Serás la primera en reestrenar vuestras camas –rió.

-Tienes razón.

Acabada la comida, Gatomon decidió marchar hacia la fábrica para avisar a los demás de los planes de la tarde mientras los chicos regresaban a las clases. Si antes ya les parecían pesadas y agotadoras, las dos simples horas de la tarde les parecieron eternas, un infierno interminable. Algunos daban golpecitos en la mesa, impacientes por salir de allí. Incluso a Leire no le importó que Takuya se moviese nerviosamente en la silla a su lado, haciendo ruiditos o susurrando "venga, venga" cada dos por tres.

Cuando al fin sonó el timbre de final de las clases, el grupo salió corriendo a mayor velocidad que al mediodía. Se notaban las ganas de regresar al Digimundo a cada paso que daban hacia la fábrica, a la cual llegaron en tiempo récord. Los otros cinco digimons esperaban pacientes en el último piso, preparados para ayudar en todo lo que fuese necesario.

-Bien, Ace, ya sabes qué hacer –dijo Arya alzando su D-Tector y apareciendo el digimon plateado.

-¿Directamente en casa? –preguntó.

-¿Puedes hacerlo? –preguntó Odd sorprendido.

-Puedo abrir portales a cualquier sitio. Si quieres, te envío a la luna, aunque sin oxígeno…

-Venga, llévanos a casa –pidió Arya.

-Está bien. A casa que vamos –sonrió el gato haciendo aparecer el vórtice en la pared −. Las damas primero.

-¿Y ahora a qué viene eso? –preguntaron Odd y Takuya, dispuestos a pasar a toda velocidad.

-He dicho las damas primero –repitió Ace mostrando una de sus garras.

-Yo le haría caso –canturreó su hermana desde el D-Tector.

-Hasta en esto tenemos que quedarnos atrás –dijo exasperado el rubio mientras veía a las chicas pasando. Cuando la última hubo pasado sonrió −. Ahora sí podemos pasar, ¿verdad?

-Claro, no sé a qué esperas –respondió Jeremy que ya empezaba a atravesar el vórtice.

-¡Eh! ¡No se vale pasar por delante de Odd el Magnífico!

-Odd el Magnífico, te quedas atrás –rió Takuya.

Al otro lado, las chicas esperaban hasta que el grupo volvió a estar reunido. Incluso los digimons iban saliendo tal y como los humanos llegaban a la casa. Takuya ni tan siquiera se quedó, siguió corriendo hasta encerrarse en la sala llamada "Sauna".

-¡Ábreme la puerta! –gritó Odd. Labramon le siguió algo preocupado.

-¡Vete a otro lado! –respondió también a gritos Takuya.

-Será egoísta quedándose una sala para él solito ya –se cruzó de brazos Neila.

-Da igual, hay otra puerta para acceder desde el jardín –sonrió Timy.

-Pues se va a llevar un chasco cuando la descubra –rió Leire caminando hacia el exterior.

-Venga, cada cual a entrenar donde le apetezca. Tenemos un par de horas buenas hasta que nos toque regresar a la Tierra –informó Jeremy.

-Oye, Koichi, ¿te importaría ayudarme? –pidió Chiaki. Algo más alejados, Kouji, Yumi y Zoe observaban aguantando la risa. Renamon, por su parte, observaba tranquila, intentando entender por qué de repente estaban los tres evitando hacer ruido.

-Tú dirás.

-Es que no tengo muchas fuerzas para pelear lo que sería golpeando, pero quiero practicar una cosilla, si no te importa…

-Claro, ¿de qué se trata? –dijo acompañándola hacia la "Piscina".

-Mal, Koichi, mal –negó con la cabeza Kouji mientras las dos chicas reían −. Así claro que se nos ocurren muchas cosas para decirte que son, a demás, verdades como catedrales de grandes.

-Ay, cielos… E imagino que el tonto va a estar tan tranquilo y sin inmutarse –rió Yumi.

-¿Después de lo pensativo y nervioso que ha estado todo el tiempo y que no dejaba de mirar a Chiaki cuando estábamos todos juntos? Creo que sí se dará cuenta, o al menos un poquito –rió Zoe.

-Si estas dos horas ha estado más en las nubes que en la materia –comentó Kouji.

-Bueno, vamos a aprovechar el tiempo. ¿Os encerraréis en alguna sala o algo? –preguntó Yumi haciendo un gesto a Renamon.

-Paso. Seguro que Odd y Takuya lo ocupan todo, en la otra la parejita estará bastante en las nubes para fijarse en dónde apuntan y creo que todo el mundo se irá a la última. Me voy al patio o a un árbol a meditar antes que entrar allí –negó con la cabeza Kouji.

-Ya somos dos –se apuntó Zoe.

