Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Epílogo

―Es tan... hermosa.

Paso el dorso de los dedos sobre la suave mejilla y abrazo a la pequeña niña más cerca de mí. Edward sonríe mientras yo inhalo el aroma de su pelo.

―¿Qué? Tiene ese olor a bebé, ―digo con un gruñido juguetón―. Déjame en paz.

Él hace lo contrario y se acerca más.

―Ya la has tenido mucho tiempo. Entrégala, mujer.

Suspiro mientras coloco el envuelto montoncito en sus brazos. Ahora siento los míos vacíos. Al menos tengo el placer de ver a un hombre adulto convertido en gelatina cuando Julia abre su pequeña boca y bosteza.

―Así que, ¿cómo está la mamá?

Jessica cambia de postura en la cama del hospital antes de responder a mi pregunta.

―Bueno, me siento mejor que ayer a estas horas, ―contesta con una sonrisa de dolor―. El parto natural es real, realmente terrible.

Asiento como respuesta a su comentario, incluso aunque no tengo experiencia de primera mano. Me pregunto si alguna vez la tendré. Jessica me estudia la cara como si supiera lo que estoy pensando.

―Y, ¿qué hay de ti y Edward? ―pregunta con voz baja―. ¿Tenéis planes de crear vuestra propia tropa de pequeños Cullen?

Miro a mi marido, que está hablando con Sandra, la orgullosa abuela, mientras Julia duerme en sus brazos.

―Lo hemos hablado, ―murmuro―. Aunque yo no estoy muy segura todavía. Ya sabes porqué.

―Oh, claro. Porque estás "defectuosa". ―La mirada de Jessica destella de ira―. Bueno, supongo que eso significa que yo también lo estoy. ¿Crees que he hecho mal al tener a Julia?

―¡No! Por supuesto que no, ―protesto―. Además, tu situación es diferente. Si yo intentara tener hijos, estaría condenándoles a sabiendas a una vida de tortura mental.

―Oh, ya veo. Julia te parece bien porque fue un accidente. Pero si tomase la decisión consciente de tener hijos, ¿entonces sería un monstruo sádico?

―Yo... no, eso no es lo que... venga, Jess, sabes que no estoy diciendo eso.

Pero cuando me inmoviliza con una mirada, me admito a mí misma que estaba pensando exactamente eso de mi propia situación.

Como le había dicho a Jessica, Edward y yo hemos hablado sobre formar una familia. Él no esconde su deseo de tener hijos, pero es lo suficientemente comprensivo como para no presionarme. Sabía antes de que nos casáramos el año anterior que yo no me había decidido sobre el tema. Él aceptará sin quejas mi decisión de no tener hijos biológicos.

Pero, para mí, no es cuestión de si quiero quedarme embarazada -quiero y mucho. De verdad quiero tener la experiencia única de tener y criar un hijo. No, la cosa es si debería. Puedo hacer una lista con todos los argumentos en contra. Por otro lado, la única razón para traer a una nueva persona al mundo -una que podría verse afectada por la misma depresión que yo- es puramente egoísta.

―Cuando lo piensas, eso vale para cualquiera que quiera tener hijos, ―había refutado Edward―. A diferencia de la época de Shakespeare, el mundo no necesita ser poblado. ―También había señalado que todos los padres se arriesgan a pasar genes indeseables y que incluso dos personas perfectamente "normales" pueden producir un asesino en serie.

Eso no me hace sentir mejor.

―No es raro sentirse así, ¿sabes? ―dice Jessica, captando de nuevo mi atención―. Estoy segura de que en la descripción del trabajo de padre está preocuparse sobre todo en lo que se refiere a sus hijos. La gente con desordenes genéticos tiene además sus preocupaciones propias. Pero tú y yo... nosotras también tenemos una ventaja que no tuvieron nuestros padres. Nosotras conocemos nuestras condiciones y tenemos mucha experiencia superándolas. Podemos reconocer las señales y seremos capaces de ayudar a nuestros hijos desde el principio. Puede que sus síntomas no sean tan malos gracias a ello. Y, por supuesto, puede que ni siquiera llegue a convertirse en un problema. ―Le sonríe a su recién nacida―. Nunca se sabe.