-Cuatro. Renamon y yo también nos quedamos en el exterior –suspiró Yumi −. ¿Vamos ya? –los otros dos afirmaron.

-Yumi –llamó Renamon −, tengo la sensación de estar plenamente en casa.

-Es normal, aquí vivíamos –respondió Yumi.

-Sí, pero quiero decir como si el tiempo hubiese retrocedido hasta los primeros días de estar aquí –explicó Renamon.

-En cierto modo, a todos nos pasa –sonrió Zoe −. Lo tengo decidido: cuando acabemos con todo esto, me vendré a veranear aquí.

-Eh, no te olvides de mí. ¿O pensabas venirte tú solita y dejarme a mí en la Tierra?

-Ah, romanticismo… Yo me adelanto –dijo Yumi empezando a pasar hacia la puerta de salida mientras los otros dos se reían.

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La Aldea de los zorros seguía hundida en el silencio. A gran distancia de la casa de los Guardianes, con el espeso bosque alrededor, aquel lugar era un punto incomunicado del resto del Digimundo. Las cabañas estaban destrozadas, no había ni rastro de los bebés que un día antes estaban correteando alrededor de la anciana de la aldea. Incluso el resto de habitantes seguían inconscientes en el suelo, aunque de haber estado conscientes, algunos no podrían moverse o producir algún sonido por las heridas que aquella gran mole les había causado con total facilidad.

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Ranamon se preparó mientras Reichmon empezaba a crear un oscuro ambiente en aquella sala. Sólo se oía la respiración de la guerrera del agua.

-Bien, ya tienes la sala a oscuras –indicó el de la oscuridad −. ¿Seguro que quieres que te ataque?

-Sí –respondió decidida Ranamon −. Ya que no puedo atacar, me esforzaré en entrenar la defensa. No te quedes quieto en un sitio, ¿vale?

-Está bien –respondió el otro −. ¿Estás preparada?

-Cuando quieras.

Reichmon jugaba con cierta ventaja. Él podía ver perfectamente cualquier cosa dentro de aquella espesa oscuridad que había creado, como si no existiese aquella barrera. Le había sorprendido que la chica le pidiese ayudarla en aquella forma de entrenamiento y, debía admitirlo, admiró el valor que mostraba por ello. Allí, en mitad de la sala completamente oscura, respiraba con tranquilidad esperando sentir el primero de los ataques para esquivarlo. El guerrero de la oscuridad cambió de posición en absoluto silencio y empezó a lanzar varios ataques antes de moverse hacia otro lado, dando inicio al entrenamiento.

-Sí, esto es lo que quería –sonrió satisfecha Ranamon empezando a moverse de un lado para otro esquivando ataques a ciegas.

Algún que otro ataque le llegaba a dar o a rozar, aunque sintió que no eran ni tan siquiera dolorosos. Más bien eran molestos. Hubiese preferido algo más de riesgo, pero el chico le hizo comprender que, siendo un entrenamiento, no debía exigirse tanto desde el principio.

-¿Cómo vas? –preguntó Reichmon, aunque él veía perfectamente cómo iba la otra digimon.

-Bien, tranquilo –respondió volviendo a esquivar ataques.

Pasaron varios minutos más hasta que uno de los ataques impactó de lleno en el cuerpo de Ranamon, haciéndola caer. Reichmon estaba convencido que no había usado demasiada energía, pero igualmente dejó de atacar.

-¿Estás bien? –preguntó arrodillado ya junto a ella.

-Qué rápido eres… –susurró Ranamon. Estaba claramente cansada, respirando algo más agitada.

-Yo sí te veo con total claridad.

-Es verdad –respondió la otra volviendo el rostro hacia otro lado algo sonrojada.

-¿Quieres que descansemos un rato?

-Sí, claro. Pero deja la sala a oscuras, por favor –pidió −. Seguro que te cansa tener que crear este ambiente, así que mejor no te obligo a repetirlo –eso último fue una mentira para poder continuar ocultando su sonrojo en la oscuridad, aunque aquello de que él la veía claramente la ponía algo nerviosa.

-Está bien.

Ambos se sentaron en el suelo, espalda contra espalda, en silencio. Ranamon respiraba todavía agitada, a la vez que su corazón latía desbocado. Rezó mentalmente para que, de oírse aquellos latidos fueran asociados a su cansado entrenamiento.

-Deberías mover algo más los brazos, así esquivarás más ataques –dijo de pronto Reichmon −. Sé que te duelen de las agujetas de ayer, pero en una batalla no te servirá de nada excusarte con dolores.

-Lo sé…

-Por lo demás, lo estás haciendo muy bien.

-Gracias… ¿Tienes idea de cuánto tiempo nos queda? –preguntó girando un poco el rostro −. ¿Reichmon? ¿Estás bien?