Edward y yo pasamos un poco más de tiempo arrullando a Julia y hablando con las dos adultas antes de volver a nuestro hotel. Es pronto para acostarse, así que nos sentamos en la cama y hacemos zapping. Ninguno encuentra nada interesante, así que Edward abre el Wall Street Journal en su portátil mientras yo respondo algunos emails en el mío.

―¿Alguna petición de más tiempo en el último minuto? ―pregunta, ojeando un artículo en su pantalla.

Yo resoplo de una forma muy poco atractiva.

―Más vale que no. Les he dado a esos niños tiempo más que suficiente para terminar sus proyectos, ―digo, refiriéndome a mis alumnos de Algoritmos Avanzados―. La única excusa que aceptaré es la muerte o el desmembramiento.

―Bueno, entonces está bien, ―dice Edward, riendo y dándome un ligero empujón a través de nuestras piernas entrelazadas―. Está bien que haya recordado sacar la basura antes de marcharnos, no querría estar a malas contigo.

Él devuelve su atención a su portátil y yo intento concentrarme en mi tarea. Sin embargo, me encuentro a mí misma mirando de forma ausente mi bandeja de entrada mientras mi mente vuelve a la conversación que he tenido con Jessica.

He recorrido tanto camino desde mis días en el Centro y, en general, he hecho las paces con la persona que soy. Pero pensar en tener hijos levanta los restos de mis inseguridades y los trae a la superficie. Es una decisión monumental y me aterroriza cometer un error.

―Te estás obsesionando otra vez, ¿verdad?

La mirada que le echo a Edward como respuesta es un cruce de una sonrisa tímida y un ceño fruncido. Él deja su portátil en la mesita de noche y gira su cuerpo hacia mí.

―Lo sé, lo sé. Es como pedirle al sol que deje de brillar, ―dice ligeramente, cogiendo una de mis manos en las suyas―. ¿Puedo ayudar de alguna manera?

―Um... ¿diciéndome qué hacer?

Estoy bromeando, por supuesto... en su mayor parte.

Edward escucha la desesperación en mi voz. Aparta mi portátil y nos tumba a los dos en la cama.

―Bueno, teniendo en cuenta que sabes que te apoyo de forma incondicional, finjamos por un momento. Es mañana por la mañana y estamos a punto de visitar a Jess una última vez antes de volver a casa. Pero, ¡oh, no! De repente sientes nauseas y vas corriendo al baño. Entonces te das cuenta de que tienes un retraso. Yo voy corriendo a comprar una prueba y tres minutos más tarde, después de hacer pis en el palito: ¡sorpresa! Vamos a tener un bebé. ¿Cuál es tu primera reacción?

Tengo literalmente que obligarme a bajar las comisuras de mis labios por la sonrisa tonta que están formando. Puedo ver en mi cabeza el escenario que Edward ha descrito, y me siento llena de felicidad y anhelo.

Él no espera a que hable.

―Eso imaginaba, ―dice, escondiendo su propia sonrisa―. Vale, guarda esa idea durante un minuto. Ahora estamos en una clínica de fertilidad. Llevamos meses intentándolo sin éxito. El médico entra, me da una palmada en la espalda y dice, "Lo siento, amigo, disparas balas de fogueo". ¿Cómo te sientes?

Se me abre la boca.

―¿Estás de coña?

―¿Qué, eso no te vale? ―Se encoge de hombros―. Bien, el médico entra, te da una palmadita en la espalda y dice, "lo siento, señora, está tan desierta como el Sáhara. Nada de bebés para...

―¡Edward! ¡En serio, me hago una idea! ―resoplo. Se me pasa por la cabeza la idea de lanzarle una almohada, pero tiene un aspecto demasiado adorable con esos ojos verdes llenos de malicia. En su lugar, le echo una mirada de enfado.

Él no se siente disuadido.

―¿Y? ―me presiona―. ¿Cómo imaginas que te sentirías?

No necesito imaginar nada. En cuando el asombro desaparece, una pesada ola de pérdida intenta ahogarme. Estoy llorando algo que nunca he tenido.

―Guau, guau, está bien, cariño. Lo siento... ven aquí.

Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando. Edward me rodea con sus brazos y me sostiene cerca de él mientras yo me sorbo la nariz contra su camisa.

―No pretendía ponerte triste, ―murmura―. Solo creí que si te ponías en cada situación y tenías en consideración lo que te decían tus instintos, tal vez...

―Hagámoslo, ―digo, apartándome de repente y mirándole a los ojos―. Vayamos a por un bebé.

―¿De verdad? En plan, ¿ahora mismo? ―Mueve las cejas de forma sugerente.

Yo no dudo en quitarme la camiseta mientras le lanzo una amplia sonrisa.

―Claro. Quiero decir, será solo práctica, porque no tengo que ponerme otra inyección hasta...

Mis palabras se desvanecen mientras me concentro en las cuentas. Mientras tanto, Edward me mira con la boca abierta por la incredulidad.

―¿Estás segura? ¿Segura de verdad? Ya sabes que yo estoy dispuesto, pero tú acabas de salir de un ala de maternidad. Todas esas hormonas revueltas... el término "fiebre de bebé" tiene que venir de alguna parte. Estoy bastante seguro de que es algo contagioso.

No estoy prestando atención a lo que dice. Estoy demasiado ocupada intentando contener el creciente entusiasmo por una posibilidad que negaría cualquier otra discusión hipotética.

―¿Cuándo has dicho que tenías que ponerte otra inyección? ―continúa él―. A lo mejor deberíamos esperar un mes o dos antes de intentarlo para que la idea se asiente un poco. Ya sabes, para acostumbrarnos realmente a la idea de ser padres. Por supuesto, siempre me apetece practicar un poco. No, en realidad, mucho. ―Se lleva las manos al borde de su camisa con ansiosa anticipación.

―Deja de intentar quitarte la ropa, ―digo, mirando al techo asombrada.

―Oh... eh, ¿has cambiado de opinión?

Me incorporo en la cama, llevándole conmigo. Mi boca se estira en una cuidadosa sonrisa.

―Ahora escucha, no te hagas muchas ilusiones, ¿vale? Esto es altamente improbable, pero... creo que tenemos que hacer un viaje a la farmacia.

- . - . - . - . -

27 de abril de 2019

Queridísima pequeña Emily,

Se me hace difícil creer que mañana cumplirás un año. Parece que no hace tanto tiempo que todavía te movías en mi interior pero, al mismo tiempo, siento que te conozco desde hace una eternidad. No puedo imaginar mi vida sin ti.

Ha sido un año ocupado para las dos, ¿no crees? Pasaste de ser una pequeña y silenciosa recién nacida en el hospital a una bebé siempre activa, extremadamente entusiasta y muy habladora a la que le encanta subirse encima de todo y corretear por la casa todo lo rápido que puedes. Aun así, nunca he conocido a nadie tan cariñoso -eres capaz de hacer que incluso tu gruñona tía Rosalie sonría y ría.

Veo en ti mucho de tu padre y de mí. Mi pelo marrón oscuro, sus ojos verde mar, mi nariz, su sonrisa malvada. Aunque no tengo ni idea de dónde viene tu energía infinita. A lo mejor de la abuela Renee o de algún gen del tío Emmett.

Como yo, puedes ser demasiado sensible a veces, lo que es la razón por la que me alegro de haber decidido reducir mis clases a solo una online por semestre. Estoy segura de que te habrías acostumbrado a la guardería, pero soy mucho más feliz estando en casa contigo. Además puedo volver a cuidar de tus primos, algo que hace muy felices a todos. Bueno, Isaac no es que esté encantado cuando haces volar sus naves de Lego al lanzarlas por la habitación, pero lo cierto es que no puede estar dejándolas tiradas por todas partes. A veces a mí también me apetece tirarlas, sobre todo cuando piso alguna de las piezas. Esas cosas son peligrosas.

Es increíble lo mucho que he cambiado desde que descubrí que venías. En el momento en que se confirmó mi embarazo el mundo cambió. Ya no se trataba solo de mí. Era responsable de otra vida, una indefensa, y, para asegurarme de que tú estabas sana, yo también debía estarlo.