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La sala estaba casi a oscuras y medio inundada. En un extremo, Mermaimon resoplaba algo cansada, pero seguía manteniendo con fuerzas su ancla. Ancient Sphinxmon rió ante aquel gesto.

-¿Aún más?

-No me he rendido todavía –respondió la sirena.

-Anda y ten un poco de compasión conmigo, que llevo dos horas en remojo y sin descanso. ¿Quieres que me resfríe?

-¿Estás rindiéndote?

-¡Qué va! –rió la bestia de la oscuridad −. Bueno, te tengo que ganar para salir de aquí, ¿no?

-Exactamente. ¡Bombardero del Norte! –Mermaimon lanzó con fuerzas su ancla. El otro, sin embargo, la esquivó, haciendo que golpease varios de los maniquís al fondo de la estancia, rompiéndolos todos.

-Bueno, pues si estamos con esas… –sin dudarlo, se alzó sobre las patas traseras y empezó a recolectar energía oscura en su boca. Cuando aquella esfera fue lo que consideró suficientemente grande, volvió a dejarse caer hacia delante −. ¡Necro eclipse!

Mermaimon se apartó rápidamente aprovechando el agua de la sala para esquivar el ataque, pero no se esperó encontrarse de pronto con Sphinxmon tras ella, dándole un simple golpe con la cola.

-Vamos, sé que no te ahogas bocabajo –dijo el de la oscuridad pasando a su lado tranquilamente.

-Esto aún no ha acabado –alzó la cabeza la sirena.

-Vale, vale –suspiró el otro volviendo a posicionarse a un lado de la Piscina.

-Ese golpe lo has lanzado a traición –señaló enfadada la del agua −. ¿Querías acabar conmigo o qué?

-¿A qué viene eso? Yo quiero salir de aquí y, a no ser que vacíes esto, no puedo hacerlo…

-¡No me vengas con otras cosas! De aquí no te largas hasta que me ganes –dicho aquello acabó de enderezarse y se preparó para lanzar un ataque. Sin embargo, para sorpresa de ambos, empezó a brillar.

-¿Estás dedigievolucionando por agotamiento? –preguntó Sphinxmon.

-No… –sorprendida, la otra se observó detenidamente.

-¡Es perfecto! ¡Has alcanzado el cuerpo supremo! –se le acercó el otro.

-Por fin… Ya he… Vale, se acabó el entrenamiento –sonrió Ancient Mermaimon moviéndose hacia la pared donde se suponía estaba el botón que permitiría vaciar la estancia de agua −. Sphinx, no veo absolutamente nada.

-Perdona, perdona –rió el otro. Alrededor, la oscuridad empezó a disiparse, dejando la sala iluminada por la poca luz del exterior.

-Ya verás qué cara se le queda a Grey… ¡Más le vale a Persiamon ponerse las pilas o la remojaré hasta que digievolucione! ¡Hemos de ganar la apuesta sí o sí! –dijo junto a los botones.

-Venga, mujer, no seas tan dura… –intentó reír Sphinx, pero al volverse hacia la sirena recién digievolucionada se quedó sin palabras. Podría ser efecto de la luz del atardecer, pero había algo en aquella digimon que le dejó sin palabras −. ¿O será lo que mi hermano me suele comentar bromeando sobre "el encanto de las sirenas"? Cielos, ¿en qué demonios estoy pensando ahora?

-¿Te pasa algo, Sphinx? Sphinx, responde… Sphinx…

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-Reichmon, por favor, empiezo a preocuparme –sacudió Ranamon aguantando las ganas de llorar.

-¿Qué?

-¡Al fin! ¿Qué te ha pasado? No me respondías…

-Lo siento, me he quedado un poco traspuesto…

-Estás muy cansado por ayudarme, ¿verdad? –no pudo evitar derramar un par de lágrimas.

-No, no, es que me ha venido un recuerdo de repente –dijo rápidamente al verla llorando −. Me he quedado traspuesto, como les ha pasado a los demás cuando recordaban algo del pasado.

-¿En serio? ¿Y qué era? –quiso saber la otra.

-Pues de esta sala… También entrenábamos en condiciones parecidas a lo que hacemos ahora –explicó −. Y justo en uno de esos entrenamientos, digievolucionaste a Ancient Mermaimon.

-¿Y en qué nivel estabas tú? –preguntó con curiosidad.

-Ya era Sphinxmon –dijo haciendo memoria.

-Lástima… Creí que te habría superado…

-¡Je, je! Seguro que aún quedaba algún chico más a parte de Kitsumon. Bueno, ¿continuamos el entrenamiento? Si estás descansada ya, claro.

-Por mí vale, pero ¿seguro que tú puedes? Estás como si acabaras de despertar de un largo sueño…