Tomar la decisión de dejar mi medicación durante esos ocho meses no fue difícil, pero acostumbrarme a la pérdida de su ayuda sí lo fue. Por suerte, tenía toda una base de mecanismos para hacer frente a los problemas que no requerían medicación, y tenía amor y apoyo de sobra para pasar por ello. Tu papi fue -como es y siempre ha sido- mi mayor fuente de fortaleza. No puedo contar la cantidad de formas en que ha estado ahí para mí. Me escucha con paciencia hablar de mis miedos, me sostiene cuando necesito consuelo y me trae chocolate cuando necesito... bueno, chocolate. Estoy segura de que sabes lo maravilloso que es, ya que hace las mismas cosas por ti... sobre todo la parte del chocolate. Me pregunto si esa es la razón por la que siempre tienes tanta energía...

Las abuelas Renee y Esme, la tía Alice y el tío Jasper, el tío Emmett e incluso la tía Rosalie... todos ellos me han dado gran cantidad de apoyo. Puede que ahora te cueste creerlo, pero hubo un tiempo en que a la tía Rose no le gustaba tu mami. Me fue cogiendo cariño cuando tu papi y yo nos casamos y, cuando descubrió que iba a tenerte, se dio cuenta de que era hora de dejar atrás el pasado.

¿Ves? Incluso antes de nacer, ya hacías que el mundo fuera un lugar mejor.

Nadie sabe lo que depara el futuro, pero estoy segura de algunas cosas. Nuestra familia tendrá un montón de buenos momentos, al igual que algunos que son difíciles o tristes. Habrá retos que superar y éxitos que celebrar. Espero que no tengas que enfrentarte a ningún problema de depresión o desordenes alimenticios igual que me pasó a mí pero, si es así, tu familia siempre estará ahí para ti. Yo siempre estaré ahí para ti. Yo soy la prueba de que se puede luchar contra estos desordenes. No es una carga fácil de llevar, pero se puede hacer.

Y, verdaderamente, mis luchas me han dado un carácter que puede que no tuviera de otra manera. Me conozco bien -quién soy, mis debilidades y mis muchas fortalezas. Creo que soy una mejor persona y una mejor madre por ello.

Pero, al final del día, eso no es lo más importante. Tú y tu padre estáis ahora en mi vida, y nunca me he sentido más afortunada. Si cambiar un solo aspecto de mi pasado significase no tenerte a ti, no lo haría. De hecho, volvería a pasar por cada momento de dolor e inseguridad solo para asegurarme de poder celebrar mañana tu primer cumpleaños contigo y con todos los seres queridos de nuestras vidas.

No sé si hay algún plan mayor para todos nosotros -si la angustia que sentí era necesaria para poder tener todo esto, para poder apreciar estos momentos como los regalos que son.

No estoy segura pero, si es así, todo ha merecido la pena.

Porque, después de años y años, finalmente soy feliz.

Finalmente, he encontrado la paz.

FIN


¡Hola!

Bueno, pues ya está. El epílogo.

Muchas gracias a todas por seguirme en esta historia. Estoy deseando saber qué pensáis del final.

Os dejo el summary de mi próxima traducción, que empezaré a subir el 1 de abril. Os iré dejando pequeños adelantos en facebook, en los grupos de Élite Fanfiction y Fanfiction Twilight Hispanoamérica.

El título es Brighter y la historia es de Rochelle Allison.

Summary: El sol ardía y también lo hacía mi cara. Me abrió en dos, esta sensación de inevitabilidad.

Originalmente se trata de tres fics (Brighter, Appease, Venture) diferentes subidos en la misma historia, pero que no tienen nada que ver entre sí.

Después de Brighter, también subiré Appease y Venture.

¡Hasta pronto!

-Bells :)

P.D.: Ya solo entro en facebook para avisar de actualizaciones y casi no agrego a nadie. Si queréis tenerme como amiga allí, buscadme como Bells Masen Cullen y mandadme un mensaje diciéndome que sois mis lectoras aquí.